31 diciembre, 2006

Robert M. Parker Jr. y sus mejores bodegas


    Tenía la intención de cerrar el año en este blog con otra extraordinaria foto, de nuevo de un viñedo andino (misma fuente para la foto) que se encuentra a 1500 metros de altitud. Sin más, como un regalo para la vista. Pero al mirar con atención sus datos, me di cuenta de que se trata de Viña Adrianna, de donde la familia Catena Zapata saca la uva chardonnay (en Gualtallary, Mendoza, Argentina) con la que fabrica uno de los más notables blancos secos argentinos, su Catena Alta Chardonnay Viña Adrianna. Su añada 2001 ha merecido la atención del modelador de gustos y de vinos, Robert Parker, con un contundente "93 puntos". Para un blanco no francés ni alemán, eso es mucho, mucho. Por lo demás, se trata de la única bodega argentina que ha sido seleccionada por el enófilo abogado para formar parte de su último gran libro, Los mejores viñedos y bodegas del mundo. Una perspectiva moderna, Barcelona, 2006 (edición de noviembre, traducción del original inglés The World Greatest Win Estates, publicado el año pasado).


    Mi familia, que a ratos sufre, a ratos goza con mi pasión por viñedos y vinos, me quiere bien y en la última tanda de tradicionales regalos que los adultos nos hacemos (los niños esperan a Reyes) , en memoria de las fiestas dedicadas al romano dios Saturno (Saturnalia, las únicas fiestas en que los Romanos tomaban vacaciones, justo antes del solsticio de invierno, el 17 de diciembre, e intercambiaban regalos y posiciones sociales), ha "caído" este libro. Llevo unos días dedicado a su placentera lectura y mi foto de despedida del año, me ha llevado a releer la ficha de Catena (p.23, para el chardonnay) y a comentaros algunas cosas de su contenido. Para Parker es básica su definición de grandeza y de calidad, que es la que justifica qué bodegas entran en el libro y qué bodegas se quedan fuera. Dos son las premisas: la máxima expresión del terruño (es decir, que el enólogo sepa sacar el máximo de rasgos diferenciales de unas parcelas concretas) y que el vino emocione, subjetivamente, hasta el punto de que cada nueva botella, cada nueva añada transmita más y mejores emociones que la anterior. Para un libro de 708 páginas que intenta abarcar el mundo entero a partir de las fichas de The Wine Advocate, hay que decir que las presencias están bien documentadas y aportan información precisa y útil. Pero, en la otra parte de la balanza, las ausencias son tan clamorosas que casi duele escribir sobre ellas. Me dirán "un libro es un libro y tiene, por definición, un número finito de páginas". Es cierto, pero no lo es menos que se dedica un exagerado espacio a los vinos franceses (pp.81-426) en relación con el resto (para los norteamericanos: ¡577-685!: ¿la revancha del Juicio de Paris?) y, también, que en este libro no existen ni los vinos surafricanos ni los neozelandeses. Un hueco tremendo para mis gustos informativos.

    Con todo, de lo único de lo que puedo hablar con cierto conocimiento de causa es de las presencias y ausencias de bodegas españolas. El manto de oscuridad que arroja Parker sobre la realidad de la vitivinicultura española (por cierto, Portugal tampoco existe) es enorme: aporta al caudal enofílico del mundo mundial sus notas sobre seis (¡6!) bodegas españolas (pp.557-577).









    No me atrevo, por supuesto, a hablar de desconocimiento (aunque veremos qué salto cualitativo se da ahora en su empresa, cuando él ha decidido ya no catar más vinos españoles), pero se sabe, sólo existe aquello que se conoce y divulga. Las seis agraciadas lo son con todos los méritos y pronunciamientos favorables, tanto por expresión del terruño respectivo (Artadi, Clos Erasmus, Álvaro Palacios en el Priorat, Pingus), como por capacidad de reproducir nuevas sensaciones constantemente (además de las anteriores, Tinto Pesquera y Vega Sicília en la Ribera del Duero). Pero, con todos mis respetos, algunas de las ausencias son, para mí, clamorosas. Apunto algunas que, en mi opinión, cumplen con creces con los parámetros de Parker y son, en la comparación con las bodegas presentes, perfectamente comparables:

    Bodegas Aalto, con Aalto P.S., de Mariano García y Javier Zaccagnini, de la DO Ribera del Duero.

    Bodegas Mauro, con Mauro Vendimia Seleccionada, de Mariano García, Vino de la Tierra de Castilla-León.


    Bodegas Eguren, con Finca el Bosque y El Puntido, de la familia Eguren, de la DOC Rioja.

    Paro por no alargarme ni ser pesado. Pero casi me atrevería a animar a quien lo crea conveniente a aportar el nombre de una gran bodega española o portuguesa (por hablar de Iberia), con alguno de sus grandes vinos y su zona de origen. Con el listado que acabe saliendo, podríamos proponer entre todos, aunque sea sólo a través de internet, unos addenda y corrigenda al último libro de Parker.

    30 diciembre, 2006

    Termanthia 2001 y huevo con trufa


      La discreción me propone que no cuente dónde se cocinó este huevo pero, amigos lectores, os seguro que hacía mucho tiempo que no comía algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan sabroso y exquisito. Su cocinero es un experto en la trufa, en su grado óptimo de consumo, en su madurez, en sus ensamblajes...La otra noche acogió en su casa a unos pocos amigos y nos envolvió con el tierno manto de una amistad y de una hospitalidad (fuera estábamos casi bajo cero) que hacía tiempo no vivía. Un huevo frito cocinado con parsimonia, su sal de especias en la mesa mismo y la trufa rallada justo en ese preciso momento, ofrecen al paladar una sinfonía de sabores alucinante: del dulzón del huevo, a la salinidad matizada de la sal y mezclado todo ello con la mineralidad absoluta de la trufa negra, con sus puntas de musgo y de bosque húmedo de otoño. Una delicia.


      Dar en la diana con el vino que pueda hacer compañía a tal prodigio no es nada sencillo. Y mi amigo dio (aunque yo no estuviera nada convencido al principio, lo confieso) en el clavo: Termanthia 2001. Se trata de uno de los vinos estrella de Marcos Eguren (confieso, como hice sentado a la mesa, mi debilidad por este enólogo: Sierra Cantabria Colección Privada; El Puntido, Finca El Bosque, Numanthia y etc., configuran un panorama de logros difícil de igualar en este país). Un viñedo en Argujillo (Zamora), en la DO Toro, proporciona la uva tinta de Toro con que se hace en exclusiva este vino. Un proceso de selección, de maceración y de fermentación alcohólica siempre muy controlados y una maduración en barrica de roble frances nuevo de 16 meses, donde hace la maloláctica, ofrecen un vino de producción muy limitada (menos de 4000 botellas), de precio algo exagerado (suele rondar o superar los 100 euros la botella) y 14,5%. Es muy importante decantarlo por lo menos una hora y media antes del servicio y que éste sea a 16-17 grados. Tiene el color cárdeno profundo de la vestimenta de los príncipes de la iglesia, con un menisco casi impenetrable y el ribete granado. Tiene los aromas de la mora y del arándano maduros, tiene matices florales (de violeta) y notas de chocolate negro y de cuero noble, todo ello bajo una finísima capa de mineralidad, de pizarra recién rasgada. Es, además, un vino que sigue evolucionando en copa. A pesar de todas estas bondades, para mí su punto fuerte llega en boca, donde se muestra como un vino extraordinario, corpóreo pero no pesado, con volumen pero no denso, de trago muy agradable y de taninos finísimos, delicados, suaves, amables, que dejan un largo posgusto. Estos taninos, sin duda, fueron, junto con el punto mineral de este vino, los que le hicieron la "corte" al huevo trufado y llenaron mi boca de una amalgama de sensaciones que me costará olvidar.

