23 julio, 2008

Vinos antes de la partida















Con un calor sofocante a ratos (campo de trigo agostado y azotado por el sol canicular), con un frescor que casi recuerda el de una playa al atardecer, tras la tormenta y batida por el gregal, Barcelona debate si entra de lleno en el verano o se lanza de cabeza al otoño. Mientras, servidor de Ustedes y su familia, ultiman los preparativos de la mudanza con un frenesí casi impropio de la edad que me contempla. Y sin ánimos de beberse la bodega entera (por aquello de aligerar el traslado y minimizar el riesgo de botellas rotas), se da uno cuenta de que salen y salen botellas de las que por alguna razón le apetece dar cuenta. Los resultados son desiguales, la selección bien deslabazada, pero ahí van las notas apresuradas, sin asomo de documentación (llegarán tiempos mejores para ello, lo prometo), por si a alguno de los lectores que por aquí pasan le apetece contrastar opiniones o tomar ideas: empiezo con un claro disgusto, un Viña San Román 2004, de la DO Toro. Lo que pasaría por ser una de las máximas expresiones de la tinta de Toro llega con un maderazo que no sé si los años arreglarán. Entre la madera, el serrín y algunos atisbos de madera noble decapada se mueve la cosa, con restos dispersos de fruta casi irreconocible y un paladar pesado y fondón. Un vino y una añada del que esperaba mucho y que me ha decepcionado más, claro. Del celler Mata d'Abelló, en Gelida (DO Penedès), sus propietarios me mandan, y yo lo agredezco, varias botellas de las que reservo una para el próximo invierno por lo menos. Pruebo las dos de xarel.lo que produce la bodega y reconozco que le encuentro poca personalidad varietal al que sólo ha conocido el inoxidable. En cambio, el Mata d'Abelló tot tó 2007, fermentado en barrica (mi botella, la nº 1356), procedente de cepas viejas de Gelida y con 13%, es un vino que me gusta mucho: a pesar de su vinificación, tiene un amarillo bastante palido y aporta aromas de hinojo, el frescor de la mata de hierbaluisa. En boca es sápido y con gran estructura, con posgusto de pimienta blanca y de canela. La madera le cae muy bien y es agradable. Remata con notas de incienso y hace gozar de un frescor que casi recuerda el de un lejano carbónico Para conocerlo, sin duda. El segundo vino intercambiado con El Baranda es un Viña Salamanca 2007, rosado de lágrima y VT de Castilla-León. Procedente de frutas (rufete y tempranillo) de las laderas del Alagón, en la Sierra de Francia, y con 13,5%, se trata de un rosado hecho por Joan Milà para las Bodegas Valdeáguila, en Garcibuey (Salamanca). Tiene un color frambuesa brillante e intenso y huele a fresón no muy maduro. Tiene mayor cuerpo y taninos, más extracción que el otro rufete probado (la tempranillo le da más estructura). Con mínimo carbónico, es amplio y casi carnoso en boca. Es un vino que tomo con gran placer, un rosado que me gustaría tener con más frecuencia a mano, con una alianza que se muestra muy afortunada, suculenta y eficaz, entre la rufete y la tempranillo. Un gran blanco ha "caído" también antes de la partida: de una de las mejores bodegas del Mosela-Saar-Ruwer, Heymann-Löwenstein, 1990er Wininger Uhlen trocken. Con 11,5% y una decantación de un par de horas, servido a 12ºC, es de un amarillo intenso, casi de oro viejo, con un sequedad grande, acompañada, paradójicamente, de un gran frescor. Hierbaluisa, citronella, pedernal, fruta blanca de hueso, es un vino intenso y pletórico, todavía en plenitud. Termino con dos tintos de raza que me han hecho disfrutar en noches más bien frescas, tomados ambos sobre los 16ºC: procedentes de suelos probres, donde la cepa tiene que trabajarse a conciencia su futuro, el Parraleta Emoción 2005, de Bodegas Ballabriga, monovarietal de parraleta de la DO Somontano, es un vino de capa media, de aquellos que Manuel Camblor quizás definiría de "acuoso". Del color del fruto de la granada, huele intensamente a monte bajo, a orégano y tomillo, a cereza madura y a odre viejo. Remata con una nota de cedro noble y se deja beber con peligrosa facilidad. Dejo para el final el que más me ha emocionado: de Vinya Natura, Quatre Vents 2006, un vino de cepas castellonenses (entre Benlloch y Les Useres), con mucha merlot y menos cabernet sauvignon (80-20), que se presenta como vino de mesa (14%), y tiene una capa media alta de color rojo rubí intenso. Huele a oliva negra bien madura, a pimiento verde a la brasa, es tánico y poderoso en boca. Muy mineral y sabroso es, al mismo tiempo, austero y, casi, áspero. Cerezas maduras te regalan el posgusto y te recuerdan que cepas bordelesas como éstas tienen, también, un brillante futuro en tierras meridionales.

La puesta de sol en verano tras el campo de trigo By Victor Nuno. La de la playa de Kamamura tras la nube By Altus.

4 comentarios:

Mike Tommasi dijo...

Fantasticos los vinos de Heymann Loewenstein!

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, querido Mike, entre Schieferterrassen, Uhlen y Röttgen, nos suelen dar unas alegrías de aquellas de hacer revolotear las mariposas en la boca del estómago!
Saludos
Joan

Jordi Alemany dijo...

Gracias por catar los vinos de Mata d'Abelló, y mejor si al menos el tottó 2007 ha sido de su agrado.
Espero que este invierno cate el Balló 2006.
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Por supuesto, Jordi! Y tengo el Balló 2006 siguiendo tu consejo y reposando en la bodega hasta dentro de unos meses.
Saludos cordiales y muchas gracias, de nuevo, por el envío.
Joan

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