25 octubre, 2010

¿Excentricidad?

Hotel W en Barcelona

¿Podría parecer excéntrico, quizás, que uno pase una noche de hotel en su propia ciudad? A veces sucede: cuando uno pasea por el lado oscuro de su luna, por ejemplo, o cuando uno se separa, quizás...Puede suceder, también, cuando te hacen un regalo. Unos amigos deciden que lo mejor que te puede pasar es que disfrutes del lado más guiri de tu ciudad (DRAE: "coloq. Turista extranjero. La costa está llena de guiris") en un hotel que ofrece, sin dudas, la vista más excéntrica de la ciudad: el W. Atropello urbanístico aparte, cuando uno está en lo más alto de este hotel tiene una perspectiva única de Barcelona, casi como la de la planta 24 del edificio de la Caixa en la Diagonal, pero sin que te cueste tanto llegar allí. Toda la ciudad a tus pies pero desde el mar. Valía la pena vivir a fondo la experiencia y lo hicimos, mi santa y yo, aplicados guiris en un hotel y en una ciudad donde, por defecto, todo el mundo se te dirige en inglés. Cuando contestas en vernácula, las caras de asombro son muchas: casi no entra en su cálculo de posibilidades...

Una de las mejores de barril de Barcelona, la flauta de El Vaso de Oro

Pensé que la mejor forma de lanzarse a vivir la experiencia era a través del shock. Salir de un hotel (en la punta de la Bocana Nueva del Puerto de Barcelona) "cool", "high tech", lleno de gente joven, bonita, pija y guiri (con un notable mal gusto, por lo demás, tanto en el estar, como en el vestir, en el comer o en el beber) y pasear por el nuevo paseo marítimo hasta llegar a la Barceloneta, lo es ya un poco. Pero adentrarte en el corazón del viejo barrio de pescadores de la ciudad (junto con La Ribera), lo es mucho, muchísimo más. El barrio, no nos engañemos (como la ciudad entera) está perdiendo, mejor vendiendo, su alma al mejor postor. Mucha gente local, todavía, pero cada vez más guiris guía en mano y más extranjeros residentes en la ciudad que van a la búsqueda de (palabras textuales) "algo auténtico". Poco queda, la verdad, de la Barceloneta: andar por el Paseo Juan de Borbón es casi calamitoso y encontrar, en el interior del gran cuadrado, algún espacio de la Barcelona que fue y está desapareciendo a grandes zancadas, cuesta demasiado. Incluso el mercado ha dejado de ser lo que era, para convertirse en...en no sé qué, la verdad, pero su alma, la ha perdido, sin duda.

La mejor tostada con tomate y anchoa en el Vaso de Oro

Pensaba. Dos sitios hemos encontrado donde hemos respirado esa Barceloneta que fue y casi ya no es. Uno: la parroquia del barrio, Sant Miquel del Port (merece la pena ser visitada: barroca tardía, debe ser la única de la ciudad que tiene dos cúpulas alineadas en su nave central). Nos sentamos un rato antes de la misa de las 20,15 y vimos entrar a los feligreses: poco a poco (la edad media no perdona: sólo había un niño y una joven), la gente iba saludándose, interesándose los unos por los otros y, claro, quedamos enseguida en evidencia: ¡éramos los únicos desconocidos de la iglesia! Entramos pensando que estaban pasando el rosario, cuando lo que se oía era la animada terulia pre-misa de la gente del barrio. Nos gustó. Dos: el Vaso de Oro. Por supuesto, sale ya en todas las guías e incluso había una pareja de jóvenes suizos con un niño de año a cuestas. Pero la esencia de la Barceloneta sigue allí: en los camareros, sobre todo, con una gracia y un saber estar, incluso en las situaciones de mayor compromiso, enormes. En las patatas bravas, que siguen siendo de lo mejor de la ciudad. En sus flautas, por cuyo vientre circula la mejor cerveza mezclada (lleva Voll Damm) y tirada de la ciudad. En sus tapas más sencillas, que siguen siendo deliciosas y salen, frescas y suculentas, sin parar: la ensaladilla rusa, las tostas con tomate y anchoa (en esa noche, superiores, junto con las bravas), las croquetas (no tomamos el rey de la casa, el solomillo con foie: se salía de marco). Pagas una cantidad muy medida (cenamos por 20 euros los dos) y sales bien satisfecho.

