30 agosto, 2009

Homenaje al Mediterráneo


Éste es el título que Dominik A. Hüber le ha puesto a su fotografía. Me la ha regalado y me ha dicho que haga con ella lo que crea mejor. Viajar, conocer a la gente del vino, probar, escribir, leer, documentar...todo está muy bien y lo hago a gusto.

Pero siempre he sentido la necesidad de pasar al otro lado del "espejo" y, aunque sea por pocos días, sentirme parte activa de una bodega, de unos viñedos, de un territorio, de una forma de entender la relación entre el hombre y la naturaleza. Siempre que puedo, lo hago. Y me digo: si los vinos que me gustan de veras, aquellos que más me emocionan y que me hubiera gustado hacer, ya existen, ¿hay mejor manera de sentirme Alicia en el País de las Maravillas que estar en una de esas bodegas? Todo esto me ha pasado en el inicio de la vendimia del 2009 en el Priorat: Dominik me ha permitido sentirme uno más en el grupo de Terroir al Límit. Desde que sale el sol hasta muchas horas después que se ponga, vendimiar el esfuerzo de todo un año, seleccionar la fruta, mover cajas arriba y abajo, sentir la fuerza de la tierra del Priorat, sentarte un rato a la sombra y echar el mejor trago de agua posible, charlar de todo, dejarte llevar por el más dulce cansancio físico que yo haya conocido. Hacerlo con gente que conoce a fondo la historia y la realidad de la comarca (Jaume Sabater, el otro socio de Terroir al Límit junto con Eben Sadie, es una enciclopedia viva y el retrato fiel, además, de la humildad: vendimiar con él y con su familia ha sido un lujo) es lo que me ha pasado y les quiero dar las gracias.

Sentir que mis manos y mi cabeza han podido formar parte de este concepto de entender y hacer vino es algo que me llena de orgullo. Llicorella, tijeras de vendimiar, hojas secas que anuncian ya el otoño, almendras. Sol, calor, higos maduros, garnacha, cariñena, sudor, cansancio. Pronto, el vino. Una cepa de dulce, blanca, pansa te propone, inesperada, la mejor merienda. Mediterráneo. Me gusta.

28 agosto, 2009

Vendimia



Aviso para amigos navegantes: voy a estar ausente unos pocos días. ¿Motivo? ¡La vendimia! ¡Bendita sea!

26 agosto, 2009

Don Chisciotte 2006



La Alta Irpinia es territorio de frontera. En el centro-sur de Italia, en la Campania más elevada, es frontera entre las colinas y montes plantados de cereales y vid y la montaña, poblada de robles y castaños. En la Campania, sí, pero con la vista puesta, en tradición, productos y tipos de uva, sobre la Lucania y la Puglia. Tierra seca, tierra pobre, tierra de viento, tierra de grandes contrastes de temperatura entre el día y la noche, entre el invierno y el verano, tierra donde sobrevivir es arte y vocación. O la tienes o no. Tierra que imprime caracter a cuanto crece en ella. De esta idea proceden los Zampaglione. Aquí se ha hablado, y no poco de Guido y Rita (Tenuta Grillo, en el Piemonte, una bodega biodinámica que hace vinos como verdades, de puros). Ahora hablamos de sus tíos, Michele y Pierluigi, propietarios de la hacienda Il Tufiello, en Calitri (pueblo de tradición etrusca y griega, antes que romana).

