20 septiembre, 2007

Cita a ciegas con el vino














Hace cierto tiempo tuvimos un debate sobre las catas a ciegas a partir de la experiencia que Quim Vila preparó para los miembros de ETB. Mis sentimientos fueron, por una parte, de agradecimiento por haber vivido una experiencia única y excitante y, por la otra, de confirmación de que las catas a ciegas no eran, sin dudarlo, mi forma preferida de acercarme al conocimiento del vino. No quiero ahora hacer apología del acercamiento "intelectual" a una botella de vino, pues me siento fundamentalmente epicúreo en esto (es decir, disfruto catando y conociendo vinos con la misma intensidad con la que lo hago adquiriendo conocimientos sobre los mismos, pero el objetivo primero no es saber más, sino disfrutar probando y, después, conocer mejor). Pero en la cena que he comentado en "Hotel 54", pasó algo que me hizo volver a pensar en el asunto: de entre la botellería, un amigo trajo una magnum tapada y propuso el consabido "juego" de "a ver quién la acierta".

No diré marcas en concreto ni nombres, por supuesto, pero de los presentes (gente con mucha experiencia en el asunto, doy fe) sólo oí dos personas que dieran con la zona y una, con la añada. Y se trataba de un DO Ribera del Duero, no especialmente desconocido por nosotros. La persona que lo trajo tenía claro que esa botella olía más bien poco a Ribera, por así decir, pero la botella ahí estaba y la cruda realidad, de nuevo, ante mis narices.

Y qué casualidad, E. Asimov, en su blog The Pour, volvía a sacar hace muy poco, después de esa experiencia, el tema. Y sus reflexiones me vienen perfectas para remachar mi opinión. Dice Asimov que "To make a crude generalization, those who without question favor blind tasting tend to believe all that matters is what’s in the glass. The method of tasting wine blind, without knowing the producer, is intended to narrow the area of evaluation to what’s in the glass." Yo no sé si generalizaría tanto porque he conocido gente que lo hace, sencillamente, para pasarlo bien incluso haciendo trastadas a quienes se atreven con la cata a ciegas. Pero sí tengo claro, como Eric, que en una cata a ciegas lo único que cuenta es el contenido de la copa y poner a prueba al catador. Y aquí voy a lo que era y es mi principal argumento (quizás la palabra sea demasiado "fuerte": no pretendo convencer a nadie de nada, tan sólo explicarme y explicar por qué no me siento cómodo con este tipo de catas) y, creo, el de Asimov: "It seems to me that when you remove a wine from its context" (es decir, cuando lo tapas y ocultas toda la información al bebedor en el momento en que se acerca al vino) " you are eliminating the conditions for understanding it properly. And if you insist that this context is irrelevant you almost insure that you will never understand the wine. It’s almost an anti-intellectual position. Obviously what’s in the glass matters. But I think the more knowledge you can bring to a wine, the better your understanding of that wine will be."

Por supuesto, lo que hay en la copa es fundamental, pero si uno no tiene claro qué bebe (y con la experiencia del Hotel 54 ya tengo claro que eso sólo sucede a botella destapada) es imposible que entienda qué está bebiendo. La pregunta salta espontánea: ¿es imprescindible entender qué se bebe para disfrutarlo? Ciertamente no, pero entonces tanto la cata a ciegas como cualquier otra degustación a botella destapada se convierte, "tan sólo", en un puro ejercicio de hedonismo. No digo que esté mal, por supuesto, a veces lo he hecho y respeto mucho a quien se acerque al mundo del vino para buscar sólo eso. Pero yo, en general, busco otras cosas y parte de mi pasión por el vino consiste, también, en saber dónde se produce, quién y por qué y cómo lo ha hecho, desde cuándo, en qué circunstancias, cómo es su tierra, etc. Añado tan sólo que todo ello (por lo menos eso intento yo) tiene que ser hecho sin prejuicios, con humildad y acercándote a la botella sin apriorismos: sabes qué tienes delante, sabes de dónde viene, quién lo ha hecho, pero vas a catar. Y ahí no valen ni nombres ni zonas ni culturas del vino. El vino en la copa, tu nariz, tu vista y tu paladar. Si hubiera hecho eso con la botella de Ribera del Hotel 54, hubiera concluido que su productor busca algo especial con esa vinificación, pues ni en nariz ni en boca (y en eso coincidió plenamente quien aportó la botella) ese Ribera se parecía en nada a los 10 últimos Riberas que he probado más o menos recientemente. Y por supuesto, hubiera entendido antes el efecto beneficioso de las botellas de 1,5 l sobre un Ribera de Duero.

