21 abril, 2008

Vino y poesía en suelo itálico


El otro dia realizamos una experiencia inédita en la Enoteca d'Italia. Alberto y Leo seleccionaron cuatro de sus mejores vinos tintos y me pidieron que los explicara junto con algunas poesías latinas. Se trataba de intentar encontrar nexos entre éstas y aquellos. Yo tenía claro que el contenido intrínseco de la poesía no podría servir para explicar las características del vino (demasiados siglos de distancia, demasiados cambios en las técnicas de vinificación del siglo I a.C. al XXI d.C.), así es que me decanté descaradamente hacia la metáfora. 10 sufridos y atentos degustadores se sentaron a la mesa y escucharon (espero que con provecho: yo no estaba muy seguro de lo que había preparado), por ejemplo, cómo el Hofstätter Barthenau (pinot nero, Alto Adige) 2003, podía beberse junto a una lectura de Catulo, 13. ¿Por qué? Porque el sufrido enamorado de Verona dedica su poesía a Lesbia (hasta aquí ninguna novedad), pero lo hace sublimando todo su sentimiento en el aroma delicioso que exhala su amor. Un perfume, muy suave y elegante, que puede ser comparado con el mejor de los vinos puros, convierte al amigo de Catulo, Fábulo (coprotagonista del poema), todo él en una nariz.

Es el perfume de su amada el que desencadena la metamorfosis de Fábulo. Exactamente lo mismo me pasó la primera vez que acerqué mi nariz al Barthenau de Martin Foradori: un viñedo privilegiado e histórico, el de Sant'Urbano (en Mazon), cepas de 60 años en muchos casos, una pinot noir asentada desde hace mucho en el Alto Adige y un sistema de vinificación que da tanta importancia a la fermentación como al afinamiento del vino (y, lo más importante: tanto tiempo en barrica francesa, un año, como del contenido de todas las barricas juntas en un gran tino, otro año), dan como resultado un vinazo espectacular. Este 2003 empieza a estar pletórico, sinónimo aquí, no de robustez o de explosión de fragancias, sino de sutileza, de gran finura, de un color y capas rubí medio, con especias, con guindas, con taninos medios y delicados, con canela, con una paleta de aromas que no hace sino afirmarse con los años, pero hacia la comunicación en susurros. La misma, en efecto, que Catulo pretendió con Lesbia para una noche que él quiso eterna.

Siguieron otros dos grandes vinos. El Tenuta San Leonardo (San Leonardo IGT) 2001, que es la mejor expresión itálica del modo de hacer bordelés (más que del Medoc, en mi opinión de Graves: 60% cabernet sauvignon, 30 cabernet franc, resto merlot), explicado junto a la sublimación del epicureísmo en Roma, Horacio, Carm., 1, 11 (un vino muy mineral, con abundante pimiento verde asado, carne cruda y taninos más secantes para el famoso "recoje los frutos del día" de Horacio). Y el Roberto Sarotto, Barolo Audace DOCG 2000: expresión de la fruta muy madura, abundante presencia de terciarios en nariz y en boca y menos frescor y sutileza de lo habitual, para otro Horacio, Carm., 2, 19, un texto que define a la perfeccción el papel de mediador que tiene el poeta con los dioses: es aquél quien transmite el mensaje de estos a los hombres. ¿Cómo lo hace? ¡Pues Baco y el vino son sus principales ayudantes!

