02 abril, 2010

L'Impero della luce


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No creo que sea casualidad que una de las pinturas que preside la casa de Peggy Guggenheim en Venecia sea L'Empire des Lumières de Magritte. La colección de la Sra. Guggenheim, que reposa en el jardín trasero de la casa junto a sus perros, es una de las maravillas de esta ciudad y muestra con sensibilidad y finura los entresijos de un espíritu inquieto que supo cómo gastar una gran fortuna, nacida del naufragio del Titanic (heredó la de su padre, muerto en ese viaje). Puede que, en principio, tenga poco que ver con la historia de Venecia (la gente vamos allí, en general, para ver y sentir otras cosas), pero la he vivido como una etapa imprescindible de la estancia, que hay que saborear al final de la misma: sólo cuando has vivido los cielos y visto las aguas de Venecia, sólo cuando has paseado de noche y has oído cómo llovía sobre los canales, sólo cuando has entendido el papel fundamental del arte y todas sus expresiones en la vida de esta ciudad a lo largo de los últimos ocho siglos, puedes comprender que la pulsión vital y artística de Peggy Guggenheim tuviera que suceder en Venecia. En su "stanza spaziosa" reposa uno de mis cuadros preferidos, el de Magritte, pintado en 1954. Aquí está la mejor expresión de la ciudad: luz y color, texturas y volumen, reposo y silencio. Al borde del canal. Venecia.

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Por supuesto...no a cualquier hora ni en cualquier lugar, no en cualquier momento del año, tampoco. Entre octubre y abril, los meses ideales pueden ser los del primer otoño y los del inicio de la primavera (con la excepción del Carnaval, claro). Nosotros hemos tenido mucha suerte: llegamos cuando la ciudad empezaba a salir del duro invierno y éramos pocos los turistas, y nos hemos ido con la llegada del apogeo pascual (cómo estaba el aeropuerto a la vuelta...) y con los primeros vuelos de vencejos sobre el canal de la Giudecca. Venecia es una ciudad de mil callejas llenas de agua, de espacios laberínticos que se abren en "campi" espaciosos, de sorpresas que uno tiene que ir descubriendo poco a poco. Tuvimos el acierto, además (gracias al consejo de un querido amigo), de dormir en La Calcina, la que fuera casa de John Ruskin en el Dorsoduro. Junto al auténtico pulmón de la ciudad (el canal de la Giudecca, en la foto), la pensión ofrece una situación estratégica y un acomodo de otro siglo. Una habitación con vistas al Redentore (en la foto) y una acogida, también de otros tiempos, hizo el resto. No cometeré el atrevimiento de proponer visitas o itinerarios más allá de aquello que mejor hemos comido y bebido (cada cual tiene que saber realizar ese otro itinerario), pero tener dos de las tres obras mayores de Palladio en la ciudad (San Giorgio Maggiore y el Redentore; la tercera, San Francesco della Vigna, queda más lejos), junto a una parada clave del transporte público (Zattere), me hizo realmente feliz. ¡Y con la ciudad a un tiro de vaporetto! Hemos tenido sol, hemos tenido viento (del sur y del norte), hemos tenido frío y lluvia, hemos tenido nubes y claros, hemos tenido "acqua alta" incluso (¡qué espectáculo poder verla desde el salón de la pensión con un buen amaro Averna en las manos!). Intensidad, pues, sensibilidad y arte por todas partes.

