31 marzo, 2008

Anatomía del placer: WFW


No estoy en esto del vino para hacer carrera o negocios, aunque no le giraré la cara a las oportunidades que me brinde, sean del tipo que sean. Estoy, sobre todo, por placer, porque me lo paso bien conociendo a gente, probando y descubriendo los vinos que en el mundo son, y sus comidas, claro. Tras mi reflexión en "voz alta", he seguido dándole vueltas al asunto y a su relación con el blog y con la escritura del vino, mientras bebía cosas que me apetecían mucho y sobre las que no diré nada (¡novedad!). Por azares, o no, de la vida, me mandaron sus editores (gracias, Sara! Y gracias, Franco, por tu iniciativa) dos ejemplares de la que creo es la mejor revista actual en el mundo del vino, The World of Fine Wine (WFW). Su número 28 (2007), lleno de noticias de interés (subastas en el mundo del vino), de reportajes de fondo (E. Avella sobre los champagnes de un solo pago; M. Schuster, sobre las diferencias de terruño en la copa), de artículos de investigación y erudición (espléndido J. Barquín sobre R.L. Stevenson y su relación con el vino) y de notas de cata alucinantes (sobre grand crus de Chablis; sobre Burdeos 2003...), lleva también no pocas reflexiones de grandes del mundo del vino. Ya se sabe...si el argumentum es auctoritatis, parece que suena mejor. Y dos de las afirmaciones que leí parecían, casi, compartir mis pensamientos. Sirvan, pues, para completar mis reflexiones del otro día y, de paso, para explicaros para qué sirve, entre otras muchas cosas, tener WFW a mano.

Sobre la hora y condiciones en que me gusta catar, bastante cachondeo se ha levantado ya entre mis amigos como para que abunde en ello. Pero faltaba por decir, claro está, que una cosa es catar y la otra beber vino. Y los lectores de este blog y los amigos con los que como de vez en cuando saben de sobra que lo que más me gusta es beber al tiempo que intento combinar, cocinando yo o no, el vino con la comida. Y Hugh Johnson (alma mater de WFW, en la foto superior) daba en el clavo cuando, con su habitual elegancia, concluía su "coup de coeur" (pp.45-46 de este número) afirmando que "I just don't have enough meals in a day, and wine without food is a half-told story". Ésta es la razón por la que mi blog lleva el título que lleva y por qué creo que un grupo de cata organizado no es lo mismo que un grupo de buenos amigos y amigas que se reúnen para comer y beber vinos, al tiempo que los comentan. A mí me interesa el vino porque antes me interesó la cocina y lo uno sin lo otro es, eso, "una historia a medio contar".

La otra reflexión es de alguien a quien respeto también mucho, Terry Theise (sobre su "Theise Manifesto" hablaré en otra ocasión, pronto; sus catálogos y selecciones son pura delicia). El título de su artículo en WFW 18 (pp.128-31) inspira, incluso, al de esta nota: "The Fun Principle and why it runs from us". Describe en él sus sensaciones tras 30 años de intensa relación con el vino. Su tesis casi da miedo: "I start to wonder whether the longer we drink wine, the less fun we have with it". La saturación es mala compañera, sin duda, asociada al ejercicio del placer. Y su conclusión, para mí principal, relacionada con la intensidad que el vino te exige cuando tienes que hablar con él y, después, hablar y escribir de él, ha sido reveladora y muy coincidente con lo que llevaba en la cabeza: hablando de una botella de Muskat tomada tras dos días de trabajo intenso y absorbente, en la cima de una montaña, sólo con él mismo y con el vino, dice que "the wine was perfect, the moment was perfect, and it was perfect because the wine was content not to occupy my whole attention, but rather to keep me company". Diana en ambos casos: el vino sin sus comidas se queda en historia a medio contar. Y se convierte en una auténtica fuente de placer cuando te acompaña sin absorberte por completo. Si esto sucede de vez en cuando, pues tampoco está mal, añadiría yo: la pasión sin intensidad y absorción plena a ratos, es menos pasión. Pero si la búsqueda de todas las características de lo que estás bebiendo te domina de tal forma que te obsesiona, déjalo, y dedica un rato a buscar buenos vinos que te ofrezcan su compañía sin pedir grandes cosas a cambio y, además, te den placer. Ni más ni menos.



Ése es, en mi opinión, el hilo conductor fundamental de WFW y lo que he encontrado a raudales en la revista: placer. Placer en la lectura de viajes alrededor del mundo del vino; placer en la descripción de los vinos que acompañaron a Stevenson y a sus personajes a lo largo de su vida; placer en la descripción de los efectos del terruño en dos vinos del mismo elaborador y distintos terruños (Domaine Dujac, ni más ni menos), etc.; placer, además, para quien ama los libros y las publicaciones bien hechas, bien presentado y mejor fotografiado, compaginado con elegancia y sensibilidad. WFW no sólo es una revista grande por su contenido, también lo es como objeto de belleza y fuente de sensaciones placenteras. Los editores de WFW ofrecen ahora a través de este blog una condiciones muy favorables para quienes quieran suscribirse a la revista: un 15% de descuento sobre el precio de salida, que incluye los gastos de envío. Ya sabéis que yo de esto no saco más que el placer de haber leído la revista, aprender en ella un montón de cosas, haber encontrado argumentos que servían para apoyar lo que llevaba en la cabeza sobre la relación entre el placer y mis vinos y, además, poder explicároslo. No es poco.

29 marzo, 2008

En la muerte de un ser querido


Sabéis que casi nunca escribo en este cuaderno sobre cosas que no conciernan a los vinos o a sus comidas. En una ocasión cargué contra la clase política, en otra contra RENFE, en una tercera lamenté la muerte de un amigo querido. Esta forma de hacer público mi penar, mi lamento, me produce casi sonrojo: sé que no debiera pero, al mismo tiempo, me ayuda abrir mi dolor y mi congoja. Yo no puedo decir que fuera un amigo íntimo de Isabel de Polanco. La conocí hace seis años y la he tratado con cierta frecuencia y periodicidad. Me preguntaba a veces "¿Cómo me hace caso para nada una mujer con su responsabilidad y poder"? Al frente de Santillana, supo hacer suyas las mejores virtudes de su padre: hacerse próxima, mostrarse siempre atenta, abrirse como persona accesible a cualquier comentario, dispuesta siempre, con discreción, a seguir cualquier chanza que lanzara. Con ojos traviesos, con mirada pizpireta, siempre con el interés a flor de labios, siempre con la atención dispuesta. Al mismo tiempo, era persona emprendedora como pocas y creyó en el proyecto en que nos embarcamos, lo apoyó y lo alentó desde el primer momento.

Isabel ha muerto hoy, a los 51 años: el cruel destino se la lleva en lo mejor de la vida. Siempre me sentí querido por ella, siempre atendido en mi trabajo y en mis opiniones. He sido testigo de su lucha contra el destino, de su afán titánico por aferrarse a la vida de cada día, con ganas, con alegría, con sufrimiento contenido siempre. Te vas, Isabel, pero te quedas en nuestro corazón. Los que hemos tenido la suerte de compartir momentos buenos contigo no dejaremos que mueras nunca del todo. Tu sonrisa, tu inteligencia, tu tenacidad, tu alegría, tu tesón, estarán siempre con nosotros.

