11 septiembre, 2007

El terme de Manacor

"El terme de Manacor és un foravila inconmensurable i sec. Ve tot d'una després d'on, un temps, hi havia hagut Felanitx. Les senyes del seu abrupte començament són la fila de runes de molins de vent, com torres de guaita evacuades de pressa, davant la imminència d'atac d'un paorós enemic..." Así define un querido amigo en su último libro el espacio que la "civilización" ha dejado, ahora, libre entre las actuales poblaciones de Felanitx y Manacor. En "el terme de Manacor", en casa de mi amigo, con él, con su familia, con algunos amigos comunes, he pasado muy buenos momentos de éste y del pasado verano. Un lugar abrupto, de espacios a ratos clausurados, a ratos infinitos, que adquiere tonos y colores extraordinarios al atardecer, te acoge entre pequeñas parcelas de cepas, almendros, olivos, encinas, rebaños y variedad de pájaros, entre los que sobresale el "sebel.lí". Tengo para mí que este pájaro ("torlit" en catalán de la península; alcaraván en castellano, Burhinus oedicnemus para entendernos), con sus "xiscles pausats...i, a vegades, les fortes remors de les seves ales volant cap a les clapes de bosc de més lluny", es el que lleva a cuestas y expresa, con sus ojos, los espíritus de aquellos que vagan sin reposo tras la desaparición de un Felanitx que ya no volverá a ser.

En el "terme" de Manacor hemos comido las mejores gambas, de Porto Colom, simplemente a la plancha; hemos tomado el más sabroso "mè", que pocos días antes todavía "charlaba" con los alcaravanes en el campo frente a la casa; hemos probado extraordinarias cocas de verduras y de pimiento y, este agosto, nos hemos topado con el mejor tumbet (en la foto, un primer plano) que jamás me haya sido dado probar. El tumbet es una de las recetas emblemáticas de Mallorca, quintaesencia de las cualidades de la isla: la mejor verdura recién cogida, paciencia y lentitud en la confección y un buen aceite. Berenjenas, calabacines, pimientos, patata, todo cortado a rodajas algo gruesas y pasado por aceite por separado, reposa unos instantes para que pierda por completo ese aceite. Después se sofríe cebolla en el mismo aceite y, al final, se añaden los tomates troceados. Cuando están casi al punto, se escachan y se hace evaporar el líquido: no es, el tumbet, un "sugo" de tomate. Finalmente, se van disponiendo por capas las verduras y el tomate en una fuente o cazuela que vaya al horno y allí se redondea la cocción por unos minutos. El resultado puede sera algo tan sabroso y espectacular como lo que véis en la foto.

Una buena opción para acompañar este tipo de comidas es un rosado del año. Uno de los que más me ha gustado este verano en Mallorca es el Son Caló rosat 2006 de Miquel Oliver. Se trata de la bodega insignia de Petra, una de las más reconocidas en la DO Pla i Llevant, que presenta, este año, un rosado muy interesante, confeccionado con algunas variedades emblemáticas de la isla: callet y fogoneu, con aporte frutoso de la tempranillo. Le da una buena complejidad la maceración de dos días con los hollejos, tras lo cual ha fermentado otros diez, a temperatura controlada y en depósitos de inoxidable. Pasa una leve crianza en roble y ha sido embotellado en marzo de 2007. Yo aconsejo consumirlo (a pesar de lo que dice la web de la bodega) sobre los 10ºC y, por lo catado, puede alargar su vida hasta 2008 a la perfección. Es un vino que tiene el atractivo color del fruto del granado, limpio, brillante, intenso. Tiene una nariz y un sabor bastante tánicos, casi "antiguos", con personalidad y presencia, cuerpo y algo de profundidad: es un rosado atípico en Mallorca, que recuerda, casi, al excelso de Bàrbara Forés o al PV de Pago del Vicario. Aquí no hay palotes de fresa ni caramelos de nada, hay aromas muy marcados de la mora en su zarza y de la zarza mismo y un paso por boca fuerte y con carácter, que remata en un posgusto agradablemente amargoso, como de corazón lígneo del fruto del granado. Un vino para disfrutar, sin duda, al fresco del atardecer, junto a encinas y algarrobos, oyendo el canto angustiado de los alcaravanes, mientras uno siente casi cómo la tierra se va deteniendo, poco a poco, bajo los pies.

Los entrecomillados del texto pertenecen al libro de Miquel Barceló, El terme de Manacor, Ensiola Editorial, Muro, 2007 (ensiola@imuro.com, ISBN 978-84-935494-4-2). No es mi objetivo, con este blog, hacer crítica literaria, pero quien haya disfrutado con El llano en llamas y Pédro Páramo de Juan Rulfo, tiene que acercarse a este libro de relatos.

Una traducción del primer entrecomillado en catalán podría ser: "El extremo de Manacor es un paraje fuera de la villa inconmensurable y seco. Llega sin más después del lugar donde, tiempo atrás, se encontraba Felanitx. Signos de su abrupto inicio son la hilera de restos de molinos de viento, torres de vigía evacuadas con prisa ante la inminencia del ataque de un pavoroso enemigo..."

Del segundo entrecomillado: "chillidos pausados...y, a ratos, el poderoso batir de sus alas volando hacia los claros del bosque, a lo lejos".

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