30 noviembre, 2009

Setecientos. Y uno. Y empezamos de nuevo



Nos lo sirvieron a ciegas y ahí estábamos, Dominik y yo, intentanto decidir si Palatinado (no podía ser…era un riesling seco pero tenía un volumen en boca grande, amplio), Mosela o Rheingau. Era tímido en nariz, discreto (un poco de melocotón de agua, algo de prado verde) y quizás poco mineral. Pero en boca y en posgusto te ofrecía los mejores sabores de una riesling joven y corpulenta: aires tropicales de mango y algo de piña, un ligero toque de lima-limón, hierbabuena (mentuccia), entidad y cuerpo, largo posgusto. Descolocados nos dejó porque era un vino que nos gustaba mucho pero que no ubicábamos en Alemania…Antonio (en Monvínic), como siempre, nos sorprendía con un Ekam 2008 de Castell d’Encús!!! Es la riesling de altura del Sr. Raül Bobet, que me sigue sorprendiendo, de viñedos pirenaicos (DO Costers del Segre), con un poquito de albariño que le da acidez, y un algo de azúcar de una vendimia quizás tardía (ahí anda el alma o el proyecto de un Kabinett catalán). Confieso que la primera vez que estuve ante la botella, en una tienda, me dije “buff…¿una riesling de esa zona cuando puedo escoger entre Egon Müller, von Schubert, Bürklin-Wolf, Rebholz, Heimann-Löwenstein, Kühn y etc.? Paso”. Reconozco mi error. Este vino, como todo lo que haga Raül Bobet, hay que beberlo y no perderle de vista la evolución.



Sergi de Meià y su equipo siguen en sazón, permanente “primavera” en la cocina, ebullición constante, tormenta de ideas, búsqueda del mejor sabor y elogio de la trazabilidad, voceada desde las paredes mismas del restaurante. Añadamos una sensibilidad especial hacia todo lo que la naturaleza nos ofrece, estación tras estación, y tendremos una fórmula que siempre convence. Nada de lo que hacen tiene desperdicio. Cayó un sabroso saltat de bolets y una sobresaliente coca de tomate, cebolla, espinacas (cómo prepara la verdura esta gente, qué punto, qué sabor) y boletus con Ekam 2008.

El gran regalo de la noche. Dominik no sabía que mis intenciones eran “torcidas”. La cita se había pospuesto, por variados problemas, un par de ocasiones. Y cuando pudo llegar, coincidió exactamente con el momento en que andaba pensando “¿a qué dedicarás tu post número 700?”. Dominik y su (con Eben y Jaume) Les Manyes 2007 me dio la respuesta de golpe y sin premeditación alguna. Lo dedicaría a las amistades que el vino me ha regalado y al mundo de sensaciones nuevas que mis descubrimientos, hechos de la mano de sus protagonistas auténticos (aquellos que hacen el vino día a día), me han dado. ¿De qué otra forma se puede interpretar que, sin previo aviso, se presente el hombre en Monvínic con dos botellas del estratosférico Les Manyes 2007? La una la tomamos con la cena, en justa compañía y olfato de los amigos de mi local preferido en Barcelona. La otra, reposa en casa esperando el momento apetecible…



Les Manyes es uno de los dos GC de Terroir al Límit (el otro es Les Tosses, cariñena). Procede de cepas de más de 50 años de otro viñedo de altura, casi 800 metros. De suelos habituales en el Priorat pero poco identificados con él (cuarzos y calcáreos sobre capas de arcilla), éstos marcan el carácter de un vino que apunta, creo, a una de las líneas dominantes en el Priorat futuro: el poder está en la fragancia, absoluta y envolvente, en la nariz y en el posgusto que suenan a inmortalidad. La esbeltez domina la boca y hace olvidar las épocas de músculo desorbitado y madera sobrecogedora. Es una de las garnachas más absorbentes que he probado jamás. El día y la luna le favorecieron, sin duda. La amistad con que fue tomada, también: lo describiría con la nariz con que Catulo hablaba del perfume de su amada Lesbia. Todo yo me convertí en nariz cuando me asomé a la segunda copa: los perfiles de la cereza, de la fresa del bosque, de la mora madura; el aroma de la rosa algo marchita, de la violeta silvestre; el frescor del agua del manantial bajo una luna en cuarto creciente: el hilo de agua es fino y delicado. No estamos ante un torrente, sinó ante una corrriente de agua profundo, penetrante, fina y discreta, que se hunde en la tierra calcárea y besa las raíces de la cepa, que es tu boca.