28 marzo, 2008

En Medina Sidonia, el convento "de arriba"


Foto del campo desde Medina Sidonia By Photoblues

Medina Sidonia era una de mis asignaturas pendientes en Cádiz. Nos acercamos a ella un soleado día de marzo, transparente, frío, brillante (casi como el de la foto), trepamos por sus cuestas, nos maravillamos con su alcazar, con los restos del castillo en lo alto del monte, con sus extraordinarias vistas a los cuatro vientos, con su universo de pájaros. Gozamos de su mercado de abastos, de su ayuntamiento, de sus iglesias y calles enrejadas y casi sin buscarlo, topamos de golpe, casi en lo más alto, con un convento...


"En Cuaresma y Semana Santa, sólo se atiende el torno", rezaba un letrero. Avisados como estábamos de la riqueza de la pastelería de Medina Sidonia y aún sin haber identificado el sitio al que entrábamos, nos dirigimos rápidamente al torno. Allí esperaba una persona que trabaja para el convento y le preguntamos. "Nunca se sabe...si han hecho dulces, se los venderán...", contestó a nuestra pregunta. Sonó la campana y tras interminables minutos de espera (ya se sabe: el tiempo en clausura no es el mismo que fuera de ella), se oyó una dulce voz, "¿Tienen algo de dulces, hermana?", le pregunté. Y por respuesta, la callada, unos segundos más, tras los cuales gira el torno y reaparece su interior abarrotado de dulces presentes. La hermana informa "son tortas pardas y rosquillas". Pienso "si pudiera, la besaba". Nos lo quedamos todo, dejamos un buen donativo para que las hermanas sigan rezando y trabajando para todos nosotros, y marchamos la mar de satisfechos con nuestro "botín".


En el convento de Jesús, María y José, el convento de "arriba" de Medina Sidonia (calle de la Misericordia), de las Agustinas Recoletas, se vive y reza en clausura desde 1687 y desde que el dulce es dulce en la capital del ducado, dos son los manjares que destacan y brillan más que el sol: el alfajor y la torta parda. Ésta, de la que nos llevamos una buena provisión, da fama al convento y a la ciudad. Hecha con pasta de almendras, se rellena con cabello de ángel y la masa se recubre de nuevo con almendra y azúcar. El cabello endulza y suaviza, engalana la almendra, y para un goloso como yo, el resultado es de fiesta mayor. De vuelta a casa, y tomada la pasta con una buena copa de Ariyanas, el placer está garantizado. Ya sabéis, si pasáis por Medina Sidonia, para arriba y sin pereza...


Foto de "Ventana asidonense" By Miguel Roa

26 marzo, 2008

Bodega Sanatorio en Chiclana


Chiclana de la Frontera es conocida en los últimos años por el turismo de playa; por sus mastodónticos hoteles convertidos en metáfora de la anticiudad; por los rebaños de turistas hiperbóreos, sanísimos, haciendo deporte desmedido; por los campos de golf antinaturales, que han convertido marismas y caños en real anécdota, y etc. Yo no voy a criticar eso porque da de comer a mucha gente, pero sí voy a decir que ese tipo de crecimiento ha sido desmedido en Cádiz (¡y en tantos lugares de las costas españolas!), descontrolado y se ha comido, en el camino, a otra Chiclana que existía y era conocida y apreciada por muchísima gente, en la zona y fuera de ella.

La superfície de viñedo plantada y el vino que en sus bodegas se hacía son una buena muestra de cuanto digo. Hace más de veinte años que se vienen arrancando cepas en Chiclana y de más de 50 bodegas existentes quedan, ahora mismo, menos de diez. Jesús Barquín me lo había aconsejado y gracias a la intermediación de Eduardo Ojeda (¡Navazos, vaya, ¡menudo lujo!) se pudo hacer realidad la visita. "En Chiclana, tengo pendiente de hace tiempo, Sanatorio", me dijo Jesús. Ése era un buen consejo, no lo dudé, concertamos la cita y para allá que nos fuimos. Bodegas Sanatorio tiene una historia que arranca de finales del siglo XVIII y debe su "malnombre" (de hecho, la razón comercial es Manuel Aragón, S.L., y sus propietarios son Diego y Chano Aragón) al hecho de que sus antiguas instalaciones, ventana frente a ventana, estaban junto al sanatorio de Chiclana. Lo tenían claro los enfermos, y nosotros con ellos: vino es salud, tomado con tino. Diego, a punto ya de jubilarse, y Chano, al mando de las operaciones enológicas de la bodega, nos recibieron con gran cortesía y hospitalidad y lo que yo pensaba que sería una visita de cumplido, se convirtió en más de tres horas de apasionante charla sobre toda la gama de vinos de la bodega, sobre sus matices y sabores, con una cata sistemáticamente preparada y explicada por Chano y secundada por Diego con mil anécdotas e historias interesantes.

Sanatorio posee los viñedos, por ejemplo, de sauvignon blanc más meridionales de Europa. Y hace también un tinto con muy poca madera (apenas cuatro meses) y unos aromas bien interesantes. Y tiene una gama completísima nacida, cómo no, de la tradición de la palomino, que incluye el antaño bien conocido fino chiclanero (nada que ver con lo que se puede hoy beber en la mayor parte de locales de la zona), un fino amontillado, un amontillado, un palo cortado, un oloroso y varios moscateles, además de novedades como un sauvignon blanc de vendimia tardía y uva botritizada. Probamos muchísimas muestras directas de tonel y descubrí no pocas cosas interesantes (entre ellas una combinación que saldrá a escena el 11 de abril, con IEC #9), pero Chano casi me pidió que no detallara descripciones de sus vinos hasta que no recibiera algunas muestras para catar con más calma en casa. Así lo haré, por supuesto, pero no quiero dejar de destacar, por lo menos, el fino que probé (creció en copa durante 3/4 de hora), el amontillado y, sobre todo, un oloroso delicadamente abocado y un moscatel viejísimo, muy atractivo, mucho. Me despedí con un sabor agridulce: dulce porque es siempre bonito y agradable descubrir nuevas (¡para mí!) bodegas que trabajan con enorme dedicación, con gran amor hacia su tierra y tradiciones, abiertas también a la innovación y con resultados de los que poder hablar con orgullo. Agrio porque cuando les pregunté sobre el futuro de la casa y su continuidad en generaciones venideras (¡qué tema tremendo, el del relevo generacional, en la zona!), ambos torcieron el gesto y comentaron el poco futuro que sus descendientes veían en la bodega. Ojalá me equivoque y sigamos gozando de este referente chiclanero por muchos años.

La foto de la playa de Chiclana By MeLicA.

