31 enero, 2007

Jean Leon petit chardonnay 2005


Inauguro hoy un nuevo tipo de comentario de vino, basado en exclusiva en mis percepciones sobre el mismo. Lo haré en algunos casos, sin dar puntuaciones de cata, en que la información de la página web de la empresa es tan importante y fácilmente accesible, que no me parece necesario añadir más. Intentaré, además, que se trate de vinos fácilmente localizables y de precios alrededor de los 10 euros. Éste es el caso de Jean Leon y su petit chardonnay de 2005.

Es un vino que ofrece el color del trigo a medio madurar, con un amarillo de dorado poco intenso, fileteado todo él de tonalidades verdosas. Es un vino monovarietal de chardonnay que es muy fiel a los orígenes de su uva: aromas minerales en nariz y abundancia de flores blancas (espino blanco y tilo) son su tarjeta de presentación. Presenta, además, un fondo frutal interesante, sobre todo de manzana verde, junto con unas notas de dulce torrefacción (mantequilla sobre tostada). En boca deja un grato recuerdo de sus importantes 14%, aunque el alcohol no pesa en absoluto: es franco, fresco y directo en boca, algo untuoso también, y deja tras de sí un ligero poso amargoso, vegetal (de aromas de geranio), también muy agradable.

Hay que tomarlo a 8-9ºC y es tan bueno como aperitivo como con pescados a la plancha o al vapor o con pastas acompañadas de atún, de chirlas, almejas... Yo lo he tomado con un rape al vapor, con orégano de Béjar, pimienta y sal y un chorretón de aceite y han hecho una gran pareja. Lo compré por 11 euros. Quien quiera probar un gran vino hecho por un mejor enólogo, presentado como si fuera de pequeño formato, a la chita callando, con discreción ni fuegos artificiales, variedad chardonnay en pureza, tiene aquí a un candidato casi insuperable en España.

29 enero, 2007

Ca' Rugate: tradición y calidad vénetas



A caballo entre sus 30 hectáreas en Monteforte d'Alpone (zona del Soave classico) y las 10 de Montecchia di Crosara (zona de la Valpolicella), desde 1986 la actividad de esta joven bodega propiedad de la familia Tessari



(de izquierda a derecha, Michele, Amedeo y Giovanni) no ha hecho más que crecer y consolidarse. El día 27 por la tarde, en la sala de cata del Celler de Gelida, tal y como os comenté, tuvo lugar una presentación sistemática (facilitada por la Enoteca d'Italia, que los comercializa, y Slow Food Barcelona) de la producción de la bodega. De la mano de Michele (en esta ocasión, ¡con traje y corbata!), que además de propietario, es enólogo de la casa, y en la inmejorable compañía de los responsables de la Università delle Scienze Gastronomiche, una sala repleta tuvo ocasión de oir precisas y amables explicaciones (en un delicioso italiano, trufado de expresiones vénetas) sobre cada una de las etiquetas de la casa.



Dejo para otra ocasión (para varias ocasiones, diría) un análisis y descripción detalladas del contenido de cada botella. Pero no quiero dejar pasar la inmediatez de las sensaciones de esa tarde, para redactar algunas de las notas que tomé, apresuradas, no sistemáticas, pero válidas (¡para mí!) en cuanto que primeras impresiones. En primer lugar, alguna cosa quiero decir sobre el soave classico Monte Fiorentine 2005. Se trata de una de las grandes alegrías y sorpresas de la tarde: un monovarietal de uva garganega que se vendimia en cada momento, en cada parcela, en su punto óptimo de maduración (por lo menos desde mediados de septiembre hasta noviembre), que fermenta y se guarda, después, en grandes depósitos de acero,a temperatura controlada y durante no menos de 10 días, y que ofrece unas notas impresionantes de flores blancas (tilo) y de melocotón de carne blanca ("gabacho" les llamamos en Cataluña), junto con la frescura en boca de la hierba recién segada y una punta mínima de carbónico.




Otro de los grandes vinos catados fue el amarone de la Valpolicella 2003. Es uno de aquellos vinos imprescindibles que conviene conocer: a partir de la variedad de uvas Corvina, Rondinella y Corvinone (una de las grandes bazas de la familia Tessari es el dominio absoluto de la vinificación de las variedades de la tierra), la uva recogida se deja pasificar en sitios bien ventilados y sin humedad. El mosto que resulta de esa uva, junto con mosto de uva no pasificada, reposa, tras la fermentación, en toneles de 500 litros durante no menos de 25/30 meses. El resultado es un vino que integra el extraordinario color de la tinta china de la Edad Media, con un menisco impenetrable, unos aromas de ciruela pasa de miedo, pan de higos, compota de moras, frutos secos torrefactos y unos taninos dulces, redondos y perfectamente integrados. ¡Que le den un ciervo o un jabalí de los de verdad a este vino y veréis!




Algunos vinos dulces (ya sabéis que son mi auténtica pasión) cerraron la velada. No me esperaba, la verdad, que tras tanta calidad en los blancos secos y en los tintos, los dulces estuvieran a la misma altura. Me equivoqué, y mucho. Probamos, por ejemplo, un recioto di Soave La Perlara 2004. Monovarietal de garganega, la uva se deja pasificar, lejos ya de la planta, hasta la primavera siguiente a la vendimia. El mosto fermenta en barricas de roble francés donde reposa con sus lías finas. Tras filtrado, el vino permanece otros 10 meses en la misma madera. El resultado quita el hipo: tiene el color del oro viejo, es brillante pero no denso, ofrece ribetes de verdor de su reciente juventud, en nariz sobresalen notas de pera madura, de melocotón en almíbar, de miel de azahar y en boca, tiene un frescor y una acidez que casi es de no creer. Y probamos también un recioto della Valpolicella L'eremita 2005. Si el primer es una dulce perla blanca, éste lo es también, pero negra. Hecho con las variedades de la Valpolicella, el sistema de vendimia, pasificación y vinificación es muy parecido al de La Perlara. Su resultado es algo diverso, pero igualmente impactante: aquí el olor de la uva tinta bien madura domina mucho más, es casi desbordante, y junto a él, el de las violetas del bosque. En boca, una compensadísima acidez y su frescor recuerdan mucho a algunos tintos dulces nuestros del Levante, hechos con mataró / monastrell. Es un vino ideal para los postres con chocolate.





Mi impresión, tras una larga y fructífera cata, es que nos encontramos ante una familia muy seria, que trabaja con apego a las tradiciones vitivinícolas de la tierra véneta pero muy atenta a ofrecernos de ellas una versión moderna y actualizada. Mi impresión es que, casi como me pasa con los Eguren en la Rioja y en Toro, nos encontramos ante una familia que convierte en gran vino cuanto toca, con el añadido de que aquí, además, tenemos enormes blancos y tintos dulces. Me quito el sombrero ante tanta valentía empresarial y buen saber hacer enológico. Por cierto, el personaje de la foto es Don Fulvio Tessari, el abuelo de Michele. Como dice su nieto, "¡es 100% uva garganega"! Se trata de un ejemplo a seguir, sin duda: ¡es de la promoción de 1915!