      No se me ocurre mejor manera de encarar, fortalecidos en cuerpo por esta cena y en alma por la amistad y hospitalidad de nuestro anfitrión, la segunda tanda de encuentros familiares de estas fiestas, desde Año Nuevo hasta la Epifanía del Señor. ¡Gracias, R.N.!


      La foto es de otro buen amigo, E.A. ¡Gracias, también a ti!

      28 diciembre, 2006

      Una pausa refrescante: erizo y Elisabet Raventós 2000




        Tenía pensado proponeros esta foto del delirante, exhuberante y delicadísimo "coulant" de erizo que nos mostró hace unos días Tiritinyam (la receta en su blog) simplemente como una de las fotos memorables que, en los últimos tiempos, han pasado ante mis ojos. Pero creo que le restaríamos méritos. Prefiero que intentéis cocinar esta maravilla y, además, contestar lo que ya le apunté a él mismo hace unos días: ¿con qué acompañaríamos esta apabullante metamorfosis de erizo?




        La idea es que sirva como aperitivo y no se me ocurrió otra cosa que un cava que, en mi opinión, está a la altura de la receta y de la foto: Elisabet Raventós 2000 de la cava Raventós i Blanc . Este cava está hecho de uvas procedentes de un mismo viñedo, con más de 30 años a sus espalderas (hermoso nombre el de "Viña del Lago", de suelos pedregosos y pobres y en competencia con las raíces de un pinar cercano: ojo a este dato cuando lo degustéis), con una mayoritaria charelo y una presencia muy apreciable de chardonnay en el ensamblaje (mínima monastrell). Seis meses con sus lías finas tras la fermentación alcohólica en acero y cuatro años de crianza mínimos (de hecho, ahora acaba de salir al mercado la añada 2001) en rima, con fecha de degüelle para elegir el momento óptimo de degustación, ofrecen un panorama, en cada botella, poco habitual en el mundo cavístico. Si a ello le añadimos el precio (ronda los 12-14 euros), la propuesta es casi imbatible. Con todo, estos detalles serían nimios si al abrir la botella las cosas no fueran a la par. Elisabet Raventós 2000 no decepciona: finísimo perlaje que sube en columnas homogéneas a la superfície; color del trigo casi maduro, amarillo bastante intenso; flores de tilo y acacia en su olor; roscón de Reyes con fruta escarchada y olor de bollería (¡las lías!); cremoso y sabroso en boca (12% para una acidez y un azúcar mínimo, muy compensados y equilibrados); largo posgusto con sabor a frutas. Todo ello hace de este cava un acompañante ideal, no sólo para el aperitivo de erizo de Tiriti, sino, casi, para la comida entera. Sin duda, es uno de los que siempre hay que tener en cuenta y, si se puede, a mano.

        27 diciembre, 2006

        PX "de Rojas": la lágrima nunca duerme


        La histórica serie "La bota de..." sigue con algo digno de estas fiestas, de sus postres y de sus tradiciones: "La bota de Pedro Ximénez", dedicada al científico y humanista Simón de Rojas. Procede la saca de las más antiguas soleras de Pérez Barquero en Montilla (sin contar su Fundacional 1905), con decenios de crianza y ningún encabezado. Se trata de PX en estado puro, un regalo para los enófilos, que hay que degustar con cuidado, pues es un vino nada habitual: altísima concentración de azúcares, pero no empalagoso (si se sirve a unos 14ºC), acidez muy equilibrada y tan sólo 11%. Una joya única, excepcional (800 botellas) que, por sí misma, constituye casi el mejor y más goloso de los postres navideños.





        Emoción: la Pietà de Michelangelo y las lágrimas de la Madonna, siempre cayendo, nunca llegando. Corazón de chocolate oscuro, orillas de yodo. Regaliz en rama. Pan de higos. Caramelo toffee. De nuevo, chocolate negro, negro. Café torrefacto natural. Confitura de higos en pastelería con mantequilla. Éxtasis: Santa Teresa de Bernini.

        Pedro Ximénez "de Rojas": su lágrima nunca duerme.

        Créditos fotográficos: toffee by shamanix; café by Tonx; tarta de higos by Zaccari; chocolate negro by david fisher; Extasis de Bernini by yakanama; pan de higos by chefdaiz; Pietà by VinCross; regaliz by unmirasol; hojas de tabaco by iCar.

        26 diciembre, 2006

        Gatinois Brut 2000: sinfonía de la manzana


          En la montaña de Reims (en la foto BY jockman23), se asientan algunos de los viñedos de mayor prestigio de Champagne, entre ellos los que cultivan los Gatinois desde 1696. En una de sus laderas sur, se encuentra Aÿ, donde trabaja una de las bodegas de baja producción que mayor éxito está cosechando en los últimos años entre la crítica mundial, desde los grandes gurús norteamericanos hasta los más humildes catadores hispanos (es decir, yo).



          Todavía con el impacto de la degustación en la cabeza y en el paladar, me apresuro a escribir estas meditadas notas sobre el champagne de Gatinois de añada, 2000, monovarietal de pinot noir, que se presenta con 12%. Algunos de mis amigos que más conocen del tema me habían hablado maravillas ("es mi preferido", decían) y yo ya tenía ganas de confrontar su opinión con mis sensaciones.

          ¡Llevaban razón! Yo no puedo ofreceros una comparación con otras añadas, pues es mi primera experiencia con la marca. Eso sí: lo que he probado es realmente muy bueno.


          Su color es el del oro viejo, intenso, con matices que huyen hacia el cobre. Sus burbujas son finísimas, persistentes, no se cansan jamás de buscar la superfície de la copa, donde forman una corona perfecta. Sus aromas me han recordaddo, desde el inicio (además de otros matices, que podrían definirse, también, como florales o minerales), una metáfora del reino atlántico de la manzana:


          empieza con aromas y sensaciones de manzana verde, para mí, la reineta (en la foto, la del Bierzo), porque en mi recuerdo es la que mejor une las sensaciones y el equilibrio entre acidez y dulzor que he notado en este champagne.


          Tras un rato en la copa, esta sensación de equilibrio empieza a decantarse y el vino se abre, se abren también las "puertas" del obrador y asoman los matices de levaduras y de pastelería. Primero me ha parecido que la cosa se iba hacia la tatin de manzana en Bretaña (en la foto BY cakochocolat), pero después se ha decantado hacia la pastelería más centroeuropea, del apfelstrudel (en la foto BY Burl Rice). Aquí están mis sensaciones: de la manzana cruda a la manzana asada, con momentos de gran placer. Sin duda para mí, se trata de un champagne excelente, que tiene que ser servido en sus adecuadas condiciones (¡gracias, Víctor, por los consejos!) y que, tras una buena aireación y a 10-12ºC, alcanza cotas de gran categoría, sobre todo acompañando platos de cierto empaque, por ejemplo, una extraordinaria escudella de Nadal.

