31 marzo, 2008

Anatomía del placer: WFW


No estoy en esto del vino para hacer carrera o negocios, aunque no le giraré la cara a las oportunidades que me brinde, sean del tipo que sean. Estoy, sobre todo, por placer, porque me lo paso bien conociendo a gente, probando y descubriendo los vinos que en el mundo son, y sus comidas, claro. Tras mi reflexión en "voz alta", he seguido dándole vueltas al asunto y a su relación con el blog y con la escritura del vino, mientras bebía cosas que me apetecían mucho y sobre las que no diré nada (¡novedad!). Por azares, o no, de la vida, me mandaron sus editores (gracias, Sara! Y gracias, Franco, por tu iniciativa) dos ejemplares de la que creo es la mejor revista actual en el mundo del vino, The World of Fine Wine (WFW). Su número 28 (2007), lleno de noticias de interés (subastas en el mundo del vino), de reportajes de fondo (E. Avella sobre los champagnes de un solo pago; M. Schuster, sobre las diferencias de terruño en la copa), de artículos de investigación y erudición (espléndido J. Barquín sobre R.L. Stevenson y su relación con el vino) y de notas de cata alucinantes (sobre grand crus de Chablis; sobre Burdeos 2003...), lleva también no pocas reflexiones de grandes del mundo del vino. Ya se sabe...si el argumentum es auctoritatis, parece que suena mejor. Y dos de las afirmaciones que leí parecían, casi, compartir mis pensamientos. Sirvan, pues, para completar mis reflexiones del otro día y, de paso, para explicaros para qué sirve, entre otras muchas cosas, tener WFW a mano.

Sobre la hora y condiciones en que me gusta catar, bastante cachondeo se ha levantado ya entre mis amigos como para que abunde en ello. Pero faltaba por decir, claro está, que una cosa es catar y la otra beber vino. Y los lectores de este blog y los amigos con los que como de vez en cuando saben de sobra que lo que más me gusta es beber al tiempo que intento combinar, cocinando yo o no, el vino con la comida. Y Hugh Johnson (alma mater de WFW, en la foto superior) daba en el clavo cuando, con su habitual elegancia, concluía su "coup de coeur" (pp.45-46 de este número) afirmando que "I just don't have enough meals in a day, and wine without food is a half-told story". Ésta es la razón por la que mi blog lleva el título que lleva y por qué creo que un grupo de cata organizado no es lo mismo que un grupo de buenos amigos y amigas que se reúnen para comer y beber vinos, al tiempo que los comentan. A mí me interesa el vino porque antes me interesó la cocina y lo uno sin lo otro es, eso, "una historia a medio contar".

La otra reflexión es de alguien a quien respeto también mucho, Terry Theise (sobre su "Theise Manifesto" hablaré en otra ocasión, pronto; sus catálogos y selecciones son pura delicia). El título de su artículo en WFW 18 (pp.128-31) inspira, incluso, al de esta nota: "The Fun Principle and why it runs from us". Describe en él sus sensaciones tras 30 años de intensa relación con el vino. Su tesis casi da miedo: "I start to wonder whether the longer we drink wine, the less fun we have with it". La saturación es mala compañera, sin duda, asociada al ejercicio del placer. Y su conclusión, para mí principal, relacionada con la intensidad que el vino te exige cuando tienes que hablar con él y, después, hablar y escribir de él, ha sido reveladora y muy coincidente con lo que llevaba en la cabeza: hablando de una botella de Muskat tomada tras dos días de trabajo intenso y absorbente, en la cima de una montaña, sólo con él mismo y con el vino, dice que "the wine was perfect, the moment was perfect, and it was perfect because the wine was content not to occupy my whole attention, but rather to keep me company". Diana en ambos casos: el vino sin sus comidas se queda en historia a medio contar. Y se convierte en una auténtica fuente de placer cuando te acompaña sin absorberte por completo. Si esto sucede de vez en cuando, pues tampoco está mal, añadiría yo: la pasión sin intensidad y absorción plena a ratos, es menos pasión. Pero si la búsqueda de todas las características de lo que estás bebiendo te domina de tal forma que te obsesiona, déjalo, y dedica un rato a buscar buenos vinos que te ofrezcan su compañía sin pedir grandes cosas a cambio y, además, te den placer. Ni más ni menos.



