29 diciembre, 2008

Sensaciones (ii)


La escudella se hace en una olla de dimensiones directamente tribales, como para que coma de ella toda la tribu, vamos, más los amigos y parientes que estén de paso...En la olla se va incorporando todo a lo largo de muchas horas y en función de la cocción que necesite cada ingrediente. En la fase final, se añaden dos de las cosas que más satisfacción dan a los "pequeños" de la mesa (por lo menos en mi casa), mis hijos, y a los inmaduros (un servidor, que se entusiasma por las cosas como un crío): las "pilotes" (de carne picada variada, pan, huevo, especias, ajo) y las butifarras (previamente escaldadas), con las que hay que tener mucho cuidado porque suelen despanzurrase con rapidez (como así sucedió con la blanca, en la parte central de la foto).

Los cucharones de caldo que tienen que ir para la sopa se separan y ponen en olla aparte, con la pasta y las albondiguillas. Y empieza entonces un duro trabajo (que en casa hacemos ipso facto, para que la carn d'olla no pierda un ápice de calor) que consiste en separar en azafates diferenciados, por lo menos los garbanzos, patatas, resto de verduras, por una parte; las pilotes y las butifarras, por la otra; y las partes de la ternera, del tocino, de la gallina, finalmente. Siempre, pues, llegan tres fuentes a la mesa. Aquí la grasa, la gelatina, la amalgama de sabores variados pero todos ellos poderosos (incluso la col, que siempre lleva la escudella, lo es), pide sensaciones más frescas y mayor energía a la burbuja que me sigue gustando ponerle. Cambio de cava, pues, y paso a una de las buenas sensaciones de Can Feixes: Huguet Brut Nature gran reserva 2005. Con un mínimo de dos años en rima, mi vino fue degollado en octubre de 2008 y empieza a estar ahora interesante, aunque creo que le queda bastante evolución en botella por delante. Con parellada, macabeo y chardonnay es, ahora, un cava fresco y adecuado para este tipo de platos. Dentro de dos años su crianza dará para otras gestas, seguro. De color amarillo pálido, burbuja mediana y perlaje en columnas aisladas, dominan en él la fruta fresca (manzana ácida, sobre todo; algo de albaricoque) y una gran integración en boca, entre la segunda fermentación del vino y la botella. Fresco, armónico, de cremosidad desbordante, es un gran complemento para la carn d'olla.

27 diciembre, 2008

¡Última hora!: concedido el Botellazo al Blog del Vino del Año


La noticia está todavía "caliente", recién salida del horno: Manuel Camblor viene perpetrando sus Botellazos caribeños en sesión continua desde el día de San Esteban por la mañana (hora local de Barcelona). Tiene a la afición vinobloguera mundial en ascuas desde entonces, con esposas, maridos, niños y perros ante el ordenador en sesión también continua. Hay de todo y bueno, como en cualquier botica que dispense las 24 horas del día, pero, como dirían por allá, recién acaba de publicar uno de los premios que más nos toca: el Botellazo™ al Blog de Vino del Año/División España y Latinoamérica. Y qué queréis que os diga, como receptor de uno de los primeros "golpes" del maestro Camblor, me alegra mucho que el premio de este año haya ido a parar al blog de un viticultor de pro, de un hombre que cree en la naturaleza y basta, de un hombre que tiene claro que el mundo es de los vinos naturales o no es, de las arañas en la cepa, de la ausencia absoluta de química, de un hombre que usa sólo el trasiego como herramienta, de un hombre que, hace ya tiempo, decidió que la comunicación no podía permanecer al margen de su actividad.

Sí señores, ¡¡¡hablo de Laure Serres y su Vinos naturales!!! La noticia honra a quien concede el premio, que no se ha dejado "sobornar" más que por la idea de que los vinos tienen que salir tan cercanos a lo que la madre naturaleza parió como sea posible; honra a los productores de vinos naturales; honra a los que somos consumidores habituales de estos productores y, claro, a Laure y su Celler Laureano Serres Montagut, que es el "culpable" del blog. ¡¡¡Un abrazo y muchas felicitaciones, Laure!!!

PS. Mañana me abro un Txanaguer Bateana 2006, que guardaba como oro en paño, para brindar por Laure y por el futuro de los vinos naturales en España.

Sensaciones (i)


Según el DRAE, sensación es aquella "1. f. Impresión que las cosas producen por medio de los sentidos." Sensaciones y sentimientos son los que corren a raudales por casas, avenidas, plazas y corazones durante los días posteriores al solsticio de invierno. Nuestros sentidos trabajan a destajo y se ven sometidos a una, a ratos cruel, a ratos agradable, a ratos sorprendente presión. Estas notas, sensaciones, son mis breves apuntes de algunas afortunadas combinaciones que han sucedido entre la llegada del solsticio y la de esos tres magos que, a lo que parece, cada vez lo tienen peor en estas tierras del occidente mediterráneo. Aunque no lo sepa, el espíritu de Carme Ruscalleda y de sus recetas de toda la vida preside nuestra mesa y la escudella llega puntual, con sus pequeñas albondiguillas y sus grandes caracolas de pasta, con sus verduras, su tocino variado, sus legumbres, su gallina, su ternera, su todo en un mundo que ya no sabe casi qué es es la dura vida física del campo y del frío.


Considerad lo que os parezca, pero a mí me gusta combinar la untuosidad, el exceso de esta sopa de toda la vida con una refrescante burbuja. Si tiendes a desgrasar la escudella varias veces, no hará falta que el espumoso sea muy refrescante y de burbuja esencialmente reparadora de encías y esófagos. Bastará, como en nuestro caso, un cava de cierta crianza, que haya atemperado un poco las fogosidades de la burbuja joven. Un cava como el Gran Reserva de la Finca 2003, de Raventós i Blanc, un vino con cuatro años en rima y degüelle anterior a los que había probado (roza ahora el año...), un cava que incorpora un 5% de pinot noir a las ya habituales xarel.lo (40%), parellada (25%) y chardonnay (10%) y ofrece un bellíssimo color oro intenso, con aires de autólisis matizadas, bollería fresca y manzana asada al horno. Poca burbuja a la vista, pero gran perfección en su integración con el paladar. Ofrece un bello contrapunto a la contundencia de la escudella de Nadal catalana y me gusta mucho esa sensación de contraste entre ambos mundos, el de la contundencia de la verdura y las carnes largamente cocidas con el carácter liviano de un cava con una proporción justa de envejecimiento para lo que se le pide.

25 diciembre, 2008

Reynoble Platinum 2006


Hay vinos que saben a culminación y a plenitud. Incluso en un cuaderno de las características de éste, "amateur" del vino por definición y vocación, no siempre se cata con tranquilidad, ni se documenta y meditan las cosas con calma. Se prueba demasiado y no siempre se digieren y comprenden los vinos con la debida lentitud, la que requiere aquello que ha necesitado de muchos esfuerzos y años de experiencia para llegar a la botella, a tu mesa, a tu copa. Pronto hablaré de eso (el 1 de enero próximo), pero lo escribo ahora porque es lo que me ha venido a la cabeza cuando he probado este Reynoble Platinum 2006 de la Vinícola Corellana. Don Antonio Sanz (en la foto, entre barricas) forjó sus armas en la cooperativa Nuestra Señora del Romero durante muchos años y, en 2009 (¡hará veinte!), decidió materializar su sueño propio y sus saberes en esta bodega, junto con dos amigos.

En viñedos de Corella (DO Navarra), en la Ribera Baja, enclave de aluvión junto al Ebro, tienen plantadas las variedades más tradicionales de la zona (tempranillo, mazuelo, graciano, garnacha) y las francesas cabernet sauvignon y merlot. Este Reynoble Platinum tenía un ensamblaje que me llamó la atención (85% de merlot, 15% de graciano) y decidí darle tiempo y lecturas. Creo que he acertado. Maceración relativamente corta (12 días), grado alcohólico moderado (13,5%) y paso por madera liviano (4 meses) ofrecen un vino austero, de carácter realmente vegetal y muy bebible. Creo que estas tierras de Corella aportan a la merlot un carácter bastante parecido a la que se da en Graves y me ha dado en nariz y en boca que la graciano le da una acidez y una frescura muy interesantes. Imaginad el papel de la CS y la CF al sur del Garonne en relación con la merlot, en proporciones inversas pero con un resultado final parecido. Tiene un bello color de picota madura y su primer aroma es casi de raspón, dicho esto como claro elogio, vegetal noble. El carácter frutal y goloso de la merlot asoma después, con unos taninos redondos pero no "almibarados", razonablemente astringentes, y algo de terciarios, después (muy poca vainilla, algo de cedro). Frescor y austeridad con aires de zarzamora, un poco de pimientos asados y, con más temperatura (ideal empezarlo sobre los 16ºC), algo de ciruela madura y aceituna negra de Aragón, completan el cuadro de un vino que se me antojó muy vino de antaño, muy de acompañar con gracia la comida e irte susurrando sus detalles sin estridencias, un vino discreto y agradable, un vino pleno y de culminación. La de Don Antonio Sanz, que seguirá dando alegrías (me consta) a los buenos aficionados con "nuevos" vinos de toda la vida (¡atentos a su graciano!). La suya, su mayor alegría, no me caben muchas dudas, será ver cómo este proyecto se va consolidando y cómo sus tres hijos van a seguir, en ámbitos distintos pero muy complementarios y con gran empuje, la vocación que él encontrara hace ya más de cuarenta años. Como siempre, ¡en la cepa está la renovación!