28 enero, 2007

Dónde comprar e informarse en la red


Con alguna frecuencia, me preguntan los amigos lectores de este blog dónde se puede comprar éste o aquél vino o qué precio tiene en la tienda un vino del que hablo. Con relación a esto último, no siempre puedo dar una respuesta de primera mano: a veces el vino lo he probado en un restaurante y no he pagado la cuenta yo (¡demasiado poco pasa esto!), a veces me han regalado la botella...Además de las dos herramientas de Google que ya habia incorporado, hoy se une al blog una conexión al buscador Wine Searcher que espero os pueda ayudar a situar el precio de un vino en el mercado. En cuanto a lo primero, es habitual que se comente: "sí, sí, éste vino está muy rico por lo que dices, pero donde yo vivo es imposible encontrarlo". Para ayudar a solucionar este "problema" (no todos tenemos grandes tiendas de vinos cerca de casa), he incorporado una sección al blog, ¡De compras por la red! En ella os ofrezco enlaces a algunos de los comercios virtuales que existen hoy, gestionados desde España. En algún caso, como Vila Viniteca o Lavinia, existe tienda "presencial" y tienda "virtual" (es decir, que podríamos inventarnos el concepto de "blended wine merchandising", "venta mixta, presencial y virtual, de vino"); en otros, tan sólo tienda virtual. No es que esté aconsejando comprar en la red. Personalmente prefiero dar vueltas por las tiendas, husmear, preguntar, comentar, etc. : sólo así saltan, a veces, las sorpresas. Pero muchos amigos, con ganas de probar las cosas que leen y se comentan, pueden encontrar un razonable apoyo en estos enlaces, a la búsqueda de su felicidad enofílica. Mi límite ha sido, hoy, ofrecer conexiones tan sólo a enlaces gestionados desde España, aunque con etiquetas de todo el mundo. Por supuesto, existen otras realidades en la red (por ejemplo, DOs con tiendas virtuales) y si alguien tiene sugerencias de mejora en este nuevo apartado, las recibiré y valoraré encantado. ¡Que lo disfrutéis!

27 enero, 2007

Los "Baluartes" y el vino santo Trentino


Dentro de esta ola benefactora que está "invadiendo" Barcelona, de bondades, maravillas gastronómicas y enológicas (¿qué habremos hecho para merecer tanto favor de los dioses? me pregunto) procedentes de Italia, quiero contaros una actividad que tendrá lugar la semana que viene. Organizada por Slow Food Barcelona MVM (Daniele Rossi, danrossi@ya.com), junto con el Istituto Italiano di Cultura y la Enoteca d'Italia, se presenta el concepto de Baluarte. Los Baluartes apoyan las pequeñas producciones que destacan por su excelencia y que corren peligro de desaparecer. Se trata de productos que dan valor a un territorio, recuperan oficios y técnicas de elaboración tradicionales y/o salvan de la extinción razas autóctonas y antiguas variedades de hortalizas y fruta. Los Baluartes, que implican o abarcan directamente a los productores, les ofrecen asistencia para mejorar la calidad de sus productos, facilitan intercambios entre distintos países y buscan nuevas salidas de mercado (locales e internacionales). En Italia existen unos 200 baluartes que tutelan los productos más dispares: desde la vaca Burlina al pan de patatas de Garfagnana.

A lo largo de la semana que va del 29 de enero al 4 de febrero, ocho restaurantes italianos de Barcelona, junto con la Enoteca d'Italia, incorporarán a sus cartas un Baluarte, el que ellos mismos hayan seleccionado, y lo darán a conocer a quienes quieran acercarse a sus puertas. Al final de este comentario, os relaciono la lista de restaurantes, con direcciones y Baluartes. Pero puesto que este blog es, especialmente, de vinos, me voy a detener un momento en explicar una de las maravillas que vamos a conocer, de la mano de los chicos de la Enoteca d'Italia: el vino santo Trentino.

Se obtiene de la uva autóctona “nosiola”. Para producirlo se utilizan sólo racimos con granos separados, los únicos que permiten el lentísimo enmohecimiento que se prolonga durante más de cinco o seis meses, hasta Semana Santa (de donde deriva el nombre). Este tipo de podredumbre noble, de botrytis cinerea, se agudiza con la acción combinada del tiempo y del viento y provoca una gran reducción de humedad en el interior del grano de uva, y su consiguiente concentración en azúcares. Esto significa que de cada 100 kg de uva fresca “nosiola” (como la de la foto) apenas se obtienen 15 ó 18 litros de mosto de Vino Santo. Después del prensado, el mosto descansará en pequeñas botas de roble donde iniciará su fermentación natural. Dada la elevadísima concentración de azúcares, la fermentación es muy lenta: de al menos seis u ocho años. Tras ser embotellado, la vida vuelve a este vino y podrá alargarla durante más de 50 años. Va a ser una de las sensaciones de la semana.

RESTAURANTES.


AL CONTADINO SOTTO LE STELLE. C/Saragossa, 123, tel.932110808 (martes cerrado). Pezzente de la montaña Materana.

ENOTECA D’ITALIA. C/ Santa Magdalena, 17, tel. 933682849 (de lunes a sábado, 16-21). Vino santo Trentino / Alto Adige. Nota bene: la enoteca no es un restaurante, sino una tienda de vinos.

GRAVIN. Rera Palau, 3, tel. 93268 4628 (cerrado lunes). Haba de Carpino.

I BUONI AMICI. C/Casanova, 193, tel. 93439 6816 (cerrado sabado mediodia y domingo). Pitina de Friuli Venezia Giulia.

SESAMO. C/ Sant Antoni Abat, 52, tel. 934416411 (martes cerrado). Pera cocomerina y sal artesanal de Cervia.

TACABANDA. C/Torrent de l'Olla, 64, tel. 93210 4516 (cerrado domingo noche y lunes). Cardo Gobbo de Nizza Monferrato.

IL VIZIETTO. C/Ganduxer, 16, tel. 93414 3104 (cerrado domingo noche). Cordero de Alpago.

SPECCHIO MAGICO. C/Luis Antúnez, 3, tel. 93415 3371 (lunes cerrado). Mortadela clásica de Bologna.

XEMEI. Passeig de l’Exposició, 85, tel. 93553 5140 (martes cerrado). Maíz biancoperla y queso stravecchio di Malga.