Ése es, en mi opinión, el hilo conductor fundamental de WFW y lo que he encontrado a raudales en la revista: placer. Placer en la lectura de viajes alrededor del mundo del vino; placer en la descripción de los vinos que acompañaron a Stevenson y a sus personajes a lo largo de su vida; placer en la descripción de los efectos del terruño en dos vinos del mismo elaborador y distintos terruños (Domaine Dujac, ni más ni menos), etc.; placer, además, para quien ama los libros y las publicaciones bien hechas, bien presentado y mejor fotografiado, compaginado con elegancia y sensibilidad. WFW no sólo es una revista grande por su contenido, también lo es como objeto de belleza y fuente de sensaciones placenteras. Los editores de WFW ofrecen ahora a través de este blog una condiciones muy favorables para quienes quieran suscribirse a la revista: un 15% de descuento sobre el precio de salida, que incluye los gastos de envío. Ya sabéis que yo de esto no saco más que el placer de haber leído la revista, aprender en ella un montón de cosas, haber encontrado argumentos que servían para apoyar lo que llevaba en la cabeza sobre la relación entre el placer y mis vinos y, además, poder explicároslo. No es poco.

14 comentarios:

Carlos Rodriguez dijo...

Estimado Joan, muy interesantes tus lineas. Empezaba a preguntarme, como ya notaste en mi blog, la a veces absorbente importancia que puede adquirir el vino en las reuniones frente a otros matices más importantes y que surgen gracias a él pero que nos empeñamos en buscar todos los matices del vino a toda costa. Que sí, que lo haremos siempre, pero yo hace ya algún tiempo que en ciertos momentos no tomo notas, no grabo sensaciones y dejo la búsqueda de los matices para otras circunstancias.
Joan, no quiero extenderme ya que creo que entiendes a la perfección lo que quiero explicar y tú lo has reflejado en estas líneas de forma clara.
Saludos
Carlos

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, Carlos. No sé si conoces o has seguido la carrera profesional de Terry Theise y sus Estate Collections. Pero que un tipo así, que se toma con tanta pasión y empeño su selección de vinos a lo largo y ancho de Alemania, Austria y la Champaña, acabe diciendo lo que dice en este número de WFW da que pensar.
Cada cual tiene que saber, o puede hacerlo vaya, cuáles son sus límites y qué busca en ellos (no todos somos iguales, claro, ni pretendo generalizar cone stas notas) y a partir de ellos, darse algunas válvulas de escape y de reencuentro con el mero y puro placer de tomar un buen vino sin más. A eso apunta el artículo de Theise y eso, creo, es en lo que acordamos tú y yo también.
Saludos
Joan

Joan dijo...

Hola Joan,
Interesantes reflexiones sobre el placer, los momentos, lo que es relativo y absoluto. Y posiblemente tu post no sea casual, ni su orden tampoco. Intentamos siempre encontrar un equilibrio, la justa mesura (para cada uno es la que es). Me placen este tipo de reflexiones. Las esnaciones que nos acompañan cada día son diversas, y dependen de tantas variables. Estoy con lo que has apuntado de Terry Theise, y espero tu relato sobre su "Theise Manifiesto".
Una abraçada!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Has dado en el clavo, amigo mío. La nota estaba redactada desde hacía días, en efecto, pero tras la desgracia de mi amiga Isabel, me pareció que la sacaba ya. Nos preocupamos por tonterías, ocupamos casi siempre nuestro tiempo como si fuera gas, en minucias, cuando olvidamos que las cosas importantes de la vida, la vida misma, pasan demasiado rápido como para que no les prestemos atención.
Ayer era un día precisamente para eso y tuve que hacer lo que ya sabes que tuve que hacer. Estoy seguro que fuiste un amfitrión perfecto y que la jornada sería una gozada, un puro placer, para todos. Ya sé que lo contarás algún día, perp no aguanto la pregunta!!! ¿Con qué combinación preferida casaste erizos y vino? Yo hubiera traído una manzanilla de la Bota de...para hacer pruebas, pero habías hecho tantas propuestas interesantes!!!
Un abrazo y espero que hasta pronto.
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Perdona, Joan, con las prisas olvidé comentar que lo del Theise Manifesto será porque tomé un vino, de hecho más de una botella del mismo recientemente, que me hizo pensar en las "condiciones" que enumera. Después tuve la suerte de conocer a la bodeguera que lo hace. Y me dije: ya tienes un buen reportaje para no hacer tan teórico el tema, sino hilvanado sobre un vino.
Pronto en esta pantalla...
Otro abrazo
Joan

Joan dijo...