Es tierra de fiano (IGT Campania-Fiano), una de las uvas reina de Italia, con una historia que hunde sus raíces en la colonización griega de esa zona de la península y que quizás tenga que ver con la uua apiana de Plinio (¡la uva que amaban las abejas!). Es una uva que se documenta desde el siglo XII en la Puglia y desde el XIII en la Campania. Es una de las variedades blancas de mayor prestigio y renombre (DOCG Fiano di Avellino), pero de la que no es fácil encontrar grandes vinos. Tiene la uva un color amarillo dorado con manchas en las partes de la piel que dan al sol, con unos hollejos poderosos que la protegen de las humedades y fríos de la altura irpiana y permiten vendimias casi siempre tardías (mediados-finales de octubre y, gracias al viento, con mínimos problemas de botrytis). Toda esta tradición se han echado sobre sus lomos los Zampaglione y han propuesto un cultivo biodinámico integral y autosuficiente, cerca de Calitri, a 800 metros de altura. Tierra pobre, para la que usan tan sólo el abono que producen sus rebaños, azufre y cobre. 2 Ha con 12400 cepas en guyot, vendimia tardía (finales de octubre), maceración muy larga con los hollejos, levaduras exclusivamente autóctonas, vinificación en acero, sin aditivos, sin química (más allá del mínimo sulfuroso), sin filtraciones. Fiano en pureza, fiano de altura, fiano sin tapujos, fiano para sobrevivir muchos años y para dar grandes satisfacciones. Uno de los grandes blancos que he probado este año.

Es un vino que me ha emocionado. Tiene el color del sol al atardecer, ese color que le da al mosto la larga convivencia con los hollejos, esa vendimia tardía que colorea las pieles pero que, paradoja, aporta una sequedad extraordinaria al vino. Ese color de los blancos de los Zampaglione. Mucho campo hay en la botella, mucha pureza y autenticidad, ningún afeite. Resina y miel de castaño asombran junto a una textura y una estructura en boca asombrosas. Tanicidad en el fiano, sí. Asombran su seriedad antigua, su rigor, su parquedad llena de matices, su sequedad casi de manzanilla pasada. Es un vino sin concesiones. Lo tomo tal cual, sin más, sin decantar, por favor, y a una temperatura que permita gozar de texturas y matices. Se palpa el hollejo, denso; se huele el campo, intenso: madera vieja al sol, espliego, arbustos, tomillo y orégano, pino y aguja. Sotobosque y, al mismo tiempo, frescor de madrugada. Puede que sea un vino caro (no apunté el precio, pero creo que anda por los 18 euros), pero os aseguro que es una experiencia que merece la pena. Es el mejor fiano que he probado en mi vida y, ahora mismo, uno de los grandes vinos blancos italianos, hasta donde llevo bebido...Lo distribuye la Enoteca d'Italia: lo que se les escape a estos chicos...

Por cierto, la bodega Il Tufiello recibió, en la prestigiosa sede de Terroir Vino 2009 (organizada por Tigullio Vino) el premio a la "Azienda dell'anno 2009", como podréis comprobar en este hermoso vídeo. Por favor, leed también el importante artículo de Fil Ronco que le precede, "Del senso delle cose". Es un premio muy importante en Italia porque todas las bodegas y vinos que entran en Terroir Vino han sido previamente catadas y seleccionadas por un panel de expertos que me producen un enorme respeto.

Las ilustraciones proceden del blog de Il Tufiello.

24 agosto, 2009

Nos vamos (o volvemos o...)


Da casi pena pero es una historia que ya conocemos...nos vamos de Mallorca o volvemos a Barcelona o...han sido tres semanas intensas en las que hemos compartido algunos ratos. Sigo con las mismas sensaciones de siempre, redobladas: este año he hecho por la isla, sin pisar la Serra de Tramontana ni acercarnos a la costa de poniente, más de 2400 km, la mayor parte de los cuales por tierras de labranza, por montes y posesiones rodeados de muretes de piedra seca. Estas fotos fueron tomadas el sábado pasado, precioso atardecer, desde la ermita de Betlem. Playas vírgenes, aguas cristalinas, muchos campos en activo, muchos bosques cuidados: sigue existiendo en Mallorca una parte del litoral destrozada por la especulación y la masificación turística; sigue existiendo una Mallorca azotada por dislates políticos, por maniobras, por autovías y carreteras que no respetan el territorio. Pero junto a eso, sigue existiendo también una Mallorca que ama y respeta su medio ambiente, una Mallorca que conoce los campos , sus productos y sus animales, una Mallorca que sigue viviendo a otro ritmo.

