31 diciembre, 2007

¿Y para 2008, qué?


Revistas, periódicos, páginas web, blogs sobre vino y comida...muchos se plantean el fin de año como un momento de resumen, de reflexión sobre qué han comido, qué han bebido, qué les ha gustado más. Y yo, aunque no soy de esa sensibilidad, agradezco mucho este tipo de trabajos porque, más que otras cosas, te permiten tener buenos listados de vinos y espumosos, aconsejados por expertos que los han catado y han disfrutado con ellos. A mí me motiva más proponeros el futuro, tal y como lo veremos: diez deseos, propósitos, diagnósticos, tendencias, situaciones que o quiero que pasen o creo que van a pasar en 2008. Ya se sabe: ésto es sencillo. Dentro de unos meses nadie se acordará de lo que he escrito aquí y nadie me exigirá razones sobre ésta o aquella metedura de pata. Y yo, en el rato en que habré hecho este ejercicio entre visionario y pasional, me lo habré pasado en grande. No es poco.

1. Los cultivos en la viña serán cada vez menos químicos. No me atrevo a hablar de "ecológicos" (pues todos, por naturaleza, !lo son!) o biodinámicos, pero entre Gore y las modas, creo que la viticultura será cada vez más respetuosa con el medio en que se produce. 2. Cada vez se dará menos importancia a la madera nueva y de tostado medium plus: masticaremos menos taninos de serrucho y los vinos serán, cada vez más, más vinos, más fruta y menos madera. 3. Las vinificaciones tenderán a devolver su importancia a los depósitos grandes, sean de madera, de cemento o de inoxidable y tanto las fermentaciones alcohólicas como las malolácticas y las microoxigenaciones irán volviendo, progresivamente, a este medio. 4. Las uvas autóctonas ganarán en importancia. No digo que se menosprecien la merlot en Catalunya o la riesling en la Alpujarra. Digo que la riesling tenderá a progresar en su ámbito natural y donde más se la conoce desde hace siglos y lo mismo sucederá con la garnacha peluda, con la garganega y con la pinot noir. Ello repercutirá en un aumento de los monovarietales con uvas autóctonas y en un detrimento de los vinos "sin papeles" (afortunada definición de Herr Abt), es decir, de los vinos cuyos ensamblajes se pueden encontrar en todas partes y que saben igual en todas partes.


5. Cada vez se valorarán más los vinos blancos. Ya forma parte del pasado aquella abominable tendencia a despreciar los blancos en favor de cualquier tinto. En España el avance será imparable y el país marcará tendencias, sobre todo en las uvas que nos son propias. Aunque se trabaje con la madera, aquí mandarán las vinificaciones que persigan vinos de una longevidad media (3-4 años) sin uso de la madera y con levaduras autóctonas. 6. Será el año en que los jovenes tomarán el poder. Los viejos suficientemente preparados y, sobretodo, entusiastas, ayudaremos lo que podamos, pero los jóvenes abandonarán el calimocho y beberán cada vez mayor calidad. Muchos vinos se adaptarán a ellos. 7. Las zonas consideradas emergentes en España (de otro país no me atrevo a hablar) dejarán ya de serlo. O se adaptan a lo que les cae encima (puntos anteriores) o irán cayendo poco a poco. Más que zonas o DOs emergentes, hablaremos de viticultores emergentes que hacen lo que creen mejor con sus viñedos, uvas y vinos, al margen de DOs y de reglamentos. 8. Por la razón antes apuntada, las DOs se adaptarán drásticamente (último ejemplo, DO Navarra) o perecerán. Peor: los viticultores pasarán de ellas y de sus reglamentos porque nada aportan ni a sus vinos ni a su estrategia comercial. Cada vez más gente saldrá de las DOs y buscará, al amparo de su calidad, el respeto del público bebedor.


9. Los sistemas de comunicación que permiten que la información y las opiniones circulen con rapidez y libertad, seguirán creciendo. Los medios tradicionales tienen los días contados y o adaptan sus estrategias, convirtiéndose en transversales y multisectoriales, realmente abiertos a sus lectores, o irán languideciendo. 10. Espero seguir teniendo fuerzas y ganas, no de beber y de comer a gusto (si los dioses lo quieren, esto está garantizado), sino de seguir descubriendo y conociendo cosas y tener capacidad para contarlo. Espero que los que nos dedicamos a esto, desde el absoluto anonimato y buen amateurismo, entendido éste con entusiasmo, preparación e información, sigamos creciendo y sepamos mantener el respeto y benevolencia de quienes ya nos leen y ganar el de quienes nos ignoran.

Y mientras tanto, hagamos caso de los dos últimos versos de la Tabernera seudovirgiliana:

pone merum et talos. pereat qui crastina curat:
Mors aurem vellens «vivite» ait, «venio».


"Sirve vino y pon los dados. Muera quien se preocupe por el mañana:
La Muerte te susurra al oído "vivid, que ya vengo". Pues eso.

30 diciembre, 2007

Una nota de paz, desde Argentina


South American Wine Group tiene por costumbre, de vez en cuando, publicar extraordinarias fotos de viñedos andinos. Y yo, de vez en cuando también, me dejo encandilar por ellas. Amo la Argentina, espero que 2008 me dé la oportunidad de volver a ella y mientras tanto, o bebo sus vinos o publico sus fotos. Sirva este epifánico atardecer previo a la Navidad argentina, en el valle de Uco (Mendoza), como mensaje de paz y de buena voluntad a todos para este próximo 2008: que nos traiga salud y prosperidad, buenos vinos y comidas y ganas de contarlo. Así sea.

La Puglia en Barcelona: Gravin



Gravin es un restaurante italiano en Barcelona que debe su nombre a la ciudad de Gravina, en la Puglia (sureste de Italia), con nombre y fama gracias a una posición estratégica y a que, ya desde tiempos helenísticos, era algo así como un "huerto de las delicias": parece ser que el nombre, Gravina, procede de la frase latina Grana dat et uina, que podríamos traducir por "no sólo ofrece frutos, sino también vinos". Gravin, situado en uno de los barrios más paseados y bellos de Barcelona (la Ribera, con el Born en su epicentro), junto a la plaza de las Ollas (C/ rera Palau, n.3, telf. 932684628), es un restaurante pequeño, casi minimalista, regentado por amabilísima gente de la Puglia, que ofrece una carta corta pero muy compensada, entre antipasti, pastas, carnes y pescados.

