30 agosto, 2007

"Vins i més": mi incorporación agostí

Queridas y queridos, ayer por la noche desembarcaba de unas estupendas vacaciones en el Migjorn mallorquín (Ses Salines), la zona que con sus playas y costumbres, me tiene el corazón robado por completo. Espero poder ir elaborando unas pocas notas de cata y de gastronomía con los nuevos hallazgos de este año, pero en el entretiempo, y a modo de "aperitivo" os presento mi nueva incorporación en la columna de enlaces:

gracias a la habitual perspicacia de Encantadísimo y al seguimiento de una de las intervenciones en su blog, he dado con esta pequeña perla que, reconozco, desconocía. No me sé su historia, pero se confiesan "restauradores" no profesionales. Su blog, "Vins i més", alude a un concepto del asunto muy similar al que yo tengo (o así lo quiero entender, vaya) y sus notas, por lo menos la última que he leído, me han llegado al corazón: un homenaje al buen comer y al mejor beber, que se podría sustanciar a la perfección con esta foto (de su blog), de un, en mi opinión, estrepitoso (en el sentido italiano, eh!, es decir, muy positivo) y heterogéneo "marymontaña". Sobre crema de humus con comino, han montado unas crestas de gallo confitadas y unas vieiras marcadas. Han acompañado al asunto con un Montsalvat Costers de Vilella 2001. No tengo palabras: ¡¡¡sólo que hubiera querido estar allí!!! Visitad este blog: no os arrepentiréis.

Las vacaciones terminaron, el sol se puso (para nosotros) por última vez sobre la llanura central de Mallorca, pero la vida sigue y el nuevo día brillará, con su nuevo sol, en otros lugares, en otros momentos...sólo espero que nos coja con un buen plato y un mejor vino, como los que proponen la gente de "Vins i més"! Y que yo tenga ganas y acierto para seguir contándolo. Saludos a todos y ¡bien hallados!

27 agosto, 2007

Trattoria Da Francesco


Para terminar esta pequeña serie juliano-agostina de notas romanas , quiero presentaros un clásico de las 4B, "bueno, bonito, y bastante barato" (en Roma, las 3B, si te quieres sentar a la mesa y en la calle, son difíciles de encontrar). Se trata de una trattoria romana, que no es lo mismo que una trattoria en Roma. Una trattoria romana es la que privilegia, en sus platos y en sus recetas, la cocina propia de la zona de Roma. Y Da Francesco (Piazza der Fico, 29) es un ejemplo a tener en cuenta de todo esto, precios razonables, sitio agradable (una placita entre la Via dei Banchi Nuovi y la Via dei Coronari, no lejos de Pzza. Navona, dominada por una higuera, ahora oculta por las obras de una fachada) y cocina romana. Aquí nos despedimos de Roma hasta la próxima ocasión, con una buena caprese, unos spaghetti all'amatriciana, unos fetucine alla gricia y unas macedonias de fruta recién hechas. Con dos cervezas y sin café, para que la gente no se duerma en las mesas de la calle, nos salió por 20 euros por cabeza.

La fetucina alla gricia es una de las recetas romanas que no se encuentran fácilmente. Se la conoce popularmente como "amatriciana bianca" y no tiene más secreto que una buena fetucina al huevo, en este caso deshidratada, unas tiras de la mejor panceta pasadas por una sartén en aceite ajado muy caliente, pecorino a discreción y pimienta negra a voluntad. El resultado es sencillamente espectacular, sabroso y profundamente romano. Nos fuimos para el aeropuerto planeando ya qué visitaremos y dónde nos perderemos la próxima ocasión. Por lo demás, ya sabéis: quien necesite un guía razonablemente preparado (¡nunca se aprende del todo!), que se ponga en contacto. Sólo pido billete, estancia y manutención allí donde yo proponga (casi nada...).
Ciao, Roma, stammi bene!

