26 septiembre, 2008

Sobre la pobreza de Cristo


En los siglos XIII y XIV, una conmoción recorre el espinazo de la Península Itálica y el sur de Francia: ¿cómo hay que interpretar la pobreza predicada por Jesús con su ejemplo en las Sagradas Escrituras? La Orden de los Franciscanos, la más humilde y menor de todas, se encuentra profundamente dividida: los más ortodoxos, intransigentes, recalcitrantes, puristas, los Espiritualistas de la Toscana, liderados por el excéntrico Ubertino da Casale, defienden la pobreza no ya como medio de perfección, sino como un fin en sí mismo. Los gobernantes de la orden y los santos padres que vivieron la discusión consideran que la caridad, la humildad y la obediencia son la verdadera pobreza de espíritu, "aunque repartiese mis bienes a los pobres, si no tengo amor, no soy nada", se defienden, con Jesús (1Cor 13). !Quedaban así con las manos libres para hacer lo que quisieran con las riquezas de la iglesia y los votos de pobreza de las órdenes!

En los primeros años del siglo XIV, los más cruentos de la batalla dentro de la Orden, Ubertino fue convocado a Avignon con otros jefes de los fratricelli para discutir ante el Papa las cuestiones en debate entre las dos partes de la orden. Expuso sus puntos de vista con gran vehemencia, descalificando con argumentos y claridad a todo el orden establecido. Acabó tal y como se pronosticaba desde hacía años, desde el momento en que empezó a predicar de pueblo en pueblo en su Toscana adoptiva: excomulgado, expatriado y acogido en Alemania por Luís el Bávaro. Los famosos fratricelli perdieron la batalla dialéctica, aunque siguieron "con vida", sometidos a las órdenes de sus superiores y del Santo Padre. Ubertino fue, siempre, un santo para ellos, aunque desapareció con rapidez de la Historia. Hasta que llegó Umberto Eco...O tempora, o mores en que la gente vivía y moría por discutir sobre la pobreza de Jesús y no por conseguir un Iphone...

¿A cuento de qué viene todo esto en un cuaderno de anotaciones sobre el vino, se preguntará el lector paciente que haya llegado hasta aquí? Me ha parecido que era una buena metáfora para proponeros, que explique con cierta exactitud qué va a pasar el próximo día 3 de octubre, a las tres de la tarde, en el Aula Magna de la Universidad de Siena. Convocados por uno de los "santos padres" del mundo del vino en Italia, Vinarius, las dos partes enfrentadas en la "Orden del Brunello" se verán, por fin, las caras en un debate público y abierto a quien quiera presenciarlo y unirse a él. Por una parte, el director de Villa Banfi Ezio Rivera (apoyado por el enólogo Vittorio Fiore), defenderá la posibilidad de que se modifique el reglamento de elaboración del Brunello di Montalcino para que se pueda, por ejemplo, introducir el riego asistido y, sobre todo, para que se puedan introducir "legalmente" variedades internacionales como la cabernet sauvignon, la merlot, la petit verdot o la syrah. Frente a ellos, debatirá mi amigo, el periodista del vino Franco Ziliani, editor de Vino al vino (uno de los blogs más seguidos del mundo vinícola italiano, es decir, del mundo), apoyado por el productor de Barolo Aldo Cappellano. Defenderán, sin más, la pureza del Brunello di Montalcino tal y como, hasta hace bien poco, pensábamos todos que se hacía: exclusivamente con uvas de la variedad Sangiovese de la zona de Montalcino. Mi corazón y mis argumentos están, ya desde el primer momento en que los análisis destaparon Brunellopoli, con los "frailes" que defienden la interpretación más estricta de la pobreza de Cristo y su ejemplo edificante...Ay, perdón, quería decir con aquellos que defienden la pureza del Brunello di Montalcino y el respeto por la tradición vitivinícola de este bello pueblo toscano. Y ello por varias razones:

