30 abril, 2008

Sobre Riberas 2004: Flor de Pingus y Costaval


Estos días pasados me han dado mucho que pensar sobre cómo se están haciendo las cosas en la Ribera del Duero (de hecho, también en otras zonas del país). Vaya por delante que no quiero ni pretendo generalizar y que no hablo aquí de una cata general de 2004, sino de mis impresiones ante la degustación, separada por pocos días, de un Flor de Pingus 2004 y de un Costaval crianza 2004. Ambos son comparables, por tipo de fruta, por meses de madera, por DO, aunque uno represente a la zona burgalesa y el otro a la vallisoletana. Del primero: son sobradamente conocidos y reconocidos el trabajo y los productos de Peter Sissek como para que me alargue yo en el asunto.

Este vino nos fue presentado por un amigo en una cata a ciegas y había recibido el trato que se merece, tanto en decantación como en temperatura. Como siempre, escribo lo que siento y pienso y al tener la ventaja de haberlo probado a ciegas, nadie dudará de que no me dejé influenciar por nada: fui literalmente incapaz de identificar la fruta que se escondía en el decantador. Primer impacto visual: casi de tinta china, de picota muy muy madura, de brea, capa alta-alta, impenetrable. Primer golpe de nariz: maderazo. Segundo golpe: maderazo. No sé, porque no lo cuentan en ningún sitio que yo conozca (algunos de los grandes bombazos / vinos / marcas españolas de los últimos años no se prodigan en información pública), si este Flor de Pingus sigue el estilo del Pingus, aquello del 200% madera. Pero lo parece. Al cabo de un buen rato y con más temperatura en copa, uno empieza a percibir fruta negra madura (arándano negro en compota) y mineralidad (sílice), pero poco más. Primero pensé "alta expresión", y lo digo con retintín, de la DOC Rioja; después, pensé lo mismo pero de la Ribera del Duero; después lo mismo, pero de Australia (osea, que pasaba de la tempranillo a la tinta fina y de aquí a la syrah) y después, pensé: si no consigo identificar la fruta; si además, me pongo el vino en boca y noto una estructura débil, con una acidez muy justa (al tanto con los años que envejezca este vino porque dará un disgusto a más de uno), es que algo está fallando, o en mí o en el vino. Cuando supe que era Flor de Pingus 2004 pensé, claro, que el que fallaba era yo, que cómo podía ser que un vinazo tan elogiado por todo el mundo, me resultara tan discreto en nariz, en boca y en posgusto. A algunos amigos de cata les gustó de veras, pero cuando preguntaba yo "descriptores" de la fruta que permitieran ubicar el vino en una zona concreta del mundo, pues nos quedamos a dos velas. Mucho trabajo de diseño, mucha marca fabricada a golpe de titular, mucha madera extraordinaria y de lo mejor de los fabricantes de Burdeos, pero poco vino y fruta en nariz y en boca, poca estructura (más bien plano) y acidez muy justa. Mi amigo lo compró a la avanzada por 50 euros la botella (aprox.). Ahora en tienda está sobre los 90-100 euros la botella. Creo que tiene que aguantar por lo menos tres años en botella, pero si se va más allá de los seis, empezará a dar disgustos.

Exactamente lo contrario me pasó con el otro vino: Costaval crianza 2004, del que había oído hablar algo (muchísimo menos que del Flor de Pingus, claro), pero que tampoco había probado todavía. Me lo mandó mi amigo El Pingüe Gourmet y decidí abrirlo unos días después de haber probado el anterior, ciertamente con toda la "mala leche": a ver si cómo se porta, pensé. Hecho por Bodegas y Viñedos Escudero, en Olmedillo de Roa (Burgos), manejan sólo 20 Ha de viñedos y funcionan con añadas desde 1999. Tampoco sé los detalles de vinificación, pero al ser crianza y 2004, me pareció que podía ser comparado al anterior. De capa media-alta, ofrece un color cárdeno brillante (picota a medio madurar), con ribete mínimamente teja. En nariz el primer golpe es el de la grosella negra: ¡fruta! Siguen notas de cereza madura y aromas de la maloláctica. La madera es apenas perceptible (muy ligeros tostados, apenas un matiz de humo). En boca es un vino austero, con taninos largos y secantes, pero de muy largo posgusto. Huele a fruta, a pimienta negra, a eucalipto y oliva negra madura, a fermentación alcohólica (levaduras). No es un vino pensado para catar o para ganar prestigio en concursos internacionales, en grandes revistas o en subastas, sino hecho y pensado para comer con él. Es un vino que está sobre los 10 euros.

Se abren aquí variados temas de debate: que si a unos les gusta mucho el impacto de los taninos de la madera y sus aromas sobre el vino; que si a los otros les gustan más los vinos con sabor a fruta y a secundarios, etc. A mí, qué queréis que os diga, me gusta el vino que sepa a vino, eso primero. En segundo lugar, y cada vez más, me gusta el vino que sepa a algo específico (fruta, territorio) del lugar del que procede. En tercer lugar, y aquí generalizar es peligroso (porque hay vinos que pueden ser tomados perfectamente solos), me gustan los vinos que sirven para acompañar la comida. Y en cuarto, pero no último lugar, y aunque pueda parecer paradójico, me gustan los vinos que me dan placer. Me estoy amoldando, cada vez más, al Código Theise. Y puede que no sea muy correcto o que esté opinando contracorriente, pero Flor de Pingus 2004 me pareció un vino muy fiel a una imagen y a una marca y a un concepto muy internacional de la calidad, pero muy poco representativo del territorio y de la fruta del que nace. Como vino, además, me dio poco placer. Seguro que dentro de tres años, si vuelvo a probar este 2004, cambio de opinión. Su precio en tienda, me parece, directamente, un atropello. En cambio, Costaval crianza 2004, me supo de entrada a la uva que lo hace, me olió a vino y los aromas que convierten al mosto en vino, acompañó de fábula la comida con que lo tomé (un sencillísimo pollo marinado y hecho a la plancha, con sal gorda y orégano) y me dio bastante más placer, como vino sin apellidos ni adjetivos, que el primero. A 10 euros la botella, qué queréis que os diga...

