27 noviembre, 2008

Nuevas incorporaciones


La gracia de la tienda de José Luis Louzán, Vitualla (Praza da Constitución, 2, Cee), tiene que andar entre el tono acogedor del espacio y de su dueño y el tipo de vinos que uno encuentra allí. Vaya por delante que escribo desde la pura intuición porque jamás he estado ni tan siquiera conozco personalmente a José Luis. Pero la edad tiene esas cosas, te permite decir un poco lo que quieres...José Luis transmite entusiasmo, es (como los galos de que escribía hace poco) irreductible en su tesón y en las ganas de ofrecer buenos y contrastados vinos y aprende y aprehende sin límites. Estoy seguro de que si yo viviera en las cercanías, sería cliente fijo y asiduo de Vitualla. Puesto que me tocan otras tiendas de referencia, me conformo con su página web y con su blog, que anima desde la Trastienda, que he incorporado hace poco a mi listado, por puro despiste, vaya. Más suministradores de esta categoría tuviéramos todos, mejor iríamos.

Otro sitio de interés que he conocido hace poco quería comentaros. Manuel Gago es una referencia en el mundo de la comunicación "on line" sobre gastronomía y vinos. Desde hace mucho, mantiene un blog que fue, además, pionero. Ahora nos obsequia con un ejercicio de virtuosismo, de trabajo bien hecho, que irá creciendo, estoy seguro, con los años: su Wine Codex, un vademecum electrónico en el que podremos ir conociendo y contrastando todo lo que Manuel vaya catando. Como su subtítulo bien dice, se trata de una nueva guía absolutamente independiente sobre los vinos peninsulares. Todas las guías, se presenten en el soporte que sea, tienen que trabajar su credibilidad día a día. Muchas, incluso las más renombradas, acaban fracasando, a veces por completo, por zonas. Estoy seguro de que Manuel se saldrá con la suya.

Quiero terminar esta presentación con algo especial para mí. La DO Catalunya inició hace pocos años un camino difícil. Quien me conoce sabe que, cuando escribo sobre algo, soy sincero: yo no veía claro el por qué de esta nueva DO, que me parecía más de articulación geopolítica que propiamente vitivinícola. No creía en ella hasta que conocí a la gente que está ahora al frente, hasta que hablé con los del INCAVI y vi (más allá de lo que digan los estatutos de la DO, bastante genéricos) que tienen un real empeño en mejorar la producción y los vinos que se amparen bajo esta DO. He probado algunas botellas en los últimos meses, de bodegas elaboradoras que tienen, claro, presencia también en otras DOs vinculadas a territorios más concretos y fáciles de identificar para un enófilo: Torres, Albet i Noya, Espelt, Jané Ventura, Mas Perinet, Oliver Contí, Ramon Escoda... Sé que el camino será complejo, pero el futuro existe y será también suyo. Si se combinan bien las dosis de compromiso y profesionalidad de quienes llevan la DO (eso está garantizado, os lo aseguro), con las de las bodegas que amparan parte de su producción y vinificaciones en ella, estoy seguro de que podremos hablar mucho y bien de esta nueva etiqueta. Si, además, se le da el empuje, apoyo y ayuda al poderosísimo movimiento cooperativo que se encuentra entre los productores de esta DO, saltarán muchas sorpresas. No la miremos desde un punto de vista político (ése fue mi error), catemos sus vinos, cotejemos su calidad y comprobemos que el contenido de cada vez más etiquetas en la DO Catalunya mejora vendimia tras vendimia. Otra cosa que no les falta es talento en la comunicación. Se echaba de menos su presencia en la blogosfera, tras haber mostrado una sensibilidad tan especial para con el mundo de la comunicación vinícola "way blogger". Y por fin, tenemos ya un blog animado por esta DO. Será de los primeros, sino el pionero absoluto entre las DOs vinculadas a Catalunya. Bienvenido sea el empeño y la iniciativa, como todas las que presenta esta DO, fresca, ágil y valiente.

Los tres son enlaces que he incorporado hace poco a mi listado y como hago de vez en cuando, me ha apetecido presentarlos con un poco más de detalle. El de José Luis, porque me gusta mucho su empeño y deseo de todo corazón que le salga bien, sin más. El de Manuel, porque encuentro que, en el panorama digital hispano, es una idea muy renovadora y de gran utilidad. El de la DO Catalunya porque son pioneros en el uso de la red para sus empeños varios, porque sus directivos son gente con muchas ganas e ideas, porque saben comunicar, porque tienen la voluntad de hacer las cosas cada día mejor y, caramba, porque ser agradecido es de bien nacido: si ellos no hubieran tenido la genial idea de fijarse en los blogs como medio poderoso en la comunicación sobre el mundo del vino, no estaría hoy yo aquí, con esta imagen renovada que tanto me gusta. Termino: como decía Roger Viusà hace bien poco y él mismo predica con su actitud, no por querer conocer cuanto buen vino se haga en el mundo, dejaré de querer que se conozcan mejor los vinos de mi tierra.


