14 mayo, 2007

Gregorio, Marcelo y Paquito de Gran Canaria


Mi primer día en Las Palmas de Gran Canaria empezó, "paradójicamente", en El Hierro: mi inigualable anfitrión, Gregorio (hijo de Gregorio), sabe de mi buen comer y mejor beber y me llevó directamente al restaurante de uno que, hace muchos años, salió de El Hierro para instalarse en la Gran Canaria. Este imprescindible restaurante, El Herreño, junto al mercado en La Vegueta ( C/ Mendizabal, n.5, telf.928331154) , es uno de los lugares emblemáticos para saborear a fondo la comida de la zona: papas arrugás con mojo picón, longorones (boquerones: ambas delicias en las fotos), churros de pescado, pata de cerdo, todo se alineó para darme una bienvenida de lujo, junto con un correctísimo Viña Frontera (DO El Hierro), blanco seco 2006. Reconfortados Gregorio (hijo) y yo en los placeres de esta auténtica cocina canaria, iniciamos una ruta que tenía que llevarnos por algunas bodegas amigas, desde la capital pasando por Monte Lentiscal, hasta Santa Brígida.

Las dos primeras paradas fueron en casa de Gregorio (padre) y de Marcelo. Gregorio tiene parrales desde hace muchos años (listán negro, listán blanco, moscatel de Alejandría) y desde hace un tiempo, su hijo le ayuda en el cuidado de la vid, en la vendimia y en la vinificación. Ellos lo hacen por puro amor a la tierra y a los vinos canarios, no comercializan y su "vin de garage" (espléndido, de capa media, fresco y con una buena armazón su tinto joven del año, monovarietal de listán negro) es para el consumo familiar y de sus amigos. Pero os aseguro yo que, si quisieran, la calidad de su vino les haría entrar por la puerta grande de la DO, ahora única, de Gran Canaria: su moscatel encabezado hará temblar de placer a más de uno en cuanto lo meta en una cata a ciegas. Marcelo, en cambio, vive del vino y comercializa como Bodegas Plaza Perdida (Marcelo) en Monte Lentiscal, dentro de la DO. Son amigos de hace años, Gregorio y Marcelo, y comparten ambos, además de una forma similar de ver su vida literalmente enraizada con el campo y los productos de esta tierra, el mismo tipo de variedades y de suelo: como véis en la foto, puramente volcánico, de gravas sueltas y color negruzco. De la bodega de Marcelo, me gustó especialmente su monovarietal de listán blanco del 2006, un vino oro pálido, con una delicada frutosidad a papaya poco madura y un retrogusto amargoso y vegetal, muy interesante. A sus 8-10 ºC es un gran vino de aperitivo con longorones, por ejemplo. Su listán negro, en cambio, salió muy reducido y con aromas terciarios de piel de animal, que no marcharon en el rato que estuvimos allí. ¡Habrá que darle otra oportunidad!


La excursión terminó en la parte más empinada de Santa Brígida, en la bodega de otro gran amigo de Gregorio (padre), Paquito, que comercializa con el nombre de Bodega Buenas Vistas. Las vistas, en efecto, son extraordinarias (hacia la parte más profunda de la hoya donde, al fondo, parecen intuirse Las Palmas), como lo son, sin duda, sus feraces tierras, de origen volcánico también, pero con mezcla de arenas y arcillas (las que veis en la foto). Aquí no se hacen experimentos y Gregorio, Marcelo y Paquito saben bien que las variedades que le van a esta tierra, las que ellos conocen bien y saben cómo tratar, son, de nuevo las listanes (¡menudo posgrado intensivo de listán negro he hecho estos días!), blanca y negra, la negramoll (en proporciones muy pequeñas), la malvasía y la moscatel de Alejandría. En una próxima ocasión, hablaré con detalle de alguno de sus vinos.

De mi primera, extraordinaria, jornada grancanaria me llevé algunos vinos; me llevé, también, un buen palizón, parral arriba, parral abajo (había empezado a soplar el siroco y la temperatura subió hasta los 30 grados); me llevé, también, alguna nueva amistad; pero me llevé, más que ninguna otra cosa, el amor de esta gente por su tierra y sus cosas, el cariño y curiosidad con que se interesan los unos por los otros, su forma cadenciosa y agradable de relacionarse (incluido su castellano, que es bellísimo). Me quedé, además, bien tranquilo: quienes están ahora al frente, Gregorio y Marcelo (ambos en la foto, en el contraluz de la Plaza Perdida, Gregorio a la derecha), Paquito, tienen en quién confiar su futuro: Gregorio (hijo) y Javier ya están bregando con los parrales y barruntando cual será su mejor futuro. Si las gentes de la DO se aplicaran más y mejor en dar a conocer y promocionar sus vinos, estoy seguro de que este futuro sería, todavía, más brillante del que ahora mismo ya les intuyo.

4 comentarios:

La Guarda de Navarra dijo...

No se como lo hacéis pero es que no paráis. Y encima tenéis tiempo para disfrutar y escribir el blog.
No tendrás algún negro por ahí escondido, ¿verdad?.
¡Bonitas islas, y buena gente, si señor!

J. Gómez Pallarès dijo...

la Guarda, servidor desde que empezó a escribir (y hace de esto más de 25 años: tengo ya una edad, sí señor), ni negros ni rubios ni nada: este blanco, yo mismo, que se lo hace, pica y escribe toto y, lo más humillante para mí, apenas con dos dedos de cada mano sobre el teclado.
Y muy de acuerdo contigo: bonitas islas, sí, pero mejores gentes!!!
Saludos,
Joaj

Alma Cándida dijo...

Muchas gracias por publicar este artículo, me ha salvado: ¡buscaba en google una foto de los benditos longorones, para explicarle a un amigo "godillo" qué eran gráficamente! :-)

Con su permiso, enlazo este artículo.

Saludos desde Gran Canaria.

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues nada, Alma cándida, es un placer poder servir de algo. Y si te sirve para desasnar a un godo...pues mejor!!!
Este godo lamenta a montones llevar tanto tiempo ya fuera de la isla, porque mira que pasé buebos ratos con mi amigo Gregorio (hijo de Gregorio), arriba y abajo.
Por supuesto, tienes mi permiso.
Un saludo cordial
Joan

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