La foto del Pingus es de Tintoyblanco. La de la tempranillo, es de Turismo de la Rioja.

28 abril, 2008

Vertical de Elisabet Raventós


Este cava, que empezó casi en silencio en el mercado con un millésime 1999, se ha convertido en uno de los buques-insignia de Raventós i Blanc. Está hecho de uvas procedentes de un mismo viñedo, con más de 30 años, ("Viña del Lago": exposición suroeste, con suelos pedregosos y pobres, en competencia con las raíces de un pinar cercano), con una mayoritaria charelo, una presencia muy apreciable de chardonnay (30%) en el ensamblaje y mínima monastrell (10%). Un ensamblaje poco habitual y que funciona a la perfección. Seis meses con sus lías finas tras la fermentación alcohólica en acero y cuatro años de crianza mínimos (ahora acaba de salir al mercado su añada 2002) en rima, con fecha de degüelle para elegir el momento óptimo de degustación (incluso con degüelle bajo pedido, si stock quedara en bodega!), ofrecen un panorama muy poco habitual en el mundo cavístico. Si se le añade el precio al que sale (ronda los 12-14 euros), la oferta se antoja insuperable. Lo comentaba Calamar, lo ratificaban en otra nota de cata Sobre Vino y algunos amigos de Verema y lo apuntaba también un servidor hace cierto tiempo: éste es un cava de referencia que ofrece mucho por un precio moderado. Sería una verdadera pena si se confirmara lo que me comentaban en una de mis tiendas habituales, cuando intenté en vano adquirir un par de botellas hace apenas una semana: la marca va a desaparecer en beneficio de otras referencias de la casa. Que se lo piensen mucho, me atreviría a decir, porque está dejando huella este trabajo, realmente bien hecho.

Todo esto viene a cuento porque el otro día, uno de los socios de Vinialia propuso a un grupo de amigos, un ejercicio interesante e inédito (hasta donde yo sé). Por lo demás, casi irrepetible, dadas las "inexistencias" del cava en bodega: una cata vertical, a ciegas, de todas las añadas de Elisabet Raventós en el mercado, de 1999 a 2002. Aunque no todos tuvieron claro que se tratara de cuatro botellas de cava (había un quinto cava, directamente una "trampa" y 1999 es bastante "francés"), sí quedaba claro que una misma línea podía trazarse para describir lo que probábamos (salvando, por supuesto, un TCA discreto pero persistente, que asomó en la botella del 2000; para mi suerte, había tomado ya algunas otras botellas de esa añada y pude suplir la carencia): una burbuja finísima y delicada en todas las añadas, que sube armónica a la superfície y forma coronas casi perfectas; un amarillo pajizo de intensidad media (sin duda matizado por el envejecimiento, pero no mucho: me atrevo a decir que de 1999 a 2002 el tono era bastante homogéneo), unos discretos aromas de flor de tilo, de mieles, de fruta escarchada sobre roscón de Reyes y de bollería vienesa, junto con un paso por boca cremoso, sabroso y persistente (con regalos, de nuevo, de fruta escarchada y de la convivencia con las lías; buena y nada ofensiva acidez), forman ese esqueleto común a todas las añadas. 1999 fue considerada por todos (¡¡¡es un cava de larga crianza!!!) como el mejor de la cata y le siguió algo más lejos 2001. 2002, que había probado hacía poco en Tarragona será, en mi opinión, una gran añada con tres años más de reposo (si se le deja y se encuentran botellas) y 2001 no le andará a la zaga a 1999. Una ocasión, a la vista de lo que conocemos ahora, casi histórica la que disfrutamos gracias a nuestro amigo, que me ratificó en la impresión que siempre me ha producido este cava: un producto "mestizo" en el real sentido de la palabra, que ofrece la mejor tradición catalana (la charelo, la tierra, el viento del Penedès) junto con vibrantes pinceladas de la Champaña (la chardonnay, el envejecimiento, la fecha de añada...). Un solo deseo: que no se pierda la referencia, por favor.

La foto de la chardonnay es de Liblizblog. La foto de las botellas es de Polakia.

26 abril, 2008

Coto de Hayas rosado 2007


Probablemente una de las mayores empresas de la DO Campo de Borja sea Bodegas Aragonesas, sita en Fuendejalón y con 3500 Ha de viñedos bajo su control. Ahí es nada. Marcas y productos tiene un montón y quizás su mayor reconocimiento venga de las garnachas de Coto de Hayas y de Fagus, algunas de las cuales he tomado con placer en otras ocasiones. Pero hoy me he fijado en su vino quizás más humilde (2,5 euros la botella en las tiendas habituales), su rosado de añada, 2007 en mi caso. Se trata de un vino hecho con garnacha, tempranillo y cabernet sauvignon, en que no se especifican las proporciones. Las uvas no se tratan por separado, todas las variedades juntas maceran seis horas y después, por sangrado, se obtiene el mosto. La fermentación se hace en inoxidable a temperatura controlada de 18ºC.

El vino presenta un atractivo color de fresa a medio madurar, con aromas a fresas del bosque, a la piel de la uva y a sus pepitas. En boca no funciona tan bien como a la vista o en olfato, sobresale su acidez y ésta se adhiere bastante a los laterales de la lengua. Es agradable pero le falta algo de volumen. Al cabo de un rato te devuelve recuerdos de caramelo de fresa ácida o a mermelada de fresa ácida sobre un fondo de yogurt. Sin dudarlo, diría que se trata de un vino correcto, bueno para ser tomado sobre los 9-10ºC, por ejemplo con una pizza. Su mayor virtud, de eso tampoco tengo dudas, es su precio en relación con su calidad.