Porque si no, por lo menos yo corro el serio riesgo de que me suceda lo que me pasó por lo menos en dos ocasiones en la cata de Quim Vila: que a copa tapada no disfruté ni la mitad algunos de los vinos que descubrí que había estado probando, cuando se destaparon botellas e identidades. ¿Que tengo un problema? Pues seguramente sí, pero reconozco que me gusta tener más información que "sólo" la que me proporciona el contenido de la copa. En este sentido, no rechazo de plano (eso sería dogmático, y no creo serlo) las catas a ciegas, pero, como bien finaliza Asimov, "I am saying take them" (es decir, las catas a ciegas) "with a grain of salt. Do not award them an authority they don’t possess. Let’s stay humble about wine. Let’s be comfortably ambivalent rather than so sure of ourselves." Pues eso. E intentemos, como dice el chiste, que una cita a ciegas con el vino no se convierta "en la más desgraciada cita a ciegas que jamás haya visto."

La foto de E. Asimov, de Brent Murray By NYTimes.com; el chiste By Indolent Files.wordpress.com.

29 comentarios:

La Guarda de Navarra dijo...

Estoy de acuerdo contigo, pero solo a medias. Comprendo que se disfruta más conociendo lo que se bebe y todo lo que rodea, que si no se conoce. Me encanta catar en bodegas, amo hasta la locura probar el vino de las barricas y conocer a quien lo hace me parece fundamental.Pero no negarás que desconocer aporta la sal y la pimienta que le resta catar mediatizado por el enologo, por la bodega, por la marca, etc origen del vino.
Yo comparto el vino con mucha gente, varios de los cuales son profanos absolutos de la materia. Pues a veces tienen razón al criticar un vino que desconociendo todo sobre él no les satisface, mientras los demas estamos absortos comprobando su procedencia, su nombre o su historia. Ellos catan con el paladar, no son apasionados. Nosotros muchas veces lo hacemos con el corazón errando irremediablemente y cegados por su fama.
Yo habitualmente pruebo los vinos y apunto todo lo que me parecen. luego léo o buceo en la red buscando referencias o detalles interesantes. y vuelvo a probarlos. Te aseguro que alguna vez en nada coinciden la primera y la segunda sensación obtenida.
Es un buen tema para desarrollar y opino, para terminar, que hay muchos vinos de lso considerados top que no pasarian una selección a ciegas.
Un saludo y perdon por la extensión.

encantadisimo dijo...

Ya sabes que estoy contigo en esto, Joan. La única forma de disfrutar de un vino en su plenitud es enfrentarse a él con las cartas boca arriba, cualquier otra cosa es sólo un juego que puede ser más o menos divertido.

