28 septiembre, 2009

Tempranillo blanco, la última estrella



Una de las visitas más imprevistas, ricas y llenas de emociones vínicas del pasado El Rioja y los cinco sentidos fue la de la finca La Grajera. Estamos ante un humedal artificial (1883), asentado probablemente sobre una balsa natural (su posición así lo parece indicar), a apenas 5 km de Logroño hacia la Rioja Alta. En el llano, pues, junto al clima conciliador que propicia el agua y rodeado de suaves colinas con varias orientaciones (predomina la sureste) y composiciones geológicas, se asienta el viñedo y Bodega Institucional del gobierno de la Rioja. Pronto tendrán un nuevo y fantástico edificio, pero hasta que éste llegue, los vinos (con todo el cariño del mundo lo digo) son de "garage", vinificados en una nave industrial y con unos resultados que me dejaron, eso, emocionado.


La Sección de Viticultura y Enología es la que trabaja allí. Y Juan B. Chávarri quien lidera al grupo. Juan B. nos recibió con muchas ganas de explicarnos todo y de probar cuantos más vinos mejor. Y nosotros nos prestamos, encantados, a la sesión. Me da que una cosa como La Grajera (he tardado unos días en digerir cuanto vi y oí, lo confieso) tiene que ser algo así como El Dorado de cualquier enólogo. Su obligación es estudiar, preservar, mejorar las variedades de la DOC Rioja, desde el cultivo hasta que el vino entra en botella. No tienen la presión del mercado (los vinos de La Grajera no se venden), pero sí la más dura de todas las presiones: la del trabajo bien hecho y la de representar, con su etiqueta, a una de las DO más importantes y conocidas de España y del mundo entero. Ahí es nada que ante cualquier visita institucional, el vino de Rioja que sale a dar la cara es el de La Grajera. La idea, cierto, tiene un origen claramente político y diplomático (¿cómo elegir en cada ocasión los vinos de esta o aquella bodega para presentar a la Rioja?), pero su aplicación ha sido muy positiva y Juan B. y su equipo trabajan con gran ilusión, con capacidad de innovación y con resultados muy interesantes y que comparten con el mundo entero.

La estrella de la tarde, la que Juan B. quiso explicarnos con detalle y de la que probamos todo (mosto; fermentación del 2009, en acacia, en roble frances y en inox; vino del 2007, madurado ya en botella) fue, a no dudarlo, la tempranillo blanco. Su historia es ya conocida y ha sido publicada por varios autores: la tempranillo blanco (recientemente autorizada como variedad blanca en la DOC Rioja, junto a las Maturana blanca, Torrontés, Verdejo, Chardonnay y Sauvignon blanc) es una mutación natural de la tempranillo tinta y fue localizada por primera vez en 1988, en un viñedo viejo de Murillo de Río Leza. Todos los pulgares de una cepa mostraban sarmientos de uva tinta, menos uno...el trabajo de laboratorio, el material plantado en pie franco y después injertado sobre el portainjertos R-110 (de resistencia más bien baja a la tierra caliza, media a la humedad y muy alta a la sequedad, con vigor medio), acabó en 100 plantas y, más adelante, en la plantación de 1 Ha en La Grajera. Se trata de la única superfície en el mundo, por ahora, plantada con tempranillo blanco. Así que los amantes del vino estábamos que no salíamos de nuestro contento. Se trata de una variedad de hoja y racimo medianos, de baya ligeramente aplastada y de color verde amarillento. Su brotación es tardía, su floración media, el envero es precoz y la vendimia muy precoz. Los racimos por planta son más que en la tempranillo tinta o en la viura pero son bastante menores.

Los análisis medios que se han hecho en las últimas añadas vendimiadas muestran que se trata de una variedad de grado alcohólico mayor que la viura (la blanca con mayor presencia en la Rioja), sobre el 13,6%; con una acidez total y un málico también mayores (el tartárico es casi igual). Si completamos estos datos con los de los compuestos volátiles (tiene una concentración mucho mayor que la viura de aromas afrutados), entenderemos, también, la emoción de estos vitivultores y enólogos de la Rioja ante una uva blanca que, a no dudarlo, puede ser un complemento muy importante en ensamblajes con otras variedades blancas y, me atrevería a decir por lo probado, una firme candidata a ser vinificada en monovarietal para una buena crianza en barrica y guarda. Por supuesto, pensada como vino joven, también funciona de maravilla.