21 diciembre, 2008

Raventós i Blanc


Raventós i Blanc es una de mis bodegas de referencia en el mundo del cava. Fundada oficialmente en 1989, la actividad de la familia propietaria, los Raventós, hunde sus raíces en el suelo del Penedès. Muy cerca de Sant Sadurní, desde hace más de 500 años, los Raventós documentan su relación con la viña y con el vino. Don Josep Maria Raventós i Blanc forma parte, además, de la historia (¡escrita y no!) de la DO Cava y su hijo, Don Manuel Raventós i Negra, ha sabido materializar, con una elegancia y una discreción paralelas al roble que simboliza su marca, una realidad que hace apenas veinte años no existía más que en las cepas. De la cabeza de su padre nace el proyecto, pero de la suya surge la idea del "château" dedicado a las burbujas, de la idea del edificio como centro neurálgico de la finca y de un concepto de cava que prima, por encima de todo, la añada, la crianza y la peculiaridad de los distintos climas y terruños, con las variedades de uva más idóneas para cada uno de ellos.

En un mundo como el del cava este tipo de apuesta es arriesgado: aquí toda la uva está a la vista, toda es propiedad de la bodega y controlada por ella y toda recibe su tratamiento específico en función del tipo de vino al que va dedicado. Si, además, sobre esta filosofía campean otras dos divisas, calidad y precios ajustados, la oferta resulta de gran atractivo. Conocía los cavas y algunos vinos tranquilos, pero el azar más absoluto (nada relacionado con el vino) me puso en el camino de Manuel Raventós. Ni corto ni perezoso, le comenté que había tenido la suerte de participar en una cata vertical de ER (1999-2002) y mi admiración por éste, por otros cavas de la casa y por la comunicación y estilo de su marca. Me quedé con la estampa de un gran señor, al que intuí más dedicado al negocio que a lo que a mí me interesa de verdad, el trabajo en la viña y en la bodega. La idea preconcebida se rompía en mil pedazos al cabo de un par de meses, cuando tuvo la gentileza de invitar a unos amigos y a un servidor a una visita a la bodega. Pensando en la clásica visita de edificio y cata, me topé, por contra, con un auténtico agrónomo, con un hombre que ponía por delante de todo la explicación, SU explicación del territorio, de la finca, de las peculiaridades de los suelos, de los microclimas, de qué uva en qué tipo de suelo y por qué. Sobre el territorio y antes de pisar la bodega o de catar de nuevo sus vinos y cavas, comprendí el por qué del éxito de Raventós i Blanc: el vino se hace en la viña y quien lo hace tiene que amarla profundamente y conocer al dedillo sus secretos. El hombre tras la viña, éste sería el subtítulo del artículo y lo que descubrí en Manuel Raventós.

Con el celler como epicentro, tres grandes zonas, con suelos y climas distintos, estructuran la producción. La Vinya del Llac, con 15 ha, es donde nace ER. Es la parte más baja de la finca y recibe la influencia del rio Anoia y de un lago artificial muy próximo. Sus inviernos son duros, las primaveras más templadas y los estíos, calurosos y húmedos. Suelo de fertilidad media y de textura arenosa, con abundancia de guijarros. La zona de La Plana, con 20 ha y a 147 m, es amplia y abierta, con un clima más seco y mayor ventilación. Las estaciones son, en ella, más regulares, su suelo es más arcilloso y su fertilidad, baja. El Serral está formado por múltiples parcelas, con variedad de alturas y bosque cercano y es la zona más adecuada para el desarrollo de las variedades tintas de la finca, sobre todo la CS y la PN, base de algunos rosados. Estas tres grandes zonas contienen viñedos más pequeños, cuyos nombres y variedades plantadas se pueden ver en un mapa muy interesante, en la web de la bodega. Hicimos, además, una pequeña cata con los cuatro vinos más característicos, en sus últimas añadas en el mercado. L'Hereu Reserva Brut 2006 (60% macabeo, 20% xarel.lo, 20% parellada) será el básico de la casa, pero resulta muy convincente. Degollado el 24.09.08, presenta poca burbuja, pero bien seleccionada, fina, con perlaje que culmina en pequeñas coronas y aromas de fruta algo verde (membrillo), anís estrellado, carbónico perfecto, fresco y muy agradable en boca. Está en un momento perfecto y por un precio recomendado de 7,25 euros creo que tiene pocos rivales en el mercado.



El Gran Reserva de la Finca 2003 es, quizás, el que mejor RCP ofrece de toda la gama probada. Con cuatro años de crianza y degüelle tambien en septiembre de este año, incorpora ahora un 5% de PN a las ya habituales xarel.lo (40%), parellada (25%) y chardonnay (10%). Sale por entre 12 y 13 euros y ofrece un bellíssimo color oro intenso, con aires de autolisis importantes, bollería fresca y manzana asada al horno. Poca burbuja a la vista, pero gran perfección en su integración con el paladar. Mi querido Elisabet Raventós en su añada 2003 fue, quizás, el que se mostró en un punto más cerrado todavía. Con su habitual 60% de xarel.lo, 30% de chardonnay y 10% de monastrell estuvo esquivo en la cata. Días después he probado otra botella y muestra su habitual color oro matizado, tenue, con un finísimo perlaje que sube con fuerza a la superfície y forma una corona grande y persistente. Manzana ácida y fruta fresca en primera instancia; gran consistencia en paladar pero con un carácter muy ligero, vinoso pero con la personalidad todavía por mostrarse en plenitud; cierra con una bella nota de manzana ya al horno y de esos brioches bretones de a medio kg que tanto me gustan para cortar en rebanadas. Culminó la sesión el Gran Reserva Personal de Manuel Raventós 2001 (60% de xarel.lo y 40% de parellada), un cava con siete años de crianza por un precio entre los 27 y los 30 euros. Sin duda es un señor precio, pero la botella se sitúa entre las grandes de la gama de larga crianza en la DO Cava y merece la pena ser conocida y probada: un auténtico cava de parcela, de terruño, con la mejor boca de la sesión. Una nariz muy fina de levadura de París; muy largo en boca y en posgusto, con pasas de Corinto y pastel de manzana, con anises y gató de Reyes, con avellanas tostadas y una cremosidad y consistencia enormes, es un vino para largas horas de conversación y para ser gozado en la intimidad. Brindo con él y con mi anfitrión, Manuel Raventós (en la foto, a la derecha), brindo con su familia y con mis amigos y alzo la copa, en el preciso momento en que se produce el solsticio de invierno, con el deseo de que su hijo Josep tenga el acierto y el empeño de continuar la labor de su padre y de su abuelo. Por lo que sé, madera y raíces no le faltan.

La primera foto es de Polakia; la segunda es de Calamar; y la última, de Raventós i Blanc.

19 diciembre, 2008

Robert Weil Riesling Kabinett 2004


La Bodega Robert Weil, en el Rheingau alemán, es una de las que suele producir cosas que me gustan en la zona (viñedos e instalaciones en el pueblo de Kiedrich). De cierta irregular tendencia todavía, creo que tiene unas características de agilidad en boca y tenue mineralidad que la distinguen. Floración algo temprana en 2004, frío en las flores, meses de estío cálidos pero con lluvias compensadas y perfecta maduración de la uva en septiembre y octubre, configuran una añada importante para esta casa, sobre todo en sus vinos QmP, con un nivel mínimo de grados Öchsle y de azúcar residual. Su Spätlese 2004 me gustó mucho en su momento y CepaVinis, que comercializa ahora estos vinos, me puso en bandeja la posibilidad de catar su Kabinett 2004.

Los Kabinett, que se podrían definir como vinos secos con alma algo "dulce", tienen que tener un mínimo de 16 gr/L de azúcar residual y suelen ofrecer, en dosis desiguales pero muy apreciadas cuando se encuentran en una misma botella, acidez y dulzor, fruta y finura, agilidad y frescura. Este Weil confirmó la buena opinión que ya tenía de su hermano mayor: de tez oro pálida y un aroma que desprende frescor, mínimo carbónico y buena y madura fruta, seduce por sus notas de lima-limón, por sus aires de pera limonera, por un poco de melocotón y por una tenue mineralidad de tiza. En paladar es un vino vivo y ágil, en el que manda la fruta madura. Tras una buena aireación y con algo más de temperatura, acaba su paseo como si estuvieras en un parque de atraccciones: cacahuetes algo salados y fritos con miel y vaporosa nube de azúcar para un conjunto de suave carrussel más que de agitada montaña rusa. Un peldaño por debajo del Spätlese, pero se trata de un vino muy agradecido, que se bebe bien a gusto y que disfrutamos de veras.

La foto de la nube de azúcar en el cielo es de Javier Azul.

17 diciembre, 2008

Wine Blogger Info


Mis amigos de Catavino (portal en inglés sobre los vinos de Iberia, de amplísima repercusión), Ryan y Gabriella Opaz, relanzan su blog Wine Blogger Info. Su ambición es poder dar información sobre todos los blogs sobre vino que en el mundo son, organizándolos por lenguas de escritura de los mismos, localización de sus autores y temas tratados. El empeño es enorme pero conociendo a ambos, sabiendo de las ganas, acierto y voluntad que ponen en sus proyectos, estoy seguro de que lo conseguirán. Eso sí, si todos los que escribimos sobre vinos en este medio, nos ponemos en contacto con ellos, les damos nuestros datos y les ayudamos a mejorar su conocimiento de la situación, les será algo más sencillo. El único "filtro" que proponen es que el blog tenga por lo menos un año de actividad y haya publicado un artículo en el último mes. Si os parece, podemos ayudarles entre todos, tanto quienes escribimos y leemos blogs como quienes "sólo" leen, porque entre todos completaremos mejor la información y acabaremos teniendo un auténtico uademecum de bloggers del vino en el mundo.

