01 noviembre, 2009

Los matices de la negritud



Vuelvo emocionado y desencajado al mismo tiempo de Dakar. En efecto, aunque pude conectarme a ratos, no he tenido tiempo ni de editar con dignidad mis fotos ni de pensar en escribir con cierta pausa y afecto. No me he movido de la capital de Senegal y de sus alrededores y no conozco, por lo tanto, qué sucede en el campo, qué en la Casamance, qué en Saint-Louis. Cumplo ahora, ya instalado en la cómoda Barcelona, con mi idea de ofrecer algunas pinceladas de mi experiencia en el África negra. Dakar cae a trozos, Dakar vive en un mito que, como siempre, nada tiene que ver con la realidad. Su aventura, la aventura que la gente cree poder vivir en ella, no es la de los centauros del desierto que llegan a una playa que es rosa sólo dos veces al año. Su aventura es la de la supervivencia, con unas modulaciones, una profundidad y unas estridencias tan ensordecedoras, que no olvidaré jamás, en los mercados, en Yoff, en Ngor. La fractura social es enorme: unos poquísimos viven muy bien, unos muchos viven con muy poco pero han decidido hacer bandera de su dignidad y trabajan 18 horas cada día. Y unos muchos más han dimitido ya de la vida y malviven en mercados y mercadillos, pidiento, robando o intentando vender a cuanto toubab (blanco) se les pone por delante.


He conocido a mucha gente joven, he conocido a mucha gente contenta y alegre, he conocido a muchos que jamás podrán explotar sus habilidades y competencias en beneficio propio y de su país. El gobierno les desampara y la gente se siente sin recursos ni capacidad para llevar adelante sus ideas. He caminado mucho, me he pateado la ciudad, he hablado con un montón de gente y he hecho muchos amigos (blanco de alma africana, llegaron a llamarme): es lo mejor que me llevo. A pesar de la situación en que vive la mayoría, son gente vital y acogedora, hospitalaria y alegre. Tienen el ritmo de vida que les impone el clima, sin duda (y comen de acuerdo con ello: ¡ya hablaremos del tema!), pero trabajan mucho para muy poco (incluso la mayor parte de dirigentes que he conocido). Esa es la tónica, sea el nivel de clase social con que haya tratado. Mucho para muy poco, con muy pocos medios, pero con mucha reflexión e ideas en la cabeza. Este país no tiene solución, lo siento pero así lo veo. No tiene apenas recursos naturales y su clase dirigente es exclusiva y trabaja para muy pocos y en muy pocos sectores productivos. Los beneficios no llegan al pueblo. Las calles seguirán cayendo a trozos, los servicios no se arreglarán y los recursos seguirán llegando tarde y mal. Este país, con todos los matices de la negritud que he podido conocer, con ese conjunto de enorme potencial político y cultural que tiene la gente en esa zona, sólo tiene una esperanza: que entre todos encontremos cómo dar salida a los miles de jóvenes que he visto en las calles y en la universidad, en las escuelas y en los comercios, en los restaurantes y en los mercados.

Cuantas más oportunidades les demos de formar a los más jóvenes, mayor será la masa crítica de gente que querrá quedarse en Senegal para cambiarlo todo desde dentro. Hasta que esto suceda, tendremos que seguir aguantando cómo se gasta el gobierno millones de euros en una mastodóntica escultura (en un monte junto al mar, entre Dakar y el aeropuerto), de mujer, hombre y niño, llamada "La renaissance africaine", a la que se accederá por unas escalinatas que parecen las de Keops. La "renaissance africaine" puede que llegue, pero será sólo si muchos jóvenes formados y con capacidad e iniciativa toman el poder en cuanto estamento se les ponga por delante. Sé que existen, los he conocido y desde ya haré cuanto pueda por ayudarles. Con ellos, comiendo buen thiof, bebiendo buen bisssap y escuchando a la fantástica Baobab...


10 comentarios:

Smiorgan dijo...