26 enero, 2007

Tapón de corcho y tapón de rosca, de nuevo


Hace unos días me las prometía tan felices (¡justo antes de caer en una gastroenteritis ostril!): mi suegra había preparado un delicioso morro de bacalao encebollado y yo pensaba hacerle los honores con un vino portugués (¡qué menos que unir al bacalao con un vino de donde más y mejor bacalao se cocina!) que me apetecía mucho: el Lavradores de Feitoria, três bagos 2003, de Douro.


Se trata de un proyecto que ha unido, desde 2000, a algunos de los grandes productores de la zona (en la foto, de "familia"), para producir vinos de calidad. Estre "três bagos" del 2003, con tinta rouriz, touriga nacional y touriga franca y 13% prometía buenas sensaciones. A su buena temperatura (en mi opinión, sobre los 16ºC), lo abrí y aunque el tapón de corcho olía demasiado a corcho (¡ya me entendéis!), nada presagiaba lo peor, que estaba por llegar...brillante color de la cereza picota, tirando al oscuro de la mora madura, nariz...aghhh, la nariz, TCA!!! Tricloroanisol en unas cantidades desmesuradas, que hacía años no olía. Ni con aireación, ni con decantación, ni con nada. Una pena, una desgracia, pero estaba por completo imbebible. Estoy convencido, después de analizar los procesos de contaminación, que la empresa no es culpable de nada, en este caso. Han comprado un producto que les ha hecho una mala pasada. Y sin más, y antes de pasar a lo que quiero comentar, prometo comprar otra botella para poder dar buenas notícias sobre este vino.


Tras la decepción, sobre la que ya hablé en los primeros tiempos de este blog y a la que un buen porcentaje de botellas no escapa (se calcula que entre un 2% y un 4% sufre de esta contaminación que hace que el vino huela a corcho húmedo, a fondo de sacristía de Fortuny, a sótano desvencijado... ), mis pensamientos se fueron con rapidez a la alternativa que se presenta como más sólida: ¡el tapón de rosca!

Yo he estudiado poco el tema, lo confieso, porque nunca he sido defensor de estos tapones. Llamadme romántico (me encanta el ritual del descorche y ese sonido final cuando la botella se libera de su "cinturón de castidad": ¡cuántas cosas promete!), llamadme poco informado (siempre he defendido que un buen tapón de corcho acaba beneficiando a su contenido porque una mínima microoxigenación sigue permitiendo), llamadme lo que queráis... El caso es que decidí iniciar un proceso de reconversión, sobre todo pensando en vinos como este "três bagos" que pueden ser consumidos perfectamente entre uno y tres años después de su embotellado. Pues bien, cuando ya empezaba a pensar que sí, que algo tendría que hacer para acabar defendiendo en ciertas ocasiones el tapón de rosca, los amigos de Vinos de Argentina se sueltan con una nota sobre que "el Reino Unido de la Gran Bretaña huele a huevos podridos" (sic!). Cito de su blog: "Según la Federación Española de Asociaciones de Enólogos, expertos han descubierto que millones de botellas de vino con tapón de rosca se podrían arruinar por olor a los huevos podridos. Las pruebas sugieren que más de una botella con tapón de rosca de cada 50 vendidas en Gran Bretaña podrían estar afectadas por el problema, un proceso químico llamado sulfuración".

Y ahora yo me pregunto, os pregunto: ¿entre el olor a huevos podridos producido por la sulfuración o el de sótano desvencijado y húmedo producido por el TCA, con qué nos quedamos? ¿Con el tapón de plástico? ¿Con que nos encontramos ante una guerra de fabricantes de cierres para botellas de vino? ¡Se admiten comentarios y sugerencias porque yo ando algo perdido!

24 enero, 2007

Enoteca d'Italia y Ca'Rugate


Alberto y Leonardo son los animadores de una nueva tienda en Barcelona, que promete ser una de las grandes introductoras aquí del fascinante mundo vitivinícola italiano: su Enoteca d'Italia se encuentra en el corazón del barrio de Gràcia, en la C/ Santa Magdalena 17. Abren cada día, de lunes a sábado, de 16 a 21 horas. Y no sólo aspira a convertirse en un punto de referencia para quienes queramos comprar vinos y destilados del país transalpino, sino que también se han empeñado en hacer una labor de difusión.


Su primera actividad, que quisiera poner en vuestro conocimiento por si os apetece acercaros a ella, la van a realizar junto a la Associació Catalana de Sumillers y Sloow Food (Conuiuum Barcelona, MVM), el próximo sábado 27 de enero de 2007 en la sala de catas del Celler de Gelida (C/ Vallespir, 88). Se trata, ni más ni menos, que de una cata de la afamada bodega de Verona, Ca'Rugate. Van a venir Michele Tessari, propietario y enólogo, y Vittorio Manganelli, periodista del Gambero Rosso, publicación que recientemente, encumbró a uno de los vinos de la casa. Se trata del que tenéis en la foto de la izquierda, el soave classico Monte Fiorentine, que obtuvo la máxima clasificación de la guía (los famosos "tre bichieri") en su última edición. ¡Dos meses estuve buscándolo en Roma y ahora resulta que el vino me encuentra a mí en Barcelona!

Las personas que estén interesadas en esta cata comentada (que costará 8 euros), tienen que reservar su plaza al teléfono 933682849. ¡Yo prometo estar!

23 enero, 2007

Château de Chantegrive Cérons 2001


La región de Burdeos es una de las tierras prometidas para el vino, goza de un clima excepcional para el cultivo de la vid (aires atlánticos, el estuario de la Gironde y las Landas) y tiene microclimas y zonas geológicas bien distintas que producen la mayor variedad y calidad de, sobre todo, vinos tintos y vinos blancos licorosos (no soy yo tan adepto de los blancos secos, aunque grandes excepciones sí hay) . Los grandes nombres de bodegas, los grandes "terroirs" son bien conocidos de todos. Pero cuando uno patea el territorio, acaba descubriendo cosas que son "secretos" a voces para las gentes del lugar, pero pasan más desapercibidos para el gran público. Uno de ellos es el Château de Chantegrive, en Podensac. Producen los Lévêque tanto vinos tintos y blancos secos de la denominación de Graves (el blanco multipremiado "Cuvée Caroline" es la reina de la casa), como blancos licorosos, bajo la "appéllation Cérons controlée". Son amables, muy atentos con las visitas y si tienen tiempo, te muestran y explican todo. Fue una de las visitas más bonitas e instructivas que hicimos unos cuantos amigos la pasada primavera. La denominación Cérons es otro de esos "secretos" a voces. El Sauternais se lleva la fama, las luces y los dineros, pero un poco más al norte, en los límites con la zona de Barsac y englobada dentro de Graves, Cérons produce también grandes vinos licorosos.

