30 noviembre, 2006

Roma



Parece que fue ayer cuando me emocionaba pensando en los dos meses que iba a pasar en Roma, en Italia y dentro de poco ya tomo el aviòn, de vuelta a casa. Han sido dos meses intensos, de trabajo, de viajes, de placer, de conocer personas, monumentos, paisajes, de comer, beber...que he intentado, en un pequenyo "collage" de escrituras disperas (como éste fotogràfico, BY Feuillu, que me encanta), transmitir a quienes seguìs mis comentarios. Me llevo en el zurròn nuevas amistades (no es poco, a estas alturas!), nuevas experiencias, nuevas sensaciones, nuevos conocimientos, nuevas imàgenes. Pero por encima de todo, me llevo, ya para siempre mi ciudad, a Roma. Antonello Venditi la inmortalizò, anyos ha, en una canciòn que es, sin duda, uno de sus "himnos" . Dice una de las estrofas:

"Roma Roma Roma,
core de stà città,
unico grande amore,
de tanta e tanta gente,
ch'hai fatto nammorà."


Pues eso. Ciao, bella. Tante belle cose e a prestissimo!

28 noviembre, 2006

"I Golosi Bottegai" en Roma

"I Golosi Bottegai" es una feliz iniciativa de los hermanos Cirimbilla, Alessandro y Luca, quienes, junto con otras personas, han abierto el local de una nueva asociaciòn cultural, en Piazza della Rovere 91. Aparte del nombre, que ràpidamente atrajo mi atenciòn (està justo debajo de casa su local!), el objetivo principal de los hermanos Cirimbilla es dar a conocer todos aquellos productos, del Lazio pero también de cualquier regiòn italiana que sea interesante, que les gustan. La idea es bien sencilla, pero no por sencilla menos estimulante: ellos viajan, prueban, degustan, catan, y todas aquellas cosas que màs les gustan, todos aquellos productos que tienen un sello distintivo y de calidad, algo especial, los incorporan a su asociaciòn.

Sensu stricto no se trata de un local abierto al pùblico, sino tan sòlo a los socios de la asociaciòn, pero hay que decir que ellos tienen los brazos abiertos a todo el mundo y que, por lo demàs, hacerse socio es bien sencillo (informaciones en el teléfono 06.97603094 y al mail http://lagolosabottega@hotmail.it.
De todo aquello que tienen en el local, mieles, aceites (una maravilla de los Abruzzi, por ejemplo), legumbres (los buscados "cicerchia", una variante local del garbanzo), pastas, farro, lentejas, verduras en conserva, vinos, quesos, preparan degustaciones. Pronto haràn lo propio con talleres de explicaciòn de algunas cosas (el sòtano esconde un fabuloso local para estos menesteres). Y, por supusto, los socios pueden comprar todos estos productos estupendos a precios muy
adecuados.

De entre los vinos, me encantò encontrar (porque en La Mescita de Firenze, donde lo caté por primera vez, me aseguraron que sòlo lo comercializaban para ellos!) el Vin di Bruma 2006, un vino novello toscano muy interesante (mirad mi comentario, de 9 de noviembre de 2006); y también vi alguna malvasia del Lazio, que me pareciò atractiva. Alessandro (en la foto con su "joya" Flavia) me obsequiò con una botella de otro vino novello, uno de los que màs le gustan a él, hecho con cabernet y merlot, de los Vigneti Fantinel, del que hablaré en otro post, pero que me dejò encantado.
Animos a los jòvenes hermanos Cirimbilla y a su asociaciòn, y ojalà que tengan éxito: su idea y la calidad de lo que ofrecen se lo merece.

27 noviembre, 2006

"L'Antica Hostaria" de Sassari (ii, y final)

Piero Careddu aùna, a su condiciòn de excelente cocinero y conocedor de la tradiciòn gastronòmica sarda, la de enòlogo. Es lo que él mismo denomina un "enogastrònomo". No se limita Piero a hacer recomendaciones en su restaurante o a servir interesantes botellas por copas. También escribe: su libro Grandi Rossi I, Magnum-Edizioni, Sassari, 2006 (isbn88-89269-27-8) , que he podido leer en estos ùltimos dìas, es un prodigio en que se combinan las amplias descripciones de vinyedos, varietales y bodegas, con las de botellas de tintos preferidas por Pieru, en combinaciòn con los platos que él considera màs adecuados. Ademàs, por haberlos cocinado en su propia casa, cada selecciòn de vino con su plato, va acompanyada de la correspondiente receta y de unas bellìsimas fotografìas, hechas por Valeria Brandano. Por si todo ello fuera poco, el libro ofrece también informaciòn sobre carnes, panes y quesos. Una maravilla que sirve a la perfecciòn para conocer el alma gastronòmica de Sardegna.
Forma parte de esta alma, desde hace miles de anyos, el cultivo de la vid y la vinificaciòn de la uva. Como todo en la isla, el vino sardo ha pasado por crisis importantes, la màs importante de las cuales, la de la filoxera. De ésta ha tardado muchos anyos en reponerse (pràcticamente y a un nivel de consumo extrainsular, hasta que una facultad de ciencias agrarias no se instalò en la universidad de Sassari). En la foto, vinyedos de vermentino BY Prome.
En estos momentos, se trata de una realidad espléndida, reconocida por no pocas guìas y premios y que, a cualquier escala y con cualquier tipo de vinificaciòn, ofrece calidad, casi siempre a precios moderados.

De todo lo que probé en mi estancia en el local de Pieru, quisiera destacar dos vinos muy tìpicamente sardos, hechos con uvas no exclusivas de la isla, pero sì muy enraizadas y queridas allì. Son, por asì decir, "rasgos de distinciòn de la isla" en materia de vinos. Ambos pertenecen, ademàs, a bodegas poco conocidas y de las que no he podido recabar informaciòn en la red ni en ningùn otro sitio. Van, pues, en exclusiva mis notas de cata.