Esa Mallorca la personalizan, como nunca antes me había dado cuenta, Toni Gelabert y sus vinos. Por esta razón quiero terminar mi estancia este año dedicándole estas palabras, a él que, por lo que le sé, no es hombre de muchas palabras (por lo menos con la gente que conoce poco), pero sí de muchos hechos y de mejores vinos. Vins Toni Gelabert se encuentra en el camí de Son Fangos, km 3,2, muy cerca de Manacor. Digo esto porque creo que Manacor es una de las ciudades feas de Mallorca y en cambio, los viñedos y la bodega de Toni Gelabert, Ses Tres Ermites, son una de las cosas más bonitas que he visto jamás. He estado dos veces este verano. Había probado sus vinos, claro, pero sabía poco más. Entré en la posesión la primera vez, vi las cepas que rodean la casa, observé la tierra, puse mi mano en las paredes de la bodega y entre y olí el interior: paz, serenidad, tranquilidad, equilibrio. Cuatro palabras que me transmitió ese entorno. Después volví, tras haber leído cuanto encontré sobre Toni y hablamos un rato. Su respeto por la tierra, por los ritmos de la naturaleza y por entender qué es lo que necesita, no se quedan sólo en el viñedo o en las variedades de uva que trabaja.

Pasan, también, por la bodega que es como él: alguien que sabe qué quiere pero que lo busca sin romper equilibrios y sin sobreinterpretar. Sus vinos son como él, la casa y la bodega son como sus vinos y la simbiosis transmite algo especial, que hacía mucho que no encontraba. Hablaré de otros vinos, claro, pero quería terminar hoy con lo que, quizás, algunos considerarían su vino más básico y sencillo. Lo elegí bien a posta para la última cena en Artà con unos queridos amigos, porque en esa sencillez, precisamente, se encuentra su perfección. Son Fangos Blanc 2008 es un ensamblaje de dos variedades bien conocidas en la isla, la prensal y la moscatel. Los vinos de Toni varían cada año, claro, porqua la fruta no es siempre la misma. Más prensal que moscatel, en este caso, para un vino pálido casi con matices de oro blanco, limpio, brillante. Con fermentación y reposo en acero inoxidable, cierto tiempo en botella le da complejidad mayor en boca: el primer golpe de nariz es atractivo, con dominio de la moscatel, entre meloso y cítrico (flor de azahar). Pero su paso por boca y su posgusto son todavía más placenteros: es un vino con cuerpo, con entidad, con estructura, fresco y terso al mismo tiempo, vibrante (sin carbónico) y con la suavidad del terciopelo. ¿Un vino sencillo? Sí. ¿Un vino que refleja un entorno, una forma de hacer las cosas, una personalidad? También. Pero ante todo, un vino placentero, bien hecho y a un precio muy recomendable (sobre los 8 euros). No sé si hace falta decirlo, pero volveremos.

20 agosto, 2009

¿Miércoles? ¡Mercado en Sineu!



Aceitunas, patatas, cebollas, pimientos verdes y rojos, tomates de pera, mieles, avellanas, almendras, nueces, vinos, sobrasadas, lomos, aparcamiento para burros, burros, y mulas, perros rateros, gallinas de Guinea, gallos de Mallorca, albahaca, menta, azadas, hoces, azadones, cubos de latón, cuchillos de todo tipo, paamboli, llengo amb tàperes, vino, cerveza, uva, albaricoques, ropa, joyas, cuentas y abalorios, sudor, gritos, negocios, cambalaches, chales, encurtidos, melones, sandias, cerámica, helados artesanales, panes, cocarrois, panades, coca de verduras, zumos naturales, bocadillos, cenachos, sombreros, higos, panes de higo, quesos, calcetines, calzoncillos, calabacines, calabazas, flores, romero, lechugas, tomillo, churros, para qué seguir...si estáis en Mallorca y os cae en miércoles, hay que ir a Sineu. ¿Os vais a perder 700 años de tradición condensados en una mañana?