Los Lévêque tienen plantadas, a partes iguales, las variedades reinas para estos vinos: 50% de sauvignon blanc y 50% de sémillon. Realizan la vendimia en forma manual, tienen mesa de selección y el mosto fermenta directamente en barricas de madera, hasta alcanzar sus habituales 17%. En la foto, podéis ver su sala de blancos, literalmente espectacular, donde el blanco licoroso reposa no menos de 18 meses. Su ensamblaje es muy mayoritariamente de sémillon (90%), con el resto de sauvignon blanc, lo que le dá unas características organolépticas que fueron muy apreciadas durante la cena de mi bautismo (comentario anterior en este blog).

Este 2001 se encuentra en un momento ideal, ahora y en los próximos 3-4 años, en que si está bien conservado, ganará clara complejidad aromática. Fue servido a unos 10ºC (calculo, pues no llevaba termómetro) y abierto tres cuartos de hora antes de su degustación. Es muy agradable a la vista, con un amarillo oro intenso, de trigo bastante maduro, pero con recuerdos de su envero, verde. Brillante. Su nariz es espectacular, uno de sus puntos fuertes, pues fue evolucionando a lo largo de más de una hora: tiene las notas habituales de la uva botritizada, con recuerdos de la hierba húmeda del château en primavera (¡allí donde "cantan los mirlos"!), con notas de cítricos (el más destacado y poco habitual para mí, de piel de mandarina), flor de azahar y finos apuntes de miel de acacia. La boca acompaña estos aromas, pues se muestra con una compensación exhuberante entre acidez y azúcares residuales, no pesa, pasa goloso y atractivo, se recrea, anota largo posgusto en el paladar y pide a gritos el siguiente trago.

Decidimos abrirlo al principio de la cena, para acompañar un delicioso foie con leve reducción de vinagre muy aromático: ¡diana! Los amigos de ETB lo reconocieron como a uno de los grandes vinos catados en la velada. Si os digo que lo venden sobre los 20 euros no me vais a creer, claro.

21 enero, 2007

Bautismo en EsTintoBásico


Dice el Evangelio de Marcos: Et factum est in diebus illis, venit Iesus a Nazareth Galilaeae et baptizatus est in Iordane ab Ioanne. Et statim ascendens de aqua vidit apertos caelos et Spiritum tamquam columbam descendentem et manentem in ipso. Et vox facta est de caelis: "Tu es Filius meus dilectus; in te complacui. "Y sucedió en aquellos días que vino Jesús de Nazareth en Galilea y fue bautizado en el Jordanes por Juan. Y en el momento mismo en que salía del agua, vio cómo se abrían los cielos y descendía de ellos el Espíritu en forma de paloma y permanecía sobre él. Del cielo surgió una voz: 'Tú eres mi hijo querido, en ti me complazco'".




Cambiemos el Jordanes por el río de la vida, que es el del vino, el de la leche y la miel, el de las huríes, el del paraíso en la tierra, el río de Epicuro, el de la amistad, el que nace de una botella de vino compartida por unos amigos; sustituyamos a Juan el Bautista por los miembros del grupo de cata EstTinctusBasicus; suplantemos a la paloma que le hizo la mala pasa a José por siete fastuosas botellas de Burdeos de la especialísima añada del 2003 (más una "invitada" sorpresa de última hora!), situémonos en la Barcelona de 19 de enero del año de gracia de 2007...y tendremos todos los elementos para explicaros que...

los Apóstoles del Vino y de la Comida de Barcelona vuelven a ser Doce (por supuesto, Doce más Aquél que se fue, pero volverá dentro de poco, Aquél que nos preside y cuyo espíritu nos acompaña, Z.). En efecto, quiero participaros que, en la noche mencionada y en la sala de cava del fastuoso restaurante Rías de Galicia tuvo lugar mi bautismo como miembro de pleno derecho de ETB. No es éste el momento ni el lugar para explicaros la cata oficial, primero, y la comida y el resto de vinos, después. Lo podréis leer pronto en el blog oficial del Grupo, aunque aquí se me permita reseñar una de las botellas que más me gustó (en un próximo comentario). Sí es el momento para deciros que, guiados por la sabia mano de nuestra Musa, Blanca, nos adentramos en los secretos del Bordelais, nos paseamos por Graves y Péssac-Leognan, por Médoc y Haut-Médoc, por Sauternes y Cérons, por St.Émilion y St.Estephe...visitamos la Garonne, la Dordogne, las rías gallegas y sus mares, los montes de Huelva y un largo etc. No puedo pensar en mejor estreno y bautismo que el que nos llevó por la cuna de algunos de los mitos de la viticultura mundial.

Cayeron más botellas que Apóstoles se sentaron a la mesa, reímos, bebimos , charlamos, discutimos y comimos casi como si fuera nuestra última cena; algunos, al final, nos sentimos como quien preside esta recreación de mcdowell del original leonardiano. Vendrán más encuentros oficiales, vendrán más catas y charlas y vinos, pero ésta quedará especialmente grabada en mi mente y en mi memoria por ser la primera. ¡Gracias, amiga y amigos, por tan vibrante y espléndida introducción!

Nota final: a pesar de algunos contenidos de este comentario, quiero aclarar que fue escrito bastantes horas después de la cena, ya lejos de los efectos del alcohol y, también, que ni me considero Jesús ni ando a la búsca de mi Judas particular: ¡no tengo prisa!


Créditos: Bautismo de Jesús de Andrea del Verrocchio y Leonardo da Vinci by piya_t_mumbai; la Santa Cena de Leonardo by Dodatw; la Santa Cena jocosa by mcdowell.

19 enero, 2007

Caldeni y Gran Caus Blanc 2001


Voy a hacer dos excepciones. Más que hablaros de vinos en relación con comidas o de vinos solamente (lo más habitual en estas páginas), voy a hacerlo de un restaurante. Primera excepción. Y lo voy a hacer con el apoyo gráfico exclusivo de los protagonistas del asunto, que son las personas y su manera de entender la cocina y el acto de sentarse a la mesa. Segunda excepción. Que no me riña mi asesor en materia de blogs: no es que vaya a romper mi línea habitual (con la que me siento muy cómodo) y esté pensando "abrir" una sección de "restaurantes" en este blog . Es que creo que esta gente del restaurante Caldeni se lo merece. Situado en pleno corazón de la tierra de nadie, entre un barrio que nace (alrededor de la nueva Diagonal y de la Torre Agbar) y otro que no sabe qué quiere ser de mayor (alrededor de la Sagrada Familia), rodeado de antros de comida y estéticas más que dudosas, dedicados a destrozar estómagos de turistas a un precio razonable, uno tiene que fijarse dos veces para dar con la puerta de Caldeni, en la C/ València, 452. Entrar en él es como hacerlo en la Biblioteca de Alejandría a la luz del Faro de ese puerto: es entrar en una tierra de paz, de sosiego, donde hay armonía, tranquilidad, buen servicio, mesas separadas, amplitud, y donde te dan luces y sabiduría culinárias.

