27 octubre, 2009

Opération Baobab

Estoy pasando la semana de viaje en Senegal. Hasta donde he podido informarme (es mi primer viaje a ese país), el asunto de los vinos va a estar complicado allí. No el de la comida y sus recetas, que promete ser apasionante, ni el de las cervezas, por las que sienten cierta predilección y menos todavía, el de los zumos, en los que son auténticos especialistas. Aunque no os lo creáis, es un viaje de trabajo, pero me llevaré la cámara de fotografiar y aunque sea pobre emulación de twitter y etc., intentaré escribir en el cuaderno alguna impresión de cosas interesantes que encuentre, con breve comentario. A ver si los enlaces y el resto me respetan...Puesto que sigo a rajatabla aquello de vivir con el "blog" el día a día, no hay despensa de posts vínicos a la que acudir. Así es que prefiero contar de qué va la cosa para que nadie piense que he decidido empezar a descuidar mi cuaderno. Objetivos tengo dos: 1. abrazar el primer baobab que se me insinúe. 2. Escuchar en directo a la Orchestra Baobab: ¡me encantan! Ya véis que la cosa será algo monográfica...¡hasta pronto!

La foto del baobab es de Pascal Baobab.

23 octubre, 2009

Le Rouge-Gorge 2007 de Eric Nicolas

Eric Nicolas es uno de mis "vignerons" preferidos. Sin más. Junto con Christine poseen el Domaine de Bellivière (viñedos en el Loire, repartidos en cinco municipios, entre Jasnières y Coteaux du Loir). Cultivan en biodinámico (algunos viñedos todavía en conversión), ofrecen una altísima calidad en el trabajo exclusivo de las variedades propias de la zona (chenin blanc, pineau d'Aunis, grolleau, casi en todos los tipos de vinificación) y, además, lo hacen a precios razonables. Si los vinos te gustan, ¿qué más se puede pedir, caramba? Y ése es mi caso. Los vinos de Nicolas me gustan mucho. Me traje alguna botella de Santander, aunque por supuesto, se pueden encontrar también en Barcelona y, desde hace cierto tiempo (menuda opción), se pueden comprar "on-line". Ya hablé de él en otra ocasión y la información básica de su Rouge-Gorge 2007 se encuentra también en su modélica página web. Así pues, ¡concentrémonos en el vino!, sutil homenaje de Eric a uno de mis pájaros preferidos, el petirrojo. Si estrujas el fruto del granado y lo miras a través de un rojo rubí, ése es el color del Rouge-Gorge. Su discreción en el mismo (capa media, casi baja), nada tiene que ver con sus poderes: ofrece la profundidad de la pimienta negra recién molida pero un paso por boca liviano, casi de trote ligero. Mineral, me recuerda hoy mucho al perfume de la trepat y a la rusticidad (entendida como algo positivo) de una teroldego o una foja tonda. Tiene los taninos algo cuadrados, ciprés y tierra de brezo, húmedo vegetal, fragante y casi embaucador: es un vino que se presenta con discreción pero que deja huella, parece una cosa y es otra. Se puede comprar sobre los 16 euros y es aconsejable abrir la botella una hora antes, decantar el vino y servirlo sobre los 15 ºC.



El dibujo del petirrojo procede de blocs.xtec.

19 octubre, 2009

Santander


Hacía demasiados años que no paraba en Santander y el peso de las lecturas, de las recomendaciones, de las ganas de conocer lugares que amigos y compañeros han ido elogiando, le puso un cierto tono de ansia a mi visita. Me la pasé de golpe: suave llegada (espectaculares las vistas en el avión desde que uno deja Bilbao y se acerca a las laderas que besan el mar junto a la capital cántabra), taxi al hotel, maleta en la habitación, pies para qué os quiero al Paseo de Pereda, caminata casi al trote, llamada telefónica y ¡para la Cigaleña!

