30 septiembre, 2010

Lindt en el Palace

Vichysoise en cubo de hielo por Teo Tarras

La apuesta era doblemente arriesgada. Sólo una empresa que se siente muy segura de qué hace, cómo y por qué lo hace, se atreve a algo así. Lindt, sin duda, es de éstas. En primer lugar, organizan una presentación de sus productos en un lugar (el Palace), con un restaurante y un chef (Romain Fornell y su renovado y exclusivo Caelis) que se podían haber "comido", sin más, cuanto bombón les pusieran por delante. Ese Hotel, aunque haya cambiado de nombre, es mucho hotel en la ciudad de Barcelona. Y Romain Fornell y su nuevo restaurante están, también, a un nivel alto alto. En segundo lugar, no se les ocurre otra cosa que invitar a un bloguero independiente que no se debe a otra cosa que a su nariz, a su paladar y a describir las cosas tal cual las vive.

Confieso que entre tanto medio importante y reconocido, con gente con mucha experiencia en esto que llaman "eventos" (no me gusta nada la palabra), me sentí más bien raro (un poco a lo Tim Burton con sus marcianos). Pero gracias a la amabilidad de mis anfitriones y a la empresa de un amigo (que era quien organizaba todo: ¡buen "rebaño" tiene!), la cosa se superó con nota y acabamos brindando repetidas veces, ya no sé si por la Reina, por los que cumplían o habían cumplido años (excelso BIC cristal incluído, que anda ahora mismo celebrando su 60 cumpleaños!) o por la calidad de la cena y de los chocolates que tomamos. Por la parte del chocolate, a mí me tenían ya convencido de antemano: llevo comiendo Lindt hace muchos años y si bien prefiero las tabletas a los bombones (me gustan más los chocolates amargos y puros que las combinaciones con leche), reconozco que los que tomé estaban muy ricos. Por lo demás, sería ridículo pensar que Lindt va a vender más porque este blog hable así o asá de ellos.

Así es que me voy a concentrar en lo que me pareció más relevante de la noche: la presentación de Romain Fornell, de su comida y de su bodega y su relación creativa con Lindor. Hubo detalles que me gustaron mucho. Su vichyssoise servida en cubo de hielo y caviar es algo muy logrado y que impacta. La sopa tiene una textura etérea, muy delicada y más cercana a la espuma que al líquido. Me gustó de veras. El rodaballo asado con rebozuelos, vinagreta tibia con berberechos y navajas y emulsión de champagne, estuvo a gran altura, sobre todo en la combinación entre marisco y setas. Y el cochinillo ibérico destacó, de nuevo, por el contraste de sabores, entre una cocción contundente y una tatín de manzana (con un sorbete de la misma manzana). No estuvieron a la altura, en mi humilde opinión, los vinos. Con los primeros, un Amarre Cepas Viejas de Vidal Soblechero 2009 (DO Rueda), estuvo flojo en boca y con una nariz de levadura seleccionada poco atractiva. Quedó a bastantes leguas de un buen ensamblaje con la vichyssoise y no digo ya nada de un foie gras al que tuvo que lidiar. Con el rodaballo, salió un Terrasses 2007 de Álvaro Palacios (DOQ Priorat), que empezó muy atractivo, con una nariz de impacto y la garnacha sobresaliendo del conjunto. Pero de golpe trocó en petit suïsse de arándanos y en 15 minutos, el vino había muerto en copa. Me temo que le falta todavía bastante en botella porque la maloláctica se lo acaba comiendo todo.

Lo mejor llegó con los postres. Romain Fornell había ideado una metamorfosis del bombón más emblemático de Lindt, el Lindor: un "Bombón Lindor según su inspiración" consiste en una delicada mousse de crema inglesa, chocolate Lindor y crema montada sobre una base crujiente de galleta (harina, fécula de patata, almendras, mantequilla y huevo). La gracia de la interpretación de este famoso bombón (además del impacto visual, que no es poco: mirad la foto inferior), está en que el crujiente se escondía en los laterales y en la base, no en la envoltura. Me costó entender el asunto pero al final lo vi claro (e se non è vero è ben trovato!): se trataba de un trampantojo, de un guiño. En Lindor (¡qué bien lo explicó su jefa de marketing!) a las dos texturas se llega rompiendo en la boca esa deliciosa costra para llegar a la explosión de sabor del chocolate interior. En el bombón de Romain (que no sé si tendrá continuidad en la carta o fue flor de una noche casi de otoño), uno piensa que la cosa sucederá igual, pero acaba pasando al revés. A las dos texturas se llega primero por la blanda de la mousse de chocolate y es la galleta base la que aporta el crujiente. Con los postres llegó un Pommery Brut Royal que como alguno de mis amigos sabe bien, es un champán limpio y fresco, de burbuja delicada pero más bien neutro y poco emocionante. Como aperitivo, solo, en la merienda, delicioso. Con esa bomba de chocolate, estuvo discreto aunque sus pequeñas notas de autolisis acompañaron bien a la galleta.