24 marzo, 2008

De toneles y pijotas


Más de uno se preguntará a qué cuento viene el título de la entrada de hoy, que si juego de palabras, que si acertijo...Ni lo uno ni lo otro: se trata de la mejor forma que se me ha ocurrido de resumir lo que fue, en los días últimos pasados en Chiclana, una de las jornadas más memorables. Que el Grupo Estévez, tras la compra del Real Tesoro y el traslado (cinco delicados y duros años) a las nuevas instalaciones, se ha convertido en una de las más importantes referencias mundiales para el Marco de Jerez, nadie lo duda. Que Eduardo Ojeda (en la foto, oficiando ante uno de sus mayores tesoros), su enólogo, es el corazón entusiasta y palpitante de sus vinos, es decir, de su alma, puede que no todos lo sepan. Eduardo tuvo la generosidad y amabilidad de recibirnos, de pasearnos por la bodega y, sobre todo, de mostrarnos, de "venenciarnos", de maravillarnos, con el estado actual de sus vinos: descubrimos de nuevo los secretos de Macharnudo Alto, nos paseamos por Inocentes y por Tio Diegos, nos detuvimos en Niños, nos acomplejamos ante la maravilla de Coliseos y nos perdimos directamente ante Toneles. El momento fue especial, buscado como culminación de una sesión imposible de resumir aquí en notas (quien conozca los vinos y el lugar y el personaje, sabe ya de qué hablo), único. Si Toneles, bebido de la botella, es ya una experiencia importante, tomado directamente de la bota se convierte en algo casi místico: a ese color cercano a la pez con puntas yodadas, que tiñe la copa de noche cuando rompe en madrugada, se le unen aromas de chocolate amargo con dejes de vainilla,

de cafés torrefactos, de sabroso tabaco maduro y de compota de frutos negros. El tonel superó mi recuerdo de la botella, quizás porque esperaba algo todavía más concentrado. En el mes de marzo de 2008, el trago salió más fresco y vital que nunca, más cítrico y anaranjado, casi como si ese moscatel que fue, esa rosa, ese azahar se hubieran apoderado para siempre de la solera casi centenaria. La cosa, por increíble que os parezca, no terminó aquí, no. Siguió en Sanlúcar, donde pudimos probar varias manzanillas y hacernos una idea bien exacta de qué va a representar el número 10 de la serie, ya mítica, de La bota de... Una bomba, no os digo más. Y para rematar el asunto y justificar de paso, si hiciera falta, el título de la nota, terminamos en un local del que no me es permitido dar el nombre. Cuando comenté, en la mesa (tomando alguna foto), que escribiría una nota sobre el asunto, casi se me echan encima. Aunque sea un "secreto" conocido de entendidos, ¡¡¡hay que preservar la pureza del lugar!!! Uno se tiene que poner la mesa, uno, si quiere (¡y Eduardo quiso!: nos tomamos una manzanilla pasada, sí, sí, pasada de veras, de auténtico vértigo) se trae la bebida, uno pide sus platos (la mejor fritura del pueblo y una de las mejores de la provincia y un producto fresquísimo y muy sabroso) y quien rige los destinos del local (una persona tras la barra, otra en la cocina) solicita el nombre de un intermediario. Quien se ofrece es voceado sistemáticamente para que recoja las cosas que van saliendo: "ÁAAALVAROOOOOO, LAS PIJOOOOOOOTAAAAAASSSSS"!!!!!!!!! Y se entera todo el mundo, claro, y tras las pijotas, las acedías y los chocos y la ensalada con melva...Un extraordinario ejemplo de que para ofrecer honestidad y calidad, no hacen falta grandes precios ni alharacas. Y ese pescado, con la manzanilla...no se me ocurre combinación mejor. Basta la voluntad, la discreción y el compromiso con la calidad. Ya sabéis ahora de dónde viene el título de la nota. Gracias, Eduardo, por la jornada: va por ti la crónica y que por muchos años sigas ahí, haciendo tan bien las cosas y contándolas con tanto amor y pasión. No explicaremos el secreto de tu proverbial salud y buen humor, ¿verdad?

21 marzo, 2008

Pasos y armonías


Pienso que no hace falta creer en dioses o en religiones para emocionarse ante un paso en la semana santa andaluza. No voy a concretar, aunque en esta ocasión el "pretexto" sea la visión de una Virgen Dolorosa en San Fernando (Cádiz), antes de su salida. Emociona, intimida a ratos, sorprende siempre, la intensidad con que el pueblo andaluz vive el eterno viaje de Cristo de la Cruz a la Resurección, del infierno a la vera del Padre. Mucho respeto me produce, además, y variados motivos de reflexión. Uno de ellos, no podía ser de otra forma en este cuaderno, es el de la armonía. Armonía la que se da entre la pasión de la imaginería andaluza y el fervor del pueblo que atiende a los pasos, que cumple con sus penitencias, que le canta al Cristo crucificado o que acude, en espeso silencio, a la procesión de imágenes y cofrades. Armonía la que me propuse resolver, también, entre la contemplación de estas imágenes nacidas de la devoción popular y la pasión que siento por los vinos andaluces, sobre todo los que son, por tantas cosas, únicos. Los de crianza biológica y oxidativa. Alder Jarrow planteaba no hace mucho variadas armonías: ¿con qué música tomarías tal vino? ¿Con qué vino contemplarías ese paisaje? le comentaba yo. ¿O con qué complemento ideal disfrutarías de esta pintura o de aquella lectura?


Dicho de otra forma, ¿con que vino digeriría yo las emociones vividas ante la visión de un paso como éste? Muchas vueltas le he dado y mucho ha pesado en mí, en positivo por supuesto, la muy reciente visita a Valdespino (en Jerez, de la mano de Eduardo Ojeda, de la que escribiré pronto). Mi respuesta es: una botella de Amontillado Coliseo. Por supuesto, tratándose de la COLECCIÓN, con mayúsculas, de Valdespino, se trata de un vino único. Nacido de soleras centenarias, este vino generoso de 22ºC catado a pie de tonel, ofrece sensaciones tan únicas como las de Dolorosa: un color ambar subido, casi de caoba recién bruñida, pero con matices de yodo y ese reflejo mínimo de verdor que presentan todos los vinos de palomino que han envejecido muchos años en bodega y que están en una fase evolutiva importante. Aromas de barniz de inmediato, de cola de carpintero y de pegamento, aires de lentitud y de parsimonia en copa, de meditación, se alteran ante la finura del cítrico, ante el recuerdo de las nueces y ante un fondo de licor de abadía. De pronto, la saeta rompe el silencio del paso, en la bodega: una entrada en boca poderosa, casi afilada, con poder, con alcohol asombra por su carácter amable, por su persistencia, por su final interminable. Llega, lo ves, te emociona su andar vivo, pero al mismo tiempo de cadencia amable y lenta, y no quieres que se marche. El amontillado Coliseo es, sin duda, un vino para la meditación y para saborear, de puertas para adentro, las emociones vividas en el exterior.

