16 noviembre, 2008

Malidea 2003: "the making of"


Hay ambientes que invitan más que otros a charlar de forma distendida, a tomar una copa de buen vino, a "arreglar" lo humano y lo divino. La casa de Peter en Aiguamúrcia (Alt Camp) es, toda ella, de este tipo. Muy cerca de la ruta del Císter, junto a viñedos y a la antigua corriente del río Gaià, el pueblo ocupa una zona de remanso del río, en su valle más acogedor. Aiguamúrcia tiene resonancias de la vieja Roma (varios topónimos de la capital llevan ese adjetivo, Murcia, en una zona, la del Circo Máximo, que algún parecido tiene con la de este enclave catalán) y me gusta pensar que debe su nombre a un viajero que, hace ya casi dos mil años, se acercara de Tarraco hasta aquí. A mí me movieron otros motivos. Conocí a Peter hace poco, descubrí el tipo de ideas que aplicaba a su diseño de webs y de blogs y me di cuenta de que había encontrado al tipo adecuado. Yo había agotado mis posibilidades en html, no sabía cómo aplicar a una nueva imagen del blog lo que llevaba en la cabeza y de golpe descubrí que alguien venía haciéndolo con cierta regularidad en alguno de sus trabajos.

Tuvimos una primera charla, intercambiamos no pocas ideas por mail y concertamos una cita. Día de frío y de lluvia intensa, Syrah (¡su perra!) ejerciendo de fiel guardiana de su amo y trabajo intenso durante un día entero. Unos pocos días más de trabajo a distancia, de más comentarios y como quien dice, a las tres semanas de iniciado el proceso, se publicaba la imagen que ya conocéis. Sorprendente (por lo menos para mí), pero cierto. De la jornada pasada en casa de Peter, de este mínimo "cómo se hizo", me quedo con su hospitalidad, con su competencia y agilidad, con su sencillo pero sabrosísimo risotto de boletus (¡mirad la foto final!) y con un DOC Monferrato Rosso que insistió que probáramos. Perdón por el juego de palabras, pero qué buena idea fue este Malidea 2003. Se trata de un vino de Fabrizio Iuli (recién recompensado con los Tre Bicchieri por su Barabba 2004), que mezcla a partes iguales nebbiolo y barbera. La dulzura y fineza de la primera se ven contrapunteadas por la barbera, de estructura más recia y densa. El resultado, tras casi dos años en madera de roble francés, es bonito de veras: con una cierta evolución (capa media y mínima teja), se ofrece con una nariz muy mineral (tierra ferrosa mojada), equilibrada por un delicado frescor de eucalipto. Diría que este vino posee la boca de la barbera y el color de la nebbiolo. Su aroma es una mezcla: vuelven la madre tierra (claros aires de trufa) y los rincones del jardín junto al bosque (arándano negro), con un paladar delicado y lleno, en plenitud este 2003, y un remate entre el humo del otoño y la ceniza. Tras tantos barberas en el colete, mira que tener que ir a Aiguamúrcia para descubrir a esta pequeña pero interesantísima bodega...Por el blog, por el vino, por el risotto, por la amistad recién estrenada, ¡mereció mucho la pena este viaje!

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