20 agosto, 2007

En Roma, Il Gonfalone


Dejadme que os diga, en pocas palabras y para no aburriros, que Via Giulia, Via Monserrato y Via dei Banchi Vecchi, con todas sus callejuelas adyacentes entre el río y el Corso, forman uno de mis espacios mágicos en Roma. Desde una primera tarde, muy de juventud (en 1982), en que, al caer el sol, topé con el jardín del Palazzo Farnese que da a Via Giulia y el "tramonto" bañándolo todo con su luz, esta calle y toda la zona se han convertido en lugar permanente de peregrinaje. Una de las callejas que va de Via Giulia al río, ya en su tramo final (lejos de Campo dei Fiori), es la Via del Gonfalone, conocida sobre todo por una importante iglesia, el "oratorio dei Santi Pietro e Paolo ovvero Oratorio del Gonfalone", que véis en la foto (un edificio de 1544, hecho por el arquitecto Domenico Castelli, Il Fontanino). Si os plantáis ante el oratorio, no perdáis una ocasión espléndida, que os deparará dos horas de buen placer, tanto al mediodía como por la noche: girad 180 grados y comed en Il Gonfalone (Via del Gonfalone, 7, telf.06.68801269).


Se trata de un restaurante especializado en cocina napolitana, con mesas en la calle, a pie de oratorio, que goza además de las brisas del muy cercano Tevere; pura delicia en una noche de verano. El lugar, por si mismo, es ya una gozada, pero es que desde hace pocos meses, los mismos dueños han abierto, puerta con puerta, un "wine bar", Lato b (misma dirección y teléfono). Uno puede tomar un montón de vinos interesantes por copas, pero sobre todo, uno puede comer eligiendo cualquiera de las referencias que la enoteca tiene. Ambas cosas, junto con la situación del sitio, dibujan una oferta muy atractiva. Tomamos, en nuestra noche de estreno (collage con fotos) un antipasto vegetal, de verduras a la brasa y otras suculencias, delicioso, fresquísimo todo: nadie como los italianos para mimar las verduras. Los calabacines merecerían un monumento junto al de Giordano Bruno en Campo dei Fiori. Y junto a ellos, un pastel de espinacas y aceitunas negras y una "parmigiana di melanzane", que casi me hace llorar (vedla en la foto).

De segundos, una dorada con aceitunas y "sugo" de tomate, sabrosa y con todos los sabores de la bahía de Nápoles en el plato; y junto a ella, una "grillata" variada de pescado: comer pescado fresco y de gran calidad a precio moderado no es fácil en Roma, os lo aseguro, y aquí estaba todo (un 10 para el filete de pez espada y la gamba) de bandera. De postres, cayó un semifreddo de naranja y un tiramisu casero: buscadlo en la foto y ya me diréis (con unos biscotti a medio deshacer, hum...): pienso en él y tomaría el primer vueling sólo para repetir.


Con las viandas, propuse un pequeño contraste y elegí un vino muy de perfil norteño: un soave classico de una de las más reputadas casas de la DOC, Pieropan, 2006. Se trata de un vino (90% garganega, 10% trebbiano di Soave) que no ha conocido más que la fermentación en acero y un pequeño reposo de tres meses en botella (entró en ella el 7 de marzo de 2007). Se trata del básico de la casa, con 12ºC (a servir sobre los 9-10ºC), pero es ideal para hacerse una idea clara de qué es un soave classico, aunque quizás le hubieran ido bien unos pocos meses más de reposo, lo confieso. Pero el vino estaba sabroso e hizo de muy buen compañero de la cena: de color amarillo pajizo bastante pálido, empieza con suaves aromas de campo segado y notas de manzana algo ácida. Acompañan a estas sensaciones las de la corteza del limón y, ya en boca, las de la pera conference madura. En boca es donde quizás se nota más que falta algo de reposo y de ensamblaje de todos los elementos del vino, pues se mostró algo deslabazado y cayendo con cierta rapidez. Llena, es sabroso, pero dura poquísimo. Coronó el asunto un buen café y un mejor amaro siciliano de los hermanos Averna (mi preferido, obsequio del patrón del restaurante). Si os digo que por todo ello pagamos 85 euros (dos personas), quienes conozcáis Roma, sabréis enseguida que hay que tener a Il Gonfalone en la agenda, si uno piensa viajar a la capital del mundo.

14 agosto, 2007

Melisa Cabal y "L'ART-EL VI".


