12 julio, 2007

Cura de humildad


No me resisto a escribir una reflexión de urgencia sobre la experiencia vivida ayer por la noche. El amigo Quim Vila, en una alarde, por otra parte habitual en él, de generosidad y altruismo enófilo, organizó una cata doble para un grupo de amigos. Muchos, pero no todos, pertenecíamos a EsTintoBásico y estoy seguro de que en el blog del grupo se hablará de todo ello. Yo me limitaré aquí a hacer "en voz alta" mi reflexión de lo vivido.

La primera parte de la cata fue a botella descubierta y Quim nos hizo un posgrado, intenso y perfecto, de portos, centrado en la marca que importa él, Niepoort. La segunda parte de la cata fue a ciegas y Quim unió una serie de tres blancos (uno de ellos espumoso, junto con dos secos), después tres tintos, después otros tres blancos secos y, al final, un blanco dulce. Confieso, con todo humildad, que yo jamás había participado en una cata a ciegas. En el mundo del vino, siempre me había concentrado en intentar conocer a fondo los procesos en la viña y los métodos en la bodega, pero jamás había tenido la oportunidad de abrirme en serio a conocer los vinos que en el mundo son. Un blanco fermentado en madera y con batonnâge con sus lías es un proceso que se puede, ahora, encontrar en Burdeos, en Rueda o en Argentina. Y ahí me había quedado yo.

La otra cosa que he trabajado y trabajo a fondo (en este mundo del vino nunca paras de aprender) es el tema de las sensaciones: entrenarme para descifrar lo que el olfato y la vista dicen a mi cerebro es una obsesión para mí, junto con almacenar en mi memoria esos aromas, esas sensaciones, esos recuerdos. Mis amigos lo saben.

Ayer por la noche descubrí que sin referentes en la cabeza, ni mi entrenamiento en olores ni mis conocimientos de vinificaciones en el mundo sirven para nada.

Ya había empezado a cambiar mi "chip" cuando entré en ETB: me di cuenta de que mis compañeros de cata habían probado marcas, botellas, DOs, zonas vinícolas del mundo de las que yo tan sólo había leído algo, pero que jamás había catado. Ayer por la noche, repito, realicé mi primera gran cura de humildad con una cata a ciegas. Quim Vila insistía en que todos, absolutamente todos los que se dedican profesionalmente al mundo del vino, "caen" y se confunden cuando se enfrentan a una cata a ciegas y explicaba mil anécdotas jugosas de las "metidas de pata" de los grandes profesionales.

Pero ayer cambió el asunto, ayer me tocó a mí (sólo puedo hablar en primera persona de mis sensaciones y experiencia). Ayer descubrí de modo claro y descarnado que puedo descifrar, explicar y entender cualquier vinificación que me pongan por delante: que si estos meses en barrica, que si sólo acero, que si lías, que si etc. Pero, amigos, a la hora de poner nombre a las variedades de uva de una botella y a la hora de asignar zona del mundo al ilustre vino desconocido, me di cuenta de que, en realidad, he probado tan poco (¡incluso en España!) que por mucho que entrene mi olfato y tenga claros los procesos por los que ese vino es como es, me faltan los referentes sápidos y olfativos en la cabeza para ubicarlo correctamente.



Mis amigos de ETB (con la compañía de Víctor y Ricard) y Quim Vila me dieron ayer una gran lección y una mejor cura de humildad, que no olvidaré. Desde aquí les quiero agradecer (sobre todo a quien propició, con su bonhomía, la sesión; y, por supuesto, a quien nos la organizó) esa lección. Siempre he sido contrario a las catas a ciegas porque pensaba que lo que quería era aprender cómo se hace un vino conociendo y estudiando a fondo todos sus datos (y creía que para ello necesitaba una botella destapada, para entendernos). Pero reconozco que mi primera cata a ciegas marcará un antes y un después en mi formación. Y, la verdad, aconsejo a todo el mundo que no lo haya hecho, que lo intente por lo menos una vez: ayer, aprendí tanto de la cata a botella destapada de los Niepoort, sabiendo exactamente qué tenía delante y cómo se había hecho, como de la cata a ciegas. Eso sí, y es ya mi última confesión: confieso que gocé mucho más de la primera que de la segunda.

Enfrentarse a las propias carencias no es agradable, pero si se saca la lección adecuada, sirve de mucho. Y si se hace en buena compañía, como fue el caso, ¡¡¡casi gusta!!!

33 comentarios:

Adictos a la Lujuria dijo...

Espero que de ahora en adelante sigas poniendo foto, marca ,pais, denominación...... de los vinos que catas y publicas en el blog.

Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

Hoy no tocaba, amigo mío, poner nombres a las botellas. Ése, además, y como motivo de un comentario, creo que tiene que ser tema del blog comunitario de ETB, no del mío personal. Hoy tocaba decir y decirme en voz alta la lección que aprendí ayer.
Y por supuesto que cuando hable de vinos seguiré dando los datos!!!
Saludos!
Joan

encantadisimo dijo...

