10 febrero, 2010

Casa Otilia y el Oloroso n.14

Cuando supe de la inauguración de la exposición “Ao pé do lar. Un repaso pola historia da cociña ao longo dos séculos”, le pedí a Soledad Felloza, una de las dos fotógrafas que la firma (junto con Maribel Ruiz de Erenchun), la foto que más le hubiera emocionado de cuantas expone por primera vez. Había visto la selección en la página web y me quedé anonadado, una vez más, de la capacidad de la fotografía para captar, no ya lo que es, sino lo que fue y, más todavía, el espíritu y la esencia de lo que fue. Magia, sensibilidad, historias, personas, sombras, alegrías y tristezas alrededor del hogar, donde todo pasaba. Mi idea era unir una foto de Sole con la descripción escueta de algún vino que me sugiriera su imagen. Sole fue generosa, como siempre, y ha hecho algo más que regalarme esta impresionante foto. Nos ha regalado el relato, la historia tras la foto de la lareira de Casa Otilia. Es ésta:

Casa-Otilia, de Soledad Felloza

“Se llama Meixide la aldea. Pena Trevinca (el pico mas alto de Galicia) se ve desde su ventana. La señora Otilia sabe de dejar su tierra, de trabajar por Cataluña o por Alemania. Sabe de ahorrar para que su hija Ana estudie, sabe de volver para disfrutar de la vida y del dolor de ver que ni un año le duró la paz, porque su hombre la dejó nada más regresar. Ahora anda con los ojos aguados. Enseña con orgullo su lareira de abajo, la de su madre y la lareira de arriba, la de sus suegros. En la de abajo se encierra conmigo, para hacer la foto, desgrana recuerdos. La mesa donde toda la familia tomaba el caldo, el tres en raya tallado en un banco donde jugó tantas veces con sus hermanos, que hay un desgaste en el suelo. O ese banco, 'tallo' en gallego, que acaricia mientras me cuenta cómo su padre lo hizo con sus manos para que se sentaran ella y su hermano. Ella recuerda y llora, yo hago la foto y entre el humo y su emoción, lloro yo también. Al salir, sus ojos brillan en azul, los míos en negro. Me enseña donde está su hombre en el cementerio que tiene frente a la casa y donde se detiene cada día un rato, me muestra donde estará ella. Subimos la cuesta de la aldea, vamos a lo de Juan y Emérita a tomar la parva, castañas asadas con rodajas de chorizo y un sorbo de aguardiente. Me pesa la cámara al hombro, pero llevo el corazón ligerito de emociones. Soledad Felloza"

La bota de...Oloroso n.14 por Encantadisimo

El relato, la foto, los ojos de las protagonistas, las lágrimas piden, casi exigen, un vino azul, un vino triste y melancólico, un vino concentrado, fino y cortante como el dolor del recuerdo, profundo como la pared que envuelve la lareira, que invite al recogimiento que pidió Otilia para la foto y que ofrezca paz y momentos de meditación, momentos para pensar en los que nos han dejado. El sur y el norte encuentran su "ruta de la Plata" en el sentimiento (por lo menos en mi cabeza) que une la centenaria lareira con otro centenario de excepción. El Oloroso de una Bota NO, embotellado (600 botellas...) por el Equipo Navazos como n.14 de su serie. Es la tradición del oloroso en Valdespino, rota por una de las vasijas que llevan estampado el rotundo NO: ese contenido sale de la línea de la solera y queda durante decenios al margen, apartado y profundizando en las virtudes que la dejaron sola. Esta bota pertenece a la solera de 12 vasijas conocida en la bodega como Añada 1809, un vino que no se ha comercializado desde hace mucho. Documentos de finales del siglo XIX y comienzos del XX, nos cuenta el Equipo Navazos, acreditan este oloroso como uno de los vinos más viejos y escogidos de la casa. Compartía un lugar de privilegio con vinos de leyenda como Solera de Su Majestad, Pedro Ximénez Niños y Moscatel Toneles...con eso queda todo dicho. Navazos lo recupera en junio de 2008. Abro la botella y durante una tarde entera escucho su historia: madera que cruje al sol tras el naufragio. Avellanas en la bodega. Lágrimas de seda en la copa. Miel de castaño. Acero en el olfato, guante en el tacto. Resina y madera. Nueces verdes y lavanda seca. Océano y sal en la larga travesía de la vida, para Otilia, para este vino. Mezcla única de sequedad y humedad, de filo y de finura, de corte atrevido y de carácter goloso. ¿Una foto única para un momento único?: un vino excepcional a un precio irrisorio. En el Marco de Jerez, ¿dónde si no?