Por supuesto, el local existía ya en mi última visita (me avergüenza decir que iba la cosa ya para veinte años...), pero mi sensibilidad en esa época paraba en otros lugares. Amigos muy respetados han hablado ya in extenso del lugar, de su actual alma máter, Andrés Conde, como ara que yo me extienda aquí. Me llamó la atención la crítica del forero que pasó inadvertido en el restaurante y fue tratado a disgusto suyo. A mí me sucedió lo contrario: ni paso por forero (no podría, vamos: aunque me leo todo lo que pasa por Verema, no escribo en ella) ni me identifico de nada en concreto cuando voy a un sitio nuevo. Además, no estaba el jefe y el camarero que nos atendió, literalmente, nos mimó, sin más: discreto, pero muy atento y cómplice. Chapeau para él. Fuimos a las cosas básicas de la vida cántabra y alrededores, con incursión vínica extramuros. Si algo aprendí de la lectura de los comentarios de mis amigos es que en La Cigaleña se mima la sencillez en las recetas, la calidad de la materia primera y, sobre todo, el tiro por los vinos hispanos y los franceses.

Así que empezó la cosa con unos suculentos pimientos asados con ventresca de atún y anchoas (menudo marymontaña: Josep Pla hubiera echado una lagrimita de placer aquí); siguió con un revoltillo de setas de temporada (algo más discreto: mi micofagia está diagnosticada, es enfermedad galopante y me he vuelto exigente con los años); exultó con unas delicadísimas, tiernas, chuletitas de lechazo, con su medio riñón incorporado (juro que no lo pedí, pero ese detalle me hizo radicalmente feliz) y se llegó a los altares, en gloria, con un pastel de hojaldre, crujiente, rompedor, que no llevaba más afeite que pura mantequilla entreverada. Confieso que yo iba a alguna cosilla histórica de la Rioja (de las que tanto he leído en mis amigos), del 45 o del 64 por decir algo, pero el camarero fue tajante al anunciar que "tenemos lo de la carta". Tengo claro que tener, tienen mucho más, pero la carta daba también para varios cientos de alegrías de otro tipo y yo me decanté, tras algunos titubeos, por un moulin-à-vent La Rochelle 2006 de Olivier Merlin. Uno de los "señores" del Beaujaulais se mostró, como todos ellos, con una capa media, picota casi en envero, algo cerrado para ir ganando enteros durante la comida: muy serio y concentrado, poco dado a las florituras, este moulin-à-vent es profundo, mineral, tierra húmeda, pimienta roja en el árbol, trazos de hogar y de ceniza, tanino muy suave y trago de agua de manantial. Ideal para resaltar las chuletitas, vamos. Vinos por copas tienen pocos, la verdad, pero uno de ellos casó de maravilla con el hojaldre: el Spätlese 2005 de Fritz Haag, mineralidad ya atenuada, frescor cítrico, membrillo, pegó de maravilla con el pastel y su mantequilla.

Ya habíamos entrado en armonía con el cosmos entero (entrada por La Cigaleña) y pasear por Santander, a pesar del bajón tremendo de las temperaturas, fue, de nuevo, un placer: la bahía se ofrece, amable, el verde te acompaña desde la otra orilla y el cielo es puro y acogedor. Santander es puro bullicio a las horas que toca y vuelve, casi, a los ritos ancestrales de la siesta: a las tres y media no pasa casi nadie por el centro. En uno de mis paseos, topé con una tienda singular, anunciada por el atento y concentrado bebedor del collage fotográfico. Confieso que pasé de largo el primer día: algunos discretos riojas en el escaparate me hicieron pensar "buff...más de lo mismo". Pero a la segunda, pegué el hocico al escaparate (menuda vulgaridad) y vi, como quien no quiere la cosa, una botella de Selosse...hummm..."aquí hay gato encerrado". Vaya si lo había. La Ruta del Vino es la tienda (virtual y en tres dimensiones también) de Philippe Cesco, un tipo de sobras conocido entre los profesionales, del que un amateur como yo había oído hablar pero que no conocía personalmente. Francés afincado en Cantabria hace veinte años, apasionado también de los vinos naturales (no, no voy a redefinir qué es eso), su tienda es una cueva de maravillas: Selosse, Huet, Bellivière, Joblot, Schaetzel, Simon Bize, y mucho interesante sobre todo del tercio norte peninsular (centro, sur y este, menos). Hombre tranquilo, muy sabio, se deja guiar por sus gustos y por la calidad. Tiene una gran selección en la tienda. Me regaló una hora deliciosa de conversación, me explicó detalles de todas las botellas que me interesaban y unas cuantas estarán ya viajando a Barcelona para hacer las delicias de un servidor.

Santander: ¡como para tardar otros veinte años en volver!

La foto de la bahía de Santander es de hablaconluis.