Claro, Joan, yo pienso que es mucho mejor entender en un vino a botella descubierta y a ser posible, a botella única. Tu estilo hasta ahora es el que me parece más satisfactorio ante una botella de vino.

Una cata a ciegas no es más que un divertido juego que sirve para reírse un rato viendo como casi nadie es adivino (incluido uno mismo). También puede servir para comparar varios vinos entre sí pero esta última faceta me parece una distorsión de la realidad al ser una actividad muy alejada del contexto habitual en el consumo de vinos.

Enoteca d'Italia dijo...

Querìdo Joan, creo que sea un poco como andar en casa con los ojos cerrados: parece que aprovechamos menos de la realidad, pero aprendemos que significa descubrir las cosas solo cuando las tienes en mano o en boca, sin "prejuicios". Me habrìa gustado partecipar. Si la proxima vez falta libre un asiento...

Alberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Tú has dado en el clavo, Encantadísimo, que yo adrede no había puesto encima de la mesa: Quim nos propuso a todos un divertido juego, al que todos nos avenimos y con el que todos disfrutamos. La verdad es que no sé si iba improvisando o ya tenía la liturgia más o menos pautada, pero acabamos puntuando en la pizarra de la sala de cata y viendo nuestras preferencias, aún antes de conocer los vinos. Supo, además, mantener el suspense hasta el final, de forma divertida, casi pícara y elegante, hasta que nos "enfrentamos" a la realidad de las botellas que habíamos diagnosticado.
Pero que se tratara de un juego en que todos jugamos y con el que Quim, además (creo, vaya) se lo pasó en grande también (era el único que sabía todo desde el principio), no quita que yo pensara, y piense: "vaya, vaya, me falta un montón de sabores y aromas por procesar y por 'archivar'", por así decir porque, de todos los vinos catados ayer a ciegas, tan sólo UNO había probado yo exactamente en el mismo formato en que lo presentó Quim. De éste, un blanco seco, tuve muy claro cómo se había hecho pero no supe en ningún momento (una madera excesiva la que le impusieron en el 2003, quizás para huir de otros problemas con la uva, ocultó por completo los aromas de la variedad) de qué vino y marca se trataba. Había probado otro, pero el "puñetero" de Quim (dicho con todo el cariño, por favor) nos lo sirvió en formato mágnum, con lo que se demostró algo bien claro para todos, a saber, que la vida y evolución de un vino en una mágnum nada tiene que ver en una de 3/4 de l.
Por supuesto que, tomado como divertimento, la sesión fue una pasada, pero también tengo muy claro, como apuntaba al final de mi comentario, que algunas de las botellas abiertas, que jamás habían pasado por mi olfato y mi vista, las hubiera disfrutado muchísimo más, si hubiera sabido qué tenía delante: ahora me apresuro a recuperar mis memorias sensoriales con él, pero ya no es lo mismo.
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Por desgracia, amigo Alberto, la gestión de los asientos estuvo solicitadísima. No la llevaba yo, sino el amigo de ETB que propició la sesión con Quim Vila, pero comentaba que ante una eventual vacante de miembro de ETB, había ya en "cola" varias personas que querían apuntarse. Y eso que, en realidad, pensábamos que íbamos sólo (entre millones de comillas) a un posgrado de portos. La sorpresa de la cata a ciegas posterior y de la cena que la acompañó fue genail y superior. El día que ETB proponga invitar a amigos del mundo de los vinos, prometo solemnemente ponerte el primero de mi lista.
Un abrazo!
Joan

encantadisimo dijo...

Joan, dices: "vaya, vaya, me falta un montón de sabores y aromas por procesar y por 'archivar'". Y yo digo: "y los que te quedan". Por mucho que te esfuerces NUNCA llegarás a asimilar todo lo que existe por el mercado. Asúmelo cuanto antes y serás más feliz;-). Efectivamente: se trata de un juego muy divertido.

Enoteca d'Italia dijo...

Perfecto, gracias :)
Y hasta prontisimo para una gran novedad que te har� feliz, ya lo s�.

Alberto

J. Gómez Pallarès dijo...

Si, Encantadísimo, sé que tienes razón y soy muy consciente. Digamos que con quedarme con los macroconceptos de las grandes zonas, por ahora me conformo. Pero está claro que este mundo del vino, como casi todos, es un camino de perfección que no terminas de recorrer nunca. Y ésa es, para mí, una de sus mayores gracias!!!
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Alberto, tengo que escribiros para ver si podemos quedar la semana que viene, por lo que comentas (sono pronto!!!) y porque me gustaría acompañar también a un par de colegas que escriben en blogs de vinos y tienen muchas ganas de conoceros y conocer vuestros productos.
Ci sentiamo!
Joan

jesus dijo...