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Joan

Solo quiero decirte:

Gracias por este post,conseguiste emocionarme y hacerme recordar mi tierra tan querida, mi Galicia!

Ps: Preciosa la Foto!

Saludos desde Suiza
Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

La foto es impresionante, la historia es emocionante y el vino...el vino es para morirse, vamos!!! Por supuesto, no terminé, ni mucho menos, la botella y he dejado una buena reserva para ir disfrutando de ella durante algunas semanas más. Si algo espectacular tienen estos vinos viejísimos, es su evolución en botella, una vez abiertos.
A cuidarse,
Joan
PS. Por cierto, probé una syrah del Valais, impresionante!

Anónimo dijo...

Hola Joan,

Quin Syrah era?, aquest estiu vaig estar per Suïssa i vaig tastar alguna cosa, vaig portar també alguna botella, però els falta repòs encara.

slts

Ramon Nadal

J. Gómez Pallarès dijo...

Hola, Ramon!
Era un Didier Joris, Valais Chamosite 2004. Extraordinari, de veres. Em va deixar amb unes ganes boges de fer un postgrau en vins suïssos.
No sé com, però ho faré!
Salut,
Joan
PS. Aquest 2004 podia tenir uns pocs anys més de repòs, certament, però estava ja en un moment dolç de tast.

Jose dijo...

Es un vino enorme, sin duda. Sí me pregunto si durante el tiempo en que la botella duró abierta el vino cambió o bien era yo el que cambiaba al beberlo.

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Ya sé que la pregunta es retórica, Jose!!!
Por supuesto, cambia la persona y cambia la botella!
Saludos,
Joan

SIBARITASTUR dijo...

Muy bonita foto que me hace recordar los viejos tiempos por los pueblos, casi ni me acuerdo.
Imaginaros como estaría de bueno lo ahí cocinado, salivo solo de pensarlo, una pena que tradiciones así se esten perdiendo, porque es aforma de hacer y cocinar hacía los alimentos con sabores y texturas que no salen ahora.
Por otro lado tambien se quita los inconvenientes de aquellas formas, no me llameis insensible.
Con respecto a la bota, tomo nota.
gracias Joan.

Smiorgan dijo...

Muy bonita foto.
A saber la cantidad de fotos como esa que pululan por la caja de fotos viejas de mi abuela, o en mi casa. El viejo horno del pan, la lareira, la posterior y moderna chimenea, la familia alrededor de la cocina de leña, miña avóa asando castañas ou quentándose o lume(que lle queres, a miñas raíces sonche da terriña)... Fotos e imágenes que, por cotidianas, no solemos valorar.
Saludos, Joan.

J. Gómez Pallarès dijo...

Estas botellas las tienen donde Ramón Coalla, S., así que no son difíciles de encontrar: un encuentro que merece mucho la pena, sin duda...
Lo interesante de este tipo de fotos es que hacen salir a cada uno los recuerdos de los viejos tiempos. Yo también pensé en las cosas de mi pueblo cuando era chico. Nada tienen que ver con las de la foto, pero me hizo pensar en eso también.
Con la ayuda del Oloroso todo fue más fácil...
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Llevas mucha razón, Smiorgan. Esta mañana leía un libro de proverbios zen (me va ese rollo, qué le vamos a hacer...) y uno ponía el énfasis en el valor de las cosas de cada día. Lo cotidiano, si se sabe ver, se disfruta al instante y te da mucha recompensa. Hay que valorar esos pequeños placeres de cada día.
Joan

M. Ángeles dijo...

Soberbia foto y majestuoso viaje emotivo-sensorial-literario de la lareira al oloroso. Felicidades a Soledad y a ti.

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias, M.Ángeles: la única pena de todo esto es que el oloroso n.14 no pudo tomarlo Sole...
Ella me mandó la foto. Yo la guardé hasta dar con el vino que creía encajaba con ella, y el vino me lo tomé sin ella!!!
En fin...ya le tendré reservada otra botella histórica del Marco de Jerez para cuando podamos compartirla.
Joan

Smiorgan dijo...

"Hay que valorar esos pequeños placeres de cada día."
No te tiene eso reminiscencias de mi blog? :)
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto, S.!!! Ese es el título de tu blog!!! A eso se le llama poligénesis: varias personas pensando lo mismo sin que tengan in mente que la fuente de su pensamiento es la misma.
La literatura del mundo entero está llena de eso.
Andamos el mismo camino!
Joan

Smiorgan dijo...

:)

J. Gómez Pallarès dijo...

"Ahí le han dao"!

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