25 diciembre, 2007

Misa del gallo sin gallo y sin misa


Eran otros tiempos. En casa, en mi pueblo (Igualada) la gente creía, de una forma intuitiva, quizás irreflexiva, pero creía. Este hecho tan natural hace treinta, cuarenta años, condicionaba todas las fiestas. Lo más importante de estas fiestas era, por supuesto, el nacimiento de Jesús y su recuerdo. Y el primer paso para ello era la misa del gallo. Para allá que nos íbamos todos, tras una frugal cena (¡la digestión era imprescindible para poder comulgar!): a medianoche (convento de los Franciscanos de Igualada: gente sencilla, muy amable, muy acogedora) empezaba la misa. No era, por supuesto, la tradición exacta del canto del gallo porque la misa se celebrara al alba, pero casi. Cuando volvíamos a casa, ya de madrugada, el hambre acuciaba y mis abuelos preparaban "coca de forner" con longaniza (a medias la tradición entre Vic e Igualada), qué delicioso contraste dulce-salado, chocolate para los niños y abundante cava.



Hoy todo se ha convertido en puro teatro. La familia se reúne la noche previa a la Navidad, pero no va a misa. Tampoco celebramos la cena de Nochebuena porque no es esa nuestra tradición. Pero seguimos haciendo el resopón como si hubiéramos ido a la misa del gallo (sic!). Y hacemos "cagar el tió", aunque no haya ya niños que crean en nada. Lo hacen con ilusión, sí, pero ellos mismos han seleccionado no pocas de las cosas que, después con sorpresa, abren alborozados (sic, de nuevo). Puro teatro, vaya. Nadie cree en nada y todos hacemos de todo, siguiendo un guión que hemos ido escribiendo a lo largo de los años y del que, por ahora, lo único que cambia es algún intérprete. Ayer, más de lo mismo, claro, y mientras una de mis sobrinas me miraba casi alarmada (("¡éste tío se ha vuelto loco!") porque iba tomando notas mientras cenaba, fueron cayendo un extraordinario jamón serrano, varios embutidos más (entre ellos la famosa longaniza de Vic), algo de micuit (que no probé: no había llevado el vino adecuado y eso lo dejo para San Esteban: y!!!a he tomado una decisión sobre el vino!!!), tortillas y el fabuloso relleno de navidad, que mi padre preparaba per se, sin pavo ni pollo. Solo. Pura delicia.

Para el jamón, cayó algo que le es propio, digo yo: una botella de fino de la serie La bota de..., n.7, Macharnudo alto, de Bodegas Valdespino. Un vino de color oro brillante, casi viejo, de punzante salino tanto en nariz como en boca, con frutos secos (almedras tostadas, nueces después), aceitunas y un enorme posgusto. Con un poco de temperatura, sale su caracter casi agreste y su mineralidad, mucho mayor que la que sale de los productos de Sanlúcar. Un vino extraordinario para esa jamón delicioso. Con la mezcla del relleno salieron varios cavas. Yo tenía grandes esperanzas, tras lo leído, en el Mas Comtal cuvée 2004, con chardonnay y charelo, pero me decepcionó un poco. Creo que la combinación era la correcta (el relleno con un cava de cierta crianza funciona, lo sé, lo he probado), pero me resultó algo plano y con poco volumen en boca. Tenía una burbuja tumultuosa, pequeña, bonita, y un amarillo intenso. Aromas de "pequeña" crianza asomaban, manzana reineta al horno (de las que en casa usamos para el relleno famoso, pero cuando va dentro de la bestia), algo de pastelería, anisados pocos, algo cremoso en boca pero, como digo, más bien plano, vínico y plano. Con los postres (turrones de la Colmena) hice un experimento: probé un riesling seco pero spätlese, a ver qué pasaba en su contraste con el marcado y empalagoso dulzor del turrón. Fracaso: el turrón "se comió" al Barzen spätlese Feinherb 2006, que, por otra parte, es un vino que me gustó. Pasa que errécon la combinación. Con un oro pálido, tiene aromas delicados de melocotón maduro, de albaricoque, de muscat, con carbónico en visual y casi nada en boca. Mínima nineralidad. Con el turrón, su paso por boca resultó muy discreto, pobre, y no hizo la función que esperaba, refrescar pero con poderío y alegría. Tras un buen rato sin dulce, el vino recupera su esplendor y adquiere otra dimensión en boca, mucho más agradable, amplia, redonda. Es un vino para primeros platos, en mi opinión, para arroces con pescado, por ejemplo, pero no para un turrón en Nochebuena.

Salgo ya de la primera trinchera, algo cabreado y mosqueado, cansado pero entero. Seguirá hoy, con los fastos propios del día de Navidad y en la tranquilidad de mi casa, prometo afinar mejor las combinaciones que proponga. ¡Que paséis un buen día de Navidad!

2 comentarios:

VadeBacus dijo...

Bones Joan: Ni Dios por aquí, ups!. Tú sigue que yo te leo, cuando tengo un rato pero te leo. Interesantes reflexiones pro-Navideñas jajajaja. Tengo un primo mayor que yo, diria que mayor que tú, que ama tanto o más que tú estas reuniones y fiestas familiares, jajajaja.
Au, hasta luego!
Carlos
PS: esta vez lo de las letritas de verificacion ha batido su record: 8 letras subiendo y bajando...

J. Gómez Pallarès dijo...

Buenas, Carlos, por desgracia lo de las letricas no puedo controlarlo. Pero para que no se cuele la basura cibernética, ya sabes que es necesario poner alguna "traba".
En fin...ayer seguro que no era mi mejor noche, con días de mal dormir de nuevo y mi susceptibilidad a flor de piel. Eso no es óbice, claro, como para que piense que este teatrín cada vez me apetece menos. Si pusiera a hablar de religión aquí, dejaría las cosas en su sitio, pero no toca!!! Y ya se sabe que lo único que nos e elige es la familia. No es que haya mal rollo, conste, es que cuando pienso qué hacemos y por qué lo hacemos, viéndonos como nos vemos cada quince días a mucho tardar, pues uno no acaba de encontrarle el sentido a la cosa. O te reunías para celebrar una fiesta religiosa o, por lo menos, lo hacías porque hacía un año que no te veías. Pues ni lo uno ni lo otro, pero con ingredientes de ambos. No hay quien lo entienda.
Y si le añades que cuando empiezo a hacer cosas con vinos, a comentar o a proponer esto y lo otro, temiran como a un perro verde, piensas ya "bufff...!!!".
En fin, que el Macharnudo alto estaba superior, de veras, el Mas Comtal mediocre de veras y el Feinherb en el lugar equivocado. Menos mal que tengo otra botella para darle una segunda oportunidad.
Un abrazo
Joan

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