23 noviembre, 2008

Monvínic y la Borgoña: un paseo con Dirk

Barcelona, 20 de noviembre de 2008

No pocas cosas aprendí anoche. Una de ellas, no la olvidaré jamás: un vino se prueba en un momento determinado de su vida (el vino, cuanto más natural, más vivo es y, por lo tanto, más evoluciona), en un lugar concreto, en compañía determinada, en una fase de la luna y de tus capacidades sensoriales... Cuanto más complejo es el vino, cuanto más te pide, cuanto más natural es, más se nota la influencia de estos y otros factores en el momento de abrir y degustar ESA botella. Cuanto hoy publico, pues, habla sólo de aquello que percibí de los vinos de la noche del 19 de noviembre del año de gracia de 2008. Hoy, más que nunca, me parece difícilmente extrapolable mi opinión más allá de lo que algunos afortunados pudimos probar porque noté, en muchos casos, que el vino era algo más vivo que nunca.

Siguiendo la tradición borgoñona, se probaron primero los tintos y, después, los blancos, con una “sorpresa” final, que estaba fuera del programa inicial, el vino 12+1. Cuando ves que alguien como el de la foto, Dirk van der Niepoort, te tiende la mano y te dice “¿vienes a pasear y a catar conmigo por el más noble viñedo del mundo?”, ¿vas a negarte? Yo no, y ésta es la crónica del paseo que hicimos por el jardín de la Borgoña, sin movernos del Eixample de Barcelona…1. Niepoort. Douro Charme 2006. 14%. Dirk es un amante de los vinos de Borgoña y un profundo conocedor de su alma. Intercaló en la cata alguno de sus vinos del Douro. Son vinos del Douro, por supuesto, y no esconden su condición, pero su forma de vinificar, el espíritu que les anima es, poco o mucho, el de la Borgoña. Añada caliente, ph alto, acidez baja, poder, concentración, Dirk comenta y le sale en francés, “très Bourgogne sans avoir PN!”, cuero, compota de cassis, capa media, cierta reducción que le agrada. Pigeage, vinifica con raspón, vino que empieza elegante y poderoso en nariz pero que empieza a caer al cabo de hora y media. Voté por él pero creo que Dirk lleva razón: su 2005 está más preparado para el envejecimiento. Éste 2006 está más para ser disfrutado ya y en los dos próximos años: sus primeros tres cuartos de hora son espléndidos. 2. Domaine Simon Bize. Savigny-lès-Beaune 1er cru Les Marconnets 2001 . 12,5%. 2001 fue una gran añada, casi como la de 1991. Vinificado también con el raspón, es un vino que muestra la cereza madura y bajo alcohol con una pureza extraordinaria, poderosa regaliz tras un buen rato en copa, tocino ahumado. Un poco decepcionante tras la impresión del primer golpe. Me digo que esto de esperar mucho de un vino antes de catarlo es un desastre... 3. Marcel Lapierre. Beaujolais Morgon 2006 . 12,5%. De Lapierre ya he hablado mucho últimamente. Es una de las grandes referencias de la borgoñona Beaujolais y su Morgon 2006 (con sulfitos, pocos) me gustó menos esta noche que su 2005. Empezó muy discreto y cerrado aunque fue evolucionando en copa, lenta pero firmente, acabando en uno de los buenos vinos de la noche entre los tintos, con un susurro continuo de frutos rojos del bosque, de suave mineralidad, de pimienta roja y de frescor. Muy Lapierre, muy gamay.

4. Jacques-Frédéric Mugnier. Nuits Saint Georges 1er Cru Clos de la Maréchale 2005. 13%. Una añada como para no echar muchos cohetes al aire en la Maréchale, el vino huele maduro, cálido, casi con fruta sobremadurada, mucha compota, aunque se va perfilando cada vez más y afianzando con un tanino corpulento, graso, intenso: “charnu”. No deja de ser un vino algo pesado en boca. 5. Domaine Leroy. Clos Vougeot 2001. 13%. Para mí, la mejor PN de la noche. Una gran añada para un Clos mítico y una bodega de culto. Poco me importa eso. Huelo el vino, pruebo y opino: respiro una nariz, un bouquet que me seduce por completo por su elegancia, por su fineza, por su firmeza al mismo tiempo. Vinificado también con raspón, me parece casi increíble cómo se puede conseguir esa combinación de elegancia, frescor, cerezas en licor, ciruelas casi pasas, calidez que no abruma ni pesa, amabilidad. Tiene un punto vegetal, es ligeramente terroso, con aires de hoja madura de tabaco rubio en la alta montaña y una madera absolutamente integrada ya en el vino. Un estilo único para un vino que, en mi opinión, fue el mejor tinto de la noche. Creció sin cesar en copa a lo largo de hora y media. Me la hubiera llevado a casa, vamos, y por la mañana, mientras redacto mis apresuradas notas, huelo todavía en mi paladar y en mi cabeza, el impresionante postgusto de este monstruo cariñoso y amable. Qué bien se deja beber y contar. 6. Niepoort. Douro Charme 2005. 13,5%. Dirk es un atrevido y para marcar un tremendo contraste, nos hizo probar su Charme 2005, que empezó muy distante de mi cabeza y mi nariz, y no solo por llegar tras el Leroy: aires de cucurucho de helado, decía Víctor; galleta de vainilla; chuches algo absorbentes, nubes de azúcar y taninos del raspón, proponían una mezcla que no me convenció. Fui de los que aposté en público por su hermano menor del 2006, mucho más borgoñón, creo yo. Este 2005 es mucho más douro y, ahí le doy la razón a Dirk, creo que tiene más corpulencia y estructura para envejecer mejor. Veremos…como todo lo que hace Dirk, hay que seguirlo con atención porque él es de los que aprende sobre la marcha: ensayo, acierto; ensayo, error y a seguir. 7. Maison Henri Boillot. Bourgogne 2004. 13%. En el microclima que hemos conseguido entre todos crear esa noche, el contraste de los blancos tras los tintos fue de lo más borgoñón, sin duda. Esa polaridad ofrece una mejor oportunidad a la chardonnay, que limpia de taninos la boca, refresca las papilas gustativas, reemplaza moléculas en la nariz y puede, finalmente, expresarse con mayor libertad. Empezamos con un genérico Bourgogne, probablemente con levaduras industriales, pero que al cabo de un rato en copa y, sobre todo, en postgusto, acabó sacando la fruta que llevaba dentro, manzana ácida, compacta frutosidad en boca, correcta acidez, gran frescor. Un buen intermedio entre lo que habíamos ya probado y lo que se nos venía encima.