¿A quién se le ocurre mejor compañía para esta sinfonía de monte mediterráneo que una explosión de sabores en forma de conejo? Sergi borda las texturas, las cocciones, los detalles, los sabores del campo y Les Manyes 2007 casó a la perfección con los dos conejos de la carta: uno, dominado por las finas hierbas, los alcaparrones, la salvia, carne delicada y suave, que se fundía en la boca con la garnacha en una explosión casi propia de quienes, con Monterroso, supieron despertar de su siesta con dinosaurios. El otro, conejo de bosque estofado, aportaba una concentración oscura, casi de la Tierra Media, complejidad aromática hecha de mil detalles en el marinado y la cocción, carne prieta y firme, tenaz, que el vino ayudaba a perfilar. Dos grandes versiones de una de mis carnes preferidas.

Todo esto tuvo lugar el pasado 23 de noviembre del año de gracia de 2009, con la luna en cuarto creciente, elemento tierra dominante y día raíz. En ese día, celebramos a San Columbano, monje irlandés, por quien siento especial cariño. Sin él, la Europa del conocimiento no sería lo que hoy es. Yo celebraba además, en la intimidad de unos grandes vinos, la complicidad de un nuevo amigo (qué difícil es poder escribir esto a mi edad) y el cariño de unos profesionales enormes, lo que sería, ya es, mi entrada número 1 , después de haber cumplido 700. No sé donde acabará esto, ni qué fuerzas sacaré de mis otras vidas para venir a ésta. Ahora, hoy, estamos aquí: ¡701! Por el camino recorrido, por la complicidad de tantos, por la lectura de algunos, por la comprensión de los más, por la amistad de unos pocos, por las puertas abiertas y las personas conocidas: ¡mil gracias a todos!

Todas las fotografías de esta entrada han sido realizadas por mi admirada Keiko Oikawa.

27 noviembre, 2009

David de Jorge y el tenis


Para preparar con dignidad la Copa Davis que se nos viene encima (eso sí será un atracón...), no se me ocurre mejor calentamiento que un buen corte de jamón, una gran manzanilla pasada y la charla de un tipo como David de Jorge. Hace falta esfuerzo, tesón y muchas horas de entrenamiento para conseguir esa coordinación perfecta entre bola, brazo y "raqueta". Sacrificio, tesón, búsqueda incansable del mejor ingrediente, del vino más adecuado, del lugar apreciado, de la compañía oportuna: la comida en Echaurren queda ya para siempre en mi memoria. Verbo fácil (evangelio en estado de gracia pura), sin artificios ni afeites (va a lo esencial), David es gran cocinero, mejor empresario y extraordinario comunicador.

Tuve la suerte de topar con su cuerpazo serrano y su humor sincero y socarrón en la reciente experiencia riojana, ya sabéis la de los cinco bloggers para cinco sentidos. Y allí quedé prendado de su estampa pinturera y de un sentido de la vida que jamás había intuído tan puramente gargantuesco. Si a eso le añadimos que tiene uno de los blogs gastronómicos más interesantes de este país, sólo puedo decir: ¡gracias! Gracias por reparar en mí, gracias por proponerme un cuestionario que parece directamente salido de un alegre mestizaje entre Shakespeare, Lope y Rabelais (con un apunte de Proust) y gracias por, a pesar de las barbaridades que contiene, publicarlo. No olvide el sabio lector que lo lea (sobre todo si se trata de mi santa esposa...) la máxima de Magritte en uno de sus famosos cuadros (el de la pipa estante): "ceci n'est pas une pipe!".





Las ilustraciones de esta entrada proceden del blog de David. Nota bene: esta entrada forma parte del Proyecto Genoma Vino.

24 noviembre, 2009

Naturala Vinis 2

Mis amigos andan un poco con esta sensación (la que expresa la camiseta). Naturala vinis 2, que aconteció el sábado 18 de noviembre de 2009, fue casi un acto reivindicativo. Benoît, además, lo consideraba un acto libertario: sabe que mucha gente va a beber, no a conocer a vinos y bodegueros, sabe que le roban copas y botellas, sabe que casi no vende, pero lo hace por amor al vino y a sus amigos. Más que libertario, llamaría yo a eso celebración filantrópica. Y en un lento proceso que se sabe más o menos cuando ha empezado pero no cuando acabará, un acto de convencimiento: como comentábamos con uno de los bodegueros presentes, no puede agradarte todo ni convencerte cuanto pruebas. Pero el movimiento se demuestra andando. Y en ese camino todos van con gran voluntad de aprender los unos de los otros. Y de mejorar. Y de ir convenciendo al consumidor, que de tonto no tiene un pelo y sabe qué le gusta (por qué, ya es otro tema). De estas reuniones, me sigue impresionando, además, ver el grado de amistad y cohesión que existe entre los miembros de PVN. Y yo, que me honro con su amistad.