Hola Joan. A mí me gustan las catas a ciegas. Creo que todo aquello que, en el disfrute de un vino, no sea el vino mismo, serán sólo prejucios a favor o en contra. No creo que el placer del vino deba ser un placer intelectualizado. Sí un placer inteligente.
En mi experiencia, las catas a ciegas son injustas a veces con los vinos (si hay "comparación") pero las catas a etiqueta vista se ven indefectiblemente falsificadas por nuestras presunciones. Creemos que lo que "vemos" es la "verdad" y eso nos da seguridad, pero no hay tal. Nuestro juicio está detrás de un sinfín de filtros (unos fisiológicos, otros perceptuales, otros intelectuales) pero pensamos que nuestro juicio es transparente. Si realmente lo fuera estas catas a ciegas no presentarían juego ni serían curas de humildad. Pero lo son. Seamos humildes y desintelectualiacemos esto.
El vino a ciegas sigue siendo interesantísimo. No bebamos etiquetas.

encantadisimo dijo...

Llevas mucha razón, Jesús, las catas múltiples a botella vista son un divertimento todavía más malvado que las catas múltiples a ciegas, careciendo casi totalmente de sentido.

No me refería a eso y quizá no me he explicado adecuadamente antes, pero lo que defiendo como verdadero ejercicio de entendimiento y disfrute de un vino es la cata de un único vino y, a ser posible, a botella vista (identificando claramente lo que estás bebiendo) y, por supuesto, comiendo. Ese es el hábitat natural de una botella de vino y la actividad que te da mayor información sobre él y sus verdaderas posibilidades.

J. Gómez Pallarès dijo...

Hola, Jesús, en una cosa seguro que llevas razón y los que llevamos ya años de cata encima tenemos claro: no bebemos etiquetas, bebemos vino. Yo he tardado años en perder esa sugestión y ese prejuicio, pero lo tengo claro desde hace mucho. Normalmente, prefiero saber qué tengo delante, pero cuando lo tengo delante no conozco a nadie, ni a etiqueta, ni a productor no a nadie. Juzgo por lo que huelo, veo y bebo.
Lo mío con la cata a ciegas no ha sido un "problema" de intelectualidad (eso lo dejo para mi oficio), ha sido un problema de sensibilidad en un sentido muy físico. Me explico: mis ojos, mis papilas, mi pituitaria me decían qué tenia delante y mi memoria, no.
Yo sólo me "quejaba" de eso, de mi falta de referentes con algunos de los vinos a ciegas que probé.
Y ya con los años que llevo en esto, creo que se puede beber sin prejuicio alguno, con etiqueta a la vista o sin ella. Y he comprobado dos cosas, no ayer, sino en experiencias sucesivas: en una cata múltiple a botella vista, el peligro de saturación está casi servido (al menos ésa es mi experiencia), mientras que en una cata a ciegas (la de ayer, vaya), el peligro de que unos vinos se "coman" a los otros es muy notable: en una cata a ciegas es muy importante (me pareció ayer, vaya) intentar no provocar grandes alteraciones con el paso de un vino al otro: pasar de un blanco hiperbóreo peninsular con tres meses de acero y algunos más de botella mágnum al siguiente blanco (tras tres tintos) tras haber catado, como blanco anterior, uno que se ha pasado no menos de ocho meses en barrica de roble medio plus con lías y batonnâge, puede hacer que nuestra percepción sensorial sobre uno y otro se vea notablemente alterada.
Como todo en la vida, cada sistema tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas.
Sepamos aprovechar las ventajas de cada cual.
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Yo creo,Encantadísimo, que (por mis últimas experiencias) las catas de muchas botellas destapadas acaban, en efecto, colapsando los sentidos y el entendimiento y disfrute de los vinos. También prefiero menos o poquísimos vinos y poder concentrarme en ellos. Añadiría otra cosa que antes se me ha olvidado cuando comentaba la intervención de Jesús. No es que lo tenga muy madurado, ¿verdad?, pues ayer tuve esa primera experiencia, pero creo que en las catas a ciegas, preferiría monovarietales o, como mucho, ensamblajes de dos variedades.
Saludos,
Joan

Carlos Rodriguez dijo...

Amigo Joan,yo he participado en pocas catas a ciegas y la más parecida ultimamente es el desafio de verema de este año, 12 botellas a ciegas durante 3 meses, y de que me está sirviendo este año?, de gran cura de humildad, uno cree que durante cierto tiempo está aprendiendo y que con el paso del tiempo te crees que ya sabes lo suficiente, ERROR.
Como tu dices, en el mundo del vino no se para de aprender y eso es lo mejor de todo, que siempre aprendes algo nuevo, y además estas catas tienen un toque hiriente a nuestro orgullo que siempre viene bien, que en el mundo del vino precisamente hay que ser humilde, de eso me doy cuenta dia a dia.
Saludos
Carlos

encantadisimo dijo...

Perdonad que siga insistiendo pero ahora mismo dispongo de tiempo libre y este debate sobre las catas me parece muy interesante. Y quede claro que en mis afirmaciones no hay ataques personales ni menosprecio hacia vuestras opiniones. Que nadie se moleste, sólo estoy opinando.