8. Bernard Morey. Chassagne-Montrachet 1er cru Les Baudines 2004. 13,5%. Un Chassagne-Montrachet racial, corpulento, con una fermentación completamente hecha en barrica y un poco de reducción, tal y como le gusta a Dirk. Es un vino de gran austeridad pero rico, duro pero sabroso, casi graso en boca, con una mineralidad calcárea bien presente y un toque de frescor balsámico. Tiene una característica de la que nadie habla pero que noto en no pocos de estos grandes vinos que usan levaduras autóctonas: la levadura se expresa a través de un aire de legumbre notable. En este caso, el puré de garbanzos estuvo paseando por la copa un buen rato. 9. Domaine Leflaive. Puligny-Montrachet 2004. 13%. Éste fue uno de los blancos que me dejó algo sorprendido. Dirk dijo que estaba muy correcto y bien, pero yo creo que hubiera comenzado a disfrutarlo tras unas cuantas horas de decantación, que el vino no tuvo (¡creo!). Aires muy poderosos de gas, minerales cerrados bajo tierra millones de años, maiz ahumado, algo de azufre, tocino. Confieso que no lo disfruté como seguramente se merecía. 10. Niepoort. Redoma Reserva 2005. 13%. El Redoma 2005 de Dirk es un vino con una presencia amplia de rabigato y otras muchas variedades procedentes de una plantación centenaria. Hace muchos años, las cepas y las castas se plantaban mezcladas y aún hoy en día, cuando vendimias en zonas con plantas “ancianas” que, en teoría, son todas ellas de una sola variedad de uva, encuentras no pocas sorpresas. Los viejos del lugar te cuentan que era para que los vendimiadores tuvieran un instante de solaz y diversión. Yo creo que, en el caso que comenta Dirk, era porque el ensamblaje ya se realizaba en la plantación. Redoma 2005 procede de un viñedo muy alto (entre 500-800 m de altitud), con un mosto que arranca la fermentación (en madera 70% nueva) de forma natural. Y la acaba de la misma forma. 6,5 de acidez. Un vino sorprendente, graso en boca, con notas de frutos secos y de mantequilla y aires de acetato de etilo, que me recordó a la vigiriega y a aquello que ésta aporta a los vinos de Manuel Valenzuela en el Barranco Oscuro. Fue sólo al principio pero me lo recordó vivamente. 11. Maison Henri Boillot. Bâtard-Montrachet 2005. 14%. Vino potente pero elegante, con abundantes notas minerales y de tiza, flor blanca, sufrió un poco de su posición en la cata, entre Redoma y el otro rey de la noche, en mi opinión.

12. Jean-François Coche-Dury. Meursault 2004. 12,5%. Coche-Dury es un mito en Mersault y para los amantes de los vinos de Borgoña. Pero como siempre, los mitos están para catarlos y, si hace falta, decapitarlos sin más. ¡Ya avanzo que no fue el caso! Por las exclamaciones de la gente, creo que fue el chardonnay que más gustó de la noche. En mi opinión, tuvo sin duda la mejor nariz y postgusto, pero su boca está aún por ensamblar, y se mostró algo fugaz, deslavado a ratos, acuoso en sentido negativo, por afianzar. Su único “problema” son más años de botella y se mostrará con una misma nariz, aunque más fina (melocotón maduro, a ratos casi el recuerdo del mejor aguardiente con esa fruta), con esa potencia y acidez que le dará largos años de evolución, concentración y placer a raudales. Su postgusto y sus cítricos son algo espléndido. Sin duda, fue el blanco que más disfruté de la noche. 12+1: Niepoort Projectos Pinot Noir, Vinho regional Duriense 2006. 13,5%. Terminamos con esta nueva inquietud de Dirk: ahí es nada poner en marcha a tus mejores contactos en la zona, seleccionar clones de La Tâche, plantar esa PN en el Douro a su buena altura (sobre los 500 m creo recordar, quizás más), esperar diez años y sacar eso, una pinot noir duriense. Creo, en efecto, que es más PN que Borgoña lo que tenemos ahora en la copa. Un vino que tiene ese aire de violeta y de cereza, pero es más corpulento; que tiene trazas de frescor pero es bastante cálido; un vino de un bellísimo color (sí, ya sé que no hay que hablar del color, conste que lo he intentado) rubí poderoso pero capa media media, que me recordó no poco a alguno de los grandes PN del Südtirol (quizás más los de Alois Lageder que los de Martin Foradori Hofstätter, más borgoñones). Creo que hay mimbres para hacer un bonito cesto aquí, siempre que Dirk tenga claro (y lo dijo en alta voz: ¡sí lo tiene claro!) que el Douro no es el Rhône y que lo que hay que hacer (eso lo repitió mucho durante la noche) es escuchar a la viña para comprenderla. Después, actuar. Éste acabará siendo un gran PN del Douro, no un PN de la Borgoña adoptado en Portugal.