Melisa Cabal es pintora autodidacta, Melisa Cabal, aunque nacida en Oviedo, hace ya años que anda impregnándose de los colores, aromas y sabores del Mediterráneo. Lo hace desde Menorca, donde hace bien poco ha inaugurado su primera exposición individual, en la Galería Vidrart, de Ciutadella. Melisa es mujer sensible, que ama el mundo del vino y su cultura, aunque confiese no entender mucho de ellos. Qué más da, me pregunto yo, si con su sensibilidad y saber hacer, nos permite a todos una mirada desacomplejada, fresca, sin condiciones, sobre cepas, frutos, botellas y vinos.
Confieso que su exposición, sus pinturas, me han cautivado por completo. Podéis hacer un repaso de ellas en su página web, y veréis cómo nuestro mar, con sus hondas raíces, con sus colores puros y sin matices, con su visión nueva, casi primera, de todas las cosas, se ha apoderado de los pinceles de Melisa y ha sabido transmitir, a través de su mano sensible e inteligente, una visión muy seductora y atractiva de nuestro mundo del vino. Merece la pena de veras conocer la obra de Melisa y saborear su visión de las cosas. Quien se acerque, además, antes del 17 de agosto a la galería, podrá gozar de la contemplación de su obra junto a la degustación y explicación de un buen vino. Yo no pedría mucho más, la verdad. Bueno sí: igual algún día le pido permiso para poder reproducir en la cabezera de mi blog alguna de sus obras.

10 agosto, 2007

Heymann-Löwenstein TBA 2000


Dejadme que, tal y como hago de vez en cuando, me concentre hoy "tan sólo" en la descripción de este vino extraordinario. Nacido de las terrazas de oscura pizarra ("aus der Schieferterrassen") del curso bajo del Mosela (se trata de un Mosel-Saar-Ruwer), este TBA de Reinhard Löwenstein (en la foto con su esposa, Cornelia Heymann-Löwenstein) es un vino hecho para soñar, pensado para degustar solo o con gente a la que aprecies mucho, mucho.


Tiene el color puro, intenso y brillante de un albaricoque de mejilla roja maduro. Sus aromas son muy francos, casi afilados y asaltan la nariz con una frescura, una jovialidad y una juventud que pronostican larguísimos años de vida al vino (previsión de 20 años más, por lo menos). Tiene los aromas de la piel de mandarina estrujada, de la flor de azahar reventando el aire de Sevilla, de los pétalos secos de rosa. Tiene el tacto y la tersura de la piel joven: llena la boca con una explosión de sabores dulces, con una frescura de bajísimo alcohol (6%) y con una acidez extraordinarias. Tiene el posgusto larguísimo, intenso de la confitura de limón con su piel y de los orejones de albaricoque.

No sé ni cuánto pagué por él pero no voy a enturbiar este comentario con precios. Sólo diré que quien encuentre botellas de este 2000 las compre y quien tenga alguna, la guarde por lo menos 10 años. Por supuesto, es un vino que pide a gritos ser tomado solo, sin más, en agradable conversación y cuando principie el trago, en obligado silencio. Pero nosotros lo tomamos con un entrañable amigo que aportó otra nota de prestigio a la mesa:


Para quien no lo sepa, Foix de Sarrià fabrica sus panettoni durante todo el año. Si uno va a la pastelería (una de las mejores de Barcelona) y tiene la suerte de que ha salido una tanda de panettoni, la ocasión la pintan calva. Es un postre que nos vuelve locos en casa y tomarlo en el mes de julio, en una noche casi de luna llena, al fresco de la brisa de Levante y con una botella de este TBA extraordinario...qué queréis que os diga, casi se oía el aleteo de las famosas mariposas Apollo winningensis que alegraban las sobremesas de los dinosaurios, allí donde Reinhard fabrica ahora sus maravillosos vinos.

La foto del "lemon curd" en el collage es de A Cat in the Kitchen.

03 agosto, 2007

Albino Armani "Colle Ara" ramato 2005

La variedad de uva conocida como "pinot gris" es la más popular de los clones "blancos" de la "pinot noir". Pongo entre comillas lo de variedad blanca, pues aunque casi siempre se vinifica como blanco seco, la piel de la uva no es clara, sino que suele ir de un gris claro (de ahí su nombre francés) a un azul/violeta bastante cárdeno e intenso. Es una uva que procede de Francia (en Alsacia se la conoce como "tokay d'Alsace": nada que ver con la variedad húngara; en Borgoña, como "pinot beurot") y que se implanta en Alemania ("Ruländer") y en América (en California, en Oregón, en Argentina, donde la conocemos como "pinot gris"). De todas formas, creo que el país donde encuentra sus cotas más altas y, al mismo tiempo, más bajas de calidad y de popularidad, es en Italia, donde se la denomina "pinot grigio": encontramos aquí vinos con burbuja pero muy insípidos y, al mismo tiempo (casi siempre en el cuadrante noroccidental de la península), vinos muy complejos, de gran desarrollo y calidad.