Carlos, esa experiencia del Desafío Verema es muy interesante, divertida y pone a prueba, no tus conocimientos, sino tu intuición para adivinar un vino. Un simple juego que no lleva a nada más que a la satisfacción personal de haber acertado. No hay motivo para hacer una cura de humildad si uno mismo, ante la magnitud de vinos, variedades y vinificaciones diferentes que existen, ya es consciente de antemano que es un tremendo ignorante en la materia (pienso que todos lo somos y lo seguiremos siendo por mucho que nos esforcemos en intentar eludirlo, por ese motivo es mejor asumirlo cuanto antes). O sea que, por mi parte este es un tema zanjado. Claro que también es cierto que hay algún virtuoso que es capaz de acertar los vinos de un buen número de botellas a ciegas. ¿Y qué?, ¿para qué sirve eso?, no es más que una actividad circense que no lleva a ningún lugar, de la misma forma que hay personas capaces de memorizar los teléfonos de una guía completa, una chorrada que no sirve para nada. La verdadera utilidad de los números de teléfono es tener bien localizados los pocos que necesitas, de la misma forma que la verdadera utilidad de tus conocimientos sobre vino es saber elegir el adecuado para cada ocasión.

He participado en muchas catas comparativas (a ciegas o no) y seguiré haciéndolo porque son divertidas y básica y exclusivaamente me permiten conocer vinos. Incluso puedo jugar a acertarlos pero no me saltan los colores por no conseguirlo. Repito que no hay problema si la ignorancia está asumida, como es mi caso. También tengo bastante claro que esas catas tampoco me sirven para determinar cuál vino es mejor que otro. ¿Acaso el vino más profundo y complejo –sempiterno ganador de este tipo de catas- es el mejor?. Ni hablar!, eso dependerá de para que lo quieras. Los mejores vinos para sencillas comidas domésticas (además, casi siempre los más económicos) son los siempre perjudicados en este tipo de catas y muchas veces rechazados de por vida. Una terrible injusticia, ya que su función no es competir sino ser bebido.

Lo que pasa con la actual moda del vino es que hay verdadera ansiedad por conocer, saber y dárselas de experto, como si el mundo estuviera a punto de acabarse y debamos antes tener toda la lección bien aprendida (una tarea imposible, ¡que agobio!). Pero eso es lo que hay y lo que casi todos (bodegueros, comerciantes y divulgadores) -en definitiva, la industria del vino- fomentan porque va a favor de sus intereses comerciales o laborales, una actitud ciertamente estresante qué sólo se da en el mundo del vino actual, repito que como fruto de la moda.

¿Por qué no se hacen catas comparativas o a ciegas de latas de berberechos o de patatas chips?, pues sencillamente porque no es necesario. Todo el mundo tiene clarísimo cuáles son sus preferidas sin necesidad de vendarse los ojos ni de tener abiertas ochocientas latas a la vez. Y está claro que a nadie le importa un pimiento adivinar cuál es la marca de mayonesa con el frasco tapado. En el terreno de lo sólido somos más inteligentes o estamos más evolucionados. A ver si llega pronto la evolución al mundo del vino, nos dejamos de chorradas y nos dedicamos simplemente a disfrutar del vino. Mientras tanto podemos seguir jugando, siempre teniendo claro que cualquier conclusión obtenida es totalmente intrascendente.

Perdonad por el rollo.

jesus dijo...

El fondo de mi intervención va por ahí. Dado que por un lado el mundo del vino sigue siendo —san baco nos ampare— muy diverso, y que por otro resulta que nuestras herramientas de "aprehensión" (olfato principalmente) son tan limitadas (5 millones de células olfativas respecto de 200 que tiene un perro) pues resulta que nos vemos en la necesidad de cargarnos de datos a modo de gadgets que nos den una cierta seguridad, seguridad que nos pone en vía del disfrute. Y también la necesidad del aprendizaje contínuo: todo es nuevo una y otra vez. El aficionado al cine o a la música no necesita estar contínuamente aprendiendo y ejercitándose para poder disfrutar de ello. Disfrutar del vino se parece algo más a, por ejemplo, el disfrute que da tocar un instrumento: imagino lo que debe disfrutar un instrumentista en el momento de una improvisación jazzística, sensorial e intelectualmente, pero gracias a horas de estudio encima del instrumento... no leyendo cómo lo hacen otros instrumentistas. ¿A dónde voy? Pues a que el disfrute de una botella en una cena y a etiqueta vista (por supuesto) será superior si el aprendizaje lo hemos hecho sobre el vino mismo y no sólo sobre los libros. Siguiendo con el ejemplo, la cata a ciegas supone poner a prueba nuestra capacidad de concentración en el vino mismo, exigencia aburrida, quizá, como la de ejercitar escalas sobre el mástil de una guitarra.

Existe el término medio, que es catar a ciegas 3, 4 ó 5 botellas, seguir luego con las botellas destapadas, y luego seguir despachándolas en la mesa, ver cómo evolucionan ellas y nosotros...

Por supuesto que pasa eso de que una botella se "coma" a otra. A ciegas resulta despiadado, pero pasa también a etiqueta vista, entonces los despiadados somos nosotros, quizá. Y estoy de acuerdo en que la saturación de etiquetas no es muy deseable para el pleno disfrute. No sé si esto tendría que ver con el síndrome de Stendal ;-)

Y por último también estoy de acuerdo con que las botellas a ciegas estén elegidas no sólo con un mínimo sentido narrativo que las una, sino además teniendo en cuenta que a mayor número de variables menor número de conclusiones a dar por seguras.