1. Me parece una política de "pan para hoy, hambre para mañana" (en España, llamamos a esta manera de hacer y ver las cosas "de vuelo gallináceo") intentar hacer algo que "se acomode mejor a los paladares internaciones de hoy". Introducir las variedades internacionales en detrimento de una variedad autóctona es vender hoy y morir mañana. Se ha comprobado en muchas zonas del mundo donde hay variedades autóctonas apreciadas: lo que hoy funciona es darle el justo valor a las cosas propias de un territorio específico. 2. Si se internacionaliza el "coupage" (prefiero la palabra "ensamblaje", vaya), se pierde una de las señas de identidad agroalimentarias más características de la Toscana. Yo soy contrario a eso. Si quiero una gran merlot, me voy a Saint Émilion; y si quiero una gran Cabernet Sauvignon, a Graves; si quiero un gran ensamblaje con todas ellas, me paseo por el Bordelais entero; y si quiero la mejor syrah del mundo, subo a la barca y remonto el Ródano. Lo que es seguro es que no cogeré el coche para ir a la Toscana a buscar ese vino. A la Toscana, entre otros, iré a buscar Brunello di Montalcino hecho con Sangiovese, no con una ensambladura de CS, PV y syrah con un porcentaje de "sangre de Júpiter". 3. A la tierra lo que es de la tierra y al cielo lo que es del cielo: se sufre, se maldice, se llora, se reza si uno cree, pero la cepa tiene que vivir de lo que la naturaleza le da. Riegos en zonas donde la vieja cepa jamás ha conocido otra gota de agua que la de la lluvia, no. 4. Si los sabios del Disciplinario de la zona, han decidido que los paladares americanos necesitan otros aires en su Brunello di Montalcino, que se apliquen en los grados de maduración, en las técnicas de maceración y de vinificación, en las de envejecimiento, microoxigenación y reposo, pero que no me toquen la sangiovese en el nombre vano de un paladar de Ohio, por favor (con todos los respetos sea dicho). 5. Me parece muy feo, pero mucho, que algunas bodegas hayan hecho durante no sé cuántos años la trampa ilegal (según el reglamento) de mezclar variedades como las primeramente mencionadas con la sangiovese al amparo de la denominación Brunello di Montalcino y que, ahora que les han pillado, quieran defender la legalización de esa trampa, argumentando a favor del cambio del reglamento. ¿Acaso piensan que los consumidores somos imbéciles?

Por todas estas razones, y por muchas más que callo para no aburriros, si pudiera, el día 3 de octubre estaría con Franco y Aldo en Siena, para defender la pureza del Brunello di Montalcino, es decir, la pobreza de Cristo y, por supuesto, para ser expulsado por el santo padre de turno a las tinieblas exteriores del sacro imperio vinícola italiano con mis amigos fratricelli espiritualistas. Probablemente, lo mejor vendría después: buscaríamos un pequeño, buen restaurante que se encuentra en la parte baja de la plaza más bonita del mundo, tomaríamos una buena zuppa con el mejor pan y pediríamos, cómo no, una botella de las que pronto no habrá, de Brunello di Montalcino hecho sólo con sangiovese. La beberíamos como si de la sangre de Júpiter se tratara, claro está. Y pagaríamos con nuestro trabajo.

La foto de cabecera es de la "Vergine in Maestà, con Bambino, quattro angeli e san Francesco", de la basílica inferior de San Fracesco, en Assisi, de Cimabue. La sugerente foto (Montalcino se debate entre las tinieblas de la oscuridad y algunos trazos de color) es extraordinaria obra de Juan Carlos Butron.

14 comentarios:

Gourmetdeprovincias dijo...

Magnífico post. Creo que el paralelismo no podía estar mejor elegido aunque, me temo, esos paladares internacionales en cuyo nombre tanto mal se le está haciendo a tantos tesoros gastronómicos, lleva, a la larga, las de ganar.