          25 diciembre, 2006

          Racimo de riesling para eiswein




          Mañana del día de Navidad del año de gracia de 2006. En Barcelona apenas hace frío (10ºC a las 8 a.m.), pero cuando uno piensa en las "blancas Navidades", se acuerda de un tipo muy especial de vendimia. Se trata, como véis en la foto (by Vinard) de la vendimia de uva para realizar el eiswein (icewine). Suele tener lugar, en lugares ya de por sí muy fríos (centro de Europa, zona del Niágara), a finales de noviembre o en pleno diciembre. El contenido en agua de la uva se ha congelado en su interior, sus azúcares se han concentrado y esperan a ser, racimo a racimo, amorosamente recogidos a varios grados bajo cero (a veces, incluso de noche). Pronto iniciará, tras un sangrado por gravedad, una lentísima fermentación que, a tan bajas temperaturas, durará semanas, meses... El final de esta historia llega con los postres del día de Navidad, donde un vino dulcemente natural como el eiswein, a su buena temperatura, se agradece sobremanera.

          ¡Que paséis un feliz y sereno día de Navidad!

          24 diciembre, 2006

          Castell de Perelada, Finca Malaveïna 2003



            Finca Malaveïna, es uno de los dos proyectos de "vino de pago" (junto con Finca Garbet) de Castell de Perelada (D.O. Empordà). Procede de un ensamblage de 60% merlot, 30% cabernet sauvignon y 10 garnacha. Tiene 14% y hay que servirlo a 16-17ºC. No es necesaria la decantación pero sí abrir la botella por lo menos media hora antes de su consumo. Éste puede alargarse desde inicios de 2006 hasta, por lo menos, 2010.

            Integridad: 8,5; Complejidad: 9; Intensidad: 9.

            Volumen: 8,5; Equilibrio: 7,5; Concentración: 9.

            Suavidad: 8; Sabrosidad: 9; Longitud: 9.

            Puntuación de cata: 85 sobre 99.

            Las notas dominantes en la cata fueron: un brillante color cereza picota madura; un aroma de frutillos rojos y negros de bosque en compota; unos taninos enormes, muy suaves y sabrosos; un retrogusto de largas caudalías; los suaves aromas de la torrefacción (vainilla).

            Botella comprada por 17,5 euros. Si encontráis este vino, compradlo.



            (foto de vainilla en rama by kendiala)

            23 diciembre, 2006

            Risotto de Adviento y Cal Celdoni 2004


              Para preparar como mandan los cánones el final del Adviento, hoy he cocinado para la familia un risotto de boletus edulis ("ceps", "funghi porcini", "boletus") toscanos deshidratados (en la foto, frescos BY "chiara"). ¿Por qué deshidratados? Pues porque el caldo de su hidratación (en un cazo con agua tibia por lo menos dos horas antes de su utilización) es uno de los elementos clave del sabor que le doy al risotto.

              Prepara esa hidratación y resérvala. Prepara un caldo de carne y resérvalo. En la cazuela en que vayas a hacer el risotto, sofrie una par de cebollas de Figueres (o del tipo que tengas) y una ascaluña. Cuando empiecen a estar doradas, casi marrones, añade un par de nabos negros cortados a trozos bien pequeños. Cuando hayan perfumado el sofrito, añade unos cuantos tomates deshidratados, que irán cogiendo el tono y el volumen en el sofrito mismo y con el caldo posterior. Cuando esté listo el sofrito, corrige un poco con sal, pimienta y un poco de orégano. Añade entonces los "funghi" ya hidratados y un poco de mantequilla. Ve añadiendo un poco del caldo de los "funghi", para que se vaya evaporando a fuego lento y aromatice todavía más la mezcla. Cuando las setas se hayan integrado en el conjunto, toma tus medidas de arroz (75-100 gr por comensal, a ser posible de arroz bomba) y dora el arroz en la cazuela con el sofrito. Cuando haya tomado su color, añade caldo de carne y un poco más de caldo de "funghi", hasta cubrir el arroz. Cuatro minutos a fuego vivo y el resto (por lo menos quince más, aunque hay que ir probando) a fuego lento. Si hace falta, porque se evapora mucho líquido, añade un poco más de ambos caldos, con el objetivo de que el arroz quede siempre caldoso. Revuelve con frecuencia con una cuchara de madera y poco antes del final, añade un poco más de mantequilla y rectifica de sal. Cuando el grano esté casi en su punto, apaga el fuego, espolvorea parmiggiano y dale un toque de horno (gratinador) hasta que el queso se dore mínimanente. ¡Y a la mesa!

              Con el risotto que, aunque algo heterodoxo (os doy, literal, mi receta), ha quedado rico, rico, he puesto una novedad que no había catado jamás: un Doni Selección 2004 de los Viñedos Cal Celdoni. Con cabernet sauvignon dominante, garnacha de complemento abundante y mínimo tempranillo, se presenta una botella bordelesa (ya sabéis como funciona: me la ha regalado un amigo, copropietario de esta cooperativa de lujo, que prefiere la discreción y que no salga su nombre) con 14%, tras 14 meses de crianza en barrica de roble francés y una larga maceración previa en depósito. La casa recomienda servirlo a 17-18º, pero yo he preferido bajar algo la temperatura (14-15º) y creo que he salido ganando.

              Se trata de un vino de capa media, con un menisco de cereza picota no muy madura y un ribete que se acerca al anaranjado-teja de poca intensidad. Tiene unos agradables aromas de mora y de arándano maduros y sigue después con aromas propios de la estancia en barrica, con un primer plano de cuero limpio y tabaco y un segundo matiz de especias (pimienta y clavo). En boca presenta unos taninos agradables, de volumen medio, y un paso que no deja gran huella (posgusto algo escaso), pero sí un grato recuerdo.

              El tapón (48 mm), como véis, invita a la reflexión. Yo he pensado largamente, tras leer la página web de esta "cooperativa", en que este vino es un primer peldaño, bien puesto, pero a años luz de lo que los personajes que están al frente (por lo menos mediático) de Cal Celdoni (Adrià, Soler, de Miguel) han dado de sí en el mundo de la gastronomía y de la enología. Tiempo al tiempo.

              Una nueva sección: mis fotos



              Este medio de comunicación, el blog, me ha hecho dar cuenta de la extraordinaria importancia que tiene, no sólo qué se dice, sino sobre todo, cómo se dice. Dentro del "cómo", son fundamentales las imágenes. Desde hace un cierto tiempo, intento cuidar este apartado de la comunicación y hoy quiero inaugurar una nueva sección, "Mis fotos preferidas", donde de tanto en tanto, iré proponiéndoos alguna foto sobre el mundo del vino y de la comida que me parezca especialmente sugerente. Por supuesto, siempre citaré la fuente. En este caso, la foto de estos increíbles viñedos andinos procede del blog Vinos de América.

