27 febrero, 2008

Molitor Zeltinger Sonnenuhr auslese 1999


Entre finales de noviembre y diciembre, sobre todo si ha habido suficiente calor e insolación en la viña en primavera y verano y, después, un buen período de fresco y de lluvia, muchos racimos enteros de uva riesling están preparados para ser convertidos en Auslese (vendimia tardía seleccionada). No se trata de un vino en esencia botritizado, aunque parte de sus uvas puedan serlo. No se trata, tampoco, de un vino seco, aunque a veces pueda ser considerado así (en función del azúcar residual que haya quedado, seco o semiseco). Se trata de un vino extremadamente seleccionado, que sólo se da en las grandes añadas y cosechas y que, en mi opinión, reúne lo mejor de la escalas seca y dulce de la riesling, pero con un equibrio único. Un buen Auslese posee la viveza y tenacidad de la juventud, la expresión de lo auténtico en esta uva, la sedosidad y calma de la experiencia y el poso de dulzor que deja la pasión. Por supuesto, refleja también la personalidad de la uva y de su terruño y clima. Qué mezcla tan perfecta allí donde se encuentre, sea persona, sea vino...Pocas palabras para resumir por qué creo que este tipo de vinificación es el que más satisfacciones me viene dando últimamente con la uva diva.

La bodega Markus Molitor es la más importante, por volumen de producción, del Mittel Mosel (Mosel-Saar-Ruwer). Consideran, como los grandes expertos (leed el comentario sobre la añada de Herr Direktor, en mi comentario de 17 de febrero pasado) que 1999 fue un año excelente para los Auslese. Este "rincón de tienda" que hallé en Verema i Collita (Pl. Joanic, 1, Barcelona), de dos ** (sobre los 100 grados Öchsle) tiene "sólo" un 8% de alcohol, y fue un buen hallazgo, vaya que sí. Lo compré por 22 euros y ha valido mucho la pena. Está en un momento óptimo de degustación pero creo que podría aguantar perfectamente unos cinco años más por lo menos, pues su acidez y estructura están todavía intactos. De un impresionante oro verde con una hora y media de decantación y a 12ºC, ofrece un sutil panorama de hidrocarburos, combustible fosil, carne de membrillo, levaduras y mermelada de limón. Tiene una boca portentosa, viva, ácida, algo glicérica, ligeramente untuosa, y regala un largo posgusto de lavanda, campo de flores en la Provenza. Con el pastel dominguero reseñado en la entrada que antes citaba, casó de miedo y me confirmó, por si me quedaba alguna duda (tras la Riesling-Parade de Girona), que el riesling Auslese es, ya, uno de mis vinos amados hasta mi próxima reencarnación, en que lo más probable es que aparezca convertido en mariposa: ya sabéis los expertos, ¡la que tiene más números es la Apollo Winningensis!

Leonardo da Vinci concibió al hombre como medida de todas las cosas y utilizó, para expresar su idea, este dibujo, a partir de Vitruvio. El "Hombre de Vitruvio" de Leonardo es una buena metáfora para hablar de perfección en el vino. La perfección no existe per se y me parecería supérfluo decir que un vino es perfecto. Un vino lo es en un momento idóneo de su vida, para una persona en concreto en otro momento adecuado de su vida, con una compañía que complemente y en un ambiente y con una comida adecuados. Entonces, llega uno a la idea, que no puede más que ser estrictamente personal e intransferible, de que un vino es "perfecto". Este Auslese 1999 de Molitor lo fue para mí, por ejemplo.

La foto de la vendimia tardía es de Weingutwinterling en Flickr.com.

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