05 septiembre, 2008

Escribir sobre el vino


El pasado viernes 29 de agosto, por la tarde, empezaba en Logroño la primera “European Wine Blogger Conference” (en Logroño, pero en inglés porque sus organizadores son norteamericanos, porque la mayor parte de participantes usa el inglés como lingua franca y porque, creo, se trata en el fondo de un trasunto del norteamericano Wine Bloggers Conference). La noche anterior tuve la fortuna de tener en casa cenando a dos de sus participantes, Elena y Filippo Ronco (Tigullio Vino, Vinix), y se habló, entre otras cosas, de la sección de la reunión sobre la escritura del vino. El tema, por motivos obvios, me interesa, y sólo faltaba una última coincidencia para que me lanzara a redactar esta nota. Manuel Camblor, desde su blog, hablaba de sus desgracias en la compra de vinos en su actual residencia y terminaba su escrito con una autocrítica sobre hasta qué punto “echa mano de la alacena” (listas interminables de descriptores) para describir los vinos que comenta. Mi respuesta, que es la que ahora podéis leer aquí, intentaba apuntar algunas de las ideas que, poco a poco, intento aplicar en mi cuaderno. Es ésta (algo arreglada y corregida).

“Mi querido Manuel, espero que la última tormenta no haya dado mayores disgustos...sufre uno viendo según qué imágenes. Entro al trapo directamente porque has tocado un tema sobre el que nada he escrito y porque, haciéndolo desde un blog, se convierte ya en metatema: la escritura sobre el vino y cómo la perpetramos. De los profesionales ni hablo porque si algo se han planteado, jamás lo han llevado a cabo, que yo sepa: a las pruebas de lectura me remito. A los amateurs, entre los que me cuento, les digo, me digo porque es algo sobre lo que hace mucho que pienso pero todavía no he empezado a trabajar en serio (es decir, publicando en el blog, no sobre ello, sino aplicándome algunas "normas de conducta" nuevas): empecemos preguntándonos lo que tú apuntas, esto es "vuelvo a caer en la bobería del listado de alacena. Eso me jode infinitamente. Lo considero un grave fallo personal mío y pido disculpas constantemente por él. Algún día podré abandonar esos 'descriptores' que no describen nada y verdaderamente trabajar el lenguaje para sacarle vino. Mientras tanto, piénsense un poco esto: 'los terpenos son aromas y sabores muy seductores. Recuerdan a...'" Ahí está la clave, en mi opinión: "recuerdan a...". Tú sabes tan bien como yo, Manuel, que todo aquí está ya inventado desde los tiempos de Aristóteles, Horacio y Longino. Nuestros maestros hacían EXACTAMENTE lo mismo, pero no lo aplicaban a los vinos sino a las obras de arte, a la arquitectura, etc. Describían para que quien no pudiera ver (léase catar), pudiera construir en su cabeza una imagen (por supuesto, distorsionada, pero imagen al fin y al cabo) sobre la que hacerse una idea. A eso se le llama, como muy bien sabes, écfrasis, y sobre eso está casi todo escrito y reflexionado.