Este "paseo" singular, espléndido, tuvo lugar en Monvínic, un local único, trasunto material del espíritu de su propietario, Sergio Ferrer-Salat. Es un espíritu inquieto y emprendedor, meticuloso y voraz conocedor, sí, pero que quiere aprender todavía más de cuanto se mueve alrededor del vino, aquí y en el mundo entero. Monvínic es, también, un enorme equipo de personas (¡en cantidad y en calidad!), de gente joven y muy preparada. Encabezados por Isabelle Brunet y Cesc Cánovas, tienen algo que les hace especiales y con eso me siento cómodo: saben mucho, sí, pero quieren aprender todavía más. Monvínic no es sólo un local de moda donde poder beber grandes vinos a precios más o menos razonables, además de ver y ser visto. Monvínic es mucho más: es un lugar donde estudiar sobre vinos, donde comentarlos y aprender de lo que te cuentan y oyes y, en la medida que puedas, aportar también tú algo. Saben mucho, tienen un gran catálogo de botellas y una rotación constante en los vinos por copas, pero lo más importante es lo que no se ve: están abiertos por completo a escuchar y a preguntar, a leer y a conocer más, a comprar y a probar, a compartir. Eso, claro está, tiene un precio, pero no para mí, que más que nada en la vida, valoro la posibilidad de seguir aprendiendo y creciendo en lo que me apetece conocer. Monvínic me da eso y tenerlo cerca es un lujo y un privilegio que no voy a desperdiciar.

Postscriptum. Aforismos vínicos.

Las sentencias, opiniones, aforismos vínicos de Kirk les llamaría, me sorprendieron durante la noche y, algunos, me encantaron, aunque no siempre los comparta. Ya se sabe, de gustibus, nil disputandum. Una muestra: 1. “Un poco de verdor en el vino es bueno”. 2. “Los vinos cuadrados, algo rústicos, son los que más le gustan”. 3. “Un poco de reducción me gusta en los vinos”. 4. “La oxidación del mosto es muy importante para el envejecimiento del vino y no tiene nada que ver con la oxidación del vino”. 5. “La fermentación puede con todo”.

Las fotos primera (by Pedro Lobo) y cuarta (by Verena) proceden de la web de Niepoort; la de Clos Vougeot, by smokinggoat.

19 noviembre, 2008

¡Esos irreductibles Galos!


Los Lapierre, Marcel y Mathieu, son una de las referencias imprescindibles en la zona de Beaujolais (Beaujolais, Beaujolais-Villages, Morgon), donde dan pleno sentido a una idea que no por vieja tiene que ser repetida, porque se olvida con demasiada frecuencia: quien ha nacido y ha mamado durante generaciones la cultura (en sentido etimológico) de la uva propia de su zona está capacitado como nadie para vinificarla con los mejores resultados posibles. Por supuesto, lo contrario y una gama de matices grande es, también, posible. Y la variedad gamay allí donde los Lapierre tienen sus viñedos (el pueblo de Villié-Morgon) es una de las máximas expresiones de lo que digo. En su nombre y en el del Beaujolais Nouveau se han hecho atrocidades durante años. Años en que los Lapierre han cimentado, por el contrario, una justa fama de respeto por la uva, por el cultivo no agresivo de la tierra y de la cepa y por la expresividad de la vendimia y del fruto de cada año, venga como venga, con fermentaciones naturales, levaduras autóctonas, mínimo o nulo sulforoso... La máxima expresión de su trabajo que yo he podido probar (en el camino de lo biodinámico desde hace años) es su Cru Morgon, del que no pocos amigos han hablado. Pero yo creo que ese carácter indómito, terco, de seguir en sus trece en un camino nada habitual en la zona se expresa todavía mejor en su vino más sencillo, un vino que es del Domaine Lapierre, sí, que procede de la gamay de Villié-Morgon, también, pero que es, sin más, un "Vin de Pays des Gaules".