Lupus in fabula 2005, de la bodega Olbios, es un monovarietal de vermentino (12%), que tiene el color amarillo del trigo en envero (verde, cuando empieza a transitar hacia el amarillo), con una presencia muy alegre en la copa. Su nariz es la de la sombra del àrbol de la tila en los primeros dìas de verano, con una alma muy vegetal, de la siega de la hierba en verano. En boca, con una mìnima presencia de carbònico, sigue mostrando su desparpajo juvenil, con un mìnimo carbònico y un retrogusto digno de mayores longevidades. El recuerdo final del olor de la tierra cerca del mar acompanya en los ùltimos momentos.


Entrar en el mar a ùltima hora de la tarde, cuando el calor aprieta en el mes de agosto, disfrutar de su amable abrazo y del frescor y color que te proporciona. A esto me recuerda el vermentino de Lupus in fabula. Piero utiliza también (como sabéis, es un sistema que yo uso de vez en cuando) lo que él llama "riferimenti onirici", para describir las sensaciones que le producen los vinos. Foto BY creativik67



El segundo vino que quiero comentar es Lu Ghiali 2005 de la Cantina Seddi (13,5%). Se trata de un vino hecho con un 70% de la uva estandarte de la isla, la cannonau (en Espanya, garnacha), màs un 30% de la local muristeddu. Piero me comenta que se trata de un varietal local, pero, a pesar de no tener a mano la bibliografìa necesaria para confirmarlo, creo que este nombre designa, en Espanya, la "monastrell" (si alguien lo puede confirmar o corregir, pues mejor).

Es un vino de brillante color rubì, con un color de capa media (es un vino joven, que no tiene madera) y un trànsito ligero por copa. Su nariz es la de la ciruela y la mora maduras y, en boca, llegan también ecos de violeta. Presenta unos taninos bastante suaves, aunque con un ataque decidido, y un posgusto no muy largo. Un vino ideal para las recetas de otonyo.


Realizar una larga excursiòn, horas y horas de senderos de montanya, en companyìa de los primeros frìos y de la caìda de la hoja, llegar a un hostal al final del valle, recogerse con la dulce lumbre y dejarse regalar con un buen plato de cuchara. A todo esto me lleva el vino de Lu Ghiali 2005. Foto BY aze op.

El libro de Piero Careddu lleva en la portada la traducciòn al dialecto sardo (si no es escrito, incomprensible para mì!) de una màxima de Schopenhauer, que comparto plenamente y no me resisto a proponérosla como final de este "reportaje" sardo: A chie non piaghe feminas binu e cantu, este unu maccu e no unu santu! "Quien no guste de mujeres, vino y canto, es un tonto, no un santo!"

25 noviembre, 2006

"Gusto" y disgusto

Andaba yo paseando el otro dìa por el lungotevere, hacia el norte y por la ribera sur, cuando topé con una tienda muy singular: "Gusto" se llama, y se encuentra en la plaza de Augusto Imperatore, 7-9 (http://www.gusto.it/). Es singular porque, a primera vista y en su planta baja, parece una trattoria de corte moderno y precios razonables. Pero cuando uno se fija un poco màs, descubre que en el mismo recinto existe una tienda que te ofrece, literalmente, todo cuanto una cocina o un cocinero pueden desear: cachivaches de lo màs diverso, cuchillerìa, copas, una amplìsima bibliografìa, trapos... Por si eso fuera poco, uno husmea un poco màs y descubre que, subiendo unas escaleras hacia un segundo piso, se encuentra una fantàstica enoteca: una gran selecciòn, precios razonables y una estupenda enòloga que, con discreciòn y saber, te explica cuanto le pides. Ademàs, en este segundo piso resulta que tienen otro restaurante, màs pequenyo e ìntimo y en contacto directo con las botellas. Gusto, pues, el mìo por haber encontrado tan completo y agradable lugar.

Disgusto, en cambio, por lo que ha sucedido con el lugar donde se encuentra, la piazza Augusto Imperatore, que es uno de los lugares "claves" para entender la Roma clàsica, la que empieza con Augusto. En él (y de aquì el nombre de la plaza) se encuentra el mausoleo de Augusto, que,como se puede ver por la foto, se encuentra completamente abandonado y en estado de vegetaciòn selvàtica. Un desastre que se prolonga hace ya muchos anyos y que, en estos momentos, se hace todavìa màs difìcil de comprender (imposible, vaya), cuando uno piensa que el mauseoleo fue construido allì para que el visitante (ya en el siglo I d.C.!) comprendiera, con un solo vistazo, qué habìa significado el "reinado" de Augusto.

El Ara Pacis que Augusto mandara erigir bastante antes de su muerte, construido hacia poniente, a unos 500 metros del mausoleo, explica a la perfecciòn, en sus relieves, el proyecto que Octaviano estaba realizando. Bien, no pretendo proponeros ninguna lecciòn de historia antigua, sino una reflexiòn alrededor de la estupidez contemporànea. Pero es evidente que ambos edificios tienen que mantener una conexiòn visual, del tipo que sea.


Hace muchos anyos (en pleno neorrealismo arquitectònico italiano) se decidiò proteger el "altar de la paz" con un modesto pabellòn que no impedìa que el visitante entendiera qué pasaba con estos dos monumentos claves: dirìa màs, desde fuera, podìa uno ver a la perfecciòn los frisos del altar y mirando a su derecha, entender còmo "hablaban "con el mausoleo, para explicar una historia ùnica.

No sòlo sigue el mausoleo absolutamente abandonado: en estos anyos, un alcalde (Rutelli), supuestamente de izquierdas y sensible con la cultura, ha decidido poner "su pedazo de tonterìa" personal a la historia de Roma: mandò cargarse el pabellòn del "novecento", le pidiò a un gran arquitecto de prestigio (Richard Meier) que cobrara una burrada de millones para construir lo que véis en la foto (BY ezequiel 21:57...and you will konw I am the Lord), se ha cargado literalmente la plaza y ahora ya no hay quien entienda nada de nada. Por lo demàs, y para uno que viene de Barcelona, el escàndalo ya es mayùsculo cuando comprueba que el "gran" arquitecto no ha hecho màs que copiarse (lo que véis en la foto no es el MACBA de Barcelona, no, es el nuevo contenedor del Ara pacis!). Antes, entrar era gratuito. Ahora, tienes que pagar 6,5 euros.
"Gusto" con disgusto, pues, en la plaza de Augusto Emperador.