20 marzo, 2008

Barranc de l'Infern 2006


Roger, de Les Foes, insistió en que tenía que probar este vino. Me dijo que era algo especial, de una tierra especial (Barranc de l'Infern, entre Benlloch i Les Useres). La idea se llama Vinya Natural y la han creado dos restauradores, Pedro y Juanmi. El vino es un monovarietal de merlot procedente de tierras calizas, bien pobres, y ha pasado por un proceso habitual de despalillado, estrujado fino, maceración fermentativa durante 18 días a temperatura controlada. La cosa quizás menos habitual, por lo menos en el Levante, es que la fermentación maloláctica la ha hecho el vino en grandes depósitos de cemento armado a temperaturas nunca superiores a los 12ºC. Tras el clarificado, natural, el vino redondea su maduración con tres meses (3) en barricas bordelesas de roble Alier de tostado medio. Me extiendo en la descripción porque la parte final de este proceso habla a las claras del ideario del joven enólogo responsable del vino, Eloy Haya.

Conviene servirlo sobre los 16ºC (14,5%). Su color es el rojo oscuro, casi denso, de la picota madura y tiene una gran brillantez pero con una capa media (no es un vino inexcrutable, vaya). Los primeros aromas son de una mineralidad profunda, como si estuvieras removiendo tierra y raíces en el bosque. Me recordó, también de inmediato, variados matices del olivo: el removido de las hojas en la cosecha, el aroma de la oliva negra muerta, confitada, la tapenade con un buen aceite. En boca es un vino austero, algo vegetal, con taninos que se cierran sobre las encías, pero con un deje muy agradable. No molestan en absoluto: me recordó el tacto del esparto trabajado, fino. Su posgusto ofrece aromas a fruta negra de bosque madura, a monte bajo, a hinojo salvaje Es un vino austero, sin concesiones ni alharacas al uso, con buena fruta muy bien integrada en la madera: acabó recordándome el fruto del granado, la mejor combinación que yo conozco de fruta y madera que no sobresalta, sino que enamora. Este vino se puede comprar, me dicen (porque a mí me lo regaló Roger) sobre los 9,5 euros y me parece una gran opción para platos de caza, para arroces con conejo o con pato. Vinya Natural hace también un vino sin madera, Quatre Vents (msrlot y 20% de cabernet sauvignon), que, dicen, promete también mucho. Habrá que probarlo.

17 marzo, 2008

Can Ràfols dels Caus en apoteosis



"Hay que buscar...la mejor tierra, la mejor uva, el momento ideal de recogerla, la elaboración más acertada, la mejor crianza, el mejor tapón...". Carlos Esteva convocó a unos pocos privilegiados, entre los que me conté gracias a los buenos oficios de un generoso amigo, a su cita bienal Doce autores y sus vinos. En su bodega de Avinyonet del Penedès (DO Penedès para la mayoría de sus vinos, pero, la verdad, yo casi le diría que creara ya su propio pago, sin más: lo que hace es único), nos acogió con la expresión, que he citado, de la búsqueda de la máxima calidad. Ésta, aunque no exista, hay que buscarla, como los medievales buscaron la inmortalidad a través del Santo Grial. Cual contemporáneo Arturo, Carlos Esteva anda en su búsqueda y puestos a no encontrar la sangre de Cristo en la cruz, se ha concentrado en su trasunto terreno: el vino. Cada dos años convoca a doce exponentes de lo que él, y nosotros, con él, considera atisbos de máxima calidad, en España y en el resto de Europa. Doce autores, doce bodegas, doce mujeres y hombres alrededor de la "mesa redonda" de Carlos, doce almas con sus vinos que andan a la búsqueda de esa medieval inmortalidad a base de trasladar a la copa las esencias de la madre tierra.



Yo estoy por esa labor, comparto esa manera de ver las cosas y me sentí realmente privilegiado por poder compartir horas de charla y de degustación con tanta gente del mundo del vino, importantes porque andan a la búsqueda sin paliativos ni afeites de la máxima calidad o porque la valoran e intentan transmitirla de la mejor manera posible. Algunos vinos y sus hacedores me impresionaron especialmente (tampoco engañaré: no todos): Alain Graillot, con su Crozes-Hermitage rouge del 2001, la mejor expresión y pureza de la syrah que yo haya probado jamás (junto con el Penfolds Grange 1999, aunque Graillot es muchísimo más sutil que el australiano). La bodega Dr. Bürklin-Wolf, y su Kirchenstück GC 2002, con un equilibrio entre las flores y la fruta y una presencia en boca inolvidables. Nikolaihof Wachau que sacó de debajo de la mesa una botella fuera del catálogo público, con catorce años de Füder y unos aromas de bosque que tumbaban: el Grüner Veltliner Vinothek 1991, extraordinario. Elena Pantaleoni, de la Azienda Vitivinicola La Stoppa, que agradó con su manera de trabajar la difícil bonarda pero, sobre todo, me dejó atónito con su premiado Vigna del Volta 2006, un passito de malvasía de candia aromatica asoleada único y, no menos, con su Ageno 2005, un blanco seco de malvasia y trebbiano (sobre todo), que ha macerado 30 días con sus hollejos, de unos colores únicos (ramato turbio) y unos aromas a flor de naranjo y de jazmín...La Stoppa fue de las bodegas que más me gustó.


De Elisabetta Foradori me gustaron dos cosas: ella, con una amabilidad y atención dignas de las montañas de las que procede; y la forma como trata a la teroldego, una variedad agreste, que en su Granato 2004 muestra la sutileza y finura de la que es capaz la intervención respetuosa del ser humano en la vid. Del Domaine Dujac poco voy a descubrir aquí: uno de los mejores exponentes de la Borgoña (Morey-St. Denis), me cautivó por completo con su Clos de la Roche, tanto el 1997 como el 1999. El primero (como acertadamente definía V.F.), otoñal, sí, pero con un aire envolvente, con unos aromas de fondo de bosque, con una violeta marchita...no lo olvidaré, lo prometo. Invitaban a recogerse de inmediato ante la lumbre, en callar y en beber poco a poco. El 1999 presenta taninos más vivos y encanta por igual con su poderío delicado, aunque yo me quedo con el 1997. Del alsaciano Domaine Josmeyer destacaron, en mi paladar (reconozco una debilidad, sí, por los azúcares residuales bien puestos) sus vendimias tardías del pago de Hengst Riesling Gran Cru 2001 y, sobre todo, el Gewürztraminer Gran Cru 2001, con una rosaleda en floración dentro de la botella. Mención aparte para su Riesling 2002 Les Pierrets, de una mineralidad absoluta. De Viñedos del Contino, uno de los grandísimos de la Rioja, con Chus Madrazo al frente, me quedo con algo que no había podido probar jamás y que expresa como nada el valor de la fruta, su Graciano 2005. Quién pillara una botella al calor de unas buenas chuletas...Chus venía de un jet lag de narices y a pesar de ello, allí estaba, sonriendo y explicando a todos sus vinos. Grande Madrazo.