Mi compañero de mesa y yo llevamos ya años dando tumbos por restaurantes de medio mundo y cuando salíamos, nos quedamos mirando como diciéndonos "hacía tiempo que no disfrutábamos tanto con una comida". Dani Lechuga (izquierda), Jorge García (centro) y Pep Dalmau son jóvenes y atrevidos, pero saben muy bien de dónde vienen, cuáles son sus raíces gastronómicas, y a dónde van. El viaje que nos propusieron fue de lo más interesante para quien, como yo, ama por encima de muchas otras cosas, moverse entre el mar y la montaña. En mi caso se trató de una ensalada con variedad de crudités, de colores y de texturas, junto a la que señoreaban dos medallones de "brazo" deshuesado de pies de cerdo. Encima de los medallones, los príncipes del mar, langostinos apenas marcados, establecían seráfico diálogo con los señores de la pocilga. Mi compañero tomó un milhojas con compota de manzana y foie. Todavía lloro cuando pienso en el pedacito que me dejó probar. Pensé: "estos chicos lo tienen complicado para superarse". Vaya. De segundo tomamos ambos unas vieiras salteadas. Así lucían en la carta, pero es que a la mesa llegaron arropadas por delicado lecho de puré de patatas sobre el que otro rey de la tierra imponía su "ley", unos boletus edulis de lujo. Las vieiras, entre dos desconcertadas rodajas de fuet (por aquello del romper), tenían una frescura, una textura, unas medidas y una cantidad de susurros procedentes directamente de la mar salada, que se me antojaron las que tomaba el Capitán Nemo en 20000 Leguas de Viaje Submarino. Hacía tiempo que no comía algo tan sencillo, tan bien concebido, tan bien hecho y tan sabroso.

Estos dos extraordinarios "marymontañas" fueron acompañados por uno de los vinos más apreciados por Pep: un Gran Caus Blanc 2001 de Can Ràfols dels Caus . Lo disfrutamos. El vino que, como otros grandes blancos que hace Carlos Esteva, no tiene madera, se mostró a una gran altura, dignísima pareja de esta enorme cocina. Realizado con las variedades reinas de la finca, la charelo (véase el Xarel.lo Pairal de la casa), la chardonnay y la chenin (véase su La Calma), ofrece unos tonos de oro casi viejo, aunque con leves atisbos del verdor de su juventud. Tiene un paso delicado por copa donde deja leve lágrima (12,5%). Sus aromas son profundos y van evolucionando a lo largo de la botella y con la aireación en copa. Empieza con notas de garriga y de monte bajo, sigue con puntas cítricas (piel de naranja), con algo de hinojo y con membrillo casi en sazón, y acaba con una profundidad, que recuerda el olor de las bodegas en la oscuridad o la sombra bajo la parra en verano. Es seco en boca, con su acidez y su tartárico completamente subyugados en botella, que aportan la frescura y la limpieza en boca que los platos que elegimos requerían.

Yo, que vengo y me siento de pueblo, encontré que la forma que tiene esta gente de concebir una "sencilla" torrija o el "mel i mató" son, ya directamente, de traca y fuegos artificiales. Los postres merecerían un artículo por ellos mismos. No es broma: dos horas después, todavía notaba el posgusto de los piñones crocant que acompañaban el deconstruido "mató". Café y destilados (¡Penderyn!, Aur Cymrun, "oro galés" vaya), a la altura del resto. No digo más.

Buscad, comparad y ya me diréis si encontráis muchos restaurantes en Barcelona que ofrezcan tanto, en todos los campos que abarca el más profundo concepto de restauración, como Caldeni. Hay bien poquitos. Que sea por muchos años.

17 enero, 2007

Colet Assemblage extra brut


    He aquí uno de los "cavas" que en los últimos tiempos ha dado que hablar en varios sitios bien conocidos. Por calidad, por precio adecuado, por producción limitada y muy cuidadosa, las Cavas Colet, en Pacs del Penedés, llaman la atención. Se trata de una empresa familiar de larga tradición (arranca en el siglo XVIII) que, animada en estos momentos por Josep y Sergi Colet, reverdece laureles y pasa de vender su uva a vinificarla. Su sistema es el tradicional y las uvas que usan para alguna otra de sus etiquetas (en la página web, encontraréis toda la información), también (macabeo, charelo y parellada). Para este assemblage, las uvas que convocan al festín de los sentidos son tan champañardas como la chardonnay (45%) y la pinot noir (55%). Además de esto, aunque no luzcan la etiqueta biológica, confiesan esa devoción por la tierra y ese respeto hacia los sistemas más tradicionales de cultivo de los viñedos. Es de destacar, en este espumoso, que una breve maceración pelicular del mosto de la pinot noir con sus hollejos, confiere al producto final (de 11,5%) un interesante tono rosado. Los Colet recomiendan servirlo a 6-7ºC, pero un servidor lo hizo a 9-10ºC y creo que sus matices aromáticos y su cremosidad se expresaron con mayor soltura que con más frío. En el tapón se estampa la fecha de degüelle: es muy recomendable consumirlo antes de los 18 meses siguientes a esa fecha.

    Presenta un atractivo, aunque no muy brillante, color rosado, a medio camino entre la piel de la cebolla de Figueres y el cobre. Su burbuja es delicada y fina y dibuja largas columnas, desde la base de la copa, hasta la superfície, donde se agrupa formando irregulares coronas. Sus primeros aromas son de flores blancas (tilo), aunque con cierta rapidez pasa a matices cítricos (piel de la mandarina), a hinojo y, sobre todo para mí, a frutillos rojos. En boca es donde, quizás más que en nariz, demuestra su vocación y su alma champagnoise: tiene un paso casi sedoso, nada agresivo en la burbuja y en el carbónico, cremoso. Destacó poderosamente, cuando lo caté, un posgusto, largo, algo amargoso, que se movió entre el fruto del granado y la cereza macerada.

    Se trata de una opción muy atractiva de espumoso catalán rosado que compré por 14 euros en la tienda del barrio de la Ribera de Quim Vila.

    Cereza BY woowoowoo

    16 enero, 2007

    Invierno en los viñedos



      En tiempos de zozobra y de cambio climático; en tiempos en que las estaciones están dejando de existir y en que los períodos de descanso para el campo son cada vez más cortos y con temperaturas más altas; en tiempos en que los viñedos ganan terreno en países donde, hace 15 años, ni tan siquiera existían; en tiempos en que las fases de floración y maduración de la uva son más difíciles de predecir; en tiempos en que las cigüeñas y las avefrías ya no sienten la necesidad de emigrar; en tiempos en que, en una generación, hemos dado al traste con el trabajo de la naturaleza a lo largo de miles de años, me reconforta ver que todavía existen viñedos como los de las suaves laderas del lago Leman, que se sumergen, atrevidos, en el letargo y la somnolencia que produce el frío hiperbóreo.