No voy a hablar de todo ni de todos. Sólo de lo que esa tarde noche me pareció más en su punto. Confieso que una charla larga y más o menos tendida (menos que más: ¡había un montón de gente!) no la había tenido con Pep Torres, el joven que ahora, tras abuelo y padre, está dando mucho que hablar con su bodega familiar, Casa Pardet (DO Costers del Segre, en Verdú). Observaba al maestro Valenzuela, de Barranco Oscuro, mientras bebía y aprobaba, comentaba con Pep sus vinos. Paciente, aguardé mi turno y en cuanto pude, me puse a su vera. El primer golpe de nariz de su Cabernet Sauvignon 2008 me dejó anonadado, casi aturdido. Sin otra cosa que fruta a raudales, sin madera, sólo con fermentación a temperatura muy controlada, trasiego y reposo en botella (más algún que otro secreto, que me piden no comentar), su cultivo biodinámico (éste hombre es preciso y sabe muy bien qué hace) produce un CS de impacto: especias (sobre todo pimienta), regaliz, frescura, trago largo y de enorme posgusto, taninos amables y amplitud de boca, es un vino que se disfruta ahora mucho pero que en el próximo año, y en los días que más le convengan (no dejéis de mirar con calma etiqueta y contraetiqueta), dará alegrías mayores. Su Cabernet Sauvignon 2003 (9 meses en barrica) es de una gran finura: más discreto y evolucionado que su hermano menor, el pan tostado y el cuero acompañan la compota de arándano negro. Es un vino de intensidad comedida, sabiamente domada por un buen uso de la madera y otro, todavía mejor, del reposo en botella.

Hubo otras tres sopresas en ese anochecer. Una, más o menos cantada, aunque yo no la había probado jamás en el formato que se presentaba. Las otras dos, sorpresas absolutas para mí. La primera: La Llopetera 2003, de Escoda-Sanahuja (DO Conca de Barberà). Es un vino que conozco bien, del que he hablado ya en varias de sus añadas (hasta 2006), pero del que jamás había probado una mágnum. Joan Ramon trajo una (no las vende estas botellas, las va sacando según le apetece...) y la abrió. Fui pasando por ella a lo largo de dos horas hasta que se terminó. ¡Qué vinazo! Tiene una finura esta pinot noir...un carácter preciso pero acompañado de la contundencia de la tierra de la Conca (el viñedo está a 600 m de altitud, y hay mucha piedra calcárea y limos en él), lleno de fruta negra de bosque que te susurra, de terciarios amables, de madera que se ha ensamblado de una forma prodigiosa con el vino (otro secreto hay ahí: lo que aprendo yo con esta gente...). Es un vino que sigue evolucionando y envejeciendo muy bien. No lo perdáis de vista porque seguirá dando alegrías por lo menos otros cinco años más.

Las otras dos sorpresas. Y una constatación, también. La primera sorpresa fueron las botellas del trepat que ha vinificado Jordi Sanfeliu, de Ecosetrill. Este hombre no deja de sorprenderme. Yo venía, casi, de hacer un posgrado de trepat en Montblanc, y de golpe me topo con algo de una extracción suavísima, coloración casi de clarete y perfume y texturas arrebatadoras. Todas las cepas han sido clonadas por Jordi de un único ejemplar y la cosa anda ahora en reposo de botella. No quise saber más. Cuando el vino tenga etiqueta y se venda, volveré a por él. La segunda sorpresa fue otra botella sin etiqueta. La llevaba en la mano Manolo Valenzuela, de Barranco Oscuro, y no dejaba de repetir, con esa cara de cómplice travesura que los dioses le han dado, "ahora sí que vais a probar algo histórico, único". Vaya si lo fue: ¡¡¡vino espumoso de vijiriega tinta!!! No digo más porque de esa variedad igual hay una Ha plantada en toda España...frescor vegetal sin límites, método ancestral, zarzaparrilla, fresitas salvajes...un escándalo. La constatación: esta gente, mis amigos de PVN, siguen aprendiendo y mejorando y cada día ofrecen mejores vinos. Modestamente aconsejo que no les perdáis la pista.

20 noviembre, 2009

Viver de celleristes de la Conca de Barberà


De mi última estancia en Montblanc podría decir no pocas cosas: hablaría del entusiasmo de l'Associacio per Montblanc i la Conca en la organización de actos culturales de todo tipo (se hablaba de Arnau de Vilanova, pero el Consell regulador de la DO Conca de Barberà me coló para que hablara de cómo veo yo al trepat...); hablaría de la persistencia del Consell regulador de la DO en hacer conocer los valores de las variedades autóctonas y en promocionar las bodegas llevadas por gente joven; hablaría, en fin, del entusiasmo del ayuntamiento y de su alcalde por llenar de contenidos y valor el patrimonio medieval de la ciudad, que es de una riqueza y calidad de conservación envidiables.