18 agosto, 2009

Vaivenes



Vamos a ser sinceros: no me apetece escribir largas y documentadas notas sobre cuanto estoy comiendo, bebiendo y viendo en los días que llevamos en la isla. Ni tampoco voy a abrumaros con tres pequeños posts publicados cada día (otro trabajo tenéis, creo, que el de pasaros por aquí tan a menudo). Así que, casi a vuela pluma, os participo algunas de mis sensaciones tanto sobre restaurantes como sobre vinos probados. La entrega se titula "vaivenes" porque ha habido de todo, para arriba y para abajo: confirmaciones que se repiten; pequeños descubrimientos que dan alegría; y algunas decepciones, que tampoco voy a callar. Aunque ahora hable poco de sus vinos, los dos grandes conjuntos vinícolas que me confirmo en esta estancia son los de Miquel Gelabert y Toni Gelabert, en la DO Pla i Llevant, ambos en Manacor (confirmado también: ¡hay vida más allá de Rafa Nadal en Manacor!). Da casi vergüenza la poca presencia que sus vinos más emblemáticos tienen en las cartas de los restaurantes. Del primero, he tomado uno de los mejores muscat (el 2008: 70% de grano menudo) de este verano, con una fragancia tremenda, que enamora. Del segundo, me llevo una gran impresión de la visita a su bodega y viñedos: de cultivo ecológico, con un enorme respeto y conocimiento hacia las variedades locales, su Noa 2005 (gorgollassa), su Giró 2007, su callet de la Colònia de Sant Jordi, me dan muchas alegrías.

A día de hoy, otros tres vinos me han parecido a un buen nivel y un cuarto se me ha terminado de desplomar. Se trata del Cornet 2008, malvasía de Banyalbufar de una enorme entidad tanto en nariz (terpenos, frescor de lima-limón, espliego y romero) como en boca; el Llàgrimes Blanques 2008, de Ca'n Coleto, una chardonnay ecológica de Petra, que muestra, más en boca que en nariz, una entidad casi del Ródano, con gran frescor y acidez; y el Butibalausí 2008, el blanco joven de Ca'n Majoral, premsal, parellada y chardonnay, con recuerdos de heno, frescor de pera limonera y un leve carbónico en boca. La frustración ha venido con el Quíbia 2008. No sé, la verdad, qué le ha encontrado Carlos Delgado, que parece acabar de descubrirlo y de puntuarlo y valorarlo alto, alto (en un reciento suplemento agosteño del Viajero, en El País sabatino). Yo vengo dándole oportunidades desde hace cuatro años con este 2008, todavía me pregunto, tras tomar dos botellas, a qué sabe y qué tipo de consistencia tiene en boca.



De lo comido, me he llevado, hasta el momemto, algunas buenas confirmaciones de sitios en que ya disfruté el año pasado: las plazas de Petra y S'Alqueria Blanca, siguen siendo una buena recomendación. En la primera reinan, desde Sa Plaça, Jaume Dam y su santa esposa, una pareja animosa y comprometida con lo que hacen. Disfrutamos de algunos platos de primera (unos champiñones rellenos de espinacas, por ejemplo, o un conejo con cebolla que se deshacía en la boca; y uno de los mejores postres de estos 15 días: un pastel de brossat con salsa de arándanos, antológico), nos ofrecieron una primicia (el Oinòs 2008, de Jaume Ripoll, un rosado monovarietal de syrah, con una nariz vegetal muy interesante) y nos obsequiaron con una hora y media de conversación en una de las plazas más bonitas de la isla (la de Ramon Llull, en Petra). En la segunda, otro Sa Plaça, siguen ofreciendo raciones y medias raciones a precios muy razonables y con, para lo que es Mallorca, una capacidad inventiva notable: probamos un buen frit mariner (donde sólo patinaron los guisantes, balines) y un excelente cap-roig con espinacas. El "descubrimiento" es uno de los buenos lugares de la isla para tomar tapas, raciones de recetas de la isla y pa amb olis suculentos: L'Orient Cafè, en la plaza de Oriente de Capdepera. Se trata de uno de los buenos "Poulidor" mallorquines, con un frit excelente, unos champiñones a la plancha muy sabrosos y una ensaladilla rusa que me hizo soltar un gruñido de satisfacción. Buena materia, gran sencillez, buenos precios.