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También en la comida, por supuesto, y, menos, en la bebida. Cuando son dos los que viajan y uno bebe muy poco (no soy yo...), estás bastante "vendido" en el tema de las botellas: tienes que ir muchas veces por copas y, vaya, no en todas partes encuentra uno la oferta de Monvínic...He bebido alguna cosa interesante, sí, pero sobre lo que mejor puedo escribir es sobre aquello que hemos comido. Lo más interesante son los "cicheti", sin duda, la máxima expresión de la cocina al instante y popular veneciana. "Montaditos" hechos al momento en alguno de los mejores bares y "osterie" de la ciudad, desde la buena mezcla entre creatividad y clasicismo del Cantinone Gia Schiavi (Fondamenta Nani 992), con un superior "salsa tartara di tonno e cacao amaro"; hasta el más tradicional (cerca del mercado de Rialto) Dai zemei (Ruga vecchia San Giovanni 1045), con unas deliciosas combinaciones vegetales y con quesos. Encontramos cerrada una referencia que teníamos clara (All'arco, calle dell'arco 436), pero ya caerá... De los restaurantes, "trattorie" populares que hemos pisado, me quedo con tres: Da Alberto (calle Larga G. Gallina 5401), donde tomamos un delicioso risotto con bacallà mantecato (una de las especialidades de Venecia: digamos que se parece mucho a una brandada de bacalao); Da Ignazio (calle Saoneri 2749), un restaurante de otro tiempo (cocina regentada por ancianas de manos sabias y servido por camareros con americana blanca y lazo negro) donde tomamos un "misto di pesce", fritura de gran pericia muy fresca, y uno de los mejores platos de la estancia: "sepioline" con su tinta y "pollenta alla griglia", un prodigio de suavidades y sabores mezclados de mar y campo. Aquí cayó un muy buen Ribolla di Oslavia riserva di Primosic 2006, oro viejo con un punto de oxidación, aires de "macchia" mediterránea y gran presencia en boca. No me olvido del mejor flan casero que haya tomado en mi vida, lo juro.

El tercer lugar tradicional que merece ser visitado es la Enoiteca Mascareta (calle Lunga S. Maria Formosa 5183), de Mauro Lorenzon. Doy el nombre porque el tipo es un personaje de cuidado: disfrazado (o no...) con chaleco multicolor y lazo a juego, tejanos y zapatillas deportivas, este cincuentón domina el escenario con gran maestría, socarrón y campechano. Te monta unos platos combinados de pescados en conservas variadas (su salmón marinado y su atún resultaron geniales) y de embutidos y quesos, que dan ya para varias cenas. Tiene una bodega importante pero aquí, sí, fue el único sitio donde su propia selección de vinos por copas me convenció. Lo tiene claro: te pone la botella y tú pagas por lo que bebes. Si queda en la botella, lo liquida en otra mesa. Tuvimos suerte y el raboso del piave La Salute 2005 lo estrenamos nosotros: fresco y jovial, mínimo carbónico todavía, taninos moderados, extracción suave, vegetal y con aromas de cereza, casó muy bien con el embutido. No era un raboso tradicional pero supo a gloria. Con los pescados, sacó Mauro su prosecco, (botella para nosotros también) el único que merece mención aquí: nacido de la colaboración entre él e Ivan Geronazzo, procede de los colli Trevigiani, no conoce más levaduras que las del viñedo (Rive Longhe) y no tiene ni filtraciones ni estabilizaciones. Tenía algo de azúcar residual (sería brut), pero su burbuja estaba muy bien, era fresco y con aires de lima-limón. Bien. Quedó para otra ocasión (estaba cerrado cuando íbamos a por él...) Do Mori (Sotoportego dei do Mori 429), una dirección muy recomendada. De los sitios que suelen identificarse como de cocina "creativa" (modernos, vaya...), confiamos sólo en uno: Anice stellato (Fondamenta della Sensa 3272), con un local muy agradable y junto al canal y puente que da acceso al gheto. Con las mesas fuera, éste tiene que ser un sitio muy recomendable. Al estilo de las antiguas casas de comidas italianas y francesas, aquí se comparte mesa (no tuvimos suerte...no entraré en detalles) y un ambiente amable y jovial. Nuestros dos segundos estuvieron muy bien: unos filetes de gallo de San Pedro (en el mercado del pescado de Rialto tenían piezas fantásticas y a un precio mucho mejor que el que pagamos aquí) con radicchio de Treviso y unos "moeche" (cangrejos de tamaño mediano) y alcachofas en fritura. Todo sabroso y muy al punto. Los vinos, discretos y los postres, peor.