¿Cómo aplicamos la écfrasis al mundo del vino? Un conocido mío dice (el que más sabe de vinos naturales en Barcelona, y los vende): "no hablemos de colores, nada tienen que ver con el vino y sus sabores". Y yo le contesto "cierto, pero si estoy describiendo, es imprescindible que quien me lee, se haga una idea, primero física de lo que describo (y aquí, por ejemplo, tanto la forma de la botella como el color pueden ser pertinentes, si escribimos sólo sobre aquello que es realmente pertinente y aprendemos a eliminar la paja y lo supérfluo de nuestros comentarios). Tú dices "eliminemos la alacena". Y yo contesto con una paradoja casi zen, clásica también: "¿Dónde están mis recuerdos?". Si el objetivo es que quien lee, se haga una idea de aquello que yo he probado y él no (si el objetivo es otro, entonces ya "callo" y dejo de escribir sobre este tema), o sí y lo que quiere es contrastar opiniones, tengo que hablar del continente, por una parte, y del contenido por la otra. Sobre el contenido y la alacena, ¿cómo hago para hacer llegar al lector mis impresiones? Pues la clave, como decía, está en el recuerdo. Todos nuestros referentes sápidos, de imágenes y de olores, por definición, pertenecen al pasado, todos MENOS aquello que en el momento presente catamos o probamos. Así pues, hay que usar la memoria sápida, olfativa. Tú le llamas "alacena" y yo estoy de acuerdo contigo, si te interpreto bien, en que a lo que asistimos (¡todos lo hacemos o lo hemos hecho!) es a un abuso de esa alacena, que aturde y echa para atrás a los lectores, absolutamente incapaces de entender y aplicar aquello que proponemos. Pero el recuerdo y la memoria siguen siendo claves. Si el vino es olor, habrá recuerdos de olores; si el vino es sabor, habrá recuerdos de sabores, y etc. ¿Qué podemos hacer nosotros? Si nos "reducimos" a la alacena, vuelvo a estar de acuerdo contigo, perdemos una parte muy importante de la memoria, la que alude al sentimiento, a las sensaciones, a los lugares, a las emociones. A la alacena, pues, hay que controlarla y reducirla, intentando (en mi humilde opinión), que no nos dé más de tres o cuatro muy claros elementos que permitan que el lector sepa de qué hablamos. Por supuesto, tienen que ser pertinentes y alusivos a la zona de donde procede el vino, a la variedad de uvas, al tipo de vinificación y de guarda, y etc. Por supuesto, también, no sirve (como hacen tantos) decir "frutillos del bosque", porque de esos hay muchísimos tipos y hay aromas y sabores y colores muy variados.


A la alacena, después, hay que completarla, con las "entrañas", con el alma, con la panza del vino, con las emociones que nos da, con los recuerdos íntimos, siempre que estos puedan ser reconocidos por los lectores. De poco sirve describir el vino con algo que sólo yo he vivido y sólo yo sé reconocer. Si lo hago, perfecto, pero entonces lo que estoy haciendo es escribir un diario íntimo sobre mis vinos y recuerdos, no un blog sobre vinos y comidas que quiero compartir con otros. Es, sencillamente, otro tipo de literatura. Ese lápiz de mina con punta recién sacada, esa tinta de escuela, por ejemplo (el ámbito de los recuerdos de la escuela, vamos), que casi todo el mundo puede compartir, es un elemento del alma del vino, que sale de la alacena, que le conecta con su terruño y con las emociones del recuerdo que muchos pueden tener.
Una tienda de comestibles de las de toda la vida, por ejemplo, en el mes de más calor del año, al mediodía, entrando del calor y del sol de la calle al lugar cerrado (por supuesto, sin aire acondicionado), te da unas sensaciones que yo he encontrado (y aplicado en mi descripción) a algunos vinos, por ejemplo a rosados tánicos como los de Ètim o el del Celler Bàrbara Forés. Una farmacia en la que se usen hierbas medicinales, en la que haya tarros de vidrio y de cerámica con variedad de ingredientes, madera, y años de tradición, me remite directamente a algunos rieslings, por poner otro ejemplo un Grans Fassian Apotheke, ¡claro! Diría más cosas pero creo que me he alargado ya demasiado.

¿Conclusiones?: descriptores de alacena y físicos, sí, pero pocos, pertinentes e identificables. Completemos eso con nociones que permitan, desde la emoción, capturar y describir el alma del vino de otra forma. Me ha gustado soltar en tu casa algunas de las cosas que llevo en la cabeza e intento practicar todavía sin mucho éxito. Por cierto, el único "problema" de la écfrasis viene cuando el lector afronta en vivo aquello que ha leído en descripción...ahí es donde se bate el cobre. ¡Saludos! Joan”.

Por mor del formato, dejo en el tintero más cosas que me rondan por la cabeza y que quizás salgan otro día. Las que más me apasionan y de las que nada he dicho aquí, son dos: cómo el formato influye en el contenido; y cómo metaboliza cada cual la relación, inevitable, distintiva de este medio de expresión, entre vino, texto e imagen, incluso entre vino y música o entre vino y estados de ánimo. Si hubiera podido estar en la reunión de Logroño, en esa sección habría intentado resumir estos apuntes. ¿Seguiremos?

