31 marzo, 2007

Unos días de vacaciones



Estaremos unos días fuera, de vacaciones perdidos entre los viñedos de La Mancha (en la foto superior, unos de El Toboso), los Ojos del Guadiana y las Tablas de Daimiel (en la foto inferior, al amanecer), con excursiones a Almagro, Daimiel, El Pago del Vicario y lo que se tercie. Este blog quedará algo desatendido pues no pienso coger herramientas informáticas. Tomadme la buena voluntad, que yo, a mi vez, intentaré tomar notas para comentar algunas de las cosas buenas que quizás descubramos. ¡Que tengáis todos una buena Pascua!


29 marzo, 2007

Gran Reserva Brut "Almirall de Figuerola" 1998


De viñedos que llevan varios decenios bajo el sol, exactamente como los de la foto (hecha por Calamar), y sobreviven (al abrigo del macizo del Ordal, en el Penedès catalán) a los continuos ataques de la mal llamada "civilización" (torres eléctricas de alta tensión, autopistas muy cercanas, canalizaciones de urbanización salvaje, y etc.), nace este cava, "Almirall de Figuerola". Es, nunca mejor dicho, un precursor de lo que se llamará bien pronto "cava de garaje", un cava realizado con el sistema tradicional champenoise, que tiene un pequeño secreto: su base, el esqueleto del futuro cava, lo dan unos excelentes vinos del ensamblaje tradicional: macabeo, charelo y parellada. Yo he tenido la oportunidad de catar de inox el que más estructura y poder da a este cava, el charelo, y os aseguro que haría un muy buen papel como vino tranquilo monovarietal.

Es un cava de 11,5% que, en mi opinión, no hay que tomar muy frío si se quiere saborear a fondo. Este 1998 se encuentra, ahora mismo, en un punto óptimo de consumo. Presenta unas burbujas finísimas y persistentes y un color dorado intenso. Empieza con poca expresividad en nariz, pero cuando coge un poco de temperatura ambiente y se acompaña de un primer sorbo, el poder de su retronasal es muy interesante: aparecen notas de manzana dulce, caramelizada pero con un corazón todavía algo verde (esas de palote de feria) y siguen suaves aromas de fruta blanca madura de hueso, junto con el ácido que nos recuerda, en un vino, a la uva moscatel en sazón (aunque el tal vino no lleve moscatel, ya nos entendemos). Remacha con unas notas que están entre la zarandeada mata de hinojo silvestre y el anís estrellado. En boca es un cava que muestra todavía, como ese corazón verde de la manzana, viveza, es fresco y tiene una buena acidez. Con un pollo de granja de los de antes (de esos que en catalán llamamos "gratapallers"), con sus buenas cigalas, quedó impresionante.

Su precio es un escándalo, a la vista de la calidad que ofrece y de que se trata, sin más, de un larga crianza bien hecho (el detalle de la medida del tapón es significativo). Así que no pienso publicarlo. Si alguien está interesado en comprar este 1998, no tiene más que ponerse en contacto conmigo (dirección mail en la columna de la derecha) y yo le daré los datos del productor. Es un cava de autor, por supuesto, con una bella etiqueta firmada también por un artista reconocido y, además, está hecho por un profesional muy reputado en el mundo enológico. Pero la producción es muy limitada y la distribución, más limitada (por razones logísticas) todavía. Por supuesto, yo en esto no me llevo más que la amistad con quien lo hace, ¡que no es poco!

PS. Visto lo sucedido con la información que publiqué sobre el Cava Blau de Celler Can Pujol (ya corregida), toda la información que incluyo en este post ha sido contrastada y confirmada con el productor del "Almirall de Figuerola".

27 marzo, 2007

AD FINES 2001


Ésta es una de mis bodegas catalanas preferidas. No hay vino que les salga mal y algunos de ellos son, decididamente, antológicos: su Gran Caus Blanco, su Gran Caus Rosado de merlot, su Caus Lubis, su Rocallís, su La Calma... Y esto hace ya años que dura, no es flor de una cosecha. En mi modesta opinión, la joya de la corona es, con todo, su AD FINES 2001, un vino que nace (¿quizás de ahí su nombre?) en la frontera donde la pinot noir empieza a perder sus atributos hiperbóreos para pasar a ser, sin más, otra cosa. Entre los recovecos del Garraf, en la DO Penedès, se esconden los viñedos que proporcionan este monovarietal de pinot noir. Ha sido el que he elegido para participar en una iniciativa de los escritores de blogs italianos, a la que me han invitado desde su edición #4. Cada mes, un blogger propone un proyecto común, que todos se comprometen en publicar durante el mes en curso : el pasado fue una cata del Foja Tonda de la bodega Armani, que describí en su momento. Esta edición #5 (marzo 2007), a propuesta de Luk, busca que cada blogger proponga un monovarietal de pinot noir o de merlot, siguiendo un poco la huella de la "polémica" entre estas variedades de uva en la película "Entre copas". Voy a concentrarme en intentar describir mis sensaciones con este vino, pues la información esencial ya la tenéis en la página web de la empresa. Creo que merece la pena cambiar con él mis pautas habituales de redacción.



Es un vino de capa media, que ofrece un limpio y poco usual color: tiene un menisco que está a medio camino entre los estambres de la flor del cerezo (en la foto inferior), esa misma cereza en envero y el fruto del granado. Es un color discreto y alejado de las modas imperantes hoy, donde se persigue la máxima concentración en los pigmentos. La periferia del menisco y el ribete se acercan más a los suaves tonos atejados de la tierra algo sedienta. En muchos otros detalles, pero empezando por éste del color, Ad Fines me ha recordado a los grandes barolos italianos. Sus primeros aromas me asombraron, por ser el vino que es y hacerse donde se hace: flores secas y pétalos de rosa marchitos acompañan y arropan a un entorno suavemente mineral, en que, como en tantos otros grandes vinos, asoma un leve recuerdo de esa tierra (raíces, hongos: la trufa). Con la ventilación en copa (y decantación previa al servicio de media hora por lo menos), asoman aromas de monte bajo (orégano), un poco de flor de violeta, dulce de leche (el único sabor que recuerdo en que se mezclan el dulzor del toffee y el tostado del fuego de madera y la ceniza) y cerezas confitadas. Todas las bondades olfativas se confirman con el trago: es un vino fino y delicado, de larguísima persistencia en boca y en posgusto, mineral, con taninos suaves y algo secantes, que te llena con una discreción y una elegancia que hacía años no cataba en un vino meridional y de tierras con poca agua. Es un vino que te trata y te mima con guante blanco. El trabajo con la madera es, claramente, "antisistema" y realizado con una sabiduría y templanza tales que sorprende y, por supuesto, agrada muchísimo. Por si todos estos detalles fueran pocos, el tipo de botella borgoñona que se ha elegido, con las espaldas algo caídas y un pronunciado reborde en su cuello (en la página web de la casa tenéis una bella foto), realza y honra a su contenido. Es muy hermosa.