El problema, Joan, el puñetero principal problema, es que ninguno de los que realmente podrían hacer algo por cambiar las cosas, tiene el más mínimo interés en que cambien.
Nuestro rico, capitalista y fantástico mundo desarrollado, con sus vinos, sus gastronomías, su moda y su tecnología, necesita que esos pobres desgraciados negros, asiáticos, europeos del este o latinoamericanos sigan siendo eso, unos pobres desgraciados. Para que acepten trabajar para nosotros por sueldos miserables, para que vengan a cosechar nuestras fresas, para que vengan nuestra vendimia, para que cosan nuestras botas de fútbol y fabriquen en condiciones de semiesclavitud nuestros reproductores de mp3.
Mientras, algunos se apuntan a ONG's y juegan a tranquilizar sus conciencias dándoles las migajas que les sobran, sin que en el fondo quieran que cambien las cosas, porque si cambian, a que dedicamos nuestros instintos solidarios? De qué hablamos en charlas, reuniones y coloquios? Si cambian, quién viene a limpiar la mierda de nuestro rico mundo?
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

No creo que mi mundo interfiera en el suyo. Ni las pateras llegan ya como llegaban sencillamente porque ellos saben muy bien que, tampoco ya aquí, hay el trabajo que había, bien o mal pagado. Soy de los que creen en el valor de la educación como elemento económico de primera magnitud y ahí voy a estar. Mi vida seguirá siendo la misma aquí, pero he descubierto cómo puedo ayudar. No me hace falta montar ONG alguna (con todos mis respetos para ellas), sinó estar al pie del cañón, con sus objetivos (no con los míos hechos suyos) como agenda de trabajo, con sus ganas de cambiar cosas como hoja de ruta y con nuestros medios para hacerlo posible. Si ellos no quieren, no hay nada que hacer. pero si quieren, el truco está en hacer con ellos, no para ellos y después largarse. Lo mío no es una cuestión de conciencia. Quiero decir que la mía la tengo bastante tranquila en relación a la responsabilidad que me pueda tocar en la desgracia de un país como Senegal. No he hecho nada para que suceda, pero te aseguro que voy a hacer cosas para que cambie.
Joan

Smiorgan dijo...

Joan, siento discrepar contigo esta vez, pero todos tenemos parte de culpa de lo que pasa en Senegal y todos los demás sitios.
Cuando miramos a otro lado, cuando no averiguamos como se fabrica algo que compramos, cuando peferimos algo más barato sin preocuparnos por qué es más barato, cuando no presionamos a nuestros gobiernos para que deje de explotar a países del tercer mundo, cuando no les exigimos que sus supuestas ayudas no sean otro medio de enriquecimiento, cuando nos da lo mismo casi todo.
Todos somos culpables, y me incluyo como el que más. Porque estar pendiente de estas cosas es muy duro, y muy cansado, y es más fácil decir, yo no tengo la culpa, no exploto a ningún negrito.
En lo que si estoy de acuerdo es en la educación. Pero la educación debe incluir muchas cosas, no sólo leer y escribir, sino decir a la gente que está siendo explotada, que hay cosas que son suyas y tienen derecho a recibir un mejor trato por ellas, y así tantas y tantas cosas.
En fin, es un tema que daría para largos y arduos debates, pero nunca olvides, Joan, que si tienes culpa, como yo y como todos.
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Yo no puedo cargar con las penas del mundo sobre mis espaldas, amigo mío, ni sentir remordimientos o culpabilidad por lo que cientos de miles de desalmados han hecho con la explotación de millones de personas en el mundo y con la comercialización de su trabajo. Sencillamente no siento que deba hacerlo. Puedo que haya gente que viva con eso. Yo no. Intento ser consecuente con lo que se podría llamar un consumo responsable, pero la trazabilidad (perdón por el palabro) de los productos me impide casi siempre saber nada de ellos. Hablabas de fresas en tu primer comentario: que me diga alguien cómo puedo yo averiguar, para saber si he de sentir culpabilidad o no, quién ha cogido esas fresas y qué ha cobrado por ese trabajo. Sencillamente me parece imposible. Es posible que tenga culpa por comer esa fresa (ahí tu argumento es irrefutable porque es posible, en efecto, que la haya cogido una persona a la que han pagado 20 euros al día, si los ha cobrado), pero no la siento tal y como la describes.
En cambio me siento con capacidad y muy activo para hacer cosas con esta gente. Cuando hablo de educación, me refiero a mi campo de trabajo, no a la educación en general, en la línea que apuntas. Yo hablaba de las necesidades de la juventud que puede ir a la universidad, de las de los profesores y de los objetivos que ellos se tracen. Trabajando con ellos, se pueden conseguir algunos de ellos.
En fin...como apuntas, éste es un post atípico en mi cuaderno, que daría para hablar de cosas que poco tienen que ver con él. Ya me parece bien, en cualquier caso, porque he sentido la necesidad de empezar hablaando, no de comidas o de bebidas, sino del sentimiento general que me ha producido la visita.
Joan

Smiorgan dijo...