Bueno, y pido disculpas por el rollazo.

jesus dijo...

En mi intervención última contestaba principalmente a Joan. No estaba aún el extenso comentario de "encantadísimo".

Comparto menos cosas de esta intervención de "encantadísimo". Sé que parte del "atractivo" de las catas a ciegas es el de la parte del juego, la competición enttre vinos y entre catadores. Esa parte no me interesa en absoluto.

Por cierto que recientemente vi en una revista una cata a ciegas de mejillones en lata. Y es seguro que los departamentos de marketing de los fabricantes de patatas chips organizarán catas a ciegas. No te quepa duda, es un método para saber qué va a gustar al consumidor.

En nuestro caso, lo que me interesa es que el esfuerzo para concentrarnos en un vino es mayor si la cata es a ciegas, lo cual es un entrenamiento muy notable para nuestra capacidad como catadores, lo que va en beneficio de nuestro disfrute como bebedores (sin dejar de lado los conocimientos teóricos, por supuesto importantísimos, ya que estamos hablando de algo que es así en tanto que fenómeno cultural).
Salud
je.

J. Gómez Pallarès dijo...

Amigo Carlos, creo que coincidimos plenamente. Nos hemos metido en este mundo, como en algunos otros, porque hemos querido, guiados por el placer y por los sentidos pero, de una forma casi natural, queremos sabrr más, queremos disfrutar más queremos conocer más. Las catas a ciegas tienen que ser sólo un divertimento a través de cuyo uso y disfrute acabamos aprendiendo cosas nuevas.
Yo no creo en las catas a ciegas que son concursos que llevan a que haya un ganador. Me interesé en un primer momento por la de Verema, pero no estoy en esto para competir ni para que me pongan delante o detrás de nadie. En este sentido, aunque teóricamente coincida con Encantadísimo y contigo en que es algo interesante, la parte práctica me falla y no me gusta, pues te lo mires como te lo mires, alguien gana, alguien acaba en el puesto 12 y etc.
Si estamos por placer en esto y por pura filantropía (aunque sea hacia nosotros mismos), no estamos por competir. Creo yo, vaya.
Aprendamos y gocemos y encontremos en los sentidos una forma divertida de conocer más cosas.
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Encantadísimo, hay una máxima medieval, latina, en la que creo profundamente: sapienta per se ipsam appetenda, el conocimiento es algo apetecible por sí mismo. Para mí, más que ansiedad por conocer y dárselas de entendido, lo que hay (por supuesto, hablo solo de mi caso) son ganas de conocer, sin más pretensión ni finalidad que esa, conocer. Del conocimiento extraigo placer. Antes me ha pasado con otras cosas (los pájaros, pongamos; y otras cosas, también) y ahora me sucede con el vino. Es bonito e interesante porque, quieras o no, se trata de algo que me acompañará durante unos cuantos años (tantos como la salud me deje). Y es cierto que uno detecta cierto esnobismo o papanatismo entre mucha gente que quiere dárselas de listo porque está de moda, pero eso pasará y quedaremos los que amamos esto por lo que es: una bonita forma de comunicarse con la naturaleza a través de la viña y de sus frutos. Y, de paso, una bonita forma de conocer a través del placer. Sin otras pretensiones.
Y como apuntas, no veo por qué no tiene que haber grandes especialistas en latas de berberechos (conozco a más de uno que lo es de conservas en general) y catas de los mismos o en lo que sea menester.
Lo que sí ha cambiado radicalmente, en casi todos los ámbitos y gracias a las nuevas tecnologías, es que quien tenga ganas de comunicar sus conclusiones (yo no las llamaría chorradas: es conocimiento que nos hace distintos a como éramos antes de adquirirlo), lo puede hacer ahora con una facilidad pasmosa.
Y aquí estamos. Y aquñi seguiremos. O no, pero por lo menos lo pasaremos bien en el camino. "Arrieros somos..."
Saludos,
Joan

Els vins de Pilar Vi i Jose Tinto dijo...

Hola Joan,

En primer lugar decirte que me sorprende que la de ayer fuera tu primera cata a ciegas. Esta sorpresa es consecuencia de mi experiencia personal, ya que en la mayoría de catas en las que he participado las botellas estaban inicialmente tapadas.

Pero lo que más me ha sorprendido es que “dramatices” tanto. Te lo digo yo, que cada vez que te leo a ti, o a la mayoría de los blogs que tengo linkeados, entro en una profunda depresión y quiero dejarlo todo!!!!! Joan, a mi me parecen valiosísimas todas tus estudiadas palabras sobre cada uno de los vinos de los que nos hablas y como al final nos describes tus sensaciones con un lirismo enajenante!!!