Los enólogos, que la han analizado también desde el punto de vista organoléptico, han evaluado muy alto su calidad en relación a las otras variedades blancas de la Rioja. Y un servidor, a título estricto de amateur, se quedó casi azorado ante el potencial de esta uva: el mosto catado tenía una acidez impresionante y una calidad terpénica y frutal muy notable. Las muestras fermentadas del 2009 (con mostos procedentes tanto de prensado estático como dinámico) mostraron otras dos características recurrentes en la tempranillo blanca: poderosos aromas a guayaba y a pomelo, por una parte, y un posgusto hermosamente herbáceo (heno). A un servidor, de los fermentados en madera, le resultó mucho más interesante el de acacia que el de roble frances: en el momento probado, el de acacia acompaña y envuelve al vino; el de roble francés, domina y casi anula el carácter de la tempranillo blanca. Batonnâges, bien pocos y con mucha delicadeza. En cuanto al vino del 2007, madurado pues en botella, me gustó mucho que siguiera manteniendo el frescor frutal y herbáceo y un paso por boca sápido, lleno y todavía vibrante. Tuve un poco la sensación de estar ante un "viejo amigo", a caballo entre la mejor sauvignon blanc de Daguenau y la verdejo en pie franco. Cuanto probé me dejó a las puertas de las mismas conclusiones a que han llegado Juan B. y su equipo: la tempranillo blanca será, pronto, la nueva estrella emergente de la DOC Rioja y los consumidores ya nos podemos ir relamiendo ante la que nos espera. ¡Cuánto trabajo hecho y qué buenos resultados!

Las fotos primera, segunda y última de este post han sido realizadas por Soledad Felloza.

PS. La botella de 1982 que está junto a la tempranillo blanca de 2007 es la primera de vino tinto que vinificó Juan B. en La Grajera. La abrió para acompañar la puesta de sol y os aseguro que todavía me dolió más que la tempranillo blanca que no estuviera a la venta: un rioja de los de toda la vida, con aromas a flor marchita, a tostados ligeros, a violetas del bosque, con un punto cítrico de piel de naranja y un color y un paso por boca todavía de adolescente. Muy pocas botellas quedarán pero pondría la mano en el fuego que si una sola de ella llega en las debidas condiciones a sus 80 años, asomarán en ella aires parecidos a los de este Castillo de Ygay de 1925. De casta le tiene que venir al galgo...

PS. 2. Juan Carlos Somalo, de La Universal de Vinos, me recuerda amablemente (por mail) que existen ya otras pequeñas producciones de tempranillo blanco en el mercado: la de Juan Carlos Sancha, Ad libitum, por ejemplo (también de maturana tinta), que comercaliza ya su añada 2008. Añado, pues, el dato; agradezco a Juan Carlos su lectura atenta y sólo espero que se me cruce pronto este Ad libitum 2008 por el camino para poder contrastar con los que probé en La Grajera.

8 comentarios:

el pingue dijo...

¡Qué recuerdos!

J. Gómez Pallarès dijo...

¡Qué vino! ¡Y en qué compañía!

VadeBacus dijo...

Ojalá algún día, mas cercano que lejano, podamos probar esa uva en su mejor postura.

Se nota que disfrutaste amigo!

OG

J. Gómez Pallarès dijo...

Buenas, Óscar, el tempranillo de La Grajera se puede probar, claro, pero no comprar...sólo hay que dejarse caer en un guateque que monte el gobierno de la Rioja!!!
La de Ad libitum estará en el mercado, por lo que comenta Juan Carlos, pero habrá que averiguar qué recorrido comercial han dado a las botellas que hayan salido.
Lo pasé en grande, sí, cansado pero en grande!
Salut,
Joan

VadeBacus dijo...

Que recuerdos de La Grajera... El Camino de Santiago pasa justo por el borde del estanque y, en la loma circundante, asoman, a modo de cúspide bicefálica, los cuernos de uno de esos pocos miuras metálicos de Osborne que quedan por ahí...

Por poco que pueda haré por probar ese Tempranillo blanco, por supuesto.

Me alegro de que disfrutaras, nosotros tampoco lo pasamos del todo mal por aquí.... ;-))))

Saludos

OG

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchos peregrinos se ven por allí, en efecto, Òscar, y el lugar es de aquellos, a pesar de estar tan cerca de Logroño, que te hacen respirar paz y sosiego.
Ya sé que mancos de placeres no quedáis tampoco vosotros, no!!!
Salut,
Joan

www.ino dijo...

Pues, no creo que tarde JC en ponerlo en mercado por Barcelona, si es que ya no lo está.

Bueno, mientras escribía esto, le he llamado y efectivamente, me dice que pronto lo distribuirá Cuvée 3000.

También le he preguntado por si esto lo podía decir en público y me ha respondido que sin problema. Que tal y como está el panorama actual hay que colocar bien las comas, encontrar el adjetivo adecuado y conjugar con precisión, al menos ;-)

Cordialemente,

Juan Carlos

J. Gómez Pallarès dijo...

Ahí estamos, Juan Carlos, ya un poco harto de que me tachen de según qué cosas o de tener que leer en mi propio blog ataques xenófobos que después inclkuso reciben justificación.
Cada cual que se exprese como pueda y quiera pero, ciertamente, en este blog no me apetece nada leer según qué cosas.
En fin, a lo nuestro que es el vino que nos bebemos y nos importa,
Muchas gracias por esta buena nueva. Que Joan València haya decidido vender Ad libitum es una buena noticia para Juan Carlos y para todos nosotros. Ya sabes que soy cliente habitual de Cuvée 3000, así que no tardaré mucho en pasarme por allí, a ver si ya han recibido ese material: tempranillo blanca y maturana tinta son dos cosas que, ad libitum, me apetece probar!
Saludos!
Joan

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