Pero prefiero concentrarme en otra realidad que, no por conocida, dejó de sorprenderme. En el mundo del que pago la hipoteca, expresiones como "incubadora de empresas", "spinn-offs", "vivero de empresas", son habituales y cruciales para promocionar la transferencia a la sociedad del conocimiento que se genera y para arropar, en sus primeras años de funcionamiento, las empresas que nuevos emprendedores generan. Que esto existiera en el mundo del vino, me era por completo desconocido. ¡Y existe! ¡Y en la Conca de Barberà ni más ni menos! Perdonad mi ignorancia porque desconozco si hay otros proyectos como éste en España, pero éste es el primero que conozco, y me encantó la idea. El Viver de celleristes de la Conca de Barberà nace para que gente joven pueda desarrollar su actividad empresarial enológica con un mínimo de riesgos. Se comparten instalaciones, maquinaria y espacios, se facilita el asesoramiento burocrático necesario para la primera andadura y se permite que, a lo largo de cinco años, la naciente bodega se consolide, con vinos y marca, en el mercado.



No me negaréis que la cosa es emocionante y llena de esperanza para el futuro de la DO. Durante la segunda edición de la Fira de Sant Martí, en Montblanc, en la preciosa, desamortizada y remozada ex-iglesia de Sant Francesc, tuve la oportunidad de conocer muchos productos de la zona y, sobre todo, de conocer algunas de las bodegas viveristas. Para mi sorpresa, incluso tenía amigos entre los jóvenes emprendedores...No pude probarlo todo porque la gente iba incorporándose poco a poco y mi tiempo no era mucho, pero de lo que pude tomar con calma me gustó mucho el trabajo de Carlania Celler. Se trata de viñas certificadas como de cultivo ecológico, de las que probé su rosado de trepat, muy suave y fresco, con fresitas que te alejan de la gominola y te acercan al corazón del bosque. Su blanco 2008 de macabeo y trepat (vinificado en blanco, 20% del ensamblaje) me pareció un gran acierto, casi un camino a seguir: flor blanca, corteza de limón, paso fresco y ligero en boca con cierto aire de hierba húmeda. Aunque no vea su ficha en la web, me gustó mucho el blanco del Molí dels Capellans, un acertado ensamblaje de parellada y moscatel de grano menudo, fragante, cautivador, justamente alegre. Los dos tintos que, ese día, me parecieron en mejor momento, fueron los de Gatzaravins, Gatzara 2008, un ensamblaje de merlot, ull de llebre y trepat que no conoce la madera y que te llena el paladar de fruta fresca, con cierta untuosidad de la merlot. Lo comentamos con Ton Castellà, que lo tiene ya claro: menos merlot y más trepat y ull de llebre lanzarán este vino a las estrellas, muy pronto. El monovarietal de tempranillo de Guspí 2008 me pareció otro de los aciertos de estos emprendedores del vino. Un vino recio, con una gran expresión de la tierra, sin concesiones y taninos algo rústicos. Un buen vino. Sólo puedo desearles, desde la modestia de la oscuridad, ¡que la suerte, la luz y la fuerza les acompañen! Estaremos atentos a sus evoluciones. Merece la pena.

17 noviembre, 2009

Va de blancos: Benito Santos, Murrieta y Jo!

Estos últimos días, he estado bebiendo algunos vinos blancos que me han reafirmado en algo que seguirá sonando polémico (quizás...), pero que, desde un punto de vista estadístico, se cumple. Se cumple, claro, en mi pobre experiencia como bebedor (ya se sabe, no pruebo entre 75 y 100 vinos diarios...) y, sobre todo, con los vinos que pruebo de la Península. Podría formularse así el asunto: "nada como una cepa de larga tradición en su tierra de origen, trabajada en ella y por gente que sabe qué hacer con ella, para tener grandes vinos". De su contrario, se infiere, claro, que una cepa desplazada de su hábitat natural y trabajada según técnicas y cánones que le caigan algo lejos, dará con mayor probabilidad vinos que (¡hablo de mí, claro!) no gusten tanto. Todo esto viene a cuento de los últimos blancos que he probado. Por el primero de ellos, vengo sintiendo creciente admiración, por cómo se plantean las cosas en la bodega (Sucesores de Benito Santos, uno de los fundadores de la DO Rías Baixas), a través del cultivo ecológico. Y por cómo trabaja la cepa albariño Todd Blomberg (anterior hacedor de algunas de las cosas que más me gustaron de Zárate). De las notas de Benito Santos, de los comentarios y aprendizaje de cientos de albariños probados en las ferias de Cambados y, aventuro, de una gran reflexión sobre cómo trabajar las lías con estos mostos y vinos, surge una gama de bastante impacto. Cada vino tiene su perfil, pero el clima, las características de la uva, sus aromas, su frescor incorregible están siempre presentes.

Es una bodega muy a seguir en las Rías Baixas, de la que ahora mismo destacaría su Igrexario de Saiar 2008 (en la foto, la iglesia de San Esteban de Saiar, alrededor de la cual se congregan las cepas), una albariño amorosa, de salvaje alegría domada por las lías, tanto gruesas como finas, con las manzanas como protagonistas, con un punto de chispa en la boca. Cepas viejas que te aportan aires de camomila, de pera limonera, muy fresco y goloso en boca. Caramelos Ricola, hierbas del monte, sedosidad, algo untuoso y, al mismo tiempo ágil y fresco en boca. Es un gran vino (lo será más con reposo en botella), que se puede comprar sobre los 8-9 euros.