Comimos ayer la familia al completo: unos spaguetti carbonara que parecían casi hechos en casa (y en casa somos locos de la carbonara, que hacemos según la receta de los carboneros romanos), bavette con gambas, fettucine alla bolognesa y maltagliati ai funghi porcini (mi plato: una especie de enormes fettucine, "mal cortados" y con una sabrosísima salsa de boletus con concentrado de carne).

De segundo, pasaron unas milanesas con "delle patatine" para los chicos y una grigliata di pesce para dos, con gambas, cigalas, mero, rape y un detallazo: riquísimo pulpo a la plancha. Todos los segundos estaban en su punto y eran apetitosos y la grigliata me trajo el recuerdo de mis mejores tiempos en el sur de Italia: muy rica y a un precio (23 euros) interesante. De postre, tomamos una pana cotta deliciosa (para mi gusto, la mejor de Barcelona en estos momentos) y un coulant de chocolate que presumo era industrial (sin desmerecer del término, conste, pero sonaba a "La Sirena": que bien ricos son, vaya).

Una de las dos pegas del restaurante tiene que ver con el vino (mal asunto para un servidor, claro): no tienen carta y aunque cuidan muy mucho la presencia de buenos vinos italianos, amedrenta un poco al personal que tenga uno que elegir en conversación con el dueño. O estás muy puesto en el tema o te acaba llevando donde él quiere. Eso es fácil de arreglar. La otra cosa que es sencilla de mejorar son las copas para vino blanco, que fue el que elegimos (ay las!). Así como para los tintos (no de la casa) ponían copas bordelesas adecuadas, para los blancos la copa era basta, con más plomo que vidrio, casi abierta en sus bordes, pesada. Y un vinazo de sensación como el Colle Ara 2005 de Albino Armani (monovarietal de pinot grigio) merece otra cosa, sin duda. Ya escribí en su momento sobre él, y ahora sólo puedo añadir que su color me sigue enamorando, que su mineralidad me sigue sobresaltando y que su carácter en boca incluso pega con una pasta con boletus como tomé. Un vino sobresaliente de Albino Armani, sin duda, muy apto para pescados con personalidad. Detalle también el precio del restaurante: 25 euros la botella.

Con un café ristretto, dos refrescos de lata y dos aguas la cosa salió por 36 euros por cabeza. Me parece un precio correcto para la calidad de lo que tomamos y la calidez de la acogida. Creo que es un restaurante italiano poco conocido en Barcelona todavía, que merece la atención de quienes amamos esa cocina y ese país. Y por supuesto que con unos buenos antipasti y un plaro de deliciosa pasta, mas un montepulciano d'abruzzo (vino tinto de la casa), la cosa te sale a mitad de precio: es un sitio versátil, éste.

Por si alguien se pregunta por qué no ofrezco fotos originales: por primera vez en mi vida al abrir la cámara me di cuenta de que estaba sin batería y no llevaba repuesto (sic!!!). Y por si alguien se pregunta la segunda cosa que se puede mejorar en Gravin: que prohiban fumar en su interior, por favor. Con las mesas muy juntas y una sala pequeña, los no fumadores acabamos pagando el pato.

29 diciembre, 2007

Vinos de supermercado: Mercadona


Algunos en la enoblogosfera suelen estar atentos (¡y hacen bien!) a los vinos y espumosos que se comercializan en las grandes superfícies. Mi organización doméstica suele pasar por la compra telemática y no tengo la oportunidad de pasear por los lugares donde compramos. Pero la presión posnavideña me obligó ayer a pasar por un Mercadona (confieso que no soy de supermercado, yo, sino de mercado de los de toda la vida) y recordando algunos de los comentarios leídos, decidí pasear por la zona de vinos...Sorpresas interesantes, me atreviría a llamarlas, y agradables, fueron dos. Iba buscando algún espumoso semi o dulce, pero no vi nada que me llamara la atención. En cambio, cayeron dos cosas que no dudo en recomendar:

en primer lugar, un Borsao Garnacha mítica 2006, de la DO Campo de Borja, 13,5% y servido a 16ºC. De capa media y color de picota a medio madurar, es un vino brillante y bastante fragante. Huele a frutas rojas de bosque maduras, a su compota y, sobre todo, a aromas secundarios (levaduras, algo de yogurt con frutas rojas, aunque discreto). Su boca es, casi, lo mejor: amplia, casi opulenta, con los taninos muy redondos y unas caudalías inusitadas (12 por lo menos conté). Un monovarietal de garnacha del Campo de Borja que me ha costado 1,3 euros: beberlo para no creerlo, de veras.

En segundo lugar, he elegido una rareza que no sé bien cómo cualificar. No sé de dónde viene, sé sólo quién la fabrica: Dolce Prima moscatel, para el que no se indica añada y que es embotellado por Bautista Martí SL. Tiene sede social en Estivella (Valencia) y ofrece algo que se parece bastante al moscato d'Asti del que he hablado últimamente. El mosto fermenta parcialmente y el carbónico emanado de esa fermentación es el que se observa en copa y en boca. No parece que el método sea el mismo que el del moscato, en que el carbónico se genera, tras una fermentación del mosto del moscatel, en autoclaves a presión y temperatura controladas. Por lo menos no lo cuenta así la etiqueta. Del resto, opacidad absoluta: no he encontrado nada en la red. Pero este Dolce prima es correcto y satisface bastante: de un amarillo pálido y una burbuja más inconsistente todavía que la del moscato d'Asti (se desvanece en apenas tres minutos en copa), aporta aromas discretos de moscatel, de pera y de melocotón maduros y un poco de agua de rosas. Finaliza con un posgusto vegetal, casi de geranio. En boca tiene menos volumen y relieve que los moscati, pero acaba siendo un "vino" fresco y agradable (tomado sobre los 7-8ºC), más para polvorones, que tienen un sabor menos opulento, que para turrones tradicionales. El detallazo es que esta botella me ha costado 2,5 euros.

Nota bene: conste que no pretendo abrir una serie sobre "vinos de supermercado" que valen la pena, aunque me parece una idea estupenda. Ha sido el azar y las vacaciones de mi santa que me han llevado allí. Pero bien está, vaya.