15 diciembre, 2008

Días de polvorones y burbujas


Prometo no hablar de las fiestas que se acercan, ni expresar deseos, listados, rankings ni nada por el estilo...no anda el horno para bollos en mi casa y, además, no me apetece. Me voy a concentrar en el famoso y horaciano carpe diem y en daros un solo "consejo": aprovechad el día, que nadie sabe qué le pasará mañana. De las cosas que he probado este último mes y medio, he estado especialmente atento a los efectos reparadores que las burbujas podrían proporcionar, más en relación con los polvorones que con los turrones. El año pasado se habló aquí de esta última combinación y ahora me apetece más proponeros (tampoco son tan distintas las ideas) cuatro tipos distintos de burbujas que, creo, complementan bien el carácter saciante y graso de mantecados y polvorones. La primera de ellas es del amigo Sergi Colet que sigue, incansable, sorprendiendo a todos con sus productos. "Vatua!" es una expresión muy catalana, interjección que sirve tanto para indicar sorpresa positiva como indignación. Una traducción al castellano podría ser "córcholis!" Y, en efecto, ésa es la sensación que produce el nuevo espumoso de Sergi, una mezcla de muscat (50%), parellada (40%) y gewürztraminer que me sorprendió tanto como me agradó. De color amarillo casi limón, ofrece una burbuja no muy fina, que denota juventud y alegría. Es un vino con mucha fruta, uva moscatel en nariz y, sobre todo y con temperatura, en posgusto. Sus poderes no terminan aquí: caramelos de violeta (entre Harrods y unas maravillas de Andorra que me traían de pequeño, en caja de lata y "pintados" a rayas), pétalos de rosa algo marchitos, boca bastante seca pero sabrosa (más dulce en nariz que en paladar) y quizás algo de madera (no sé si lleva un poco de crianza alguno de los vinos base), conforman un panorama agradable, distinto, que limpia y acompaña muy bien el tipo de dulces que comentaba. Sé que no gustará a todos, pero yo soy de los que disfruta, también, de un buen espumoso de riesling...por ahí van los tiros. Lo comercializa Vinialia aunque se puede encontrar en muchos comercios.

Los pétalos de rosa y la distinción podrían ser dos nexos com mi segunda propuesta.Con el mismo tipo de vinificación que el Moscato d'Asti o el Braccheto d'Acqui, una de mis bodegas italianas preferidas, La Stoppa, le saca un partido increíble a su malvasía "di candia aromatica". No solo la pasean en su Ageno o su Vigna del Volta (vinos que impresionan), la ofrecen también con una burbuja generada en autoclave. Este vino frizzante dei Colli Piacentini posee sólo un 6% de alcohol y conviene abrirlo y tomarlo, fresco que no frío (9-10 ºC). Con un color oro algo gastado y viejo (efecto quizás de un cierto contacto de hollejos con mosto, pues no tiene crianza alguna), este frizzante nos regala con una nariz muy fragante y una burbuja agradable. Ciertamente no es fina pero ofrece cierta persistencia al oxígeno. El vino huele deliciosamente a uva madura (es malvasía, pero se identifica muy bien con la buena moscatel de Teulada), a pétalos frescos de rosa y a orejones de albaricoque poco deshidratados. Es un vino muy agradable en boca que, como el espumoso anterior, te limpia, te repara las encías y el paladar y te ofrece, como conclusión, unos aires de lima bien bonitos. Destacaría la sabia combinación entre acidez y dulzor de esta malvasía frizzante. Una vez más, Elena Pantaleoni y su gente la han clavado. Lo comercializa Enoteca d'Italia.


La tercera opción es distinta, por procedencia, uvas y vinificación en su conjunto, a las otras dos, pero algo las hermana: brillantez, frescura, gratificante, reparadora burbuja. Camille Savés es un reconocido "récoltant" que vinifica su propia uva, en el pueblo de Bouzy, con viñedos grand cru (chardonnay y pinot noir) en la montaña de Reims (orientación sur). Su Carte d'Or brut sin indicación de añada (Non Vintagé) es un vino que destaca por eso, por su vinosidad al mismo tiempo que por su frescor. Son champagnes cuyos vinos base no conocen la crianza en madera y que pasan, antes de la segunda fermentación, muchos meses en acero inoxidable. Ello les da un carácter especial, con un aspecto dorado bastante pálido, una burbuja que explota en cremosidad en copa pero que acaba metamorfoseándose en ligerísimo cuerpo, tenue y fugaz. Burbuja muy impetuosa al principio, finísima al rato. En nariz y en boca es un champagne que destaca por su frescor frutal: muy acusada la manzana ácida, más matizado el orejón de albaricoque (que en mi memoria siempre resulta más ácido que el de melocotón) y casi liviana, pero siempre presente en boca y en posgusto, la corteza de limón que se nota en un buen pastel de yogurt. Una ligera mineralidad de talco y una frescura realmente apabullante pero de paso aterciopelado (cremoso dirían algunos), ligera pero con el carácter y entidad del buen vino, completan la oferta. Lo comercializa Coalla Gourmet.

La cuarta y última propuesta es de una de mis bodegas de referencia en el asunto del cava: Raventós i Blanc. Con una tradición que arranca en 1497 en Sant Sadurní d'Anoia, Josep María Raventós i Blanc i su hijo, Manuel Raventós i Negra, fundan un nuevo proyecto en 1984. Con la idea (¡creo!) de château en la cabeza (el celler como eje estratégico del viñedo) y 90 ha de cepas históricas alrededor del roble, símbolo de la casa, sus cavas combinan calidad con precio ajustado. Hablaré con más calma de la bodega porque una visita pausada a la misma me lo permitirá en breve. El lector de estas páginas sabe de mi devoción por Elisabet Raventós y de mi apego por el Gran Reserva de la Finca, cavas con buena crianza, boca sabrosa y sabores delicados. Pero hoy quiero terminar esta nota con su producto más preciado: el Gran Reserva Personal de Manuel Raventós. Acaba de salir al mercado su añada 2001 y tuve la oportunidad de probarlo hace poco (degollado en 30.09.08) junto con otros cavas de la finca. Con la fruta de sus dos pagos más preciados, 60% de xarel.lo y 40% de parellada (Manuel Raventós cree firmemente en la capacidad de buen envejecimiento de esta variedad), selección en la planta (se deja en ella el fruto que no va al mosto porque trabajan sin mesa) y siete años de crianza, este cava de terruño tiene una nariz muy fina, con aires de levadura de París, frutos secos (avellanas algo tostadas) y una boca larga, muy larga, con cuerpo, carbónico suave, burbuja muy fina y un posgusto que se mueve entre las pasas de Corinto, el pastel de manzana con crema inglesa y el anís estrellado. Casi me atrevería a proponerlo solo, como el mejor acompañante para una larga y sugestiva sobremesa. Si lo tomáis a su buena temperatura (10-11ºC), lo disfrutaréis mejor.

¡Ahora ya podéis daros a los excesos de la harina, la manteca y las grasas navideñas con la seguridad de que hay posibilidad de refrescar como es debido el paladar!

La foto del cava de Raventós i Blanc es de Víctor Franco.

NOTA BENE. Cualquier parecido de formato o de intenciones con las recomendaciones de El País Semanal de anteayer, sábado 13 de diciembre de 2008, es pura casualidad.

11 diciembre, 2008

La Stoppa, Ageno 2005


Esta mujer es el alma de una de las bodegas que más me gustan del centro-norte de Italia que es casi como decir de la península entera. La Stoppa, dirigida por Elena Pantaleoni con ideas claras y vinos precisos en la cabeza, sigue el camino de las uvas con larga tradición en su territorio, Emilia-Romagna, en la Val Trebbiola, al norter, cerca del río Trebbia. Sonará a palabra hueca (sobre todo en Italia donde todos hacen lo que quieren y nadie controla nada...), pero Elena busca el vino natural, busca mimar la malvasia di candia aromatica, la ortrugo, la trebbiano, la barbera, la bonarda de la zona y nos ofrece vinos auténticos, sin afeites, de enorme temperamento y casi raciales, que necesitan tiempo, aire y conversación para ser entendidos. La Stoppa tiene algunas etiquetas que son, para mi paladar y mi memoria olfativas, casi de culto: Vigna del Volta y Ageno son las más evidentes. He probado no pocas botellas de ambas referencias y para mí Vigna del Volta es uno de los grandes vinos dulces italianos (hecho con malvasía asoleada). El 2006 sigue en la línea de regularidad absoluta aunque unos años de botella le harán gran bien.