J. Gómez Pallarès dijo...

Nada de perdones por la extensión, amigo la Guarda, está miy bien! Yo diría que sobre todo con los profanos absolutos que se acercan al vino de la mano de alguien más o menos entendido, es especialmente interesante el punto de vista que recomiendo y me aplico: demos toda la información a botella destapada, expliquemos qué representa lo que vamos a beber y, finalmente, enseñemos a hacerlo SIN PREJUICIOS. Mi punto fundamental es éste: por mucho Cheval Blanc que yo tenga delante, llega un momento en que estoy con mi nariz y mi paladar y mi vista solo ante la copa. En ese momento, yo no conozco ni a mi madre. Cato y opino libremente, intento fundamentar mi opinión, y ya está.
Si se prepara un divertimento, un juego, entonces el campo es tan amplio como lo sea la imaginación de cada uno y ahí cualquier tipo de cata a ciegas es, también, bienvenida: simple (te dicen que estás catando garnachas del Priorato, pero no te dicen de qué bodegas) o doble (ni variedades ni zonas ni nada, botella tapada y listos).
También hay otro campo en que una cata a ciegas puede ser útil: aquella en que grandes intereses económicos pueden estar en juego en una celebración, digamos, y le piden a un comité que recomiende 3 tipos de vino porque se van a encargar mil botellas de cada vino y tendrán una publicidad enorme. Ahí sí recomoendo yo una cata a ciegas, por ejemplo.
Pero para conocer y saborear, sigo decantándome por tener la botella destapada y catar sin prejuicio alguno.
Saludos!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

En efecto, amigo Encantadísimo, estamos de acuerdo plenamente. Aunque si tienes tiempo de leer lo que propongo a La Guarda, además del divertimento, hay también otras posibilidades en que, quizás, una cata a ciegas pueda ser no sólo útil sino también recomendable.
Pero en los contextos habituales en que nos movemos la inmensa mayoría de ocnsumidores, y especialmente diría yo cuando quieres iniciar a alguien que no sepa nada del asunto, sigo prefiriendo la botella destapada.
Saludos,
Joan

Gourmet de provincias dijo...

Creo que defendemos posicionamientos eno-gastronómicos (perdón por el invento) similares. Digamos que defiendo una aproximación global (al menos lo más global posible), intelectual si lo preferimos, en la que lo que está en la copa-plato es fruto de unas circunstancias, de un lugar, de un momento y de una filosofía concreta, es un eslabón en todo un proceso evolutivo y, como tal, descontextualizado pierde parte de su sentido.

Ese es, en mi opinión, el punto flojo de muchos proyectos eno-gastronómicos. Cuando se intenta cocinar como otro, cuando se quieren lograr vinos como los de otra zona, cuando se obvia la cultura gastronómica de un lugar o cuando se quieren transplantar sin más fórmulas foráneas pueden resultar, en ocasiones, cosas interesantes, pero en muchas otras se desemboca irremediablemente en el fiasco.

Y todo eso al margen de que esa aproximación intelectual aporta muchos más alicientes que la mera degustación (que no es que esté mal por si sola, ni mucho menos) pero que, de alguna forma, se ve complementada de esa manera.

Víctor C. dijo...

En la medida en que todas las opiniones son entendidas y respetadas por todos. Personalmente sí estoy a favor de las catas a ciegas como un simple ejercicio o divertimento...

El problema es entrar en un dinámica competitiva, que inevitablemente puede surgir con facilidad y quizás casi inconscientemente, y en este punto sí estoy en desacuerdo con las catas a ciegas.

Personalmente, lo veo como un entretenimiento, y hasta cierto punto necesario. Cuando? Pues por ejemplo en un grupo númeroso de cata (por ejemplo los grupos de cata). Porque favorece el silencio, el orden y la concentración sobre lo que tenemos en copa... Punto muy a tener en cuenta... Por otro lado, si cada cual sabe sacarle el lado positivo, e insisto en lo erroneo que es tomárselo con el más mínimo sentido competitivo, puede ser un buen ejercicio de análisis y enrequicimiento individual... Por ejemplo si creemos que entendemos o sabemos de alguna zona productora o tipo de vino, a ciegas verás cuanto estás en lo cierto... No me importa decir que en una cata a ciegas de Cavas, estaba convencido que el que más me gustó era un Champagne... El vino era un estupendo Leopardi de Llopart. O por ejemplo la de barbaridades que dije del Salon BdB del 96 que catamos en Ca'l Vila, no hay problema, como no me creo ningún entendido de nada, no supuso ningún trauma para mí, nada de los ejemplos que cito. Me sirvió para aprender un poquito más. Fantástico!!