24 noviembre, 2006

Eneas en Ostia antica


Arqueòlogos, filòlogos, historiadores, viajeros amantes de lo Antiguo:
dejad ya de buscar! Eneas desembarcò en Ostia antica y la gente del lugar hace ya mucho que lo sabe. Este restaurante se encuentra justo encima del lugar donde empieza la historia de nuestra civilizaciòn, y lo conmemora casi con tanta eficacia como el libro VI de la Eneida de Virgilio. Como podréis observar, el Troyano, padre de Roma, llevò consigo una copia del Discòbolo de Miròn. Lo he descubierto hoy mismo y me ha parecido importante que lo supierais de inmediato. Creo que en interior, sirven la comida vestidos con toga!, pero no me he atrevido a entrar.

La colina del Celio y Fiore Sardo

Una de mis zonas preferidas en Roma es la del monte Celio: da para tanto que podrìa, casi, dedicarle un blog. De esta colina romana, el recorrido que màs me gusta es el que empieza en la Pzza. Santi Quattro Coronati y termina en la basilica de San Clemente (Pzza. San Clemente). Desde la primera plaza se accede a una serie compleja de edificios, de apariencia robusta y poco atractiva. Con un poco de paciencia, te abren sus secretos... el primero es que, en su interior, viven las monjas Agustinas de Roma. Vaya tonterìa, pensaréis! Cuando uno pasa al atrio (al aire libre) de entrada y gira a la derecha, encuentra la puerta del monasterio: todo siempre cerrado, con torno y campanilla. Si uno toca la campanilla, al cabo de un rato (nunca se sabe en qué andan las ocupadìsimas "hijas de San Agustìn", en la pintura, de Boticelli), aparece una hermana, te pide un euro, te da una llave y te dice que se la devuelvas en cuanto hayas abierto, tù mismo, la puerta que se halla a tus espaldas. Si uno le hace caso (y NO os voy a mostrar fotos porque tenéis que hacerlo algùn dìa), y abre esa puerta, entra en una de las maravillas màs absolutas de Roma: la Capilla de San Silvestre. Se trata de una capilla (casi siempre he estado solo en ella) pintada a finales del siglo XIII, con la historia de la conversiòn de Constantino a cargo del papa Silvestre, explicada en "vinyetas" a lo largo de sus paredes. Lo absolutamente increìble es que, no se sabe por qué milagro, la capilla se conserva intacta, con la inmensa mayorìa de pinturas en su lugar. Sin duda, se trata del mejor momento "medieval" en Roma. Si uno tiene un poco màs de paciencia, cuando sale de la capilla y entra en la iglesia a través de su nave izquierda, encontrarà otra puerta (Roma es la ciudad de las puertas cerradas, que piden paciencia y conocimiento para poder ser abiertas; también algunos euros!): una vez franqueada. se encontrarà con, quizàs, uno de los claustros màs bellos de Roma. Por fin, si uno hace todo esto, hacia las cinco de la tarde y deja que caigan los minutos hasta las seis, asistirà a uno de los momentos màs màgicos que esta ciudad puede ofrecer: todas las hermanas Agustinas van saliendo no se sabe bién de donde, ocupan su exacto lugar (siempre el mismo) en el coro y, a las seis en punto, empiezan a cantar las Vìsperas (nunca mejor dicho: "Vespri delle beate Vergini!"), acompanyadas de un òrgano. En la penumbra de la iglesia, asistir a ese momento ùnico, en que las hermanas alzan sus voces de oro al cielo para agradecer cuanto han vivido durante el dìa, es algo que se puede explicar, sì, pero que es mejor vivir.

En ese trance me hallaba yo ayer mismo, dìa 23 de noviembre, cuando un gran trueno rompiò la paz de la colina. Me levanté pensando que la lluvia habìa vuelto a la ciudad, pero cuando salì, el cielo lucìa claro y sereno. Bajé hacia la Pzza. de San Clemente: desde ella se entra a la basìlica dedicada al segundo obispo de la ciudad, Clemente, sucesor de Pedro, un espacio impresionante no sòlo por la basìlica que véis en la imagen, por su pavimento cosmatesco y sus mosaicos bizantinos, sino porque es el mejor palimpsesto en que leer la historia de esta ciudad. Su subsuelo esconde casas romanas del siglo II d.C., un mitreo, los restos de la iglesia medieval y sus pinturas, etc. Mi gran sorpresa viene cuando, a punto de entrar, rompe a tocar con gran estruendo una banda que se encontraba en el patio y, sin màs dilaciòn, unos hombres encienden unas antorchas fijadas en la puerta y sale una procesiòn con las reliquias del Santo a hombros. Me quedé literalmente cautivado: banda de mùsica, clérigos, monjes, militares, reliquias...en pleno centro de Roma y en procesiòn! Sin pensarlo dos veces, me anyadì al cortejo y, pasmado y junto a una gran masa de fieles, recorrì unas cuantas calles, a los pasos de la banda y del santo. De vuelta a la basìlica, nos esperaba el cardenal responsable de la basìlica (cada una tiene uno a su cargo) y se oficiò solemne oficio, acompanyado de coros de canto gregoriano. Resultò que el 23 de noviembre era el dìa de San Clemente y desde hace ya muchos anyos lo celebran asì.

Pero no sòlo! Ya se sabe que, en Roma, las cosas de la fe andan bastante cerca de las de la carne. Tras haber escuchado los primeros gregorianos y satisfecho mi espìritu por algunos dìas, paseé por el barrio. Detràs de la basìlica se encontraba un mercadillo casi navidenyo (aunque la "excusa" era la fiesta del santo: todo tan medieval, que me maravilla) y, para mi sorpresa, una de sus paradas estaba ìntegramente dedicada a los productos artesanales sardos. Una de las cosas de la que màs orgullosos de sienten en Cerdenya es de sus quesos. Màs de cuatro millones de ovejas de raza sarda pacen por la isla y eso da para una gran variedad de manufacturas. Dos son los que màs me gustan: el pecorino sardo y el que compré para cenar, el Fiore Sardo. Se trata del ùnico queso italiano con Denominaciòn de Origen Protegida, realizado con leche cruda de oveja (toda la informaciòn en www.fioresardo.it). Su caracterìstica principal es que se cuaja la leche justo tras su recogida, se corta con cuajo de cabra y tras formarse los quesos, se ahuman muy suavemente con humo de la quema de arbustos del sotobosque de la isla. El resultado es delicioso. El que compré habìa madurado alrededor de 3-4 meses (hay otro que se consume con mayor maduraciòn, tipo grana padano). Confieso que no habìa podido comprar nada en Cerdenya y que la oportunidad que me brindaba San Clemente me pareciò, casi, un milagro. Se trata de un queso con un color que va del amarillo ambarino al de la miel de acacia, con una pasta que se muestra bastante entera al corte, aunque con tendencia al desmenuzamiento y con un sabor ligeramente picante, que acaba con un retrogusto de miel de castanyo y de ahumado. Lo tomé con un vino dulce, con un giallo passito de moscatel de Alejandrìa (de Pantelleria, del que ya hablé en otra ocasiòn: quedaban los restos de la botella en la fresquera) y el ensamblaje fue perfecto.