Las fotos que que adornan a este comentario son obra de Juan Pérez, quien realizó una exposición con ellas hace cierto tiempo. Le agradezco mucho que me las haya dado a conocer: son en verdad bonitas. Quien esté interesado en su trabajo, puede visitar su blog: Ibiza a pie de foto.

12 comentarios:

Pilarvi dijo...

Hola Joan,

Una reflexión muy interesante que comparto plenamente, pero también creo entender o tengo mi propia interpretación a cerca de lo que dice Manuel sobre "echar mano de la alacena".

Veo mucho por esta red (y no precisamente en el caso de Manuel), notas de cata que son verdaderas listas de la compra, en las que parece que el catador, más que describir el vino, esté compitiendo por sacar el mayor número de aromas posibles cual concurso televisivo se tratara (por 25 pesetas dígame descriptores de syrah, por ejemplo violetas. 1, 2, 3 responda otra vez).

Resulta luego, que estas notas carecen de una conclusión y de una valoración global en función de lo que rodea a ese vino y que tú también apuntabas: vinificación, añada, elaborador, estilo... etc y etc.

En algunas notas, el afán por enumerar descriptores es tal que aun habiéndolos "contradictorios", el catador no cree conveniente construir una proposición disyuntiva, ni siquiera enlazarlos con una conjunción adversativa, con un simple "pero" o "sin embargo".

En fin, echar mano de la alacena, sí, por todo lo que tú apuntas, pero estos descriptores tienen que ir acompañados de una conclusión y de una valoración, y si puede ser, de una orientación para quien lo lea.

Salut!
Pilar.

Jose luis Louzan dijo...

Como creo que en general estamos bastante de acuerdo si quiera dejar un apunte sobre el modo algo mas alejado de habitual tal vez en que yo describo el vino.

Y es que no es solo una cuestión de emocion sino, como bien dice Pilar, "estos descriptores tienen que ir acompañados de una conclusión y de una valoración, y si puede ser, de una orientación para quien lo lea".
Y yo añado que tambien de un flash de pura y subjetiva "percepción personal del entorno". A saber.

Galicia es muy grande en cuanto a vinos, menos que otros lugares pero aun asi muy variada. Si uno quiere que quede claro su matiz sobre tal o cual vino, a mi entender, debe quedar delimitado de donde proviene ese vino, no solo geograficamente, sino tambien de que "motivos". Un vino hecho sin un desmedido afan comercial podria, en mi modesta opinion, ser mejor que otro que si conlleve ese afan, y que obliugue a su autor a tomar decisiones mas mercantiles.

El resultado final puede ser muy diferente en uno y en otro caso, aunque evidentemente no se garantice nada por esta "motivación". Solo se trata de dar un elemento mas.

Asi tendriamos descriptores, si, pero sin concursos, emociones, tambien por lo que tienen de personales e instransferibles y tambien descripcion no solo del suelo o de la orografia, sino tambien de las motivaciones.

Fueron las motivaciones las que me llevaron, por ejemplo, al Clos Dominic. Y no creo haberme equivocado, al menos para mi muy particular gusto.

No se si me explico, si no es así y molesta algo, pido disculpas por adelantado...

Juan Pérez Escribano dijo...

Gracias Joan de otro Joan. Brindaré por tí. Salud.

magago dijo...

Buena reflexión, Joan. El hecho de planteársela, en si misma, ya significa un paso nuevo en la evolución personal como "escritor de vino". Creo que los descritores son un elemento necesario y útil, aunque muchos de ellos sean vagos y, no nos engañemos, a veces sean simple especulación.

Yo veo al vino como una historia: no sólo es un recuerdo, es todo lo que rodea a esa botella, en el pasado, en el momento presente, en el futuro. Veo a la descripción de la botella y a su contenido como parte de una cadena narrativa: a veces está en el planteamiento, otras en el nudo o en el desenlace. La memoria, la estimulación de las imágenes del recuerdo, son una parte. La otra es nuestra experiencia directa con el vino, con sus gentes, con su tierra, con quien lo tomamos, con lo que el vino hace sentir y provocar. Como comentas, la memoria es un arma poderosa de narración, pero no es fácil hacer que un recuerdo signifique lo mismo en dos personas. Y muchos lectores a veces se pueden sentir frustrados porque no sienten lo mismo que tú has descrito.

