06 diciembre, 2009

Del catálogo como obra de arte

Anteayer estuve comiendo en La Teca, donde siempre paso buenos ratos (un Guy Charlemagne, NV, brut extra, 60% chardonnay, 40% pinot noir, fino, delicioso, en un punto de madurez genial: con el pa amb tomàquet y los embutidos del lugar casó muy bien) y Jesús, que sabe de todo y mucho (salí de allí con un Saint Joseph del que pronto hablaré y con un Reventón 2007...), me regaló el catálogo de este año de Vila Viniteca.




No suelo hablar de estas cosas, pero me ha gustado tanto la conjunción en el catálogo de varios ingredientes, que no me resisto a la reflexión pública. En primer lugar, la portada y contraportada. Luis Gordillo es un artista que me impacta. Su página web oficial ya dice por donde van los tiros... La textura de su obra, su capacidad de sobrepasar los límites de la superfície me sobrecogen. Creo que ha sido un gran acierto la elección de este año y su compaginación en el catálogo: los racimos y las uvas tienen una fuerza grande y han sido muy bien llevadas al papel. Las solapas me gustan especialmente.

El detalle artístico no sería nada si el contenido del catálogo fallara. Se suele hablar poco de esto, quizás sólo de los más grandes en el sector. Todos conocen los catálogos de Terry Theise para Michael Skurnik, pero ése es un encargo y el mérito es de Theise, no del empresario. El valor del empresario Skurnik, claro, es haber contratado en su día a Theise. Concibo el catálogo de un vendedor de vinos (eso es Quim Vila, y de los mejores del mundo) como el catálogo de una gran editorial: los libros que hayas sabido descubrir; los autores que eran poco conocidos y que tú has ayudado a divulgar; los viejos conocidos, muertos en el olvido, que has querido resucitar...ése es el tesoro de un catálogo de libros y ahí es donde se manifiesta el talento de quien, con los años, ha ido construyéndolo.



Quim Vila hace ese tipo de trabajo con los vinos. Para él, como para otros grandes del sector (pienso en el catálogo de Joan València en Cuvée 3000; o en el, todavía, virtual de Fernando Angulo, para su Enopateca, ambos muy distintos, ambos excepcionales), sería muy sencillo concentrarse en los grandes nombres y marcas y proponer un catálogo navideño. Es cierto que el de Vila sale siempre por estas fechas, pero de navideño no tiene nada. Es directamente atemporal. Páginas para las grandes bodegas y marcas, las hay, claro. Pero al mismo tiempo, y este año me he dado cuenta como nunca antes lo había hecho, hay un montón de pequeños productores o de productores menos conocidos para el gran público y, además, veo un lento y sutil giro hacia una mayor presencia de bodegas con certificación ecológica, biodinámicas o que, aún sin etiquetas, hacen un vino "natural" (sin polémicas, ¡por favor!). Vila es un genio del marqueting, tiene una fina y sutil intuición para los grandes movimientos y para ver hacia donde va el negocio. Pero al mismo tiempo, hay que reconocer que su auténtico talento y trabajo están en la nariz y en el paladar, en la atención constante a lo que se hace en España y en el mundo (junto con un gran equipo, por supuestísimo) y en la incorporación, gota a gota e inexorable, a la distribución de detalles que emocionan. Lo hace, además, con una fuerza y una pasión que no dejan de sorprenderme:

Recaredo, Cédric Bouchard, Claude Cazals, David Léclapart, Egly-Ouriet, Larmandier, Kracher, Nikolaihof, Bürklin-Wolf, Haag, Egon Müller, Dönnhoff, Heyman-Löwenstein, Rebholz, Kühn, Wittmann, Zind-Humbrecht, Coche-Dury, Ramonet, Chantegrive, Castell d'Encús, Chapoutier, Gangloff, Raúl Pérez, Daguenau, Huet, Jo Pithon, Mark Angeli, Nicolas Joly, Albet i Noya, Gauby, Cimicky, Dujac, Leroy, Lapierre, L'Aventure, Alain Graillot, Chapoutier, Masia Serra, Luciano Sandrone, Roberto Voerzio, Bernabeleva, Jiménez-Landi, Joan d'Anguera, Azul y Garanza, Pardas, Terroir al Límit, Abel Mendoza, Columella, Trévallon, La Bota de...etc., etc., etc.

Hacer un catálogo como éste a lo largo de muchos años es, también, una obra de arte. Así lo he sentido este año, así lo escribo. Dejo constancia, por lo demás, que cuando voy a Vila pago religiosamente y no me hacen descuento alguno...


4 comentarios:

El Gaitero del Cabo La Muerte dijo...

Pues ya te podía descontar algo; el viernes en el programa de TV sobre El Bulli, entre el maremagnum de gente que entraba y salía, había uno que decía , yo vengo a traer vino, soy de Vila Viniteca, y dije pa mí: "coño, donde compra vino el Pallarés".
Enhorabuena,

J. Gómez Pallarès dijo...

Ya sabes, Giatero, que aquí las cosas se hacen gratis et amore uini!!! No pude ver el programa este de El Bulli (ando ya algo colapsado de Adrià, aunque siento un enorme respeto y cariño hacia los que le gestionan la bodega), pero en ese restaurante compran en todo el mundo. De todas formas, que saliera allí esa forma de "publicidad" solapada, no está mal!
Yo no la solapo la publicidad, ya sabez: hablo de lo que me apetece, sin más. Y como El Bulli, aunque con un presupuesto probablemente menor (lo que compro, me lo bebo yo!), también compro en variados sitios, incluso en Ronda!!!
Saludos!
Joan

Smiorgan dijo...

Hay catálogos que es una gozada mirarlos una y otra vez. Pienso ahora mismo en algunos catálogos de instrumentos musicales que, si bien no destacan por su calidad artistica, si que te hacen exclamar como los niños "me pido ese, y ese, y ese también".
Saludos.
P.D.: Acabo de pedir un ejemplar del catálogo de Vila Viniteca, me has convencido.

J. Gómez Pallarès dijo...

Creo que haces bien, S.: en esta ocasión, incluso el papel en que se ha imprimido vale la pena! Y su contenido, tiene muchas, muchas lecturas posibles.
Saludos,
Joan

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