28 diciembre, 2007

El premio de "El botellazo 2007"


El premio de "El botellazo" consiste, literalmente, en un botellazo propiciado por uno de los genios del humor danés, Wulffmorgenthaler. Aquí podéis ver el vídeo que simboliza el momento de la entrega del premio (sustituid esa cabeza por la mía, por favor). Pero ayer por la noche, yo decidí regalarme con otro "botellazo". Estaba contento por el asunto de Camblor y me propuse brindar por la enoblogosfera que estamos construyendo entre todos con uno de mis vinos dulces de referencia, uno de los que no falla jamás y siempre me da momentos de placer.
Estoy hablando del Recioto di Soave La Perlara 2005 de la bodega Ca' Rugate. Monovarietal de garganega de la colina Rugate (Brognoligo di Monteforte d’Alpone), la uva se pasifica en estancias muy ventiladas (no entra en juego hongo alguno aquí) durante seis o siete meses, tras los cuales, a la primavera siguiente a la vendimia, se produce el concentrado mosto (acaba el vino con 28 gr/l). La fermentación tiene lugar en grandes barricas, donde el vino reposará, con sus lías, durante casi un año. Otro año se hace necesario, en botella, para conseguir un mínimo afinamento de este precioso recioto de 13,5% y es por ello que, ahora mismo, salen las botellas del 2005. Conviene servirlo sobre los 11-12ºC.

Nosotros lo tomamos con una deliciosa y sencilla manzana asada al horno, sólo con un poquitín de azúcar y agua. El color del vino es el del ámbar puro. En copa es cadencioso su paso y su lágrima, densa y lenta. Aunque empieza con ligeros aromas de acetato, la nariz se ve rápidamente dominada por la miel de acacia, por el orejón de albaricoque y por las nueces recién cascadas. En boca tiene una acidez y un cuerpo extraordinarios, dulce pero nada empalagoso, vibrante, con notas de posgusto de hogar y de ahumados, mínimos mentoles y hojarasca del bosco en otoño. Es un vino que me gusta mucho, único, de meditación casi, para tomar con poca gente, beber y callar. Antes de la manzana, vino un poco de queso manchego semicurado y le sentó, también, de maravilla este vino. Es una pena, pero quizás debiera darle más oportunidades de envejecer con dignidad. Me gusta demasiado y nunca consigo guardar botellas.

Los vinos de Ca' Rugate en España los distribuye (y vende tambien al detalle) Enoteca d'Italia.

27 diciembre, 2007

Premios "El Botellazo 2007" en NYC

Manuel Camblor, que escribe, prescribe y opina sobre vinos con absoluta libertad y mayor conocimiento desde NYC, en su imprescindible blog La otra botella, acaba de hacer públicos sus premios anuales, El Botellazo™ 2007, con nuevas y "más excitantes categorías cariñosamente recompensadas con contusiones en la cabeza". Los premios que le salen "del corazón son los que dedico a mis Blogs del Año—División Hispana. Aquí, al no poderme decidir por uno solo, reparto un premio entre tres blogueros estelares a quienes ya considero amigos, aunque solamente haya compartido “en vivo” con uno de ellos. Así este Botellazo™ (tamaño doble mágnum, o sea que pónganse el casco, señores, please) va a tres blogs españoles excepcionales. Digo excepcionales pues me parece que van mucho más allá del promedio en cuanto al material textual y fotográfico que ofrecen con excelente regularidad. Además, cada autor, a su manera, me parece que profundiza en la cultura de la gastronomía y el vino con un entusiasmo que se contagia. Todos tienen erudición, infinita curiosidad y estilos que invitan a seguir leyendo. Intelectualmente incisivos, informativos y muchas veces emocionantes, mis blogs en español del año son…"

Y hasta aquí el entrecomillado, directamente citado de Manuel. Los blogs de Sobre Vino y Baba O'Wines (a los que leo periódicamente y con quienes comparto muchos puntos de vista y más vinos) junto con el mío son los premiados y en la categoría de habla inglesa, el de Lyle Fass ("muy bien informado, sumamente mordaz, con una perspectiva muy urbana y una sensibilidad sumamente purista, Lyle es de los que tiran a dar y su blog es una mina de invaluables informaciones, así como unas cuantas sonrisitas demoníacas de las buenas").

¿Qué queréis que os diga? Pues que me hace mucha ilusión que un tipo insobornable, preparadísimo, librepensador, libreopinador y multicatador de miles de vinos de todo el mundo como Manuel considere que lo que aquí pretendo tiene algún sentido. Me da ánimos, me hace ilusión y me impulsa a prometer que intentaré seguir por el mismo camino. Y ahora mismo me voy a pensar con qué brindo esta noche por el premio, a la salud de Manuel, de su santa, de sus mellizos y de la enoblogosfera toda. Que no todos los días te dan un premio en NYC, ¡qué caramba! Ya os contaré...

Por San Esteban, ¡parejas de hecho!


Tres han sido las parejas de hecho que han relucido más que el sol en el mediodía barcelonés dedicado al protomártir Esteban: la primera, mérito del trabajo de equipo entre mi madre y un servidor de Ustedes. Ella tiene la "manía", y bién que se la agradecemos los demás, de que el salmón tiene que ser de Semon, Benfumat "nature". Se trata de piezas excelentes que, sin ser estrictamente salvajes, presentan unas carnes prietas, sabrosísimas, y el ahumado es fino, suave. Espléndido. Dándole vueltas al asunto de su combinación con un vino, me he decidido por la creatividad. Ha sido un Muskateller spätlese 2005 de una de mis bodegas palatinas preferidas, Ökonomierat Rebholz. Es un vino que me tiene el corazón tomado, vaya, de un amarillo puro pero bastante pálido, con unos aromas de la muscat en pureza, madura, acompañados del dulzor de las flores secas y del melocotón maduro, casi en almibar. Con un mínimo carbónico en boca, su impresionante acidez, su azucar perfectamente integrado y su boca excepcional, han formado una pareja de ensueño con el salmón. Os lo recomiendo muy vivamente, con unos blinis si es posible.


La segunda pareja de hecho tampoco ha tenido desperdicio alguno y ha surgido de la misma colaboración: un hígado de pato "micuit" de la prestigiosa casa ampurdanesa Coll Verd ha hecho la corte, ante nuestras narices, a un Barzen riesling Auslese 2003 Reiler vom heissen Stein, del Mosel-Saar- Ruwer. Con un amarillo pajizo de algunos reflejos verdosos, su mineralidad y azúcares han encajado de maravilla con el micuit. 8,5% tan sólo para un vino con aromas calcáreos de impresión, pero delicados (ya me entendéis los que amáis la riesling: no estábamos repostando queroseno para el avión, vaya), acompañados de aromas florales de manzanilla y una acidez y frescor más vivos que el Rebholz, ideales para compensar la untuosidad del hígado de pato. En boca tiene, además, un volumen importante pero que no apaga los sabores del hígado, al contrario, los acompaña discretamente. El medio litro de esta botella se ha quedado en nada.