De Marqués de Murrieta poco voy a descubrir a los lectores de este cuaderno. Se trata de una de las grandes de la DOC Rioja, por calidad contratastada de sus vinos a lo largo de más de cien años y por la cantidad de botellas que producen. Alguno de mis grandes momentos vínicos me lo ha proporcionado su Castillo de Ygay, del que de vez en cuando se pueden encontrar botellas históricas. Esta gente tiene una línea de trabajo marcada desde hace mucho, que no se mueve un ápice, porque las cepas siguen siendo las mismas, el territorio sabe qué da y dónde lo da y y sus gentes saben interpretarlo. Los resultados, a la vista y al paladar están. Uno de los grandes blancos que se puede comprar en este país es su monovarietal de viura. Capellanía 2003 procede del viñedo del mismo nombre, dentro de la Finca Ygay. Es un vino que procede del prensado de los racimos en un sistema vertical de doble husillo (150 años de tradición nos contemplan), que proporciona lentitud y delizadeza a la operación y favorece la máxima extracción aromática a la viura.

El trabajo se completa con una larga fermentación a temperatura controlada y una crianza de 18 meses en barricas bordelesas de diferentes antigüedades y procedencias. El resultado es un vino que, incluso en su preadolescente 2003, conviene decantar y servir sobre los 12-13ºC. 13,5% para un color de brillante oro, con extrema sequedad, en nariz y en boca. Lavanda seca, orégano, cera en el panal. Es un vino elegante y sutil que te estará hablando sin parar, si tienes la paciencia necesaria, horas y días enteros. El intercambio de credenciales entre la viura y la madera es ejemplar, muy notable. Lo hueles y lo pruebas, dejas que los restos de la botella reposen y se magnifiquen: sabes que estás ante un vino de otro tiempo, hecho a la antigua, con oscuridad, con barniz, con madera que le dará estructura (jamás lo ocultará) durante muchos años. Se puede comprar sobre los 15 euros.

Mi relación con el vino Jo! es mucho más reciente. Nace de mi indignación por el contenido de una página de El País y se consolida ante el admirable interés que Carlitos y Patricia muestran por ese post. Digo "admirable" porque me admira que dos profesionales tan reputados en su sector, con campañas en marcha sobre productos o ideas de mucho calado (no hay más que mirar su página web para saber en qué andan), gasten dos minutos de su tiempo en un cuaderno como éste. La relación se ha ampliado a través de variados intercambios de cartas, ya privadas, y en público y en privado he confesado mi respeto y, de nuevo, admiración por lo bien que trabaja esta gente y por lo profundo de la sintonía que muestran con las ideas de sus clientes. Les prometí que a la que topara con un Jo 2008, hablaría de ese verdejo. Y cumplo con mi promesa. Por desgracia, tengo que decir que el trabajo de los creadores de la marca y de su publicidad (chapeau para ellos) se ha visto empañado por lo que los implantadores de la verdejo en Catalunya han hecho con el vino. Quienes me leéis, ya sabéis que no tengo nada a favor ni en contra de nadie ni de ningún vino. Pruebo y si me apetece escribir sobre ello, lo hago. Aquí era obligado, pero lo hago con cierta desazón porque no quiero que nadie piense que estaba cantado mi comentario. Mi única relación ha sido con los creadores de la marca (Carlitos y Patricia), y ésta, puedo decirlo, es cada vez más fluida e interesante. Ellos no han hecho el vino y yo ni tan siquiera conozco a sus hacedores. Hubiera preferido, os lo aseguro, que el vino me hubiera gustado o que me hubiera parecido correcto. Pero no.

El vino se puede comprar sobre los 6-7 euros y se puede servir muy frío (sobre los 8ºC), pero yo recomiendo el ejercicio de tomarlo a la temperatura en que se tienen que tomar los buenos blancos, allí donde muestran su verdadera naturaleza. Sobre los 11-12ºC, Jo! se ofrece muy flojo en nariz, casi inexpresivo y plano, con una boca glicérica y un peso excesivo del alcohol para su 13%. Le doy tiempo a la temperatura adecuada, pero sigue átono en nariz y en boca muestra una untuosidad que no se corresponde en nada con el frescor y ligereza que uno le suponía a la verdejo. El trago no es franco y casi me recuerda a esas aguas que tienen una densidad y un peso mayores de lo habitual. No sé a qué sabrá la verdejo catalana, sí sé que ésta todavía no sabe a nada en concreto y que, además, está muy lejos de sus parientes en Rueda. La gran ventaja de este vino es que tiene un margen de mejora muy notable. Les deseo de todo corazón que sigan aprendiendo y que perseveren.