Si lo único que te ha afligido realmente es el hecho de no haber podido asociar las sensaciones olfativas, táctiles y gustativas que te ha provocado un vino desnudo con lo que habías ido reteniendo en la memoria, no te preocupes, tiene fácil solución. Sólo es falta de costumbre y hay que practicarlo un poco más. Así que si te divirtió, pruébalo más veces. Pero que nadie piense que este ejercicio de pretender conocer y entender cualquier vino únicamente mediante nuestras escasas referencias y experiencias y nuestra limitada percepción, pueda sustituir al acto de reflexionar, de pensar y querer entender y conocer un vino en toda su dimensión y no sólo a través de nuestra intrínseca relatividad y en relación a las demás botellas que le hayan acompañado circunstancialmente.
Creo que este ejercicio (que no hay que magnificar) sirve más para conocernos a nosotros; para ponernos a prueba, para ahuyentar posibles prejuicios y para ejercitar nuestros sentidos, que para entender mejor a un vino.
Es evidente que no es lo mismo leer un clásico sin saber nada de su autor o de la época o sin detenerse en el pie de página, que hacerlo conociendo quién y por qué lo escribió, su contexto histórico y sus referencias anteriores.

Nos vemos en la Enoteca d'Italia!!

Saludos,
Pilar.

J. Gómez Pallarès dijo...

Jesús, a ratos yo quisiera ser perro y sentir qué y cómo olfatea un perro!!! Sólo a raros, eh!!! Y estoy de acuerdo en el fondo, creo, de tu intervención, porque se trate de la forma que se trate (sea con cursos, sea con catas a ciegas o no, sea en casa, etc.), yo he experimentado cómoa medida que voy sabiendo más, voy disfrutando más.
Yo podia ir por el campo antes y ver a este o aquél pajarillo. Y ya estaba. Pero me lo paso mejor ahora que oigo a un abejaruco, sé qué es, de donde viene y qué hace. Llámale depravación, pero así lo siento. Y lo mismo he experimentado con el vino. El placer por el conocimiento no me lleva a alegrarme si acierto éste o aqué vino en una cata a ciegas, sino a disfrutar mucho más de un Puligny-Montrachet (por poner algo que he catado esta misma noche) Les Pucelles del 2005, ahora que sé mucho más que antes cómo y de qué manera se trata a la chardonnay en la Borgoña.
Y no sé qué pasará en el mundo del cine o de la música, pero creo que, en general, cuanto más te implicas (sin llegar a paroxismos enfermizos, claro está) en algo que te apetece y más conoces, más acabas disfrutando. Yo no creo en un modo naïf e ingenuo (etimológicamente hablando) de disfrutar de las cosas.
Pero ahí, claro está, todo depende tanto de las percepciones y de la sensibilidad de cada cual...
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

No, Pilar, lo que me ha deprimido (entre millones de comillas porque yo estoy con Encantadísimo en que esto es un divertimento y los vinos que en esta tierra son no me los acabo en dos reencarnaciones: he decidido no sufrir en mi descubrimiento del mundo del vino) es NO haber podido asociar aquello que mi vista y mi olfato y mi tacto me decían de los vinos a ciegas que tenía delante CON ningún referente de los que tuviera en la cabeza, por la sencilla razón de que la inmensa mayoría de esos vinos y marcas NO estaban TODAVÍA en mi cabeza, no los había probado jamás.
Por poner dos ejemplos de los que he sacado un montón de conclusiones, porque de los vinos en concreto y del comentario global sé que se encargará Calamar en el blog de ETB. Las he sacado porque había probado otros productos de las casas pero los que se presentaron a ciegas, no: Belundrade y Lurton del 2003. No había probado esta tremenda y terrible añada. Me ponen ese blanco a ciegas y digo, ya a copa parada, los meses de crianza que ha tenido, la barrica, el tipo de tostado, las lías con su batonnâge, pero no soy capaz de poner nombre y apellidos al vino. En este caso, la madera escondió por completo al carácter de la fruta y ni tras una hora no pude detectar la verdejo allí detrás. Podía ser garnacha blanca, podía ser verdejo, podía ser chardonnay...pero la cosecha tuvo que pasar por unos procesos tremendos, supongo, para salir con esas características a la botella.
Segundo ejemplo: mira si habré bebido Guitián No fermentado en barrica...pues resulta que nos sacó una mágnum del tal vino. Pude describirme bien el proceso por el que se había hecho el vino, pero no que fuera godello de Valdeorras. Lo que sale de una mágnum no tenía nada que ver con lo que sale de mis botellas de 3/4 de l. Un ejemplo de vino jamás catado por mí: Moncerbal. Sus balsámicos y monte bajo eran de una tal finura (la violeta apenas salió, que es lo que me hubiera llevado, quizás, a Pétalos del Bierzo y a la zona), sus taninos tan razonables y redondos, que nos tuvo despistados toda la cena, desde que llegó a ella. Algunos de los más finos shyraz de Koonawara recuerdan a este vino!!! Pero yo no tenía en la cabeza ni La Faraona ni Moncerbal porque jamás he podido pagar o degustar en grupo o en cata una botella de estas maravillas de los Palacios bercianos.
Ése es el tipo de sensaciones que tuve y que me llevaron a escribir la nota. Por lo demás, que fuera la primera cata a ciegas, no debiera sorprender: he comentado ya que he intentado e intento formarme tanto como puedo en viticultura y prácticas de vinificación, y para ello no es habitual la práctica de las botellas tapadas ni nada por el estilo. Y por otro lado, ya he comentado que mi "libro de estilo" me pide más bien poder disfrutar de aquello que tengo delante SIN PREJUICIOS (estoy con Jesús, que no bebo yo tampoco etiquetas), de principio a fin y sabiendo qué es lo que tengo.
Yo sí que os he pegado un buen rolo mañanero!!!
Un abrazo!
Joan

Els vins de Pilar Vi i Jose Tinto dijo...