En cambio del Ageno no había hablado nunca. Lo probé en una ocasión, junto a Elena y muchos ilustres del vino, en Can Ràfols dels Caus, y me dejó anonadado, estupefacto. Volví por lo menos tres veces a recatar ese vino y no entendía nada. Después lo he probado otras dos veces (cada botella, con los vinos naturales, es un mundo) y hace bien poco, en una degustación con varios amigos en la Enoteca d'Italia (que lo distribuye), acabé por ver la luz: sus comentarios me ayudaron no poco. IGT Emilia, con viñedos de 35 años en guyot simple, 250 m sobre el nivel del mar, terreno de limas y arcillas y una densidad de plantación limitada (no llega a 4000 por ha), es un vino formado por un 60% de malvasia bianca di candia aromatica y un 40% entre ortrugo y trebbiano. El secreto del asunto está en los hollejos de este tipo de malvasía, que son poderosos, espesos, casi de ciruela. Elena macera 30 días el mosto con estos hollejos, ¡30!, y utiliza, para su fermentación, sólo las levaduras indígenas, sin añadir en ningún momento anhídrido sulfuroso. La mitad del vino sigue reposando, después, en acero y la otra mitad en barricas usadas de roble francés, durante doce meses. Tras ese tiempo, se ensambla el vino y se embotella sin filtrar y con 12,5%. Ahora tengo claro, además, que hay que servirlo sobre los 15ºC y hay que decantarlo por lo menos una hora antes del servicio. Es un vino que presenta turbideces, incluso trazas en alguna botella de una mínima segunda fermentación, es un vino muy especial, casi único en mi mundo sápido.

Posee el color de la teja de su zona, de la piel de naranja macerada. Y cuando empieza a asombrar en copa, lo hace por sus poderes animales. Es como un animal salvaje de monte a punto de ser cazado (o no...): almizcle en estado puro, glándulas animales, gatos en celo y pipí en el rincón húmedo del jardín. Es un vino al que hay que dar tiempo, tener paciencia con él, todo lo que relato no tiene que asustar, no es negativo. Es un vino especial. Su entrada en boca es de una mineralidad apabullante (aquella tierra que "comíamos" de niños...), aires de sequedad extrema, es un vino astringente pero con cuerpo, gran volumen, rellena toda la cavidad bucal, retronasal sin compasión, te domina, te atenaza. En posgusto remite con rapidez al olor del hollejo, muy poderoso, a la sidra de la Bretaña francesa, a la levadura de la cerveza no pasteurizada, natural. Es un vino que se mantiene por horas, que crece en copa y que te devuelve a la idea del vino único, del vino, en cierto sentido, extremo, de gran carácter y personalidad. Sin duda, es una experiencia que merece mucho la pena, siempre que uno la busque con la mente bien abierta y sin apriorismo alguno en la cabeza. Todavía no he acertado en su combinación con alimentos pero creo que la próxima vez lo intentaré con una pasta e faggioli...

08 diciembre, 2008

Carles Andreu trepat 2007


El celler Carles Andreu tiene algo que me gusta especialmente, allí donde lo encuentro. Son respetuosos con la tradición de la tierra que les ha visto nacer, la conocen a la perfección y, en consecuencia, trabajan ante todo las variedades de uva más propias de su zona. La familia Andreu procede de Pira (DO Conca de Barberà), hunde sus raíces vinícolas en el siglo XVIII y trabaja muy bien la macabeu, la parellada y la trepat. En su relación con la DO Cava, están lanzando algunos productos muy afortunados (sí, sí, aunque estén en Pira), pero en su entorno histórico, aquello que trabajan a conciencia es la trepat, como espumoso y como vino tranquilo. Éste último es uno de los grandes ejemplos catalanes de honestidad, buen trabajo, precio razonable y resultados excelentes. Cepas viejas (de más de 50 años), selección de la uva con ligera sobremaduración, maceración prefermentativa a 8ºC durante ocho días y suaves remontes, fermentación alcohólica a temperatura controlada y maloláctica en barricas bordelesas de roble frances (máximo seis meses en madera). 13,5% y una temperatura de servicio sobre los 16ºC.

Es un vino que tiene un estilo definido, que se va repitiendo año tras año, con sus matices. Cuerpo medio, coloración discreta de violeta brillante, nariz muy fragante. Huele a clavo de especia y a pimienta roja en el arbusto. Sabe y entra en boca como una nebbiolo joven, como una pinot noir hiperbórea: discreción, elegancia y suavidad para un bouquet muy agradecido. Taninos más bien pequeños, suaves y redondos, jugosos, es un vino cálido que tiene una gran acidez, muy compensada, que se abre, al poco de empezar a jugar con él en copa y en paladar, a la nuez moscada, a la infusión leve de regaliz, a la mermelada de arándanos rojos. Tiene una tipicidad y una personalidad que le vinculan, muy estrechamente, a una familia que sabe cómo hacer las cosas y a una tierra que mima la trepat. Sin duda es un gran vino catalán de territorio. El complemento ideal, claro, está en que este 2007 sale sobre los ocho euros la botella. ¡Sic!


02 diciembre, 2008

Riesling: entre Señores e Iglesia


Cuando uno entra a la hora acordada en un restaurante para una cena/cata de rieslings y se topa con una imagen como la que véis en la foto, ¡sabe que la cosa va en serio! Tratándose de algo que organizaban los amigos de Vinialia, uno ya sabe que la calidad será la máxima y la organización le irá a la par. No era mi mejor noche: ya sabéis que soy de los que piensa que hay que "enfrentarse" a los grandes vinos bien dormido y reposado y por la mañana de un día de cada día. Pero la afición se va completando a pequeños retazos, no pocos de los cuales entre los viernes, sábados por la noche y lunes por la tarde. Algo cansado, pues, pero con muchas ganas me puse a la faena, de la que voy a destacar "sólo" algunas cosas, de las que tomé muchas notas y que me agradaron sobremanera. Como reza el título, entre Señores e Iglesia anda el juego, entre la Mosela, el Ruwer y el Palatinado. No voy a descubrir ahora la sopa de pan, es decir a una de las grandes del Mosel-Saar-Ruwer, Maximin Grünhaus. Propietaria de varios pagos en la montaña mágica de la riesling, uno de sus dominios clave (Qba = Qualitätswein bestimmter Anbaugebiete, Vino de calidad de una zona de cultivo determinada), el mayor además, es el "de los Señores", Herrenberg. De aquí procede este Qba impresionante, del 1998, que atesora una combinación que le dará, todavía, larga vida: 42 gr/L de azúcar residual junto con un nivel de tartárico de 9,8 gr/L.


Quedan pocas botellas de esta joya, menos de 1000. Pizarra roja desmoronada para una cosecha de primavera primeriza, mayo cálido y septiembre-octubre muy lluviosos. Amarillo bastante pálido en copa, tremenda mineralidad en el primer golpe de nariz: gasolina de zippo que se evapora con rapidez gracias a una copa Mikasa. Tierra mojada, cerilla consumida, jazmín. Tremenda estructura en boca, acidez, cuerpo y brío. Zumo de pomelo en posgusto y la sensación de que a este 98 le quedan largos años por delante. Como decía quien más sabe: será Qba pero tiene alma, cuerpo y estructura de Kabinett de gran calidad este vino. Para comprar, disfrutar ya y lo que sobre, guardarlo algunos años más.



El otro plato fuerte de la noche era la cata comparada de varias parejas. Una ya la conocía bastante bien (y tengo a buen recaudo algunas botellas todavía, de varias añadas): el pago de la farmacia de Tritenheim de Grans-Fassian. Lo pasé en grande con ellos, pero me quedo, hoy, con la narración de la "lucha" habida en el trocito de la Iglesia, Kirchenstück, quizás el pago más valorado del Palatinado. Como bien recordaba un amigo, una estaca con el nombre de la bodega separa la uva de Dr.Bürklin-Wolf de la de Basserman Jordan. Pero las diferencias son más notables en nariz y en paladar. Gran ejercicio el propuesto por Vinialia, sin duda, al comparar Kirchenstück GG 2002 de ambas bodegas. En mi percepción de esa noche, Bürklin-Wolf estuvo superior. Del color, casi, de la miel de castaño, es un vino con aromas de flor seca y todas las variedades (¡a lo largo de una hora!) del caramelo y del dulce de leche (toffee y azúcar). Es un vino con músculo, estructurado. Mi sensibilidad iba más por ahí, pero reconozco que Basserman Jordan, con un grado, un tartárico y un azúcar residual casi paralelos (13,5ºC / 7,6 gr/L / 7,5 gr/L) al anterior vino, ofrecía un perfil muy distinto, mucho más austero, mineral, con aromas de infusión de manzanilla, con ceniza más marcada, casi con crema de cacahuetes al final. Mis dos vinos de la noche, sin duda, fueron estos dos, de dos de las mejores bodegas alemanas, Von Schubert y Bürklin-Wolf. Del Grans Fassian Trittenheimer Apotheke Auslese 1990 ya he hablado en otra ocasión: otro vinazo, sin duda.

La foto de Herrenberg (de la montaña, vaya) es de Winepage. La de Kirchenstück, de Polakia.

27 noviembre, 2008

Nuevas incorporaciones


La gracia de la tienda de José Luis Louzán, Vitualla (Praza da Constitución, 2, Cee), tiene que andar entre el tono acogedor del espacio y de su dueño y el tipo de vinos que uno encuentra allí. Vaya por delante que escribo desde la pura intuición porque jamás he estado ni tan siquiera conozco personalmente a José Luis. Pero la edad tiene esas cosas, te permite decir un poco lo que quieres...José Luis transmite entusiasmo, es (como los galos de que escribía hace poco) irreductible en su tesón y en las ganas de ofrecer buenos y contrastados vinos y aprende y aprehende sin límites. Estoy seguro de que si yo viviera en las cercanías, sería cliente fijo y asiduo de Vitualla. Puesto que me tocan otras tiendas de referencia, me conformo con su página web y con su blog, que anima desde la Trastienda, que he incorporado hace poco a mi listado, por puro despiste, vaya. Más suministradores de esta categoría tuviéramos todos, mejor iríamos.