La sección que menos me sedujo (confieso que empiezo a tener problemas sensoriales con las sobremaduraciones, con las superextracciones y con las grandes maderas) fue la sala que reunía a la Quinta do Castro, a Viñas Viejas de Cebreros y a Château Palmer. De los tres, me quedo con la idea de vertical que planteó Telmo Rodríguez y con el Pegaso 2004 de Cebreros un vino atractivo aunque contundente. Viniendo de Dujac o de Graillot se me hicieron difíciles esos tintos, aunque Palmer (también con su Alter Ego), expresa mejor que nunca que el Bordelais (aquí Margaux) ha perdido un poco la capacidad de hacer vinos sutiles, y los taninos algo verdes y las cabernets pesan mucho sobre el conjunto. Creo que me estoy convirtiendo, cada vez más, en borgoñón: tengo que profundizar en este sentimiento. Dejo para el final de mi crónica a Can Ràfols dels Caus. En los últimos tiempos he probado, de nuevo, muchos de sus vinos y en esta sesión probé de nuevo todos los blancos de la casa. Tengo dos convencimientos: el primero es que son quienes mejor saben hacer blancos con capacidad de envejecer sin madera. Su Gran Caus Blanco (probé su excelente 2005) es un paradigma de eso. El segundo, es que el conjunto de sus vinos blancos es lo más atractivo y completo que se hace ahora mismo en España: volví a probar su La Calma 2004 y, sobre todo, su Rocallís 2003. En esta bodega le han pillado el alma al Incrocio Manzoni y estoy seguro de que en Conegliano andarían muy orgullosos de cómo salen estas botellas.



Una jornada épica, como véis, casi homérica me atrevería a decir, donde los héroes del vino se convirtieron, por unas horas, y de la mano de Carlos Esteva, en dioses. A eso se le llama apotesosis. Los que consiguen atravesar las puertas que llevan a los infiernos (literalmente lo que se encuentra bajo tierra) y volver de ellos realizan una katábasis. Eso es lo que os pasará si franqueáis las puertas troglodíticas de la nueva bodega de Can Ràfols, excavada directamente en la roca y realizáis la visita a la bodega subterránea. Una experiencia única en este país.

Las fotos de la Bodega Can Ràfols dels Caus (dos y tres) proceden de Adictos a la Lujuria. La foto de las puertas es de El limbo de Polakia.

16 marzo, 2008

Cádiz



Días de descanso entre el Marco de Jerez y la Bahía de Cádiz. Tierra de privilegio, tierra de ensueño para quien ama el buen comer y el mejor beber. Momento llegará para comentar alguna de las cosas que hayamos podido hacer. Hoy quiero concentrarme en la ciudad de Cádiz. Tarde de vigilia, tarde de preparativos para las primeras procesiones de Domingo de Ramos. Tarde de agradable temperatura, de cálida luz y de cielo deslumbrante. Cádiz me atrae por variedad de cosas, pero las que más son tres y dos de ellas las recoge esta sobrecogedora fotografía de bitacora1967: la calidez de su luz y de su cielo en los tránsitos de estación (de invierno a primavera y de otoño a invierno) es una de ellas. Su catedral, trasunto hispano que transita de Bramante a Borromini, es la segunda. Parece levitar cuando la baña la luz de poniente: hoy hemos entrado en ella a las cinco de la tarde y la calidez que filtraban los rosetones, la atmósfera que creaba, nos ha conmocionado por su belleza. La tercera son sus plazas. Cádiz vibra en sus plazas, la vida surge de las callejuelas del casco histórico y explota en ellas, con la misma alegría que las burbujas desbordan la copa: la plaza de las Flores, la de la Candelaria, la de San Francisco, la de San Antonio, la de la Catedral, y mi preferida, la del Mentidero (uno que es frívolo "colecciona" "plazas" triangulares que ha ido conociendo con los años...). Cádiz revienta bajos los naranjos en flor y los mirlos en cortejo. Cádiz: hay que vivirla. No os la perdáis.

13 marzo, 2008

Brioche a la naranja con su vino


Sigue mi pasión por Nordljus: escribe poco, escribe bien, fotografía de ensueño. Su trabajo es, casi, como un suspiro zen en este mundo de locos. En su última entrega, nos regalaba con dos recetas de postres procedentes de un libro de Claire Clark. Las dos, preparadas y fotografiadas por Nordljus, son de impacto, pero yo me quedé con la letra de la segunda de ellas (en la foto de la izquierda), un pudding con brioche, mantequilla y mermelada de naranja. ¿Por qué? Intenté imaginármelo con alguno de mis vinos dulces recientemente tomados y la combinación surgió con nitidez en mi cabeza. Ahora os la explico. La segunda razón es puro sentimiento: quien haya paseado por Sevilla en primavera, se habrá llevado consigo un impacto de aromas y olores que jamás olvidará. Los naranjos en flor. Algo difícil de describir. Hay que vivirlo. Pues resulta que la mermelada que usa Nordljus es de ¡naranjas de Sevilla! Aquí tenéis la receta, que no es muy compleja y, en cambio, es muy agradecida.

¿Y qué música le pondría yo a esta letra? Pues la melodía que ofrece este Custodia Santalùssia 2001, de la Cantina di Custoza. Cerca del lago de Garda, en zona de Custoza (Sommacampagna), se encuentran las variedades blancas que dan origen a este vino dulce natural. Con las que se hace el bianco di Custoza (trebbiano, garganega, Friulano, malvasia, pinot bianco, chardonnay), se trabaja, pero se las pasifica (en Italia éste es un vino "passito") y se les exprime el zumo, rico en azúcares, con mucha delicadeza. Por aquí las fermentaciones arrancan cuando quieren y paran sobre los 11% de alcohol, conservando el frescor y la acidez de los blancos secos. Este vino, tomado sobre los 10ºC, acompañará de maravilla la pastelería hecha con brioche, el pandoro, los roscos, los tortells...De una ligera tonalidad caoba clara, pero con matices de verdor y yodados, es un vino casi fresco, con un esqueleto y unos aromas discretos, livianos: aires de albaricoque maduro acompañan un despliegue de levaduras soberbio. Asoman recuerdos de galleta maría y de mantequilla, de galletas bretonas, vaya, junto con un cuerpo ligero y un paso nada fatigoso por boca. El trago acaba regalando un suave deje de galleta de almendra amarga.

11 marzo, 2008

Kühn Quarzit Riesling trocken 2005


Peter Jakob es la onceava generación de Kühn (desde 1786) al frente de la bodega de Östrich-Winkel, en el curso medio del Rin (en pleno Rheingau, 50 km al este de Francoforte del Meno). No sé si será "literatura" porque no conozco personalmente al personaje, pero parece muy orgulloso de su condición de viticultor y hace gala de ello en su página web. Con esmero por el cultivo de la tierra y con la etiqueta de ecológico (natural, por seguir con el tema de hace unos días), Kühn es una de las referencias en Alemania para la riesling y alguno de sus vinos ha cosechado grandes reconocimientos. Su Quarzit es uno de mis secos preferidos, de uvas cosechadas en su afamado pago de Doosberg, sobre terrenos de drenaje fluido, y arcillas entre cantos de cuarcita, de donde procede su atractiva mineralidad.