Dentro del departamento del Rhône, Villié-Morgon es uno de los pueblos que puede acogerse a este nombre. Y los Lapierre lo hacen con un monovarietal de gamay, con tres meses de madera usada y con la maloláctica realizada por completo. Que nadie piense que estamos ante un alter ego del Beaujolais Nouveau. Éste es un vino que se toma sobre los 15ºC, con 12,5% de alcohol, vino natural (sólo sulfitos procedentes de la fermentación), que no ha realizado ningún tipo de fermentación carbónica. El resultado me ha gustado mucho, lo confieso. Me lo recomendó Benoît Valée, de L'Ànima del vi (él lo comercializa), con el que probé una botella que había viajado el día anterior. Y la segunda botella me la tomé al día siguiente. La luna nos acompañó, sin duda, porque se ofreció esta gamay con un color entre el coral rojo subido y el rubí, capa baja; con unos aromas francos, sinceros, amables y abiertos, de zarzaparrilla, de mora madura, de golosina con frutas rojas, que encantan. Es un vino fino, largo, con un vegetal armónico y un especiado de pimienta tanto en nariz como en posgusto, que acompaña con gracia. Es un vino vivo, ligero, ágil, sencillo y agradable que, como decía Benoît, casi como se bebe, se mea (con perdón). Es un vino redondo, de taninos pequeños, que pasan como un hilo de azúcar rojo y dejan un reguero de pequeños susurros que siguen invitando al trago. Estos Galos Lapierre, irreductibles en su calidad, en su terco camino, son un regalo del cielo. Y ya se sabe: lo único que temen los Galos es que el cielo se desplome sobre sus cabezas. Corred a probar este vino al muy recomendable precio de 8 euros antes de que cambie la luna o suceda lo irreparable, es decir, que se acabe.

La foto de la luna llena es de AnnieD62.

18 noviembre, 2008

Addendum a La bota de...n.11


La gracia de la mayor parte de botellas que selecciona el Equipo Navazos es que crecen y crecen, si se guardan en las mínimas condiciones. Los sabores y aromas que uno describe en el momento de la primera degustación cambian, mutan, se metamorfosean y otorgan al vino el real valor de lo que es: la mejor metáfora de la vida, siempre cambiante. Ya se sabe...todo fluye y uno nunca se baña en las aguas del mismo río. Este enorme PX jerezano que es el n. 11 de la serie, lleva ya una semana abierto en mi nevera y a lo que comenté en su momento, hoy, en la sobremesa, me han sobrevenido (a copa ya vacía: una sana costumbre esa de oler también la copa una vez consumido su contenido) dos aromas poderosos, muy sugestivos de momentos del pasado. Uno, matizado pero claro, el del dulce de leche un poco quemado, con esa complementariedad entre la ceniza, el azúcar quemado y la leche. El otro, para el que no he encontrado foto buena (ya no son lo que eran los envoltorios...) es muy de mi infancia: las pastillas de la Viuda Solano, de toffee y de café. Este PX inunda la copa vacía con un aroma inconfundible de café torrefacto mezclado con nata, de pastilla de la Viuda Solano, vaya.



La foto del dulce de leche es de SamanthaLove. La del "río de la vida" es de bilcoyote.

16 noviembre, 2008

Malidea 2003: "the making of"


Hay ambientes que invitan más que otros a charlar de forma distendida, a tomar una copa de buen vino, a "arreglar" lo humano y lo divino. La casa de Peter en Aiguamúrcia (Alt Camp) es, toda ella, de este tipo. Muy cerca de la ruta del Císter, junto a viñedos y a la antigua corriente del río Gaià, el pueblo ocupa una zona de remanso del río, en su valle más acogedor. Aiguamúrcia tiene resonancias de la vieja Roma (varios topónimos de la capital llevan ese adjetivo, Murcia, en una zona, la del Circo Máximo, que algún parecido tiene con la de este enclave catalán) y me gusta pensar que debe su nombre a un viajero que, hace ya casi dos mil años, se acercara de Tarraco hasta aquí. A mí me movieron otros motivos. Conocí a Peter hace poco, descubrí el tipo de ideas que aplicaba a su diseño de webs y de blogs y me di cuenta de que había encontrado al tipo adecuado. Yo había agotado mis posibilidades en html, no sabía cómo aplicar a una nueva imagen del blog lo que llevaba en la cabeza y de golpe descubrí que alguien venía haciéndolo con cierta regularidad en alguno de sus trabajos.

Tuvimos una primera charla, intercambiamos no pocas ideas por mail y concertamos una cita. Día de frío y de lluvia intensa, Syrah (¡su perra!) ejerciendo de fiel guardiana de su amo y trabajo intenso durante un día entero. Unos pocos días más de trabajo a distancia, de más comentarios y como quien dice, a las tres semanas de iniciado el proceso, se publicaba la imagen que ya conocéis. Sorprendente (por lo menos para mí), pero cierto. De la jornada pasada en casa de Peter, de este mínimo "cómo se hizo", me quedo con su hospitalidad, con su competencia y agilidad, con su sencillo pero sabrosísimo risotto de boletus (¡mirad la foto final!) y con un DOC Monferrato Rosso que insistió que probáramos. Perdón por el juego de palabras, pero qué buena idea fue este Malidea 2003. Se trata de un vino de Fabrizio Iuli (recién recompensado con los Tre Bicchieri por su Barabba 2004), que mezcla a partes iguales nebbiolo y barbera. La dulzura y fineza de la primera se ven contrapunteadas por la barbera, de estructura más recia y densa. El resultado, tras casi dos años en madera de roble francés, es bonito de veras: con una cierta evolución (capa media y mínima teja), se ofrece con una nariz muy mineral (tierra ferrosa mojada), equilibrada por un delicado frescor de eucalipto. Diría que este vino posee la boca de la barbera y el color de la nebbiolo. Su aroma es una mezcla: vuelven la madre tierra (claros aires de trufa) y los rincones del jardín junto al bosque (arándano negro), con un paladar delicado y lleno, en plenitud este 2003, y un remate entre el humo del otoño y la ceniza. Tras tantos barberas en el colete, mira que tener que ir a Aiguamúrcia para descubrir a esta pequeña pero interesantísima bodega...Por el blog, por el vino, por el risotto, por la amistad recién estrenada, ¡mereció mucho la pena este viaje!