Otro sitio de interés que he conocido hace poco quería comentaros. Manuel Gago es una referencia en el mundo de la comunicación "on line" sobre gastronomía y vinos. Desde hace mucho, mantiene un blog que fue, además, pionero. Ahora nos obsequia con un ejercicio de virtuosismo, de trabajo bien hecho, que irá creciendo, estoy seguro, con los años: su Wine Codex, un vademecum electrónico en el que podremos ir conociendo y contrastando todo lo que Manuel vaya catando. Como su subtítulo bien dice, se trata de una nueva guía absolutamente independiente sobre los vinos peninsulares. Todas las guías, se presenten en el soporte que sea, tienen que trabajar su credibilidad día a día. Muchas, incluso las más renombradas, acaban fracasando, a veces por completo, por zonas. Estoy seguro de que Manuel se saldrá con la suya.

Quiero terminar esta presentación con algo especial para mí. La DO Catalunya inició hace pocos años un camino difícil. Quien me conoce sabe que, cuando escribo sobre algo, soy sincero: yo no veía claro el por qué de esta nueva DO, que me parecía más de articulación geopolítica que propiamente vitivinícola. No creía en ella hasta que conocí a la gente que está ahora al frente, hasta que hablé con los del INCAVI y vi (más allá de lo que digan los estatutos de la DO, bastante genéricos) que tienen un real empeño en mejorar la producción y los vinos que se amparen bajo esta DO. He probado algunas botellas en los últimos meses, de bodegas elaboradoras que tienen, claro, presencia también en otras DOs vinculadas a territorios más concretos y fáciles de identificar para un enófilo: Torres, Albet i Noya, Espelt, Jané Ventura, Mas Perinet, Oliver Contí, Ramon Escoda... Sé que el camino será complejo, pero el futuro existe y será también suyo. Si se combinan bien las dosis de compromiso y profesionalidad de quienes llevan la DO (eso está garantizado, os lo aseguro), con las de las bodegas que amparan parte de su producción y vinificaciones en ella, estoy seguro de que podremos hablar mucho y bien de esta nueva etiqueta. Si, además, se le da el empuje, apoyo y ayuda al poderosísimo movimiento cooperativo que se encuentra entre los productores de esta DO, saltarán muchas sorpresas. No la miremos desde un punto de vista político (ése fue mi error), catemos sus vinos, cotejemos su calidad y comprobemos que el contenido de cada vez más etiquetas en la DO Catalunya mejora vendimia tras vendimia. Otra cosa que no les falta es talento en la comunicación. Se echaba de menos su presencia en la blogosfera, tras haber mostrado una sensibilidad tan especial para con el mundo de la comunicación vinícola "way blogger". Y por fin, tenemos ya un blog animado por esta DO. Será de los primeros, sino el pionero absoluto entre las DOs vinculadas a Catalunya. Bienvenido sea el empeño y la iniciativa, como todas las que presenta esta DO, fresca, ágil y valiente.

Los tres son enlaces que he incorporado hace poco a mi listado y como hago de vez en cuando, me ha apetecido presentarlos con un poco más de detalle. El de José Luis, porque me gusta mucho su empeño y deseo de todo corazón que le salga bien, sin más. El de Manuel, porque encuentro que, en el panorama digital hispano, es una idea muy renovadora y de gran utilidad. El de la DO Catalunya porque son pioneros en el uso de la red para sus empeños varios, porque sus directivos son gente con muchas ganas e ideas, porque saben comunicar, porque tienen la voluntad de hacer las cosas cada día mejor y, caramba, porque ser agradecido es de bien nacido: si ellos no hubieran tenido la genial idea de fijarse en los blogs como medio poderoso en la comunicación sobre el mundo del vino, no estaría hoy yo aquí, con esta imagen renovada que tanto me gusta. Termino: como decía Roger Viusà hace bien poco y él mismo predica con su actitud, no por querer conocer cuanto buen vino se haga en el mundo, dejaré de querer que se conozcan mejor los vinos de mi tierra.


23 noviembre, 2008

Monvínic y la Borgoña: un paseo con Dirk

Barcelona, 20 de noviembre de 2008

No pocas cosas aprendí anoche. Una de ellas, no la olvidaré jamás: un vino se prueba en un momento determinado de su vida (el vino, cuanto más natural, más vivo es y, por lo tanto, más evoluciona), en un lugar concreto, en compañía determinada, en una fase de la luna y de tus capacidades sensoriales... Cuanto más complejo es el vino, cuanto más te pide, cuanto más natural es, más se nota la influencia de estos y otros factores en el momento de abrir y degustar ESA botella. Cuanto hoy publico, pues, habla sólo de aquello que percibí de los vinos de la noche del 19 de noviembre del año de gracia de 2008. Hoy, más que nunca, me parece difícilmente extrapolable mi opinión más allá de lo que algunos afortunados pudimos probar porque noté, en muchos casos, que el vino era algo más vivo que nunca.

Siguiendo la tradición borgoñona, se probaron primero los tintos y, después, los blancos, con una “sorpresa” final, que estaba fuera del programa inicial, el vino 12+1. Cuando ves que alguien como el de la foto, Dirk van der Niepoort, te tiende la mano y te dice “¿vienes a pasear y a catar conmigo por el más noble viñedo del mundo?”, ¿vas a negarte? Yo no, y ésta es la crónica del paseo que hicimos por el jardín de la Borgoña, sin movernos del Eixample de Barcelona…1. Niepoort. Douro Charme 2006. 14%. Dirk es un amante de los vinos de Borgoña y un profundo conocedor de su alma. Intercaló en la cata alguno de sus vinos del Douro. Son vinos del Douro, por supuesto, y no esconden su condición, pero su forma de vinificar, el espíritu que les anima es, poco o mucho, el de la Borgoña. Añada caliente, ph alto, acidez baja, poder, concentración, Dirk comenta y le sale en francés, “très Bourgogne sans avoir PN!”, cuero, compota de cassis, capa media, cierta reducción que le agrada. Pigeage, vinifica con raspón, vino que empieza elegante y poderoso en nariz pero que empieza a caer al cabo de hora y media. Voté por él pero creo que Dirk lleva razón: su 2005 está más preparado para el envejecimiento. Éste 2006 está más para ser disfrutado ya y en los dos próximos años: sus primeros tres cuartos de hora son espléndidos. 2. Domaine Simon Bize. Savigny-lès-Beaune 1er cru Les Marconnets 2001 . 12,5%. 2001 fue una gran añada, casi como la de 1991. Vinificado también con el raspón, es un vino que muestra la cereza madura y bajo alcohol con una pureza extraordinaria, poderosa regaliz tras un buen rato en copa, tocino ahumado. Un poco decepcionante tras la impresión del primer golpe. Me digo que esto de esperar mucho de un vino antes de catarlo es un desastre... 3. Marcel Lapierre. Beaujolais Morgon 2006 . 12,5%. De Lapierre ya he hablado mucho últimamente. Es una de las grandes referencias de la borgoñona Beaujolais y su Morgon 2006 (con sulfitos, pocos) me gustó menos esta noche que su 2005. Empezó muy discreto y cerrado aunque fue evolucionando en copa, lenta pero firmente, acabando en uno de los buenos vinos de la noche entre los tintos, con un susurro continuo de frutos rojos del bosque, de suave mineralidad, de pimienta roja y de frescor. Muy Lapierre, muy gamay.

4. Jacques-Frédéric Mugnier. Nuits Saint Georges 1er Cru Clos de la Maréchale 2005. 13%. Una añada como para no echar muchos cohetes al aire en la Maréchale, el vino huele maduro, cálido, casi con fruta sobremadurada, mucha compota, aunque se va perfilando cada vez más y afianzando con un tanino corpulento, graso, intenso: “charnu”. No deja de ser un vino algo pesado en boca. 5. Domaine Leroy. Clos Vougeot 2001. 13%. Para mí, la mejor PN de la noche. Una gran añada para un Clos mítico y una bodega de culto. Poco me importa eso. Huelo el vino, pruebo y opino: respiro una nariz, un bouquet que me seduce por completo por su elegancia, por su fineza, por su firmeza al mismo tiempo. Vinificado también con raspón, me parece casi increíble cómo se puede conseguir esa combinación de elegancia, frescor, cerezas en licor, ciruelas casi pasas, calidez que no abruma ni pesa, amabilidad. Tiene un punto vegetal, es ligeramente terroso, con aires de hoja madura de tabaco rubio en la alta montaña y una madera absolutamente integrada ya en el vino. Un estilo único para un vino que, en mi opinión, fue el mejor tinto de la noche. Creció sin cesar en copa a lo largo de hora y media. Me la hubiera llevado a casa, vamos, y por la mañana, mientras redacto mis apresuradas notas, huelo todavía en mi paladar y en mi cabeza, el impresionante postgusto de este monstruo cariñoso y amable. Qué bien se deja beber y contar. 6. Niepoort. Douro Charme 2005. 13,5%. Dirk es un atrevido y para marcar un tremendo contraste, nos hizo probar su Charme 2005, que empezó muy distante de mi cabeza y mi nariz, y no solo por llegar tras el Leroy: aires de cucurucho de helado, decía Víctor; galleta de vainilla; chuches algo absorbentes, nubes de azúcar y taninos del raspón, proponían una mezcla que no me convenció. Fui de los que aposté en público por su hermano menor del 2006, mucho más borgoñón, creo yo. Este 2005 es mucho más douro y, ahí le doy la razón a Dirk, creo que tiene más corpulencia y estructura para envejecer mejor. Veremos…como todo lo que hace Dirk, hay que seguirlo con atención porque él es de los que aprende sobre la marcha: ensayo, acierto; ensayo, error y a seguir. 7. Maison Henri Boillot. Bourgogne 2004. 13%. En el microclima que hemos conseguido entre todos crear esa noche, el contraste de los blancos tras los tintos fue de lo más borgoñón, sin duda. Esa polaridad ofrece una mejor oportunidad a la chardonnay, que limpia de taninos la boca, refresca las papilas gustativas, reemplaza moléculas en la nariz y puede, finalmente, expresarse con mayor libertad. Empezamos con un genérico Bourgogne, probablemente con levaduras industriales, pero que al cabo de un rato en copa y, sobre todo, en postgusto, acabó sacando la fruta que llevaba dentro, manzana ácida, compacta frutosidad en boca, correcta acidez, gran frescor. Un buen intermedio entre lo que habíamos ya probado y lo que se nos venía encima.