La decepcion me llegó con el nuevo, novísimo restaurante de Marta Rosselló en la Colònia de Sant Jordi, Sal de Cocó. No tenía referencias, es cierto, y se trataba de un "coup de coeur". Erré. Por decirlo breve: se trata de un restaurante a cuyo frente han puesto a una jovencísima cocinera y han querido imprimirle un aire Anquetil sin tan siquiera haber querido o intentado pasar por una fase Poulidor. Marta no sabe todavía dónde va ni qué quiere hacer con su cocina y crero que deberían aconsejarla que siga viajando, aprendiendo y madurando las recetas de su tierra. En la carta convivían (la inmensa mayoría de sugerencias, que nos llegaron en hoja aparte, resultaron estar ya agotadas, y éramos la segunda mesa en ser servida de la noche...) gambas al ajillo con confit de pato, ensalada de gorgonzola con crujiente de pera, mil hojas de gambas con filete de ternera Strogonoff...todo ello en el árido extremo sur de la isla de Mallorca. Mi santa lo vió claro: mal vamos en un restaurante donde hay que elegir no por aquello que te apetece sino por exclusión de aquello que no te apetece. Mi bacalao, hecho en aceite a baja temperatura, estaba pasado de cocción y mis postres (una tartaleta de manzana con crema de limón) ofrecieron una pasta brisa medio cruda (o a medio descongelar, no sé). En cambio, los buñuelos de babacalo eran delicados y supieron a poco. Cenamos casi a oscuras en una terraza que era, también, acceso a una escalera vecinal (los vecinos pasaban entre las mesas) y para colmo, la carta de vinos era directamente lamentable, con más presencia de vinos de Rioja y Ribera que de vinos mallorquines. La copería y el servicio, en cambio, fueron impecables. Por supuesto, los precios estuvieron a la altura de un pre-proyecto Anquetil y el restaurante estaba lleno a rebosar. Sin comentarios.

Son los vaivenes de un verano en Mallorca, ni más ni menos, con un punto y aparte, estrictamente particular, de comida en casa de unos queridos amigos en el terme de Manacor con Felanitx, en el reino de los chorlitos (en mallorquín, "sebel.lí"), donde volvieron a salir unas delirantes gambas de Portocolom, unas estupendas cocas de trempó y de pimientos rojos a la brasa y una extraordinaria ensaimada rellena de crema, cuyo origen me ha sido prohibido revelar. Mallorca y sus harina: sólo eso merece ya un viaje monográfico...

14 agosto, 2009

Sal de cocó



He aquí uno de los "secretos" mejor guardados de la gastronomía mallorquina, uno de aquellos tesoros que, aunque con seguridad existen en otras partes del Mediterráneo, yo no he sabido encontrar con la fuerza y calidad que se dan en el sur de Mallorca. Casi inútil es preguntar en el norte o en el oeste, casi también en la parte más oriental de la isla o en el centro He hecho la prueba en cuanto mercado he topado. Ni la conocen ni, claro, la utilizan.

La sal de cocó, a ese nombre responde la maravilla, es patrimonio del sur de la isla, de la zona marítima entre Santanyí y Ses Salines, con el epicentro en los islotes y rocas cercanos a la Colonia de Sant Jordi. El "cocó" es el agujero natural que se forma en la roca porosa de la costa. Cuando le llega el agua de mar, también cuando llueve o con la humedad de la madrugada, el agujero se va llenando, sale el sol con la fuerza de Cabrera, el agua se evapora y esa acción, repetida hasta la saciedad homérica que, en ciertas partes de la isla, todavía es, acaba produciendo unos cristales de sal únicos. Los pescadores, los payeses, los restauradores , los particulares salen a cosecharla y cada cual tiene su lugar preferido y, claro, su saco de sal en casa.