Sucesores de Benito Santos, no sé a quién deben esa inspiración, tiene un lema muy bonito en sus etiquetas. Está escrito en latín (ya sabéis que, de hace años, "colecciono" ese tipo de divisas en botellas de vino) y dice Congruenter naturae uiuere. Hay que vivir de forma conveniente (armónica traduciria yo) con la naturaleza. Digo "armónica" porque ellos han cortado un poco el texto de Cicerón del que procede la cita, De fin., 3, 26: Congruenter naturae conuenienterque uiuere..."de forma armónica y adecuada", aconsejaba Cicerón, quien proseguía diciendo que la gente sabia vivía, así, de forma plena, feliz y afortunada. Lo hemos olvidado casi todo en dos mil años de historia, pero si recuperamos el valor de ese lema y, en mi opinión, nos concentramos en trabajar mejor la tierra y las variedades más propias de cada zona, viviremos y beberemos mejor.

La foto de la Iglesia de San Esteban de Saiar es de Alfonso Fontán. La de Jo! pertenece a El País.

14 noviembre, 2009

Goré (y final)



La isla de Goré está a 15 minutos en barco del puerto de Dakar. La excursión merece la pena, sobre todo si, como es mi caso, se hace todavía en temporada turística muy baja, es decir con escasos blancos y muchos negros. Sin proponérnoslo, cogimos el primer barco, el que llevaba a todos los que trabajan en los mercadillos que hay en la isla. Fue una minitravesía divertida porque las vendedoras (prácticamente no hay hombres), en cuanto ven un toubab, se lanzan a por él, pero con gracia y simpatía, intentando averiguar nacionalidad e idioma. Es su primer paso para conseguir alguna venta posterior.

La isla de Goré, en principio, no hace gracia ninguna. Fue en su tiempo una de las cárceles y punto de embarco más importante de esclavos del África occidental. Muchos millones de esclavos llegaron a ella, muchos millones de familias fueron separadas (padres, madres, hijos, cada uno hacia un destino distinto) y muchos murieron, en sus celdas o en los barcos a los que les hicieron subir.



Pero Goré ha asumido su historia, vive de ella, claro, y lo que uno percibe en cuanto ve la isla, sus colores, su perfume, es algo bien distinto. 95 metros de ancho por 300 de largo, con una altura máxima de 50 metros y 300 habitantes estables. No hay una calle asfaltada, no hay un solo coche en ella, ni una moto. Sólo barcas. La gente circula libremente y se la ve feliz en ese reducto que, a ratos, casi me parece fuera de Senegal. Oigo a los niños en la escuela, sonrien a través de la ventana y la maestra del parvulario incluso nos permite saludar a la niña que está con ella. Sonrisas y complicidad, artesanía, comunidades de rastas, avenidas de baobabs. La casa de los esclavos, reconstruída, se me antoja casi una pieza de atrezzo. Intento explicarle mis sensaciones al guía que hemos contratado, Bécaye Bussama, que compara el Holocausto con la muerte allí de millones de africanos. Y yo le doy la razón, pero le digo que lo que percibo en la isla, hoy, es algo muy distinto a lo que pasó en ella.



Decidimos concentrarnos en el placer del momento y tras una trabajada caminata a 35ºC y 95% de humedad (¡jamás había sudado tanto!), llega el merecido reposo. Junto al mar, a buen resguardo del sol y con un especialista en el pescado de la zona, Chez Poulot. Como casi todo lo que nos ha pasado en la isla, se trata de amigos de Bécaye y nos tratan bien. El guía se autoinvita a comer y nosotros callamos y aceptamos: digamos que forma parte de su propina...Gambas del mar cercano con gengibre (el otro condimento nacional), hechas a la brasa de un buen fuego de leña junto al mar. Suculentas, de carne prieta y cabeza rellena y sabrosa, el contraste dulzón con el punto picante del gengibre, me ofrece uno de los buenos momentos de la estancia. Y aquí ya no me he aguantado: ha caído uno de los monumentos del país, la célebre Gazelle. Junto con la Flag y la Castel, es la cerveza de las Brasseries de l'Ouest Africain. De todas ellas, es la más popular (la Flag es la más elitista) y se sirve en botellas de 63 cl. Con 4,2% de alcohol, es una cerveza muy ligera, de color algo pálido pero buena espuma, que con las gambas y el calor, sentó de maravilla. Volvimos en el barco que llevaba a algunos escolares a Dakar, tras la comida en casa. Dos marineros se aprestaban, con sus alfombras, a la cuarta oración del día, mientras yo me preguntaba cómo diantres habían encontrado La Meca si el barco había cambiado tres veces de dirección...