Con 13% (la foto es del 2006, conste, de Estintobásico) y una temperatura de servicio sobre los 10ºC, presenta un color de oro joven, pero maduro al mismo tiempo, intenso y brillante. Su mineralidad es sutil y ligera (alguien lo llamaría de mineralidad debil), con aromas de pera conference y unas notas de humedad (tierra) interesantes. Ofrece gran frescor en boca y un mínimo punto de perlaje. Ese paso por boca es muy grande, intenso, y deja un poso de cierto amargor vegetal, junto con un recuerdo de flores blancas: margaritas húmedas recién cogidas. Su recorrido remata con aires de tierra mojada tras la lluvia y con aromas de cítricos recién exprimidos. Se trata de un seco muy satisfactorio que se puede encontrar sobre los 20 euros, creo recordar (¡¡¡necesito llevar un registro de compras y precios, lo sé!!!: para dudas, Vinialia).

¿Y qué le echamos a este buen riesling? Pues resulta que mi santa pasó por nuestro proveedor habitual, se agenció unas colas de rape increíbles y, a la vuelta, descubrió, para su sorpresa, que la pescadera, nos había puesto en el zurrón unas gambitas descabezadas. Y me puse a la labor: un sofrito lento de cebolleta, tomate maduro rallado encima, sal, azúcar y una pizca de orégano. Cuando está al punto, le echo un traguito de Kühn, que se evapore y aromatice el conjunto y, a continuación, le echo un par de vasos de caldo de pescado que ya habremos hecho y reservado. Fuego lento, patatas del buffet cortadas a laminas muy finas, 10 minutos más y las colas de rape, que se salan en ese momento. Un cuarto de hora el conjunto con la chup-chup y se le echan las gambas. Cinco minutos más, otros 10 de reposo, y a la mesa. De escándalo, vaya, con el riesling seco del Rheingau.

09 marzo, 2008

Notas ALIMENTARIAs


La verdad es que no tengo la menor intención de convertir este cuaderno en unas notas de trinchera de Alimentaria. El salón, sus espacios dedicados en exclusiva o compartidos al mundo del vino, ocuparán no pocas horas de muchos de los lectores de este blog, servidor incluído. Pero claro, estaremos por la labor, que no es precisamente la de escribir (no por ahora), sino la de conocer, probar, descubrir, charlar...Y por supuesto, no me pienso llevar un portátil para hacer unas "crónicas de guerrilla", aunque si puedo, algo escribiré cuando llegue a casa. Presumo, pues, cierta menor atención al blog, que ya iremos compensando poco a poco.

Muchos productores y amigos bodegueros andarán por aquí y no pocos redactores de páginas web y blogs dedicados al vino. Seguro que tendremos oportunidad de poner algunas caras a nombres bien conocidos: para eso, también, están las ferias. Además, hay un montón de citas rondando por el aire y la gente las pilla como puede. Serán otra ocasión de irse conociendo o reencontrando. Para otras ocasiones, en que a uno le apetezca desconectar algo del ambiente de los recintos feriales y acercarse a unas buenas mesa y vino, me faltaba ofreceros algunas recomendaciones en la ciudad.

Así como os propuse, hace unos días, algunos locales con vinos por copas y platillos, van hoy tres recomendaciones de restaurantes que apuntan a lo "bistronómico": ya sabéis, precios de bistró (sobre todo en los menúes del mediodía), gran calidad y buenas y cuidadas cartas de vinos. Yo pongo tres que están entre mis favoritos, pero seguro que todos los que conocéis Barcelona podríais añadir varios más al listado. El primero de ellos es el que conozco mejor, nunca me falla y sigue con sus maneras muy altas: CALDENI, en la c/ València 452 (muy cerca de la Sagrada Familia), telf. 932325811. El segundo es ya muy conocido en la ciudad, y recientemente premiado: HISOP, en el Pasaje Marimón 9, telf. 932413233 (a tocar de la Diagonal con Pl. F. Macià) El tercero es, también, el más reciente. He estado dos veces en él y he disfrutado, sobre todo, su menú de mediodía: GRESCA, c/ Provença 230, telf. 934516193 (muy cerca de la Rbla. Catalunya). Y por si aquellas cosas, no pudierais alejaros mucho de Montjuïc o del recinto de Fira 2, os propongo otro tipo de restaurante, pero igualmente satisfactorio. Uno de los mejores italianos de la ciudad, bien, veneciano para ser exactos: XEMEI, en el Passeig de l'Exposició 85, telf. 935535140.

07 marzo, 2008

Vinos naturales en España: pasión por descubrir



Gilles Vergé, en Le vin naturel, ofrecía una buena definición de qué es un "vino natural". Superemos la fase de sorpresa de los que piensan que cualquier vino, por el hecho mismo de serlo, ya es "natural", y vayamos a la tradición francesa del "vin naturel", que viene de muy lejos y que busca la más pura expresión del fruto de la vid en su terruño. ¿Cómo? 1. Los vinos naturales son lo más alejado que os podáis imaginar de la homogeneidad y la estandarización. No exagero: en el último año habré probado no menos de cuatro botellas del Blancas Nobles de Manuel Valenzuela, pionero del asunto en España, y os aseguro que no salen dos botellas iguales (misma añada, por supuesto). 2. Los vinos naturales proceden de viñedos donde se respeta a la naturaleza y su trabajo. No hay pesticidas aquí, ni insecticidas ni productos químicos. 3. Los vinos naturales se hacen tan sólo con levaduras autóctonas y sin ayudas externas. Por ello, sus fermentaciones suelen ser lentas y bastante impredecibles. 4. Los vinos naturales no llevan sulfitado inicial añadido. Si se les pone, siempre es en la mínima expresión posible. A veces se malinterpretan los aromas producto de esta decisión: si no hay sulfitado inicial, la fermentación alcohólica es bastante más lenta al inicio y aumenta el nivel de SO2 combinado, que se produce de forma natural en ella. Los vinos naturales pueden tener sulfitos, pero estos suelen son propios de la fermentación, naturales, no añadidos: esto ya se está reflejando en sus etiquetas. Este echo hace que las características organolépticas de estos vinos sean muy especiales y no siempre asumibles: hay que tener la mente abierta, aquí, e intentar entender lo que el viticultor te está proponiendo porque, en mi opinión, este SO2 huele de forma especial y tiene efectos antioxidantes sobre el vino distintos.

Los vinos naturales son hechos por personas entusiastas, por personas que creen ciegamente en lo que hacen, por personas que trabajan a diario el viñedo y que intuyen cómo pueden ir las cosas en la bodega. Sus vinos están vivos y nunca salen igual. Ellos asumen este riesgo, por supuesto, no siempre con alegría porque viven de ello. A veces la técnica les funciona y aquello que buscaban sale a la perfección. A veces la suerte les sonríe y aquello que perseguían no se consigue, pero el vino sale por otro sitio y éste todavía les gusta más. Hay emoción, aquí, descubrimiento y riesgo y no todo se puede o se quiere controlar. A veces hay que mandar a la vinagrera barricas enteras...y entonces llega la desesperación y el cabreo. La gente de los vinos naturales tiene un brillo especial en los ojos, la piel quemada por el trabajo al aire libre y las manos rotas. Transmiten entusiasmo y amor por lo que hacen y hay que acercarse a ellos y a sus productos sin complejos y, sobre todo, sin apriorismos en la cabeza. Sólo así se apreciará el esfuerzo hecho y, sin duda, se encontrarán un montón de cosas dignas de ser conocidas y bebidas con las mismas ganas y pasión que sus creadores han puesto en su trabajo. Las características de estas vinificaciones hacen que cuando encuentras una botella buena y que te gusta (y eso pasa con mucha más frecuencia de lo que la gente cree), casi puedes pensar que es una botella única porque nadie te garantiza aquí que todas las botellas saldrán clónicamente iguales.