              22 diciembre, 2006

              Un paso más: Catas


                Convencido como estoy de que el presente, pero sobre todo el futuro de la comunicación libre e independiente pertenece a la blogosfera, en el primer día del solsticio de invierno de 2006 (justo a los seis meses de haber iniciado la publicación de este blog), he decidido dar un nuevo paso. A partir de ahora voy a aceptar, desde mi más absoluta independencia e imparcialidad, las muestras para cata que bodegas, distribuidores o particulares quieran mandarme. No voy a hacer una declaración de principios, que es algo a lo que muchos "bloggers" parecen sentirse obligados: no trabajo para nadie, soy dueño de mi empresa y de mi tiempo y el día que cobre por hacer esto de alguien, pues ya lo diré. No es el caso, por ahora. Ofrezco el potencial de lectura de este blog porque me apetece y porque creo que puede ser un buen instrumento al servicio de la difusión de los productos que acabe aceptando para comentar aquí.

                Según los datos de Google Analytics y de Blogcounter, que son quienes siguen el índice de impacto de este blog, actualmente acceden a él, de una u otra forma, más de seiscientos lectores cada semana, de los cuales más del 50% son habituales de estas páginas (¡gracias, amigas y amigos!). Muchos de ellos leen desde España (exactamente 599 a día de hoy, 22 de diciembre de 2006), pero la suerte de este blog, mi suerte, es que también están interesados en su contenido lectores de Italia (casi 500), de Portugal (más de 300), de América del sur y central (casi 200 argentinos, peruanos, chilenos, mexicanos, colombianos, brasileños...), de América del Norte y Canadá, de otros países de Europa (en cantidades alrededor de 25), como son Francia, Alemania, Suiza, Holanda, Dinamarca, Suecia, Reino Unido..., y, en menor medida, de Australia y de Japón. También gozo de más de 3000 lectores que acceden desde dominios "universales", no identificados con un solo país. Todo ello me hace pensar en dos cosas: en primer lugar, la casi obligación que tengo de hacer bien las cosas, en forma y tiempo, pues mucha gente busca información, entretenimiento, datos, en estas páginas. A ellos debo muchas satisfacciones desde que empecé el blog y para ellos quiero seguir escribiendo. En segundo lugar, es obvio que, aún no teniendo el impacto de un blog americano (la blogosfera se comunica en inglés: Vinography o Winecentric) o italiano (Aristide o Vino al vino de Franco Ziliani), el potencial de comunicación y de difusión de este blog es apreciable. Me gustaría que quien lo crea oportuno, aproveche esta circunstancia. Por supuesto, la única norma que me impongo y que impongo es la de "reservado el derecho de admisión": pido que quien quiera mandar muestras para cata y comentario, se ponga antes en contacto conmigo.

                Algunas de las personas que más respeto en la enoblogosfera (Winecentric es un paradigma para mí en este ámbito), puntúan este tipo de presentaciones. Yo, como bien saben mis lectores, no lo he hecho jamás en público. Pero en privado o en catas oficiales, sí lo hago. Para dar el rango necesario de seriedad a este nuevo apartado de mi blog, que llamaré Catas, explico brevemente mis condiciones de trabajo, para quien quiera atenerse a ellas: todos los vinos que cate para comentario lo serán bajo esta etiqueta en mi blog. Aceptaré vinos tranquilos de cualquier parte del mundo, así como vinos espumosos, pero no me atreveré con los destilados. No sé lo suficiente de eso ni tengo experiencia. Si alguien quiere comentarios sobre este tipo de productos, me apoyaré en colegas especialistas y así lo haré saber cuando publique. Del resto, el único responsable del comentario, para bien y para mal, seré yo. Utilizaré en exclusiva copas de cata homologadas para vino y para espumoso y haré las catas siempre en las mismas condiciones, entre las 10 y las 12 de la mañana, en excelentes condiciones de luz, sobre un fondo blanco y en ayunas. Haré catas individuales para cada producto: me lo puedo permitir y así lo haré. Creo firmemente (por experiencia personal) que las catas de, por ejemplo, 10 o más vinos en una sola sesión no sirven para nada, confunden al catador, acaban bloqueando parte de sus capacidades sensoriales y, en consecuencia, acaban confundiendo a quien sigue al catador.

                ¿De dónde van a salir mis puntuaciones? Es un punto clave de las reglas del juego. Demasiadas veces asistimos a 9,5/10 sin saber a qué responde esa "nota". Se me podrá criticar, pero tras mucho estudio y para mis catas personales, he llegado a la conclusión de que el sistema, aunque claramente subjetivo porque se basa, como todos en las propias percepciones, más "objetivo" posible de cuantos conozco, es el que propuso hace dos años, Fernando García del Río, en su libro El método del catador, Madrid, 2004, resumido en el cuadro de vuestra izquierda (su página 154), que es la base de "mi ficha de cata". Se esquematiza en tres triángulos que resumen las condiciones organolépticas de un vino: aroma, estructura y riqueza. Cada uno de ellos tiene, a su vez, tres puntos clave. El aroma, su integridad, su complejidad y su intensidad. La estructura, su volumen, su equilibrio y su concentración. Y la riqueza, su suavidad, su sabrosidad y su longitud. El desarrollo in extenso lo encontraréis, por supuesto, en el libro. Cada ítem puntúa de o a 10 (yo uso, además, los 0,5 puntos) y, por lo tanto, cada triángulo puede recibir, en una cata, un máximo de 30 puntos, para un total de 90. Puesto que la escala habitual es sobre 10 ó sobre 100, para llegar a la de 100, hay que multiplicar un eventual máximo de 90 por 110, y el resultado, será de 99 sobre 100. Me parece muy oportuno este límite, que "excluye" la perfeccción, por así decir, del 100 sobre 100. Por supuesto, no niego que la perfección pueda existir (alguna vez lo hemos comentado con Encantadísimo, en el pasado), pero existe desde la más profunda subjetividad y, en el mejor sentido del término, visceralidad. Es en ese momento personal, a esa hora concreta, con esa compañía y esa comida tan especiales, que uno llega a pensar "este vino o este cava son, literalmente, perfectos", "no les puedo pedir más". Esto existe, claro está, pero no se puede incluir, en mi opinión, en una cata que intente, desde los sentidos subjetivos (asumo, claro, la contradicción, porque al vino se accede a través de los sentidos: que nadie me miente la máquina ésa de los japoneses!!!), objetivar una opinión a través de una puntuación.
                Excluyo de mi sistema, porque no me convence y creo que tergiversa algo el resultado de una puntuación, la parte final que propone García del Río: tres ítems, que puntúa de 0 a 3 (es decir, ¡en una escala distinta!), sobre la Personalidad, la Estabilidad y el Precio, y que pertenecen a otro rango de cosas.

                Por cierto, que nadie busque si tengo éste o aquél título de sumiller o si he estudiado enología aquí o allá. En el mundo del vino y de la enología, soy autodidacta, hace muchos años que leo, cato, participo en eventos de todo tipo y viajo. Mi afán es el de la formación a lo largo de toda mi vida y en eso estoy y estaré. He aprendido mucho de la lectura (de Émile Peynaud hacia abajo), de la cata y, sobre todo, del trabajo compartido con amigos, en viñas y en bodegas: escuchar a los que saben mucho, a pie de viña, en la vendimia, trasegando la uva o trabajando en la penumbra de la bodega, es para mí lo más importante. El vino se hace en el viñedo y en la bodega. El resto es, etimológicamente, secundario. La única enseñanza que he recibido, y confieso que a plena satisfacción, es la de unos cursos de posgrado (mi grado no es en Enología, repito) en la Facultad de Enología de la Universitat "Rovira i Virgili" de Tarragona, sobre los distintos tipos de vinificación.