      Foto BY philipemeister

      15 enero, 2007

      Ossián verdejo de 2005


        Prosigue este "duro" fin de semana gastronómico en casa de unos queridos amigos, con una cena en que intercambiamos recetas y todos cocinamos para todos. Se trata de una fórmula sencilla pero muy reconfortante y eficaz, que repetimos con frecuencia. De primero, una delicadísima sopa de cebolla (en la foto by TravelerBill) hecha con la receta clásica de Carme Ruscalleda (Cuinar per ser feliç) . Ese sabor dulzón del caldo con la cebolla, el pan y el queso fundido (decidimos no poner huevo: ¡muchas fiestas ya!) contrastaron a las mil maravillas con un recién llegado gewürtztraminer de Sumarroca 2006. Servido a 9-10ºC (aunque lo empezamos más frío), con 11,5%, presenta un color oro muy pálido, con aromas de flor blanca, de uva moscatel y de pera tipo conference. Su acidez y el carácter jovial de su juventud nos ofrecieron un trago bastante largo y de buen equilibrio con la sopa de cebolla.


        De segundo, nos obsequiamos con una enorme dorada salvaje de dos kilos y medio de peso. Tras darle varias vueltas, nos decantamos por hacerla a la sal. Ya sabéis que este sistema no tiene ningún secreto, pero cuando el pescado es fresquísimo y de alta mar, da unos resultados espectaculares. Tres kilos de sal gorda recubren por completo la dorada, y entre 50 minutos y una hora de horno a 200ºC operan el milagro. Tras un breve reposo y la cuidadosa retirada de la sal, se nos ofrece una carne delicadísima, muy sabrosa, tierna pero entera. No hay más que echarle un buen chorretón de aceite del mejor que tengáis en casa (en este caso, el de arbequinas que comercializa Doix) y a comer. Acompañamos con un salteado de setas: un buen contraste de mar y montaña, sin duda.


        Este estupendo pescado necesitaba un gran blanco. Y decidimos que le hiciera la corte a uno de los vinos de que más se ha hablado últimamente, Ossián 2005. Se trata de la nueva aventura de Javier Zaccagnini (Grandes Pagos de España: Aalto) quien, al margen de la DO Rueda (es un vino de la Tierra de Castilla y León) , ha sabido aúnar los talentos necesarios alrededor de la uva verdejo. Él mismo comentaba, ante los primeros comentarios hacia este nuevo vino, que por mucho que uno cate, para aprender de vinos blancos, no hay como hacer uno. "Beato tú que puedes", pensé yo. Y vaya si ha podido: arropado por viñedos de verdejo de más de cien años de antigüedad, montados sobre pie franco y, claro, prefiloxéricos, ha ido a buscar a un enólogo borgoñón (Pierre Milleman) de los que mejor sabe moverse en la construcción de blancos de guarda. Ésa es la vocación de este Ossián 2005, sin duda, que se presenta con 14,5% tras nueve meses de fermentación y reposo en barricas de roble francés de cuatro fabricantes distintos, con cuatro tipos de tostado distintos también y mezclando barricas nuevas con usadas (no sé con qué rotación y porcentaje).

        Es un vino que tiene el color del oro viejo con unas lágrimas persistentes, que se mueven con cierta parsimonia por la copa. Tiene los aromas de la miel de acacia y de los tostados (avellanas) junto con un fondo de mantequilla. Al cabo de un rato, empiezan a salir puntas de cítricos junto con algo de hinojo y de hierbas aromáticas (tomillo, lavanda). En boca, a su buena temperatura (propondría entre 11-12ºC), el vino se hace enorme, profundo, con una alma glicérica a la que cuesta mucho marchar. Deja, tras su paso, un grato recuerdo, bastante largo, que para nada entorpece el grado alcohólico. En la copa, aún sin decantar, es un vino inagotable, que se sigue abriendo con la aireación y dando matices interesantes casi una hora después de haber sido abierta la botella.

        El vino se presenta pensado también para la larga guarda: con una bellísima botella borgoñona de espaldas caídas (¡cómo me gusta que los bodegueros cuiden estos detalles!), un cristal muy tintado y de gran peso y un tapón de 48 mm, se trata de un blanco que nace en el interior de España gracias a la uva verdejo, sí, pero que tiene alma y vocación de gran blanco borgoñón. Yo lo compré por 17 euros en Lavinia. Unos pocos años y el afinado en botella lo acabarán convirtiendo en uno de los grandes blancos españoles. ¡Así sea!

        13 enero, 2007

        "Un pasto senza vino è come un giorno senza sole"


        Alfredo y Ada vivían en la zona de los Castelli Romani, tenían sus viñedos y producían, de forma artesanal, su vino (siempre "bianco dei Castelli", como se le conoce en Roma). En el durísimo período de entreguerras y justo después de la Segunda Guerra Mundial, Alfredo, como tantos en su región, cogía el carro de madrugada y bajaba a la gran ciudad a vender sus vinos, de hostería en hostería. En 1946, uno de sus clientes puso a la venta el local (¡habia tantos en la zona!), en la Via dei Banchi Nuovi. Y Alfredo decidió comprarlo y trasladarse a Roma con su esposa. Allí tomaron las riendas de la hostería, allí nacieron sus hijos (¡Ada me enseñaba el lugar donde guardaba el cochecito de sus hijos!) y allí han pasado toda su vida. Anoche fue como si entrara en un mundo mágico, como si, al cruzar esta puerta, pasara de pronto, a través de un invisible túnel del tiempo, al mundo de las casi por completo desaparecidas viejas hosterías de la inmortal Roma. Por desgracia, Alfredo ya no está, pero Ada y su hijo Sergio, siguen al mando del negocio y te reciben en su casa con un cariño, un saber estar y una naturalidad, sin duda propios de otro tiempo.

        Es una hostería como las de antes, donde no hay ni carta ni demasiadas elecciones a hacer. Alfredo lo explica con sencillez: "pocas cosas pero buenas". El vino es de su propia producción, tanto el "bianco dei Castelli" como el tinto (de Lanubio, del color de la cereza picota, intenso, con perfume de violetas y sabor de moras maduras, denso pero agradable), de la zona de donde, hace ahora 60 años, partieron a la gran aventura. De primero hay lo que hay y uno no elige. A mí me tocaron unos fusilli con sugo que estaban deliciosos. De segundo había varias posibilidades y ayer elegí un involtino con verduras, acompañado de unas costillitas de cerdo ("spuntature" se llaman aquí) y unas patatas guisadas con el sugo que queda de los fusilli. Los jueves tienen tripa y los viernes, pescado. De postres, te sirven unos delicioso roscos con azúcar, con la "condición" de que los mojes en el vino: ¡es la mejor forma de tomarlos!