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¿Vivir y morir en Venecia? Nos pareció, a mi santa y a mí, que es una ciudad dura y exigente para los ancianos. Si son millonarios, seguro que no hay problema. Es cierto, también, que la cultura de la ayuda, de echar una mano para pasar el puente o subir al vaporetto con el carro de la compra, está muy arraigada. Pero al final, siempre estarás tú solo ante el escalón, y en Venecia ¡hay muchos! En fin...este final viene a cuento porque cuando una ciudad te atrapa mucho siempre piensa uno "¿podrías acabar tus días aquí?" Tras visitar el cementario de San Michele, tras entender por qué son como son los cielos del Tiepolo y los azules y rojos de Bellini, y tras reconocer que nos queda mucho por ver, conocer, probar, beber y comer, sí tenemos claro que pasaremos más temporadas en la Serenísima. Y si las Parcas cortan mi hilo aquí, ahora mismo me pienso (y dejo por escrito) si sigo con mi Cimittero acattolico per gli stranieri al Monte Testaccio de Roma o me vengo para San Michele de Venezia: esto de tener una isla entera por cementerio, y tan bella, me dejó anonadado. Igual me abro un Foja Tonda 2005 de Albino Armani ahora mismo para meditar sobre el asunto...

6 comentarios:

Mike Tommasi dijo...

Joan

"per un venecià nadiu com jo", tu mensaje fue una experiencia conmovedora. Tu percepción de Venecia es de una gran precisión, y tu elección del momento para visitar la ciudad también justa - aunque mayo y septiembre son los periodos verdaderamente ideales, adentrándose en los meses invernales más puede ser fascinante, con acqua alta y niebla que añaden atracción.

Tienes razón también sobre la comida y el vino. La selección de vinos es a menudo pobre, y el nivel general de cultura del vino en Venecia es básico, atado a una tradición de beber vino por varietal, sin hablar de denominación o calidad del productor, entonces la propuesta es algo como "Tocai, Cabernet o Merlot ", y punto.

Los “cicheti” son la respuesta veneciana a las tapas, y el verdadero "bacari" se asemejan a Quimet & Quimet en tu hermosa ciudad catalana. En una visita reciente rapidísima fue a la Osteria Ca 'd'Oro, alias La Vedova, una vez conocido sólo por los venecianos y ahora presente en cada guía para turistas USA, estaba esperando lo peor en mi ciudad siempre más disneyficada, pero sorpresa, no se si fuera el hecho de hablar veneciano, tuve servicio súper y buena comida y el precio era razonable.

En Venecia no hay falta de pseudo-osterie, todas interpretaciónes de la fórmula desarrollada por Slow Food y ahora degenerada hasta algunos gestos token - un poco de tocino aquí, un poco de culatello allí, balsámico en todas partes, incluso donde no tiene cabida, y copas de vino ridículamente grandes.

Sí, para los que lo conocen, y para los “maniacs” por quien comer fuera es un proyecto de investigación, hay algunas sorpresas. A veces es el placer de comer algo de muy sencillo en el lugar adecuado, como el sencillisimo sándwich bar Birreria Forst en la Calle delle Rasse, cerca de San Marco, donde se puede comer "tramezzini", un sándwich ordinario, generalmente de pan blanco, picante y lleno de mayonesa (yeach!) pero en este caso hecho con pan negro y jamón ahumado: en un día caluroso en julio con una cerveza, es mejor que Da Fiore ... :-) Siempre es fascinante cómo algunos hábitos alimentarios verdaderamente atroces pueden convertirse en tradiciones - piénsete en la misteriosamente famosa Insalata Russa en Piemonte, a lo mejor “comida de cafetería”, pero la gente se vuelven locos con ella.

Me alegro de que decidistes no ir al Carnaval, no sólo es esta temporada la peor del año (húmedo, frío hasta los huesos), pero también es crasa y kitsch, y nada me hace más triste que ver a todos esas tiendas de venta de máscaras horribles en Venecia. La idea de Carnaval solía ser (hace mucho tiempo) hacer su propio traje a cabo de material muy barato, papel de color, cinta adhesiva, grapas, y llegar a algo verdaderamente original y personal por el gasto de casi nada . Si tuviera que irse a vivir a Venecia de nuevo, me gustaría tratar de recuperar esta tradición, mucho más simpática que la vulgaridad actual.