Confesaré, ya de paso y aunque haciéndolo donde lo hago sea especialmente triste, que yo, inicialmente, quería ser medievalista. Siempre me fascinó la plasmación del pensamiento escolástico por ejemplo en la arquitectura. Como decía, tenía toda la intención de ser medievalista hasta que me topé con el latín tras haber pasado por muy malos profesores y, lógicamente, desganado para encararlo nuevamente.

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias, amigo GdP. El medievalismo ha perdido a un estudioso por culpa del latín, eso no sé si me lo perdonaré jamás, aunque no fuera yo el responsable del desatino. Pero la historia del arte y los estudios prehistóricos ganaron a un estudioso amante y concienzudo de lo suyo, no está mal el cambio!
Los franciscanos y su fundador siempre me han fascinado, lo confieso. Es una historia de niñez, como casi todo...mi abuela pertenecía al orden terciario de san Francisco y un servidor, en mi pueblo, Igualada, la acompañaba casi siempre. Me apasionaban los desayunos, frugales pero sabrosos, que se daban en los días de gran fiesta, con la complicidad absoluta de los hermanos. Me cautivaba el poder del hermano portero y la sabiduría del hermano que me confesaba de niño (el Pare Carles). Y la única vez que he oído en una iglesia un sermón en condiciones, que me dejó anonadado, lo pronunció un joven franciscano que era, directamente, crisóstomo!!!
Pasó ese tiempo, crecí en la desgana religiosa y todavía ando, ahora, en la búsqueda de la religión o, quizás, de la no-religión.
En fin...que el poso ahí está desde siempre. El nombre de la rosa y sus manipulaciones bienintencionadas (no habrá vendido millones de ejemplares...), sus mezclas, su Ubertino, su Jaime de Burgos, sus cruces de franciscanos y dominicos, la entrada de un monasterio alemán tan importante como el de Melk, me han puesto a huevo la comparación.
Lo importante: espero que por una vez, Franco Ziliani no se convierta en Ubertino da Casale y la pobreza / pureza venzan, dialécticamente hablando. Mis razones están con ellos.
Y un, si me permites, consejo de alguien mucho más viejo que tú y que ya está de vuelta de mucho: no dejes esa pasión, retómala y cúidala!!! Yo ando con las Rosas de piedra de Llamazares y aunque partes de su prosa casi me cansan, reconozco que ese recorrido virtual y ecfrástico por las catedrales sedes episcopales españolas me está gustando. He estado en muchas, pero ando descubriendo unas cosas...
Un abrazo!
Joan

Anónimo dijo...

Que se pierda lo auténtico en beneficio de intereses,casi siempre económicos, es un atropello. ¿Cómo pararlo?, los que ostentan el poder económico suelen tener la última palabra, esa es la gran dificultad. Voy a emplear la fuerza del pensamiento, a ver si sumada a la de todos los que opinamos como tú podemos pararlo.Bueno, de ilusiones también se vive.
IsabelYaiza

José Luis Giménez dijo...

Talmente de acuerdo contigo Joan. Habría que ir a esta charla como manifestante pasivo. Con camisetas negras con leyenda blanca en las que por delante en italiano y castellano por detrás (para entenderlo yo más que ná ;) rezase:
"¡Yo también soy Sangiovese!"
Saludos,
Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues, Isabel, no hay otra forma, para nosotros que la de la información: hacer saber qué se hace y quién lo hace para que el consumidor, por lo menos, sepa a qué atenerse. Del resto, en efecto, ya se ocuparán los poderes fácticos y económicos que, en la otra parte de la mesa, encontrarán argumentos sobrados para hacer aprobar un cambio de rgelamento en el Brunello di Montalcino que, bajo mano, se venía ya practicando.
Saludos!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido Jose,
si no fuera porque tengo una cita que me apetece mucho en el Priorat (una cata a ciegas de todo lo que está en circulación este año) el mismo día 3 de octubre, te aseguro que invertía una parte del premio del blog en ese miniviaje, con una botella de buen Salvioni bajo el brazo y una copa como Júpiter manda, para ir degustando al socaire del debate!
"Todos somos Sangiovese"!!!
Salud
Joan

Adictos a la Lujuria dijo...