La tercera pareja me ha venido hecha y no he aportado, aquí, el vino. Pero a pesar de mis temores iniciales, ha funcionado de maravilla. Los temores no iban por la parte de los canelones (que al final sí han caído), espléndidos, con una carne sabrosa con retazos de trufa y de la mezcla de carnes que contenían (ahí mi madre siempre se luce), sino por la del vino. Un DOC Rioja Siglo reserva 1993, que he decantado una hora antes del servicio y que ha salido de esos riojas que, creo, tanto gustan a Manuel Clamblor. Un "clásico", vaya, fino y delicado donde los haya, con una capa media tirando a baja, un menisco y un ribete teja tenue, un brillo casi impropio de la edad que ya empezaba a tener el vino, y unos aromas de cacao fino, de flores secas, de cueros nobles (muy tamizados) y de cerezas en alcohol. En boca se ha mostrado extremadamente dócil, sensible, con taninos suaves y amables, muy redondos y una madera tan perfectamente integrada que ni se olía: había cumplido con su misión (llevar el vino íntegro de 1993 a 2007) y se había retirado, discreta.

Yo creo que el primer mártir del Cristianismo se habrá quedado contento con los recuerdos que le hemos dedicado en su día. ¿No os parece?

26 diciembre, 2007

Rabelais preside nuestra Navidad


Puntual, como cada año, a su cita, François Rabelais, el cura de Chinon (¡menudo lugar para nacer!), ha presidido nuestra mesa de Navidad. Sus afables, buenos, glotones, tragaldabas ogros Pantagruel y Gargantúa, hubieran empalidecido al ver la cantidad y calidad de las cosas que se prepararon en casa, para un grupo de comensales relativamente pequeño (estamos en el número mágico de siete, ahora mismo): la comida del día de Navidad, que es la principal en Catalunya, la hacemos en mi casa, lo cual me dió, como ya visteis, un amplio margen de maniobra para mi trabajo trincheril.
Por supuesto, el menú es el tradicional: escudella y carn d'olla, que es algo que se hace en todo el Mediterráneo, se llame cocido o bollito. Pollo de granja relleno de frutos secos y butifarra, abundancia de turrones, neules (barquillos) y polvorones y vinos en desmesura suficiente.


Todo empieza el día 24 por la tarde. Siguiendo el más tradicional de los métodos, se prepara la escudella, la sopa con todas las verduras y tubérculos disponibles (patata, zanahoria, col, achicoria, nabo, garbanzos por supuesto), se preparan y cuecen, también en su interior, las "pilotes" (de carne de cerdo con algo de ternera, con ajo y sin él), y se añaden pies y careta de cerdo, gallina, ternera, etc. Cuano los garbanzos están en su punto, se deja reposar el asunto hasta el día siguiente. El primer plato consiste en separar el caldo de la "carn d'olla" (que constituirá el segundo plato) y hacerlo hervir con los "galets" (la pasta) de Navidad y con pelotillas pequeñas, tal y como muestra la foto.

La carn d'olla la servimos en los mismos platos en que hemos comido la sopa, para que se conserve un poco el calor. Tres azafates distintos, contienen las "pilotes" (grandes albóndigas para entendernos) y las butifarras; todas las partes de carne distintas de las anteriores, gallina, cerdo, ternera y una tercera, con todas las verduras y los garbanzos.

Con estos dos primeros platos, tomamos un gran barolo, un enorme barolo. Puede que la casa de los Fontanaffreda, en Serralunga d'Alba, no sea de las más prestigiosas del pueblo pero, amigos míos, como siempre, el vino hay que probarlo y, después, opinar. Y este barolo de 1999, con 13,5 y servido a 16ºC (decantado una hora antes del servicio) estaba, literalmente, extraordinario: de un brillante color violeta, pero de la violeta en flor seca (se notaban, claro, los años de crianza en botella), y una capa media, aportó contundencia y finura a partes iguales. Con aromas iniciales de pimienta negra, se desplegó con un abanico de bosque piemontés alucinante, con trufa en primer término, y flores secas, después. En boca, sus taninos eran algo astringentes, secos, pero con gran volumen y enorme posgusto, buen contrapunto para la untuosidad de la carn d'olla. Muy satisfactoria la combinación, su posgusto devolvía aromas de cereza confitada (me recordó no poco la "coca" de cerezas que se hace en Tarragona). Un vino austero, sin duda, pero delicioso y en su punto que, tras otra media hora en la mesa, acabó regalando aromas de infusión de regaliz (como la que hacen, en Tarragona de nuevo, los amigos de AQ).

El tercer plato de la mesa de Navidad es tan estrella como los otros dos. En cada casa tienen predilección por uno u otro animal de pluma, que si pavo, que si pava, que si capón, etc. Nosotros tenemos predilección por el pollo de "pagès", el pollo de corral que campa y corre y se mueve con total libertad. Un animal de 3,6 kg de peso, relleno con los mejores frutos secos de Can Gispert (en el Borne) y siguiendo, ya desde hace años, la receta de Carme Ruscalleda antes de que se "estrellara", dio como resultado (la cocción también empieza el día anterior), la increíble pieza de la foto, tierna, sabrosa, con todos los aromas olvidados de la mejor carne de ave, a la que acompañamos, otra tradición de mi casa, con un cava. Un buen crianza, en este caso, era lo indicado, y cayó un Parisad 1999 de Can Ràfols dels Caus. Abierto media hora antes del servicio (cerrado herméticamente, por supuesto), resultó otro acierto: tiene un bellísimo y cálido color ámbar de tono medio, una burbuja muy fina e intensa, que sube con alegría y unos aromas de levadura de París, de manzana reineta al horno, de hinojo en boca, cremoso pero sin empalagos, que acompañaron de maravilla al pollo natalicio.