Con esa frustración del consumidor se juega: a diferencia de la literatura, en estos textos las palabras no son el fin último. Lo último es algo que está fuera, en una copa. Lo normal es que ese consumidor no perciba lo mismo que nosotros. Y se frustrará. Me interesa poder saber lidiar con eso.

¡¡Vaya, ahora entiendo por que Parker valora unicamente con números!! :-)

J. Gómez Pallarès dijo...

Hola, Pilar, y perdona tú y todos que conteste con cierto retraso: ayer estuve de viaje en Sevilla y volví muy tarde a casa.
Mi punto de vista es el siguiente: reducir, como también proponía Manuel, el listado de la alacena, pero intentar hacerlo con criterio, precisando más, afinando tanto como sea posible, reduciendo los descriptores a la medida de las cosas más esenciales de un vino.
Lo que nos parecía mal, también a ti, es el listado indiscrimanado, a veces incluso contradictorio, que tantas veces leemos. Y otra cosa queno me gusta nada y confunde a la gente, es la indeterminación: ¿qué quiere decir "frutillos del bosque"? ¿Cuáles¿ ¿Con qué nombre y qué armoas? Porque no saben ni huelen igual una mora madura que un arándano negro, por ejemplo. Y asi ad infinitum.
Menos descriptores, pues, y más razonados. La otra cosa es intentar hacer una descripción combinando información y emoción, intentando, en la medidad de lo posible, combinar datos con emociones, con sentimientos.
Una cosa es decirlo, claro, y la otra saber cómo hacerlo, cómo decir el vino, escribir sobre él atinando en estas ideas.
Y lo último que apuntas, es algo, en efecto, que sí hago siempre: dar mi opinión, en lo poco que valga, es un elemento no sé si imprescindible (dirán "quién es éste y qué cualificación tiene para valorar"), pero para mí necesario de este blog. Cada cual busca reflejar su personalidad e ideas de forma distinta. Yo quier describir con tino, en la medida de lo posible, pero también que la gente seap si me han gustado o no, el vino y la comida que he tomado.
Otra cosa es, ya, cómo se haga esto. Intenté durante cierto tiempo, incluso lo razóné, usar un sistema de puntuación. Pero me sentía incómodo con él y ya no lo utilizo. Ahora, de forma más discreta pero igualmente presente, sea con adjetivos, con frases completas, siempre ofrezco alguna opinión, léase valoración, del vino.
Encantado de volver a tenerte por aquí, querida Pilar.
¡Besos y hasta pronto!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto que ni molestas ni hay que pedir disculpas por nada. faltaría más: aquí cada cual dice lo que piensa.
Yo ya comenté, no aquí sino donde Manuel, que no renuncio a combinar estilos. Mi próximo comentario intentará plasmar, en dos o tres vinos, un tipo de descripción mças emotiva, distinta en este sentido, con menos descriptores y expresados más desde los sentimientos y emociones que han despertado en mí los vinos, que no desde los puros razonamientos organolépticos o técnicos. Pero ya decía donde Manuel, en una de las respuestas que nos cruzamos, que yo no renuncio, por supuesto, a seguir escribiendo notas donde explique mis motivaciones, donde hable de las técnicas de vinificación, donde describa a personas y tierras ue han hecho posibles los vinos y donde, claro, acabe describiendo con una serie de descriptores y sin tantas alharacas, el vinmo o la comida que haya tomado.