Las Vìsperas cantadas por las hermanas Agustinas, la historia de San Silvestre y la conversiòn de Constantino contada en una iglesia medieval, las reliquias de San Clemente en procesiòn entre petardos, olor de pòlvora y canto gregoriano, un buen trozo de Fiore Sardo para cenar...estaréis de acuerdo conmigo en que Roma es ùnica.


22 noviembre, 2006

Sardegna nel cuore: "L'Antica Hostaria" de Sassari (i)

Reconozco mi pasiòn por las islas: algunos de mis mejores momentos los he pasado en Mallorca, en Sicilia, en Menorca, en Tenerife, en Escocia, en Sardegna... A una isla es aconsejable llegar por mar, en mi opiniòn, y después, transitarla con la mayor calma posible. Estos dìas pasados he tenido la fortuna de estar en Sardegna y, aunque no llegué en barco, sì tuve la posibilidad de atravesarla en un tren que invierte no menos de tres horas para enlazar Sassari (en el norte) con Cagliari (en el sur). La isla la conocìa bien, pero haber tenido la oportunidad (gracias a la invitaciòn de mi querido amigo Attilio, y también de Momo y de Paola, a los que llevo en el corazòn) de recorrerla en tren, me ha hecho descubrir su "verdadera alma": por supuesto no es la turìstica (aunque vivan de ello), ni tan siquiera la marìtima (lato sensu), sino la màs puramente rural. El interior de la isla domina el caràcter de Sardegna y el interior està hecho de montanyas y prados, de rebanyos y pastores, de vacas y ovejas, de pastos y cultivos, de olivos y vinyedos. Y todo ello, exactamente como pasa con Mallorca, configura un espìritu esencialmente reservado, rural, ligado a las costumbres y tradiciones del campo y al paso de las estaciones a lo largo del anyo (en la foto, el pastor y sus ovejas sardas BY zelda 1971). Todo ello infunde, ademàs, un caràcter especial y querido por los sardos, tanto a sus costumbres y tradiciones, como a su cocina.

Algo habìa intuido ya cuando estuve en Sassari en anteriores ocasiones, pero esta vez lo he confirmado: el sardo, cuando te abre los brazos, lo hace ya para siempre. El sardo, ademàs, ama sus cosas y las ensenya y explica con pasiòn, aunque también con discreciòn. Todo esto he confirmado en este viaje en que Sassari se me ha abierto, de nuevo, en su dimensiòn màs humana: es una ciudad de dimensions agradables, con calles y plazas en que todo el mundo se encuentra y saluda, con avenidas llenas de naranjos, limoneros y palmeras. Me gusta pasear, sin màs, por ella (en la foto BY Bernd Roessl).
En esta ocasiòn, ademàs, he tenido la fortuna de que mis amigos me han hecho "topar" con un restaurante muy especial: L'Antica Hostaria di Piero Careddu (Via Cavour, 55, telf.3396113290/079 200066). Piero Careddu es un cocinero que también ama y conoce los vinos de su tierra. Incluso ha publicado un libro excepcional, del que hablaré en otro comentario. Piero me ha hecho entender en dos dìas, a través de sus platos y de sus explicaciones, en qué se basa la cocina sarda y en qué su renovaciòn.

Osilo es un pueblo del interior montanyoso (en la foto invernal BY Mario Bonu) del que procede la, quizàs, receta màs tradicional que prepara Piero: Zuppa di lentichie, fagioli bianchi e carciofi. La legumbre en remojo desde el dìa anterior, se une a un rehogado de cebolla, ajo, zanahoria, patata e hinojo salvaje. Todo ello cuece, con un poco de caldo, una hora y media. En la parte final de la cocciòn se anyade alcachofa previamente salteada y, todo junto, se encamina a los diez ùltimos minutos de cocciòn. Se prepara un pan redondo, rùstico de Osilo, se vacìa parcialmente de su miga como para poder convertirse en "plato sopero" y se presenta la zuppa en su interior, con el sombrero del pan ejerciendo de tapa sopera. Se tiene que tomar con un tinto importante del que hablaré en el siguiente comentario, pero el resultado, sin màs, es delicioso y, sobre todo, el mejor para enfrentarte a los rigores de un frìo como el que vèis en la foto. Por lo demàs, y junto a este plato, Piero es capaz de reinterpretar las recetas de toda la vida y, por no movernos de la legumbre (tan importante en una sociedad rural como la sarda), puede presentarte también una crema de garbanzos (sin su càscara), preparada con suaves migas de bacalao y servida con un pan frito con hierbas mediterràneas y un hilo de aceite virgen; o una sopa de judìas blancas con almejas, alucinante; o unos gnochetti sardi con sugo di tono (el atùn en mìnimos tropezones), que hablan a las claras de còmo en este restaurante, tan recomendable, puede uno, sin màs, sentarse a la mesa y comerse la isla entera (dicho con todo el carinyo!) en unas cuantas sesiones.