                Finalmente, quiero dejar claro que mis inquietudes siguen siendo las mismas. Aunque ahora haya decidido dar este paso, seguiré estando atento a las tiendas de vinos, a los restaurantes y comidas interesantes, al resto de aspectos culturales de mis viajes y, por supuesto, a las descripciones llamémoslas sensoriales de los vinos, más allá o más acá de las notas de cata y de las puntuaciones. Y seguiré escribiendo sobre todo ello, si me seguís haciendo la confianza de leerme.

                PS. La imagen de cabezera de este comentario, "Le nez du vin", es la imagen comercial de Jean Lenoir, como bien sabéis. Cito la procedencia por su copyright pero no tengo nada que ver con esta empresa.

                20 diciembre, 2006

                Mis joyas "escondidas"


                En tiempos de fiestas navideñas, de fin de año y de bienvenida del Año Nuevo, constato dos tipos de tendencias en la blogosfera enófila: los unos (por ejemplo, algunos de nuestros amigos portugueses) proponen el divertido juego de "¿qué le pedirías a Papa Noël en materia de vinos, suponiendo que su cuenta de gastos es ILIMITADA?". Salen cosas divertidísimas y que hablan a las claras de la amplia cultura de la gente en materia de vinos no catados. Los otros (por ejemplo, Aristide entre los italianos) proponen una selección de los mejores vinos catados por ellos a lo largo de 2006 (foto BY Claire L.Evans) . Yo me he decidido por una tercera vía (¡con el permiso de Blair y sus ideólogos!). Voy a explicar brevemente qué he ido comprando y casi, acumulando en la bodega cual ardilla, para ir ofreciendo a los amigos e invitados en casa o llevando allí donde acabaremos recalando, desde el resopón de la Misa del Gallo (benditas tradiciones) hasta el roscón del día de Reyes. Ofrezco una sucesión ideal, desde los aperitivos hasta los postres, aunque algunas de las cosas seleccionadas pueden ser verdaderos comodines, a colocar allí donde más apetezca en función del menú:

                Manzanilla San León, Reserva de Familia, de Bodegas Argüeso. Sobran las palabras para el trato dado por esta gente a la palomino: pura costa gaditana dentro de una botella.
                Microcosmos de Caves Llopart. Un buen cava rosado, alegre y poco exigente, hecho mayoritariamente con pinot noir y una pequeña cantidad de monastrell. Un aperitivo divertido.
                Riesling de la Cantina Falkenstein 2005. Se trata del vino monovarietal de riesling con el que esta bodega del Alto Adige italiano (Süd-Tirol) ha ganado el último concurso de rieslings italianos.
                Ximenis 2005 de la bodega Genium 2005. Los amigos de Genium en Poboleda (Priorat) ofrecen un monovarietal de cepas viejas de pedro ximénez, vino blanco seco, muy interesante.
                Jo Pitou Anjou, Les Pepinières 2004. Uno de los gurús franceses del cultivo biodinámico, al frente de un monovarietal de chenin, pura expresión de esta uva.
                Nita 2004. Una de las joyas poco conocidas del Priorat, un tinto de expresión joven y muy frutal que merece la pena conocer.
                Mas Doix 2002. Para las grandes ocasiones de la caza, siempre hay que tener a mano uno de los grandes del Priorat, con cepas muy viejas de garnacha y cariñena. Con unos años de reposo su enorme carácter explota, pletórico.
                Numanthia 2001. Para hacerle la "competencia" al Mas Doix, tengo a punto uno de los inventos de Marcos Eguren en Toro, máxima expresión de la tinta de toro, mimada con celo.
                Château Laniote 2003. Un premier cru classé (que repite categoría este año, en que se ha renovado la clasificación!) de St.Émilion o la expresión más clásica posible de la merlot francesa.
                Smith-Haut-Laffite 2003. Del mismo año histórico del Bordelais, pero de Graves, otro premier cru classé histórico, con más cabernet sauvignon que merlot, pero ahí está, a la espera de una cata vertical de burdeos del 2003!
                Ad fines 2001. De Can Ràfols dels Caus, en el Penedés, una de las bodegas que mejor entiende los varietales franceses e italianos, este pinot noir monovarietal que promete complementar a la perfección el relleno navideño.
                Ariyanas 2005 naturalmente dulce. Un rayo de sol de la Axarquía malagueña para los postres, con este monovarietal de muscat de Alejandría que tendrá que "competir", ay las!, con
                La Bota de Pedro Ximénez, 3 De Rojas. La tercera entrega de "La bota de...", con una solera de PX que lleva a lo más oscuro y oculto de las bodejas montillanas y promete grandes cosas a pequeñas dosis.
                Champagne Pierre Peters Millésime 1998. Una de las perlas del mejor terruño para el champagne, Le Mesnil-sur-Oger, con la flor del chardonnay en la boca...
                Champagne Gatinois millésime 2000. Pasamos de la chardonnay a la pinot noir, pero también con una calidad muy contrastada. Siempre a la busca de las añadas!
                Cava Celler Batlle 1996 de Gramona. A la caza de los consejos de mis amigos expertos en cava, ¿a alguien se le ocurre mejor compañía y aliado para brindar por lo que sea, incluído un Año Nuevo?

                19 diciembre, 2006

                Pasta con garbanzos, revisitada


                Me tenían reservada una sorpresa en casa, a mi vuelta de Roma. Tras ver cómo he llegado a disfrutar con la famosa "pasta e ceci" romana, es decir, la pasta aminestrada con garbanzos (aunque también hay variantes con otras legumbres, sobre todo, los "fagioli" o judías) , descubrió mi santa que los tradicionales, afamados y reputados Los Italianos hacían algo parecido. Se trata de uno de los más antiguos pastificios de Barcelona, con casa central en la C/ Amigó, 38 (telf. 932009510) y paradas en los mercados de les Corts y del Ninot (paradas 198-199, telf.934517540), que es donde compramos nosotros. Pues bien, resulta que estos geniales obradores de la pasta italiana se han sacado de la manga una forma concentrada y genial de disfrutar de la "pasta e ceci" sin minestrone ni cuchara. ¡Lo que véis en la foto de la izquierda son dos unidades de pasta rellena con puré de garbanzos! Sólo necesitan su cocción justa (5-6 minutos como mucho), una pizca de parmiggiano por encima y un buen chorretón de aceite. Abrirlos, tomar un trocito y sentirse transportado al Trastevere es todo uno. Muy recomendables, aunque siempre es mejor llamar antes de ir a comprarlos, pues no siempre hacen.

                Para acompañar este delicioso concentrado de pasta con garbanzos, anduve dudando un poco hasta que me decidí por la nueva añada, 2006, del ya bien reconocido vino rosado de Viña Aljibes. Se trata de un vino de la Tierra de Castilla, monovarietal de syrah, con 13 %. Consiguen una extraordinaria extracción de color y de sabores básicos gracias a una larga fermentación del mosto con los hollejos a baja temperatura. El resultado es el que tenéis en la foto de la derecha: un brillante y llamativo color que se mueve entre el del jarabe de grosella de mi infancia, ciertos tipos de coral y el rubí. Ofrece unas jóvenes y provocadoras notas de fresa madura, de palote también y, al final del trago, un retrogusto con sabores vegetales, casi de geranio o de olor de la zarzamora, algo amargoso pero muy agradable. En boca se nota una mínima punta de carbónico, casi imperceptible y un cuerpo que, sin ser opulento, no pasa desapercibido. Un vino peligroso, muy placentero (casi más que el 2005) que, tomado a unos 12-13 grados, fue el contrapunto ideal para la untuosidad del puré de garbanzo y la harina de la pasta. Altamente recomendable, también por el precio (sobre los 5 euros). Ah, Roma...