Ya lo decían los antiguos poetas, griegos y romanos, en la variación está la clave de la diversión.
Por ahí vamos.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Ha sido un placer, Juan! Ya ves que tus fotos han caído en un momento muy oportuno y me ha apetecido combinar mi texto con ellas. Son muy bonitas, algunas de una intimidad soberecogedora. Tú sí has sabido, en ellas, aprehender el alma de la planta, de la parra, del zarzillo, del interior de la fruta. Me gustan mucho y ojalá que más personas puedan irlas conociendo y comprando, claro, porque si están en exposiciones es porque estarán a la venta (las que queden y en los tirajes que hagas).
Saludos
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Había escrito un largo comentario a tu sugerente imagen, Manuel, y mi torpeza con las manos y las teclas lo ha mandado al garete. Qué desgracia. Intentaré resumir de nuevo aquello que quería explicar ahora.
Tu imagen del vino que tomamos como un fragmento de su historia es muy poderosa, muy sugerente y estoy muy de acuerdo con ella. hay vinos que requieren, para ser entendidos y amados y valorados, que uno hable del abuelo que plantó las cepas y que lleva esa tierra y ese vino en la sangre (así me pasó, por ejemplo, con el abuelo Tessari y los vinos de Ca' Rugate); hay vinos, por el contrario, que piden que el lector sepa de una inversión millonaria (así, por ejemplo, con Pago del Vicario, en Ciudad Real); y hay otros vinos que piden que se hable de ellos en susurros y explicando casi una historia en la intimidad (la historia del Celler Bàrbara Forés, por ejemplo, en la Terra Alta). La dificultad, claro y como tú apuntas, está en acertar el tono en cada ocasión. Pero siempre sucederá que el vino conlleva mil historias, del tipo que sea, que en un momento determinado, precisamente ése en el que tú estás bebiéndolo, se crizan con la tuya. Ahí está la magia y la dificultad del asunto: saber aprehender en cada momento, qué necesita una historia para ser contada.
Hacerlo desde un listado o guía con puntos, es muy sencillo, por muy acreditados que estos punotos estén. Hacrlo desde una guía que combine puntos y palabras es extremadamente complejo y, creo, irrealizable en las condiciones que aquí propongo: ¿cómo describir con calma, dando a cada vino lo que necesita, 4800 vinos? Se hace necesara la repetición aburrida, casi monolítica, de difícil discernimiento por el lector, de unos mismos elementos de la ya famosa alacena.
La conclusión: éste es el mejor medio, el blog, para hacerlo con buen y pausado ritmo, intentando dar a cada vino la historia y el trato que merece y permitiendo, además (cosa que ni las guías, que además siempre llegan tarde; ni las páginas web, demasiado pasivas) que tus comentarios sean completados, casi en tiempo real, por tus lectores.
En encontrar los tonos y medidas adecuados a cada historia que quiero contar, Manuel, pongo el empeño. Y claro, también a mí me interesa "lidiar" en esa plaza y, a ser posible, salir limpio de cornás. Aunque ya se sabe, que más cornás da el hambre yq ue aquí, por lo menos yo, estoy por pura diversión.
Saludos
Joan