23 abril, 2008

Sant Jordi de 2008 y la nota 500


Hoy, como cada año, es un día muy especial para quienes amamos la lectura y los libros. Olvidemos críticas facilonas sobre la visión comercial de la jornada y quedémonos con que es el día del año en que, ya casi en todo el mundo, se celebra la pasión por el libro y por el amor. Los unos reciben libros, las otras rosas (o según corresponda a la variedad de cada pareja, vaya) y todos andamos, felices y contentos, husmeando por las paradas de libros, comentando esto y aquello con los vendedores, encontrando amigos, disfrutanto de un día único de inicios de primavera. Los vencejos han llegado a Barcelona hace muy pocos días y revolucionan, ya desde primera hora, el cielo de la ciudad. Andan atareados reencontrando nidos, confirmando parejas y citándose, también ellos, para el próximo apareamiento. Más o menos como sus vecinos, los humanos: atareados quedando los unos con los otros, citándonos para comer o para cenar, confirmando compromisos, reafirmando parejas y obsequiándonos con un día muy especial. Me gusta mucho Sant Jordi y creo que con la celebración del solsticio de verano (lo celebramos la noche de Sant Joan) es mi día preferido del año. Mi cabeza se va a los amigos y parientes que se llaman Jordi, a quienes felicito de todo corazón. A mi cuñado, que con suma discreción me ha ayudado a apreciar y amar el arte de la fotografía y de las cosas bien hechas; a Jordi Melendo, que me transmite cada día más pasión y conocimiento por el mundo fascinante del vino espumoso. No les llamaré (no suelo hacerlo), pero saben, desde aquí, que pienso en ellos. Mi cabeza se va, también, hacia aquellos amigos que amaban los libros y no podrán disfrutar con nosotros de esta jornada.

Sobre todo se va a Isabel, que gozaba, desde Santillana, de este día en todo el mundo, y a quienes trabajaban con ella, por difundir la pasión por la lectura desde ese potentísimo altavoz, a Emiliano, a Iñaki, a Joaquín, a Carlos, a todos ellos, mis felicitaciones y mi ánimo a seguir trabajando por el libro y la letra impresa, aún sin Isabel. Mi cabeza se va, en fin, hacia NYC y Santo Domingo, donde mi amigo Manuel Camblor y su familia están a punto de iniciar una nueva y grandiosa aventura vital: que os vaya tan bien, en la nueva casa, como os merecéis. Por todos ellos, por los presentes y por los ausentes, por los buenos deseos y por las celebraciones, en esta tierra siempre hacemos lo mismo, levantamos una copa de buen cava y brindamos. Con un Celler Batlle de Gramona, reserva 1999, la última añada en el mercado del, para mi gusto, mejor cava de crianza catalán, lo hice yo anoche. Mayoritaria charelo, minoritaria macabeo, para un crianza de siete años mínimos, que conviene tomar sobre los 10ºC. Abres la botella media hora antes de la degustación y se llena la estancia de aromas vínicos: caso único, diría. Perlaje finísimo y muy activo, desde el fondo de la copa hasta la corona central. Aromas de madera delicada, de vainilla, de hinojo y anís estrellado, de hierbas aromáticas (maría luisa), de levadura de París, de fruta madura de carne blanca. Suave y delicado en boca, de extrema cremosidad y casi untuosidad, pero con la potencia y el alma del auténtico vino base que reposa en su corazón. Es un gran vino de cava, si se me permite la expresión. Posgusto de avellana tostada y de manzana madura, con unas horas de reposo con botella abierta y bien conservada, gana en cuerpo y muchos enteros en boca. Alcé la copa, brindé por todos y por todo y, ya hoy, escribo esta nota y os deseo un bonito día de Sant Jordi. Aunque no sea vuestra tradición, salid y comprad libros y rosas y si podéis, brindad con un buen cava o vino espumoso por el bienestar de los vuestros. ¡Salud!

POSTSCRIPTUM. Acabo de darme cuenta de que ésta es la entrada número 500 de mi cuaderno de anotaciones sobre vinos y comidas. Absoluta coincidencia que lo haya publicado, además, por Sant Jordi porque ayer por la noche ni sabía que esta mañana lo escribiría. Pero me alegra, la verdad: uno de mis objetivos en este cuaderno es intentar ofrecer buenos momentos de lectura, apuntes de crónica apasionada, de mis vinos y comidas. Que lo consiga o no, corresponde a vosotros decirlo, no a mí. Pero me gusta que la entrada 500 coincida con el día por excelencia dedicado a la lectura y a los libros.

La foto de la rosa By Chesil.

21 abril, 2008

Vino y poesía en suelo itálico


El otro dia realizamos una experiencia inédita en la Enoteca d'Italia. Alberto y Leo seleccionaron cuatro de sus mejores vinos tintos y me pidieron que los explicara junto con algunas poesías latinas. Se trataba de intentar encontrar nexos entre éstas y aquellos. Yo tenía claro que el contenido intrínseco de la poesía no podría servir para explicar las características del vino (demasiados siglos de distancia, demasiados cambios en las técnicas de vinificación del siglo I a.C. al XXI d.C.), así es que me decanté descaradamente hacia la metáfora. 10 sufridos y atentos degustadores se sentaron a la mesa y escucharon (espero que con provecho: yo no estaba muy seguro de lo que había preparado), por ejemplo, cómo el Hofstätter Barthenau (pinot nero, Alto Adige) 2003, podía beberse junto a una lectura de Catulo, 13. ¿Por qué? Porque el sufrido enamorado de Verona dedica su poesía a Lesbia (hasta aquí ninguna novedad), pero lo hace sublimando todo su sentimiento en el aroma delicioso que exhala su amor. Un perfume, muy suave y elegante, que puede ser comparado con el mejor de los vinos puros, convierte al amigo de Catulo, Fábulo (coprotagonista del poema), todo él en una nariz.

Es el perfume de su amada el que desencadena la metamorfosis de Fábulo. Exactamente lo mismo me pasó la primera vez que acerqué mi nariz al Barthenau de Martin Foradori: un viñedo privilegiado e histórico, el de Sant'Urbano (en Mazon), cepas de 60 años en muchos casos, una pinot noir asentada desde hace mucho en el Alto Adige y un sistema de vinificación que da tanta importancia a la fermentación como al afinamiento del vino (y, lo más importante: tanto tiempo en barrica francesa, un año, como del contenido de todas las barricas juntas en un gran tino, otro año), dan como resultado un vinazo espectacular. Este 2003 empieza a estar pletórico, sinónimo aquí, no de robustez o de explosión de fragancias, sino de sutileza, de gran finura, de un color y capas rubí medio, con especias, con guindas, con taninos medios y delicados, con canela, con una paleta de aromas que no hace sino afirmarse con los años, pero hacia la comunicación en susurros. La misma, en efecto, que Catulo pretendió con Lesbia para una noche que él quiso eterna.