Creo que estaremos de acuerdo Joan, que diversificar es bueno... Ni siempre deben ser a ciegas, ni sempre a botella descubierta.... Depende, siempre depende...

Pero yo me lo paso muy bien catando a ciegas y diciendo barbaridades :))) No tengo problemas en meter la pata, no me preocupa en absoluto dejar al descubierto mis carencias como catador, mi prestigio no está en juego, de dónde no lo hay... No siento que me la esté "jugando", al dar una opinión desacertada en una cata a ciegas.

Ahora bien, "clavar", un vino a ciegas alguna vez en la vida, es un "subidón" que te c..... :))) Luego en el siguiente vino, no te preocupes que volverás a tocar de pies al suelo :))) (este párrafo, es simple ironía)

Además para disfrutar un vino a botella vista, no quita que le puedas dedicar unos minutos "jugar" a catarlo a ciegas... Luego el resto de botella, a botella vista. Ahora recuerdo el ejemplo de la botella aquella de Palmer 2002 que abrí aquel día, te acuerdas? Hubo para todo...

Ahora bien, en lo que no creo en absoluto es en darle credibilidad a una cata a ciegas... Es un divertimento y punto. Lo dicho si te lo tomas con el más mínimo espíritu competitivo "las cagao" :))

Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Querido GdP, sin pretender asumir el adjetivo "intelectual" más allá de que indique "aprehensión, comprensión" de algo, estoy de acuerdo contigo en que puede haber cierta semejanza entre el mundo del vino y el mundo de la comida. De todas formas, y ya me corregirás si me equivoco, las "degustaciones a ciegas", en el mundo de la comida suelen ir más bien encaminadas a hacer probar eventuales nuevos sabores que se quieren introducir en el mercado, ¿no? Por otra parte, creo que en la comida y la cocina, las degustaciones a ciegas, es decir aquellas en que pruebas un plato a plena luz pero no sabes quién ni con qué lo ha hecho, están muy ligadas a concursos y similares, creo. Con Víctor C, comentaré algo sobre este último punto (competición).
En lo que estamos plenamente de acuerdo es en que el mundo del vino y el de la cocina, es decir lo que llamamos enogastronomía (por decir algo), son lo mismo en la base de mi argumentación: si no sabes qué comes o bebes, si no sabes quién lo ha hecho y cómo, te quedas con la mitad de la película, no puedes comprender siquiera cabalmente qué tienes delante (eso apuntaba Asimov también). Y eso, a mí, como a ti, no me gusta.
Saludos!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Víctor C., muchas gracias por tu extenso comentario. En efecto, conozco bien tu posición porque la hemos comentado de uisu en alguna ocasión (es decir, frente a frente!) y estoy de acuerdo contigo en que si se tomara la cosa exclusivamente como un divertimento por parte de todos los asistentes, pues se podrían combinar varias modalidades. De hecho Asimov, para no cargarse por completo las catas a ciegas, concluye así: démosles el valro que tienen y punto y no pensemos que tienen más valor del que tienen. Pero es que, y tú lo has tocado en la parte final de tu intervención, esto no es así NUNCA (hasta donde yo llevo visto y comentado), porque la cata a ciegas, en un evento que no sea directamente competitivo para profesionales o de selección de algo en el marco de un concurso que adjudique caldos para una celebración (otro caso donde la a ciegas sería bien defendible), siempre acaba siendo, por una parte, competitiva y, por la otra, retadora para quien se mete en ella.
Competitiva porque, quieras o no, surgen multitud de comentarios del tipo "ves, ya de dije yo que era...", y etc. Retadora para quien lo hace porque, quieras o no, te estás retratando y "desnudando" ante otros. Estos do aspectos no me gustan nada. Asimov da en el clavo cuando dice que este tipo de catas sirven, bien para probar una gran cantidad de vinos de, por ejemplo, una añada y una variedad de uva (para dar un premio, pongamos por caso), bien para poner a prueba a los catadores a ciegas, por ejemplo para elegir a quien acierta más de todos ellos.
Yo no creo en esta aproximación al mundo del vino. Y si quiero ser algún día Master of Wine (cuando me prejubile, me meto a ello), ya veremos si entro a ese trapo. Pero mientras sea, espero, "sólo" un buen "amateur" del vino, no me interesan especialmente. Si fueran realmente como tú las describes y sé perfectamente que tú te las tomas (un divertimento en que rie tanto o más quien organiza que quien se aviene a participar), pues alguna haría. Pero creo que la gente no se las toma así.
¿Ves? Al final te he devuelto el rollo!!!
Un abrazo,
Joan

