27 noviembre, 2007

El "mal di pancia" de Paolo


Paolo, de la Azienda Agricola Vitivinicola Cascina i Carpini, publicó el día 7 de noviembre de 2007, un comentario en su blog de Vinix. Estaba nervioso, sentía dolor de barriga ("mal di pancia"), emoción, desilusión, de todo vaya, porque había mandado sus muestras al III Concurso Internacional del Barbera. Como un niño ante una nueva aventura. He leído a fondo sus comentarios, sus reacciones, las de los profesionales, tanto del concurso como fuera de él, que le animaban, que le informaban, que le decían, finalmente, que no había superado el corte (85 sobre 100) por muy poco. Alguno de ellos apunta (entrada número 31 de ese comentario, firmada por Mimmo) que los jueces (sobre todo los extranjeros) se equivocan "per metodo, per scheda, per tipologia, per inganno organolettico, per simboli e valori non appropriati...queste commissioni, che si danno aria di perfezione gli può dare un vino costruito con additivi, fare un grande vino per loro e fregarli."

Por supuesto, no siento la necesidad de defenderme de nada ni de nadie. Pero a Mimmo quisiera decirle que generalizar no es bueno para que reluzca la verdad, y que en esa comisión nadie se las dió de nada, y mucho menos de perfección. La gente se portó muy profesionalmente, degustó tan bien como supo, puntuó en una ficha muy meditada, sin duda mejorable, pero muy meditada; y había una cantidad tan importante de especialistas italianos, enólogos y periodistas, que la influencia en los errores de percepción organolépticos por parte de los extranjeros (entre los que me cuento, aunque en Italia me sienta como en casa) habrá sido mínima, si la ha habido. Y además, entre los extranjeros, exceptuándome a mí, había grandísimos especialistas, con muchos años de cata y de profesión a sus espaldas. Por no decir que dos de ellos son los máximos responsables de dos de los concursos más importantes del mundo.

A Paolo quiero decirle que no sé cuáles fueron sus vinos ni cómo los puntué. El anonimato fue absoluto hasta el final. Pero su historia y la narración de sus emociones, miedos, esperanzas y ansias, me han emocionado a mí también. Sólo deseo que el esfuerzo que, por ejemplo yo mismo hice, en señalar muchos descriptores para cada vino catado y, además, añadir comentarios siempre que fuera necesario, le puedan servir de algo en el futuro. También sé que gente como él, con sus ganas, pasión y voluntad, acaba siempre haciendo grandes vinos. Y, por supuesto, los grandes vinos siempre existen al margen de jueces y concursos porque son los que la gente ama y bebe. Son grandes y basta. Ojalá que los suyos sean así.

La página web de la bodega de Paolo es ésta: Cascina i Carpini.

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