Anónimo dijo...

Hoy que he leído que las expectativas de cosecha en Zamora (Arribes, Toro, Tierra del vino,.....) son de un 40% menos que en primavera. Me pregunto si esas uvas, que en unos meses darán vino, encerrarán la "mala uva" que llevará la cepa por no poder haber sacado adelante sus racimos.

Mi opinión sobre lo que se escribe de vinos y gastronomía en guías y por parte de críticos profesionales es que, además de repeler en muchas de las ocasiones, hacen que al terminar de leer la crítica se mire directamente la nota. Es decir, ni caso a lo que se escribe, no por falta de interés sino por falta de claridad.
Yo "soy más" -era más- de decir lo que me pasaba en el cuerpo cuando bebía ese vino o aquella cerveza, a qué me sabía aquel plato....... Poco se habla de estas "cositas": Cuando un crítico habla de puntos de cocción perfectos...., ¿perfectos para quién?; cuando alguien habla de vino excesivamente alcohólico, ......¿alcohólico para quién? Y así infinidad de ejemplos. Y éste me parece uno de los vicios y males de los blogs: nos convertimos, en un primer momento, en seguidores de quienes llevan escribiendo profesionalmente años.

A mí me gustas como cuentas las cosas, es más, me va a gustar el tono más personal que van a tomar tus escritos. Creo que en el futuro, los blogs serán muchísimo mas escuetos -si es que siguen existiendo-, de un párrafo, y quedarán blogs como éste que seguirá siendo delicioso leerlo a menudo.

Un saludo

Roberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Tienes mucha razón en lo que escribes, Roberto: los blogs, cada vez más, se van convirtiendo en una especie de clones de aquello que se lee impreso y que escriben los profesionales del sector. Los descriptores y su uso son un buen ejemplo de ello. La ausencia, el vacío, en la búsqueda de un estilo propio (mejor o peor, ya no entro y,casi, qué más da) se nota. Y yo creo que lo importante es tener un punto de vista, sea el que sea, pero un punto de vista propio.
Ahí está la gracia de los blogs precisamente: que no estamos subordinados a nada ni a nadie y podemos hacer, literalmente, lo que queramos.
No sé, además, cómo serán en el futuro los blogs, si son. ya comenté en su momento qué me parecía la historia de los "twitter" aplicada al mundo de los vinos y las comidas. No creo que sea lo que necesitamos. Puede ser útil, en un momento dado, para tener acceso a miles de fichas de vinos (ah, la memoria, perderá otra batalla seguro!!!) a través del teléfono. Pero un gran vino, una buena comida, necesitan un espacio de mayor reflexión, sosiego, pausa, palabras pensadas y períodos sintácticos algo más extensos que un simple "gorjeo".
Yo intenté también algo parecido con algunas fichas de vino, pero no me gustó porque no es mi estilo. Respeto mucho a aquellos que han escogido esa forma porque también es útil (Os Vinho,s por ejemplo; o Winecentric), pero no es la mía.
Acabo: muchas gracias por tus palabras. Intento escribir en castellano correcto aquello que vivo y siento y cuando a alguien le gusta, me siento compensado.
Mi próximo comentario será más en ese estilo que aquí comento, más de emociones que de datos, pero no renuncio a seguir mezclando estilos porque, en el fondo, en la variedad está el gusto!
Saludos!
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

Resumiendo: ¿Como describir un vino sin descriptores ni recuerdos de sensaciones? Tan complicado es definir un frutillo del bosque (acido, sabroso, fresco, vivo, alegre,..)como el terruño que tanto gusta a los que van de puristas. ¿Que es el terruño? ¿A que sabe? ¿Por que una parcela dividida en dos con la misma uva y el mismo enologo, el mismo clima, la misma tierra, minerales, incluidos, produce a un lado un supercru y la otra un vino olvidado y mediocre? A veces pienso que no apostamos por el vino sino por un egocentrismo fuera de todo lugar. Cada cual que diga del vino lo que quiera. Yo disfruto leyendo los blogs que frecuento y no me gusta comprobar el vocabulario tan escaso y pobre de las prinicipales quias de vinos tanto españolas como extranjeras. y nosotros no cobramos.
Saludos, Joan.

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues es eso, Jose. Cada cual que describa como mejor y más oportunamente le parezca. Yo creo, y eso es lo que he intentado en el post inmediatamente posterior a éste, unir algunos descriptores con algunas "emociones" / sensaciones fácilmente identificables. Quien haya paseado por el campo, sabe bién qué es "el éxtasis de la polinización": pues que eso sirve para hablar de una miel primeriza, me gusta. Y lo usé.
Por supuesto que habrá ocasiones en que diré "miel de acacia" o de "castaño", y me quedaré igual de satisfecho.
Lo que no me gusta nada es que la gente escriba "frutillos del bosque" y se quede tan ancha. ¿Qué es eso? ¿Cuántos hay? ¿De cuántos tipos? No es lo mismo el fruto, su olor y sabor, del madroño, que el de la fresa salvaje. Y ambos son frutillos del bosque.
Lo que no me gusta, vaya, es la trivialización del asunto y que los que tienen que escribir 4000 fichas se refugien en eso. Comprendo muy bien que tiene que ser muy difícil hacerlo con cuidado para tantas catas, pero caramba, para eso son profesionales.
Por aquí seguiremos probando estilos y, sobre todo, intentando pasarlo bien!
Saludos!
Joan

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