19 noviembre, 2006

Laocoonte, siempre

Me vais a permitir una breve digresiòn, para que os cuente una historia: en la frìa manyana del 14 de enero de 1506, el gentilhombre Felice de Fredis sacò a la luz, cerca de Santa Maria Maggiore, algo que iba a conmocionar la historia de la cultura en el mundo civilizado: el Laooconte, que véis en la foto. De la historia del sacerdote que intentò, en vano, salvar Troya del caballo de madera, nos hablò Virgilio. Y Plinio nos contò, anyos màs tarde, còmo tres escultores rodios hicieron una estatua que se convirtiò, de inmediato, en objeto de admiraciòn y fue colocada en la casa del emperador Tito. De Fredis tenìa su huerto encima de la casa de Tito! De inmediato la estatua fue adquirida por el Papa Julio II (Della Rovere) y de esta forma empezaba el nùcleo del coleccionismo vaticano y, por lo tanto, de sus Museos. Esta semana se ha inaugurado en los dichos Museos (y hasta el 28 de febrero de 2007) una exposiciòn (500 anyos de Museos Vaticanos) que aglutina toda la informaciòn para entender qué pasò antes, durante y después de este descubrimiento que conmocionò Europa y asombra, todavìa hoy, al mundo entero. Felice de Fredis, en el epitafio de su tumba, lo explica mejor que nadie: ...Lacoohontis diuinum quod in Vaticanum cernis fere respirans simulacrum, "(fui el descubridor de) la estatua divina de Laocoonte, que puedes ver en el Vaticano y que parece respirar". Luchar (el sacerdote), sufrir (su hijo a la derecha de la foto), morir (su hijo a la izquierda) son los hitos de esta extraordinaria escultura en la que, como nunca ha pasado, se unen la fuerza del màrmol esculpido y la de la palabra escrita. Si podéis, no os la perdàis.

18 noviembre, 2006

"La Luna e il Falò" en la Vineria "Al Grammelot"

Las formas de la "commedia dell'arte" dominan, todavìa hoy, la vida italiana, junto con el espìrito de los Goliardos: una forma alegre y desenfadada de ver la vida, aunque con buenas dosis de sabidurìa, de lecturas y de buen saber y mejor hacer. Todo ello se da cita en la Vineria-Enoteca "Al Grammelot" (Via Carini 39/39a, telf.06.5809166) de Roma.
Un amable espacio casi cuadrado, trufado de pequenyas mesas de madera y de muchas botellas de vino, acoge a quien entra. Su propietario, siempre atento y dispuesto a explicarte cualquier detalle de lo que vas a comer o beber, parece casi salido del Falstaff: placer amoroso por lo que en su casa se ofrece, junto con contagiosas ganas de transmitirlo, empezando por uno mismo!

Tuve la suerte de vivir una muy agradable cena en él, invitado por unos amigos (recientes pero ya queridos) que parecen resumir, en dos, todas las virtudes del Renacimiento: placer por el redescubrimiento de lo Antiguo, arquitectura al poder, lecturas y viajes, aprecio por la belleza y la cultura, sea cual sea su extraccciòn... el espìritu de Paestum concentrado en dos personas, como si dijéramos (en la foto BY shapeshift).
En "Al Grammelot", ademàs, coincidimos con el inicio de la llegada masiva del tartufo a los restaurantes italianos (trufas las hay todo el anyo, pero la calidad y la explosiòn gozosa de este tubérculo llega con los primeros frìos de octubre-noviembre) y la oferta era tentadora y variada: nos inclinamos por una delicada bresaola, recogida en un lecho de verde contraste (rùcola) y coronada por unas finas làminas de tartufo negro. Una delicia, aunque confieso que una receta que nos describieron, de huevo con tartufo (qué feliz combinaciòn!), queda para una pròxima visita. Junto con unos surtidos de quesos, ensaladas y embutidos varios, también carnes, decidimos acompanyar tales manjares con una botella de un Barbera d'Asti, "La Luna e il Falò", de 2003.

La denominaciòn de origen controlada Barbera d'Asti se encuentra en el Piemonte, entre los montes de Asti y Alessandria, y trabaja, sobre todo, con el varietal "barbera" (aunque se permiten pequenyas cantidades, siempre inferiores al 15%, de freisa, grignolino y dolcetto).

El vino que tomamos, todo él de frutos de las colinas de Asti, es monovarietal de barbera (confieso mi predilecciòn, en este momento de mi aprendizaje del vino italiano, por los monovarietales de uvas de la tierra), ha hecho una maceraciòn y fermentaciòn con hollejos de entre 15-20 dìas, a temperatura controlada de 28 grados. Pasa doce meses en barricas (un tercio siempre nuevas) de roble francés y ha salido al mercado con 14%.

Es un vino de capa alta, concentrado en un profundo menisco que recuerda el rojo de los cardenales, que es el del fruto del granado, con un ribete de suave color rubì. Sus aromas son los de la mermelada de moras, de la regaliz en rama y del hinojo, con dulces recuerdos de las levaduras. En boca, se ofrece con taninos muy bien integrados en la madera, suaves, agradables y de trago placentero, aunque no tiene un largo posgusto. Un leve deje de sotobosque mediterràneo despide el trago.


(foto BY dasketch)

El placer y el calor de la acogida, la atenciòn en la explicaciòn y en la comida, el agradable sabor del vino tomado y la literatura posàndose suavemente en todos los rincones del local (desde Homero, que es citado en el verso de la tarjeta del local! hasta Cesare Pavese: el nombre del vino es el de su ùltima obra) hacen que recomiende vivamente este local. Lo harìa también, por supuesto, por la companyìa que tuve. Pero aquì, aylas, cada cual tiene que buscarse la suya. Dime con quién vas...



17 noviembre, 2006

Bed & Breakfast "Porta Saragozza" en Bologna

Confieso que habìa pensado en esto como una "nota de servicio". Pero al recordar el increìble desayuno que tomé en Bologna, he cambiado de opiniòn. Bologna, la ciudad de los pòrticos (en la foto BY Criss!), que tanto sirven para tomar el fresco en verano como de protecciòn contra el frìo en invierno, ofrece algo que, modestamente, recomiendo tener muy en cuenta cuando uno va a viajar a Italia (por supuesto, también a otros paìses europeos y, en menor cantidad, a EUA): las casas particulares que ofrecen habitaciones y desayuno. Antiguamente, a este tipo de servicio se le llamaba "locanda", pero ahora este término sirve para todo en Italia: desde residencias de campo, no necesariamente particulares; pasando por hoteles en las ciudades o, en mìnima cantidad, auténticas casas de particulares que, a cambio de una, casi siempre, asequible cantidad, te permiten disfrutar de la hospitalidad y de agradables conversaciones. Estas "locanda" se han "reciclado" en anglòfonos "bed & breakfast", pero su esencia sigue siendo la misma: grandes pisos con espacios normalmente independientes, céntricos y a precios asequibles.