        Cenar en "Da Alfredo e Ada" (ahora ya sólo abren a partir de las 18 horas: la Signora Ada tuvo problemas de salud el año pasado y es cuestión de cuidarla) es como hacerlo en el comedor de su casa. Estás en la cocina, oyes la radio, ves la sala repleta de amigos y de conocidos. Con seguridad, a más de uno es la primera vez que lo ves, pero la atmósfera es tan especial y amigable, que te sientes como en casa y la charla entre mesas surge de manera espontánea y alegre. La Signora Ada te enseña sus fotos (me quedo con la del grupo de amigos, con Alfredo en primera fila a la izquierda, preparados, camaradas y sonrientes, para ir a comer pescado a Civitavecchia), Sergio se sienta a tu mesa y charlas un buen rato de los viejos viñedos, de cómo hacía su padre el vino y compartes con él esa mirada, entre el orgullo, la satisfacción y la añoranza, con que delata su amor y entusiasmo por los orígenes. A pesar de los problemas de salud de Ada, su mejor terapia es la de moverse entre las mesas, la de atender, explicar, charlar. Me quedo con la imagen de Sergio, mirando con ternura a su madre y apoyando la mano en la suya para atender a alguna explicación.

        Ayer empezaba a hacer frío en Roma pero cuando salí a la calle me sentía mucho mejor que cuando entré, sentía ternura por fuera y por dentro, por lo bien que había comido y por la enorme calidez que había recibido de Ada y de Sergio. Ahora sé, también, por qué mis queridos Fabrizio y Cris insistían en hacerme conocer este lugar (él, tan romano como es: el lugar le calza como guante a la mano). No me daban detalles pero decían "tienes que conocerlo, ¡te gustará!". El día elegido era ayer, pero les surgió un compromiso. Yo me decidí a buscarlo, solo. Lo encontré y os puedo asegurar que ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida viajera. Ellos, Ada y Sergio, me ofrecieron, en dos horas de cena, con generosidad y sencillez, la historia de su vida. Yo, con toda la humildad del mundo, intento devolverles algo a cambio, mostrando el lugar. Si vais a conocerles, viviréis algo mucho más importante que comer bien.

        "Da Alfredo e Ada" està en Via dei Banchi Nuovi, n.14. Telf. 06.6878842.
        Abren, de lunes a viernes a partir de las 18 horas. Cierran sàbado y domingo.

        PS.i. El lema que da título a este comentario, lo pintó Alfredo en la pared principal de la hostería, hace más de cincuenta años. Es el lema de la casa: cuánta razón!

        PS. ii. Las fotos BY tastingmenu.

        Tokaj Oremos 5 Puttonyos 1983


          La cumbre de un encuentro entre amigos, absolutamente "improvisado" a través de 100 mails (ha pasado ya a los Anales como "El Encuentro de los Cien Mails") aconteció con el vino que encabeza este comentario. Pero aunque no lo ilustre con fotos ni descripciones detalladas de los vinos que precedieron a la "guinda" de este pastel, sí quiero ofreceros un breve recorrido por las increíblemente bien logradas conjunciones que nuestro anfitrión logró para nustro goce y regocijo. Empezó la cosa ya con traca y pañuelos de bienvenida, gracias a la enorme y generosa aportación de otro amigo (el gang lo llama "Ramon el de los huevos"): una latita de 125 gr de caviar imperial 000, que se comió en armoniosa compañía de un fino del Maestro Sierra. Los dos distintos tipos salinos y yodados conjuntaron a la perfección (nota a tener en cuenta para los que no somos expertos: a veces, las latas de caviar conviene airearlas un rato antes del consumo) y las huevas, enormes y de un color gris ceniciento, transparentes, se vieron realzadas con la aportación del fino, bien fresco.



          Siguió la cosa con unas ostras Gouthier del nº3, acompañadas de un champagne Pierre Peters, millésime del 1998. Hacía años que no acudía a una "boda" semejante: las notas de cítricos (mandarina, piel de limón) y de crianza (uno de los asistentes lo definió a la perfeccción como de "bizcocho casero con yogurt de limón") del champagne casaron como anillo al dedo con el carácter salvajemente marino de la ostra fresca. Impresionante: a probar por lo menos una vez en la vida. Siguió el festival con un roast-beef, para mi gusto algo demasiado hecho, con una deliciosa salsa española, al que acompañó un Médoc ilustre, un Château Palmer de Margaux, 2002. El anfitrión nos lo hizo catar a ciegas, pero los aromas de la cabernet sauvignon y la cabernet franc a copa parada, junto con el olor de madera y su color rubí algo apagado, nos llevaron rápidamente al lugar adecuado: tenía que estar por debajo de Entre-deux-Mers, o Graves o Médoc. El vino es muy bueno, muy sabroso y de gran carácter, aunque 2002 no fuera una gran añada en el Bordelais. Es muy importante decantar por lo menos una hora antes del servicio.

          Y la traca, la guinda, vino con los postres que han ilustrado este comentario. Procedente de la Pastisseria Foix de Sarrià, una de las históricas de Barcelona, de gran y contrastada fama y calidad, su "pastís reial". Nos recordó a todos, monárquicos y republicanos, independentistas y unionistas, que algo nos hermana por encima de todo: ¡un pastel bien hecho! Sobre una base fina y delicada de pasta de hojaldre disponen una capa de crema inglesa y sobre ella un lecho de frutillos rojos del bosque, con un espolvoreado final de azucar glasé. Delicioso, con un hojaldre que no se resiente ni medio minuto de la húmeda compañía de la crema, todo muy fresco y recién hecho. Con él, nuestro generoso anfitrión (¡gracias mil, Víctor, por tanto derroche de generosidad) nos obsequió con una botella de Tokaj Oremos 5 puttonyos del 1983. Con 12%, servido a 10-12ºC y decantado media hora antes, se ha mostrado como un vino con una jovialidad y frescura impresionantes. Tiene el color de la miel de castaño, es limpio y brillante. Tiene aromas de orejón de albaricoque, de miel, de pastelería y de melocotón en almibar. Ofrece unas puntas de corteza de cítrico y de flor de azahar. Regala una acidez delicadamente buena y joven en boca y termina con un trago largo y amable, que da largos segundos de placer inmediato.

          Como se decía años ha: VBI AMICVS, IBI OPES, que en traducción castiza podría sonar "quien tiene un amigo, tiene una mina". Con encuentros "improvisados" de esta categoría, ya puedo ir tranquilo por la vida. ¡Gracias, amigos!



          Flor de azahar BY NilremSEIS; pastel de albaricoque BY La tartine gourmande.