Siguieron otros dos grandes vinos. El Tenuta San Leonardo (San Leonardo IGT) 2001, que es la mejor expresión itálica del modo de hacer bordelés (más que del Medoc, en mi opinión de Graves: 60% cabernet sauvignon, 30 cabernet franc, resto merlot), explicado junto a la sublimación del epicureísmo en Roma, Horacio, Carm., 1, 11 (un vino muy mineral, con abundante pimiento verde asado, carne cruda y taninos más secantes para el famoso "recoje los frutos del día" de Horacio). Y el Roberto Sarotto, Barolo Audace DOCG 2000: expresión de la fruta muy madura, abundante presencia de terciarios en nariz y en boca y menos frescor y sutileza de lo habitual, para otro Horacio, Carm., 2, 19, un texto que define a la perfeccción el papel de mediador que tiene el poeta con los dioses: es aquél quien transmite el mensaje de estos a los hombres. ¿Cómo lo hace? ¡Pues Baco y el vino son sus principales ayudantes!

La sesión terminó de forma tan brillante (¡no por mí, sino por el vino!) como había empezado: con el Amarone della Valpolicella classico DOC 1999 de Bertani. Este vino ha cosechado tantos éxitos, se encuentra en un punto tan ideal de consumo, pero tiene, además, un potencial de guarda tan increíble, que la bodega ha decidido dejar de comercializar por un tiempo el stock que tiene y permitir que siga evolucionando. Así es que si podéis comprar una botella, no lo dudéis, por favor. Corvina veronese, rondinella y molinara han pasificado durante cuatro meses, han sublimado su mosto y han hecho una fermentación larguísima (sobre los 40 días), que se ha comido todo el azúcar de un vino que nació con alma de dulce, pero que se ha convertido en seco (menos de 4 gr de azúcar residual /L), en un principio casi por error. Eso es lo que confiere singularidad absoluta y belleza a este vino: aromas de cereza madura (casi recuerda la coca de cerezas de Tarragona), de caramelo, de vainilla, junto con especias y trufa blanca, te desbordan en boca, con un tacto muy amable, suave, casi de terciopelo, pero al mismo tiempo lleno de personalidad y de taninos persistentes. Una experiencia única (más ahora, en que encontrar una botella será tema complicado). Fue saboreado con una poesía funeraria (CLE 1318). No podía ser de otra forma: el anciano Primus nos explica, desde su tumba en Osta antica, que "he vivido a base de ostras y de tomar los mejores vinos de Falerno; y tomar los baños, beber vino y hacer el amor han envejecido conmigo a lo largo de los años". ¿Se puede uno imaginar mejor consejo a la hora de tomar una copa de este amarone excepcional y finalizar una velada tan especial?

20 abril, 2008

Vuelvo contento


Vuelvo muy contento de un día de trabajo en Zaragoza: el Ebro baja crecido, los ánimos de la ciudad están por las nubes (contentos con la inminencia de la Expo) y zarandajas de punciones aparte (no hablemos de trasvases, ¡por favor!), pasé muy buenas horas de trabajo y de compañía. Con unos queridos amigos, nos zampamos un par de botellas de parraleta de Ballabriga, el básico, y en el fragor de la conversación (y de la admiración por una actriz que rondaba por el local, apellidada Dueñas, y a la que mareaban no menos de cinco zánganos) salieron varios consejos más. Así es que antes de tomar el AVE, se convirtió casi en cuestión urgente encontrar una tienda bien surtida de vinos de la tierra. Y será que en esto de los caminos que me proporciona el vino tengo yo suerte, porque sin buscarlo y tras salir de una visita familiar, me topo casi de bruces con esta tienda, inaugurada hace bien poco: Vinoteca Latorre (muy cerca de la Gran Vía) es la punta de lanza de la Asociación de Bodegas y Vinos Selectos, y tienen una cuidada selección de vinos de Aragón (y de otros lugares, por supuesto), que es lo que a mí me interesa en Zaragoza.

Mariví me atendió de maravilla, dimos un buen repaso a la bodega, estuve atento a sus consejos y, además, pude comprar alguna de las cosas que me habían comentado. Resultado: para el tren con una pequeña pero maravillosa cajita, que hará las delicias de unos cuantos próximamente: EVOHÉ 2006, Vino de la Tierra del Bajo Aragón (garnacha de viñas viejas), del que todos me dicen maravillas; MURERO 2004 (también monovarietal de garnachas viejísimas), Vino de la Tierra de la Ribera del Jiloca; y PARRALETA EMOCIÓN 2005 (monovarietal de parraleta), de Bodegas Ballabriga, en la DO Somontano. Pues eso: que algunos necesitamos poco para sentirnos felices. Y si rondáis por Zaragoza, ya sabéis donde ir a comprar buenos vinos.

17 abril, 2008

Tobelos 2004


En la DOC Rioja se ubica este proyecto nuevo pero que goza del privilegio de viñedos ya maduros en terrenos de prestigio: La Encina, Bodegas y Viñedos. La bodega se encuentra en Briñas, pueblo de gran tradición vitivinícola, y las uvas proceden de cepas plantadas en las faldas de la Sierra Cantabria, entre Briñas, Haro y San Vicente de Sonsierra. Los propietarios, entusiastas y apegados a su tierra, me han hablado no poco del proyecto y en los últimos tiempos me han mandado alguna muestra de su quehacer. He querido empezar escribiendo sobre lo que para algunos quizás sea la parte más baja de su gama: sobre las cosas pequeñas bien hechas se construyen las grandes, pienso yo. Y si el vino más "sencillo" de la casa funciona, vamos bien. Si no, no hace falta ya seguir. Y este Tobelos 2004, de añada excelente, funciona a la perfección, vaya.