08 noviembre, 2009

Point d'interrogation



Esto de los blogs es fantástico porque la gente intercambia consejos y comentarios libre y desinteresadamente. Y siempre suelen ser de alguien que ha estado sobre el terreno. Ya me entendéis: consejos de primera mano, no de prestado. Uno de los mejores que me dieron fue el de Viniterraneum (por lo demás, un blog de los importantes, con una gran cantidad de información sobre botellas interesantes y poco conocidas normalmente): "¿Cocina senegalesa en Dakar? Point d'interrogation". Ese era el consejo. En el número 40 de la calle Assane Ndoye, hay que pasar varias veces para caer en él, camuflado entre un minihotel y un burger en la esquina con J. Gomis. Sólo cometimos un error: ir por la noche. Estos restaurantes mínimos (no habría más de 24 plazas, con unas sillas que lo dicen todo) compran lo que pueden cada día y por la noche, queda lo que queda...el objetivo era un buen tiep bou dienn (el plato nacional del Senegal, con arroz rojo al vapor con salsa de tomate, verduras, el pescado (thiof). Pero se había acabado al mediodía.


Compensamos con unas excelentes gambitas salteadas con verduras y salsa de tomate (con verdura también), y una merlucita a la brasa con arroz con coriandro. El restaurante es, sin duda, lo más auténtico que he probado en estos días en cuanto a comida del país y tiene, además, el arroz mejor cocido: de grano menudo (en Senegal lo sirven siempre roto dos veces), cocido al vapor, no sé la variedad, pero es de sabor muy intenso. Sin duda, es el gran acompañante de cualquier plato que lleve alguna salsa. Platos sencillos, sabrosos, intensos y fragantes, sin demasiados secretos, la gente del lugar (muy mayoritariamente musulmana practicante) suele acompañarlos de zumos de lo más variado. En ? los tomamos con bissap. Y sin duda fue mi mejor bisssap. Bissap significa "hibisco" en wolof (la lengua indígena mayoritaria en Senegal) y suele ser demasiado dulzón. Los cálices del hibisco se recolectan tras la estación de las lluvias (ahora, vaya) y se dejan secar. Después se usan en pastelería y en esta infusión (en otros países se la llama "karkadé"), que es tonificante, diurética y digestiva. Este bissap estaba muy rico, poco azucarado, penetrante, muy ágil en boca, con un sabor vegetal integrado en aires de grosella. Casi parecía un roibos aromatizado con ella. También se sirve frío y casi es adictivo. ? es una buena dirección a tener en cuenta en Dakar para comer senegalés de veras. Si os es posible, id al mediodía.

05 noviembre, 2009

Cita en Porrera


El detalle de toda la información que els Cellers de Porrera ofrecen a los amantes de los vinos del Priorat lo podréis encontrar aquí.

03 noviembre, 2009

Monsieur Baobab

El baobab es una metáfora de la grandeza de África y es, además, el árbol simbólico del Senegal. A los senegaleses les encanta poner motes y llamar a las personas por ellos. Tanto empeño puse en conocer todo lo relativo a este árbol que me acabé ganando el apodo: ¡"Monsieur Baobab"! Ese soy yo en Dakar. Estar debajo de un baobab es como cobijarte bajo un elefante: su piel es coriácea, su presencia casi intimida. Tras superar la primera impresión, lo que te transmite el árbol es plenitud, entereza, integridad, bienestar, cobijo. Uno se siente, casi, como en el hogar de un hobbit. De hecho, los baobabs son un árbol sagrado en el país y hubo un tiempo en que bajo sus raíces se enterraba a las personas. No había lugar mejor. He tenido la suerte, además, por la época de sus "estaciones" en que he estado allí, de haber visto a los baobabs en plenitud, tras las lluvias, con ramas bien pobladas, con frutos que pronto alcanzarán la sazón y, menuda gozada, con flores a la vista. Grandes y blancas,vistosas se ofrecen a los insectos con generosidad.

El baobab sirve para todo. No sólo acoge en la muerte, también da guía en la vida: se aconseja a quien tenga problemas, que apoye su mano derecha en el tronco del árbol, reflexione un rato y piense en cómo se puede arreglar lo suyo. El árbol ayudará y pondrá su parte. Puedo asegurar que apoyarte en el árbol, estar sentado bajo él, tocar y sentir su fuerza, te hace sentir bien. Su fruto, además, se cosecha, se seca, se trocea y se sirve en infusión. El bouye, que todo el mundo toma a todas horas con un poco de hielo (ahora que hace ya mucho calor) tiene un sabor dulzón, aunque con un punto vegetal, con aires de melocotón maduro y de mango, denso y consistente. Es un excelente remedio para el dolor de panza y da, además, vigor ante la fatiga. El mismo fruto, troceado y seco, se vende en saquitos. Nuestro guía en Goré nos dio algunos y nos explicó que es un excelente sistema para mantener la felicidad en la casa y alejar el mal de ojo y la envidia: hay que repartir trocitos de fruto de baobab por la casa, ¡y ya está!