          12 enero, 2007

          Soave classico de Pieropan La Rocca 2003


            Al noroeste de Verona se extiende la denominación de origen de Soave, cuyas raíces se hunden en la mejor tradición vinícola de los Romanos: ya Casiodoro, uno de los "notarios" de la muerte de la cultura clásica (en el siglo VI d.C.), hablaba del vino de esta zona como de un uinum suaue, nobile et pretiosum . La denominación específica de "classico" procede, en el fondo, de estos orígenes, pues sólo los viñedos que se encuentran en los pueblos históricos de la denominación, Soave y Monteforte d'Alpone, pueden incorporar tal adjetivo a su etiqueta. Dos son las uvas más características de la zona: la garganega (en la foto) y la trebbiano di Soave (de hecho, creo que una debe ser hija de la otra). Probablemente con ellas se hace el vino blanco más famoso y tradicional de Italia, el popularmente conocido como "soave". A mí me es especialmente querido: lo conocí en Bologna, con una fantástica botella del Vigneto di Lot , y me despedí de Roma (en noviembre) con una no menos espléndida botella de la casa Pieropan, La Rocca 2003, tomada en el restaurante Gusto. Con ella brindamos unos pocos y queridos amigos, en mi "última cena" romana, teniendo como testigos al mausoleo de Augusto y a su Altar de la Paz.

            Este restaurante, que es además tienda de artículos para la cocina y enoteca donde comprar y degustar vinos, está atendido por una enóloga que lleva la tienda y una sommelier que lleva el restaurante. Esta última fue quien, con discreción y sabiduría, me recomendó este "soave classico" de una de las bodegas con mayor tradición en la zona, fundada en 1890. Sin haber podido acceder a los datos de vinificación, puedo comentar que este vino, monovarietal de garganega y con 13%, habrá pasado por una fermentación alcohólica en grandes tinos, y habrá hecho la maloláctica en barricas de madera, por un buen tiempo con sus lías finas. Es un vino que necesita, casi, ser decantado, además de servido a 10-12ºC para explotar todas sus cualidades. Nosotros no lo decantamos y tardó mucho en empezar a abrirse en copa y a mostrar todas sus cualidades.



            Tiene el color amarillo profundo, intenso y brillante, de la miel de acacia. Tiene el deambular en copa de esa misma miel, algo licuada, con cierta languidez y majestuosidad. Empiezan sus aromas, intensos, con la madera de la barrica, pero si se tiene paciencia y se le ventila bien, te acaba obsequiando con aromas de miel y de avellanas tostadas y, tras otro rato, con aromas de flor blanca (acacia). Es un vino que te llena la boca, pero que no es untuoso. Posee una buena acidez y cuando la oxigenación consigue integrar la madera con las mejores esencias de la garganega, se nos ofrece como un vino amable y de trago largo, sincero y atrevido, aunque no a primera vista. Como la tierra que le vió nacer, hay que tener un poco de paciencia con él para descubrirle sus mejores virtudes.

            Fue un acompañante ideal de platos de fusión (¡vaya moda!) entre la cocina italiana y la china (¡woks con pasta sciuta!).




            Flor de acacia BY johanna de silentio

            11 enero, 2007

            Varia de uinis noscenda


            Es decir, "Algunas cosas sobre el vino a saber". Son muy breves pero no me quiero quedar sin comentároslas. En primer lugar, quería deciros que se han fallado los premios anuales a los mejores blogs sobre temas relacionados con vino y comida en lengua inglesa. Ya sabéis que los anglosajones tienen especial predilección por juzgar y ser juzgados. En este caso, el premio al mejor blog en lengua inglesa sobre el mundo del vino ha recaído (¡y ya es la tercera vez que lo consigue!) en Vinography: A Wine Blog. Se trata de un sobrio, en estilo, pero exhuberante blog, en ideas y comentarios sobre todo alrededor de nuestra pasión que, desde San Francisco, nos propone el periodista Alder Yarrow. ¡Felicidades, Alder!

            En segundo lugar, quiero indicaros que he incorporado al final de la columna de la derecha de este blog dos servicios, cuya existencia he conocido a través de Esalazioni Etiliche. Se trata de dos nuevas herramientas de Google, que permiten realizar búsquedas temáticas sobre nuestros temas: la una sobre todo lo relacionado con el vino

            Vinosearch

            Add Vinosearch to your site


            y la otra, con un motor de búsqueda para todo lo relacionado con la comida

            Cibosearch

            Add Cibosearch to your site


            En principio, parece que han de servir sólo para el vocabulario e ítems de búsqueda italianos, pero he hecho varias pruebas y creo que su campo de búsqueda es mucho más amplio. Espero que os sean de ayuda.

            10 enero, 2007

            Colonias de Galeón, MC 2006


              Me ha parecido una buena idea presentaros la edición 2006 de un vino del que hablé muy de pasada hace unos meses. Se trata de un vino poco conocido y aprovechando que estos días el blog de Aristide habla bastante de los vinos andaluces, he aquí uno que es, en su tierra, rara auis, pero que, en el conjunto de España y en Italia, se enmarca en un grupo bien conocido y reconocido: los vinos tintos que se hacen con maceración carbónica (MC) y que se consumen en el mismo año de su producción y durante el año siguiente.

              Estos días salen todos al mercado y también le ha tocado el turno a este Colonias de Galeón 2006, que nace y se hace en un paraje de ensueño: la Sierra Norte de Sevilla, cerca de Cazalla de la Sierra. Con un 40% de tempranillo, otro tanto de merlot y un 20% de syrah, cada variedad de uva se vendimia en su justo momento de madurez y se vinifica también por separado. El mosto que nace de la acción de la gravedad sobre las uvas y el mosto prensa fermentan también por separado y a temperatura controlada, baja (16-18ºC). Se estabiliza por frío y se embotella en el mes de octubre de 2006, con 13%.

              Los colores del vino son los del fruto del granado, entre violáceo cárdeno y rojo oscuro, muy brillante. Su nariz tiene una carga frutal y floral notables, aunque no apabullante, sino más delicada que en otras añadas: la de la fresa del bosque madura, la de la violeta y la del geranio. Una de las características que le he notado este año (que mis amigos que aman este vino agradecerán) viene con su paso por boca: el carbónico apenas se nota, acompaña y se agradece en comidas algo grasientas, pero es discretísimo. Sus taninos son redondos, amables y agradecidos y su posgusto, como siempre, es bastante largo.

              Es un vino que puede hacer compañía, sin desentonar en absoluto, a los grandes maceraciones carbónicas que he probado este año, Alkíber y Luberri de la Rioja. Creo que, habiendo probado algunos "vini novelli" italianos (realizados con una técnica muy parecida), sería también un vino del gusto de los aficionados italianos curiosos de la realidad vitivinícola andaluza. Hay que servirlo entre 14 y 16ºC. Yo lo he visto distribuido por Lavinia y por El Corte Inglés a menos de 7 euros.





              Violeta by creativity