Hecho como monovarietal de tempranillo de cepas de 25 años, vendimiado en la primera quincena de octubre, seleccionado en cinta y despalillado, el mosto fermenta durante ocho días a razón de dos remontes diarios, y macera con los hollejos el vino durante 22 días más. La maloláctica la hace Tobelos en una mezcla de barricas de roble francés, americano de los Apalaches y centroeuropeo, durante 13 meses, con trasiegos cada 4 meses. Las barricas tienen una vida en bodega de cuatro años, con lo que el vino final no es afinado nunca al 100% en barrica nueva. Con 13%, yo me lo tomé sobre los 16ºC. De capa media sin más (se ve a la perfección el mantel a través de la copa), el vino es de un atractivo color picota a medio madurar. Tiene un poderío notable de aromas secundarios a primer golpe de nariz (fermentación, levaduras, lácticos) que a mí me atrae (me encanta el olor de una bodega en plena fermentación del mosto). Especias (pimienta roja) y aromas de ciruela pasa madura y de guindas en alcohol preceden a un paso por boca ágil, fino, con taninos pequeños pero sabrosos. Buen posgusto en que la madera apenas se nota: estructura ligera, y moras maduras al final, con cerezas y cereales. Un 2004 perfecto, con mucha fruta, vivo y la expresión de la levadura a flor de piel. Por apenas 10 euros me parece una buena y renovada apuesta en la Rioja de toda la vida.

15 abril, 2008

Gobe 2005


Ésta es una historia triste, aunque me gustaría pensar que ha tenido un final "feliz". Suelo ir con frecuencia, por temas que no vienen al caso, a Tarragona, ciudad que amo y en la que he pasado siempre buenos momentos, por supuesto también enogastronómicos. La tienda de vinos y comestibles envasados que me inspira más confianza es Clap de Ceps, de Xavi Fortuny, en la C/ Mercería (que va de la plaza del Fòrum a la escalinata de la catedral, en la zona alta y vieja de la ciudad). Xavi atiende con cuidado pero sin empalago, le gusta repasar sus botellas contigo, comentar peculiaridades, ponderar novedades. Está al día, conoce muy bien todo lo que se hace en la demarcación y, además, se está abriendo a otras zonas del mundo: asoman ya vinos franceses, alemanes, algún suramericano y está estudiando el tema de los italianos. Xavi me contó esta historia, de la que no pedí detalles. Me quedé "tan sólo" con su esencia, ante la botella que me mostraba (la de la foto).

Gobe era el sobrenombre de un joven viticultor de Marçà (DO Montsant) y su ilusión eran las cepas que había comprado y el vino que quería hacer con ellas. Gobe murió en un accidente y sus amigos, grandezas de este mundo del vino que se muestra casi siempre solidario y amable, decidieron que ese vino saldría al mercado y llevaría el nombre de su impulsor. La vid y su vino representan el ciclo de la naturaleza, que nunca muere. A una primavera sigue el verano, al verano la vendimia y tras la vendimia, el mosto. Con el invierno y el vino ya reposando en las barricas, el campo duerme (la nieve sobre él, la muerte) para volver con renovadas fuerzas a la siguiente primavera. Este vino hace que el recuerdo de Gobe nunca muera, pero además, es un vino que merece un comentario porque se bebe con placer. Con un 70% de garnacha y un 30% de cariñena (¡la siguiente cosecha se prevé como monovarietal de garnacha!), el vino llega con 13,5% y conviene tomarlo sobre los 15-16ºC. Es de capa media-alta, color de la picota bastante madura y huele a fruta roja madura (entre la grosella y la mora), con toques de levadura (pastelería) y paso de gran personalidad en boca: fuerte pero con taninos suaves y bastante redondos. Es de trago fácil y agradable y asoman, en posgusto, recuerdos de pan y de orégano. Con un poco de aireación y temperatura, te regala con aires de clavo de olor y de grosella negra. Yo lo bebí y pensé, como reza la contraetiqueta, que tomarlo es darle sentido, es hacer que ésta historia tan triste tenga un final casi feliz.

Por cierto, no dejéis de pasar por Clap de Ceps, si estáis en Tarragona: saldréis con un buen rato de conversación y algún vino interesante. No tengo la menor duda.


Este vino es embotellado por "Amics de Gobe, S.L.", en C/ Bassa, 10. 43775 Marçà. Telf. 639709133. Info@amicsdelgobe.com.

14 abril, 2008

32 Challenge international du Vin










He tenido la fortuna de pasar dos días estupendos en Bourg-sur-Gironde, villa capital de la AOC Cote de Bourg. Situada en un enclave de privilegio (en la foto By misuk), sobre el estuario de la Gironde, Bourg vive quizás un cierto momento de decadencia (poca actividad noté en sus calles, pocos comercios), paliada no sólo por el trabajo de sus empresas vitivinícolas (en esta zona, los ensamblajes son dominados por la merlot, seguida por la cabernet sauvignon y, en menor medida, por la cabernet franc y la malbec), sino sobre todo por que en la villa se celebra cada año el concurso de vinos de mayor tradición en Francia: el Challenge international du Vin.

El concurso va ya por su 32 edición y tiene como objetivo fundamental descubrir "nuevos talentos", más que consagrar aquello que todos ya conocemos. Más de 5000 muestras procedentes de 30 países de todo el mundo, más de 200 degustadores oficiales de 40 países y una distribución y organización de muestras y de jurados que garantizan por completo la buena degustación y el absoluto anonimato, ofrecen garantía de rigor y de trabajo muy bien organizado. De sus jurados, divididos en grupos de cuatro y dedicados a tipos específicos de vino (todos tienen cabida en el concurso pero no todos los jurados catan de todo), se pide absoluta discreción a la hora de catar las muestras, que rellenen con cuidado una meditada ficha de cata (de la que, en mi opinión, sólo faltaría una columna dedicada al aspecto visual del vino) y, lo más divertido e interesante para mí, que al final comenten entre sí sus impresiones y consensuen una ficha común del jurado para cada vino. Especial atención y recata hay que poner en aquellos vinos que se proponen para medalla.

