23 enero, 2007

Château de Chantegrive Cérons 2001


La región de Burdeos es una de las tierras prometidas para el vino, goza de un clima excepcional para el cultivo de la vid (aires atlánticos, el estuario de la Gironde y las Landas) y tiene microclimas y zonas geológicas bien distintas que producen la mayor variedad y calidad de, sobre todo, vinos tintos y vinos blancos licorosos (no soy yo tan adepto de los blancos secos, aunque grandes excepciones sí hay) . Los grandes nombres de bodegas, los grandes "terroirs" son bien conocidos de todos. Pero cuando uno patea el territorio, acaba descubriendo cosas que son "secretos" a voces para las gentes del lugar, pero pasan más desapercibidos para el gran público. Uno de ellos es el Château de Chantegrive, en Podensac. Producen los Lévêque tanto vinos tintos y blancos secos de la denominación de Graves (el blanco multipremiado "Cuvée Caroline" es la reina de la casa), como blancos licorosos, bajo la "appéllation Cérons controlée". Son amables, muy atentos con las visitas y si tienen tiempo, te muestran y explican todo. Fue una de las visitas más bonitas e instructivas que hicimos unos cuantos amigos la pasada primavera. La denominación Cérons es otro de esos "secretos" a voces. El Sauternais se lleva la fama, las luces y los dineros, pero un poco más al norte, en los límites con la zona de Barsac y englobada dentro de Graves, Cérons produce también grandes vinos licorosos.

Los Lévêque tienen plantadas, a partes iguales, las variedades reinas para estos vinos: 50% de sauvignon blanc y 50% de sémillon. Realizan la vendimia en forma manual, tienen mesa de selección y el mosto fermenta directamente en barricas de madera, hasta alcanzar sus habituales 17%. En la foto, podéis ver su sala de blancos, literalmente espectacular, donde el blanco licoroso reposa no menos de 18 meses. Su ensamblaje es muy mayoritariamente de sémillon (90%), con el resto de sauvignon blanc, lo que le dá unas características organolépticas que fueron muy apreciadas durante la cena de mi bautismo (comentario anterior en este blog).

Este 2001 se encuentra en un momento ideal, ahora y en los próximos 3-4 años, en que si está bien conservado, ganará clara complejidad aromática. Fue servido a unos 10ºC (calculo, pues no llevaba termómetro) y abierto tres cuartos de hora antes de su degustación. Es muy agradable a la vista, con un amarillo oro intenso, de trigo bastante maduro, pero con recuerdos de su envero, verde. Brillante. Su nariz es espectacular, uno de sus puntos fuertes, pues fue evolucionando a lo largo de más de una hora: tiene las notas habituales de la uva botritizada, con recuerdos de la hierba húmeda del château en primavera (¡allí donde "cantan los mirlos"!), con notas de cítricos (el más destacado y poco habitual para mí, de piel de mandarina), flor de azahar y finos apuntes de miel de acacia. La boca acompaña estos aromas, pues se muestra con una compensación exhuberante entre acidez y azúcares residuales, no pesa, pasa goloso y atractivo, se recrea, anota largo posgusto en el paladar y pide a gritos el siguiente trago.

Decidimos abrirlo al principio de la cena, para acompañar un delicioso foie con leve reducción de vinagre muy aromático: ¡diana! Los amigos de ETB lo reconocieron como a uno de los grandes vinos catados en la velada. Si os digo que lo venden sobre los 20 euros no me vais a creer, claro.

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