20 febrero, 2008

La Fonda Emilio, ¡en forma!


La Fonda Emilio sigue en plena forma. Realizamos allí la cata de vinos de Cepa Vinis, que ya os comenté y, claro, tras la cata ¡nos quedamos a comer! La fortuna fue, además, que los vinos que habíamos probado en ayunas, volvieron a salir e intentamos combinarlos con algunas de las recetas de Rosana, Bibi mediante por supuesto. Los resultados más interesantes de esta unión de intereses fueron estos:

uno de los vinos que más me sedujo de entre los blancos fue este grand cru alsaciano de Gewürztraminer, Domaine Leon Boesch, Zinnkoepfle 2005. "Vin naturel" de 13,5%, que conviene servir sobre los 12ºC, ha pasado seis meses en fudres con sus lías y es distribuido en exclusiva por Cepa Vinis. Con suaves aromas de moscatel, de pétalos y agua de rosas, con los aromas de la polinización y de las abejas corriendo arriba y abajo, tiene un paso por boca sublime, sensacional. Fresco, con un punto de carbónico y una acidez vibrante, te devuelve aromas de pan tostado y de membrillo maduro. Un vino sensacional que casó de maravilla con la untuosidad del romesco de Rosana, con mucha avellana tostada y su escarola. Una pareja que me gustó mucho, de veras, aunque más me gustó el precio de este vino (sobre los 16 euros).

Con unas deliciosas albóndigas con boletus y guisantes, suaves, sabrosas y delicadas, entró de maravilla este Pommard del Domaine Denis Carré, Les Noizons 2005. Monovarietal de pinot noir y con 13%, ha pasado sólo seis meses en barricas de roble francés y 16ºC le sientan muy bien. De capa media y el color de la picota bastante madura, huele a pimiento asado y a ciruela pasa, al cabo de un rato salen cueros muy agradables, algo de ahumados suaves y, al cabo, la fruta madura (frambuesas) y los olores secundarios de la fermentación, En boca es un vino austero, con los taninos algo secantes pero finos y delicados, y posee una frescor y acidez que casaron de maravilla con las albóndigas y esa salsa espesada con los boletus. Un Pommard muy satisfactorio, gran introductor a la PN de la Borgoña.

Para aperitivo, para los postres, para platos con aves, para quesos semicurados, para peces de río, para tantas cosas el "Vin jaune" es una maravilla. Terminamos con éste del Domaine du Chateau d'Arlay, embotellado en 2005, pero producido en 1998. Dos palabras para explicar que este "vino amarillo" de Côtes du Jura es un monovarietal de Savagnin, que es vendimiada tardía. El mosto reposa en barricas siempre usadas (muy usadas, vaya) de roble francés y su peculiaridad es que pasa en ellas seis años y tres meses, de forma que la evaporación del alcohol reduce mucho el volumen inicial de vino y el resto lo hace el trabajo en superficie de la famosa levadura Saccharomyces cerevisiae. En efecto, se trata de un velo en flor que acaba produciendo un vino casi tan especial como algunos jereces, de un color amarillo oro viejo y una brillantez deslumbrante. Cuando asomas la nariz salen a raudales los aromas del velo en flor, oxidativos, pero con un volumen y grosor superiores a lo que suele dar uno de nuestros vinos andaluces. No es tan punzante y acerado, vaya. Aromas de levadura, pues, y de frutos secos, con nuez a raudales, incluso verde, avellanas tostadas y mezcla de curry asoman para acompañar una boca esplendorosa, larga y que llena mucho. Es un vino que se puede comprar ahora y que tiene un potencial de guarda enorme, superior a los 50 años. Por el recuerdo de las avellanas, me despaché finalmente con el semifreddo de avellanas del Baix Camp, que estaba delicado y rezumaba La Selva del Camp por los cuatro costados. ¿Mi conclusión? Esta alianza estratégica entre los vinos de Cepa Vinis y la cocina de la Fonda Emilio es muy atractiva y ofrece resultados que permiten aconsejar: "¡este viaje merece la pena hacerlo!"

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