20 abril, 2007

Bodega Pago del Vicario


La Bodega Pago del Vicario nace en el año 2000 (fruto de la iniciativa empresarial de los hermanos Antonio e Ignacio Barco), en unas tierras de larguísima tradición vitivinícola (entre Ciudad Real y las estribaciones meridionales de los Montes de Toledo, allí donde el Guadiana, que señorea la finca entera, toma por primera vez conciencia de río), pero con un concepto radicalmente nuevo y distinto de cuanto se hace en las tierras de La Mancha. Tuvimos unos amigos la fortuna de ser recibidos por su director comercial, Juan Manuel de la Mata, quien nos dedicó horas para explicar con minucioso detalle qué sucede en la bodega y en sus viñedos. No os asustéis, no seré yo tan minucioso en mi explicación, pero sí quisiera resaltar algunos detalles de un proyecto que me tiene subyugado. Empezaron atrayéndome algunos de sus vinos, de los que ya he escrito aquí y de los que contaré todavía más, pero ahora, habiendo conocido el cómo y el por qué de esa realidad, me declaro impresionado.

Quienes han concebido el proyecto tenían en la cabeza la idea de "pago" (vinos de calidad asociados a las características de un terruño concreto), pero junto a eso, hay otro concepto que recorre la espina dorsal entera de Pago del Vicario: la idea de château y, más en concreto (y ésa es mi humilde interpretación de lo visto; si me equivoco, ya me darán un buen tirón de orejas), de un château bordelés tipo Smith-Haut-Laffitte. A falta de un edificio histórico, que no lo hay, han construído una bodega como si de un catalejo invertido se tratara. Presenta una buena parte del edificio enterrada bajo tierra (como el château antes mencionado) y un máximo respeto y mínima agresividad hacia el privilegiado entorno en la parte visible. Junto a la bodega, de la que volveré a hablar, se encuentra un hotel en forma de media luna ("crescent" inglés me pareció), con habitaciones a levante y a poniente, a los viñedos y al río Guadiana. Y junto a bodega y hotel, se reparten, casi como si de centuriaciones romanas se tratara, los viñedos.


Perdonad la calidad de la foto, pero así os haréis una idea exacta de qué representa lo que digo: las variedades de uva se han repartido por parcelas, tal y como véis aquí. Todas las parcelas se encuentran juntas y a una distancia tan corta de la bodega donde se hace el proceso de vinificación, que en apenas unos minutos la uva recogida (transportada en remolques termorregulados) está ya en la mesa de selección. Pero es que hay mucho más: todos los viñedos reciben, por riego subterráneo, la cantidad exacta de agua y de nutrientes que necesitan. Todo ello se calcula por dendrometría, es decir, con un análisis pormenorizado del crecimiento de la planta en cada parcela (que se calcula a través de satélite y de GIS). Todas las hileras de cepas tienen, exactamente, la misma distancia entre unas y otras y casi todas son vendimiadas con una máquina especialmente hecha para ellos.


Según lo que necesita cada variedad de uva y, por lo tanto, de planta, las hileras de cepas son conducidas en espaldera hacia el sol, bien por sistema doble Guyot, bien por sistema Smart-Dyson. Las raíces de las plantas crecen en horizontal y el ciclo estacional de la vegetación entre cepas se respeta también. La densidad de lombrices es analizada con sumo cuidado, pues de ella depende que la tierra genere los nutrientes que la planta necesita. La vendimia es siempre nocturna y se hace sólo cuando la enóloga de la casa, Susana López Mendiondo, dictamina el grado justo de alcohol potencial, de ph necesario y de maduración para cada variedad de uva. No se vendimia toda la variedad en un mismo momento. Hay varias parcelas con una misma variedad y muchas hileras. Su sistema de control les permite decidir, en cada momento, qué hileras de qué variedad hay que vendimiar y en qué momento hacerlo.

Todo esto no tendría sentido alguno si, además de la rapidez en el transporte de la uva a la bodega y tras la selección de la uva (el despalillado es otro asunto), cada variedad en las hileras seleccionadas, no pudiera ser vinificada por separado del resto de hileras de la misma variedad y, por supuesto, de las otras variedades. La bodega está exactamente preparada para eso: podéis ver en la foto la enorme cantidad de depósitos de acero inoxidable, de distintas capacidades, que sirven a tal menester. El sombrero, según la variedad y la maceración en frío que se dictamine, siempre está en movimiento y remojado dentro del acero. Cuando termina el proceso de fermentación alcohólica, el vino pasa a las salas de barricas, cuando es un ensamblaje que necesita de maloláctica. No me voy a detener en esto, pero Pago del Vicario trabaja con más de cuarenta fabricantes y con todas las variedades de maderas, de procedencias y de tostados posibles. Consiguen así, exactamente, aquello que la enóloga tiene en la cabeza para cada vino de la casa.


También en esto se parecen a los grandes châteaux bordeleses, pues han creado una sala "noble" de barricas. En ella, además de reposar algunos de los ensamblajes previstos, tienen cabida unos preciosos botelleros (la sala está forrada de madera de haya), en los laterales, que albergan las botellas de los miembros de su club. Etiquetas especiales se reservan para estas botellas que sus propietarios usan, bien para fines particulares, bien cuando llevan invitados a visitar la bodega y a comer en su restaurante. Éste se encuentra en la parte superior de la sala de barricas (allí por donde entra la luz del sol, en la parte superior de la foto). En efecto, por si todo lo contado fuera poco, ofrece además Pago del Vicario un atractivo restaurante abierto al público, en el que comer tras la visita.