Adrede me he propuesto, en esta ocasión, escribir mi comentario sin haber leído ningún comentario anterior, más que los datos que da la bodega. Es un vino que se merece, sin dudar, que lo gocemos sin apriorismos ni ideas preconcebidas en la mente. Es un vino importante, que prestigia grandemente a quien lo ha hecho y a la tierra de la que nace. Es un vino del que se han producido tan sólo 4100 botellas y que se puede comprar sobre los 30 euros. Hacía tiempo que no pagaba tan a gusto y con tanta satisfacción una cantidad tan discreta por un vino casi excepcional.

Flor de cerezo By tanakawho

25 marzo, 2007

Juan Gil monastrell 2004


En las zonas del Levante español, hasta llegar a los límites con la provincia de Ciudad Real y el río Guadiana, dos son las variedades tintas que mejor se conocen y trabajan: la bobal y la monastrell. Por supuesto, hay otras, tanto autóctonas como extranjeras, pero en mi opinión, son éstas las que dan vinos más diferenciados, más ligados al terruño. Yo siento cierta debilidad por ambas, pero si tuviera que escoger, me quedaría con la monastrell (foto de Dipualba.com), una variedad que recibe variados nombres (como siempre: alcayata, garrut, mourvedre, etc.), que madura tarde, tiene una buen equilibrio entre acidez y grado y suele "mantener" buenas relaciones con la madera. Sus taninos, además, suelen ser amables.

Sin duda, una de las bodegas que miman la monastrell es la de Hijos de Juan Gil, en la DO Jumilla. Partiendo de viñedos con más de 40 años de antigüedad (como los de la foto, más o menos), en un suelo calizo pobre y muy seco, se hace este monovarietal, con cepas de poco rendimiento y fruto de alta concentración organoléptica. Si alguien quiere conocer con profundidad a qué sabe la monastrell en un buen trabajo con la madera, aquí tiene una gran oportunidad. La maceración con hollejos y la fermentación alcohólica se hace en tanques de acero inoxidable y la maloláctica la vive el vino en barricas de roble francés (no creo que todo sea nuevo) durante 12 meses. Se presenta con 14% y creo que hay que tomarlo sobre los 16ºC.


Capa media de color rubí, intenso y brillante. Fruta madura y pimienta negra a copa parada. Compota de moras y potencia del alcohol en nariz. Paso suave y amable en boca. Madera de caoba y clavo de especia en posgusto. Caudalías de dimensiones homéricas: en casa y con cata en condiciones, no menos de 15. El vino evoluciona en copa con aireación: bizcocho con moras y arándanos, agradables aromas de pastelería (madalenas), resonancias de levaduras, sinfonía y mezcla imponente de secundarias y terciarias. Un vino que se impone por calidad y por precio (10,8 euros pagué por él) y que acompañó de maravilla a unos fetucine con guisantes, un poco de pimienta, un chorretón de aceite, parmesano y orégano. Y basta, ¿para qué mas?

24 marzo, 2007

Enoturismo pascual: Pago del Vicario


Confieso mi debilidad por los vinos de esta bodega. Aunque Pago del Vicario es un proyecto bien reciente (2000), tiene ya algunas realidades que me parecen destacables: por supuesto, su rosado petit verdot que ha sido, quizás, su primer éxito rutilante, pero también, de los que he probado más recientemente, su Monagós, un tinto dominado por la syrah que es un auténtico placer.

En un entorno privilegiado (en las suaves laderas sobre el Guadiana, cerca de Ciudad Real y a los pies de la presa del Vicario), los hermanos Barco han construído un proyecto sólido, sobre los mejores fundamentos, que son los que dan los buenos vinos. No se han acogido a denominación de origen alguna, y guiados de la competente mano de la enóloga Mª Isabel Mijares, han levantado una bodega ejemplar, unos viñedos con variedades autóctonas y algunas extranjeras y un hotel de impresión. Al mismo tiempo, no descuidan ni las visitas guiadas ni un programa de catas a petición.


Si unimos a todo esto, que la bodega se encuentra cerca del Parque Natural de las Tablas de Daimiel, reserva de la biosfera desde 1981, y que una de mis pasiones es la de la observación de la naturaleza, en general, y la de los pájaros en particular, pues ya tenemos servida una estupenda "excusa" para pasar unos días de vacaciones de Pascua en este entorno. Sin duda, se trata de una de las áreas más emergentes e interesantes de la vitivinicultura española y espero que me dé ocasión para contaros, a la vuelta, más de una experiencia digna de ser compartida con todos vosotros.

23 marzo, 2007

Cava Blau de Torrents & Carbó

ALGUNAS PUNTUALIZACIONES A ESTE COMENTARIO. Hoy mismo, 28 de marzo de 2007, y en un detalle que les honra, la gerente de Celler Can Pujol, Montse, ha querido tener una conversación conmigo, para puntualizar alguna de las cosas que ha leído, bien en el post, bien en las intervenciones que ha generado. No quería Montse que se produjera desinformación o confusión o desengaño con su cava estrella y, por supuesto, tampoco quería que yo fuera su correa de transmisión. El cava, en efecto, lleva en la chapa la fecha que véis en la foto y yo, sin haber encontrado la información ni en etiqueta ni en su página web, sobre su añada, supuse que esa fecha estampada era la del "millesimé". Craso error el mío, que ellos van a reparar en el próximo embotellado, pues induce a confusión: 1999 sigue en la chapa como homenaje al primer año que embotellaron el Cava Blau, pero la añada que yo probé es la de 2004. Por supuesto, mis notas de cata son las que son y no van a cambiar, pero no se trata de un cava, por razones obvias, de larga crianza y cuanto digo al final del post hay que resituarlo a la luz de este dato. No hay que comprar el Cava Blau como un ejemplo de larga crianza. Me ha comentado Montse, además (observasteis los atentos, sin duda, que yo no dije nada sobre eso), que van a incorporar ahora la fecha de degüelle a la etiqueta (hasta ahora no la llevaba). Las viñas están en Lavern y tienen una antigüedad de unos 12 años y esta añada es, casi, monovarietal de chardonnay, en efecto, pero lleva un 10% de pinot noir. Finalmente, la segunda fermentación y la guarda la efectúan en su bodega de Vilanova i la Geltrú, pero el vino base y esa primera fermentación la hace para ellos un especialista del asunto, el Sr. Pinyol. Puntualizado queda todo.




