18 octubre, 2007

Lindenbräu Rundschau

Berlin es una ciudad, qué paradoja, sin ciudad, algo que nace de la destrucción masiva (Segunda Guerra Mundial), del descuido irreparable (RDA) y, al mismo tiempo, de unas ganas indescriptibles de hacer, de crecer, de inventar de nuevo un espacio que se intuye cómo fue en mínimas porciones. Berlin, más que nada, quiere volver a ser el centro de Europa y del mundo. No soy quién para decir si lo está consiguiendo, pero los viajeros que rastreamos durante horas y horas la ciudad a lo largo de cuatro intensísimos días damos fe de que están poniendo todo de su parte para conseguirlo. Aterrizaje suave, transporte cómodo, frescas temperaturas (por las mañanas, frías de veras), poca lluvia y mucho sol invitaban a andar, a descubrir, a reconocer las señales de la historia, de la destrucción de edificios, cuerpos y almas y, al mismo tiempo, a ver cómo Fénix resurgía, de nuevo, de sus cenizas. Una sola condición, medio en broma medio en serio, "propuse" a mis compañeros de viaje: ¡ni una pizza! En Berlin, comida y bebida alemanas y, a ser posible (que lo es a ratos), berlinesas. Todavía no sé por qué, pero me hicieron caso.

Hotel junto al canal (Tempelhoffer Ufer), primeras calles y sensaciones (la casa de Willy Brandt, sede del SPD) y directos a lo más tecnológico e impactante de la ciudad: Potsdamer Platz (foto de la derecha, BY A. Pujol). Del siglo XIX no queda más que el nombre, pero el espacio, su configuración a medio camino entre el infinito y la verticalidad y luminosidad de sus edificios, no deja indiferente a nadie. Saludos a la puerta de Brandenburgo, vista sobre la ciudad, poco iluminada, desde la cúpula del Reichstag y vuelta a la plaza, para saciar el hambre y la sed, en una de las combinaciones más alucinantes que ofrece la ciudad: Lindenbräu Rundschau (foto de la izquierda, de su web).

Se trata de una cervecería del más puro y tradicional estilo bávaro, situada en el corazón mismo del high-tech berlinés, en Bellevuestr. 3-5, en las entrañas del Sony Center. Brez'n fresquísimos, casi calientes (qué delicia), codillos de cerdo o de cordero, todo tipo de embutidos y de salsichas, ensaladas de patata y, lo más delirante de todo, "leberkäse" (embutido de cerdo que no siempre lleva hígado, y que se pasa por la sartén), con "spiegelei" (no hay como mirarse ante el espejo de ese huevo frito para saber que has vuelto a Alemania), ensalada de patatas y un poco de col fermentada.

Pero eso no es lo mejor de Lindenbräu. Lo mejor es que ellos mismos se hacen la cerveza (los tanques en medio de la planta baja del comedor) y cómo la hacen!!! La reina, que, tras las degustaciones de cuatro días, fue coronada por toda la tropa como la mejor de las probadas, es la "weissbier" (foto de la derecha, BY J. Estruch). Se trata de una cerveza de doble fermentación, con levaduras añadidas, mitad cebada, mitad trigo.

El resultado del proceso es una poción de bellísimo color caoba pulida y barnizada, una textura densa y sabrosa, una espuma muy considerable, que dura y dura, y unos aromas y sabores propios de la fruta madura, con un poco de regaliz de palo, frutos secos tostados y, sobre todo, aromas a trigo. Muy ligeramente amarga, se convirtió en una embajadora ideal de las bondades alimenticias de la cerveza y, por supuesto, en la mejor compañera posible para esa primera noche y para las viandas de Baviera.

Tanto gustó y tanto corrió que hubo quien confundió la grua que tenéis en la foto y su publicidad luminosa (BY J. Estruch), con la luna en cuarto creciente. No digo yo que a lo lejos no se pudieran confundir, ¿verdad?, pero la noche del Lindenbräu Rundschau (un lugar a retener) ha pasado ya a los anales de la hermandad de viajeros como "la Noche de las dos lunas".

2 comentarios:

Hola! dijo...

Y ahora que tengo ganas de ir a Berlin que hago? Aprovecharé espero cuanto antes de tu reportaje. Bravo davvero, Alberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Gracias, Alberto: en los próximos días voy a seguir escribiendo unas cuantas notas sobre Berlin.
Attenti al lupo!!!
Salute,
Joan

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