29 enero, 2007

Ca' Rugate: tradición y calidad vénetas



A caballo entre sus 30 hectáreas en Monteforte d'Alpone (zona del Soave classico) y las 10 de Montecchia di Crosara (zona de la Valpolicella), desde 1986 la actividad de esta joven bodega propiedad de la familia Tessari



(de izquierda a derecha, Michele, Amedeo y Giovanni) no ha hecho más que crecer y consolidarse. El día 27 por la tarde, en la sala de cata del Celler de Gelida, tal y como os comenté, tuvo lugar una presentación sistemática (facilitada por la Enoteca d'Italia, que los comercializa, y Slow Food Barcelona) de la producción de la bodega. De la mano de Michele (en esta ocasión, ¡con traje y corbata!), que además de propietario, es enólogo de la casa, y en la inmejorable compañía de los responsables de la Università delle Scienze Gastronomiche, una sala repleta tuvo ocasión de oir precisas y amables explicaciones (en un delicioso italiano, trufado de expresiones vénetas) sobre cada una de las etiquetas de la casa.



Dejo para otra ocasión (para varias ocasiones, diría) un análisis y descripción detalladas del contenido de cada botella. Pero no quiero dejar pasar la inmediatez de las sensaciones de esa tarde, para redactar algunas de las notas que tomé, apresuradas, no sistemáticas, pero válidas (¡para mí!) en cuanto que primeras impresiones. En primer lugar, alguna cosa quiero decir sobre el soave classico Monte Fiorentine 2005. Se trata de una de las grandes alegrías y sorpresas de la tarde: un monovarietal de uva garganega que se vendimia en cada momento, en cada parcela, en su punto óptimo de maduración (por lo menos desde mediados de septiembre hasta noviembre), que fermenta y se guarda, después, en grandes depósitos de acero,a temperatura controlada y durante no menos de 10 días, y que ofrece unas notas impresionantes de flores blancas (tilo) y de melocotón de carne blanca ("gabacho" les llamamos en Cataluña), junto con la frescura en boca de la hierba recién segada y una punta mínima de carbónico.




Otro de los grandes vinos catados fue el amarone de la Valpolicella 2003. Es uno de aquellos vinos imprescindibles que conviene conocer: a partir de la variedad de uvas Corvina, Rondinella y Corvinone (una de las grandes bazas de la familia Tessari es el dominio absoluto de la vinificación de las variedades de la tierra), la uva recogida se deja pasificar en sitios bien ventilados y sin humedad. El mosto que resulta de esa uva, junto con mosto de uva no pasificada, reposa, tras la fermentación, en toneles de 500 litros durante no menos de 25/30 meses. El resultado es un vino que integra el extraordinario color de la tinta china de la Edad Media, con un menisco impenetrable, unos aromas de ciruela pasa de miedo, pan de higos, compota de moras, frutos secos torrefactos y unos taninos dulces, redondos y perfectamente integrados. ¡Que le den un ciervo o un jabalí de los de verdad a este vino y veréis!




Algunos vinos dulces (ya sabéis que son mi auténtica pasión) cerraron la velada. No me esperaba, la verdad, que tras tanta calidad en los blancos secos y en los tintos, los dulces estuvieran a la misma altura. Me equivoqué, y mucho. Probamos, por ejemplo, un recioto di Soave La Perlara 2004. Monovarietal de garganega, la uva se deja pasificar, lejos ya de la planta, hasta la primavera siguiente a la vendimia. El mosto fermenta en barricas de roble francés donde reposa con sus lías finas. Tras filtrado, el vino permanece otros 10 meses en la misma madera. El resultado quita el hipo: tiene el color del oro viejo, es brillante pero no denso, ofrece ribetes de verdor de su reciente juventud, en nariz sobresalen notas de pera madura, de melocotón en almíbar, de miel de azahar y en boca, tiene un frescor y una acidez que casi es de no creer. Y probamos también un recioto della Valpolicella L'eremita 2005. Si el primer es una dulce perla blanca, éste lo es también, pero negra. Hecho con las variedades de la Valpolicella, el sistema de vendimia, pasificación y vinificación es muy parecido al de La Perlara. Su resultado es algo diverso, pero igualmente impactante: aquí el olor de la uva tinta bien madura domina mucho más, es casi desbordante, y junto a él, el de las violetas del bosque. En boca, una compensadísima acidez y su frescor recuerdan mucho a algunos tintos dulces nuestros del Levante, hechos con mataró / monastrell. Es un vino ideal para los postres con chocolate.





Mi impresión, tras una larga y fructífera cata, es que nos encontramos ante una familia muy seria, que trabaja con apego a las tradiciones vitivinícolas de la tierra véneta pero muy atenta a ofrecernos de ellas una versión moderna y actualizada. Mi impresión es que, casi como me pasa con los Eguren en la Rioja y en Toro, nos encontramos ante una familia que convierte en gran vino cuanto toca, con el añadido de que aquí, además, tenemos enormes blancos y tintos dulces. Me quito el sombrero ante tanta valentía empresarial y buen saber hacer enológico. Por cierto, el personaje de la foto es Don Fulvio Tessari, el abuelo de Michele. Como dice su nieto, "¡es 100% uva garganega"! Se trata de un ejemplo a seguir, sin duda: ¡es de la promoción de 1915!

2 comentarios:

elisabetta dijo...

Michele "i con traje y corbata!" ?? avrei voluto vederlo!! :-) :-)
Son felice che Michele Tessari ti sia piaciuto. E che ti siano piaciuti i suoi vini. E' raro trovare un produttore bravo sia nei vini bianchi che in quelli rossi, nei secchi e nei dolci... Sin duda, Michele è uno dei giovani produttori veronesi più in gamba.
iAlla prossima...scoperta, caro Joan!

Lizzy

J. Gómez Pallarès dijo...

Grazie per le tue parole qui, cara Lizzy. Come bene hai sottolineato, è più normale trovare una azienda che sia fortte in uno o altro tipo de vinificazione. Ma tutto quello che ho assaggiato sabato sera mi ha sembrato ad alto livello e alcuni dei vini, specialmente quelli dei quali offro oggi una noterella e prima impressione, mi hanno sembrato di altissimo livello. Sto già pensando a cucinare per gli amici e a cercare alcun bel abbinamento per alcuno di questi vini.
Grazie ancora di tutto!
Joan

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