12 noviembre, 2008

Dos buenas razones para levantar el ánimo


El vino, como un buen libro, un paisaje atractivo o una charla con los amigos (por supuesto, todo se puede combinar), tiene una capacidad de abstracción muy notable. Quiero decir que hay vinos por los que pasas sin gran pena ni gloria, mientras que otros te piden que te concentres en ellos, te enamoran de entrada (por una historia, por una etiqueta, por una variedad de uva...) y te ofrecen unos momentos de relajo y tonificante abstracción. Pasamos por días de mucho trabajo en casa, tanto mi santa como yo, de tribulaciones varias que pesan mucho sobre nuestro ánimo. Y este domingo pasado (¡qué más da la fecha!) teníamos necesidad ambos de charlar y de disfrutar con un vino. De hecho fueron dos...Al primero le tenía ganas de hace tiempo. Corias Guilfa 2005, del que no sé apenas nada (he sido incapaz de encontrar una página web...), es un VT de Cangas (de Narcea). ¿Vino en Asturias? Caramba, pues sí. En una zona con menos lluvia que la estrictamente atlántica, más al interior, con viñedos orientados al sur, variedades como la verdejo tinta o la carrasquín me llamaban mucho. Cayó por fin este Corias Guilfa (guilfa es el nombre que se le da en la tierra al viento del Norte), hecho con esas dos variedades de la zona más la mencía vecina. Con 12,5% y un servicio deseable sobre los 16ºC, es un vino que lleva seis meses de roble francés y presenta una capa media, casi tirando a baja. Es un vino de suave extracción, de un color rubí brillante y unos aromas muy definidos, delicados y, al mismo tiempo, recios. El fruto del madroño, el aroma de la linde del bosque antes de entrar en la zona umbría, la pimienta roja, anuncian un paladar fresco, de vino de clima más frío. Dicho como algo positivo, es un vino que pasa como el agua, con cierta fragilidad acuosa, con algo de regaliz y aires de la verde frondosidad de los cipreses. Lo compré un poco caro (17 euros) pero nos gustó mucho la experiencia. Grandes cosas, creo, se podrán hacer con esta carrasquín. O se hacen y no las conozco...

El segundo vino que nos regalamos merecería por si solo un retiro en cualquier monasterio de la Trapa (tampoco quedan tantos en la península...). De la mítica serie La Bota de...del Equipo Navazos, decidí que la comida la coronábamos con su número 11, La Bota de Pedro Ximénez, saca de enero de 2008. Es un PX único para los buenos aficionados, acostumbrados como estamos a otros perfiles más del aire de Montilla-Moriles. Procede de la Sacristía del Real Tesoro de Jerez y aunque no se sepa su edad exacta, ésta debe ser bastante alta. Con 17% y una temperatura de servicio sobre los 12ºC (es deseable que suba un poco en copa), este vino respira amor por el trabajo bien hecho, que siempre suele hacerse en silencio y en lo más profundo de la bodega. Caoba bruñida y tostada por el sol, ribete entre el verde del musgo seco y el yodo, pasea por la copa como las lágrimas por las mejillas de la Esperanza Macarena, espesas, cadenciosas, emotivas, una a una. Arrope de saúco, pan de higos, pasas de Málaga maceradas, éste es un vino que llena la estancia de fragancias de antaño. Hierbas medicinales, amaro dei Fratelli Arverna, naranja en ligero almíbar y nueces verdes. Éste es un vino que empieza y no acaba, que agrada y no cansa, casi ligero. Pienso en él como en esas personas que han entrado en su edad madura pero conservan la belleza de su juventud en los andares, en su estar, quizás más lentas, sí, pero llenas de vida, de dulzor, de encanto. Y en sus ojos, la niñez. Éste es un vino zangolotino. Ni recuerdo qué pagué por él, pero cualquier "precio" es bueno cuando uno se siente Nabokov siquiera por un instante.

08 noviembre, 2008

Fonda Emilio, de nuevo


Como os decía en un comentario anterior, mis dos "paradayfonda" para acceder o salir del Priorat son el Celler de l'Aspic y la Fonda Emilio. No se puede negar que soy viajero de fortuna... En esta ocasión se trató de la salida. Una visita a los viñedos y las bodegas de Pasanau Germans, en La Morera de Montsant, y de Mas Doix, en Poboleda, sirvió para despedir con aires de gloria la visita de Fabio Giavedoni al Priorat. Él seguiría unos días más...pero un servidor tenía que volver Barcelona. Las hermanas Huguet acababan de abrir el local tras sus vacaciones anuales y todo estaba en pleno rodaje. Lo más interesante, con todo, es que tanto Bibi, en la sala y al mando de la bodega, como Rosana, en la cocina, están en plena forma y con ganas de darle al otoño un buen vuelco (nuevos vinos, nuevos platos).