15 octubre, 2009

Nebbiolo: final de trayecto



La cata/conferencia/degustación/charla que dió Juancho Asenjo en Monvínic es de aquellas que marcan el corazón enófilo de uno. Creo que nadie tiene que convencerme ya de las bondades de la nebbiolo: hace tiempo que la bebo y he tenido la suerte de aprender junto a otros insignes profesores (entre los que más, Franco Ziliani y Roberto Giuliani). Pero cuando alguien como Juancho te abre todos los secretos, tripas, corazón, intimidades de esta uva a través de algunos de sus productores y terruños más queridos, en el Piamonte, uno toma conciencia real de que, como afirmaba el maestro (varias sentencias fueron lanzadas, dardos de sabiduría, a nuestros oídos, ¡y fueron bien recogidas!):

"la nebbiolo es el final de trayecto de un bebedor. Cuesta llegar a ella, pero cuando se consigue, se disfruta como ninguna".


"Un paseo por los grandes viñedos del Piamonte: Barolo & Barbaresco", el título que nos congregó. Algunos de los mejores productores, quien explicaba y nos hacía escuchar los vinos (nebbiolo: opera + rock&roll, una uva cañera, vamos) y algunos de los pagos y añadas últimas más importantes (1999, 2001, 2004), pusieron el resto. Me propuse, al empezar (la "squadra" estaba formada por 12 vinos), anotar no más de tres palabras por vino. Quería concentrarme en lo que decía Juancho, en mi nariz y en mi paladar. Imposible. La nebbiolo, junto con la pinot noir (me permito añadir esta otra uva en mi final de trayecto personal como bebedor), son uvas que no cesan de evolucionar, en botella y en copa. No dejaré de beberlas, amarlas, descubrirlas. Seré breve en mis descripciones, no daré otros datos (son productores y pagos fácilmente rastreables), pero los apuntes desbordaron mi cabeza y cuanto papel se puso por medio.

Rizzi, Barbaresco Boito 2001. 14%. Clásico, serio, regaliz, canela, trufa, humus, otoño y más regaliz. Bruno Rocca, Barbaresco Rabajà 2000. 14,5%. Perfume, densidad, profundo, barniz, fruta madura, tanino muy integrado. Bruno Giacosa, Barbaresco Santo Stefano di Neive 2004. 14%. Flor generosa, marchita, animal, fiero, raíces, muy perfumado, embriagador, pimienta negra, fondo de humus en el hayedo, musgo, ceniza, humo, potencia. Uno de los grandes de la noche. Luciano Sandrone, Barolo, Cannubi Boschis 1999. 14%. Uva pasa, sugo di carne, barnices, madera vieja, oxidación, aires de vino rancio en boca, acetatos y violetas, cerezas maceradas, clásico, mucho. Elio Altare, Barolo Vigneto Arborina 2000. La Morra. 14,5%. Fresco, corteza de naranja, profundo, intenso pero delicado, de nuevo piel de naranja, macerada para la mermelada, gominolas de fresa. Roberto Voerzio. Barolo Cerequio 2001. La Morra. 14,5%. Enorme, floral, sutil pero denso, flor marchita, alma, mineralidad intensa, grosella negra en sirope, cereza. Otro de los grandes de la noche.

Hablando de Luciano Sandrone: "los grandes vinos de Barolo no los han hecho los enólogos, sino los campesinos".


Paolo Scavino, Barolo Bric del Fiasc 1997. Castiglione Falletto. 14,5%. Tierra húmeda, alquitrán, fruta en compota. Cavallotto, Barolo Bricco Vigna San Giuseppe Riserva 2001. Castiglione Falletto. Magnum. 14,5%. Uno de los grandes clásicos, animal, más denso, infusión de eucalipto, tradición sin más, el tanino se mastica pero no daña. Domenico Clerico, Barolo Ciabot Mentin Ginestra 1998. Monforte d'Alba. 14,5%. Flor de eucaliptus, fragante, embriagador, flores secas, monte bajo, tomillo y lavanda. Aldo Conterno, Barolo Vigna Cicala 2001. Monforte d'Alba. 14,5%. Tabaco, menta, regaliz, tierra mojada, animal, seriedad y poder. Otro de los grandes de la noche. Azelia, Barolo San Rocco 1999. Serralunga d'Alba. Magnum. 14%. Mineralidad enorme, casi prioratina, rosa marchita, muy envolvente, seductor y profundo. Luigi Pira, Barolo Vigna Rionda 2004. Serralunga d'Alba. 14,5%. Rebotica de farmacia, tabaco rubio de Virginia, profundidad, el sabor más "antiguo", ferruginoso, se mastica. Para muchos años. El "pack" de Serralunga d'Alba fue el que mostró, a mi modo de oler, la mayor homogeneidad en cuanto a identificación de una zona.

