06 octubre, 2008

Día de acción de gracias y momento Theise


En mi particular día de acción de gracias (¡el día después de que me dieran el premio al blog! y sin dar todavía demasiado crédito al asunto), mi santa hizo un pastel para celebrar la fiesta mayor de Barcelona, la Mercè. Huevos, harina, levadura, azúcar, mantequilla, ralladura de limón, tres melocotones de viña maduros y un poco de azúcar glaseado dieron como resultado un afrancesado, casi otoñal pastel de aquellos que nos vuelven locos en casa: con los sabores de la más casera pastelería bretona y ese toque mediterráneo y algo decadente del melocotón maduro. Decidí convertirlo en un "momento Theise". Sin muchas explicaciones, con sencillez, asistimos todos a una mágica combinación, a un instante que yo, en mi intimidad ya compartida con vosotros, llamo un "momento Theise", por Terry Theise, en "The Fun Principle", WFW, 18 2007, p.130: "...and I had my bottle of Muscat...sat on muy little balcony, and glugged a wine that seemed to encapsulate the keen mountain air.

...the wine was perfect, the moment was perfect, and it was perfect because the wine was content not to occupy my whole attention, but rather to keep me company". Eso fue exactamente lo que pasó con la combinación que propuse entre este delicado pastel de melocotón y el Beerenauslese 2004 de Stiegelmar. Con bodega en Gols (Austria) y una fuerte dedicación durante cuatro generaciones a las variedades características de la zona (más alguna foránea), sobresale entre sus vinos, la dedicación a la Muskat Ottonel, una variedad de moscatel de grano menudo. Un BA de moscatel ottonel (¡el muscat es la variedad preferida de Theise!) tenía que ser un candidato ideal para lo que buscaba. Vendimia seleccionada el 17 de noviembre de un solo pago (en Podersdorf), fermentación larga y controlada, reposo y embotellado al año, este BA posee 12% y 105gr/L de azúcar residual. Lo tomamos sobre los 10-11ºC y nos dió ese momento "Theise" tan deseado, aunque no siempre encontrado: de un color ambarino discreto, es un vino de matices moderados, no muy concentrados. Orejones de melocotón, aires de la moscatel suavemente perfilados, un poquitín de miel de milflores y un paladar amplio, jugoso y generoso, que ve invadidos todos sus recovecos por la suave brisa del lago que ha visto crecer estas uvas. No es un vino, en efecto, que exija gran concentración o que pida a gritos soledad y meditación, sino un vino ideal para acompañar un buen postre, en agradable compañía, charla de sobremesa y en día de acción de gracias. Es un vino que te acompaña fielmente y no te pide mucho a cambio. Bueno sí, 14 euros la botella, pero para lo que nos dió parece un precio casi ridículo.

2 comentarios:

el pingue dijo...

¡Qué buena pinta tiene el pastel!
A veces yo también busco un vino que no me mate el final de una comida. Ésta será una referencia a tener en cuenta.
Un saludo
Roberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, Roberto, es bastante socorrido el mohín que sueltan algunos personajes del vino cuando les hablas de vinos austríacos y es bien cierto que no compararé yo este BA de Muskat ottonel con otros BA de variedades geográficas cercanas, pero es un vino que ofrece realmente un buen acompañamiento sin que sobresalga nada ni le pese nada.
Saludos!
Joan

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