8. Bernard Morey. Chassagne-Montrachet 1er cru Les Baudines 2004. 13,5%. Un Chassagne-Montrachet racial, corpulento, con una fermentación completamente hecha en barrica y un poco de reducción, tal y como le gusta a Dirk. Es un vino de gran austeridad pero rico, duro pero sabroso, casi graso en boca, con una mineralidad calcárea bien presente y un toque de frescor balsámico. Tiene una característica de la que nadie habla pero que noto en no pocos de estos grandes vinos que usan levaduras autóctonas: la levadura se expresa a través de un aire de legumbre notable. En este caso, el puré de garbanzos estuvo paseando por la copa un buen rato. 9. Domaine Leflaive. Puligny-Montrachet 2004. 13%. Éste fue uno de los blancos que me dejó algo sorprendido. Dirk dijo que estaba muy correcto y bien, pero yo creo que hubiera comenzado a disfrutarlo tras unas cuantas horas de decantación, que el vino no tuvo (¡creo!). Aires muy poderosos de gas, minerales cerrados bajo tierra millones de años, maiz ahumado, algo de azufre, tocino. Confieso que no lo disfruté como seguramente se merecía. 10. Niepoort. Redoma Reserva 2005. 13%. El Redoma 2005 de Dirk es un vino con una presencia amplia de rabigato y otras muchas variedades procedentes de una plantación centenaria. Hace muchos años, las cepas y las castas se plantaban mezcladas y aún hoy en día, cuando vendimias en zonas con plantas “ancianas” que, en teoría, son todas ellas de una sola variedad de uva, encuentras no pocas sorpresas. Los viejos del lugar te cuentan que era para que los vendimiadores tuvieran un instante de solaz y diversión. Yo creo que, en el caso que comenta Dirk, era porque el ensamblaje ya se realizaba en la plantación. Redoma 2005 procede de un viñedo muy alto (entre 500-800 m de altitud), con un mosto que arranca la fermentación (en madera 70% nueva) de forma natural. Y la acaba de la misma forma. 6,5 de acidez. Un vino sorprendente, graso en boca, con notas de frutos secos y de mantequilla y aires de acetato de etilo, que me recordó a la vigiriega y a aquello que ésta aporta a los vinos de Manuel Valenzuela en el Barranco Oscuro. Fue sólo al principio pero me lo recordó vivamente. 11. Maison Henri Boillot. Bâtard-Montrachet 2005. 14%. Vino potente pero elegante, con abundantes notas minerales y de tiza, flor blanca, sufrió un poco de su posición en la cata, entre Redoma y el otro rey de la noche, en mi opinión.

12. Jean-François Coche-Dury. Meursault 2004. 12,5%. Coche-Dury es un mito en Mersault y para los amantes de los vinos de Borgoña. Pero como siempre, los mitos están para catarlos y, si hace falta, decapitarlos sin más. ¡Ya avanzo que no fue el caso! Por las exclamaciones de la gente, creo que fue el chardonnay que más gustó de la noche. En mi opinión, tuvo sin duda la mejor nariz y postgusto, pero su boca está aún por ensamblar, y se mostró algo fugaz, deslavado a ratos, acuoso en sentido negativo, por afianzar. Su único “problema” son más años de botella y se mostrará con una misma nariz, aunque más fina (melocotón maduro, a ratos casi el recuerdo del mejor aguardiente con esa fruta), con esa potencia y acidez que le dará largos años de evolución, concentración y placer a raudales. Su postgusto y sus cítricos son algo espléndido. Sin duda, fue el blanco que más disfruté de la noche. 12+1: Niepoort Projectos Pinot Noir, Vinho regional Duriense 2006. 13,5%. Terminamos con esta nueva inquietud de Dirk: ahí es nada poner en marcha a tus mejores contactos en la zona, seleccionar clones de La Tâche, plantar esa PN en el Douro a su buena altura (sobre los 500 m creo recordar, quizás más), esperar diez años y sacar eso, una pinot noir duriense. Creo, en efecto, que es más PN que Borgoña lo que tenemos ahora en la copa. Un vino que tiene ese aire de violeta y de cereza, pero es más corpulento; que tiene trazas de frescor pero es bastante cálido; un vino de un bellísimo color (sí, ya sé que no hay que hablar del color, conste que lo he intentado) rubí poderoso pero capa media media, que me recordó no poco a alguno de los grandes PN del Südtirol (quizás más los de Alois Lageder que los de Martin Foradori Hofstätter, más borgoñones). Creo que hay mimbres para hacer un bonito cesto aquí, siempre que Dirk tenga claro (y lo dijo en alta voz: ¡sí lo tiene claro!) que el Douro no es el Rhône y que lo que hay que hacer (eso lo repitió mucho durante la noche) es escuchar a la viña para comprenderla. Después, actuar. Éste acabará siendo un gran PN del Douro, no un PN de la Borgoña adoptado en Portugal.

Este "paseo" singular, espléndido, tuvo lugar en Monvínic, un local único, trasunto material del espíritu de su propietario, Sergio Ferrer-Salat. Es un espíritu inquieto y emprendedor, meticuloso y voraz conocedor, sí, pero que quiere aprender todavía más de cuanto se mueve alrededor del vino, aquí y en el mundo entero. Monvínic es, también, un enorme equipo de personas (¡en cantidad y en calidad!), de gente joven y muy preparada. Encabezados por Isabelle Brunet y Cesc Cánovas, tienen algo que les hace especiales y con eso me siento cómodo: saben mucho, sí, pero quieren aprender todavía más. Monvínic no es sólo un local de moda donde poder beber grandes vinos a precios más o menos razonables, además de ver y ser visto. Monvínic es mucho más: es un lugar donde estudiar sobre vinos, donde comentarlos y aprender de lo que te cuentan y oyes y, en la medida que puedas, aportar también tú algo. Saben mucho, tienen un gran catálogo de botellas y una rotación constante en los vinos por copas, pero lo más importante es lo que no se ve: están abiertos por completo a escuchar y a preguntar, a leer y a conocer más, a comprar y a probar, a compartir. Eso, claro está, tiene un precio, pero no para mí, que más que nada en la vida, valoro la posibilidad de seguir aprendiendo y creciendo en lo que me apetece conocer. Monvínic me da eso y tenerlo cerca es un lujo y un privilegio que no voy a desperdiciar.

Postscriptum. Aforismos vínicos.

Las sentencias, opiniones, aforismos vínicos de Kirk les llamaría, me sorprendieron durante la noche y, algunos, me encantaron, aunque no siempre los comparta. Ya se sabe, de gustibus, nil disputandum. Una muestra: 1. “Un poco de verdor en el vino es bueno”. 2. “Los vinos cuadrados, algo rústicos, son los que más le gustan”. 3. “Un poco de reducción me gusta en los vinos”. 4. “La oxidación del mosto es muy importante para el envejecimiento del vino y no tiene nada que ver con la oxidación del vino”. 5. “La fermentación puede con todo”.

Las fotos primera (by Pedro Lobo) y cuarta (by Verena) proceden de la web de Niepoort; la de Clos Vougeot, by smokinggoat.

19 noviembre, 2008

¡Esos irreductibles Galos!


Los Lapierre, Marcel y Mathieu, son una de las referencias imprescindibles en la zona de Beaujolais (Beaujolais, Beaujolais-Villages, Morgon), donde dan pleno sentido a una idea que no por vieja tiene que ser repetida, porque se olvida con demasiada frecuencia: quien ha nacido y ha mamado durante generaciones la cultura (en sentido etimológico) de la uva propia de su zona está capacitado como nadie para vinificarla con los mejores resultados posibles. Por supuesto, lo contrario y una gama de matices grande es, también, posible. Y la variedad gamay allí donde los Lapierre tienen sus viñedos (el pueblo de Villié-Morgon) es una de las máximas expresiones de lo que digo. En su nombre y en el del Beaujolais Nouveau se han hecho atrocidades durante años. Años en que los Lapierre han cimentado, por el contrario, una justa fama de respeto por la uva, por el cultivo no agresivo de la tierra y de la cepa y por la expresividad de la vendimia y del fruto de cada año, venga como venga, con fermentaciones naturales, levaduras autóctonas, mínimo o nulo sulforoso... La máxima expresión de su trabajo que yo he podido probar (en el camino de lo biodinámico desde hace años) es su Cru Morgon, del que no pocos amigos han hablado. Pero yo creo que ese carácter indómito, terco, de seguir en sus trece en un camino nada habitual en la zona se expresa todavía mejor en su vino más sencillo, un vino que es del Domaine Lapierre, sí, que procede de la gamay de Villié-Morgon, también, pero que es, sin más, un "Vin de Pays des Gaules".