Yo tuve la suerte de encontrar (fue tan sencillo como teclear "google.it" + b&b + Bologna) un real paradigma de cuanto digo: el B&B "Porta Saragozza" ofrece, a tan sòlo 12 minutos a pie de la Piazza Maggiore de Bologna, dos habitaciones (la mìa tenìa, ademàs, banyo independiente, televisiòn y abundante bibliografìa local), en una zona muy tranquila, a un precio increìble (teniendo en cuenta el desayuno, incluìdo) y con una pulcritud y una amabilidad en el trato fuera de serie. La propietaria, que tiene nombre de musa (signora Talia), te recibe con una gran sonrisa, energìa deslumbrante, te explica todo y te da la informaciòn que le pides, junto con las llaves de la casa y las instrucciones para que no te pierdas. Al mismo tiempo, y con total discreciòn, te pide si deseas "algo especial" para el desayuno del dìa siguiente. Acordamos, sin darle yo mayor importancia, que me apetecerìa algo salado. A la manyana siguiente, y tras animado debate con los mirlos de la zona, me encontré una mesa como la que vèis en la foto. "Indescriptible": cinco tipos de mermeladas, zumos, cereales, cuatro tipos de yogurts, pan, tostadas, un plato con pastas de té, un cake por estrenar... Ya sabéis que a mì, entre otras, se me conquista por el estòmago, y encontrar tal mesa para el desayuno, me llegò al fondo del alma. Yo pensaba que aquì acababa (vaya, empezaba!) todo...

Pero no fue asì! La sorpresa que me tenìa preparada la signora Talia era de las de quitarse el sombrero: me habìa hecho, como salado, una piadina romagnola (en la foto BY AmUnivers). La piadina (una masa a base de harina, bicarbonato sòdico, sal y manteca o aceite de oliva que, en capas finìsimas se cuece a fuego ràpido, casi cual crepe) es uno de los monumentos de la "panza" de la Emilia-Romagna, senya de identidad de la zona y servida en cualquier sitio y con cualquier pretexto, bajo mil formas distintas y con mil variados aderezos. A mì me tocò recién hecha, calentita, con queso fundido en su interior y un poquito de jamòn dulce. Casi se me caen las làgrimas cuando la recuerdo... Por todo lo dicho, pero sobre todo por la ilusiòn y ganas que la propietaria pone en mimar los detalles de este establecimiento, os recomiendo vivamente que anotéis su direcciòn. Y por supuesto, si vais a viajar a Italia y os apetece un contacto directo con la gente, haced una bùsqueda como la que yo hice, allì donde queràis dormir. Os llevarèis màs de una sorpresa!

B & B Porta Saragozza. Viale Carlo Pepoli, 26. 40123 Bologna (BO).
Telf. (0039)051 6447437
web.tiscali.it/portasaragozza

16 noviembre, 2006

Elias Mora crianza 2001

Tengo para mì que las enòlogas y, en general, las mujeres que se dedican al mundo del vino poseen un don especial que los hombres, por variadas razones que ahora no viene al caso exponer, no tenemos. Hay algo màs allà del saber y de la experiencia acumulada que se nos escapa y mis encuentros con vinos pensados y hechos por mujeres no hace màs que demostràrmelo. Pago del Vicario, la saga de Virgilio en el Priorat (Sara Pérez, vaya) y las Bodegas y Vinyas Dos Victorias (en San Romàn de Hornija), con sus protagonistas en la foto de la izquierda, son ejemplos sobresalientes de lo que pienso. Pero hay muchos màs, y muchos que no salen "en los papeles"! Portugal, por ejemplo, es uno de los paìses donde màs y mejor trabajan y bien poco conocidas son.

De esta Bodega se ha hablado mucho (y màs que se hablarà) y toda su informaciòn se encuentra en www.dosvictorias.com. Sus dos series de vinos, Elìas Mora (DO Toro) y José Pariente (DO Rueda), son sobresalientes y no hacen màs que dar satisfacciones a los buenos aficionados, a precios muy adecuados.

Este "Elìas Mora" crianza de 2001 se sitùa en el centro de su gama de tinta de Toro, entre un vino màs sencillo, con 6 meses de crianza, y el "Gran Elìas Mora", que se hace con la fruta de vinyedos de màs de 50 anyos. Es un monovarietal de Tinta de Toro y ha tenido una crianza en barricas mixtas de roble francès y americano (no sabemos en qué proporciòn ni mi nariz me lo ha "dicho"). Se presenta con 14% y es conveniente servirlo entre 16 y 17 grados de temperatura, habiendo abierto la botella por lo menos media hora antes del servicio (yo no la decanté y creo que no le era necesario).

Tiene el color rojo intenso, profundo, casi càrdeno, de la sangre del pichòn o de la caza algo reposada. Su ribete es un degradado del mismo tono, pero servido en la mesa de un cardenal de la Curia vaticana. Tiene el aroma de la mermelada de frutos negros del bosque, muy matizada por un deje balsàmico que va del tomillo al eucaliptus. Un perfecto trabajo con la madera y con los tiempos de las fermentaciones, ofrece el gran regalo en boca de un vino que se me antoja, literalmente, redondo. La perfecciòn del cìrculo se manifiesta a través de unos taninos deliciosos, que se pasean por la boca casi como la hoja que cae del àrbol, que acaricia la tierra y se va desintegrando en humus, al caer el otonyo, con suavidad, con delicadeza, con el amor de quien vuelve al lugar del que partiò hace muchos anyos. Es intenso pero ofrece un equilibrio (con sus 14 %) que, casi, desconcierta. Su largo posgusto termina regalando notas, muy finas, de ahumado, de torrefacciòn agradable, de ese hogar en el que uno, tras un agradable desayuno de invierno, acaba regalàndose con una ùltima tostada.

