16 marzo, 2007

Vinos en un tren: la paradoja de RENFE


Me gusta viajar en tren. Me gusta el ritmo que impone, la posibilidad de ver, de pensar, de leer, de pasear, de charlar, incluso de no hacer nada...pero de una forma mucho más relajada (¡para mí!) que en un avión o un coche. En los últimos tiempos me he movido mucho con trenes de los llamados de alta velocidad, sobre todo en Italia y en España. Y siempre me he fijado mucho en los detalles del servicio, en tiempos en que en el avión éste ha dejado prácticamente de existir (a no ser que viajes en clases que yo no suelo frecuentar).


Mis últimas experiencias han sido ya con el AVE que une el Camp de Tarragona con Madrid-Atocha. Además de una cómoda conexión con el centro de Madrid ("pronto" ya desde Barcelona Sants), te ofrece unos espectaculares paisajes (ahora que ya todo huele a primavera) del campo entre Vinaixa y les Borges Blanques o de las tierras de Soria, antes de llegar a Guadalajara. Sólo eso vale ya, en esta época, el viaje. Si uno va en clase turista no tiene derecho, en su asiento, ni a una miserable conexión eléctrica. Si se pasa a clase preferente, mejora algo el servicio (con periódico incluído), pero la máxima expresión de la oferta de RENFE llega con la clase Club (en la foto).


Según la franja horaria te puede tocar un desayuno, una merienda, una comida o una cena. Yo he probado desayunos (siempre calientes y en su punto,el último de huevos revueltos con espárragos y tocino con pimentón) y meriendas.Y la última es la que me hizo pensar en escribir este comentario. Ni me había fijado, pero junto a un menú en que te especifican qué comerás (canapés y panecillos variados, uno de triángulo de pan inglés, con ensaladilla rusa y atún estaba muy rico; el resto bien discreto), te pasan una carta de "Servicio de Bar", en que se especifican los vinos y los brandies y licores. Vinos: si uno quiere blanco, puede elegir entre DO Rueda Viña Marian, Marqués de la Sierra de Alvear o Viña Sol de Torres; si quiere tinto, DO Ribera Señorío de Nava, DOC Rioja Paternina Banza Azul o DO Catalunya Sangre de Toro. Sólo se salva, en mi modesta opinión, el DO Somontano Viñas del Vero crianza. También hay aperitivos, cervezas, zumos y refrescos.


La "sorpresa" saltó, cuando entre tanta mediocridad y perdido en la zona de destilados, topé con un "Fino Tío Pepe" (entre un Brandy Lepanto y un Anís dulce: sic!). Recordé de inmediato uno de los últimos comentarios de Encantadísimo, cuyo protagonista era una inusual botella de este estupendo fino, en un formato (botella verde traslúcida) de exportación, pero no de consumo en España. Pues he aquí que a mí me sirvieron el botellín que véis en la foto (de 50 ml), en una copa (la única decente de todo el servicio, pues el vino lo sirven en una especie de vasos troncocónicos) casi apta para el consumo de fino. Mantenía sus características habituales, aunque con un ligero verdor en ese amarillo pálido brillante, que no sé a qué atribuir: estaba muy seco en boca, como es habitual, con aromas de hueso de aceituna, de la misma aceituna en salmuera, con su punto de salnitre y de almendras saladas. Un trago mínimo, sí, pero estupendo y que me salvó la merienda y la visión de los campos de Soria en envero, a qué os voy a engañar.

En mi opinión, RENFE tendría que atender a estas sencillas preguntas: ¿qué bodega de vinos de calidad no se avendría a embotellar en el formato que se le pidiera y con la calidad requerida, el vino que se seleccione, si se le asegurara que cientos de miles de pasajeros pasarán su mirada por esas botellas? Y ¿acaso RENFE no sabe todavía que algunos grandes vinos de este país embotellan ya ahora en formato pequeño? El último ejemplo: Villa de Corullón de la DO Bierzo. Todos sabemos que no es la forma adecuada de conservar un vino de calidad, pero sí puede serlo para consumirlo con cierta inmediatez. Y la paradoja: una empresa que quiere cuidar todos los detalles del servicio en un tren que es, para ellos, la máxima expresión de la casa (según me confesaba un revisor), ¿no tendría que cuidar, también, al máximo, qué se ofrece en materia de vinos, de destilados y de espumosos y con qué copa se ofrece, en su servicio de restauración? Y si necesitan a alguien que les asesore, no les faltarán voluntarios, no.

2 comentarios:

La Guarda de Navarra dijo...

Tienes toda la razón. La ultima vez que fuí en tren a Madrid disfruté del periodico, de los caramelos, de la toalla caliente y del desayuno. Incluso de una pelicula, no la recuerdo por lo tanto no sería interesante. Lo que si recuerdo eran los paisajes del mes de noviembre, humedos y muy inspiradores de posts como el tuyo. Sobre el vino sin comentarios. Todavía nos faltan años luz para darnos cuenta que hay productos como el vino o unos buenos alimentos que harían los viajes mucho mas agradables y placenteros. Si no siempre nos quedará la estampa antigua de los viajeros de pueblo comiendo buenas viandas en el tren y compartiendolas con el resto. Si a esto le sumas una bota de buen vino, que se quede RENFE con su catering.

J. Gómez Pallarès dijo...

Sí, la verdad es que en la comida han mejorado algo, siempre que no pidas un bocadillo en el bar del tren!!!,pero tampoco tanto, no por lo menos en consonancia con lo que ese tren y esa clase representan para ellos: el non plus ultra.
Lo que clama al cielo es lo de los vinos. Pensarán que la gente somos imbéciles o no tenemos ni idea, pero suena casi raro que queriendo dar esa imagen de "lujo" y glamour, se lancen a ofrecerte según qué cosas. Con lo sencillo que es hacerlo bien.
Saludos!
Joan

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