Celler Can Pujol es una empresa familiar, afincada en Vilanova i la Geltrú (Garraf, Barcelona), que se dedica a la elaboración de vinos y cavas y, también, a la venta (no sólo de sus marcas: sus tiendas están muy bien surtidas) en el Garraf y en Barcelona. Alguna vez he hablado ya de su rosado de merlot monovarietal, un vino a un precio increíble y de buena calidad, pero nunca había tenido la oportunidad de hacerlo sobre su cava estrella. Se trata del conocido (por razones obvias) Cava Blau, el más alto de la gama que producen y embotellan con la etiqueta Torrents & Carbó. Se trata de un cava monovarietal de chardonnay que ha envejecido no menos de tres años en una bodega subterránea. La botella que yo tomé es de la añada de 1999 y la están comercializando ahora mismo. A estas alturas no voy ya a dar consejos sobre su consumo. Sólo hay que decir que se trata de un cava de crianza hecho para la guarda y que, en consecuencia, tiene algunas de las características organolépticas de este tipo de grandes cavas catalanes.

Ofrece un bello color oro de cierta intensidad, que no llega al cobrizo pero se le acerca. Forma largas columnas de finísima y persistente burbuja, que dibujan coronas algo irregulares en superfície. Sus aromas son los de la fruta escarchada y los de las frutas con hueso conservadas en licor (cerezas con kirsch, ciruelas con armagnac). En boca es un cava pleno, sápido, de acidez muy suave y burbuja delicada, nada agresivo. Ofrece, tanto en boca como en nariz, buenas notas de crianza y de autolisis (levaduras de pastelería y manzana al horno).
Aunque en mi opinión, se trata de un cava que está un peldaño por debajo de los grandes crianzas catalanes (Celler Batlle de Gramona y compañía), quiero destacar que por el precio al que se puede comprar (¡cuando se encuentra porque es muy escaso: 15,8 euros!), se trata de una excelente opción para iniciarse en este tipo especial y poco habitual de cava.


21 marzo, 2007

Finca La Estacada con trigo



He aquí la esencia de la civilización campesina (la nómada va por otros caminos) en unos pocos granos. Unos amigos franceses de mi santa le descubrieron la maravilla y es ya alimento habitual en casa. La empresa Eblý comercializa los granos de trigo precocinados en paquetes de medio kg o de kg (la ración para una persona se calcula en 60 g). Se cocinan según la inspiración y gustos personales, pero sea cual sea el método, siempre salen unos granos de trigo suaves y ligeros, casi sedosos y muy, muy apetitosos. La forma más habitual es por exceso de agua: una cazuela con abundante agua salada hirviendo, se echa el trigo, 10 minutos, se cuela, se sazona al gusto y a comer. La otra forma habitual es por absorción del agua, como si de un risotto (en Caldeni Dani Lechuga hace uno extraordinario, tipo "arroz negro") se tratara: con un sofrito en el fondo de la cazuela, se dora el trigo antes de echar líquido alguno, y después se echa agua salada (o lo que se quiera: tengo algunas ideas que pienso perpetrar un día de estos), 12 minutos y cuando el trigo ha absorbido el líquido, ya está listo para comer.



El otro día sobró bastante trigo de la cena de los niños (cocinado por exceso de agua). Y a mí me encanta la cocina con las sobras, abrir la despensa e inspirarme. Así que hice lo siguiente: en una cazuela, sofreí una cebolleta, con su sal y algo de orégano de Béjar; cuando estaba en su punto, añadí un poco de nabo negro y un puerro, todo finamente cortado y cuando estuvo en su punto, añadí unos trocitos de tomate deshidratado, para que cogieran volumen con el jugo de las verduras y un poquitín de agua que añadí. Tras rectificar de sal, eché el trigo, dejé que se impregnara en la cazuela con los sabores del sofrito y las verduras, de paso se calentara debidamente (la foto muestra cómo quedó), y a comer.


Acompañé el platillo con una botella de Finca La Estacada Syrah-Merlot Cosecha de Familia 2004. Me ahorro los detalles que encontraréis, y bien cumplidos, en su página web. Se trata de una empresa que comercializa como Vino de la Tierra de Castilla (en Tarancón), con viñedos relativamente jóvenes sobre los 500 metros de altitud. Este ensamblaje con predominio de la syrah es uno de los destacados de la casa (13% y una temperatura de servicio sobre los 15-16ºC): tiene una capa media alta, es de color cárdeno intenso, bastante cubierto, con un ribete en degradado del mismo color. A copa parada, ofrece unos francos aromas a tabaco, algo de cuero, monte bajo, cerezas maduras y mermelada de arándanos. Es un vino que te llena el paladar, jugoso, con taninos nada secantes, casi carnosos, apetitoso y de trago agradable. En posgusto y con la ventilación, surgen aromas de ahumados, de zarzamora y matorral (muy agradables, la verdad) y algo de regaliz. Un vino francamente recomendable si tenemos en cuenta que se comercializa sobre los 7-8 euros.

19 marzo, 2007

Albet i Noya Xarel.lo Clàssic 2006 y sus pescados


El chanquete (aphia minuta) es un diminuto pescado que habita en suelos arenosos del Mediterráneo y que suele ser capturado cuando llega el buen tiempo a nuestro mar. Es minúsculo (su presencia, arracimada y compacta, puede parecer casi la de las ángulas) y su kg, bastante caro (sobre los 28-30 euros), pero una pequeña porción (150 gr para dos) sirve para hacer uno de los platillos más deliciosos en este tiempo: una suculenta y sencilla tortilla de chanquete. No hay más que comprar el pescado, ponerlo en un colador, darle unas aguas para que suelte su espuma característica, dejar que se seque un poco y ponerlo en una paella con un mínimo de aceite. Cuando deja su tono casi transparente para convertirse en blanquecino, se reserva. Se baten los huevos (tres para dos es nuestra medida), se mezclan con el chanquete, y a la paella de tortillas. Vuelta y vuelta, y a servirla.


Para acompañar esta delicia del mes de marzo nos hemos regalado con una botella del xarel.lo clàssic de Albet i Noya. El otro día pasé con mi amiga Blanca junto a su bodega y viñedos, una maravilla portaestandarte del cultivo ecológico de la vid en este país (toda la información la tenéis en su cuidada y bien informada página web) y me quedé con las ganas de empezar a probar sus vinos de 2006. Éste ha sido el primero y sigue una cuidada estela de monovarietales de charelo en el Penedès (¡que no sólo de cava vive esta variedad!), entre los cuales sobresale el Xarel.lo Pairal de Can Ràfols dels Caus. Los Albet i Noya cuidan la expresión de este monovarietal: maceran los granos de la uva en frío, previamente a la extracción del mosto, del cual sólo aprovechan para este vino el mosto flor (nunca más del 60%). Tras una fermentación muy lenta y cuidada, de un mes, en frío (16ºC), se filtra, trasiega y estabiliza antes de pasar a la botella. Es un vino de 12,5% y se puede comprar sobre los 5 euros. Aconsejo su consumo sobre los 9-10ºC y de ahora mismo hasta 2008. Muestra un brillante color de oro muy pálido, con mínimos reflejos de verdor. Sus aromas son los de la hierba fresca por la mañana, de la raspadura del limón y de la flor blanca de acacia. En boca es un vino que tiene buen cuerpo y presencia, fresco (con una punta de carbónico, incluso en visual) y con un importante poderío sápido, con cierta acidez de manzana y, de nuevo, de verde limón.