Yo lo tomé con unos penne de calibre pequenyo, sazonados con guisantes estofados con hierbas del monte y con una especie de hinojo salvaje, secado al sol y pulverizado. Casò de maravilla y los amigos italianos con los que lo tomé quedaron maravillados. Yo también, claro. Y si os digo que esta botella la compré por 14 euros...sin duda, se trata de uno de los mejores toros que he probado jamàs.

14 noviembre, 2006

Nota de servicio para los amantes de Caravaggio

Tomo prestado el tìtulo del comentario ("notas de servicio") de Arìstide para indicaros comentarios breves que pueden ser de utilidad, no sòlo enograstronòmica. Admito mi "perdiciòn" por Caravaggio, por su vida, por su caràcter, por la forma como trata a sus personajes y a la luz en la época que le tocò vivir. Bien, pues, en Roma, del 10 al 25 de noviembre tan sòlo, tiene lugar un evento extraordinario, ùnico. Caravaggio pintò por encargo dos versiones de la Conversiòn de San Pablo, que tenìan que ser expuestas en la Capilla Cerasi de la Iglesia de Santa Maria del Popolo. Tan sòlo una de ellas (la pintada sobre tela) fue colgada allì. La otra, que pintò sobre madera de ciprés, jamàs habìa sido expuesta junto a su "hermana", pues siempre ha estado en manos privadas. Lo sigue estando, pero por graciosa decisiòn de los Prìncipes Odescalchi (propietarios de la tela que véis en la foto BY Philharmania), y tras extraordinaria restauraciòn, las dos pinturas viven por primera vez en 400 anyos la experiencia de ser vistas juntas.

En la Iglesia de Santa Maria del Popolo (Pzza. del Popolo, con metro) hasta el 25 de noviembre (domingo cerrado), de 11 a 21 horas (no cierran al mediodìa). GRATIS. Quien pueda coger un aviòn,que lo coja. Los habitantes de Roma y alrededores no tienen excusa.

13 noviembre, 2006

Tagliatelle ai funghi porcini en la patria de Plauto

Sarsina es un delicioso pueblo que se encuentra enclavado en las primeras estribaciones de las montanyas de Emilia Romagna, casi a 300 metros de altitud. Pasarìa por ser uno màs de tantos en los montes italianos si no fuera por dos detalles: tiene una riqueza arqueològica impresionante, fruto de su pasado como centro de la industria maderera. El trabajo atrajo a mucha gente procedente de todas partes del Mundo Romano y el actual Museo Archeologico Sarsinate (de imprescindible visita) muestra sus procedencias, creencias y problemas cotidianos.



El segundo detalle es que pasa por ser, desde tiempos remotos, el lugar de nacimiento del mayor y màs famoso escritor de comedias de Roma: Tito Macio Plauto. Todo gira alrededor de Plauto en Sarsina: la plaza mayor es la de Plauto y el mejor restaurante del lugar se llama, còmo no, La Taverna di Plauto (Via Cesio Sabino, n.8). Una querida colega de Bologna tuvo la amabilidad de llevarme hasta Sarsina (a unos 120 km), mostrarme el Museo e invitarme a comer en tan insigne lugar.


En esta época del anyo, Italia entera es una explosiòn de "funghi porcini", "boletus" en castellano, "ceps" en catalàn. Para uno que viene de una larga y querida tradiciòn micòfaga, éste es un detalle importante! Tengo que decir que me tiene algo consternado el hecho de que trabajen con tan pocas variedades (hace bien poco ha llegado el tartufo, blanco y negro, pero està a unos precios que uno tiene que ir con cuidado), pero las que trabajan, las conocen a fondo. Sin duda, la màs familiar y que se encuentra en todas partes es la de la foto. Yo la tomé en la Taberna de Plauto con tagliatelle, con la pasta al dente y pasada por la paella donde se han saltado las setas. Al plato, con un poco de pimienta, y listos. Estaban sencillamente deliciosos. Mucho apetito no llevàbamos y decidimos regalarnos directamente con los postres que tocan exactamente para las fechas en que estamos: formaggio di fossa con fichi.

Este queso, de preferencia mixto de leche y oveja, tiene la peculiaridad de que madura, en exclusiva, en pozos ("fossa") como los que véis en la foto. Las formas del queso, envueltas en tela blanca, son sepultadas literalmente en el pozo. Este, a cambio del regalo, asegura una temperatura constante de 21 grados, una humedad de casi el 100% y una mìnima circulaciòn de aire. El resultado, tras una maduraciòn que empieza a finales de agosto y termina a mediados de noviembre (en Sogliano, el dìa canònico es el de santa Catalina, 24 de noviembre), es muy especial: aires de cierto amargor, perfumes de sagristìa, de bosque hùmedo, de tartufo. Nosotros catamos el primero que acababa de llegar y su combinaciòn con unos higos confitados fue, sencillamente, espectacular.

Del vino poco puedo comentar hoy: en estos lugares el vino es el de mesa de la casa. En este caso, fue un buen rosso novello toscano (del que no me dijeron ni la marca: quizàs no la tenìa!), de un bello color rubì, con aromas de frutos rojos y un buen deje carbònico en boca. Apetitoso y correcto, resultò buen companyero para los tagliatelle.

11 noviembre, 2006

Bar-Enoteca "Collegio di Spagna" en Bologna

Del mundo occidental que me ha sido dado conocer hasta el momento (el oriental y el africano funcionan de otras maneras), dos son mis hitos para la compra y el disfrute de la comida y la bebida: "Les Halles" de Lyon como mercado cerrado (en un solo edificio) y lo que en Bologna se llama "Il Quadrilatero", como mercado "abierto" (no solo al aire libre, que también, sino distribuido por mùltiples comercios y calles). Se encuentra en el corazòn de Bologna, en su centro històrico y en él palpita lo mejor de lo que es, ademàs, uno de los corazones alimentarios de Italia, la Emilia-Romagna.

Docenas de tiendas de todo tipo (desde el màs humilde vendedor de verdura hasta el màs excelso fabricante de chocolate -que trabaja ante tus ojos-, pasando por todas las formas y colores del queso, de la pasta, de los embutidos y de los vinos) se abren ante tus estupefactos ojos, incapaces de asumir y "digerir" tanta maravilla. Sobran las palabras: hay que vivirlo y pasearlo. El paraìso gastronòmico no se encuentra entre el Tigris y el Eufrates; se encuentra junto a la Piazza Maggiore de Bologna!

