02 agosto, 2010

Una noche de verano

Había pasado ya la luna llena del 26 de julio y el cuarto menguante sobre la ciudad de Barcelona anunciaba cosas poco excitantes para un bebedor de vinos. Malos días, malas lunas, cansancio acumulado antes de las vacaciones, cerebro, glándulas y fosas nasales en franca retirada...Malos presagios, pues, cuando mi santa y yo íbamos hacia una cena con nuevos amigos y con algunos desconocidos. Me habían anunciado: "ensalada fría de lentejas con jamón y menta" (Motel Empordà, vaya) y "pastel de rape frío con langostinos". Le dí unas cuantas vueltas al asunto porque si la cosa no era fácil para mí, cuando llevas vino que beberá gente a la que no conoces de nada...Las legumbres, sobre todo si se sirven frías, en ensaladas de cualquier tipo, me gustan mucho con algún espumoso. Pero no puede ser uno cualquiera: tiene que tener cuerpo, presencia y el vino base tiene que ser moderamademente tánico para que la estructura case con la, en este caso, lenteja, y el frescor y la burbuja absorban la contundencia de la legumbre. Cuvée "Entre Ciel et Terre" de Françoise Bedel, fue la botella elegida.

Delesvaux et Bedel

El segundo era, en principio, más sencillo pero para paladares que no están acostumbrados a dar según qué saltos entre el primero y el segundo, proponer (¡tras un champagne!) un blanco de raza, cierta contundencia y personalidad, no exenta de frescor estimulante, me daba miedo...Salté del Marne al Loire y me fui a uno de mis gurús, Philippe Delesvaux, con su Anjoux Authentique 2007. Tengo que reconocer que el mérito fue, por completo, de los vinos, de los vinazos, vaya, porque superaron todas las circunstancias descritas, salieron perfectos e hicieron las delicias de la mesa y de este cansado bebedor...Françoise Bedel es un descubrimiento reciente para mí, que me está dando muchos días de placer. Bodega muy joven para lo que es Champagne (están en el Vallée de la Marne, en Crouttes-sur-Marne, en su tercera generación), son una de las pocas adimitidas en La Renaissance des Appellations auspiciada por N. Joly. Biodinámicos en zona donde manda la pinot meunier, su Entre Ciel et Terre brut es un monovarietal de esta variedad con 8 g/L de dosaje (también tienen un brut nature). El vino procede de la cosecha de 2002 (aunque no se identifique como millesimé) y está en un momento genial: mínima coloración coralina, con un perlaje delicado, finísimo; nariz suave, entre el brote de grosella negra ("bourgeon de cassis") y la infusión, muy ligera, de regaliz; boca fresquísima, amplia y envolvente, donde dominan los cítricos (pomelo rojo). Un regalo para los sentidos que se sitúa, demás, en las antípodas del otro grande en la pinot meunier, Jérôme Prévost, mucho más salvaje y radical. La combinación entre champagne y lentejas fue emocionante.

El otro grande de la noche no decepcionó. Philipe Delesvaux, que hace ya años que tiene "alucinada" a la tropa de bebedores amantes del Loire con sus variados Côteaux de Layon y sus Anjou Feuille d'Or, me atrae especialmente por sus Authentique seco y semiseco. En el territorio del Loire, donde se concentran la mayor parte de vignerons biodinámicos de más prestigio en Francia (échenle una ojeada al listado y saquen conclusiones), Delesvaux tardó sus años (¡venía de París!) pero acabó marcando huella, un modo de hacer las cosas y un estilo. Dejando de lado el azúcar, que poco tenía que hablar con un pastel de rape, su Anjou Authentique seco es una maravilla que casa a la perfección con cualquier pescado de cierta personalidad. Este 2007 tiene una nariz muy interesante, con un poco de miel de seto, con un algo de manzana asada y con una traza oxidativa propia de su fabricación. Emociona (aunque no les eché una conferencia sobre eso) saber que estás bebiendo una chenin blanc de cepas en pie franco y atrapa para siempre cuando palpas la pureza y fuerza de esta uva en el paladar: sotobosque, agua pura de manantial (sucede con todos los grandes secos del Loire), frescor, amplitud, tacto muy amable aunque no sedoso. Regala con un posgusto de largas caudalías y una voluntad de seguir y seguir bebiendo. Por desgracia, era mi última botella...

Françoise Bedel lo compro en Vinialia y Philippe Delesvaux, lo compré en Lavinia. Lo de siempre: no os fiéis de los catálogos on-line. En Vinialia todavía no consta Bedel y en Lavinia no lo venden on-line. Pero estar, ¡están!

6 comentarios:

Jose dijo...

Maridaje acertado y disfrute, que es al fin y al cabo lo único que cuenta. Burbujas rosadas; curioso, yo habría apostado el brazo de otro por blancas.

En un arranque de mancheguismo-oui-c'est-moi y para acompañar el asadillo he abierto burbujas también rosadas. Un sencillo, amable y muy refrescante Cremant del Loira: Langlois Brut.

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Me ha llegado al fondo del alma eso de apostar con el brazo de otro!!! Tomo buena nota. Esas burbujas de PM deben de proceder de una mínima maceración del mosto con pieles, digo yo, porque el color va por ahí. De hecho La Closerie de Prevost algo por ahí anda también...
Estos de Langlois no hacen mal crémant, no!!! Me parece una elección muy buena también. Confieso que entre crémant del Loire y, más en rosados, crémant de Bordeaux, de la Gironda, he pasado mis buenos momentos en el oeste francés.
Oye, me alegra ver que no ando solo por aquí...me daba ya como un cierto aire de Fin de David Monteagudo o de La Carretera del McCarthy...
Saludos!
Joan

Jose dijo...

Ni se está acompañado rodeado de gente, ni está uno solo aunque no se vea gente alrededor, caro Joan ;)
Pues ha estado bien refrescante esta gaseosa. Sin ser el colmo de las complejidades ha resultado ser un disfrute directo. Veremos cómo se da la de blanco.

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

A ratos estos disfrutes directos, sobre todo cuando el calor te sorbe los sesos, son los que más se agradecen. Es cierto que las complejidades gaseosas no tienen estación y siempre son bienvenidas, pero vaya...ciertas cosas caen mejor en otoño!
Puede que el blanco esté un pelín por detrás...
Joan

Jose dijo...

Pues en efecto también me parece que el blanco está unos cuantos pasos por detrás de su hermano rosado. Refrescante, sí, pero también más redondeado y sin agarraderas.

Y ¿algunas cosas mejor en otoño? ¡todo es mejor en otoño! ;-)

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Digamos que todo tiene su estación, Jose, y que lo bueno es disfrutar de lo que toca en cada una de ellas. Antes pensaba que la trufa llega cuando llega y sirve para lo que sirve. Pero hace bien pocos días tomé una sopa de guisantes fresca con huevo pochado y espuma de patata y algo de trufa de verano y hummm...
En fin...a disfrutar de lo que toca cuando se puede, que son cuatro días!!!
Joan

Publicar un comentario