Lo dicho: cuesta llegar a la nebbiolo, pero cuando se hace, se convierte ya en compañera de viaje para toda la vida. No tengáis prisa por llegar, pero que no os pierda, tampoco, la pausa: hay que llegar a ella con tiempo y facultades suficientes.

"Los barolos son vinos terribles para catar, grandiosos para comer".

La primera fotografía, "Le Langhe viste dalla Morra" es de fuzzy_10gik. El primer collage, de Serralunga d'Alba, es a partir de fotos de Jan-Tore Egge. El segundo collage, de Castiglione Falletto, es a partir de fotos (superior) de Jan-Tore Egge y (inferior), de fuzzi_10gik. El tercer collage ofrece la foto superior, "Per Le Langhe", de lucaddeu, y la inferior, de nuevo de Castiglione Falletto, de Marco Novelli.

12 octubre, 2009

Alícia Rojas: vida y vinos en la Rioja

Alicia Rojas: una bodeguera en La Rioja from manuel gago on Vimeo.

Mi amigo Manuel Gago, en su imprecincible blog Capítulo 0, acaba de editar la parte más jugosa y narrativamente compacta de la conversación que tuvimos con Alicia Rojas, en la parte más alta de su finca. Merece mucho la pena escuchar la narración: ponedle de atrezzo una mañana fresca en la Rioja casi otoñal; una cabaña con el fuego del hogar crepitando; una finca única en que los viñedos conviven con bosques, rebaños y zonas húmedas; una agrable compañía; una mejor charla; unos chorizos a la brasa que me hicieron soltar una lagrimita de placer; fragante aceite arbequino de la finca y una buena copa del Finca Alicia Rojas reserva 2001, fino, delicado, redondo, con uva fresca, pimienta y canela, amable. Pensé "que pare de girar el mundo, que yo me bajo aquí un buen rato".

PS. No sé cómo hacer para que el vídeo aparezca en el tamaño proporcional a la pantalla de mi cuaderno...en fin: mi consejo es que lo miréis a pantalla completa.¡Y disfrutéis con la charla de Alicia!

PS.2. Mi ángel custodio en temas de diseño de este cuaderno, Peter, acaba de arreglarme lo del vídeo, así es que ahora, demás, se puede ver bonito. Gràcies, Peter!

08 octubre, 2009

Las cosas del campo

Hoy no va de vinos la cosa. Excepción en mi cuaderno, sí, pero siento que es día para ello. Hoy va de libros y de escritura, de admiración y de reverencia, de emoción siempre, de lenguaje y de comprensión de la vida, de transmisión de sus sentimientos y de una forma de verla y vivirla. Hoy va de José Saramago y de José Antonio Muñoz Rojas. Hoy va de las cosas del campo. Parecerán distantes y distintos los asuntos, los personajes, sus cosas. Para mí no lo son tanto.

Umberto Eco hablaba en El País de 6 de octubre de 2009 de "Un 'bloguero' llamado Saramago". Mostraba su simpatía por un hombre que lo ha sido, que lo es todo en las letras y que, embargo, decide concentrar sus retazos de vida cotidiana en un blog. Y decide ofrecerlos, como no puede ser de otra forma tratándose de este medio, libre y generosamente. El Cuaderno de Saramago es un de los ejemplos que tengo siempre en la cabeza cuando escribo. Llegó hace poco y lo hizo para bien. Textos breves, prosa directa, descripción cuidada, sintaxis transparente. Precisamente él, "que cuida la puntuación hasta el extremo de hacer que desaparezca", precisamente él que "no afronta jamás los problemas de frente sino que los rodea poéticamente" (entrecomillados, de Eco), precisamente él que nació en 1922, nos muestra con frescura, con alegría, con diligencia, cómo escribir un cuaderno en la red.