                18 diciembre, 2006

                Nuevas incorporaciones a mis blogs de cabecera


                Estos dos últimos días he decidido añadir dos enlaces a mis blogs de cabecera. Curiosamente ambos proceden del sur y, aunque son de paises distintos y tienen características distintas también, percibo una cierta sensibilidad parecida en cuanto a su acercamiento al mundo del vino. Por una parte, he descubierto (¡la sopa de ajo!, dirán algunos, y con razón) el blog de Wilfried Robert, de Antibes (Francia), que es una maravilla no sólo en contenidos sobre el mundo del vino lato sensu, sino también en forma de presentarlos. Me gusta mucho su forma de visualizar las cosas, por lo demás bien distinta de la mía:
                www.oenoline.com


                Por la otra, he dado (!no era tan complicado, chaval, pensarán mis compañeros de ETB!) con el blog de José Ángel Dianes, que escribe desde Málaga. Esta parte del sur de España, con su extraordinario contraste entre mar y montaña, ofrece desde hace años grandes cosas, tanto procedentes de la viña como del mar y de la huerta. José Ángel es sensible a todo ello y, además, es innovador, pues tiene una personal forma de valorar los vinos que comenta y, además, se propone darnos catas comparadas, para mayor ilustración de sus lectores:
                www.vinoperdido.com

                ¡Echadles un vistazo si tenéis un rato!

                17 diciembre, 2006

                Celler Ardèvol Terra d'Hom 2001


                Porrera es uno de los grandes pueblos del Priorat (única DO de Calidad en España, junto a la Rioja), quizás no en número de habitantes, pero sí en calidad y cantidad de bodegas que operan en él. Con una larga historia que arranca en el siglo XII y en un enclave muy prioratino, ha superado todas las barreras que la historia y los tiempos le han impuesto, para resurgir, como toda la comarca, una vez más de sus cenizas. La losa del "vino de Porrera" como sinónimo de vino de alta graduación, pesada tanicidad y difícil digestión, ha sido superada por una brillante realidad en el panorama enológico nacional.

                En Porrera arranca, también, la tradición vitivinícola de la familia Ardèvol, en un casi fundacional siglo XIII. Como el pueblo, la familia y, en particular, Josep y Roser, remontan el vuelo desde principios de la década de los 90 del siglo pasado y aprovechando cepas viejas y plantando nuevas vides, crean el Celler Ardèvol, que empieza a comercializar a partir de 2000 con las etiquetas Coma d'En Romeu y Terra d'Hom, ésta segunda, considerada por la casa como su etiqueta estandarte, la de más alta calidad.


                Ésta es la que he tenido la oportunidad de catar. Se trata de un ensamblaje de syrah y merlot (35% cada una), 20% cabernet sauvignon y 10% de garnacha, con 14 meses de barrica nueva de roble francés Allier y 14,5º.

                Presenta un color de capa alta, con un menisco de cereza picota muy madura y un ribete de tonos anaranjados. Es importante servirlo a 14-15 grados porque su primera nariz es muy alcohólica. Tras la adecuada aireación, empieza a seducir con dulces notas de moras y de ciruelas maduras, para pasar después a un cierto deje balsámico, con apuntes de tomillo y lavanda. A pesar de su grado y su roble, su deambular en copa es ágil y la lágrima cae con cierta facilidad. En boca, encuentra uno de sus puntos más fuertes: es, también, un vino de paso muy agradable, de cuerpo medio, con taninos ligeros, que dejan un sorprendente rastro de suavidad en el paladar. Su posgusto deja recuerdos de especias (clavo y pimienta) y de algo de regaliz.

                Es un vino que se puede encontrar en el mercado entre 23 y 25 euros y que ofrece, además de una interesante relación calidad-precio, una característica, no sé si buscada, pero nada habitual en los vinos prioratinos: me dejó la sensación de un vino a "metà strada" entre el Priorato y Burdeos, sobre todo por su paso en boca, que casi me transportó a las suaves laderas de St.Émilion. Muy interesante y en su punto óptimo de degustación, entre 2006 y 2007.

                16 diciembre, 2006

                Unas fiestas alternativas





                Siguiendo los consejos de Wilfried Robert (Oenoline: hoy he incorporado su enlace a mis preferidos en la enoblogosfera, merece la pena que le echéis un vistazo) y de Aristide, me apetece desear al amable público de este blog que Père Noël, Babbo Natale, Santa Claus, St. Niklas, los Reyes Magos y la Santísima Trinidad le traigan cuantos vinos y manjares desee. Procurad no ser modestos y pedid cuanto os apetezca de verdad. Por si acaso...
                Como tiene escrito Xavier Álvarez (La Carte des Vins, en Sombrerers 1, Barcelona):
                "Drink wine...save water".
                Que tengáis todos unas felices y ecológicas fiestas: pedidle a la madre Tierra cuanto ofrece y, después, no os olvidéis de devolvérselo.

                Antara "oli del raig" 2006-2007

                Cuando viajo hacia el sur de Catalunya, una de mis paradas "quasi" obligatorias es La Selva del Camp, un pequeño pueblo al que se llega fácilmente desde Reus y que se encuentra a no más de 20 minutos de la Autopista A 2. La Selva del Camp tiene su actividad principal en el cultivo de la tierra y en los frutos que son más característicos de su comarca: frutos secos y aceitunas arbequinas. El lugar en que se elaboran todos ellos es la Cooperativa (C/ Major, 50, telf. 977844125, www.coselva.es), de larga tradición, cuidada tienda de venta al público y amplias posibilidades de "tienda electrónica" y de entrega a domicilio (en su página web). Creo que sus avellanas tostadas son las mejores que he probado jamás y algunos de mis amigos pueden dar fe de ello. Pero cuando llegan estas fechas, el producto estrella es, sin duda, el aceite nuevo de la temporada, elaborado a partir de la arbequina (en la foto BY tbalshi).

                Su marca Antara ha recibido múltiples premios y reconocimientos, en su variante de aceite virgen extra. A mí, que por supuesto compro unos cuantos litros del multipremiado aceite, me seduce y agrada mucho más, durante estos primeros días de diciembre, lo que en la zona se llama aceite "del raig", el aceite producto de la primera prensada de las arbequinas, que es envasado directamente sin sufrir manipulación o filtración alguna. Se trata de un aceite que dura pocos días, tanto en la tienda como en casa: en la tienda porque se acaba (el litro se vende a menos de cinco euros), en casa porque precipita con cierta rapidez y pierde en quince días, tres semanas, su ropaje natural. Sigue siendo extraordinario, pero ya no es el aceite del primer chorro de la almazara. Siempre es de acidez inferior a 0,5º(éste año de 0,2º).