Víctor C. dijo...

Pues no lo tengo claro Joan, en el caso que intento concretar... Dependerá de cada una de las individualidades, pero te aseguro que no ha sucedido así en un buen número de catas a ciegas con grupos de idem en que he participado, no, lo siento, no me ha sucedido, ni tampoco me parece que sucedió en lo de Ca'l Vila. Aunque, sí en realidad te doy la razón, puede que suceda casi irremediablemente... En lo de Palmer tampoco sucedió, y tampoco creo que sucediese en una cata de nuestro grupo...

Yo la verdad no me resigno a hacer catas a ciegas, la verdad, me lo paso tan bien...

El Huet del 97, te lo daré a ciegas, a ver qué adivinas :)))

Saludos.

Víctor C. dijo...

Perdón "quisir". "No me resigno a NO hacer catas a ciegas".

Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Queda perfectamente entendido: tu postura es que te lo pasas de primera con las catas a ciegas y ahí estás. La mía es que no me lo he pasado tan bien, y cuando me puse a pensar por qué, pues han acabado saliendo estos dos comentarios.
Saludos!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Tú mismo lo has escrito, compañero "sucede irremediablemente", por una parte; y "cuando aciertas una, te queda un cuerpo de ...", por la otra. Eso resume un poco un tipo de situación que a mí no me apetece mucho.
Y tienes muchísima razón con lo de Palmer, sí señor. Pero es que ése, si la gente estuviera al quite de esa pequeña reunión, es un claro ejemplo de lo que sería perfecto: muy poca gente (cuatro), perfectamente avenida y con una sensibilidad parecida, se reúne para hacer una comida, pocas cosas, muy biens eleccionadas. Uno de ellos hace ese juego, de acuerdo, y presenta una botella tapada. Recuerdo bien que eso fue mi "bautismo de fuego" porque tú comentaste "a ver de qué madera está hecho este nuevo!". Pero era todo de muy buen rollo, para entendernos!!! ¿Y en qué acabo todo? En un alegre debate entre los otros tres, hasta que acabamos bordando entre los tres, zona marco y subzona (marca y añada, ya no).
Ése sería un buen ejemplo, sí señor, de un momento divertido pero que, al mismo tiempo sirvió para aprender conjuntamente. Pero normalmente no van exactamente por ahí las sensibilidades de la gente.
Joan

Víctor C. dijo...

Está claro Joan, posturas distintas, pero nos entendemos perfectamente que quiere decir cada cual...

Ojo, que el comentario sobre a lo "del nuevo", era absolutamente de broma, y nada, nada que ver con la realidad, a menudo digo lo contrario de lo que pienso simplemente para provocar... Pero el juego no iba para tí, aunque lo comentase, nada que ver con la realidad...

Saludos.

J. Gómez Pallarès dijo...

Ya lo sé, amigo mío, que era de broma. Y quede claro que he puesto ese encuentro (del que nada había dicho) como ejemplo precisamente de un momento de una cata a ciegas que disfruté sin más. Pero ha sido la excepción, hasta ahora, claro está. Excepción en el sentido de que en las otras ocasiones siempre me he quedado con algún "mal sabor" de boca, poca cosa, pequeño sin duda, pero "mal sabor" al fin y al cabo. En el encuentro con tu Burdeos nada de esto pasó.
Un abrazo,
Joan
Un abrazo,
Joan

Gourmet dijo...