Al día siguiente, el mar siguió siendo generoso con nosotros y nos "regaló" (sobre los 21 euros kg) con una fantástica "molla", "mòllera roquera" (brótola o brótola roquera, Phycis phycis). Se trata de un pescado por el que la gente se pirra en l'Empordà (nosotros lo conocimos en Torruella de Mongrí) y que se ve poco en Barcelona. Tiene una carne bastante tersa, algo parecida al besugo pero mucho más sabrosa. La hicimos sencillamente enharinada (con la harina especial para pescado que venden en todas partes) y frita. Una pura delicia. Y que este Xarel.lo Clàssic de Albet i Noya es un buen vino, se demuestra sencillamente diciendo que lo que había quedado de la cena anterior, se bebió con esta estupenda brótola y el vino, 18 horas después, seguía intacto y con todas sus virtudes dispuestas para acompañar al pescado (como ya apuntó, con su añada de 2005, Encantadísimo).

17 marzo, 2007

Primavera



Puede que todavía no para la astronomía, pero para el clima, la primavera ha llegado ya a la naturaleza. Los árboles frutales florecen, los prados reverdecen y las flores empiezan a ocuparlo todo. La vida vuelve al viñedo, tras la poda, y pronto será el momento de empezar a buscar las primeras yemas y pámpanos. Sirva como bienvenida esta bella foto de un viñedo de Mundingen, realizada por claude05.

16 marzo, 2007

Vinos en un tren: la paradoja de RENFE


Me gusta viajar en tren. Me gusta el ritmo que impone, la posibilidad de ver, de pensar, de leer, de pasear, de charlar, incluso de no hacer nada...pero de una forma mucho más relajada (¡para mí!) que en un avión o un coche. En los últimos tiempos me he movido mucho con trenes de los llamados de alta velocidad, sobre todo en Italia y en España. Y siempre me he fijado mucho en los detalles del servicio, en tiempos en que en el avión éste ha dejado prácticamente de existir (a no ser que viajes en clases que yo no suelo frecuentar).


Mis últimas experiencias han sido ya con el AVE que une el Camp de Tarragona con Madrid-Atocha. Además de una cómoda conexión con el centro de Madrid ("pronto" ya desde Barcelona Sants), te ofrece unos espectaculares paisajes (ahora que ya todo huele a primavera) del campo entre Vinaixa y les Borges Blanques o de las tierras de Soria, antes de llegar a Guadalajara. Sólo eso vale ya, en esta época, el viaje. Si uno va en clase turista no tiene derecho, en su asiento, ni a una miserable conexión eléctrica. Si se pasa a clase preferente, mejora algo el servicio (con periódico incluído), pero la máxima expresión de la oferta de RENFE llega con la clase Club (en la foto).


Según la franja horaria te puede tocar un desayuno, una merienda, una comida o una cena. Yo he probado desayunos (siempre calientes y en su punto,el último de huevos revueltos con espárragos y tocino con pimentón) y meriendas.Y la última es la que me hizo pensar en escribir este comentario. Ni me había fijado, pero junto a un menú en que te especifican qué comerás (canapés y panecillos variados, uno de triángulo de pan inglés, con ensaladilla rusa y atún estaba muy rico; el resto bien discreto), te pasan una carta de "Servicio de Bar", en que se especifican los vinos y los brandies y licores. Vinos: si uno quiere blanco, puede elegir entre DO Rueda Viña Marian, Marqués de la Sierra de Alvear o Viña Sol de Torres; si quiere tinto, DO Ribera Señorío de Nava, DOC Rioja Paternina Banza Azul o DO Catalunya Sangre de Toro. Sólo se salva, en mi modesta opinión, el DO Somontano Viñas del Vero crianza. También hay aperitivos, cervezas, zumos y refrescos.


La "sorpresa" saltó, cuando entre tanta mediocridad y perdido en la zona de destilados, topé con un "Fino Tío Pepe" (entre un Brandy Lepanto y un Anís dulce: sic!). Recordé de inmediato uno de los últimos comentarios de Encantadísimo, cuyo protagonista era una inusual botella de este estupendo fino, en un formato (botella verde traslúcida) de exportación, pero no de consumo en España. Pues he aquí que a mí me sirvieron el botellín que véis en la foto (de 50 ml), en una copa (la única decente de todo el servicio, pues el vino lo sirven en una especie de vasos troncocónicos) casi apta para el consumo de fino. Mantenía sus características habituales, aunque con un ligero verdor en ese amarillo pálido brillante, que no sé a qué atribuir: estaba muy seco en boca, como es habitual, con aromas de hueso de aceituna, de la misma aceituna en salmuera, con su punto de salnitre y de almendras saladas. Un trago mínimo, sí, pero estupendo y que me salvó la merienda y la visión de los campos de Soria en envero, a qué os voy a engañar.

En mi opinión, RENFE tendría que atender a estas sencillas preguntas: ¿qué bodega de vinos de calidad no se avendría a embotellar en el formato que se le pidiera y con la calidad requerida, el vino que se seleccione, si se le asegurara que cientos de miles de pasajeros pasarán su mirada por esas botellas? Y ¿acaso RENFE no sabe todavía que algunos grandes vinos de este país embotellan ya ahora en formato pequeño? El último ejemplo: Villa de Corullón de la DO Bierzo. Todos sabemos que no es la forma adecuada de conservar un vino de calidad, pero sí puede serlo para consumirlo con cierta inmediatez. Y la paradoja: una empresa que quiere cuidar todos los detalles del servicio en un tren que es, para ellos, la máxima expresión de la casa (según me confesaba un revisor), ¿no tendría que cuidar, también, al máximo, qué se ofrece en materia de vinos, de destilados y de espumosos y con qué copa se ofrece, en su servicio de restauración? Y si necesitan a alguien que les asesore, no les faltarán voluntarios, no.

14 marzo, 2007

Finca Terrerazo 2004 en La Malquerida


La obra de teatro de don Jacinto Benavente da nombre a esta taberna, casa de comidas y vinoteca, en la ciudad de Valencia. La Malquerida, que arranca de una tradición del siglo XIX y goza de continuidad empesarial y familiar desde 1941, se define como "taberna española" y a fe que los goyescos azulejos de las paredes te envuelven en un ambiente de lo más castizo. Se trata de un local muy agradable, amplio y luminoso, situado en una zona muy cercana a algunas facultades de la Alma Mater valentina. Fue Premio Taberna del Año Gourmetour 2004 y mantiene intactas las virtudes que llevarían a la consecución de tal premio.