Como ya sabéis algunos, el debate se suscitó con el acompañamiento de los deliciosos turrones de la pastelería Pallarès (no somos primos y no recibo descuento alguno), en la C/ Urgell de Barcelona. Al final, me decanté por la sugerencia de los amigos GdP y Encantadísimo, pues sabía que tenía en casa un moscato d'Asti de gran calidad. La familia Sarotto tiene una tradición vitivinícola de más de 200 años en Neviglie (Piemonte) y su moscato d'Asti es de los más serios que he probado. Este 2007, distribuido por la Enoteca d'Italia, tiene, como todos estos "vinos", muy poco grado (5%) y su burbuja se ha generado en autoclave, no en botella. Es, por lo tanto, bastante burda, poco estética, inconsistente, evanescente. Pero no es ése el fuerte de este vino: con un grado mínimo, es un vino con cuerpo y carácter, frescura enorme y viveza en boca, que se convirtió en compañero ideal de la fortaleza dulzona de los turrones de por aquí. De un color amarillo muy muy pálido, los aromas de moscatel maduro, de pera y, también (lo apuntó mi cuñada y llevaba toda la razón), de pétalos o de agua de rosas, dominan un conjunto que, en boca, con su frescor y volumen, funcionó de maravilla. El problema con los turrones es que si no les pones algo con personalidad muy definida al lado, se acaban "comiendo" todo. Sabiendo ya de las bondades de la PX para estos menesteres (como algunos amigos apuntaron), podemos añadir ahora este tipo de moscato d'Asti (estoy seguro que un brachetto funcionaría igual de bien) o los cavas dulces que el mismo Encantadísimo apuntaba no ha mucho. De todas formas, hoy, día de San Esteban, que también se celebra mucho en Catalunya, pienso perpetrar otro experimento con los turrones, que espero poder contaros mañana.


Como ya sabéis algunos, la jornada terminó, casi pasada la medianoche, viendo caer la nieve sobre la llanura central de Irlanda y sobre las aguas del Shanon, recordando a nuestros muertos y admirando, una vez más, el testamento vital de John Huston.

25 diciembre, 2007

And the risotto goes to...


Pues al final, y tras darle muchas vueltas, me he decantado por el moscato d'Asti!!! Ya hablaré de él cuando publique el comentario de trinchera de la comida de navidad de hoy, año de gracia de 2007 (¡¡¡en estos momentos, la casa está copada por la familia política!!!), pero los amigos GdP y Encantadísimo, no sé si juntos o por separado (¡¡¡lo que no puedo pagar es el billete desde Santiago a Barcelona!!!), tienen una cita en casa, con un risotto como, por ejemplo, el de la foto de la izquierda. Fue perpetrado por un servidor en la pasada primavera, con espárragos silvestres y setas de temporada. Será éste o el que los ilustres comensales prefieran. Ya quedaremos por otro canal.

Que sigáis disfrutando de este día de Navidad. Nosotros, cuando hayamos conseguido echar a toda la familia, limpiar y arreglar la cocina y el comedor y mandado los niños a la cama, nos sentaremos ante la pantalla y, como cada año la noche de Navidad, miraremos con admiración y ternura Dublineses ("The Dead"), de John Huston. Su última película, su testamento y despedida de la vida, es una hermosa narración (a partir de un cuento de James Joyce) sobre cómo todos acabamos convirtiéndonos en sombras. Los unos más rápidamente que los otros, pero todos acabamos como espíritus sobre la llanura central de Irlanda, o sobre las calles del Eixample o vagando por la meseta castellana o... Huston, como tantas otras cosas de la vida, supo explicar magistralmente qué es ese tránsito hacia la muerte. Nos sentamos ante la pantalla, vemos la película (hace ya 20 años que lo hacemos) y lloramos a nuestros muertos. Con una copa de buen vino de meditación, por supuesto. Nos vemos mañana, con la crónica de la pantagruelada de hoy.

Concurso de urgencia, ¡con premio!


Serán sólo tres horas, cuatro a lo sumo hasta que llegue el momento, pero abro ahora mismo un concurso. El tema es clave para sobrevivir con dignidad durantes estas fiestas: ¿qué bebida usamos para combinar con la variedad de turrones que en la tierra son? Tras la decepción del "feinherb" (semidulce, pero sin azúcar residual, seco por lo tanto) de riesling de ayer por la noche, sé que esa combinación no funcionó, como sé que no funciona (para mi gusto, claro) las combinaciones con cava o champagne (no hablo de semis, que no son de mi paladar, la verdad). También sé que funcionan las combinaciones con dulces tipo PX (tanto de añada como, algo más complicado, tipo La Bota de...), pero es que en mi rampa de salida tengo ahora mismo (no doy marcas para no condicionar vuestro comentario, sino tipos de vino):

1. Un moscato d'Asti de los buenos de verdad (hay mucha porquería por ahí).
2. Un recioto de Soave.
3. un BA.
4. Un TBA.
5. Un PX de añada, pero especial, ecológico.
6. Un Auslese con bastante azúcar (no seco, vaya).

El concurso consiste en que cualquier comentario que me decante hacia una u otra cosa, a partir de vuestras experiencias con estos tipos de vino y, quizás (eso espero), turrones, será bienvenido. Y quien aporte el comentario (o quienes: no hay problema: ¡¡¡todos los que pasan por aquí son amigos!!!) "vencedor", es decir, el elegido para tomar los turrones de Pastisseria Pallarès, que tengo hoy preparados en casa, recibirá un PREMIO. El premio consistirá en una invitación para comer un risotto en casa, cocinado por un servidor y con vinos que agasajen adecuadamente al tipo de risotto que haga y al invitado. ¡Hala, a trabajar!

Nota bene: por supuesto, mi mujer no tiene la menor idea de la que estoy montando.

La foto del turrón de crema de la Colmena By Luigi Tangana.

Misa del gallo sin gallo y sin misa


Eran otros tiempos. En casa, en mi pueblo (Igualada) la gente creía, de una forma intuitiva, quizás irreflexiva, pero creía. Este hecho tan natural hace treinta, cuarenta años, condicionaba todas las fiestas. Lo más importante de estas fiestas era, por supuesto, el nacimiento de Jesús y su recuerdo. Y el primer paso para ello era la misa del gallo. Para allá que nos íbamos todos, tras una frugal cena (¡la digestión era imprescindible para poder comulgar!): a medianoche (convento de los Franciscanos de Igualada: gente sencilla, muy amable, muy acogedora) empezaba la misa. No era, por supuesto, la tradición exacta del canto del gallo porque la misa se celebrara al alba, pero casi. Cuando volvíamos a casa, ya de madrugada, el hambre acuciaba y mis abuelos preparaban "coca de forner" con longaniza (a medias la tradición entre Vic e Igualada), qué delicioso contraste dulce-salado, chocolate para los niños y abundante cava.