Joan, por supuesto que utilizo el término "intelectual" con esa acepción restringida. De ahí que la haga más o menos sinónimo de "global" en este caso, es decir, la experiencia que va más allá de la mera degustación y que la entiende en su contexto (y cuanto más extenso sea, mejor).

Con lo de las catas a ciegas gastronómicas no hablaba tanto en un sentido literal (que como dices se restringe más a competiciones) que a no saber qué estás probando. A mi al menos me ocurre que en esos casos en los que la única información que tengo es lo que hay en el plato me quedo "a medias". No diré que la necesito, pero agradezco enormemente información complementaria, sobre todo si estoy fuera de una zona en la que conozco más.

Me gusta saber qué pescado o carne es aquella, de donde viene (si es que no es habitual de la zona), si se ha elegido por algún motivo especial... Por eso disfruto tanto de las Xantanzas de Blogs Gastronómicos, porque son una ocasión única (o al menos rara) de sentarte con el cocinero y oir lo que tiene que decir.

J. Gómez Pallarès dijo...

Sí, entiendo perfectamente qué dices porque me pasa exactamente lo mismo. Pongo siempre como ejemplo el ir a comprar al mercado. Yo siempre pregunto que de donde viene esto, que de donde aquello, etc., quiero saber qué como! Y cuando no he ido a comprar yo y pregunto "¿de dónde viene este tomate?" y no saben decirme, me pongo de los nervios, vaya.
Vuestra experiencia con las Xantanzas, por lo demás, es impresionante, un buen ejemplo para todos.
Saludos,
Joan
PS. Por cierto, mientras tú escribías aquí, yo escribía en tu blog al mismo tiempo!

SobreVino dijo...

Interesante apunte, Joan.

Añado a todo lo ya comentado otra reflexión. El auge de las catas a ciegas va en paralelo al alza de la popularidad en la asignación de puntuaciones a los vinos. Y también a una creciente obsesión (al menos así me parece a mi) por clasificar los vinos en rankings de todo tipo.

Para los defensores de la cata sistemática a ciegas, su utilidad es indiscutible.
Así, cuando el fin último es establecer una lista de los mejores vinos en un orden que pretende ser absoluto y objetivo, o cuando se busca asignar un número a cada vino, como descriptor científico, objetivo e irrefutable de su calidad, la herramienta parece clara. La cata a ciegas. Elimínese del "proceso de cata" cualquier factor "subjetivo", y el resultado será una valoración objetiva y definitiva.

Lo cuestionable de esta argumentación ya lo hemos comentado en otras ocasiones: no cabe objetividad pues no somos objetos, sino sujetos. Ni nuestros sentidos son instrumentos de medición, sino receptores de estímulos "multidimensionales".

Personalmente he participado en algunas catas a ciegas. Algunas han sido francamente divertidas, coincidiendo con aquellas en las que nadie pretendía juzgar vinos, sino "jugar" con ellos.

Ah, y de identificar procedencia de vinos a ciegas... debe resultar cada vez más dificil, con Riojas tintos que parecen vinos del Levante, Ruedas que pasarían por vinos neozelandeses y blancos navarros en los que la chardonnay parece sauvignon blanc.

Espero no haber resultado demasiado "espeso".

Saludos,

Sobre Vino

encantadisimo dijo...

Sobrevino, lo de la valoración objetiva y definitiva puede ser cierto en la cata a ciegas de un único vino. Cuando se trata de varios vinos, algunos de ellos pueden verse afectados por los que tiene más cerca. Un simple cambio en el orden de los vinos (habitualmente colocados en orden creciente según su potencia o vejez, lo cual elimina automáticamente los más ligeros o jóvenes) puede cambiar el resultado final. Eso sin contar con el factor saturación.

encantadisimo dijo...