Dentro del departamento del Rhône, Villié-Morgon es uno de los pueblos que puede acogerse a este nombre. Y los Lapierre lo hacen con un monovarietal de gamay, con tres meses de madera usada y con la maloláctica realizada por completo. Que nadie piense que estamos ante un alter ego del Beaujolais Nouveau. Éste es un vino que se toma sobre los 15ºC, con 12,5% de alcohol, vino natural (sólo sulfitos procedentes de la fermentación), que no ha realizado ningún tipo de fermentación carbónica. El resultado me ha gustado mucho, lo confieso. Me lo recomendó Benoît Valée, de L'Ànima del vi (él lo comercializa), con el que probé una botella que había viajado el día anterior. Y la segunda botella me la tomé al día siguiente. La luna nos acompañó, sin duda, porque se ofreció esta gamay con un color entre el coral rojo subido y el rubí, capa baja; con unos aromas francos, sinceros, amables y abiertos, de zarzaparrilla, de mora madura, de golosina con frutas rojas, que encantan. Es un vino fino, largo, con un vegetal armónico y un especiado de pimienta tanto en nariz como en posgusto, que acompaña con gracia. Es un vino vivo, ligero, ágil, sencillo y agradable que, como decía Benoît, casi como se bebe, se mea (con perdón). Es un vino redondo, de taninos pequeños, que pasan como un hilo de azúcar rojo y dejan un reguero de pequeños susurros que siguen invitando al trago. Estos Galos Lapierre, irreductibles en su calidad, en su terco camino, son un regalo del cielo. Y ya se sabe: lo único que temen los Galos es que el cielo se desplome sobre sus cabezas. Corred a probar este vino al muy recomendable precio de 8 euros antes de que cambie la luna o suceda lo irreparable, es decir, que se acabe.

La foto de la luna llena es de AnnieD62.

18 noviembre, 2008

Addendum a La bota de...n.11


La gracia de la mayor parte de botellas que selecciona el Equipo Navazos es que crecen y crecen, si se guardan en las mínimas condiciones. Los sabores y aromas que uno describe en el momento de la primera degustación cambian, mutan, se metamorfosean y otorgan al vino el real valor de lo que es: la mejor metáfora de la vida, siempre cambiante. Ya se sabe...todo fluye y uno nunca se baña en las aguas del mismo río. Este enorme PX jerezano que es el n. 11 de la serie, lleva ya una semana abierto en mi nevera y a lo que comenté en su momento, hoy, en la sobremesa, me han sobrevenido (a copa ya vacía: una sana costumbre esa de oler también la copa una vez consumido su contenido) dos aromas poderosos, muy sugestivos de momentos del pasado. Uno, matizado pero claro, el del dulce de leche un poco quemado, con esa complementariedad entre la ceniza, el azúcar quemado y la leche. El otro, para el que no he encontrado foto buena (ya no son lo que eran los envoltorios...) es muy de mi infancia: las pastillas de la Viuda Solano, de toffee y de café. Este PX inunda la copa vacía con un aroma inconfundible de café torrefacto mezclado con nata, de pastilla de la Viuda Solano, vaya.



La foto del dulce de leche es de SamanthaLove. La del "río de la vida" es de bilcoyote.

16 noviembre, 2008

Malidea 2003: "the making of"


Hay ambientes que invitan más que otros a charlar de forma distendida, a tomar una copa de buen vino, a "arreglar" lo humano y lo divino. La casa de Peter en Aiguamúrcia (Alt Camp) es, toda ella, de este tipo. Muy cerca de la ruta del Císter, junto a viñedos y a la antigua corriente del río Gaià, el pueblo ocupa una zona de remanso del río, en su valle más acogedor. Aiguamúrcia tiene resonancias de la vieja Roma (varios topónimos de la capital llevan ese adjetivo, Murcia, en una zona, la del Circo Máximo, que algún parecido tiene con la de este enclave catalán) y me gusta pensar que debe su nombre a un viajero que, hace ya casi dos mil años, se acercara de Tarraco hasta aquí. A mí me movieron otros motivos. Conocí a Peter hace poco, descubrí el tipo de ideas que aplicaba a su diseño de webs y de blogs y me di cuenta de que había encontrado al tipo adecuado. Yo había agotado mis posibilidades en html, no sabía cómo aplicar a una nueva imagen del blog lo que llevaba en la cabeza y de golpe descubrí que alguien venía haciéndolo con cierta regularidad en alguno de sus trabajos.

Tuvimos una primera charla, intercambiamos no pocas ideas por mail y concertamos una cita. Día de frío y de lluvia intensa, Syrah (¡su perra!) ejerciendo de fiel guardiana de su amo y trabajo intenso durante un día entero. Unos pocos días más de trabajo a distancia, de más comentarios y como quien dice, a las tres semanas de iniciado el proceso, se publicaba la imagen que ya conocéis. Sorprendente (por lo menos para mí), pero cierto. De la jornada pasada en casa de Peter, de este mínimo "cómo se hizo", me quedo con su hospitalidad, con su competencia y agilidad, con su sencillo pero sabrosísimo risotto de boletus (¡mirad la foto final!) y con un DOC Monferrato Rosso que insistió que probáramos. Perdón por el juego de palabras, pero qué buena idea fue este Malidea 2003. Se trata de un vino de Fabrizio Iuli (recién recompensado con los Tre Bicchieri por su Barabba 2004), que mezcla a partes iguales nebbiolo y barbera. La dulzura y fineza de la primera se ven contrapunteadas por la barbera, de estructura más recia y densa. El resultado, tras casi dos años en madera de roble francés, es bonito de veras: con una cierta evolución (capa media y mínima teja), se ofrece con una nariz muy mineral (tierra ferrosa mojada), equilibrada por un delicado frescor de eucalipto. Diría que este vino posee la boca de la barbera y el color de la nebbiolo. Su aroma es una mezcla: vuelven la madre tierra (claros aires de trufa) y los rincones del jardín junto al bosque (arándano negro), con un paladar delicado y lleno, en plenitud este 2003, y un remate entre el humo del otoño y la ceniza. Tras tantos barberas en el colete, mira que tener que ir a Aiguamúrcia para descubrir a esta pequeña pero interesantísima bodega...Por el blog, por el vino, por el risotto, por la amistad recién estrenada, ¡mereció mucho la pena este viaje!

12 noviembre, 2008

Dos buenas razones para levantar el ánimo


El vino, como un buen libro, un paisaje atractivo o una charla con los amigos (por supuesto, todo se puede combinar), tiene una capacidad de abstracción muy notable. Quiero decir que hay vinos por los que pasas sin gran pena ni gloria, mientras que otros te piden que te concentres en ellos, te enamoran de entrada (por una historia, por una etiqueta, por una variedad de uva...) y te ofrecen unos momentos de relajo y tonificante abstracción. Pasamos por días de mucho trabajo en casa, tanto mi santa como yo, de tribulaciones varias que pesan mucho sobre nuestro ánimo. Y este domingo pasado (¡qué más da la fecha!) teníamos necesidad ambos de charlar y de disfrutar con un vino. De hecho fueron dos...Al primero le tenía ganas de hace tiempo. Corias Guilfa 2005, del que no sé apenas nada (he sido incapaz de encontrar una página web...), es un VT de Cangas (de Narcea). ¿Vino en Asturias? Caramba, pues sí. En una zona con menos lluvia que la estrictamente atlántica, más al interior, con viñedos orientados al sur, variedades como la verdejo tinta o la carrasquín me llamaban mucho. Cayó por fin este Corias Guilfa (guilfa es el nombre que se le da en la tierra al viento del Norte), hecho con esas dos variedades de la zona más la mencía vecina. Con 12,5% y un servicio deseable sobre los 16ºC, es un vino que lleva seis meses de roble francés y presenta una capa media, casi tirando a baja. Es un vino de suave extracción, de un color rubí brillante y unos aromas muy definidos, delicados y, al mismo tiempo, recios. El fruto del madroño, el aroma de la linde del bosque antes de entrar en la zona umbría, la pimienta roja, anuncian un paladar fresco, de vino de clima más frío. Dicho como algo positivo, es un vino que pasa como el agua, con cierta fragilidad acuosa, con algo de regaliz y aires de la verde frondosidad de los cipreses. Lo compré un poco caro (17 euros) pero nos gustó mucho la experiencia. Grandes cosas, creo, se podrán hacer con esta carrasquín. O se hacen y no las conozco...