Hoy todo se ha convertido en puro teatro. La familia se reúne la noche previa a la Navidad, pero no va a misa. Tampoco celebramos la cena de Nochebuena porque no es esa nuestra tradición. Pero seguimos haciendo el resopón como si hubiéramos ido a la misa del gallo (sic!). Y hacemos "cagar el tió", aunque no haya ya niños que crean en nada. Lo hacen con ilusión, sí, pero ellos mismos han seleccionado no pocas de las cosas que, después con sorpresa, abren alborozados (sic, de nuevo). Puro teatro, vaya. Nadie cree en nada y todos hacemos de todo, siguiendo un guión que hemos ido escribiendo a lo largo de los años y del que, por ahora, lo único que cambia es algún intérprete. Ayer, más de lo mismo, claro, y mientras una de mis sobrinas me miraba casi alarmada (("¡éste tío se ha vuelto loco!") porque iba tomando notas mientras cenaba, fueron cayendo un extraordinario jamón serrano, varios embutidos más (entre ellos la famosa longaniza de Vic), algo de micuit (que no probé: no había llevado el vino adecuado y eso lo dejo para San Esteban: y!!!a he tomado una decisión sobre el vino!!!), tortillas y el fabuloso relleno de navidad, que mi padre preparaba per se, sin pavo ni pollo. Solo. Pura delicia.

Para el jamón, cayó algo que le es propio, digo yo: una botella de fino de la serie La bota de..., n.7, Macharnudo alto, de Bodegas Valdespino. Un vino de color oro brillante, casi viejo, de punzante salino tanto en nariz como en boca, con frutos secos (almedras tostadas, nueces después), aceitunas y un enorme posgusto. Con un poco de temperatura, sale su caracter casi agreste y su mineralidad, mucho mayor que la que sale de los productos de Sanlúcar. Un vino extraordinario para esa jamón delicioso. Con la mezcla del relleno salieron varios cavas. Yo tenía grandes esperanzas, tras lo leído, en el Mas Comtal cuvée 2004, con chardonnay y charelo, pero me decepcionó un poco. Creo que la combinación era la correcta (el relleno con un cava de cierta crianza funciona, lo sé, lo he probado), pero me resultó algo plano y con poco volumen en boca. Tenía una burbuja tumultuosa, pequeña, bonita, y un amarillo intenso. Aromas de "pequeña" crianza asomaban, manzana reineta al horno (de las que en casa usamos para el relleno famoso, pero cuando va dentro de la bestia), algo de pastelería, anisados pocos, algo cremoso en boca pero, como digo, más bien plano, vínico y plano. Con los postres (turrones de la Colmena) hice un experimento: probé un riesling seco pero spätlese, a ver qué pasaba en su contraste con el marcado y empalagoso dulzor del turrón. Fracaso: el turrón "se comió" al Barzen spätlese Feinherb 2006, que, por otra parte, es un vino que me gustó. Pasa que errécon la combinación. Con un oro pálido, tiene aromas delicados de melocotón maduro, de albaricoque, de muscat, con carbónico en visual y casi nada en boca. Mínima nineralidad. Con el turrón, su paso por boca resultó muy discreto, pobre, y no hizo la función que esperaba, refrescar pero con poderío y alegría. Tras un buen rato sin dulce, el vino recupera su esplendor y adquiere otra dimensión en boca, mucho más agradable, amplia, redonda. Es un vino para primeros platos, en mi opinión, para arroces con pescado, por ejemplo, pero no para un turrón en Nochebuena.

Salgo ya de la primera trinchera, algo cabreado y mosqueado, cansado pero entero. Seguirá hoy, con los fastos propios del día de Navidad y en la tranquilidad de mi casa, prometo afinar mejor las combinaciones que proponga. ¡Que paséis un buen día de Navidad!

24 diciembre, 2007

Reportajes desde la trinchera


Como podéis ver por la "foto", me he preparado adecuadamente para afrontar estas próximas fiestas. Ya sabéis que se trata de días que no aprecio especialmente (por razones que ahora no vienen al caso) y para los que intento, además de contentar con viandas y bebidas a cuanto prójimo se me acerca, buscar algún aliciente extra. Este año, además de los vinos y espumosos seleccionados (que publicara alguna de mis compras, no significa que me atenga a ellas, ¿eh?), voy a intentar algo nuevo: sin documentar como suelo hacer mis notas, voy a intentar publicar, casi en tiempo real (o tanto como me lo permitan mis circunstancias), mis impresiones y fotos sobre cuanto como o bebo. Serán notas, por lo tanto, más directas, menos documentadas, menos pensadas y más imperfectas. Quizás, también, más "frescas". Veremos cómo sale el invento. Con vuestro permiso, voy a tomar ya ese vapor hacia el corazón de la oscuridad y que las conexiones me respeten para mantener el contacto con vosotros, si es que algunos seguís en internet estos días.

¡Que tengáis todos unas felices fiestas y un mejor Año Nuevo 2008! Os lo desea, ya desde la trinchera, vuestro "sufrido" reportero enogastronómico, preparado para el duro trabajo.


La foto del reportero es de www.mediazone.info

Barzen Auslese Trocken 2005 Edition alte Reben


Justo antes de uno de los bellos meandros del Mosela medio se encuentra el pueblo de Reil, que vive, según su propio lema, por y para el vino desde hace más de mil años. Visitando su página web, ¡no me cabe la menor duda! En Reil trabajan los Barzen desde hace 500 años: aquí nada se improvisa. Orgullosos de su tradición y de su presente, Alexander Barzen está, ahora, al frente de la bodega familiar y junto a productos llamados al gran consumo interior en Alemania, tiene una gama que me llamó, hace poco, la atención. Yo había pasado la vista por encima de alguna de sus botellas, pero al no ser una de las "grandes" marcas alemanas, ni llevar (¡en sitio visible!) la famosa VdP, pues no hice mucho caso.