Manolo Barahona (Casa Manolo, en Ses Salines) la pone en su extraordinario calamar de potera y esas escamas, delicadamente saladas, gruesas y transparentes, con el chorretón de aceite y la tinta y carnes del calamar, ofrecen un contraste de sabores perfecto. La primera vez que la probé, al ver Manolo mi cara de estupefacción, casi como en secreto, me dio un tarro envuelto en papel de alumino: "ésta es la que voy a buscar yo mismo antes de que los turistas empiecen a mearse en los cocós" (sic!). (ahora ya tiene pequeños tarros preparados para cuando lo cree menester). Es una sal que me gusta en todo, pero que administro con cuidado porque haber, hay poca. Una jovencísima cocinera de la que pronto hablaré, la usa a todo trapo en su cocina, pero ella tiene una fuente importante de aprovisionamiento. En casa, sale sólo cuando hay que preparar una buena ensalada, cuando hacemos el calamar, cuando presentamos un buen filete y lo salamos en la mesa y, sobre todo, cuando nos comemos el "pa amb oli". En Mallorca, prepararse una rebanada de pan negro, que va casi sin sal, con su buen tomate, su sal de cocó, su poco de aceite de Sóller, su sobrasada y un hilo de miel por encima, es algo que te acerca a los dioses que pusieron a esta isla en el mapa. Hay que hacerlo.



Yo no hubiera escrito este post si no hubiera descubierto, hace muy pocos días, que en Ses Salines han abierto, en la Plaça Sant Bartomeu, n.9 (telf. 642868), una tienda llamada Cassai Gourmet, donde tienen un saco entero de sal de cocó. El precio tiene lo suyo (25 euros el kg) pero ahora sé que no escribo para hacer rabiar a nadie ni sobre un producto inaccesible. Sales en Ses Salines y alrededores (sobre todo del salobrar de Campos, junto a Es Trenc), hay muchas, claro. Y cada vez las trabajan mejor (aunque les pongan tonterías y aditivos mil). Pero no son de "es cocó". Ésta es única, para mi paladar por lo menos, y merece la pena ser conocida con todos los honores y no confundida con otras.

La foto del cocó lleno de sal es de Crits en Panoramio.

10 agosto, 2009

La Fitorra, en el Hotel Cèsar


La primera vez, hace ya años, llegamos por casualidad. Quien conozca la zona sabrá que hay que estar casi predestinado para llegar por casualidad al Hotel Cèsar en Vilanova i la Geltrú. Hay que salir de la autopista del sur en algún lugar donde se intuya playa próxima a Barcelona pero sin grandes agobios. Hay que pasar por mil rotondas, hay que superar zonas industriales e hipermercados de pelajes mil. Hay que llegar a un casi desconocido paseo marítimo de Vilanova (invadido por mutantes convertidos en recaudadores de zona azul) y hay que seguir hacia el sur. De pronto, las cosas parecen cambiar. Superada la antigua torre de guardia, se llega a una playa que podría parecer desapacible, Ribes Roges, casi en la bocana del puerto. Pero resulta ser justo lo contrario: amplios arenales, aguas muy limpias, buena protección de dos espigones y, años ha (sólo restos se ven ahora), muchas casitas de veraneo de una planta. Esa playa tiene algo especial y junto a ella se divisa un hotel, encalado y con letras azules, que es mucho más especial todavía.

El Hotel Cèsar ha pasado de padres a hijos generación tras generación. Y van cinco, casi para seis. Esther y Maite Nolla le supieron dar el giro definitivo. Joanaina Escalas le está dando ya el lustre final. El Hotel ha sobrevivido sin apenas rasguños al marasmo inmobiliario de Vilanova i la Geltrú. Ha sabido recuperar las energías que ese lugar tan especial transmitía y a pesar de estar, literalmente, como el General Custer en Little Bighorn, ha sabido reinventarse. Es un lugar que transmite placer por lo cotidiano, sensualidad y gusto por los pequeños detalles, diálogo permanente con el Mediterráneo que le ama, paz y sosiego: el hotel de los sueños. Maderas poco trabajadas, naturalidad y sensibilidad, en el hotel y en la cocina. He sido cliente repetido de ambos lugares, pero hoy quiero hablar sólo del restaurante, de La Fitorra, porque en la última visita alcanzó la cosa cotas memorables, que no quiero dejar de advertir. Día de gran ajetreo, lleno de bandera y a pesar de ello, la maitre, Cristina Chas, estuvo a gran altura. Amable y atenta siempre, con una sonrisa incluso para la cretinez más osada, sabe escuchar y recomendar. Alberto Escuder, el chef, que no anda para visitas ni fotos, está haciendo cada vez mejor aquello que ya le conocía. Unos entrantes de sopas frías sabrosos, claros y precisos: trilogía con una sopa de melón, hierbabuena y jamón; la verde, con manzanas; y un gazpacho con cerezas. Acompañó de maravilla una tempura de verduras, calabacín, pimientos verdes y berenjenas, tersa y vibrante, crujiente, distinta, superior.