Se me ha ido el comentario anterior antes de tiempo. Quería añadir que las catas a ciegas de varios vinos sólo tienen utilidad, como bien indica Joan más arriba, para que profesionales entrenados puedan seleccionar vinos con un determinado perfil entre varios de sus mismas carácterísticas. Cualquier otra cosa es un mero divertimento absolutamente intrascendente. Y lo de adivinar un vino a ciegas... ni te cuento.

J. Gómez Pallarès dijo...

Gracias, Sobrevino, y gracias por tus comentarios también porque apuntas dos temas complementarios al principal que son interesantes también:
Primera: "Personalmente he participado en algunas catas a ciegas. Algunas han sido francamente divertidas, coincidiendo con aquellas en las que nadie pretendía juzgar vinos, sino "jugar" con ellos." tengo claro que en la mayor parte decatas a ciegas No profesionales (es decir, que no se trate de concursos de vinos o de catadores/sumilleres) loq ue se acaba juzgando no es al vino sino al catador. Si sólo fuera un juego...pero la naturaleza humana es lo que es, no nos engañemos.

Segunda: "Ah, y de identificar procedencia de vinos a ciegas... debe resultar cada vez más dificil, con Riojas tintos que parecen vinos del Levante, Ruedas que pasarían por vinos neozelandeses y blancos navarros en los que la chardonnay parece sauvignon blanc." Yo lo digo con bastante convencimiento: las catas a ciegas NO profesionales tendrían que ser sólo con vinos monovarietales y aún y así, como bien apuntas, cada vez se hace más difícil identificar una variedad concreta vinificada en una zona concreta. Ése es un "problema" (o no, será según quien lo mire y cómo lo haga: para mí sí lo es) porque se están perdiendo los orígenes y características de una zona en favor de gustos dominantes, colectivgos, de "enólogos voladores" que hacen más o menos lo mismo allí donde vinifican, etc.
Y de espeso, nada!
Esto de la cata a ciegas está dando lugar a un montón de temas concurrentes la mar de interesante.
Buenos días!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Además de la última precisión de Encantadísimo, con la que estoy completamente de acuerdo (como ya había escrito antes), apunta él en la penúltima otro tema concomitante, con el que me / nos topé / topamos en la macrocata a ciegas que montó Quim Vila: el de la sucesión de vinos en la cata. Es tan tan tan manipulable esto en cuanto a la percepción que uno recibe de los vinos, pero tanto que un resultado con un vino concreto puede variar radicalmente según el lugar de la "cadena" en que lo pongas. Y no hablo ahora de puntuaciones, claro, pero pongo un ejemplo de percepciones organolépticas mediatizadas por el lugar del vino en el momento de su cata: un Belondrade y Lurton del 2003, en botella de 0,75 que, como sabéis perfectamente quienes leéis esto, es un verdejo fermentado en barrica de roble, que sea catado ANTES que, por ejemplo, un Guitiñan de godello 2006 SIN madera en botella mágnum. Y después haced el proceso a la inversa y veremos qué percepción recibimos de ambos vinos en una cata a ciegas. Yo he vivido esto. Y la segunda: en una cata a ciegas se propone un vino en botella mágnum y al cabo de dos meses (con mis percepciones bien frescas sobre ese vino: "triunfó" en la cata a ciegas) pruebo exactamente el mismo vino en otra botella magnum y nada tenía que ver la una con la otra, pero nada vaya.
Segunda conclusión a partir de lo que comenta Encantadísimo: cada botella es un mundo y extraer conclusiones exageradas (como recomendaba Asimov NO hacer) de una cata a ciegas es, sencillamente, darle una importancia al método que not iene ni merece, por todas las pegas que acumula.
Joan

manuel dijo...