Por supuesto, incumplí uno de mis preceptos: cata y después, opina; no prejuzgues. Eso pienso hacer. Este vino nace de viñedos de más de 100 años de antigüedad, todos ellos cultivados y vendimiados por los Barzen, prefiloxéricos y sobre pizarras mezcladas, grises, azules y rojizas. Es un vino ecológico. Con una vendimia manual, realiza la fermentación alcohólica y, parcialmente, la maloláctica, a baja temperatura. Remueven periódicamente las lías y filtran parcialmente el vino. No conoce la madera pues todo el proceso se hace en inox. Este "alte Reben" (viñas viejas) del Mosel-Saar-Ruwer, sale con 13,5% y a pesar de ser de vendimia tardía, la fermentación se ha comido prácticamente la mayor parte de azúcar del mosto (tiene un total de 8,1 gr/l). Por ello es seco ("trocken"), aunque lleva en su alma algunas sensaciones de esa maduración de la uva en la planta. Conviene servirlo sobre los 9-10ºC y creo que no pide decantación: abriendo la botella media hora antes de la degustación, basta.


Con un color amarillo bastante intenso (limón maduro), es un vino limpio y brillante, con visual de carbónico. Muy bonito. Ofrece aromas de piña madura y de lichy y en boca, se confirma el leve carbónico y posgusto a muscat y terpenos. Es muy agradable y aporta, a partes iguales, frescor y volumen, junto con un cierto amargor vegetal. Al cabo de un rato y con más temperatura en copa, sale su mineralidad y su fondo calcáreo, discreto y sutil, junto con apuntes de flor de tilo y algunos anisados. Un vino interesante, realmente, que con un Stilton curado unos meses (si no lo tenéis, ponedle un buen Gorgonzola), hará las delicias de Tirios y de Troyanos.

La foto de Reil en otoño me ha sido facilitada por Óscar (Vadebacus).

23 diciembre, 2007

Hitchcok y Scorsese a la búsqueda de un reserva...


Desde por lo menos 1977, nuestras navidades se han visto tan marcadas por Freixenet como la llegada de la primavera por ECI. Así son las cosas: antes mandaban las estaciones, con sus ritmos, vaivenes y productos. Ahora han desaparecido la primavera y el otoño, apenas existe el invierno y sobrevivimos como podemos hasta el cataclismo final...
Las campañas publicitarias de la firma de Sant Sadurní, desde que dejaron el cartel y pasaron a las pantallas pequeña y grande, se han visto dominadas por mujeres hermosas, por burbujas saltarinas y por hombres de gran presencia.
Pero el talento también existe y si hay dinero que lo apoye (y en Freixenet lo hay), la sorpresa puede saltar. Y saltó este año, vaya si saltó. Mis hijos me lo habían advertido (vivo poco apegado a la televisión): ¡tienes que ver el anuncio de este año! Otro compañero me dijo "en tal sitio lo tienes completo". "Completo lo pasaron una sola vez y es la que merece la pena".

Y el otro día, leyendo un interesante comentario de Encantadísimo sobre un espumoso de malvasía vinificado por Freixenet (ideal, creo, para los roscones de Reyes), que ellos mismo presentan como "dulce y para los postres", el compañero me lo puso tan fácil, me lo recomendó tan sinceramente, que me puse los cascos y me dije "a ver qué pasa...". Conste que no tenía ni la menor idea de qué iba ni cual era su historia o argumento, ni tan siquiera quién era la burbuja del año. Y qué burbuja ni qué narices: la estrella del anuncio es, ni más ni menos, que mi admirado, querido y jamás suficientemente visionado ¡¡¡Alfred Hitchcock!!!


De la mano de un no menos brillante Martin Scorsese y con una calidad de imagen y de sonido apabullantes (por lo menos en la página web de Freixenet, que es donde recomiento veáis completo el anuncio), saltaron a raudales el talento de ambos directores y su inefable, austero, delicioso sentido del humor. No soy cliente habitual de esta casa de Sant Sadurni, aunque por circunstancias que no vienen al caso he tenido amables e interesantes conversaciones con su actual presidente; ni tan siquiera puedo decir que haya visto todos sus anuncios. Pero como amante del cine de Hitchcock, como admirador de algunas películas de Scorsese y como seguidor fiel de guiños y cameos que en la historia del cine son, confieso no haber asistido a un homenaje tan tierno, delicado y bien hecho, como éste. Y quiero felicitar a Freixenet, por supuesto, y al Dr. Bonet a su cabeza, porque poner el dinero para proyectos como éste merece mucho la pena y, además de un signo de habilidad comercial es, también, un fino detalle de inteligencia y de sensibilidad. No os lo perdáis.


22 diciembre, 2007

Solsticio fallido pero...


Como los que vivís en Catalunya habréis ya adivinado, mi intento de experimento con la luz del sol a mediodía del solsticio de invierno, ha resultado fallido por completo: aunque amainó algo la tormenta, no fue lo suficiente como para que el sol atravesara las nubes...habrá que esperar, pues, a otra ocasión para acercarse a Centcelles, aunque vosotros, si no lo conocéis, tenéis allí una cita de primer orden.
Yo, discretamente, me fui a pasear mi frustración por otro sitio romano de los importantes: la villa romana de Els Munts, en el municipio de Altafulla (a unos 8 km al norte de Tarragona, junta a la antigua Via Augusta). Esta residencia de altísimo nivel, con distintas fases de habitación, una casa cuyas paredes y frescos romanos siguen en pie, unas fantásticas y muy entendibles termas privadas y restos de una explotación agrícola, fue construida con privilegiadas vistas al mar, junto a la playa.

Saciadas mis ansias de "romanidad", mis pasos se dirigieron ditectos al mar. Confieso mi amor por el Mediterráneo en todas las épocas del año, pero mi pasión auténtica es encontrar sitios en los que sentirme cómodo junto a mi mar, en invierno. Desde ayer, el restaurante-bar Voramar (Cal Vitali), es uno de ellos. Situado a pie de playa (C/ Pons d'Icart, s/n, 977650630), se trata de un lugar muy sencillo, sin grandes pretensiones pero con sentido común y dosis de buen hacer a raudales. Una salita con lumbre (la de la foto), junto a un mar embravecido que se había comido media playa esa misma noche, pusieron mi espíritu y mi cuerpo en su lugar en pocos minutos. Qué rincón tan acogedor y que atmósfera tan reparadora. Una deliciosa sopa de pescado (con un buen fondo de pescado de roca y algunos tropezones de rape y mejillones), una merluza fresca a la romana (cómo no) y un púding de la casa, hicieron el resto.