Una característica destacada del local es la de la cocina de tapas, en que una eficaz y solvente cuadrilla muestra la concentración y la calidad de los productos más característicos del Levante, en dosis no siempre pequeñas. La segunda es un excelente servicio, rápido, atento, eficaz, amable y muy profesional en el servicio del vino. Las copas son adecuadas, la carta bastante extensa y a unos precios muy convenientes (en relación con los precios de las botellas en tienda), y ¡tienen cinco cumilleres en plantilla! En la visita que hicimos al local unos cuantos colegas y amigos, yo tomé una fresquísima y bien aliñada ensalada, una tosta con boquerón frito (sublime, sobre un poco de tomate finamente cortado) y una sabrosa y rica croqueta de jamón, todo en formato tapa. De segundo, vino un cordero a la brasa, quizás demasiado hecho (aunque sé que mi gusto en esto va contra el de la mayoría), con unas patatas fritas extraordinarias: de formato "churrero", aunque cortadas con mayor grosor, estaban recién hechas, eran crujientes pero tenían el alma mínimanente blanda. Deliciosas.


Para acompañar tales manjares, acudió a nosotros uno de los grandes vinos de esta tierra, Finca Terrerazo 2004, de Bodega Mustiguillo. El vino de Toni Sarrión (con la asesoría de mi admirada Sara Pérez) no se acoge a DO alguna, se presenta en etiqueta como Vino de la Tierra de Utiel-Requena, pero es ya un vino de pago de la comunidad valenciana. Se trata de un vino de ensamblaje, a base la la variedad reina local, la bobal (que ellos miman), con aportaciones de tempranillo y cabernet sauvignon. Ha pasado por 15 meses de barricas de roble francés y declara 14,5% en botella. Conviene servirlo a 16ºC. Nuestra botella estaba perfecta y en la carta figuraba a 26 euros, cuando en la tienda se puede encontrar por 21-22 euros: ¡bien por la empresa de La Malquerida!

Ofrece en visual una capa alta, casi impenetrable, del oscuro color del arándano negro, casi sin ribete: la densidad de la coloración lo ocupa todo y tiñe la copa de arándano en envero. A copa parada, te asalta una explosión de frutosidad muy grande, de frutos negros en compota, junto con aromas balsámicos de eucaliptus y de matorral mediterráneo (tomillo). En boca presenta todavía los taninos algo secantes (quizás 2008 sea mejor año para este vino del 2004: el tapón de 49 mm anuncia la presencia de un vino de guarda), pero se revela ya con un alma impactante: un vino amplio en boca, muy pleno, con unos taninos envolventes, que dan largos segundos de placer tras el trago (12 caudalías, calculé mentalmente, aunque sin la precisión de una cata) y que te devuelven esas notas de fruta con un retrogusto de café verde en grano. Es un vino que ofrece grandes dosis de placer a un precio razonable.

Sé que Valencia vive con ilusión y expectativas todo el zafarrancho de la Copa América (no es lo mío, conste), pero seguir descubriendo (gracias a los consejos de mis amigos de ETB) locales como éste, absolutamente recomendables y apetecibles (los datos para las reservas, dirección y demás, están en su página web), me hace pensar que la Copa pasará, pero que la ciudad se mantendrá con su alma amable, hospitalaria y dicharachera, para que la podamos disfrutar por muchos años.



Barcas en la Malvarrosa BY juanmiguel

12 marzo, 2007

Mirto 2001 de Ramón Bilbao



Mirto de las bodegas RamónBilbao representa lo más alto de la gama de la empresa riojana, afincada en Haro desde 1924. Esta larga tradición y experiencia con la variedad tempranillo se condensa, en forma casi apabullante, en este vino. Para él se seleccionan las mejores uvas de los viñedos más viejos de la casa, con más de 70 años, y se procede a la vendimia en un momento alto de maduración (a mediados de octubre). Aunque no lo confiesen en su página web, supongo que en la mesa de selección se quedarán tan sólo con los hombros de los racimos. La fermentación alcohólica la hace a temperatura controlada en tinos de roble francés y la maloláctica, junto con el proceso de envejecimiento, la hace en barricas de roble francés nuevo Allier, durante 24 meses. No hay trasiegos y sí removido periódico con las lías.


Es de destacar, porque creo que tiene profundas repercusiones en el carácter de este vino, que las barricas en las que reposa antes del embotellado (sin filtrado ni clarificado alguno) son especialmente fabricadas para él. Quiero decir que la casa busca un grado exacto de maduración de la madera y de su corte, y un tostado único para la misma. Por los olores que detecté en la cata, probablemente este tostado se haya realizado, además, con madera "aromatizada" de alguna forma (quizás con un fuego no mecanizado, sino alimentado por otras maderas y hojas). El vino se presenta en una botella de grosor enorme, pesada, de formas muy clásicas y con un tapón de 54 mm, todo preparado y pensado para la larga guarda. Tiene 14%, conviene servirlo a 16-17ºC y, si es posible, decantarlo una hora antes del servicio.



Tiene el color del rubí intenso, fuego mineral del centro de la tierra. Su pasear por la copa es lento, parsimonioso, con lágrimas vivas y arracimadas. A copa parada, el impacto de los olores de la madera más noble (cedro y caoba recién pulida) y los balsámicos y de matorral (eucalipto y tomillo) no se me olvidará jamás. Es único en eso. Después, evoluciona sin cesar, con aromas de fruto negro de bosque maduro (arándano negro), de chocolate oscuro a la taza y más hierbas aromáticas (orégano). En boca es un vino profundo, enormemente serio, muy tánico (con taninos algo agrestes todavía: más botella no le hará daño, no), casi redondo. No es, en cambio, un vino equilibrado: tiene tanta fuerza, tanto poderío, que te arrastra hasta las profundidades de su sabor último con pasión y tremenda autoridad. Su posgusto es largo, denso y provoca nueva expectación a cada trago: por un instante, me pareció que la tierra cesaba en su jugueteo con la luna (era la noche del eclipse total cuando lo tomamos: en la foto, tal y como se vió en la Ciudad Eterna) y se hacía, alrededor de la mesa, en la ciudad, en el mundo, un silencio tan profundo como el de los momentos posteriores a la Creación. El vino y tú: una obra de arte hecha de silencios y esperas, de paciencia y amor, de pasión y de rotundidades.

Eso es Mirto 2001. Hay que comprarlo (sobre los 30 euros) y beberlo de ahora mismo hasta la noche del Apocalipsis. Si llego, no me importaría asistir a él con una botella de este vino.



La foto de la luna en eclipse me la regaló mi amigo Vania di Stefano Manzella. La foto del bosque de cedros BY light guard: como él mismo apunta en su comentario, el enlace directo a flickr, para una visión óptima de estas excelentes fotos, lo podéis "pinchar" aquí.