Fuiste a Anice Stellato? Mi casa era la con vistas al patio trasero del restaurante (ex tienda de alimentos). En la esquina estaba un estudio para "perlere", las damas que fabricaban perlas de vidrio a mano. Frente a Anice cerca del puente habia un vendedor de verduras, me acuerdo de los cubos grandes de hierro galvanizado, donde los "fondi di carciofo" flotaban, recién cortados por la mañana por el dueño de la tienda (en Venecia se comen las alcachofas pequeñísimas, y de las grandes se come solo el “fondo”).

También me gusta Mascareta, buen ambiente y comida, vinos sencillos pero buenos.

No, no hay Monvinic en Venecia, de hecho no hay nada como Monvinic en cualquier parte del mundo, pero si estaba en alguna parte debe estar en Venecia. :-)

Espero que como un gran lingüista quién eres, podrás apreciar la similitud de la lengua (no dialecto, por favor!) Veneciana al Català, no tanto en el tono del discurso, pero en las palabras mismas.

Me encantó leerte.

Ciao

Mike

J. Gómez Pallarès dijo...

Ciao, caro Mike!!!
Ha sido un gran placer también para mí ver que mi percepción de la ciudad tiene cosas en común con el primer venezian universal contemporáneo que conozco: ¡¡¡tú!!!
En las épocas que comentamos creo que una de las mayores gracias consiste, precisamente, en descubrir donde sigue existiendo la auténtica vida veneciana: turistas habrá siempre (16 millones el año pasado...) y venecianos en las islas, más o menos los mismos también. Pero por mucho que la gente critique la descomposición de la ciudad, su "disneyzación" (como bien la describes), Venezia no perderá jamás su verdadera alma y el espíritu de sus gentes se mantendrá: Lorenzon es, un poco, ese espíritu. Te estudia, te analiza, mantiene las distancias, suelta alguna mínima provocación y después se lanza a la complicidad siempre con un poso entre la ironía, el guiño y la melancolía.
Nos hemos paseado un par de veces por tu barrio, por lo menos, de día y de noche, bajando en el vaporetto en Sant'Alvise y disfrutando de una zona tranquila y muy poco contaminada por el turismo de masas. Bottoi no vimos más que en las tiendas del mercado de Rialto, pero la ciudad estaba llena de ellos, como de puntarelle y de radicchio!!! Las verduras en Italia saben casi mejor que en otros sitios!
He visto, por lo demás (ny lo decimos dos que somos socios de Slow Food) que la marca del caracol ha perdido algo de sentido en el norte de Italia: se ha banalizado y se han perdido algo los orígenes. Y lo siento, pero no todo vale... Sobre todo lo digo por los vinos. Sabes mejor que nadie que en Italia no te puedes fiar de nada en el tema de los biodinámicos, si no conoces bien al productor y qué y cómo lo hace. En los restaurantes, osterie, etc., con el caracol en la puerta, tendrían que cuidar eso especialmente. Y nada de nada. He visto más interés y pasión por el vino pero sólo si vas a las botellas (vinitecas hay algunas y son impresionantes en la ciudad: el mismo Già Schiavi, Un Mondo di Vino...)..las copas, a la sombra de las "ombre" y de una tradición de vinos a vasos, hay que mejorarlas bastante!
El venezian: lo he disfrutado en los carteles y en algunos nombres, por supuesto, porque cuando lo he escuchado casi no he entendido nada!!!
En la ciudad había estado dos veces pero reconozco que ésta es la que he disfrutado más y en la que entendido mejor muchas cosas. Por supuesto, es la vez en la que me han quedado más ganas de volver.
Tomo buena nota de tus sugerencias y, eso sí, prometo no ir nunca por carnavales...ni de pequeño en caso no me han gustado. Y prometo hacer algo que necesita más de septiembre o mayo: visitar algunas "altane" de la ciudad, desayunar o comer en ellas y, sobre todo, conocer alguno de los jardines ocultos más bonitos de Venezia. Nos hablaron maravillas de alguno de ellos (en Zitelle, por ejemplo), pero no hubo ocasión.
Un abrazo!
Joan
PS. Por cierto, no sé si te lo habrá dicho, pero esa gran tradición que representa Anice Stellato (sentarse a la mesa sin saber si tendrás conversación amena al lado) y que en Barcelona (por poco tiempo, me han dicho, sic...) es Monvínic, mesas conviviales vamos (Chartier, en Paris; alguna vieja osteria en Firenze), nos hizo coincidir con un buen amigo tuyo: Francis Copigneaux!!!

