12 septiembre, 2010

En casa, de nuevo

Una de las cosas grandes que tiene mi casa es que está muy cerca de Monvínic. No digo más. Me siento un privilegiado cuando aparco y en un suave paseo de 10 minutos puedo llegar a, quizás, uno de los mejores bares (restaurante diría yo) de vino por copas del mundo. Tras las vacaciones, en un mediodía muy tranquilo, soleado y con esas nubes en el cielo que tanto me gustan, recortadas por la tijera de la lluvia y del fresco de la noche anterior, volví. Para saludar a los amigos que trabajan allí; para charlar con ellos en la distensión que da un servicio siempre exigente pero ese día escaso; para comer muy a gusto y para elegir los vinos que mejor casaran con lo que me apetecía. Por supuesto, también para dejarme sorprender por esas medias copas que, con total complicidad y aquella media sonrisa, te van pasando como diciendo "verás cómo te sorprende esto". El ambiente de trabajo sigue siendo formidable y el trato e intercambio de informaciones, ideas, últimas noticias sobre descubrimientos o cosas que han sorprendido, el de siempre: extraordinario. Es un proceso de constante aprendizaje. Me gusta.

Esqueixada de bacalao de Monvínic

A ratos, parece como si la gente, en Barcelona, no hubiera entrado todavía en esa fantástica mezcla que son (en las mesas de entrada del, propiamente, bar de vinos) los platillos acompañados de un par de medias copas. Es una fórmula imbatible en la ciudad, por calidad y por precio. Tomarte, por ejemplo, un conejo de Baldomar con alcaparras y bogavante con una media copa del Nuits-St-George, Clos de la Marechàle 2005, de J.-F.Mugnier te sale por 16 euros. A mí, eso me impresiona y cuando puedo hacer una "escapada" de estas al mediodía, (trabajo fuera de Barcelona), acabo como en Babia. De todas formas, abrí mi temporada en Monvínic con algún argumento más. Empecé con lo que, vagamente, describe la foto: una impresionante esqueixada de bacalao, de tersura y volumen vibrantes, fresca, con garbanzos de mi tierra (Alta Anòia), pequeños y contundentes de sabor, y una mezcla de albahaca, salvia y menta, delirante. Acompañó un Mersault de Les Tillets, 2006, del Domaine Roulot. Estuvo bastante tímido y cerrado, aunque con gran entereza y frescor en boca. Necesita tiempo. La primera sorpresa, que idearon entre Antonio y Ramiro, se comió el Roulot a pedacitos: un Fiano d'Avellino 2004 de Villa Diamante. Es un fiano enorme, quizás el más profundo que haya probado jamás, con una gran capacidad para envejecer. Está, ahora mismo, entre los grandes blancos de Italia, sin duda. Mineralidad de yesca, todos los aromas del monte en su interior, castañas recién cogidas. Enorme y con una evolución en copa de más de una hora.

De segundo, pasó el conejo que os he comentado, hecho como si Sergi de Meià fuera mi abuela, con cariño, muy poco a poco, con ese toque de contraste entre el dulzor del jugo del bogavante, la amabilidad de la carne del conejo y la acidez y frescura de las alcaparras. El otro representante de la Borgoña estuvo muy superior al mersault. El Clos de la Marechàle de Jacques-Frédéric Mugnier es una caricia, es un beso, es la flor de la violeta cogida al amanecer. Con ese marymontaña formaron una pareja de baile algo entrada en años, de paso cadencioso, quizás, pero con gran sentido del ritmo. Terminé con una combinación de fresas del Maresme y fresitas del bosque con una quenelle de helado de vainilla. Superior. Faltaba la segunda sorpresa...restos de una botella abierta hacía unos días, completaban mi "vuelta a casa": de Valentini, el Montepulciano d'Abruzzo 2002. Una de las haciendas grandes de los Abruzzi, con un vino casi hecho a la antigua, con la uva muy madura, taninos más bien cuadrados, pero una capacidad de agradarse en el paladar que casi daba miedo. Esa mezcla de rusticidad del Montepulciano con la amabilidad de la vainilla y la sombra fresca de las fresas me llevaron a la calle con una sonrisa de bobo que todavía llevo. "¡Qué bien", pensé, "en casa de nuevo!"

6 comentarios:

Herr Direktor dijo...