Volvimos por el paseo Juan de Borbón, saboreando todavía el paisaje humano y sápido del viejo barrio. Cuando enfilamos el paseo de la Bocana Nueva y vimos la silueta enorme del W, con esa vela tremenda al "viento" que corta el litoral, nos dimos cuenta de dónde estábamos y dónde estamos ahora. Nuestra excentricidad, el regalo de nuestros amigos, nos había puesto en un brete: ¿pasado o futuro? La respuesta, con una relajada copa de Albet i Noia Brut Nature en la mano (sabroso, algo amargo en su posgusto, vegetal y auténtico), me vino sola, más templada que cuando había empezado la tarde: ¡presente! Tenemos que aprender a pensar menos y a disfrutar más de lo que tenemos a mano en cada instante, en cada lugar. ¿Qué Barcelona prefiero? La de hoy, la que me permite cenar en el Vaso de Oro y ver la luna llena desde la planta 17 de W. No me gusta el hotel ni lo que representa, pero tiene cosas con las que he disfrutado: la atención y amabilidad del jovencísimo servicio; el desayuno en el restaurante de Carles Abellán y, sobre todo, que es tan excéntrico como yo y su situación nos ha permitido reconocer a nuestra Barcelona desde una perspectiva nueva. Brindaré por eso y por el presente, hasta que deje de serlo.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Asunto complejo este del presente; cuanto más lo busco más me cuesta enfocarlo. Tal vez una experiencia como la vuestra entrando en la ciudad desde fuera pueda ayudar. Y qué bien lo has narrado...

Cuando estuve en el W me gustó, pero yo venía del interior!

Recuerdos desde La Rioja.

Pedro Barrio.

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido Pedro, no olvidemos que el Ebro es medio mar!!! Pero vamos, llegar desde ese "mar" hasta W es también otra buena experiencia!!! Muchas gracias por tu lectura siempre amable! Un abrazo! Joan

SIBARITASTUR dijo...

Estaba leyendo el post y me transmitía una enorme sensibilidad, no se si porque el plan me parece un planazo romántico, o por tu manera de contarlo.
Desde luego me parece original y muy buen regalo.

Jose dijo...

... ya decía yo hace unos meses, de manera infinitamente más prosaica, que Madrid no existe, que esto es un decorao :-/

¿Guiri en tu propia ciudad? Como sentirte extraño en tu propia piel. Excentricidad que permite seguir respirando de cuando en vez.

Saludos,

Jose

angel dijo...

Joan,
me has levantado la pequeña capa que tapaba mi nostalgia por la antigua Barcelona. A un madrileño como yo, jamás se le podrán olvidar los "tinglaos" de la Barceloneta, con esos arroces comidos en bancos corridos rodeado de gente del puerto, los paseos por las callejas donde siempre encontrabas algún lugar para comprar unos huevos o una butifarra "de las de verdad". Es cierto que Barcelona ha ganado desde el 92, pero también es cierto que algunos (al menos yo) hemos perdido ese pequeño escalofrío que nos entraba al pensar en los paseos por un lugar único: la Barceloneta y sus gentes.

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido S., el plan no iba de nada romántico, pero algo de eso hubo al final. Digamos que, en esta ocasión, tanto a mi santa como a mí nos interesó más explorar la parte sentimental del asunto, pero más de nuestra relación con la ciudad a través de la Barceloneta que no de nosotros mismos.
Elregalo, por lo demás, fue original y, como ves, bien aprovechado (mi santa no había estado nunca en El Vaso de Oro!!!).
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Recuerdo tu post, sí, Jose, y la sensación fue ésa: guiri en tu propia ciudad, aunque con ese pelín más de experiencia que te permite exprimir la "naranja" algo más a tope que un guiri medio ilustrado. Pero mi santa tenía toda la razón cuando yo criticaba un poco el toparme con tanto guiri y me decía "cuando tú vas a otras ciudades procuras documentarte bien, ¿verdad?, y eres feliz cuando encuentras algo como el Vaso de Oro, ¿verdad?". Pues sí, llevaba toda la razón. En ese momento me dediqué a disfrutar del momento, en la compañía de quien fuera y con la parte del decorado que, en cada momento, me apetece observar: ventajas de vivir en una ciudad donde, aunque en proporciones desmedidas, todavía hay de todo, como Madrid también!!!
Joan

SIBARITASTUR dijo...

Joan, a mi el plan a priori me parece romántico /sentimental aunque no tenga que ver con la pareja.
Quizá la palabra no sea la mejor definición pero no encuentro otra, de todas maneras nos entendemos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Todavía quedan trocitos de eso, Ángel, todavía. Y hay que aprovecharlos y disfrutarlos antes de que mueran...Como quedan en Madrid algunas casas-comidas de las de toda la vida, algunas tabernas que mantienen el espíritu de antaño y, junto a eso, una restauración que te ofrece todo y lo mezcla todo. Sólo cambia la playa...la del Manzanates o la de la Barceloneta!!!
Yo me quedo con la parroquia de la Barceloneta y los saludos cómplices de los vecinos: queda barrio todavía y, por supuesto, todavía se puede comer bien en él sin pasar por un wok de take away (que también lo hay!!!).
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Creo que la parte romántica del asunto, S., llegó cuando me eché a la bartola (el momento que recoge la primera foto: los pies son los míos...) y vi que la mejor tele posible era el ventanal que daba al mar de mi ciudad. Incluso descubrimos una playa que tiene buen aspecto!!!
Al cabo de un rato salió la lluna llena del 23 de octubre. Eso estaba premeditado (quiero decir que cambié la fecha inicial para que coincidiera con una luna llena sobre el mar...) y nos dió algunos momentos emocionantes también, con la luna jugando entre palmeras en una playa de...¡¡¡Barcelona!!!
En fin...
Joan

Marc Espiavimonis dijo...