Veníamos de un peregrinaje tánico importante y aunque queríamos que Fabio probara alguno de los platillos más caseros de Rosana, había que "refrescar" un poco las encías: un cava brut nature reserva de Carles Andreu (en Pira, Conca de Barberà) hizo maravillas. De este espléndido celler he hablado de su impactante trepat 2006 (¡y pronto lo haré del 2007!), pero reconozco que no había prestado mucha atención a sus burbujas. Es lo que solemos hacer...¡Apriorismos, fuera con ellos!: un cava hecho en la Conca de Barberà, con macabeu, parellada y chardonnay, 26 meses de crianza y un precio de escándalo, se mostró como un gran vino entrante, oro pálido, joven, fresco, con fina y perfecta burbuja y una explosión de naturalidad discreta en boca, cítricos y pera. Grande el consejo de Bibi. Tomamos unos entrantes entre los que destacaron el carpaccio de pie de cerdo (en la foto superior), que es uno de mis aperitivos preferidos, y un revuelto de ajos tiernos con butifarra negra, muy sabroso.


Estaba claro que tras tanto priorato pero con platos como los citados, o como las albóndigas de Rosana con las setas de la temporada (¡en las que siempre acabo cayendo o provocando que alguien caiga para comer por lo menos media!), había que ir a un buen tinto, pero de otro perfil. Aquí, la alianza estratégica entre la Fonda Emilio y la empresa de distribución CepaVinis, hace que uno pueda elegir entre un montón de vinos interesantes, tanto hispanos como, sobre todo, franceses. Bibi acertó de nuevo en el consejo, y la butifarra y las albóndigas fueron acompañadas por un gran minervois, un Château Bassanel réserve 2003. Se trata de un monovarietal de syrah del Languedoc con 13%, que fue sencillamente abierto media hora antes de la degustación. Servido a 16 ºC (más o menos), es un vino que expresa la pureza de la syrah meridional francesa con 14 meses justos de roble. Es un vino de capa alta, de color rubí muy encendido, muy balsámico, de frescor casi inusual para su zona de origen. Delicado en boca, con aromas de tomillo y laurel, de guinda y de arándano negro muy maduro, termina con un trago muy poderoso y de larga resonancia, con aires de madera noble bien puesta (cedro). Concentración con guante de seda y un precio muy razonale, he aquí una buena definición para este excelente minervois.



Mis postres plegaron, un poco, las alas. Y de las muchas bondades que prepara Rosana (la Fonda Emilio es un lugar de grandes postres, con una muy variada selección, además, de vinos dulces), me quedé con un perfil discreto, delicado y casi susurrante. Igualmente, muy resultón: cremoso de yogurt con salsa de frutas del bosque y el detallazo de esa "chuche" casera coronando la maravilla, dulce pero con un corazón ácido, como la salsa, muy adecuado. La Fonda Emilio sigue siendo un sitio imprescindible, al que uno no se cansa de volver y volver.

04 noviembre, 2008

Qué es el éxito en un blog


1. Sí, lo siento, hoy llega otra dosis de reflexión. 2. Es en forma de aforismos, no por voluntad de querer adoctrinar a nadie, sino porque me gusta la brevedad del formato. 3. Hace cierto tiempo decidí concentrarme tan sólo en la escritura y en los temas que escogía para este blog. 4. Así pues, dejé (por completo) de dedicar tiempo a saber cuantos lectores tenía, de donde venían, a qué horas entraban o qué navegador usaban. 5. En los últimos meses, alguna empresa se ha interesado por este tipo de datos en mi blog porque valoraban la posibilidad de proponer publicidad aquí. 6. No han entendido que no tenga la menor idea de este tipo de datos (después, he descubierto que sí tenía activado Google Analytics, pero lo había olvidado por completo. Y vaya, esos datos, para mí quedan). 7. En California, Alder Yarrow escribía hace todavía menos sobre qué les iba a decir a 150 ávidos "wine bloggers": sus ideas al completo aquí están.

8. Como casi siempre, Alder lee mis pensamientos y escribe sobre algunos de ellos, ¡antes que yo! 9. Cualquier bloguero del vino que ande obsesionado por sus números de tráfico se equivoca y, además, se arriesga a sufrir no pocas decepciones. 10. Ni el más visitado puede vivir de eso. De hecho no puede ni tan siquiera pagarse alguna botella decente al mes con ese dinero. 11. Pensar que la publicidad en la red te va a solucionar económicamente algo, es otro grave error. El dinero de verdad se va, siempre y todavía, a la prensa escrita que circula en soporte papel. 12. Si el buen lector ha llegado hasta aquí y piensa que no me he ido al garete, va a leer la parte clave de esta reflexión: ¿qué es, entonces, el éxito en un blog? 13. Éste no consiste, en efecto, en tener muchos lectores (es imposible en términos relativos, si te dedicas al vino), tampoco en conseguir dinero o vivir, siquiera parcialmente, de esto.