Hacia tiempo que no te encontraba tan intenso Joan, veo que el tema te enciende y no es para menos, llevo años buscando lo diferente en un panorama nacional en el que los que lo rigen y cuidan de la salud de las DO. , VT..... a veces aceptan antes variedades internacionales que las autóctonas recuperadas.


Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

Hola, David, por no desviar el tema del comentario, quiero aclarar que yo no reniego de las variedades llamémoslas internacionales ni de los vinos que se puedan hacer con ellas fuera de sus terruños de nacimiento. Pero sí digo que si la implantación de éstas tiene que afectar a la esencia de un vino como el Brunello di Montalcino hasta el punto de hacerlo desaparecer, entones estoy en contra de las mismas. Que se inventen una denominación nueva, que mezclen sangiovese con lo que quieran y entonces todos sabremos a qué atenernos. Pero llamar Brunello di Montalcino a algo que no es puro sangiovese de Montalcino, no me parece bien y, hasta ahora, es un fraude de ley.
Ya sabes, por lo demás, que en esto de la búsqueda de los sabores de la uva autóctona, sea hispana o no, estamos en el mismo bando. Precisamente uno de los argumentos fuerte para mí, en ese debate, es que Italia es el paraíso de las variedades autóctonas. Si allí empiezan con esa línea, ¿dónde acabaremos?
No pasarán, vaya.
Saludos
Joan

Adictos a la Lujuria dijo...

Joan te entiendo perfectamente y es más, yo no reniego de las variedades internacionales, Dios me libre, pero ya me gustaría que en España no hubiese perdido esa riqueza que caracteriza a Italia

.. aunque, ahora que pienso, cuantas etiquetas " otras variedades" para eludir normativas, la picaresca estará siempre presente y eso que Italia y España son dos países serios y responsables sin corrupciones y corruptelas.

Pero estoy contigo, al pan, pan y al vino, vino.

Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

En Italia, David, pasó lo que pasó y fueron pillados in flagrante delito, para entendernos, metiendo en el ensamblaje variedades de uva no permitidas, prodecentes, además, de zonas distintas de la Toscana.
Yo conozco algunos otros casos y no estoy metido en la profesión a fondo, ni mucho menos. En las DO que conozco, sé que se introducen variedades (en % muy pequeños, eso sí) que no figuran en las etiquetas ni en el reglamento de la DO. En fin, que en todas partes cuecen habas, y en nuestra casa, a carretadas!!!
Sí me gustaría, como apuntas, más seriedad o, mejor, honestidad para que el consumidor sepa exactamente qué toma. Otra cosa es ya, después, el gusto, las apetencias y si prefiero esto o lo otro. Pero en mi opinión, la información tiene que ser veraz.
Otros dirán, y puede que lleven su parte de razón, que para disfrutar de un vino, tres leches les trae saber qué variedades lleva. Bien, es una opinión, sin duda, pero la mía coincide con la tuya. Quiero saber qué hay en el vino que tomo y quiero que lo que dice el disciplinar de la DO y la etiqueta se corresponda con lo que tomo. Y si además se juega con el patrimonio ampelográfico, sea de donde sea, pues todavía me lo tomo a peor.
Saludos!
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

Yo solo quiero felicitarte por tu premio del post anterior.
Semana dura e intensa, coronada con un robo a las instalaciones de Vinarium. Algo de relax con tu blog y a dormir que me queda un fin de semana de denuncias y declaraciones.
Mi mas cordial enhorabuena. ¡No pares, sigue,sigue!
Un abrazo.