Para acompañar ese almuerzo marinero me "tiré de cabeza" al vino blanco de mis amigos de Bàrbara Forés, en la DO Terra Alta. Su Blanco 2006, con un 20% de viognier y un 80% de garnacha blanca, maceración pelicular en frío de 20 horas y fermentación en inoxidable a 18ºC durante 15 días, estabilización y embotellado con 13,5%, es siempre una excelente y accesible opción. De un amarillo bastante pálido, brillante, sus aromas son muy agradables, con algo de melocotón de carne blanca dominando el conjunto, junto con trazas de muscat, un bello tono vegetal, una vibrante acidez, frescor y volumen en boca y un posgusto muy ligeramente amargoso. Todo lo que os acabo de comentar salió por 25 euros y, la verdad, aunque salí de Tarragona sin solsticio ni sol, la satisfaccción por la experiencia vivida, el lujo de poder contemplar mi mar desde esa posición, privilegiada ya desde antiguo, y el lugar descubierto compensaron con creces el asunto...La vuelta a casa, presidida por mi inseparable Lucio Dalla y su "amor desesperado" con Mina, hicieron el resto.

21 diciembre, 2007

La bota de...manzanilla, números 4 y 8


Y mientras me voy hacia el sur hoy, 21 de diciembre, con negros presagios en cuanto a los meteoros que encontraré (sin sol no hay experimento), os dejo con mis impresiones de una comparación que hice ayer mismo sobre las dos manzanillas de la serie La bota de...



Hace unos meses, tuve la fortuna de probar y escribir sobre una botella de manzanilla de la serie La bota de..., número 4 de la misma, selección preparada por el equipo de Navazos. Hice caso de los consejos de algunos amigos, mucho más expertos que yo en este tipo de vinos, y conservé una botella para poder degustar y comparar tras un buen reposo. Esa "paciencia" ha hecho, ahora, que pueda probar las dos sacas presentadas en la serie al mismo tiempo (la primera, de enero de 2007; ésta segunda, de octubre de 2007), pues la botella n.8 es, también, de manzanilla Las Cañas (pago Balbaína, bodega Sánchez Ayala). Encantadísimo escribió no hace mucho una nota, a la que me remito para que tengáis los detalles (mirad también aquí) y me concentro, en primer lugar, en la descripción, de la n.8, recién llegada. La sirvo sobre los 10ºC. Su color es de un amarillo mucho más atemperado que el del n.4, un amarillo de limón recién madurado. Empieza, para mi sorpresa absoluta, cerrada casi por completo. A pesar de esa cerrazón, en boca noto una salinidad mayor, aunque menos punzante, que la de la n.4. Tras media hora y más temperatura ambiente, empieza a abrirse, con mayor delicadeza y suavidad que su hermana mayor. El salnitre, los frutos secos salados, un poco de cola de carpintero, el conjunto de la n.8, muestran el sosiego y el reposo de las primeras siestas de un bebé. Su boca es menos salvaje que la de la n.4, más amable y redonda, aunque su posgusto (sus caudalías) son, en estos momentos menores y menos poderosas también.



De la n.4 dije en su momento: "su color es el del oro viejo...sus aromas son los de la salmuera de las aceitunas, tanto como de sus huesos; los de la sal y el yodo del mar cercano y, al mismo tiempo, los de la humedad del mar...no faltan, tampoco, al festín de los sentidos las almendras saladas, un punto amargosas, ni esa característica tan de este vino, de un aroma ya a copa parada entre intenso y punzante...acompañado de una entrada en boca de gran empaque, seriedad y presencia, con la sequedad de la tierra albariza siempre presidiendo y un recuerdo...que dura muchos muchos segundos, del velo en flor del que "nace" este vino (un inconfundible aroma a levadura en posgusto)."

Y tras unos meses en perfecto reposo, creo que esta n.4 sigue siendo, con perdón, un animal salvaje de extraordinaria belleza y pureza, al que hay que beber y admirar, casi en silencio. Estos meses de botella no le han quitado un ápice de su poderío, al contrario, han potenciado sus características, ya descritas, pero le han añadido un pellizco de óxido que no tenía y que le sienta de maravilla, pues le da mayor profundidad y alcance al vino. En estos momentos, y sin pretender yo formular un Juicio de Paris (quien quiera, que le ponga también el acento, y las connotaciones serán ya otras), la n.4 está enorme, superior y, para mí, más satisfactoria que la n.8, que muestra maneras (por decirlo a la taurina), pero no acaba de soltarse. Le daremos un poco más de botella y de reposo a la otra botella que tengo. Por desgracia, de la n.4 ya sólo puedo hablar en el recuerdo: voló cuanto compré.

Por cierto, estas botellas, si quedan, se pueden adquirir, a distancia, en Coalla Gourmet. En presencia, yo he visto algunos ejemplares en Vila Viniteca. Su degustación es una experiencia por la que cualquier amante del vino tiene que intentar pasar.

Las fotos de las botellas By Encantadisimo.

Solsticio de invierno


Aunque técnicamente el solsticio de invierno no caiga este año en el día 21, sino en el 22, me voy este año a hacer un "experimento" a mediodía del 21.
Los antiguos solían construir calculando y respetando al máximo el movimiento de algunos astros y, en particular, del sol. Los solsticios (en la foto el de invierno en Stonehenge, uno de mis lugares preferidos en el mundo) de verano e invierno son dos momentos que los arquitectos solían utilizar para llamar la atención sobre ciertas partes de sus edificios o los edficios completos (el templo de Diuus Iulius en Roma, por ejemplo, fue construido para que el sol, en el solsticio de verano, empezara el día en su escalinata de entrada y por la tarde, en el día más largo del año, iluminara su cella por detrás).

Bien, pues resulta que yo tengo la idea desde hace ya tiempo, de que el mal llamado "mausoleo" de Centcelles (uno de los más impresionantes y desconocidos momumentos romanos de Catalunya, en Constantí) es una construcción (de mediados del siglo IV d.C.) expresamente pensada para lucir algunas de sus partes más bellas (una zona de la cupula en mosaico) precisamente durante el solsticio de invierno. Hoy intentaré comprobarlo, si las nubes lo permiten. Y si no, pues por lo menos tendré una excursión que contaros y, con un poco de suerte, algún sitio que descubrirme para comer y, espero, compartir con vosotros. ¡A ver cómo se da el día!

La foto de Stonehenge procede de www.english-heritage.org.uk
La del edificio de Centcelles visto desde el sur, de www.archxx-sudoe.es.