Creo que SobreVino trae a colación un punto importante: Lo de darle tanta importancia a la cata "a ciegas" viene de la mano con la obsesión de puntos, rankings y poner el vino a "competir" supuestamente de forma pareja. Pero a mí siempre me han quedado mis dudas sobre el proceso epistemológico de la cata a ciegas. A veces hasta me da por cuestionar la honestidad intelectual de asumir esa "ceguera", porque, dado que quien cata no sea un sujeto completamente ignorante sobre vinos, de que uno algo "ve", algo "ve".

Pero creo que no voy a extenderme mucho aquí, pues ahora estoy un poco enredado. Unas cosas que tenía que decir en el blog de Asimove y otras que iba a decir aquí las uniré en parte de la próxima entrada de mi propio blog.

M.

SobreVino dijo...

Encantadísimo,

Cuando hablaba de la valoración "objetiva y definitiva" no estaba exponiendo mi opinión, que es justo la contraria, sino reproduciendo la argumentación de muchos defensores a ultranza de la cata ciega.

Coincido con lo que dices.

Sobre Vino

J. Gómez Pallarès dijo...

Bien, Manuel, en efecto creo que las catas a ciegas, como ya se ha dicho, tienen su escenario natural en los concursos, competiciones, etc., bien para ránkings, bien para selecciones, bien para medallas. Ahora, que quienes los catan, "vean" más o menos en sas catas a ciegas, ya se me escapa.
Esperaremos con deleite tu aproximación al tema, a ver si aclaramos algo más al respecto.
Sí tengo claro, por supuesto, que si los que participan ene sto no se atienen a un código digamos ético de buenas prácticas, pues entonces ni siquiera en un ámbito competitivo tienen razón de ser una cata a ciegas.
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Y amigos Sobrevino y Encantadísimo, queda claro que una valoración objetiva no puede existir porque estamos, como sujetos, condicionados por demasiadas cosas. Existirá esa valoración de ese momento, condicionada por ese estado físico o de ánimo y por esa sucesión X Y Z en la cata, y tantos etc. Lo que creo fundamental, eso sí, es que exista digamos un manual / código de buenas prácticas, que asegure el máximo posible de honestidad en los resultados de una cata a ciegas competitiva.
En el resto, como ya se ha repetido, lo único que cuenta, si se hace, es intentar que la genre lo pase bien. Y listos.
Saludos a ambos,
Joan

manuel dijo...

Lo de que alguien envuelto en una cata a ciegas pueda "ver" no es ninguna imputación de orden ético, Joan. Más bien tiene que ver con lo que trae el catador a la blanca mesa de cata. Porque el jucio que va a emitir depende de criterios preestablecidos que se insertan, aunque el catador pretenda que no, en "lo que está en la copa". Digamos que la experiencia de la cata plantea las respeustas a una serie de preguntas (¿Qué tipo de vino es? ¿Responde a X noción de calidad? ¿Cómo compara con mi inventario de memorias? Etc., etc.) y esas preguntas no salen de la nada, armadas y listas para la guerra como Palas Atenea.

Esa es la premisa de la que partiré.

M.

J. Gómez Pallarès dijo...

Discula, Manuel, no había entendido biene l valor que le dabas a este "ver" entrecomillado.
Esperemos, pues, tu comentario.
Saludos,
Joan

manuel dijo...

No sé qué es eso de "discular", Joan, suena hedonístico de una forma que no sé si es la mía... Como a baile de reggaetón.:-)

Pero en serio, luego hablaré. Hoy mi amigo SFJoe me ha revelado algo muy crucial. Por estar escribiendo tanto en "La otra botella", he dejado en el abandono a mi gente de acá, por lo que he de dar un poco de mi itempo a Wine Therapy en las próximas semanas.

M.

J. Gómez Pallarès dijo...

Eso de "discular", amigo manuel, es el producto natural de un torpe (yo!) con el teclado y la tipografía!!! Tampoco, por lo demás, y ya como neologismo, es mi forma de diversión preferida!!!
Y no te preocupes: nosotros te seguimos y ya llegará el momento en que podremos seguir debatiendo del asunto en tu blog, del otro lado!
Saludos,
Joan

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