11 marzo, 2007

Conexión



He estado incorporando estos días algunos nuevos enlaces a los preferidos de este blog. Creo que estoy llegando ya a mi límite, pues suelo leer periódicamente el contenido de todos ellos (no concibo tener un listado enorme de enlaces, sin más), e intervenir cuando puedo opinar: ¡y ya no doy para más! Tras mis últimas y buenísimas experiencias con los riesling alemanes y austríacos, he añadido una sección de blogs en lengua alemana: alguno de ellos es muy de opinión, mientras que algún otro es monotemático. Por supuesto, son los que más cuestan de leer y tienen, además, una presentación que no siempre es de mi agrado, pero creo que es lógico que tengan su presencia en un blog que quiere comentar cosas de los vinos que en este mundo son. Quizás el que se parezca más a lo que yo pretendo sea Der Weinschreiber. Añado también un blog recién remodelado, español, que da siempre un montón de notícias útiles sobre el mundo del vino, además de notas de cata periódicas, viajes enológicos, visitas. etc: Adictos a la lujuria. Dos más se incorporan a mi sección de blogs portugueses, uno de los grupos más radicalmente activos de Europa en el "wineblogging": Os Vinhos ofrece notas sistemáticas de los vinos catados, casi siempre a precios muy razonables; mientras que Pingas no Copo es un blog de estructura bastante parecida al mío, donde cabe de todo, desde la opinión pura y dura hasta la nota de cata, siempre libre y sincera. Finalmente, os presento el blog de Carlos de Piérola, Notas de Catarsis, que es, en mi opinión, uno de los más llamativos e interesantes del Perú. Hoy, en la comida, ¡¡¡brindaré por todos ellos y por su salud!!!


10 marzo, 2007

Roigenc 2005 de Cellers Capafons-Ossó


Aunque sea consumidor habitual de vinos rosados a lo largo de todo el año, reconozco que cuando empieza a desaparecer el invierno (que apenas ha llegado este año) pienso más en ellos. El otro día mi madre llevó a la mesa unos riquísimos medallones del pastificcio "Da Giorgio" (rellenos con queso y nueces, los unos, y con higado, los otros) y surgió, casi espontáneamente, la idea de tomarlos con un buen rosado. Y felicidad de felicidades: en la nevera reposaba un rosado Roigenc de los Cellers Capafons-Ossó. Esta empresa, afincada en Falset y con viñedos y vinos tanto en la DOQ Priorat como en la DO Montsant, lleva ya muchos años de trayectoria y de buen hacer. De la mano de su enólogo Toni Coca (me cuentan que ha dejado hace poco la empresa, pero este Roigenc 2005 es, por supuesto, suyo) han llegado a ofrecer un buen catálogo de vinos a un precio normalmente muy conveniente. Y tanto por la zona donde se produce como por sus características, yo creo que uno de sus destacados es este rosado, monovarietal de syrah, que está todavía en un punto óptimo de consumo, aunque ya le queda poco. Se ha hecho a base de una maceración pelicular y una fermentación alcohólica a temperatura controlada de 16ºC, para obtener una coloración más alegre y vibrante de lo habitual en los rosados de syrah. Se presenta con 14% y conviene tomarlo a unos 10ºC.


En esta botella todo es finura. No se trata, como pasa tantas veces, de un rosado agresivo en colores y en aromas. Ofrece un bello y limpio tono rosado, bastante intenso y brillante (de capa media-baja), propio de una fruta roja madura como la frambuesa. Su nariz es muy frutal también, y destacan en ella unos limpios y delicados aromas de frutas rojas del bosque, de fresones maduros y, casi, de jarabe de grosella. Creo, con todo, que su punto más fuerte llega con su paso en boca: tras el tiempo que ha pasado este 2005 en botella, se nos ofrece como un vino muy redondo, un vino de paso sedoso y amable y de trago amable y prolongado. Es, casi, un vino "esférico", de muy amable percepción por los sentidos y que invita a seguir bebiendo. No cansa. Presenta su posgusto un leve deje vegetal, de geranio. Se trata de un vino que conviene siempre tener presente cuando llegan los calores y apetece un buen rosado, con carácter y características propias y bien definidas, lejos de los estereotipos de la mayoría de rosados al uso. Se puede comprar sobre los 8 euros.

Foto de frambuesas BY elementalPau

08 marzo, 2007

La vida de cada día en un 8 de marzo


Joan Ollé lo describía de forma emocionante y preciosa, en El Periódico de 22 de febrero de 2007 (columna de la contraportada "Siete x siete", titulada "Una obra de arte"): "Llego tarde a casa. Preparo algo de comer, descorcho una botella...en el cristal de la copa el azar ha dejado sus huellas: algunas lágrimas rojas...yo reino en este pequeño universo de objetos que evocan otros días, otras gentes, pero también hablan del mañana."

No siempre es necesario ir a buscar la belleza a la Patagonia, a los Alpes o al Kilimanjaro. A veces, la belleza surge a tu encuentro en los detalles más inesperados de la vida cotidiana. A veces, la belleza es un estado de ánimo que te visita, dulce y espontáneo, allí donde estés. También en casa. A veces, la vida de cada día es, también, una delicada obra de arte.

Hoy he estado trabajando en casa y cuando el hambre ha dicho "¡eh, ya es la hora!", he ido a la cocina. Y me he preparado una adaptación del muy romano "paglia e fieno" (paja y heno).

La base es, siempre, una mezcla de pastas blanca y con espinacas (pueden ser frescas o deshidratadas, pero a mí el "paglia e fieno" me gusta con pasta fresca). Hace uno un sofrito con cebolla y un diente de ajo (yo le puse, además, una escaluña, que le da un saborcito...) y cuando está transparente se añade un poco de nabo negro bien desmenuzado (me gusta mucho el perfume del nabo con la pasta). Cuando está listo, se añade un poco de panceta que no sea ahumada. Y cuando esté al punto, se añade el tomate, para que vaya haciendo chup-chup un buen ratito, con sal y un poco de azúcar. En paralelo se preparan unos guisantes. Yo tengo la suerte de tener un mercado cerca: así que los míos eran del Maresme, recién comprados, fresquísimos. Se hierven cuatro o cinco minutos y se detiene la cocción con agua con hielo. Cuando el "sugo" de tomate está listo, se añade un poco de leche (es básico, en esta receta, matizar y rebajar el color y el sabor del tomate: hay quien lo hace con crema de leche, pero yo tiendo a evitarla) y los guisantes. Unos minutos para que los ingredientes cojan todos un mismo aire. Y ya está listo. Tres minutos de cocción de la pasta, al dente dente, este "sugo" como condimento, un poco de orégano y parmesano y ¡¡¡a comer!!!