14. Consiste, por el contrario, en concentrarte en pasártelo bien. Yo escribo un blog porque disfruto con ello. Disfruto conociendo nuevos vinos, nuevas tierras, nuevas gentes. 15. Disfruto escribiendo sobre ello. Ésta es la razón fundamental: si no lo pasas bien escribiendo, es mejor que lo dejes. 16. Disfruto pensando y eligiendo los temas, tomando mis notas y pensando cómo diré esto o aquello. 17. Disfruto casi de la misma forma con la selección de la parte gráfica del blog. 18. Siempre he defendido que esta forma de escribir mantiene una relación privilegiada con la imagen. 19. Para mí, un texto sin imágenes adecuadas, vale mucho menos (en un blog, claro). 20. Yo escribo este blog, además, porque quiero contar sobre mis vinos y sus cosas. 21. Quiero hacerlo, además, de forma sencilla y amena, clara y agradable, cuidando la relación entre texto e imagen. 22. Si es posible, también quiero ser útil, llegar a la gente para ofrecer algo que les pueda agradar y ayudar. 23. Me gusta, además, pensar en cómo ve la gente este blog, cómo percibe sus letras, la separación entre líneas, la compaginación de las fotos...me gusta cuidar los pequeños detalles que parecen no verse pero que llegan porque ahí están.

24. Me gusta pensar que hay gente que valora lo que hago. 25. Me gusta pensar que estar, aquí, puliendo mis herramientas de escritor de vinos me ayudará a ser, algún día, un escritor más profesional, por decir algo. 26. Me gusta mucho hacerlo, además, en este nuevo formato realizado por Peter, más limpio, más abierto, más "ligero", más acogedor, más fácil de usar y, creo, más equilibrado. 27. En la medida en que voy consiguiendo alguno de estos puntos, sobre todo los que van del 19 al 23, más el 26, considero que éste es un blog de éxito, concepto que nada tiene que ver con el número de lectores, con la publicidad o con los recursos que genera, sino con la íntima satisfacción que me da hacer tan bien como puedo algo que me apetece hacer.

¿Qué es, pues, un blog de éxito? El que proporciona siquiera un poco de bienestar y felicidad, a ti y a quienes lo comparten contigo. Cuántos, dónde y con qué objetivos...qué más da.

PS. No lo he hecho casi nunca, pero ser tu propio jefe tiene sus ventajas: ¡uno hace lo que quiere! Me apetece dedicar hoy esta entrada a Peter, de PHW. Él ha sabido encontrar, con discreción, profesionalidad, entusiasmo y amor compartido por los vinos (sobre todo catalanes e italianos), las formas que tenían mis ideas. Ahí es nada.

La primera foto procede de the new jew files. La segunda, de starprintbrokers. La tercera, de ciberprensa. La cuarta es de un dibujo zen de Sumi-e Kazu Shimura.

01 noviembre, 2008

Tricó 2007, con calabaza


Este vino requiere una explicación previa, más filológica que enológica. La tomo de la contraetiqueta del vino porque los diccionarios electrónicos de galego al uso no llevan esta palabra, la que le da nombre: tricó. En Cequeliños (aldea de donde procede la madre del hacedor del vino), dícese del último hijo que llega con gran diferencia de edad en relación con sus hermanos mayores, que aprende de sus experiencias más que ningún otro y que, además, suele quedarse en casa cuidando de los padres. Hasta aquí podría uno pensar "una originalidad más..." Pero si resulta que quien firma y hace el vino es José Antonio López (antes Morgadío y Lusco do Miño), la cosa cambia y la metáfora, claro, está servida. Y bien bonita que es: el "hijo" al que no se esperaba es Tricó (en su añada 2007 en el mercado), su padre es el Sr.López y lo que él espera de su hijo tardío, que ha aprendido un montón de sus "hermanos mayores", es que le "cuide" en su edad madura.

Tricó 2007 es un albariño hecho sobre sus lías que no conoce más que el acero inoxidable. Es un vino que, con toda probabilidad debido a eso, ganará y ganará en botella pero que, ahora mismo, está ya en un momento bueno. Es un vino de 13,5% que hay que tomar sobre los 10ºC y que se muestra en una fase muy joven, con un color amarillo pálido, con mínimas vetas de verdor. Es un vino de nariz expresiva, que irá a más, con aires de fruta blanca y de cítricos (pera limonera en sazón, vaya). Con una acidez y una presencia exuberantes en boca, su paladar es suave, armónico. En nariz, en paladar, en posgusto, muestra el vigor y frescor de la hierba húmeda del prado, de la flor de acacia en el paseo al atardecer. Ligeramente amargoso al final, es un vino que gusta y enamora, que envuelve y arrastra y que habrá que seguir muy de cerca. Lo compré por 12,92 euros en Cuvée 3000.

Es un vino que recuerda no poco a los zárates y do ferreiros básicos, un albariño que se añade, directamente, a mi lista de preferidos blancos galegos. Lo tomamos, por su natural amable en boca y por el contrapunto fresco que ofrecía, con una receta a base de calabaza. La calabaza es uno de nuestros manjares otoñales preferidos. A mi santa y a mí nos encanta y ella la trata con un cariño especial. El plato que acompañó al Tricó 2007 es bien sencillo pero muy sabroso: pasta fresca rellena con calabaza, que se acompaña de un sofrito (hecho con lentitud) a base de cebolla de Figueras, de ascaluña y de dados de calabaza. Servido encima de la pasta, y con un chorretón de buen aceite: ¡sencillo, sabroso, otoñal!

PS. La foto inferior es del dibujo que la madre de José Antonio López hizo en 1938 del territorio donde se encuentra su aldea, Cequeliños. Lo hizo en la Escuela de Niñas de Arbo y ahora forma parte de la contraetiqueta de Tricó 2007. ¿A que es una bonita historia?