Todo esto que acabo de describir se reunió, en una tarde explosiva, de grandes sensaciones y vibraciones, en L'Ànima del Vi, donde Benoît Valée invita a reencontrar el sentido de beber vinos naturales (sobre todo de España y Francia) y donde concentró, en Naturala Vinis, a una buena selección de este tipo de producción. Manuel Valenzuela de Barranco Oscuro; Laureano Serres, de L. Serres Montagut; Joan Ramon Escoda, del Celler Escoda-Sanahuja; Jordi Sanfeliu, de Ecosetrill; Ramon Saavedra, de Bodega Cauzón y Antonio Vílchez, de Naranjuez: apasionante diálogo entre Andalucía y Catalunya que dio momentos de gran esplendor. De entre mis notas, os pido tan sólo que prestéis atención a algunos de estos vinos: no puedo hablar de todo lo probado y hay que dejar margen, también, a que cada cual descubra sus cosas. De Joan Ramon Escoda destacaría su La Llopetera 2005, un monovarietal de pinot noir, con un cuerpo redondo y unos aromas discretos pero que enamoran. Me impresionó. Como lo hizo la pureza expresiva de la tempranillo del Casa Pardet tempranillo 2007 de Jordi Sanfeliu, de una fragancia que atrapa (Manuel alucinaba con esa fruta). De Laureano Serres destacaría su maceración carbónica Mendall 2007, de cabernet sauvignon, y su impagable Txanaguer bateana dolç 2006, hecho con garnacha peluda (pensad en un amarone della Valpolicella hecho en el Montsant: no os digo más). De Ramón Saavedra me impactó de veras su Cauzón Blanco 2006, un ensamblaje de chardonnay, viognier, sauvignon blanc y torrontés que me deslumbró, en nariz y en boca. De Antonio Víchez me gustó mucho el trago y los taninos de su Naranjuez 2005, un vino que casi parecía borgoñón. ¿Y qué decir de Manuel Valenzuela? De su Blancas Nobles ya he hablado aquí y su Xarab 2005 es un vino que hay que probar, sin más. Su 1368 2002 es un vinazo, ensamblaje de garnacha, CS, syrah, merlot y CF, amplio, carnoso, adecuado para grandes platos de caza.

Para suerte de los que viven en Barcelona o pasen por ella, algunos de estos vinos se encuentran en la tienda de Benoît Valée: como se diría en su tierra, "ça mérite un détour!" y hay que hacer el esfuerzo de conocer este tipo de vinos y disfrutarlos tanto como los surgidos de cualquier otro tipo de bodega y de planteamiento. Los vinos, hay que probarlos y, después, hablar de ellos. Estos, también.

Las dos primeras fotos son de viñedos de Barranco Oscuro (de su página web); la tercera, de Ramón Saavedra (de la web de Vinos Singulares).

06 marzo, 2008

Publicidad



Finalmente, he decidido dar un paso, no por imprevisto (hace una semana nadie me había propuesto nada) menos meditado. Voy a intentar la experiencia de la publicidad: si no lo hago, no sabré si me equivoco o acierto. Vinoclic es una red de páginas web y de blogs de gastronomía y de vinos que gestiona selectivamente publicidad sobre productos y temas de nuestro interés. Nace en Italia, de la mano de uno de los portales sobre nuestro tema más importantes, Tigullio Vino, y forman parte de esta red algunos de mis blogs de referencia: el de Aristide, el de Vino Pigro... Andan ahora abriendo puertas y paises, acaban de incorporar a Mondosapore (NYC) y me han propuesto que me añada a su red. Sus condiciones son, de hecho, "no" condiciones y eso me ha inclinado a aceptar:



1. Desde hace tiempo, busco financiación para mi cuaderno, sí, pero no pienso perder ni mi independencia ni mi libertad. Si esto fuera a suceder, antes renuncio a la publicidad o dejo de publicar.
2. Con educación y cortesía, voy a seguir escribiendo exactamente de lo que me apetezca y, como ya dije en su momento, cuando pueda hacerlo (sin ninguna periodicidad previamente establecida).
3. Ninguna empresa ni anunciante van a decidir sobre qué publico o cómo lo hago. Ésa será, siempre, mi responsabilidad.
4. Si surgiera un conflicto de intereses (pongamos por caso, que quisiera decir algo crítico de un anunciante contratante de Vinoclic), prevalece por encima de todo mi libertad de expresión, usada siempre con cortesía y buenas maneras.
5. La inserción de publicidad me es previamente consultada. Si no creo en un producto o no veo clara la compañía, etc., no la acepto y no se pone.
6. La publicidad jamás entorpece la lectura del cuaderno. Siempre se coloca en la misma posición, en la parte alta de la columna de la derecha y se puede o no hacer caso de ella, pero quien quiera ir sólo al texto, lo tiene que tener fácil y no sentirse incómodo en ningún momento.



7. El diseño del blog sigue siendo de mi exclusiva responsabilidad. Puede que si consigo algún fondo extra, me permita pagar algunas mejoras que mi ignorancia informática impide ahora ejecutar, pero la responsabilidad sigue siendo mía en exclusiva.
8. Si las cosas no funcionan como yo espero y deseo, me veo metido en situaciones incómodas, mis lectores protestáis u os sentís mal por alguna publicidad no deseable, con un simple email puedo renunciar, en cualquier momento, a permanecer en Vinoclic.
9. Vinoclic no exige exclusividad.

Algunos de vosotros habéis aceptado publicidad en vuestros blogs, bien a través de Google y Adsense, bien a través de la que ponen los portales que hospedan vuestros cuadernos. Es un asunto muy personal, éste, que jamás me he atrevido a comentar con nadie. No conozco, por lo tanto, las experiencias de los amigos que la tienen ni sé si merece la pena o no. Asumo que en esto empiezo a tientas. Ojalá no me arrepienta y funcione. ¡Gracias por aguantar este tostón!

El bodegón que cierra este comentario es de Loran Speck, en Art.com.

05 marzo, 2008

Dos citas interesantes, ¡ya!


Los que seguís este cuaderno sabéis que no lo he concebido como una revista de actualidad. No doy noticia, por lo tanto, de forma sistemática de todas las convocatorias de las que tengo conocimiento. Eso sí: cuando la cita me parece interesante y, además, tengo a amigos mezclados en ella, la comento y si puedo, voy. Así pasó el lunes pasado con la impresionante Naturala Vinis que L'Ànima del Vi montó, y que comentaré pronto. Y la próxima es la que montan para el viernes 7 de marzo, 21 h., Hal y Leo en la Enoteca d'Italia. Se trata de una cena ligera en que lo fundamental será presentar y conocer algunos vinos de la llanura Rotaliana (en la foto), un espacio único y bellísimo, en el que se dan algunas variedades autóctonas italianas que hay que conocer: la teroldego, por ejemplo (de la Cantina Rotaliana) o la foja tonda (de Albino Armani), junto con uno de los moscati que más me gustan (el de la Rotaliana).