Joan,
Más que sorprenderme, me pareció curioso que fuera tu primera cata a ciegas. Ya te dije que era ingenuidad mía (no me da ninguna vergüenza). Esto es como el niño que siempre come garbanzos para desayunar, se piensa que los demás también lo hacen.

En otra ocasión te dije que veces hay que reivindicar la limitación de la condición humana. Yo creo que esto es la pieza clave para que podamos disfrutar de nuestra existencia y que demos pasos acordes a nuestras posibilidades para no caer en la frustración. Pero bien, esto no ha de impedir que seamos exigentes y queramos siempre mejorar. Pero según iremos avanzando, iremos viendo como el horizonte se hace cada más grande y está cada vez más lejos. Bueno, esto ya lo dijo un filósofo y con solo 5 o 6 palabras, o no sé por que lo dijo en griego. Todo esto lo he dicho en genérico, no va dirigido a tu persona y a tus experiencias, pero sí a ti en tanto que es un intercambio de ideas sobre un tema que ha surgido.

Por otro lado, aunque la cata fuera a ciegas, el catálogo de Vila está a la vista y muchos pueden saber además qué vinos está promocionando últimamente, también pueden saber en cuales ha invertido más o menos, con quien tiene más amistad y de qué contrato está más orgulloso, etc. Sin querer quitar mérito a nadie (que quede claro), estos factores que nada tienen que ver con los sentidos, también te pueden ayudar a acertar un nombre. Yo que soy una catadora con pocos méritos, quizá hubiese adivinado B&L por que últimamente lo está promocionando mucho y otro ha podido adivinar el Moncerbal por la buena relación que tiene con Palacios.

No pienso que bebas etiquetas. Sólo pienso que se acaba disfrutando más de un vino cuando sabes de qué añada es, o de que zona, etc. A mi, sobre todo cuando se trata de arte abstracto me gusta más mirar un cuadro sin saber el título (Mark Rothko sólo les daba un número) y “degustarlo”, pero cuando realmente me gusta una pieza es cuando la conozco y la entiendo.

Saludos,
Pilar.

J. Gómez Pallarès dijo...

Sí, Pilar, estoy de acuerdo con tus matizaciones, incluída, por supuesto, la de que la segunda persona del singular es impersonal y no necesariamente dirigida a mí. Pensamos en "voz alta" entre todos y éste es un ejercicio saludable, sea cual sea el tema.
El filósofo lo dijo en griego porque era griego, Sócrates, "sólo sé que no sé nada". Podemos opinar sobre ello, por supuesto, aplicado a los vinos o a lo que sea, pero aceptarla propia ignorancia como motor para conocer más es lo que subyace a la afirmación de Sócrates y por supuesto que yo creo a pies juntillas en ello.
Y, ya finalmente, lo que comentas sobre la "táctica" posible de Quim para seleccionar sus vinos de la cata a ciegas, sí y no, porque lo que hizo, realmente, fue elegir sólo vinos que le gustaran mucho. Por supuesto, todos ellos se encuentran en la tienda, pero no creoq ue nadie jugara con esa información para adivinar alguno. Y si lo hizo, pues entonces supongo que rompió para si una parte de ese encanto que es, literalmente y sin "red" alguna, presentarte ante algo nuevo y desconocido (aquí un vino; o un rothko como tú decías) y disfrutarlo y, si hace falta, entenderlo y explicártelo. O no.
Saludos,
Joan

Carlos Rodriguez dijo...

Amigo Joan, después de todo lo escrito en este interesante post, no me queda más que añadir, que como dije he participado en contadas catas a ciegas y sigo disfrutando mil veces más con mis botellas a la vista, abiertas por mi, apreciandola durante horas o dejando que evolucione durante dias, acompañado de mi mujer y/o buenos amigos, de Roco por supuesto y sobre todo encontrar matices nuevos, y disfrutar y efectivamente no competir que para competir está la vida llena de otras cosas
Saludos

J. Gómez Pallarès dijo...

Sí, Carlos, yo también creo que disfruto y aprendo más en una cata vista, con pocas botellas y todo bien preparado. Pero reconozco, y eso me está haciendo cambiar algo mis esquemas, que el dicertimento que nos preparó Quim Vila estuvo muy bien y fue entretenido, delicioso en cuanto a lo catado y, además para mí, instructivo.
Un saludo!
Joan

Calamar dijo...

