13 diciembre, 2007

Domaine du Clos des Fées grenache blanc vieilles vignes 2005


Sigo con mi pequeña encuesta / cata de los vinos de Hervé Bizeul, dando ya por sentado que jamás os podré hablar de su joya de la corona, La petite Sibérie, pues como apuntaba mi amigo Víctor F., que no pierde detalle, su precio (casi en los 200 euros), lo hace inalcanzable a mi bolsillo. Me apetecía su garnacha blanca (Vin du Pays des Côtes Catalanes), casi monovarietal (con mínimos aportes de garnacha gris, por lo menos en 2004) y unos fideos a la cazuela, con un buen caldo de pescado, fueron la "excusa" ideal. Hervé es uno de los viticultores de más renombre del sur de Francia. Instalado en Vingrau, sus vinos son lo que algunos llamarían "de culto", o casi.


Yo, ya lo sabéis, prefiero probar las cosas y después opino. Las viñas de las que procede esta garnacha blanca están entre 250 y 400 metros de altitud, sobre suelos pobres, entre arcillas y calcáreos. La uva se selecciona ya en la cepa y es transportada en camión frigorífico a la bodega. El mosto se obtiene con presión muy lenta y delicada y la fermentación se realiza en acero inoxidable a baja temperatura. El vino obtenido reposa con sus lías y batônnage periódico durante por lo menos ocho meses. Hace la maloláctica completa y sale al mercado con 15% (sic!)


El tapón es ya una sorpresa: 50 mm que hacen pensar en la voluntad de Hervé de que este vino repose y se haga en la botella antes de su consumo. Pienso que empiezo mal, abriendo un 2005 en diciembre de 2007. Pero ya está hecho: visual de un amarillo pálido, sin matices, brillante. Primeros aromas a copa parada: nada. Cerrado por completo. Démosle tiempo (no me pareció vino para ser decantado, la verdad, ni creo que ahí estuviera el problema), me digo, y un poco más de temperatura ambiente. Al cabo de 15 minutos, salen aromas a hierba fresca y en boca, su punto más fuerte, se muestra amplio, casi carnoso, glicérico y con una estructura poderosa. Pienso que es vino para un servicio a 10ºC como mucho y le quito la chaqueta de frío. A los 30 minutos sigue cerrado y lo más que acierto a oler es a membrillo a medio madurar en el árbol. Al cabo de 3/4 de hora desisto: el vino sigue cerrado, no da para más, y sigo pensando que no es un problema de decantación sino de botella y vinificación. O una de dos, o he abierto este vino dos años por lo menos antes de lo que sería lo suyo, o esta garnacha de Hervé Bizeul del 2005 no da la talla. No sé si le daré una segunda oportunidad porque la botella sale sobre los 17 euros.

Por cierto, no quería dejar de decir (lo he sabido gracias a mi amigo Olif) que Hervé es de los pocos viticultores que posee un "blog". Es muy interesante este Le Blog de Hervé Bizeul: explica, a ratos casi en tiempo real, las vivencias, pensamientos, sensaciones, trabajos de Hervé. Un sitio muy recomendable, sin duda, bastante más, por ahora, que su garnacha blanca de viñas viejas 2005.

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