El libro que más me ha impresionado de Saramago se titula Levantado del suelo (Alfaguara, Madrid, 2000, isbn 84-204-8443-1) y muestra como pocos la fuerza de su literatura. Saramago es hombre de campo, aunque no del Alentejo. Pero su prosa decidió tomar como tema esa tierra portuguesa y su mano, diestra, consiguió culminar el sueño de cualquier escritor: dar vida a aquello que su cabeza ha reescrito mil veces. Este libro es el Alentejo. Quienes hemos paseado por él, conocido a sus gentes, comido y bebido sus vinos lo sabemos. "Del suelo sabemos que se levantan las cosechas y los árboles, se levantan los animales que corren por los campos o vuelan sobre ellos, se levantan los hombres y sus esperanzas" (Saramago). A muchos parecerá una obra menor. A mí me emocionó y me habló de las cosas importantes de la vida.

Como lo hizo siempre José Antonio Muñoz Rojas. Él no tiene ya días ni cosas que contarnos. Nos dejó hace muy poco y ayer mismo, de nuevo El País, publicaba un obituario, firmado por Miguel Martínez Cuadrado. Yo le lloro más quedo y recordando otras cosas que las que describe el Sr.Martínez, aunque conozca y reconozca la extraordinaria labor de Muñoz Rojas como filántropo. Yo me quedo con su Las cosas del campo (Pre-Textos, Valencia, 1999, isbn 84-8191-250-6). No repetiré elogios ni sonsonetes. Para fortuna de muchos, Muñoz Rojas salió ya del limbo de las ediciones agotadas o inencontrables. Si tenéis la suerte de no haber leído todavía este libro, corred a las librerías, compradlo y daros, dadle al autor el mejor homenaje posible, el de la lectura. No estoy muy de acuerdo con Martínez cuando finaliza su "in memóriam" hablando de un "reconocimiento que sólo los medios de comunicación pueden mantener". Los lectores estamos sobre todo para eso, para perpetuar el recuerdo y para promover nuevo reconocimiento.

Muños Rojas fue siempre un autor en el que las aguas de la prosa y la poesía encontraron imprecisa y perfecta confluencia. Su prosa se bebe como la poesía, su poesía narra como la prosa. Su castellano es terso, delicado, transparente como sus preferidas mañanas de enero, "lavado el aire, tan recién vestidas tierras y sierras, todo estrenándose" (de "Finales de enero", p.111). Tiene la precisión de la mejor manzanilla y, al mismo tiempo, el volumen del gran oloroso. Confieso mi adicción y reconozco, de paso, mi debilidad, un "adúnaton": me gustaría escribir con la elegancia y esbeltez de Muñoz Rojas, con la puntuación de Saramago y, ya puestos, con la intuición, descaro y sentido del humor de MVM. Las cosas del campo es uno de mis libros de cabecera, uno de los pocos que releo con constancia, una de las razones por las que mi vista y mis sentidos se vuelcan, siempre que pueden, hacia el campo, hacia la cepa y el ciclo de la naturaleza en el viñedo:

"El campo saca incansables bellezas escondidas y acumuladas, las renueva y ofrece sin tasa a los ojos y al alma de quienes quieren gozarlas. Advierte con su descansado silencio que sólo volviendo a él encontrarán los hombres lo mejor de ellos mismos" (Muñoz Rojas). Descanse en paz. Mientras, seguiremos leyéndole. ¡Leyéndoles!

La foto de J.A.Muñoz Rojas procede de Antequera.es; la de J.Saramago, de davidfs.

04 octubre, 2009

Matassa 2007 y Taleia 2008



Voy a seguir hablando de gente que hace vinos en tierras donde no ha nacido, de gente que se enamora de esas tierras (en el caso de Tom Lubbe, se enamora también de la hija de su anterior jefe, Nathalie Gauby) y decide poner en ellas su dinero, su capacidad de trabajo y su saber vitivinícola. Con resultados espectaculares, en mi opinión. Se me criticó que hiciera algo parecido cuando hablaba de Dominik Huber y Eben Sadie en el Priorat, pero sigo pensando que el trabajo que esta gente hace (Tom Lubbe, en el Rosselló catalanofrancés; Raül Bobet en Talarn: ahora resultará que me equivoco y Raül nació en los alrededores del Castell d'Encús: es una información que no he podido contrastar), con conocimiento profundo del entorno, con respeto hacia la tierra, con pasión, es compatible con el que hacen quienes nacieron en esas tierras. No veo intrusismo, veo colaboración y complementariedad naturales. Tom Lubbe y Sam Harrop MW querían hacer vino en Francia y tras la experiencia de Tom en Domaine Gauby, sabían que eso sólo podría pasar en el Rosselló. Dice Tom que es una de las pocas zonas de Francia donde un joven viticultor puede iniciar un proyecto sin un peso financiero insoportable. Domaine Matassa es el sueño de los tres, en una colina pedregosa rodeada de bosques (detalle importante: Tom es biodinámico y la protección de los bosques impide la llegada de productos químicos por lo menos del entorno), con esquisto y mucha vegetación mediterránea (espliego, romero, hinojo salvaje, tomillo).