Éste es, sin duda, el caso del pinot grigio de la bodega de Albino Armani, en la DOC Valdadige Terra dei Forti. En su añada 2005, es el vino que he elegido para la jornada sobre el terruño que ha convocado M. Camblor el 3 de agosto. Me parece, este vino, un gran ejemplo de dos cosas: la primera es el profundo respeto de Armani por un vino que ni es comercial (tiene un color que no es sencillo de entender) ni de trago fácil, pero que él hace con profundo respeto hacia la tradición valligiana en la vinificación de esta variedad. La segunda es que es un vino único, producto monovarietal de los viñedos a los pies de la colina Ara, en los primeros contrafuertes del parque nacional de la Lessinia, en la Terra dei Forti, sobre viejas terrazas calcáreas y en parras en espaldera de doble guyot. Lo he elegido precisamente porque, tras probarlo, tuve la certeza de que jamás había probado un pinot grigio como éste y me dije "¿tendrá esto algo que ver con el terruño de origen?" Puesto que me contesté que "sí", he aquí el comentario en Iberoamérica en cata #3. Su vendimia es manual, la mesa de selección muy "dura" y el mosto macera en frío (en prefermentación) con los hollejos durante tres días.

Por supuesto, aquí radica uno de los "secretos" del vino: esta maceración con unos hollejos de compleja definición cromática, le confieren un color especialísimo, que los italianos llaman "ramato", de "cobre". Es un color a medio camino entre el hilo de cobre, limpio, brillante, muy puro y la piel de la cebolla de Figueras. Las maceraciones de Sergi Colet con la pinot noir para su "Assemblage" (casi un "blanc en noirs") producen una coloración parecida, pero menos intensa. Tras la separación, por gravedad, del mosto y los hollejos, el vino fermenta en depósitos de acero inoxidable y reposa y se afina en ellos, con sus levaduras y a temperatura controlada. Realiza una parcial maloláctica y pasa a las botellas, que son especiales en el sentido de que pesan 1 kg. Para disfrutar plenamente de este vino, conviene servirlo sobre los 14ºC, sin decantación.

A copa parada, te asalta la mineralidad pura de la piedra calcárea, que dibuja una buena harmonía con frutas de hueso (albaricoque) y con frutos salvajes (un recuerdo a los arbustos de granados rebentados por el calor, pasado agosto). Es un vino complejo, que evoluciona en copa a lo largo de , por lo menos una hora. Siguen aromas de fresas salvajes en el bosque: cuando sube algo la temperatura del vino, me recordó las matas de estas fresas en el Parque Nacional de Ordesa. Cuando te las topabas y las revolvías, olían al "Colle Ara". Se trata de una combinación difícil de definir, a medio camino entre el dulzor de la fruta roja de bosque madurada en la planta y el aroma de sus hojas, en un sotobosque de altas montañas húmedas. Su mineralidad, en posgusto, acaba expresándose a través del olor del pedernal para hacer fuego, con que jugábamos de pequeños. En boca es un vino "blanco" con cuerpo y estructura, con taninos presentes y suaves, muy delicados, que seducen por su expresión suave y sin estridencias. Tales características, su tierra de origen, su vinificación, su color, sus aromas, lo hacen bien distinto de los pinot grigios italianos, europeos y americanos que yo había probado hasta ahora. Por ello creo que, poco o mucho, todo ello es debido, por una parte, al trabajo del enólogo, a la selección de clones y al trabajo en viña y en bodega; pero por la otra, es debido también, a las características del Colle Ara, a sus suelos y a la inclinación de las vides que recogen, sabiamente, el sol del atardecer. Este vino acompañó de forma sublime unos sabrosos pageles (brecas; "pagell" en catalán) del Maresme, recién pescados, hechos al horno con sal, laurel, aceite, un chorretón de limón y ajos machacados.


La excelente foto de la copa de vino y su reflejo es de Alberto, de la Enoteca d'Italia, que distribuye este vino para España.

Nota bene: con permiso de Manuel Camblor, este comentario sale con fecha 3 de agosto pero ha sido publicado antes. No quería faltar a la cita de IEC #3, que lancé en su día desde este blog y desde ya pido disculpas porque, si hay comentarios a este excelente vino de Armani, no sé ni cuando podré contestarlos, andando como andaré en las tinieblas del espacio exterior informático, es decir, en el sur de Mallorca.