Como bien sabes tenía a disposición varios vinos para combinar con los erizos, entre los cuales habia manzanillas y amontillados. Yo estaba enfrascado en las tareas propias de un anfitrión, cual es hacer de todo un poco y nada en realidad. Al final no salió ninguna manzanilla ni amontillado, pero dimos buena cuenta del Tondonia blanco del '87 (con fantástica nariz, pero necesita más tiempo) y de un pletórico Tondonia Blanco Gran Reserva del '73 (parecía riesling, algo de hidrocarburos, genial!). Tomamos los erizos y las ostras al mismo tiempo, y el champagne y los Tondonias se encargaron de entrelazar el conjunto. Creo que fue una simbiosis de todo, la compañía, la experiencia de los mayores (mi tío, mi madre, mi padre..), la belleza del lugar (el molino de aceite), el fuego que nos acompañó,..lo que creó las sensaciones al estilo que cuenta Terry Theise. Todo bien puesto sin destacar nada en particular. Cada uno se quedó con lo suyo, con su momento. Yo me quedé con el todo, y con las ganas de repetirlo el próximo año (el encuentro con los erizos).
Un abrazo Joan,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Qué bonito suena todo, Joan, y qué gozada esta simbiosis de buena comidam buenos vinos, mejor compañía, bonito lugar. Qué pena no haber podido estar...
Me apunto, por lo demás, que el camaleónico, portentoso, Tondonia blanco sigue su carrera triunfal y es capaz, incluso (juro que jamás mo habría pensado), de casar bien con los erizos.
Salut i endavant!
Joan

IGLegorburu dijo...

Excelente Joan. Un pequeño apunte muy personal, para catar me gusta sobre las 11.00-12.00 horas de la mañana. Para beber vinos, compartirlos con los amigos, unirlos a gastronomía, y demás reuniones, cualquier hora me es válida. Para catar, lo entiendo como trabajo, en silencio, sin comida, solamente el sonido de un tapón de silicona abriendo barricas o el de una canilla de un depósito. El vino debe hablar, hay que escucharlo e interpretarlo para así poder tomar decisiones, a veces acertadas y a veces no. Y el silencio ahí, para mi es fundamental. Que hable él.

:-)

Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

Bueno, amigo Iñaki, yo puse eso por escrito (sobre las 11-12, exactamente como tú, en ayunas, como tú, con luz y silencia, en ambiente aséptico e inodoro, etc.) y el cachondeo cada vez que entro a alguna cata des de campeonato. De buen rollo, por supuesto, pero broma, también.
Pero yo lo tengo tan claro como tú: una cosa es la cata, para la que las condiciones son las que tienen que ser, las que hemos descrito. Y otra cosa es beber vino. Ésa es otra historia. Y quería comentarla, claro, y lo de Johnson me vino de perillas. Aunque sea incompleta la historia del vino en la cata, es la que tiene que ser si quieres enteder realmente de qué va un vino. Para beberlo charlando, comiendo, los parámetros del placer son otros. Uno es una historia incompleta, sí, pero necesaria. El otro es la historia completa, cierto, pero muchas veces mal contada (a las armonías mal logradas me refiero, claro).
Aspiremos a la perfeccción, a lo mejor, aunque nunca lo logremos. Ad augusta per angusta o como gusta decir J. Barquín, xalepà ta kala!
Saludos
Joan

cuatro especias dijo...

Estoy de acuerdo en tus reflexiones, sobre todo en "aspiremos a la perfección, a lo mejo, aunque nunca lo logremos".
Creo que esa frase resume bastante mi punto de vista sobre el tema.
En cuanto a la revista, parece interesante, pero la encuentro algo fuerte, para mi pobre nivel enológico.
No podemos abarcar todos los aspectos de la vida, mi fuerte: la gastronomía. El vino, a distancia y sigo en estudio.

J. Gómez Pallarès dijo...

Tienes toda la razón, 4E: es una revista muy interesante pero quizás más pensada para la persona especialista en vino o que quiere comprar vino de cierto tipo (no siempre caro, conste).
Con todo, hay también en ella, mucha información para no especialistas: desde los artículos de opinión, pasando por los reportajes de viajes, etc.
Saludos
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

Como todo en la vida, cada actividad requiere de condiciones, horarios y multitud de matices que la hacen especial y única.
Pero no todo se puede controlar y a veces el hecho de disfrutar supera con creces el caos y el "desorden".
No hay disfrute sin pasión, pero a veces el exceso de pasión conlleva a un cansancio fisico y del espiritu, y es entonces cuando hay que saber parar y recapacitar para poder empezar de nuevo, de cero, y alcanzar la felicidad, como el primer día.
Comentario filosófico ajeno a mi voluntad. ¡Si es que hay tiempo para todo!
Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Si te ha salido así, amigo La Guarda, es que así lo llevabas!!! ya ves que esto del vino, como los hijos, saca lo mejor y lo peor de nosotros.
Esta imagen del empezar desde cero, casi como un recién nacido, está muy bien. Tabula rasa, en latín!
Saludos
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Y ya me perdonaréis el fetichismo sobre el famoso número de Ángel Nieto, pero aquí no se queda.
Por si las moscas...
Joan

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