De los jurados forman parte profesionales del mundo del vino, bodegueros, enólogos, viticultores, propietarios y lo que los franceses llaman (qué fantástico es este idioma) "amateurs éclairés": gente que no vive del vino pero que se ha formado en él y tiene experiencia contrastada de cata. La selección es rigurosa y, además, complementaria: de cada jurado (cuatro personas), tres tiene que ser profesionales y, como mucho, uno amateur. Yo había conocido a los organizadores del Challenge en Italia, me dijeron que por qué no me apuntaba y claro, en esto del vino ¡¡¡poco pretexto necesito!!! Para Bourg que me fui. Fue una gozada compartir mesa y cata con el enólogo de la Cámara de comercio de Bourg y Blaye, con el jefe de viñas de una bodega de la Montagne-St.Emilion (el mayor de los satélites de St.Emilion) y con un catedrático de biología (dedicado al vino) de la Universidad de Burdeos (de derecha a izquierda). Catamos sobre todo Côtes-du-Rhone (blancos y tintos), nos gustó mucho un Vire-Clesse y dimos algunas medallas a vinos que no sé cómo se llaman (no me pude quedar a la entrega de medallas). Me encantó el ambiente de mezcla absoluta de gentes de todo tipo unidas por su amor por el vino, me gustó mucho el libre intercambio de opiniones y me sorprendió muy agradablemente ver a un montón de viticultores (se les nota a la legua: ¡¡¡están morenos y tienen una cara de salud!!!) participando como jurados. Había también no pocos profesionales españoles (de la Rioja, de Ribera) aportando sus saberes y experiencia al asunto. Yo me lo pasé de primera, aprendí un montón de la cata con mis colegas, conocí a fondo la zona de Côte de Bourg y a la vuelta me di un paseo por los Pirineos franceses (de Touluse a Foix, de allí a Ax-les-Thermes, Puymorens, la Tour de Carol y Bourg-Madame y de allí al tunel del Cadí) que me dejó el ánimo tranquilo y satisfecho para afrontar una dura semana. Que me quiten lo "bailao"...

11 abril, 2008

IEC # 9: armonías



Olaf ha tenido la buena idea, en su convocatoria de IEC #9 Maridajes, de provocar la imaginación de los participantes a la búsqueda de nuevas proporciones, maridajes, armonías. De todas las posibles definiciones del concepto, yo me quedo con la palabra griega y con ésta: "3. f. Conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras." Tentado estuve de proponer una proporción que me ronda en la cabeza entre las formas de una escultura y las de un vino, pero se cruzó en mi camino una armonía inesperada y no tuve dudas. Para IEC # 9 ésta era la que me apetecía proponer. La otra, que espere su turno.

La que hoy propongo no es mérito mío y los parroquianos en Chiclana de Bodega Sanatorio (Manuel Aragón, S.L.) sabrán bien de qué les hablo. Para mí fue novedad absoluta y me llegó al corazón del paladar en pocos segundos. La propusieron, aún sin saberlo, Diego y Chano Aragón en la cata que hicimos en su bodega y es una de las habituales, junto con otras chazinas, buenas aceitunas y almendras, en su repertorio: ellos sacan, para acompañar a su fino Granero las mejores morcilla y butifarra chiclaneras (foto superior). Para quien no esté avezado al tema, hay que decir que, de siempre, Chiclana ha sido famosa por sus derivados del cerdo, por sus carnes y por sus verduras (ahí está la extraordinaria Berza de Resurección como muestra) y yo, que del cerdo bebo hasta sus andares y no había probado jamás estos embutidos, me quedé literalmente encantado.


Las mejores carnes, sus grasas, sus especias, embutidas y cocidas en tripa limpia, con o sin sangre, curadas y cortadas a rodajas sin freir, dan como resultado un embutido finísimo, delicado, en que sobresale la limpieza del sabor de la carne y la delicadeza y casi dulzor del combinado de especias que acompaña, con el comino y la sutil pimienta de aliados. Tuve la ventaja de que la variedad de vinos de crianza biológica y oxidativa de los Aragón seguía en la mesa mientras íbamos tomando el embutido. Y amigos, con el fino y el fino amontillado la cosa estaba rica, sin duda, pero cuando uní, en casi áurea proporción en mi paladar, la butifarra de Chiclana con el oloroso de la muestra del tonel (que comercializan con el nombre de Oloroso Tío Alejandro), la armonía echó casi chispas: la ligera untuosidad de este oloroso, el buen pero no excesivo grosor en boca, iban acompañados de un carácter ligeramente abocado que se complementaba a la perfección con la finura y dulzor de la butifarra. Dos dulzores que corrían casi en paralelo pero acababan cruzándose en un instante mágico en que uno, el del oloroso, potenciaba y realzaba en boca al otro, el del embutido. Dos finuras, además, la de la palomino tratada con mimo en soleras de muchos años, y la de la carne del cerdo chiclanero, que armonizaban a la perfección y se ofrecían, la una a la otra, nuevas, desconocidas (¡para mí!) y muy convenientes proporciones. ¿Chiclana pura en vías de extinción? Chiclana pura que hay que reencontrar, preservar, reconocer y potenciar.

09 abril, 2008

Brunellopoli


Con esta palabreja, quiero recordar que Italia es un país que vive en una zozobra casi permanente. Uno diría casi que Italia, a la que todos sabéis que llevo en el corazón, sobrevive a pesar de sus políticos y de no pocos empresarios ligados a Dios sabe qué oscuros intereses. Hace años los escándalos relacionados con el pago de comisiones para realizar obras públicas o para conseguir contratos con el estado o las regiones autónomas, hicieron añicos la credibilidad del sistema público. Todos tenemos ejemplos en la cabeza sobre sucesos de este tipo, ciertamente no sólo en Italia. Todo esto viene a cuento porque quienes amamos a este país, a sus gentes, a su cultura y, claro, también a sus vinos, no salimos de la consternación y del asombro por lo que se ha bautizado ya como "Brunellopoli". Franco Ziliani, en una serie importante de artículos aparecida en los últimos días en su blog, pero también otros colegas italianos (Aristide, Roberto Giuliani, VinoPigro entre los más destacados) o americanos, han reflexionado y puesto encima de la mesa, el escándalo destapado por L'Espresso. Dicho en pocas palabras: el reglamento de la DOCG Brunello di Montalcino dice con meridiana claridad, entre otras cosas, que este vino sólo puede aparecer con este nombre como monovarietal de Sangiovese,