Y por supuesto, no me salí con la mía: mi otro objetivo era escuchar en directo a la mítica Orchestra Baobab, resucitada hace dos años tras más de diez de separación. El club Just 4 you no estaba lejos de mi casa, allí donde ellos solían tocar. Pero no me esperaron...Volverán el 14 de noviembre al Centro Cultural Francés pero yo no podré estar allí. Me conformé con otro de los momentos mágicos que he vivido estos días. Estábamos esperando la llegada del amigo Bachir que tenía que llevarnos al aeropuerto. La puerta de la residencia, cerrada por precaución. Pedí que la abrieran para despedirme del cielo de África, la luna en cuarto creciente hermoso. Y pensé pedirle a Abdoulaye, responsable de la recepción, que pinchara en su ordenador alguna cosa de la Baobab en la red. Sonrió cómplice...y esa mezcla fantástica de ritmo africano y cubano rompió el silencio de la noche en el jardín y me brindó la mejor despedida posible, al son de la Baobab.

01 noviembre, 2009

Los matices de la negritud



Vuelvo emocionado y desencajado al mismo tiempo de Dakar. En efecto, aunque pude conectarme a ratos, no he tenido tiempo ni de editar con dignidad mis fotos ni de pensar en escribir con cierta pausa y afecto. No me he movido de la capital de Senegal y de sus alrededores y no conozco, por lo tanto, qué sucede en el campo, qué en la Casamance, qué en Saint-Louis. Cumplo ahora, ya instalado en la cómoda Barcelona, con mi idea de ofrecer algunas pinceladas de mi experiencia en el África negra. Dakar cae a trozos, Dakar vive en un mito que, como siempre, nada tiene que ver con la realidad. Su aventura, la aventura que la gente cree poder vivir en ella, no es la de los centauros del desierto que llegan a una playa que es rosa sólo dos veces al año. Su aventura es la de la supervivencia, con unas modulaciones, una profundidad y unas estridencias tan ensordecedoras, que no olvidaré jamás, en los mercados, en Yoff, en Ngor. La fractura social es enorme: unos poquísimos viven muy bien, unos muchos viven con muy poco pero han decidido hacer bandera de su dignidad y trabajan 18 horas cada día. Y unos muchos más han dimitido ya de la vida y malviven en mercados y mercadillos, pidiento, robando o intentando vender a cuanto toubab (blanco) se les pone por delante.


He conocido a mucha gente joven, he conocido a mucha gente contenta y alegre, he conocido a muchos que jamás podrán explotar sus habilidades y competencias en beneficio propio y de su país. El gobierno les desampara y la gente se siente sin recursos ni capacidad para llevar adelante sus ideas. He caminado mucho, me he pateado la ciudad, he hablado con un montón de gente y he hecho muchos amigos (blanco de alma africana, llegaron a llamarme): es lo mejor que me llevo. A pesar de la situación en que vive la mayoría, son gente vital y acogedora, hospitalaria y alegre. Tienen el ritmo de vida que les impone el clima, sin duda (y comen de acuerdo con ello: ¡ya hablaremos del tema!), pero trabajan mucho para muy poco (incluso la mayor parte de dirigentes que he conocido). Esa es la tónica, sea el nivel de clase social con que haya tratado. Mucho para muy poco, con muy pocos medios, pero con mucha reflexión e ideas en la cabeza. Este país no tiene solución, lo siento pero así lo veo. No tiene apenas recursos naturales y su clase dirigente es exclusiva y trabaja para muy pocos y en muy pocos sectores productivos. Los beneficios no llegan al pueblo. Las calles seguirán cayendo a trozos, los servicios no se arreglarán y los recursos seguirán llegando tarde y mal. Este país, con todos los matices de la negritud que he podido conocer, con ese conjunto de enorme potencial político y cultural que tiene la gente en esa zona, sólo tiene una esperanza: que entre todos encontremos cómo dar salida a los miles de jóvenes que he visto en las calles y en la universidad, en las escuelas y en los comercios, en los restaurantes y en los mercados.

Cuantas más oportunidades les demos de formar a los más jóvenes, mayor será la masa crítica de gente que querrá quedarse en Senegal para cambiarlo todo desde dentro. Hasta que esto suceda, tendremos que seguir aguantando cómo se gasta el gobierno millones de euros en una mastodóntica escultura (en un monte junto al mar, entre Dakar y el aeropuerto), de mujer, hombre y niño, llamada "La renaissance africaine", a la que se accederá por unas escalinatas que parecen las de Keops. La "renaissance africaine" puede que llegue, pero será sólo si muchos jóvenes formados y con capacidad e iniciativa toman el poder en cuanto estamento se les ponga por delante. Sé que existen, los he conocido y desde ya haré cuanto pueda por ayudarles. Con ellos, comiendo buen thiof, bebiendo buen bisssap y escuchando a la fantástica Baobab...