Joan, que la visita te haya hecho sentir y pensar cosas siempre es una buena señal.
Hay algo más en África aparte de playas, diamantes y elefantes.
Me has hecho rebuscar en el antiguo alojamiento de mi otro blog, varios posts sobre cooperación internacional, ayuda al desarrollo, etc., pero este no es el sitio. Si te interesara alguno, dímelo y te los mando por mail.
Y claro que no puedes cargar con las penas del mundo, pero al menos, procura no olvidarlas, intenta ayudar en todo lo que puedas, o al menos, no empeorar las cosas.
¿A que tenía razón Mafalda cuando decía aquello de "Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno".?
Saludos, amigo Joan.

J. Gómez Pallarès dijo...

Más que pensar, S., lo que voy a hacer es actuar!!! Y vamos con Mafalda, claro, siempre pero tanto como nosotros podemos hacer cambiar al mundo, éste nos hace cambiar no pocas veces.
Y gracias por el ofrecimiento, si te apetece mandarme algún enlace al mail, será bien recibido!
Joan

margot dijo...

Hola Joan, interesante reportaje.
Supongo que has sentido un torbellino de sensaciones cuando has estado ahí.
Un buen debate el de los dos, cada un tiene sus razonamientos y su verdad.
El poder cambiar el mundo es un deber de todos,pero no es fácil,ni sabemos como, ni tenemos las herramientas necesarias.
Llevamos tantos años actuando de una forma que vaciar nuestro chip mental ( lo bueno sería no llenarlo de nuevo)nos llevara varias vidas conseguirlo de nuevo.
Saludos a los dos.
Margot

J. Gómez Pallarès dijo...

Como se dice en buien espíritu zen, yo he tenido la revelación de qué puedo hacer para ayudar. Y lo haré, a fe que lo haré.
La parte de mundo que yo pueda, modestamente, ayudar está en muchos sitios distintos, en muchas personas distintas: está en mi casa, está en mis amigos, está en mi barrio, está en entidades a las que puedo ayudar sin moverme de casa, está, también ahora, en institucions y personas de Senegal a las que puedo ayudar activamente. Ni me considero cooperante ni ong ni nada por el estilo. Me considero ayudante, que se pone las pilas porque ha ampliado el cupo de gente a la que puede echar una mano!
Cuanta más gente se sume a esta manera de vivir la vida, cada uno en su ámbito y con sus posibilidades y sensibilidades, más cosas mejorarán. Ahí estamos!
Saludos,
Joan

Smiorgan dijo...

Hola Margot y Joan.
Que sepáis que este, desde mi punto de vista más que amistoso y enriquecedor debate, me ha hecho sentarme a pensar: Vale, ha quedado muy claro que sabes argumentar, Smiorgan, pero ¿qué es lo que realmente haces de eso que pregonas y que es lo que estás dispuesto a hacer? Y os aseguro que algunas cosas van a cambiar.
Joan, que sepas que este debate me hubiese encantado tenerlo en persona, porque sospecho que has de ser alguien a quien merece la pena conocer.
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Conste también, S., que no estaba en mi ánimo ni tan siquiera insinuar "¿y tú qué haces?". Suficiente tengo conmigo mismo como para pensar qué tienen que hacer los demás.
Sí es cierto, como quizás te ha vuelto a pasar a ti (porque tú ya le habías dado vueltas al tema), que a mí me ha pasado un revuelco sentimental, en el mejor sentido del término. Ver y vivir algo intensamente, a este nivel o al que sea, te hace pensar sobre tu posición ante las cosas.
De lo que no tengo la menor duda es de que la charla, ante una copa de buen vino, hubiera sido mucho más agradable para los tres!!!
Saludos,
Joan

Publicar un comentario en la entrada