Vendimias en cajas pequeñas, mosto a partir de prensado muy suave, levaduras exclusivamente autóctonas y fermentación en barricas viejas de Borgoña, por lo menos durante diez meses en el caso del Cuvée Marguerite 2007, que es el vino de que hablo ahora. Cuanto hacen no se adapta a nada (estos van por libre) y por lo tanto, nos quedamos en un modesto "Vin du Pays des Côtes Catalanes". 13% para un 50% de viognier y un 50% de muscat de petit raisin. Pálido amarillo, profundidad de la madera, oscuridad de la bodega. Frescor y austeridad son notas dominantes, con un mínimo carbónico al inicio. Tremenda mineralidad: grafito y, en posgusto, matas de espliego azotadas por el viento. Me viene a la cabeza una imagen: el armario de la ropa que perfumamos, en casa, con bolsitas de lavanda: lavanda seca y jabón de Marsella. Perfume y frescor de esta tierra. Muy atractivo y seductor. Es uno de los grandes blancos que bebo con cierta frecuencia.

Otro "extranjero" ambulante llama mi atención desde hace tiempo. Es paradójico, puede, pero sé menos de él que de Tom Lubbe. Raül Bobet (antes en Torres y ahora, también, en Ferrer-Bobet) ama el anonimato (así lo confesó en una entrevista/ cuestionario con Jordi Melendo) y jamás he tenido la oportunidad de charlar con él. Qué más da, pienso: sus vinos ya hablan por él, y eso es lo que importa. Tom y Sam (como Dominik y Eben) han encontrado la respuesta a los estragos del cambio climático en el cultivo biodinámico. Raül, sin ir exactamente por ahí (creo), sí practica el cultivo orgánico en sus viñedos de Castell d'Encús (Talarn, Pirineu de Lleida, en la DO Costers del Segre). Bobet, además del cultivo, buscaba climas más fríos en el terreno adecuado, con buena orientación y, lo más importante, una tradición vitivinícola que él resucita pero que arranca del siglo XII. 95 Ha rodeadas de bosque (sólo 23 son de viñedo), para una plantación de las variedades que Raül considera más aptas para el clima, orientación, altura (casi 1000 metros) y suelos que tiene. Sólo sé de sus métodos de vinificación lo que, de nuevo, Melendo publicó en El Mundo. Puedo imaginar prácticas parecidas a las citadas hace un momento, con especial atención a la vinificación por separado de las variedades, quizás a una maceración prefermentativa de las blancas (Ekam, que no he probado, es de albariño y riesling; mientras que Taleia es de sauvignon blanc y sémillon) y, eso sí lo dice Jordi, a una fermentación parcial en lagar de piedra. Taleia 2008, que es el vino último que me sedujo, está hecho con un corte Sauternais, sauvignon blanc y sémillon (algo anunciará eso de cara a un futuro vino dulce, digo yo).

Con 13% también, es un vino que sorprende por su poderío y vivacidad y porque, en aparente contraste, su dueño lo ha embotellado en un envase que pesará casi el kg y con tapón de respeto y guarda, de 48 mm (seguramente pensará que éste, como algunos otros grandes blancos, puede aguantar años). Amarillo pálido para un vino que, en parte, me recuerda a los caballos salvajes de Daguenau: vibrante acidez, le va al pelo. Cuerpo en boca, amabilidad de la sémillon también (sobre todo en nariz: confieso mi devoción por la sémillon vinificada en seco). Mineralidad muy tenue pero atractiva. Pera limonera, hierbas medicinales. Qué desgraciado soy: acabo de topar con otro vino que bebería por cajas, con mucho placer. Ambos vinos se pueden comprar sobre los 18 euros, el primero en Cuvée 3000. El segundo en la cadena Vinus et Brindis (en mi caso, en su tienda de Torrent de l'Olla, con un tipo que aconseja y entusiasma al mismo tiempo).

Viñedos y bosque: qué buena combinación...