mientras que algunas de las más importantes bodegas de la DOCG fueron "pilladas" con variedades no permitidas en un producto final que NO puede ser un ensamblaje. No existen ensamblajes (léase "coupages") en la DOCG Brunello di Montalcino, por decirlo claro. Podéis preguntaros sin más que qué importancia tiene esto. Y yo os contestaré que ninguna, siempre que se respeten las reglas del juego. Si una bodega de Montalcino quiere poner merlot o cabernet sauvignon a su sangiovese, que se salga de la DOCG Brunello di Montalcino y venda su vino bajo otra etiqueta. Lo grave para mí es que, una vez más, se está defraudando al consumidor que compra algo en la confianza de que no se le engaña, cuando la realidad es bien otra. Franco y Roberto dan, en mi opinión, en el clavo. Lo que se está persiguiendo es montar un escándalo público que permita argumentar una modificación del reglamento de la DOCG. La particularidad de la sangiovese y del Brunello di Montalcino es que depende, y mucho, del terruño donde se cultiva y de la habilidad del viticultor y del enólogo. Es la uva más plantada en Italia (un 11% de los viñedos) y conseguir darle un toque distintivo a base de monovarietal no es sencillo. ¿Estrategia? Se monta un gran escándalo público a base de falsificaciones pilladas in fraganti, se airea convenientemente justo antes (¡qué casualidad!) de Vinitaly (la feria más importante del vino en Italia) y los voceros de turno (ya desenmascarados por Franco) salen de inmediato para defender que el camino es cambiar el reglamento y permitir la presencia de otras cepas en los vinos de la DOCG. Es evidente que no quieren perder el nombre de la marca y del prestigio del Brunello di Montalcino. ¡Pero lo quieren para vender vinos que no son Brunello di Montalcino! En mi opinión, éste es el camino más equivocado posible. Es el camino, sin más, que lleva (Roberto dixit) a la aparición de la DO Italia. Un puro desastre para un país que se puede enorgullecer de haber sabido preservar más variedades de uva auctóctonas que ningún otro en el mundo.

08 abril, 2008

Foradori Granato 2003 y 2004



El Manifesto representa la base del trabajo y del sentir de Terry Theise, enófilo austríaco, y de sus memorables Estate Selections para Michael Skurnik Wines. Me parece que es muy pertinente para describiros los vinos de Elisabetta Foradori. 1. La belleza importa más que el impacto. 2. La armonía importa más que la intensidad. 3. El conjunto de un vino ha de ser siempre más que la suma de sus partes. 4. El rasgo distintivo importa más que la atracción convencional. 5. El alma de un vino importa más que cualquier otra cosa, y el alma la expresa una trinidad formada por familia, terruño y trabajo artesano.

Foradori basa todo su trabajo en una variedad de uva exclusiva del Campo Rotaliano, bañado por el río Noce, la teroldego. Sus vinos tintos proceden de apenas 10 Ha plantadas (densidad de plantación de 6000 cepas por Ha) en la capital de la zona, Mezzolombardo y en pueblos vecinos. Foradori ha creído en el potencial de esta uva y la ha mimado al máximo. Selección de los mejores fenotipos rotalianos, biodiversidad en el viñedo, suelos de cascajo y guijarro, recubiertos de los depósitos arenosos del Noce, baja producción. Mis notas proceden de dos botellas, un 2003 y un 2004, del Granato, el vino de gama alta de la casa, en cuyas añadas no aprecié mayores diferencias. Se trata de un vino que fermenta según el sistema tradicional en grandes tinos de roble abiertos y hace la maloláctica en barricas también de roble, de las que un 30% es por lo menos de segundo año.



Capa media alta para un vino que tiene el color del fruto del granado maduro. Aromas de mora en sazón, vegetales de zarza y compota de frutos negros del bosque. Aires de profunda mineralidad, de tierra mojada y taninos muy finos, muy redondos. Su paso por boca seduce y llama la atención pero sin estridencias, con suavidad. Aquello que más impresiona, con todo, es su final y su posgusto, persistente, muy largo. Cuando pensaba, tras haber tenido la fortuna de conocer a Elisabetta en Can Ràfols dels Caus y de haber podido charlar con ella, cómo definir su pasión por su tierra y sus viñedos y su acierto con la teroldego, me vino a la cabeza el Manifesto de Theise y pensé: su vino es armónico y te habla sin estridencias, su vino quiere ser expresión pura de la teroldego y del Campo Rotaliano, sus cepas no sufren alteraciones químicas en el viñedo y su vino no recibe "afeites" en la bodega, su vino es puro teroldego, su vino es trinitario, sin más. Su vino es, para mí, un "vino Theise". Foradori lo distribuye en España Vinialia.

06 abril, 2008

Medusa en la Enoteca d'Italia


El próximo jueves 10 de abril vamos a perpetrar Alberto y Leo, de la Enoteca d'Italia, y un servidor, una nueva aventura. Se trata, a partir de las 21 horas en la sede de la Enoteca, de que abramos y sirvamos a quienes quieran acompañarnos, cuatro de los vinos más imponentes que ellos distribuyen: de Hofstätter, Barthenau Pinot Nero (Alto Adige DOC) 2003; de Tenuta San Leonardo (San Leonardo IGT) 2001; de Roberto Sarotto, Barolo Audace (DOCG) 2000 y de Bertani, Amarone della Valpolicella Classico (DOC) 1999. Ellos han seleccionado los vinos. A mí me tocará, gozoso trabajo, comentarlos, hablar de sus características, variedades de vino, vinificaciones, y beberlos juntos. Hasta aquí, lo habitual. La novedad es que hemos decidido que cada vino vaya "acompañado" de un poema en latín. Una de mis aberraciones, persistente a lo largo de los años, es mi pasión por la poesía latina clásica. Así es que he decidido acompañarme de dos de los grandes amantes del vino en la Antigüedad romana, Horacio y Marcial, que, vayan a saber ustedes por qué, fueron también dos amantes de la vida sana y del buen comer. Comentaré los cuatro vinos al tiempo que traduzco y comento (¡brevemente, lo prometo!) cuatro poemas de estos dos amigos míos. Ya sabéis: si queréis acompañarnos en esta nueva aventura y comprobar si esta Medusa en que me estoy convirtiendo acaba (o no) bajo la espada de Teseo, creo que todavía tenéis la posibilidad de apuntaros.


