                Presenta un densísimo color, impenetrable a la luz del sol, que me recuerda sobre todo a la corteza del limón cuando cambia del verde al amarillo pálido. Su nariz es de una fragancia elevadísima y recuerda los campos de olivar con las ramas cargadas de fruta madura. Huele a almazara pura, a ese aroma entre dulzón y ácido del primer aceite que todo lo impregna, y tiene un cuerpo denso, con el sabor puro de la aceituna madura y un retrogusto de frutos secos. Esta mañana me he servido la primera tostada del desayuno con un buen chorretón de este aceite que véis en la foto y os aseguro que su aroma y sabor perduran (quizás más en la mente que en la boca) por lo menos un par de horas después de su degustación. Un plato con él y unas buenas rebanadas de pan recién hecho son el mejor aperitivo que se me ocurre cuando este aceite está en casa. ¡Voy a por él!

                12 diciembre, 2006

                Parada y fonda (Emilio) en una ruta romana

                Una de las rutas que más me atrae, tras la huella de los Romanos en Cataluña, es la que une dos de sus lugares más interesantes y sugerentes y, al mismo tiempo, más desconocidos (creo) del gran público. El primero de ellos es la cantera romana de "El Mèdol": por la autopista A 2 hacia el sur, en la gasolinera precisamente llamada el Mèdol (la que se encuentra a 13 km de la salida de Tarragona), se halla el camino que lleva a ella. Tiene uno que entrar en el área de servicio, dejar la gasolinera y tomar un camino de tierra (indicado) que lleva, paralelo a la autopista, a la cantera. Es un lugar casi de leyenda: una hondonada artificial, excavada por los Romanos (de ella extrajeron buena parte de la piedra con que se construyó Tarraco) y actualmente cubierta y rodeada de vegetación. Lo que véis en la foto es, ni más ni menos, que el "testigo de explotación" que dejaron adrede, en el centro de la cantera, para indicar dónde se encontraba el suelo cuando empezaron a extraer piedra. Alucinante.
                Retomando la autopista y saliendo de ella por Tarragona, justo después del peaje, a la derecha se encuentra el desvío hacia Constantí. En este municipio, se encuentra otra huella (como la anterior, única en España y, casi, en todo el Mundo Romano) imprescindible: la uilla romana de Centcelles cuyo mayor aliciente es una espectacular cúpula (la que véis en la foto), enteramente decorada con mosaicos. A la entrada de Constantí, los letreros os llevan directamente a ella. El mosaico es paleocristiano, cuenta las gestas del dueño del lugar en el arte de la caza y presenta, además, escenas del Antiguo Testamento.
                Tras las "árduas" tareas que me han llevado a ambos lugares, uno no puede hacer otra cosa que dedicarle un ratillo al cuerpo y qué mejor parada (pasando, por supuesto, por la Cooperativa de la Selva del Camp para proveer aceite y frutos secos para el duro invierno que acaba de visitarnos) que la Fonda Emilio (Avda. Magdalena Martorell, 65, Les Borges del Camp). Las hermanas Huguet, Rosana y Bibi, exultantes tras el reportage estelar en la revista "Descobrir Cuina", n.63, están en plena forma: Rosana me ha obsequiado con un sencillo pero delicioso revuelto de ajetes con butifarra negra dulce (un prodigio de contrastres entre sabores básicos que para sí quisiera la cocina china). Ha seguido una pintada rellena (¡anticipo navideño!) con cebollitas agridulces (con la piel del ave crustillante y su pizca de flor de sal encima...hummm!) y ha culminado una "menjablanc", la crema de almendras blancas clásica de la zona: etérea y, al mismo tiempo, compacta con su contraste de canela. Pura delicia.
                Bibi, por su parte, ha empezado obsequiándome con una copa de fino Macharnudo Alto (ved el comentario que le dediqué hace bien poco), que estaba pletórico: qué carácter, qué empuje tiene este vino. La parte principal de la comida la he acompañado, tras vibrante aprobación de mi sumiller de cabezera, con un Marqués de Griñón, Dominio de Valdepusa, petit verdot del 2002. En mi opinión, se trata del monovarietal de PV más apabullante que se hace y comercializa en España como tinto (otros se hacen, me consta, pero se dedican a ensamblajes varios): con 14,5 grados y servido en copa bordelesa a su mejor temperatura (sobre los 14 grados), presenta un compacto menisco de capa altísima y color cereza picota, con un ribete degradado pero en los mismos tonos. Su nariz es inolvidable (mientras escribo, lo huelo todavía): mora madura, tabaco, especias (pimienta, clavo de olor), cuero noble. Densidad y concentración en boca no dificultan el placer de beberlo, pues la madera no es apabullante, al contrario, aquí compensa la tanicidad poderosa de la PV. Un gran vino que ha hecho maravillosa pareja con la pintada. Con los cafés, el mejor regalo de la comida: la conversación relajada con Bibi sobre sus últimas catas (vinos argentinos, un inolvidable moscatel del sur de Francia, de impactante botella "neokitsch", planes futuros en el sur de Italia, ...). El camino de vuelta hacia el norte se ha hecho algo durillo, lo confieso. He cenado piña natural.

                10 diciembre, 2006

                Ariyanas 2005, naturalmente dulce


                De la Sierra de Bentomiz, en la Axarquía malagueña, procede este vino blanco, monovarietal de moscatel de Alejandría. Fruto extraordinario de las Bodegas Bentomiz, SL (afincadas en Sayalonga, Málaga) ha realizado la fermentación alcohólica, que ha sido detenida por frío, en depósitos de acero. Ha reposado seis meses en barricas Allier, antes de su estabilización y embotellado. Se presenta en botella de 50 cl, con 13% y tapón de vidrio.

                Su color es el del campo de trigo en envero, del amarillo de la primavera al dorado suave de junio. Sus aromas son los del prado en flor, los del cesped recién cortado, los de la flor de azahar rebentando el aire de la primavera andaluza, los de la cáscara del limón y del pomelo, los de la pastelería con albaricoque y melocotón. Su sabor es el de la mermelada de naranja y su frescura, deliciosa, atrevida, única, la del prado húmedo de la mañana.

                En mi opinión se trata del mejor vino dulcemente natural que he probado desde hace mucho tiempo y supera, en mi recuerdo y en mis notas, al Molino Real de Telmo Rodríguez. De muy difícil localización, por limitadísima producción, esta botella me costó en Celler Can Pujol (C/ Casanova de Barcelona, n.76), que lo localizó y me lo trajo por encargo, la irrisoria cantidad de 11 euros. Merece mucho la pena intentar encontrarlo.

                Fotos: trigo en envero By masters.tim; prado con flores BY (sam); hierba húmeda BY mergemind; cesped cortado BY Scarlet traces; cítricos BY somethingsweet; flor de azahar BY Nilrem; pomelo BY Rune; pastel de albaricoque BY La tartine gourmande; pastel de melocotón BY Lariffic.

                09 diciembre, 2006

                Días de lentejas

                Con la llegada de los primeros fríos, apetece acercarse a la montaña. Aunque la nieve sea aún escasa, las mañanas son ya casi heladas y la Cerdaña ofrece un desolador pero magnífico panorama. Un salto a la Cerdaña francesa se hace imprescindible y un buen "saqueo" de los supermercados del otro lado de la frontera, también. Entre los productos apetecibles, siempre caen algunas lentejas, en este caso, de la única denominación de origen lentejera controlada, la de la lenteja verde de Puy.