J. Gómez Pallarès dijo...

Lo siento muchísimo, querido La Guarda, qué desastre. Me sabe muy mal que pasen estas cosas pero cuando tocan a los amigos y a unas instalaciones como Vinarium...bufff.¿Ladrones de medio pelo? ¿Buscaban dinero, ordenadores? ¿O eran ladrones de guante blanco y se fueron directamente a Cheval Blanc y Les Amoureuses...?
Relájate un poco, en efecto, aunque esas cosas que dejan un mal cuerpo que sólo pasa con un poco de tiempo y algunos buenos vinos. Dátelos.
Un abrazo
Joan

Anónimo dijo...

Querido Joan: Sin conocer en a fondo ni mucho menos los vinos Italianos ( asignatura pendiente), y ni el Brunelo de Montalcino, estoy absolutamente a tu lado en la controversia y contigo con los ortodoxos, puristas y pobres del mundo. Si no que se vea lo que se está haciendo por estos lares con la chardonnay, pinot noir , merlot y etc etc , y mientras tantos nuestras variedades autóctonas, pronto pasarán a museos de arqueología como especies en extinción. Yo siempre he defendido que una variedad que lleva siglos acomodada a una zona concreta , no es transportable a otra, como si se tratara de un electrodoméstico, y si se hace nos encontramos con subproductos que no son ni de aquí ni de allá, ni de ningún lugar.
Claro que hay otros factores, como bien apuntas, quizá al consumismo americano medio esto le importe un carajo, o el “avida dolars”, hacen mucho.
Hablando de Ródanos, llevo unos meses haciendo una cura intensiva de estos vinos, y vaya shiraz, roussannes y marssannes¡¡; no creo que allí les de por poner chardonnay o tempranillo.
Pues nada, un abrazo.
Federico

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido Fede,
estamos completamente de acuerdo. Creo que hay que saber distinguir dos conceptos en este tema: el uno, podríamos denominarlo "la cepa en su ámbito de origen". Creo que hay que conocer y preservar y opinar (la calidad, por supuesto, ya es otro tema) sobre cualquier vino que en el mundo se haga bajo esta premisa. El brunello con la sangiovese de Montalcino estaría aquí, por ejemplo; o los vinos con rufete de Salamanca, por poner otro ejemplo; o los sirah del Ródano (ah...Alain Graillot...). El otro sería "la cepa en su ámbito de adopción" y aquí podrían entrar cosas tan dispares (de ahí la imposibilidad de generalizar, sin más, eso también lo tengo claro) como la syrah australiana de Penfolds, que lleva más de 200 años en el sureste de ese cotinente, o la de lo VT de Cádiz que llevan muy poco. Muchas veces nos topamos, como apuntas, con claros ejemplos de inadaptación de la cepa en su lugar de adopción; en otros, con la cepa que produce vinos distintos a los de su lugar de nacimiento. A mí no me gusta lo primero, claro, porque es hacer decir a la cepa y a la tierra aquello que no pueden decir. Lo segundo, pues como todo, hay que probarlo porque seguro que se encontrarán cosas muy buenas, regulares y malas, que de todo hay en botica.
Pero del primer concepto, es decir la cepa en su origen, lo que me cuesta mucho aceptar es que se pierda una variedad por plantar otra que se encuentra en 200 puntos del planeta. Me dirán "que cada cual haga lo que quiera con su dinero y sus viñedos". Y yo contestaré "pues sí, en efecto, pero en mi opinión arrancar cepas autóctonas para acabar produciendo un vino que se produce, casi igual, en California, en la Toscana y en Australia, no me gusta". Yo creo que lo que se tiene que hacer es saber cómo mimar esas cepas y cómo sacarles un rendimiento y un brillo adecuados. Y me parece que lo que pretenden muchos en la denominación Brunello di Montalcino va, directamente, contra loque hoy es más moderno que, oh paradoja, vuelve a ser lo más antiguo, es decir, usar las cepas de toda la vida allí dinde sobreviven y hacer el vino que se merecen, ellas, su terrirorio y sus bebedores!
Un abrazo!
Joan

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