La sesión terminó de forma tan brillante (¡no por mí, sino por el vino!) como había empezado: con el Amarone della Valpolicella classico DOC 1999 de Bertani. Este vino ha cosechado tantos éxitos, se encuentra en un punto tan ideal de consumo, pero tiene, además, un potencial de guarda tan increíble, que la bodega ha decidido dejar de comercializar por un tiempo el stock que tiene y permitir que siga evolucionando. Así es que si podéis comprar una botella, no lo dudéis, por favor. Corvina veronese, rondinella y molinara han pasificado durante cuatro meses, han sublimado su mosto y han hecho una fermentación larguísima (sobre los 40 días), que se ha comido todo el azúcar de un vino que nació con alma de dulce, pero que se ha convertido en seco (menos de 4 gr de azúcar residual /L), en un principio casi por error. Eso es lo que confiere singularidad absoluta y belleza a este vino: aromas de cereza madura (casi recuerda la coca de cerezas de Tarragona), de caramelo, de vainilla, junto con especias y trufa blanca, te desbordan en boca, con un tacto muy amable, suave, casi de terciopelo, pero al mismo tiempo lleno de personalidad y de taninos persistentes. Una experiencia única (más ahora, en que encontrar una botella será tema complicado). Fue saboreado con una poesía funeraria (CLE 1318). No podía ser de otra forma: el anciano Primus nos explica, desde su tumba en Osta antica, que "he vivido a base de ostras y de tomar los mejores vinos de Falerno; y tomar los baños, beber vino y hacer el amor han envejecido conmigo a lo largo de los años". ¿Se puede uno imaginar mejor consejo a la hora de tomar una copa de este amarone excepcional y finalizar una velada tan especial?

8 comentarios:

el pingüe gourmet dijo...

Éste es uno de los grandes entre los más grandes post que te he leído. Mi enhorabuena y mi envidia hacia los asistentes.

Un saludo
Roberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues muchas gracias por tus palabras, Roberto. La verdad es que me ha costado bastante escribir sobre ello: era complicado hacer una crónica desapasionada de algo en lo que has participado directamente...Al final salió el tono más o menos adecuado, a medio camino entre la crítica de algunos vinos (hablo, sobre todo, de los dos que más me gustan) y la razón del encuentro, sin entrar a dar clases de "literatura" (no era ése el objetivo).
Creo que la mayor parte de asistentes no son lectores de blogs (tampoco de éste) y aunque su cara denotaba satisfacción, confieso que hubo menos participación en el diálogo de lo que Hal, Leo y yo esperábamos...supongo que en el fondo se lo pasarían bien.
Un saludo
Joan

José Luis Giménez dijo...

No tiene nada que ver, pero has hecho que me acuerde de Las Tesmoforias y Las Nubes.
Me alegro de que saliera bien este asunto tan distinto.

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

Caramba, Jose, no sabía que anduvieras tú también con Aristófanes. Confieso que las Asamblearias es una de mis comedias preferidas de todos los tiempos.
Salió bien, creo, pero me falta aquello que los pedantes llaman "feedback", que será algo así como "comer para atrás", ¿no?
Saludos
Joan

José Luis Giménez dijo...

Me miraban como si fuera idiota (y sin el como ;) cuando me iba riendo a carcajadas en el transporte público leyendo a Aristófanes. Con Las Tesmoforias era de quitarme las gafas y limpiarme las lágrimas de la risa.
Algo complicado el conseguir 'feedback' en un acto así, no van a decirte a la cara si les ha gustado o no de forma sincera... ¡El "paciente" siempre miente! Saludos. Jose.

J. Gómez Pallarès dijo...

Es desternillante, en efecto, Aristófanes, con la mala leche que gasta y su manera tan directa de meterse en todo y con todos...
Confieso, por lo demás, que su griego me apasionaba, de los que más.
Por lo demás, qué bonito ejercicio: ¿con qué te "tomarías" a Aristófanes, Jose? Yo le pondría un buen cava, joven y brillante, tipo Colet Assemblage!
Joan

José Luis Giménez dijo...

Pues mira que yo le veo con una cava mucho más vivaz y chispeante, más en la línea del básico de la gama.
Yo desde luego leía a Aristófanes en versión traducida, que mi conocimiento del griego es absolutamente nulo, si bien había notas del traductor que ocupaban página y media para explicar algunos conceptos.

Saludos,

Jose

J. Gómez Pallarès dijo...

No nos pondremos a "discutir" por eso, amigo mío! Yo le veo un poso como de cierta madurez, llena de lucidez al tiempo que de chispa, que me lleva más a un tipo assemblage que al blanc de blancs.
Pero vaya, que como conclusión podemos decir que Aristófanes con cava, pega!!!
Saludos
Joan

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