Hola Joan,
la pérdida de Barcelona, porque hay que llamarla así, es un hecho que no tiene vuelta de hoja. Es como discutir sobre la vejez. Es lo que sucede y no hay mucho más que decir. Nos entusiasmamos con la venta de Barcelona y ahora hay que apechugar con ello. Permíteme un ejercicio demagógico y ventajista: hemos pasado del orgullo de Orwell a la verguenza de las chancletas. Ya ni nos sentimos ajenos en Las Ramblas porque ¿quién diablos pasea por Las Ramblas hoy en día -excepto en Sant Jordi-? Hay que leer a Manuel Delgado en La ciudad mentirosa (para mi de obligada lectura), para entender qué pasó.

aunque no todo tiempo pasado fue mejor: por mi parte, aunque sigue habiendo muchos lugares, observo que de un tiempo para acá cada vez en mayor medida tiendo a buscar espacios un tanto lejanos del "centro" como lugar de conquista (como Vivanda, ese podría ser un ejemplo, o Granja Elena, o en otro estilo muy distinto Casa Jacinta o "La Pili", casi en La Mina). Los hay y muchos, aunque hay que moverse. No tiremos todo por la ventana, todavía quedan sitios por descubrir y, si, muchos más por redescubrir, aunque el precio pagado por situar a Barcelona en el mapa sea tan alto que parece haberla engullido por completo. Y, en todo caso, nos queda el resto de Catalunya, donde se puede comer y beber de fábula sin tener la sensación de recrear Atraco Perfecto. Y si me apuras Aragón, y el sur de Francia, y...

J. Gómez Pallarès dijo...

De hecho, Marc, el fondo del post no es ni una nostalgia del pasado ni una crítica del futuro (hecho ladrillo, por ejemplo, en el W.), sino un elogio del presente. Y en el presente conviven El Vaso de oro con el Sheriff y el Lluçanés, El Rey de la gamba con el Real Club Náutico, el Merendero de la Mari con Can Costa y etc. Sin salir de la Barceloneta, claro...
Lo bueno que tiene una ciudad, un territorio de profundas raíces gastronómicas (también, en parte, importadas) es que da para todo. Para redescubrir lo más tradicional, para toparte con lo más rompedor, para alabar lo más renovador de lo más tradicional (la actual moda. Gaig reinventado, Fermí Puig reinventado...) y tantos etc. como quieras.
Me quedo con eso. Mi pensamiento se quedaba en la Barceloneta y en el contraste entre la planta baja y la silueta del W y el corazón de la Barceloneta, pero por supuesto se puede ampliar a Barcelona entera y a lo que queramos.
Y el día que entremos (yo lo he hecho a ratos, pero sólo con los renovadores tipo Nuvola Café) con los menúes a 10 euros de los de toda la vida, que siguen manteniendo MUY vivo el estandarte de la cocina del mercado de cada día a alta (a ratos altísima) calidad, ese día rompemos!!! Aunque esas notas, por ahora, me las guardo!!!
Salut!
Joan

Smiorgan dijo...

Hola, Joan.
Mi chica y yo nos autoregalamos de vez en cuando una escapada de una noche a un hotel de nuestra misma ciudad. La verdad es que es una gozada desconectar un par de días, desayuno buffet mirando al mar, spa, relax, cena en un buen restaurante, noche tranquila sin ruidos ni vecinos...
Nos parece una forma entrañable de relajarnos un poco sin necesidad de coche, aeropuerto, viajes y demás.
Además, hemos descubierto el placer de hacer miniescapadas o minivacaciones en sitios cercanos. Al ser cortas y sin gastos de desplazamiento, te puedes permitir ciertos lujos como subir mucho la categoría del hotel y los restaurantes.
Yo lo recomiendo.
Un saludo.

J. Gómez Pallarès dijo...

Es una idea estupenda, S., y supongo que estaba en la base del regalo que nos hicieron nuestros amigos: vamos a regalaros tiempo en vuestra propia ciudad para que la disfrtutéis de una manera más relajada.
Sin llegar a lo del hotel, cuando tengo tiempo para mí (tema que cada vez me entristece más, por lo poco que controlo...), sí suelo pasear por la ciudad intentando lanzar sobre ella unamirada, no ya de guiri, sino directamente ingenua. Eso me gusta y me hace descubrir rincones y cosas muy interesantes.
El "problema" de vuestra propuesta es que uno llega a la edad fértil, por así decir, y con críos en casa la cosa se complica a mares...y hasta que no llegas a la edad madura (en la que estamos entrando mi santa y yo) no puedes disponer de cierto tiempo para aventuras en el interior de tu propia ciudad. No sé por qué pero estoy empezando a echar de menos a Luís Landero!!!
Paseábamos por la Barceloneta y comentábamos "caramba, qué vida perra llevamos, que casi nunca tenemos tiempo a disposición para este tipo de cosas".
En fin...las edades del hombre...
Saludos!
Joan

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