Fue una buena experiencia, ésa del Lindt en el Palace, pero cuando sonaron las campanadas de medianoche, me esfumé casi con sigilo. Confirmo que no me he convertido ni en ratón ni en calabaza. Al Caelis del Palace volveré un día para concentrarme en sus recetas y en sus vinos. Quiero entender mejor qué quieren hacer los dos Romain (el sumiller también se llama Romain, creo...) porque esa noche no dejaron de estar condicionados (sobre todo el sumiller, que tiene una dilatada experiencia y saber) por el entorno de un cliente que marca un precio final. A Lindt vuelvo casi cada día, ¡sobre todo si la jornada ha sido dura!

Las dos fotos del post son de Teo Tarras, un artistazo de la luz, a quien agradezco mucho su generosidad y su talento, así como a todas las personas que hicieron mi noche más agradable, sobre todo a Kike, a sus compañeras de empresa y a las personas con las que compartí mesa.

Bombón Lindor según la interpretación del Chef por Teo Tarras

6 comentarios:

Mike Tommasi dijo...

Hola Joan
Lindt mantiene un nivel de calidad increible, comparado a los otros fabricantes "industriales" historicos de chocolata. No se puede olvidar que el chocolate como lo conocemos hoy es una invention de Lindt, con su tecnica del "conchage" (1879!), una verdadera revolucion.

Es increible ver, al aeripuerto de Zurich, las tiendas de Lindt (& Sprüngli) y de la Confiserie Sprüngli hacer batalla para conquerir los clientes, con chocolates frescos del dia. Y confieso que tengo una adicción a la "truffe du jour" de Sprüngli. Fortunadamente las puedo comprar solo cuando paso por Zurich... entonces me acontento de Lindt el resto del tiempo (y de Cluizel, Bonnat, Marcolini........) :-)

ciao

Mike

J. Gómez Pallarès dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Mike! Para tu sierte, seguro que pasas con cierta frecuencia por Zürich!
Aquí lo que más me ha llamado la atención de esta vuelta al producti industrial, sí, pero con sello artesano y de consumo inmediato, es la venta de chocolate al peso. Grandes pastillas de chocolate, enormes, que uno puede comprar al peso como si estuvieras en el mercado. No conocía el dato de que esa técnica hubiera sido patentada por Lindt: con razón es, para ellos, su masa de chocolate su emblema. Forma parte de la historia de la revolución industrial en el mundo del cacao!!! Este Rodolphe Lindt era un crack!!!
Cúidate, amigo mío, y que tengas un buen otoño!!! Yo tengo previsto hacer una pequeña cata comparada, pronto, de Trevallon, uno de los cuales me regaló un amigo venezian, canadiense, francés y no sé cuantas cosas más...
Un abrazo,
Joan
PS. Por cierto, me compré el otrodía una guía de Venecia "contada" por el Corto Maltés: una delicia!

Mike Tommasi dijo...

Quan organitzem una degustació de vins de Catalunya,Rosselló i Provença en Monvínic? :-)

J. Gómez Pallarès dijo...

Ja es fa fer un tast fa uns mesos, Mike, però jo no hi vaig poder assistir perquè era fora...
Isabelle, una de les cojefes sumillers de Monvínic és una enamorada absoluta de la zona i hi va molt sovint i en coneix moltes meravelles. Li proposaré un dia una trobada amb tu i jo i a veure si en surt un altre tast. A mi em cridaria molt molt poder proposar algun dia un tast horitzontal d'una anyada al voltant dels blancs més significatius de la zona!!!
Salut,
Joan

Smiorgan dijo...

Esa vichyssoise y ese rodaballo hacen salivar, Joan.
Lindt si que hace buenos chocolates, si. Sus gama Excellence está muy buena, aunque reconozco que chocolates de más de un 90% de cacao se me hacen imposibles.
Lo que pasa es que tengo debilidad por dos cositas, los bombones Dark Chocolate de Godiva y los Connoisseur Dark de Neuhaus, y los Orangettes de Neuhaus. Son un vicio total. Ah, y una porquería que probé en una tienda Godiva de Times Square llamada Chocolixir...un auténtico vicio.
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Por qué será, S., que el chocolate despierta en nosotros pasiones y devociones tan personales y profundas? Será uno de los alimentos más sentimentales que conozco! Y por la adicción que nos provoca, claro... Saludos desde Málaga! Joan

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