Foto de la estatua de Teseo y la Medusa descabezada de Canova By Mrjennings en Flickr.

04 abril, 2008

Camarón en la Venta de Vargas



La Venta de Vargas (en la plaza de Juan Vargas, s/n, telf. 956881622) es uno de los restaurantes más tradicionales de San Fernando. Trabajan sólo productos de la tierra, de Chiclana, de Estero, de Sanlúcar, de La Isla, de Cádiz...El lugar es conocido por el disco de Camarón, por supuesto, pero a mí me gustaría destacar que se trabaja allí desde 1924 y que merece la pena echar un ratillo, bien en la barra, bien en las mesas, para disfrutar lo que me parecieron a mí sus dos productos estrella: las tortillitas de camarones y el tocino de cielo. Había berza también, pero quedó ya para otra ocasión. Sobre las primeras, y habiendo dejado ya atrás la harina de garbanzo, destacaría su textura sabrosa y el buen camarón de la Isla que llevan, aunque quizás les sobre un poco de aceite. Del segundo, que es el postre estrella de mi cuerpo, nada puedo decir: mirad la fotografía, que habla por sí sola. El mejor tocino de cielo que he probado jamás en Andalucía. Y habré comido...



02 abril, 2008

La Bota de Amontillado


El Equipo Navazos sigue dando grandes alegrías a los buenos aficionados. Recorren aquello que les es más natural, familiar y conocido, prueban, reprueban, seleccionan y embotellan con la complicidad de las bodegas elegidas y acaban sacando al mercado ediciones limitadísimas de auténticas maravillas.
En esta ocasión, y a la vuelta del viaje al Marco de Jerez, una de mis botellas de la serie La Bota de..., la n.9, me estaba llamando a gritos. Había probado amontillados muy interesantes, pero de perfiles bien distintos (Coliseo, por una parte, de Valdespino, en Jerez, pero sanluqueño; El Neto, por la otra, de Bodega Sanatorio, chiclanero: ambos de muestras de bota), y me había desayunado con la trágica muerte de una joven cocinera, Judith Oliveras. Tocaba rehacer mi mapa emocional y mi pacto con el destino y nada mejor para ello que una comida sencilla pero con ingredientes de primera clase. Este amontillado (en este caso, manzanilla que ha abandonado ya la frontera de la crianza biológica para adentrarse en las profundidades de la oxidativa) ha sido seleccionado por Navazos en la bodega de crianza de Sánchez Ayala y embotellado en octubre de 2007 (¡1400 botellas!). La bodega se encuentra en el barrio de La Balsa de Sanlúcar, zona ganada al río en su tramo final en terrenos de cultivo trabajados durante años para aprovechar la humedad del subsuelo del estuario (terreno de navazos). Con 20ºC y una solera de muchos años, conviene abrir la botella unas horas antes de la primera copa, si es posible conviene no terminar la botella y dejar que se vaya expandiendo a lo largo de unas semanas en la fresquera. Se puede empezar a tomar sobre los 13-14ºC pero es recomendable dejar que suba de temperatura en copa, para ir notando su evolución. Como suelo hacer sólo con los vinos excepcionales, transcribo directamente mis notas, sin más:

"Capa baja, filtra la luz dándole una tonalidad verde ambarina, caoba joven poco tostada. Leve acetaldehído en nariz, cumpliéndose lo anunciado: abro la botella dos horas antes de la degustación primera (la botella evolucionará, lo sé) y el comedor se impregna de aroma de bodega sanluqueña. Muy poderoso y penetrante en nariz. Salino pero templado al mismo tiempo, calor de poniente. Almendras saladas, un mínimo toque amielado, avellanas ligeramente tostadas. Untuoso en copa y en boca pero, al mismo tiempo, de leve perfil acerado, fino. Envuelve, se alarga tras el primer trago: el mar, la oscuridad de la bodega, la aceituna, la madera vieja en el aire de la bodega, se apoderan por larguísimos minutos de tu boca. Con un poco de temperatura, dirías que asoman cáscaras de naranja amarga." Hasta aquí mis notas. Es un vino enorme, que hay que probar alguna vez, que hay que disfrutar bien solo, bien con un pescado de raza y carnes prietas, sabroso pero que no quite protagonismo al vino (¡cosa difícil, por otra parte!). En mi caso, fue el bejel ("lluerna" en catalán, Trigla Lucerna) que mira curioso a vuestra derecha. Una pieza enorme con la que hicimos (espinas y cabeza) un sabroso caldo de pescado (fumet), estilo Carme Ruscalleda, que acabó en sopa de pescado con fideos y arroz. Y el bejel, de la forma más simple posible: horno a 200ºC, sal, un mínimo de pimienta, aceite, laurel, un chorretón de limón y a la mesa. Resultado espectacular: qué grandes son estos Navazos y cuánto saben. No os privéis de probar este vino, por favor: en Coalla Gourmet lo ofrecen por 31,90 euros. Es una inversión que beneficiará a vuestro cuerpo y alegrará vuestro espíritu a lo largo de intensos y largos momentos.

Interior de la Bodega Sánchez Ayala por Polakia.

Postscriptum. Tras esta primera nota, la botella sigue por supuesto bien viva y evolucionando su contenido, precioso y bien protegido. El vino se está volviendo más redondo, se abre más y su paso es cada vez más amable y, casi, de guante de terciopelo. Van ganando, aunque poco, peso los matices cítricos y los frutos secos (algo de almendra amarga, quizás) y se va atemperando su salinidad.