Para acompañar a esta pasta, necesitaba un tinto con cierto cuerpo pero, al mismo tiempo, frescura. Me he regalado con uno del que había leído algo, pero que jamás había probado: un Señorío de Toledo PRIMVS, tinto joven 2005. Se trata de un vino que embotella como Vino de la Tierra de Castilla, Bodegas Garva de Méntrida, pero que firma nuestro bien amado y más admirado Joan Milà, errante hacedor de vinos (en inglés, "flying winemaker"), también por tierras toledanas. Con un ensamblaje a base de garnacha, merlot y syrah (quizás dominen las dos primeras) y 13,5%, este vino joven se beneficia, en mi opinión, de una cierta redondez que le da, ahora, la botella. Tomado a 15ºC, ha sido un gran acompañante de la "paja y heno": tiene una capa alta, con un menisco del color de la cereza picota bien madura, casi negra, unos aromas poderosos de fruta roja (grosella y mora) en compota y de regaliz de palo de la de toda la vida (no de chuche, ¡eh!). Su presencia en boca es poderosa y muy agradable, con unos taninos algo secantes pero de larguísimo posgusto. Se trata, sin duda, de un vino en su momento óptimo de consumo, que tiene la fuerza de la fruta madura, el ímpetu de la tierra donde ha nacido y el saber hacer de un buen enólogo. Este vino ganó un Bacchus de plata en la edición 2006 de los premios y se puede comprar por la escandalosa cantidad de 5,5 euros. Para rematar tan mediterránea dieta, ha caído una siesta.

"Hoy, el enemigo no vendrá. Aquí y ahora el mundo es perfecto y la vida una delicadísima obra de arte", termina Ollé su texto. Así ha sido. Hoy el "enemigo" no ha venido y he podido disfrutar de un intenso día, sin salir de casa: la belleza y el pequeño placer también existen aquí, en la vida de cada día.


Nota bene: el comentario del día de hoy (pura literatura) está dedicado a todas mis amigas, mujeres trabajadoras, empezando por mi santa. Si pudiera, hoy cocinaría para vosotras y bebería con vosotras.

Nota bene ii: por supuesto, esta nota la he escrito antes de saber la triste notícia que lamentaba en mi comentario de ayer. Lo dicho: la vida sigue, con el recuerdo siempre vivo de los que se han convertido en sombras (Joyce dixit), pero sigue.

Flores BY Rocky0009

07 marzo, 2007

Mi amigo Quim


A ratos tiene uno que escribir sobre cosas que nada tienen que ver con el contenido de este blog. Mi amigo Quim me enseñó, entre otras muchas cosas, la insobornable fuerza que requiere hacer y decir lo que uno piensa. Mi amigo Quim murió ayer, maldita sea, a la edad de 56 años. Nos veíamos poco últimamente pero compartimos mucho durante algunos años y cada vez que nos encontrábamos, el abrazo era cálido y sincero, de amigos reencontrados. Todo cuanto he leído hoy (fue periodista de relumbrón, miembro de la redacción fundacional de El Periódico, hacedor de mil periódicos y revistas desde Cases i Associats) ha girado alrededor de su profesión, su pasión por la información y por cómo los periódicos se hacían y comunicaban. Bien está, era su oficio.
Pero yo tuve la suerte de conocerle en su vertiente más estrictamente privada, de vacaciones, compartiendo muchos ratos a la sombra o a la luz de las estrellas del Gironès o de l'Empordà, fumando siempre él, bebiendo ambos, comentando, criticando, conociendo el mundo a través de sus viajes y de sus experiencias. A ambos nos gustaba viajar, meternos en la piel de los demás, ser curiosos, a ambos nos gustaba comprar aquello que cocinábamos y comíamos con nuestros amigos. Le encantaba ir a las pescaderías y pegar la hebra con las dependientas y, casi siempre, darles alguna lección de anatomía ictiológica. Todavía más le gustaba comprar algo que le apetecía, cuando sabía que ibas a ir a comer a su casa y, al llegar tú, decirte "mira no sé bién cómo hacerlo. ¿Por qué no te pones tú a cocinar?" Fumaba lo que quería, decía lo que pensaba, era apasionado, jamás comedido, aunque casi siempre callara en público. Era mi amigo y ayer, maldita sea, a la edad de 56 años, ha muerto. Yo acabo de enterarme y entre lágrimas escribo esto. Me las sorberé rápido porque a Quim, Quim Regàs, aunque era emotivo hasta el tuétano, no le gustaban los números en público. Me las sorberé y me iré a guisar un buen pescado y a comérmelo con un mejor vino, pensando en él y en los buenos ratos que pasamos juntos, nuestras familias, él y yo. Maldita sea.

La foto de Quim es del Archivo de El Periódico

06 marzo, 2007

Albariño de Fefiñanes 2005



La empresa Bodegas del Palacio de Fefiñanes es una de las históricas de la DO Rías Baixas. Es ya un mito que en Galicia se puedan hacer sólo grandes blancos: el tiempo acabará poniendo también en su lugar a algunos tintos que se hacen por aquellos pagos. Pero no es menos cierto que los mitos surgen de una consolidada realidad, y ésta es que las DOs de Galicia son unas de las grandes productoras de vinos blancos de calidad en España. Una de las uvas estrella es, sin duda, la variedad albariño, de la que esta casa ofrece algunas buenas muestras. La que hoy os comento es la más "sencilla" de la gama, pero me interesa especialmente porque ofrece con mucha pureza lo mejor de esta uva.




Se trata de su monovarietal de albariño blanco joven: fermentación en tinos de acero inoxidable y una vinificación que busca la máxima extracción de potencial aromático y sápido de la variedad, se embotella a 12,5ºC en una bella botella alta tipo renano. Se tiene que consumir a 9-10ºC y como mucho en los dos años siguientes al embotellado. Está, ahora, en mi opinión en un punto óptimo de consumo. Es de un color dorado bastante intenso, aunque inicialmente un poco turbio. Cuando se aposenta en la copa, ofrece unas tonalidades brillantes e intensas. Su potencial aromático, a copa parada y después, es enorme: denso y perfumado, muy floral en nariz, con destellos de flor de acacia, de jazmín y de pétalos de rosa. Su boca es corpulenta y levemente glicérica, pero, al mismo tiempo, fresca: el trago, de largo posgusto, ofrece aromas vegetales, de hierba segada, y minerales, acompañados de una mínima punta de carbónico. Es un vino muy agradable y placentero que se puede comprar sobre los 10/11 euros y que acompañó muy bien una fresquísima merluza sencillamente rebozada.



Foto de flor de jazmín BY snopek; foto de pétalos de rosa BY sunnymtnt.

05 marzo, 2007

Alarde de Rieslings en Caldeni


Reconozco que había dejado para una próxima reencarnación el tema de los "rieslings". Los conocía poco y mal, había catado (con malas selecciones de marcas) lo mínimo y pensaba que los blancos importantes se hacían en otras partes de Europa y, también, en algunas zonas de América y de Nueva Zelanda. El feliz hecho de haberme topado con unos pocos entusiastas de esta uva alemana (miembros de ETB) y su insistencia, casi tan pegadiza como el azúcar que suele campear por estos vinos, empezó a doblegar mi voluntad. Una gran muestra (añada 2005, con varias incursiones a muestras anteriores) organizada por el importador Michael Wöhr en Girona, con la sabia complicidad de Josep Roca y contada con maestría por Calamar, terminó de doblegarme. He decidido, pues, incorporar a mis afanes catadores y de estudio las vinificaciones con riesling que se hacen sobre todo en los países de habla alemana (Alemania, Suiza, Austria, Südtirol en Italia) y de clima frío y húmedo, con alguna incursión americana (sobre todo, Canadá).