El segundo vino que nos regalamos merecería por si solo un retiro en cualquier monasterio de la Trapa (tampoco quedan tantos en la península...). De la mítica serie La Bota de...del Equipo Navazos, decidí que la comida la coronábamos con su número 11, La Bota de Pedro Ximénez, saca de enero de 2008. Es un PX único para los buenos aficionados, acostumbrados como estamos a otros perfiles más del aire de Montilla-Moriles. Procede de la Sacristía del Real Tesoro de Jerez y aunque no se sepa su edad exacta, ésta debe ser bastante alta. Con 17% y una temperatura de servicio sobre los 12ºC (es deseable que suba un poco en copa), este vino respira amor por el trabajo bien hecho, que siempre suele hacerse en silencio y en lo más profundo de la bodega. Caoba bruñida y tostada por el sol, ribete entre el verde del musgo seco y el yodo, pasea por la copa como las lágrimas por las mejillas de la Esperanza Macarena, espesas, cadenciosas, emotivas, una a una. Arrope de saúco, pan de higos, pasas de Málaga maceradas, éste es un vino que llena la estancia de fragancias de antaño. Hierbas medicinales, amaro dei Fratelli Arverna, naranja en ligero almíbar y nueces verdes. Éste es un vino que empieza y no acaba, que agrada y no cansa, casi ligero. Pienso en él como en esas personas que han entrado en su edad madura pero conservan la belleza de su juventud en los andares, en su estar, quizás más lentas, sí, pero llenas de vida, de dulzor, de encanto. Y en sus ojos, la niñez. Éste es un vino zangolotino. Ni recuerdo qué pagué por él, pero cualquier "precio" es bueno cuando uno se siente Nabokov siquiera por un instante.

08 noviembre, 2008

Fonda Emilio, de nuevo


Como os decía en un comentario anterior, mis dos "paradayfonda" para acceder o salir del Priorat son el Celler de l'Aspic y la Fonda Emilio. No se puede negar que soy viajero de fortuna... En esta ocasión se trató de la salida. Una visita a los viñedos y las bodegas de Pasanau Germans, en La Morera de Montsant, y de Mas Doix, en Poboleda, sirvió para despedir con aires de gloria la visita de Fabio Giavedoni al Priorat. Él seguiría unos días más...pero un servidor tenía que volver Barcelona. Las hermanas Huguet acababan de abrir el local tras sus vacaciones anuales y todo estaba en pleno rodaje. Lo más interesante, con todo, es que tanto Bibi, en la sala y al mando de la bodega, como Rosana, en la cocina, están en plena forma y con ganas de darle al otoño un buen vuelco (nuevos vinos, nuevos platos).

Veníamos de un peregrinaje tánico importante y aunque queríamos que Fabio probara alguno de los platillos más caseros de Rosana, había que "refrescar" un poco las encías: un cava brut nature reserva de Carles Andreu (en Pira, Conca de Barberà) hizo maravillas. De este espléndido celler he hablado de su impactante trepat 2006 (¡y pronto lo haré del 2007!), pero reconozco que no había prestado mucha atención a sus burbujas. Es lo que solemos hacer...¡Apriorismos, fuera con ellos!: un cava hecho en la Conca de Barberà, con macabeu, parellada y chardonnay, 26 meses de crianza y un precio de escándalo, se mostró como un gran vino entrante, oro pálido, joven, fresco, con fina y perfecta burbuja y una explosión de naturalidad discreta en boca, cítricos y pera. Grande el consejo de Bibi. Tomamos unos entrantes entre los que destacaron el carpaccio de pie de cerdo (en la foto superior), que es uno de mis aperitivos preferidos, y un revuelto de ajos tiernos con butifarra negra, muy sabroso.


Estaba claro que tras tanto priorato pero con platos como los citados, o como las albóndigas de Rosana con las setas de la temporada (¡en las que siempre acabo cayendo o provocando que alguien caiga para comer por lo menos media!), había que ir a un buen tinto, pero de otro perfil. Aquí, la alianza estratégica entre la Fonda Emilio y la empresa de distribución CepaVinis, hace que uno pueda elegir entre un montón de vinos interesantes, tanto hispanos como, sobre todo, franceses. Bibi acertó de nuevo en el consejo, y la butifarra y las albóndigas fueron acompañadas por un gran minervois, un Château Bassanel réserve 2003. Se trata de un monovarietal de syrah del Languedoc con 13%, que fue sencillamente abierto media hora antes de la degustación. Servido a 16 ºC (más o menos), es un vino que expresa la pureza de la syrah meridional francesa con 14 meses justos de roble. Es un vino de capa alta, de color rubí muy encendido, muy balsámico, de frescor casi inusual para su zona de origen. Delicado en boca, con aromas de tomillo y laurel, de guinda y de arándano negro muy maduro, termina con un trago muy poderoso y de larga resonancia, con aires de madera noble bien puesta (cedro). Concentración con guante de seda y un precio muy razonale, he aquí una buena definición para este excelente minervois.



Mis postres plegaron, un poco, las alas. Y de las muchas bondades que prepara Rosana (la Fonda Emilio es un lugar de grandes postres, con una muy variada selección, además, de vinos dulces), me quedé con un perfil discreto, delicado y casi susurrante. Igualmente, muy resultón: cremoso de yogurt con salsa de frutas del bosque y el detallazo de esa "chuche" casera coronando la maravilla, dulce pero con un corazón ácido, como la salsa, muy adecuado. La Fonda Emilio sigue siendo un sitio imprescindible, al que uno no se cansa de volver y volver.

04 noviembre, 2008

Qué es el éxito en un blog


1. Sí, lo siento, hoy llega otra dosis de reflexión. 2. Es en forma de aforismos, no por voluntad de querer adoctrinar a nadie, sino porque me gusta la brevedad del formato. 3. Hace cierto tiempo decidí concentrarme tan sólo en la escritura y en los temas que escogía para este blog. 4. Así pues, dejé (por completo) de dedicar tiempo a saber cuantos lectores tenía, de donde venían, a qué horas entraban o qué navegador usaban. 5. En los últimos meses, alguna empresa se ha interesado por este tipo de datos en mi blog porque valoraban la posibilidad de proponer publicidad aquí. 6. No han entendido que no tenga la menor idea de este tipo de datos (después, he descubierto que sí tenía activado Google Analytics, pero lo había olvidado por completo. Y vaya, esos datos, para mí quedan). 7. En California, Alder Yarrow escribía hace todavía menos sobre qué les iba a decir a 150 ávidos "wine bloggers": sus ideas al completo aquí están.

8. Como casi siempre, Alder lee mis pensamientos y escribe sobre algunos de ellos, ¡antes que yo! 9. Cualquier bloguero del vino que ande obsesionado por sus números de tráfico se equivoca y, además, se arriesga a sufrir no pocas decepciones. 10. Ni el más visitado puede vivir de eso. De hecho no puede ni tan siquiera pagarse alguna botella decente al mes con ese dinero. 11. Pensar que la publicidad en la red te va a solucionar económicamente algo, es otro grave error. El dinero de verdad se va, siempre y todavía, a la prensa escrita que circula en soporte papel. 12. Si el buen lector ha llegado hasta aquí y piensa que no me he ido al garete, va a leer la parte clave de esta reflexión: ¿qué es, entonces, el éxito en un blog? 13. Éste no consiste, en efecto, en tener muchos lectores (es imposible en términos relativos, si te dedicas al vino), tampoco en conseguir dinero o vivir, siquiera parcialmente, de esto.

14. Consiste, por el contrario, en concentrarte en pasártelo bien. Yo escribo un blog porque disfruto con ello. Disfruto conociendo nuevos vinos, nuevas tierras, nuevas gentes. 15. Disfruto escribiendo sobre ello. Ésta es la razón fundamental: si no lo pasas bien escribiendo, es mejor que lo dejes. 16. Disfruto pensando y eligiendo los temas, tomando mis notas y pensando cómo diré esto o aquello. 17. Disfruto casi de la misma forma con la selección de la parte gráfica del blog. 18. Siempre he defendido que esta forma de escribir mantiene una relación privilegiada con la imagen. 19. Para mí, un texto sin imágenes adecuadas, vale mucho menos (en un blog, claro). 20. Yo escribo este blog, además, porque quiero contar sobre mis vinos y sus cosas. 21. Quiero hacerlo, además, de forma sencilla y amena, clara y agradable, cuidando la relación entre texto e imagen. 22. Si es posible, también quiero ser útil, llegar a la gente para ofrecer algo que les pueda agradar y ayudar. 23. Me gusta, además, pensar en cómo ve la gente este blog, cómo percibe sus letras, la separación entre líneas, la compaginación de las fotos...me gusta cuidar los pequeños detalles que parecen no verse pero que llegan porque ahí están.

24. Me gusta pensar que hay gente que valora lo que hago. 25. Me gusta pensar que estar, aquí, puliendo mis herramientas de escritor de vinos me ayudará a ser, algún día, un escritor más profesional, por decir algo. 26. Me gusta mucho hacerlo, además, en este nuevo formato realizado por Peter, más limpio, más abierto, más "ligero", más acogedor, más fácil de usar y, creo, más equilibrado. 27. En la medida en que voy consiguiendo alguno de estos puntos, sobre todo los que van del 19 al 23, más el 26, considero que éste es un blog de éxito, concepto que nada tiene que ver con el número de lectores, con la publicidad o con los recursos que genera, sino con la íntima satisfacción que me da hacer tan bien como puedo algo que me apetece hacer.

¿Qué es, pues, un blog de éxito? El que proporciona siquiera un poco de bienestar y felicidad, a ti y a quienes lo comparten contigo. Cuántos, dónde y con qué objetivos...qué más da.

PS. No lo he hecho casi nunca, pero ser tu propio jefe tiene sus ventajas: ¡uno hace lo que quiere! Me apetece dedicar hoy esta entrada a Peter, de PHW. Él ha sabido encontrar, con discreción, profesionalidad, entusiasmo y amor compartido por los vinos (sobre todo catalanes e italianos), las formas que tenían mis ideas. Ahí es nada.

La primera foto procede de the new jew files. La segunda, de starprintbrokers. La tercera, de ciberprensa. La cuarta es de un dibujo zen de Sumi-e Kazu Shimura.