Para los segundos, nos dejamos aconsejar. Yo iba con la cabeza en el pescado azul, pero Cristina dijo que no era su día, que habían devuelto casi todo lo comprado y que nos quedábamos en la lonja de Vilanova, sí, pero con otros productos. Así fue: unos exquisitos, literalmente, calamares con dos texturas (rebozados y a la plancha), con fideos de verdura; y unas supremas de merluza del bou con mermelada de tomate, cebolla y verduritas. Ambos segundos de bandera, en su punto, cocina sencilla, resultona, sabrosa, con lo mejor de la costa y de la huerta. Acompañó muy bien, aunque sin tantas alegrías como en años pasados, el rosado de Joan Milà, Mas Comtal 2008. Monovarietal de merlot (certificado de agricultura ecológica), es uno de los clásicos de mis veranos. Este año se presenta más contenido (a pesar de la maceración prefermentativa de 12 horas y de los 15 días de fermentación), menos fallero vamos, con un grado alcohólico que hace que uno lo tenga que beber con buen tino (13,5%) y con unos aromas a cerezas maduras, a grosella y a campo (casi a hinojo salvaje por momentos), muy agradables. Con los postres, la traca: delicioso merengue que se sirve todavía algo tibio y que esconde, en sus entrañas, una cucharada de sorbete de limón. Contrastes que se exaltan y jalean mutuamente, el del dulzor del merengue con el cítrico del limón; el de la calidez del dulce recién horneado con el frío roto del sorbete. Mi único consejo: tal como se hace en otros sitios, pediría al chef que los hiciera más pequeños para que, de un solo bocado, los cuatro contrastes, dulce, ácido, tibio, fresco, explotaran en el agradecido paladar. Los precios, por lo que uno recibe a cambio, me parecen razonables: 40 euros por persona.

Ya no me quedan secretos para vosotros. Mis dos remansos de paz junto al mar, tan lejos el uno del otro, tan cerca por tantas cosas, el Hostal Empúries, en la playa de Empúries, y el Hotel Cèsar, en la playa de Ribes Roges de Vilanova i la Geltrú, han quedado al descubierto. Espero que los disfrutéis y no sólo por comer y beber bien en ellos. Valen mucho más que eso.

Una de las veces en que pasamos un par de días en el Hotel, en julio, el tiempo se mostró tal y como lo dibuja, sensible y atento a los detalles, JuanolO. El dibujo es suyo y lo publicó en su blog, que es sitio divertido y entretenido, lleno de talento. JuanolO tiene que ver, también, con el Hotel Cèsar, y me apetecía terminar el post con un dibujo suyo.

Las dos fotos de la derecha, en el primer collage, son de Teresa Miró.

06 agosto, 2009

Hoy me siento feliz



Son ya un par de días en mi isla madre (alma insula, vamos) y me apetece escribir unas notas, casi al hilo de la improvisación. Como salió en un comentario que cruzamos con Jose, uno de mis objetivos este año es el de proponer algunos restaurantes / bares / tugurios al mejor estilo Poulidor. ¿Que qué es un restaurante Poulidor? Si alguien, a estas alturas, se hace la pregunta, es que no ha pasado todavía por el blog de una cofradía de muy avisados comedores, de sabios y abiertos bebedores, de espíritu casi goliardo, inquietos visitadores de cuanto se mueva en la gastronomía del mundo entero. Por supuesto, me refiero a los Amigos de Ligasalsas y a su imprescindible artículo sobre aquellos restaurantes que parecen quedar siempre a un paso de la gloria y del gran reconocimiento, pero que gozan del cariño y del favor del entendido público, mayormente local.