La primera muestra de que me lo tomo en serio ha sido la organización conjunta, entre varios entregados a la causa del buen vino (Valentí, Damià, Albert, Eduard, Lluís y yo mismo), de una cena-cata con algunos rieslings significativos (aportados por Valentí la mayoría, aunque el resto hicimos aportaciones muy interesantes también) en el ya bien conocido restaurante Caldeni. Ha sido un extraordinario acierto la elección, pues Dani y su equipo en la cocina, y Pep y su nueva compañera en la sala, han dado muestras, de nuevo, de un gran maestría, con las distintas combinaciones que nos propusieron y con el servicio del vino, para un alarde de rieslings que no era de fácil gestión. No pretendo hacer una crónica exhaustiva, sino más bien explicaros mis sensaciones de esa noche con algunos de los vinos probados y sus platos acompañantes.


Empezamos con unas croquetas de queso, una reinvención de las patatas bravas, una espuma de patata y trufa (delicadísima, para mí el mejor entrante, con todo el perfume de la patata, casi en parmentier, arropado con gran estilo por la atrevida trufa) y unos tacos de salmón confitado en espuma de cítricos. Con los entrantes, tomamos riesling secos. En primer lugar, un Cantina Falkenstein de Franz Pratzner 2005, Südtirol / Alto Adige de Naturns, que ganó el concurso de mejor riesling italiano del año. Cuando llegó a su buena temperatura y aireación, mostró sus mejores armas: color oro bastante intenso y subido, con leves notas de hidrocarburos y champiñón, pero ante todo, flor blanca de tilo y hueso de melocotón. Un vino con buen cuerpo, algo secante, pero de trago agradable y prolongado. Sorprendió a los expertos Eduard y Lluís por su "nobleza" de riesling, viniendo de donde viene. Siguió un Hermann Dönnhoff Trocken 2005, Nahe: un vino de color oro bastante más pálido, con un claro olor a humus de garbanzo y notas de parmesano, que dieron paso, en boca, a uno de los vinos más vibrantes, frescos y equilibrados de la noche (tiene una acidez de 7,5 gr/l y unos azúcares de 8,5 gr /l).

Con unos delicados tartars de atún con soja y jenjibre o con huevas de trucha, llegamos al siguiente peldaño, quizás uno de los de más relumbrón de la noche. Llegó a la mesa un Schloss Johannisberg 2004 spätlese, que con una carga mayor de azúcar, casó a las mil maravillas con el atún, la soja y las huevas. Oro pálido, nariz algo evolucionada pero con gran carga de fruta fresca (moscatel y pera "conference"), su boca fue portentosa, con una compensadísima acidez y algo de carbónico. De la Weingut Robert Weil llegó la que todos consideramos una de las grandes aportaciones de la noche, su Kiedrich Gräfenberg Auslese 2004, un vino mineral y complejo, muy delicado y fino, de un brillante color oro intenso, con notas de manzana madura (sidra identificaba Damià), cítricos, moscatel, albaricoque y un golpe de maduro melón cantaloup. En boca sube enteros, con una excelente acidez y un grato recuerdo. Con este vino preparó la cocina de Caldeni una delicadísima pasta de hojaldre sobre la que presentaban manzana caramelizada y su foie. Una de las combinaciones estelares de la noche, sin ninguna duda.

La parte final de esta sucesión de medias raciones (¡somos Gargantúas, sí, pero de pequeña escala!) fue coronada por un suave y sabroso falso risotto con vieira, cuya base no era el arroz, sino el trigo, ennegrecido por la tinta de la sepia y coronado por una vieira ligeramente marcada (una de las estrellas de la casa). Acompañó un ravioli de pollo con bechamel de trufa y foie, cuya entrada en boca fue, casi, como tomar la esencia misma de las Navidades catalanas en un solo bocado (eso sí, con pasta de wonton en vez de la del canelón, ¡que para eso estamos en tiempos de fusión!). Con esta estruendosa traca final llegaron otros dos grandes entre los más grandes: un Fritz Haag Juffer Sonnenuhr #13 Auslese GK 1998, de color oro pálido, con notas de miel de azahar, mango maduro, melocotón en almibar y un paso por boca fino, delicado y muy equilibrado (un gran vino para el toque dulzón de la tinta de la sepia y del trigo), al que acompañó muy dignamente un Maximin Grünhaus Abstberg Auslese 1988, decantado unas ocho horas antes. Comentaba Lluís que 1988 era uno de los grandes años de Grünhaus y el vino que probamos, un "auslese" sin padre (sin tonel específico, vaya), daba muestras bastante claras de haber llegado, casi, al final de su vida activa: de un color oro intenso y profundo, aportó abundantes notas de planta medicinal (camomila), un poco de caucho, tierra húmeda del bosque en otoño y algo de queroseno (el gas de los mecheros con que de pequeños hacíamos tropelías, decía, divertido, Albert). Terminó con unas notas muy agradables de orejón de albaricoque. En boca era, paradójicamente (por el gran azúcar con que empieza su viaje), un vino casi seco, con un punto herbáceo.

Con los postres (una presentación donde mandaba una excelente torrija de pan de molde con leche condensada -¡sí, soy muy goloso!- y su contrapunto, en forma de helado de queso fresco y jalea de cítricos), llegaron los dos últimos vinos de la noche: un Geseinheimer Rothenberg (TBA) de Weingut Erbslöh, 2003, de oro pálido, con un exceso de hidrocarburos y de ácido aldeico (pegamento imedio, para entendernos) en nariz, que enturbiaron algo su degustación; y un excelente Eiswein Weinrieder 2002, austríaco, del color del oro viejo, con un poco de notas de ácido aldeico al principio y un mucho de melón cantaloup y de melocotón en almibar. Su paso por boca fue quizás poco ágil, algo pesado, aunque siempre agradable.

Dos conclusiones saqué de este encuentro de grandes impresiones y placer mayor: Caldeni sigue siendo un lugar absolutamente recomendable, con una de las mejores relaciones calidad-precio de Barcelona (todo, todo, más algunas cosas que no cuento, salió por 45 euros por cabeza) y una sabiduría enorme a la hora de proponer combinaciones entre cocina y vinos. Esto por una parte. Por la otra, definitivamente sí, algunos de los aromas percibidos durante esta cena y en el encuentro de Girona, algunos de los sabores degustados, me hacen decir con contundencia que me esperan grandes sesiones de placer y de descubrimiento, de la mano de los grandes rieslings que en el mundo son. Y, por supuesto, que por muchos años pueda hacerlo con los amigos con los que estuvimos compartiendo mantel y copas.