                Medio kg de lentejas verdes para seis personas. Se lavan en agua fría y se dejan un par de horas en agua mineral, tibia. Se ponen en la olla las lentejas escurridas con dos litros de agua mineral, se llevan lentamente a ebullición. Cuando empiecen a borbotear, se quita la espuma de la superfície y se añaden dos cebollas cortadas a rodajas, dos dientes de ajo, un par de hojas de laurel y un ramillete de tomillo. Se deja cocer a fuego lento durante dos horas o dos horas y media, hasta que la lenteja quede tierna pero entera. Se retiran el laurel y el tomillo, se añade un poco de mantequilla, se emulsiona con el contenido de la olla y se sirve.


                Uno de los grandes acompañantes para estas sencillísimas pero sabrosas lentejas "a la francesa", que hay que comer con cuchara, es, siempre, el más reciente vino que ha llegado a casa: un buen tinto de maceración carbónica. Quitadle el 2004 de la foto, ponedle el 2006 del que he probado hoy mismo, y tendremos el panorama completo: un fastuoso tinto de maceración carbónica de Luberri, 2006, de 13,5%.

                Color: cereza picota madura, con menisco de capa media y ribete cárdeno. Olor: frutas del bosque, con abundancia de mora y de grosella y un toque rotundo de caramelo de fresa. Al final, un ligero toque floral de violetas marchitas. Sabor: estupendo contraste entre el dulzor de la flor y la fruta , el frescor del carbónico y un retrogusto algo amargoso. A la temperatura adecuada (14 grados), se convierte en un gran compañero para estas lentejas.

                08 diciembre, 2006

                LAVINIVM

                Eneas, héroe troyano que huye tras la derrota de su ciudad a manos de la alianza de Aqueos, acaba encontrando refugio en el Lacio, en la costa central de Italia. Quiere la tradición (y así lo muestra, no por casualidad, el Altar de la Paz de Augusto: en la foto BY jrpreiss) que el lugar donde el grupo de fugitivos acabará fundando lo que, con los siglos, va a ser el imperio más grande y poderoso del mundo antiguo (el romano) sea Lauinium. La parte de la foto del Altar de la Paz, la que corresponde a la escalinata de entrada, representa a Eneas en el acto del sacrificio fundacional. Y os preguntaréis: este chico, qué ha tomado? Qué ha bebido? No se había ya despedido de Roma y de las historias romanas?


                Permitidme esta pequeña digresión (con la excusa de uno de los monumentos romanos más importantes, conservados in situ), para que pueda presentar, sobre todo a los lectores no italianos, la que considero mejor revista on-line sobre el mundo del vino italiano, que existe en estos momentos. La revista LAVINIVM (www.lavinium.com) podría ser, si se dedicara a otros ámbitos geográficos, la mejor revista electrónica del mundo sobre el tema del vino y de la cultura que gira a su alrededor. Pero su objetivo es Italia y, por lo tanto, sólo puedo decir de ella que es, en mi modesta opinión, la mejor revista sobre temas del vino italianos. Uno de sus directores, Roberto Giuliani (alque tuve la fortuna de conocer en Roma) es hombre de amplia cultura, grandes conocimientos y fina sensibilidad (es, también, uno de los animadores del blog Esalazioni etiliche, en la columna de la derecha) y todo ello se demuestra a la perfección en Lavinium: encontraréis en ella todos los datos de todas las zonas vinícolas; comentarios sobre todas las bodegas interesantes; catas; novedades de todo tipo; entrevistas de actualidad y docenas de etc, que hacen de su visita y lectura, un lugar imprescindible para estar al día sobre el mundo de los vinos en Italia. Visitadla, no os arrepentiréis.

                Fino Macharnudo Alto 2006 de Valdespino

                Entre los entendidos y amantes de los vinos de Jerez circula una serie de botellas que, fuera de los circuitos habituales de la comercialización (esto es, en teoría no se venden en tiendas de ningún tipo), está causando estragos, a causa de su bondad y altísimo interés enológico. Me refiero a la serie "La bota de...", que recoge una antiquísima y rica tradición del sur, según la cual los mejores vinos son los de los almacenistas, los vinos anónimos, los vinos que salen de ésta o aquella bota que ha sido cuidada con esmero a lo largo de los años. Gentes como Ángel Zamorano, Rafael García Gómez, Ángel del Río, Juan Antonio García, Doña Pilar Plá, etc., están en la base actual de esta tradición. No se trata, estrictamente, de éste el caso de "la bota de fino Macharnudo Alto 2006" (embotellada en rama en junio de 2006 por Valdespino, con una producción de unas 800 botellas), pero se acerca en cuanto al concepto de vino único con que nos topamos y, también, a la idea de una selección muy trabajada de botas (en la foto BY pistoynopisto), todas ellas con vino procediente de una única viña (se trata de un fino de terruño, por así decir: el pago Macharnudo Alto) y con escalas, en sus soleras, realizadas tan sólo con mostos procedientes de esta viña. Se trata de un vino único que ha hecho su fermentación alcohólica en viejas botas de roble, con muchos años de trabajo a "sus espaldas" y que ha madurado, como vino, en contacto con su velo en flor durante muchos años más, antes de ser embotellado. ¡Hasta tal punto llega la peculiaridad que el velo en flor se puede reproducir en botella! Mi amigo José Luis (de ETB) tuvo el rasgo de generosidad de desprenderse de una de sus botellas para que yo pudiera catarlo en casa. Y a fe que la experiencia ha valido la pena (la botella, en la foto, BY Encantadisimo).

                Fruto de las peculiaridades de vinificación que antes he contado, el vino huye de los tonos amarillos palidos de la mayor parte de finos más "industriales", para adentrarse en las oscuridades de un amarillo profundo, más intenso, con tonos casi cobrizos que le acercan al amontillado o al palo cortado. Su primera nariz es la de la madera vieja de la que ha salido hace bien poco, con unas notas de humedad, de encierro y, casi, de queroseno. Rápidamente cautiva su rotundidad, la profundidad y pureza de unos aromas muy propios y que, aunque parecidos a los de algunos grandes finos, son, aquí, de expresión más poderosa: los aromas del hueso de la aceituna, los de la almendra salada, los del salitre, los del olivar con la fruta en sazón, penetran como un estilete. En boca, siendo como es un vino amable y redondo, aumenta la expresividad y su posgusto te recuerda la cubierta del barco, madera, salitre y sol, la llegada a la costa al atardecer, un buen jamón bien cortado.

                Por desgracia (o no), esta maravilla está al alcance de unos pocos y tengo que confesar que la pureza, la sinceridad de sus aromas y de su paladar sorprendió y terminó (creo, aunque disimularon!) no agradando del todo a los amigos a los que lo serví como aperitivo. Se trata, sin duda, de un vino muy especial, casi único, que rompe con las barreras mentales que tenemos sobre los finos. ¡Bienvenidos sean estos vinos!
                Varios han sido los comentarios que ha recibido este fino, pero yo os recomiendo la lectura del del Encantadisimo (http://www.encantadisimo.com/?p=421), pues la cola de intervenciones tras su post, es muy esclarecedora de algunas de las peculiaridades de este Macharnudo Alto.