Joan,

yo también quise saludar a los amigos de Monvínic pero a media tarde sin más intención que estrenar el nuevo "curso escolar".

No probé (lástima! si lo llego a saber!) ese Valentini que sí que lo hice hace 1 año en Enoteca Gastaldi de la mano de Andrea Gastaldi y Michael Wöhr. En mi caso fue un Trebbiano d'Abruzzo 2003 que me dejó atónito...el vino tenía una frescura inusitada, además creo recordar que su crianza se hace en füders de 5.000 litros de madera de castañó y tiene una crianza de unos 3 años (por favor corrígeme si me equivoco).
Me quedé con muchas ganas de repetir referencias de esta bodega y como amante de los blancos éste fue un vino que se me quedó grabado: frescura, mineralidad, sapidez...

Smiorgan dijo...

Si que das envidia de tener tan cerca Monvínic.
Mi única experiencia con un Montepulciano d'Abruzzo fue con una botella de La Sagrestana 2007, y la verdad es que no me resultó en absoluto agradable.
El mundo de los vinos italianos parece inconmensurable, verdad?
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Yo he llegado a un trebbiano d'Abruzzo de Valentini del 2001, querido Herr, y no tengo dudas, como no los he tenido con el fiano de Villa Diamante, que es uno de los grandes blancos de Italia. No tengo experiencia, lo confieso, con añadas de trebbiano d'Abruzzo de los Valentini (Edoardo, el padre, ya fallecido; Franceso, el hijo, que ahora lleva la Azienda), pero he leído tanto sobre esa trebbiano que pagaría mucho si los amigos de Monvínic dieran un paso adelante. Sería un hito histórico de la degustación de vinos italianos en Barcelona, poder hacer una vertical de Trebbiano d'Abruzzo de los Valentino. Si Antonio y los responsables de Monvínic cogieran ese guante, estoy seguro que Francesco estaría dispuesto!
Por lo demás, sé que usan tinos de madera, Herr, pero no sé su capacidad.
Esos trebbianos son únicos y en opinión de Antonio, que sabe muchísimo más que yo de vinos italianos, son incluso superiores a los Montepulcianos d'Abbruzzo de los mismos Valentini.
Salut!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

He leído tu nota, S., y tu opinión (en tu blog sobre ese vino. Sólo puedo decir que los con los Montepulciano d'Abruzzo hay que ir con tanto cuidado como con los Chateauneuf-du-Pape o los riberas: no todo vale!!! Y estamos hartos de disgustos! Tienen perfiles relativamente parecidos y suelen sufrir las inclemencias de vinificaciones más bien atroces. Nada que ver con lo que hace la Azienda Agricola Valentini, que es uno de los hitos de la viticultura en Italia. Sus botellas no son fáciles de encontrar (de hecho este montepulciano de Monvínic, me comentó Antonio que era la última botella que tenía...), son, además, caras, pero merecen la pena! Y de Italia, ¿qué voy a decir que no haya ya escrito cien veces en este cuaderno? Su riqueza de variedades de uva la hace única (más de 350...); su cultura enológica, también. Pero, como en cualquier otro gran país productor, hay no poca trampa y, a veces, poco cartón...Hay que saber buscar y probar mucho, pero cuando llegas al alma de una uva autóctona italiana...chico, buff...

Petita cuina dijo...

Caramba!

Pèse a mi escaso (por no decir nulo) entendimiento del mundo del vino, casi tengo celos de ese "festín" tan bien regado, la esqueixada de la foto parece estar a punto de salir de la pantalla, brillante y con volumen, aunque nunca la prové servida de este modo, sin lugar a dudas, con los garbanzos y las especias debia estar deliciosa, seguramente los platos siguientes debian ser un placer para los sentidos, y acompañado por lo que describes con grandes vinos, que realzan aun mas si cabe, todo su potencial en el paladar.

Decididamente es visita obligada, la proxima vez que vaya a barcelona tengo que conseguir escaparme a Monvínic, espero poder apreciarlo tanto como tu.

Gràcies Joan.
Salut!!

J. Gómez Pallarès dijo...

Lo único que hace falta para disfrutar en Monvínic, querida Núria, es sensibilidad. Y con las recetas y variantes que tú propones en tu blog, seguro que es algo que tienes a raudales!!!
Salut!
Joan

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