La segunda cita ha sido organizada por los amigos de Slow Food y, casi con un concepto paralelo al Slow Vinis, se presenta ahora Slow Oli, en el Mercat de Santa Caterina, el sábado, 8 de marzo, de 10 a 14 horas. Confieso mi absoluta devoción, mi flaca por este oro fluido, a ratos viscoso, a ratos más suelto, a ratos con rayos de verdor, siempre amable, siempre atento, siempre fragante. El aceite es una de mis perdiciones y lo tomo, literalmente, cada mañana para desayunar. Una tostada de buen pan, un poco de sal gorda y un chorretón de aceite de primera prensada, por ejemplo, hum.... O unos spaghetti al dente, tan sencillos con un poco de orégano, con una pizca de parmesano y con un golpe de aceite virgen...Iniciarse en este mundo es hacerlo en el corazón de la tierra misma, a través de sus árboles más sagrados, los olivos. No os lo perdáis porque merecen mucho la pena los productores que llevarán sus aceites: sorpresas agradables os esperan. ¿Nos vemos allí?

04 marzo, 2008

Hofstätter Kolbenhof 2006


Ésta es una de aquellas ocasiones en que la palabra escrita está casi de más. Con el vino siempre me sucede lo mismo: me gusta describirlo, sí, pero lo que me gustaría de veras es explicároslo con una copa en la mano. Y éste es un caso excepcional: una auténtica explosión de aromas, de fragancias, de pureza absoluta de una de las uvas ya de por sí fragantes, la Gewürztraminer, en su máxima expresión. Así entiendo yo a este Kolbenhof 2006 de Martin Foradori Hofstätter. Uvas nacidas en uno de los pagos más privilegiado para ellas, Kolbenhof, del pueblo donde esta uva nació, Tramin /Termeno en el Südtirol / Alto Adige, experiencia de muchos años en la vinificación, cepas viejas y pasión, amor y conocimiento a raudales en Martin dan como resultado un vino excepcional. Él describe el proceso muy bien y yo me ahorro hoy los detalles. Aunque sé que me reñirá (aconseja guardar dos años un vino como éste), yo no me resistí a llevarlo a un feliz encuentro de amigos a la búsqueda de las bondades de los vinos del norte de Italia. Creo que triunfó.


Amarillo intenso, paja en sazón con reflejos de verdor alpino. Explosión de melocotón de Calanda, de orejón de albaricoque. Pétalos de rosa, rosaleda en flor. Corazón todavía joven, el vino se muestra dócil y ágil en el trago, con un posgusto que tarda horas en olvidarse. Mineralidad sutil, polvos de talco sobre la suave piel del bebé. Aires de agua de rosas. El vino crece y crece, se hace enorme, imparable, en copa con la temperatura y combina tan bien con una buena mortadela de Bologna, como con un meritorio salmón ahumado. No gustará a todos los paladares, lo sé, por su enorme poderío organoléptico, por su fragancia casi dulzona, pero quien quiera descubrir las raíces y bondades de la Gewürztraminer, tiene que pasar por este vino. Y a mí, esta variedad, me gusta mucho. Tomé este vino sobre las tres de la tarde. Me acostaba a medianoche y mi cabeza se resistía a desconectar de esos aromas. Volvían y volvían.
La Enoteca d'Italia lo distribuye en exclusiva para España.

La foto de la afelpada rosa roja es de WAPPY AL en Flickr.

02 marzo, 2008

Reflexión


Reflexión en voz alta.
Compulsión por saber quién está leyendo este cuaderno de anotaciones.
Acumulación de marcadores, de anotadores, de mapas.
Pérdida progresiva de la noción de qué estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo.
¿Estoy escribiendo para aumentar el número de lectores? No.
¿Lo hago para saber si me leen estas notas en América o en Francia? Tampoco.
¿Nervios y prisas porque llevo dos días sin publicar? Qué tontería.
¿Me estoy creando una obligación donde "sólo" había pasión y divertimento? Otra tontería.
¿Por qué escribo sobre vinos y comidas? Porque me lo paso muy bien cocinando, comiendo y bebiendo con mi familia y con mis amigos.
Porque me apetece, de vez en cuando, explicarlo: escribir y describir qué compramos, qué comemos, qué cocinamos, qué bebemos.
Porque me gusta, en efecto, escribir y saber, de vez en cuando, que alguien ha disfrutado con lo que he escrito o comentado.
¿Necesito algo más que eso? No.

Vuelta a los orígenes: escribo porque me apetece, sin más, y todos sois bienvenidos. No necesito saber cuantos sois ni de dónde venís. Los que estéis, estáis y yo, encantado y orgulloso con los que seáis.
¿Síntomas? Sí: con una mano escribo, con la otra miro los contadores y los mapas.
Me veo a mí mismo redactando notas de lance para publicar casi cada día y no perder comba. Patético.
¿Conclusión? Se acabó. Índices de audiencia fuera y yo a lo mío, en exclusiva y por pura diversión de "amateur": a gozar con el vino y sus comidas y cuando me apetezca y tenga algo que decir, a contároslo. Con mimo, con detalle, con pasión. Meditando las palabras, buscando o haciendo las mejores fotos posibles. Tomándome el tiempo necesario.
Entiendo que quien se gana la vida con esto, necesite tener según qué datos y conocerlos bien y reaccionar a partir de ellos. Yo no estoy en ese supuesto.
Comprendo y respeto que haya quien sienta también esa necesidad o tenga ese deseo. Pero yo tampoco estoy ya en ese supuesto.
No escribo esto para criticar a nadie. No quisiera que nadie se sienta aludido o molesto conmigo. Este comentario es estrictamente personal y responde a un sentimiento mío en las úlimas semanas.
Perdonad la paliza, pero tenía cierta necesidad de reflexión pública y en voz alta sobre algo que empezaba a hacerme sentir casi ridículo conmigo mismo.

El primer Pensador de Rodin ha sido fotografiado por tsmyther, el segundo por jacques rivard, ambos en Flickr.

01 marzo, 2008

Viaje a Nueva Zelanda



La Federación Española de Asociaciones de Enólogos, de la mano de la empresa especializada Vinidea, organiza un extraordinario viaje técnico a Nueva Zelanda. En este enlace tenéis todos los detalles de la convocatoria que, en principio, está específicamente pensada para afiliados a la FEAE. Me han pedido que la difunda y lo hago con mucho gusto y los dientes a ras de suelo: visitas a las bodegas más antiguas de la isla (poca broma: 1851 la primera), a Oyster Bay, a Marlborough, a la Universidad de Auckland...en un apretado programa que va del 9 al 18 de mayo próximos. Quien se inscriba antes del 14 de marzo tendrá un descuento de 200 euros.