Mallorca está lleno de restaurantes Poulidor, casi diría que són más estos que los Anquetil, porque aquí la turistada y el papanatismo dura lo que dura (dos meses y medio), pero la gente es amante del buen comer durante todo el año. En la costa norte de la isla, entre la terrible urbanización de Son Serra de Marina y la Colonia de San Pere, se planta una de las mayores playas vírgenes: Sa Canova. Entre las montañas de la bahía de Alcudia y las de la península de Artà, Sa Canova ofrece un entorno sin construcción alguna, con lirios cerca del mar, torrentes naturales y pinos y sotobosque. Una maravilla sobre todo con el sol de la tarde, a la que se puede entrar, sin más, por el restaurante bar El Lago (telf. 971854081). Ni caso del nombre y del ambiente. Uno se sienta con unas vistas a los montes de Artà y al mar que habrían quitado el hipo a Polifemo. Uno pide una exquisita ensalada, con esa cebolla mallorquina tan blanca y dulce...Uno se deja aconsejar sobre todo aquello que ayer pendoneaba por este estrecho mar y, como fue nuestro caso, uno acaba con un gallo de San Pedro, fresco, tan fresco y de carnes tan prietas, que casi se nos saltaban los lagrimones a mi santa y a mí. No quedó ni para "es moix" (el gato), como muestra la foto central.

Acompañó de primera (foto de la izquierda) un vino muy especial de Son Prim: su Blanc de Merlot 2008. Se trata de una pequeña bodega de Sencelles que embotella este "blanc de noir" como VT de Mallorca, con un ligerísimo prensado de la merlot que evita casi por completo el contacto de los hollejos con el mosto. No tiene más que inox y una graduación de 14%, para un vino que alcanza, en 2008 (los años anteriors no me llevé más que disgustos con él), un buen nivel: tiene el color del nácar, un cuerpo de gran entereza, casi seco y astringente y unos aromas del fruto del madroño y de la guinda en alcohol notables. Para un pescado con tanta presencia como el gallo de San Pedro, el vino casó de maravilla. Un gató hecho en casa y un gran helado de almendra cerraron la bienvenida a la playa de Sa Canova desde este restaurante mallorquín, Pou-Pou donde los haya: 22 euros por cabeza. No digo más. Hoy he hecho otros dos descubrimientos que me han hecho feliz: en Sineu acaba de abrir una tienda especializada en vinos de Mallorca: Can Parrita. Vins de la terra (Plaça de l'Església, n.9. Telf. 686005624). Su publicidad es Mallorca en esencia pura. Reza "abierto todos los días (excepto jueves, domingos y sábados por la tarde)". Me va a dar largas horas de placer, sin duda., alguna de las cuales pienso contaros También he conocido a un "ca rater" (perro autóctono mallorquín, especialista en la caza de ratones) que atiende por "Ramón". Mañana (hoy para el lector) es luna llena...


La foto de este ca rater de magnífica estampa procede de la web de Club de caza.

02 agosto, 2009

Volvemos (o nos vamos o...)


Volvemos a ese ritmo que tanto nos gusta. Volvemos a esa isla de la que no queremos escapar, aunque ahora esté pasando momentos duros. Volvemos a Mallorca. Sineu, en el centro físico y espiritual (los miércoles, el más surtido y vivo mercado de la isla), con ganas de más de lo de mismo, sí. Pero también con deseos de explorar y de descubrir cosas nuevas, para ver, para oler, para beber, para comer, para leer, para no hacer, sin más, para disfrutar. Espero, también, que caigan un par de visitas a bodegas cuyos vinos admiro. En unos pocos días de tranquilidad, he podido redactar un par de notas, que irán saliendo pian piano En la isla espero tener algún ratillo también para publicar destacados de lo que hagamos, casi al hilo del momento (si la familia me deja...). Escribir, me gusta siempre, pero en vacaciones, más. Se hará lo que se pueda, como siempre. Y lo que apetezca, también. Nos vamos, vaya, aunque no cerramos. Sigan atentos a la pantalla, si les apetece de vez en cuando, pero sobre todo, ¡que Ustedes lo pasen bien!