Anónimo dijo...

Ciao Joan,
El encanto de las viejas ciudades europeas. Sus gentes, la gastronomía.
Italia un país que engancha. Sensibilidad y arte en cada rincón.
Bentley

J. Gómez Pallarès dijo...

Uno que se ha pateado la vieja Europa, Bentley, sabe que Italia es especial. Puedes pasear por Francia, por Alemania, por Inglaterra, por España...y jamás encontrarás la concentración de belleza, arte y gastronomía que ofrece Italia. Si uno ya piensa que Roma "non ti la fai in una vita", añádele Florencia, Nápoles y, pongamos por caso, Lucca, Verona, Padova, Milano, Vicenza, Torino, Cagliari, Salerno, Caserta, Bari, la Puglia...y unos pocos cientos de etc. El famoso "year abroad", del que tu seudónimo hace gala tenía que ser, sólo podía culminar en Italia, claro. Si terminas en Venezia, casi te digo que andamos cortos de reencarnaciones...y que el conjunto en menos de tres vidas no lo haces. Con la pausa, claro está, con que Richard Bentley leyó a ese poeta que nació en Venosa. n muchos sitios puedes ver cosas bonitas, arte apasionante, en muchos otros puedes comer bien y en otros maravillarte ante un paisaje. Pero esa combinación única y multiplicada tantas veces, creo que sólo se da en Italia.
Stammi bene.
Joan

Alfredo Ketterer dijo...

Foja Tonda 2005 de Albino Armani... Ay Joan... ese vino, esa uva, es tan especial como la venecia misma.
Mis memorias de venecia son la de una constante caricia esperando sorprender en cada esquina.
Vinos de medio pelo cenando frente al canal, con la compañia más fantástica e ese momento de mi vida. Venecia la hacía más hermosa y ella más hermosa a Venecia.
Vaporetos y el mercado... y todo por ver. Una ciudad que flota en si misma... que lugar alucinante.
Tomo notas de tus descripciones, para la próxima vez!
PD. Estuve por BCN hace unos días, para Alimentaria. Sigo enamorado de ella. Fuí con un primo de tapas a "Paco Meralgo". Me preguntaba si conocés el lugar.
Te mando un abrazo,
Alfre

J. Gómez Pallarès dijo...

Me quedo con esa sensación, Alfredo,q ue coincide por lo demás con la que subyace en el fantástico libro de Jan Morris sobre Venecia: una caricia constante, siempre que encuentres las condiciones adecuadas para recibirla!!!
Hay sitios, cosas, que sólo pueden suceder y ser vistas en Venecia, creo yo del mundo entero.
Pena que esto de Alimentaria haya dado, en mi caso, para tan pocos encuentros agradables, como hubiera sido el tuyo!
Paco Meralgo:
http://www.devinis.org/2008/06/pa-comer-algo.html

Lo conozco, sí, incluso está cerca de casa y alguna vez me he dejado caer para tomar algo. Confieso, con todo, que desde que tengo a Monvínic tan cerca, incluso para platillos y tapillas, la referencia es ésa ya sabes por qué: la posibilidad de tanta conversaciín interesante y de tants vinos apasionantes por copas, junto a la cocina de Sergi de Meià, representan una oferta inmejorable ahora en Barcelona.
Un abrazo,
Joan

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