Estoy contigo Joan. Si estamos en esto es para pasarlo bien. A mi me gusta disfrutar de una botella en casa tanto como hacer una cata a ciegas con 10 vinos. No voy a hacer un hecho trascendental de ello. Es ocio. Me divierte y me entretiene.

Y cuanto mejor preparada esta una cata, con mejores introducciones, mejor documentación, buenas vinos, y con gente que sabe más que yo, mejor me lo paso. ¡Qué son 2 días!

Saludos,

J. Gómez Pallarès dijo...

Sin duda, amigo mío. Si todo se hace con ganas y bien, pues acabas disfrutando con todo. Pero entre tú y yo, que vamos muy del mismo palo (aunque el mío no sea octópodo!!!), de la primera cata, la de los portos, con una buena introducción de Quim Vila, muchas notas al margen durante la cata y una exhaustiva documentación de cada vino catado, disfrutamos un montón y aprendimos más. ¿Verdad? Pero de la cata a ciegas, en la que también disfrutamos, en el momento aprendimos menos. Esa es mi sensación, vaya, porque tuvimos que recuperar a toro pasado o muy pasado, sensaciones, recuerdos de ese vino que identificamos bastante después de su degustación. Y comentamos tú y yo que algunos de ellos (no hace falta dar nombres), quizás los habríamos disfrutado más, en el sentido no sólo físico del término, sino en el del aprendizaje, sabiendo qué teníamos delante.
Por todo ello, mi conclusión (provisional, eh!) es que me gustó mucho la experiencia y si está tan bien montada como la de Quim, repetiré algún día seguro, pero que yo me decanto algo más por las catas de formato algo más pequeño (siete botellas, por ejemplo, coordinadadas por algún eje temático, me parece un buen número) y a botella destapada, en que te puedes detener lo que haga falta en cada vino y profundizar en detalles, sin que tengas que montar sesiones de cuatro horas.
Bis Morgen!!!
Hans GK

SobreVino dijo...

Fantástica cata, como he dicho en EsTintoBásico.

Coincido básicamente con lo expuesto por encantadísimo.

Considero las catas a ciegas más un entretenimiento que a veces puede tener su aspecto divertido que un acto de disfrute. En algunas lo he pasado realmente bien. Pero he "aprehendido" más en la reciente cata de vinos alemanes a etiqueta descubierta que en cualquier cata a ciegas que pueda recordar. Y he disfrutado mucho más con muchas botellas tomadas en "stand alone" en una cena agradable.

Como dices Joan, esto del vino es un precioso camino de descubrimiento permanente.

Un abrazo!!

J. Gómez Pallarès dijo...

Estoy plenamente de acuerdo contigo, amigo Sobrevino. Me ha encantado este divertimento, sin duda he aprendido cosas, pero me gusta más el segundo tipo. El jueves estuvimos en La Part dels Àngels con Julien y otros amigos, en una cata de borgoñas blancos 2005 y me lo pasé en grande.
En fin, en el fondo lo mejor es ir variando y poniendo un poquito de todo en este guisote que es la vida!!!
Otro abrazo,
Joan

Moraiminha dijo...

Yo no soy una entendida en vinos, ni mucho menos, pero creo que las catas a ciegas tienen la gran ventaja de que son nuestros sentidos, y no nuestros conocimientos y condicionantes previos, los que nos llevan a apreciar un vino por lo que realmente es; y no por su D.O., marca, añada, etc.

J. Gómez Pallarès dijo...

Hola, Moraiminha, no recuerdo si habías ya escrito algo en el blog y, por si acaso, bienvenida!
Es algo más complejo, en mi opinión, de lo que planteas esto de la relación entre libertad de los sentidos para catar directamente relacionada y beneficiada por una cata a ciegas.
Yo creo que si uno hace el ejercicio de no dejarse llevar por prejuicios (de etiqueta, de DO, de precio, etc.), que es lo que intento yo, es bastante indiferente que se trate de una cata a ciegas o no. Uno deja que las sensaciones fluyan con libertad e intenta, si toca eso ese día, descifrarlas. Si no, con disfrutar ya basta.
Pero sí llevas razón en que mucha gente se puede sentir mediatizada en su "libertad sensorial" por una botella destapada, por lo que ha leído sobre ella, por lo que ha pagado, etc.
Yo sólo sé, después de darle no pocas vueltas al asunto, que si el extraordinario borgoña que caté (ahí sí tengo un recuerdo vivo e imborrable a botella tapada) -cf. blog de ETB para una descripción completa y detallada- lo hubiera tenido a botella destapada, hubiera disfrutado más con él, quizás no sensorialmente, pero sí intelectualmente. Y perdón por el adverbio, eh!, pero es que a pesar de loq ue se ha apuntado en otros comentarios, yo no puedo desligar el goce sensorial de la memoria o del almacenamiento de datos. Y eso, como todo, pasa por la cabeza.
¿Que tú no sabes de vinos? ¡¡¡Pero si eres bodeguera!!!
Un saludo cordial!
Joan
PS. Pronto saldrá el comentario de tu "hermana mayor".

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