La estilización del zarcillo, icono de la casa que preside el restaurante, la sala de barricas y las etiquetas de sus vinos, es el mejor símbolo para cerrar el comentario. Más largo de lo habitual en este blog, me ha parecido de justícia extenderme un poco en él. La minuciosidad con que se ha preparado este proyecto, el amor por el negocio (a qué negarlo: sabe hacer muy bien las cosas esta gente e intentan rentabilizar lo muchísimo invertido), sí, pero también el trabajo detallado y concienzudo, bien hecho en la viña y en la bodega, me han cautivado. Su concepto global de un pago, de un château, en que se conjugan las mejores técnicas para elaborar el vino, con el "dolce far niente" (hotel y restaurante y, pronto, la materialización de nuevas ideas, en la línea de las "Sources de Caudalie" de Smith-Haut-Laffite) y la visión y goce de un paraje manchego de auténtico lujo, me atraen, me gustan. Considero Pago del Vicario un ejemplar casi único, por supuesto en Castilla-La Mancha, pero casi me atrevería a decir, en España entera, por el concepto global que integra. Es un lugar que hay que conocer, sin duda (hay facilidades, también, para visitas guiadas y para catas), es un lugar que hay que disfrutar. Y encima me gustan sus vinos, ¿se puede pedir más?

7 comentarios:

Adictos a la Lujuria dijo...

Hemos visitado muchas bodegas pero con este despliegue tecnologico hasta tales extremos nunca, espero que los vinos esten a la altura de la inversión aunque como sucede en la DO.Ribera de Duero o la Rioja las bodegas por si solas ya merecen una visita y Bodega Pago del Vicario, por lo relatado, parece una de estas, asi que la añadire a la lista.

Un saludo

encantadisimo dijo...

Interesante, Joan. ¿Y qué tal sus vinos?, sólo he probado el rosado 2005 (tengo dos botellas más del 2006) y me parece magnífico. Tengo a mano el tinto denominado Penta, ¿qué tal?.

J. Gómez Pallarès dijo...

Adictos, y hay muchas cosas que me he dejado en la "guantera" pues no estaba seguro de que pudiera o debiera contarlas. Merece mucho la pena la visita, sin duda, y me atrevo a apuntar, como nos recomendó Juanma, la época de la vendimia, no sólo por el hecho mismo de verla (ahí no se participa!!!), de madrugada claro está, casi de noche, sino, sobre todo, porque empieza a ser la época de la berrea, y bajan los cuervos de los Montes de Toledo al Guadiana (foto primera) y parece ser que la cosa es, directamente, de alucine.
Saludos,
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Amigo Encantadísimo, en el PV rosado 2005 ya coincidimos y, en efecto, a ambos nos gustó mucho (en mi caso, guiado por el sabio instinto de Víctor Franco lo descubrí). Del 2006 han caído ya dos botellas, de las que todavía no he escrito: la primera, abierta en la bodega mismo, tan buena como la del 2005, aunque algo más delicado en paso por boca y retrogusto; con la segunda, en casa, descubrí (creo) que le hace falta un ratillo de aireación, pues sus aromas sonaron quizás demasiado a caramelo de fresa. Su paso por boca, eso sí, estratosférico de nuevo y la extracción de color, mejor que en 2005, en mi opinión.
Han caído y he escrito sobre ellos, el sencillopero sabroso 50-50 y el casi monovarietal Monagós, uno de mis preferidos sin duda. Un vinazo en mi opinión. Penta no me gusta tanto, pero quizás es por mi tendencia (son cinco variedades de uva, de ahí el nombre) a que me gustan más los ensamblajes con pocos vinos o monovarietales. Hagios es, quizás, la niña de sus ojos, aunque sólo he probado una botella y no tengo todavía opinión formada. De todos ellos iré hablando un día u otro. Y me quedan dos perlas por descubrir, de las que no he leído nada y a las que tengo ganas: un tempranillo vinificado como "blanc en noirs" (ellos no están muy contentos con el resultado y no sale ni en su págna web, creo recordar) y un dulce de merlot, al estilo de algunos buenos monastrells o matarós levantinos y catalanes, que tan bien conocemos. El merlot ya está en cola de espera y el tempranillo será compartido con los colegas de ETB.
El conjunto, en mi opinión, es de calidad con precios bastante ajustados. Puede que todavía no hayan sacado un vinazo de relumbrón, pero se van acercando, sin duda. Y los mimbres para ese "cesto" están bien puestos.
Saludos!
Joan

La Guarda de Navarra dijo...

Espectacular bodega, y ese plan durante la vendimia unido a la berrea, tiene que ser para no olvidarlo y para compartirlo con el corazón.
Saludos viajeros.

J. Gómez Pallarès dijo...

Se me olvidó poner que ese casi monovarietal lo es de syrah. Perdón. El que no he probado jamás es el que denominan Talva, su blanco de ensamblaje. ya caerá!
Joan

J. Gómez Pallarès dijo...

Yo me lo he dejado bien anotado, sí señor, amigo La Guarda. De hecho uno de mis planes de vida es poder llegar a ayudar en la vendimia en algunos de los lugares significativos para los vinos que más me gustan. Y entre ellos está éste, sin duda. Aunque aquí la mecanización de la vendimia y la hora de la recogida hará más complicado el asunto, pero vaya, caerá.
Saludos!
Joan

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