El Collegio di Spagna (fundado por el cardenal Gil de Albornoz en el siglo XIV, para albergar a los espanyoles que fueran a estudiar a la Universidad de Bologna, decana de las europeas) se encuentra en los aledanyos del Quadrilatero y es famoso no sòlo por ser el màs antiguo de la ciudad, sino por su fantàsticos edificio y patio (en el dibujo, BY MHerranz).

Paseando, pues, me encontraba la otra noche por esta maravillosa ciudad (no sòlo por lo contado: también es la patria chica de Lucio Dalla, y este solo detalle ya lo valdrìa todo para mi!), de dimensiones francamente humanas, cuando el frìo y el hambre empezaron a apretar. Inicio la curva de la calle del Collegio di Spagna para salir hacia la calle di Porta Saragozza y, de golpe, se abre ante mis ojos un pequenyo, casi mìnimo, local que reza "Bar Collegio di Spagna" (Via Collegio di Spagna, 1). Ofrecen vino por copas (cuando uno va solo a veces tiene que atender a estos reclamos e Italia es ideal para este tipo de locales) y veo comida en la barra. Ni corto ni perezoso, para adentro.

La sorpresa fue grande, de veras, pues no esperaba encontrar un local con tantas virtudes en tan pequenyo espacio: tienen una gran carta de vinos por copas, el precio de TODO lo que comes va incluìdo en la copa que bebes (por lo demàs, nada cara), la calidad de la comida (para entendernos, tipo tapa y pincho) es superior (minocroquetas, spiadina romagnola vegetal, tortillas, hojaldres de pesto...) y el servicio que ofrecen Guerzoni y Pazzaglia (los duenyos) es de alta profesionalidad, dan consejos con discreciòn, te explican las cosas, sirven siempre con la copa adecuada y a la mejor temperatura...una pasada, en pocas palabras.

Decidì regalarme, con la amable guìa de Cristian Guerzoni, con una mini-autocata de vinos blancos (algo de lo que todavìa voy algo cojo en Italia). Empecé con un monovarietal de Mueller-Thurgau del Alto Adige, Sudtirol, hecho en la Stifstkellerei Neustift Abbazia di Novacella, 2005, que la bodega misma recomienda como aperitivo. Vendimiado a finales de septiembre, entre 700 y 900 metros de altura, es un vino que ha fermentado a temperatura controlada de 20 grados, con 12,8% reales y con un reposo de 6 meses antes de su comercializaciòn. De una brillantez extraordinaria y con el vibrante color del trigo en envero (cuando empieza a acercarse a su amarillo màs intenso pero deja entrever recuerdos del verde que fue), es un vino muy goloso: aporta notas de la uva y del melocotòn maduros, de la flor de acacia y del tilo; tiene una presencia estupenda en boca, pleno, con cuerpo y un final ligeramente herbàceo y amargoso, muy delicado y atractivo.

Seguì con un Vigneto du Lot de la Azienda Agricola Inama, un Soave Classico del 2003. Soave es una denominaciòn de origen controlada que coje el nombre del municipio de Soave (también de Monteforte d'Alpone), entre Verona y Venezia. Este vino es monovarietal de garganega, ha hecho una maceraciòn prefermentativa de pocas horas, una alcohòlica y malolàctica en barricas nuevas y un battonage cada seis semanas, durante 8 meses. No hay clarificados ni filtrados y tal cual va al reposo de la botella. Con tal vinificaciòn es clave que la botella se abra una hora, por lo menos, antes de la degustaciòn y el vino se sirva a 12 grados (tiene 13,5%). Tiene el color del oro viejo, de la paja muy madura que quedò en el campo tras la cosecha, es un color intenso, de finales de agosto. Este panorama se transforma, con una bella làgrima en copa, en una impresionante integraciòn de la madera, que aporta unas notas de tilo y de miel de acacia de vértigo. Una escala superior, sin duda, y muy atractiva.

Terminé con una copa de vino espumoso de la Franciacorta (una denominaciòn de origen controlada y garantizada alrededor de Brescia: ya véis que no me movì del norte blanco italiano), Torre Ducco brut, sin anyada (o no fui ya capaz de verla!). Es una de mis grandes asignaturas pendientes, la del prosecco italiano. Me perdì un taller de pruebas con todos los grandes proseccos en Roma (estaba resfriado!) y creo que es uno de aquellos grandes secretos "a voces": los entendidos de aquì lo disfrutan plenamente, pero fuera es un producto muy oscurecido por los champagnes franceses y por los cavas catalanes. El de la Franciacorta se basa en la chardonnay y la pinot blanca o la tinta, vinificada en blanco. Pasa por no menos de 18 meses con la segunda fermentaciòn (en botella) y no menos de 25 (por lo tanto, 7 de reposo en botella mìnimos) hasta la comercializaciòn. El que yo probé ofrecìa el color de la paja madura, un perlaje elegante, de burbuja media, pero alegre ascenso desde la mitad de la copa, unos aromas de fruta muy superiores a lo que yo conozco (albaricoque) y una combinaciòn muy agradable en boca y en posgusto con las levaduras (la fruta en la pastelerìa: una banda de crema con frutos secos, con albaricoque y con un toque de quemado encima). Una delicia, vaya, y una agradable sorpresa.

Si os digo que todo lo comentado, con una abundante y bien servida comida, me costò la friolera de 11 (once) euros, entenderéis por qué recomiendo tan encarecidamente este pequenyo gran local.

Tras agradable coloquio con los parroquianos del establecimiento, me adentré de nuevo en la noche bolognesa y, sin saber bien còmo, atiné en encontrar mi dormitorio. Ya se sabe, y es profecìa, que "nel centro di Bologna non si perde ne anche un bambino" y yo, claro està, "non sono di Berlino!!!"

09 noviembre, 2006

"La Mescita" en Floréncia y "Vin di Brumma novello"

Viaje hacia el norte de Italia con tren, que es como se hacen los viajes de verdad, con tiempo para ver el paisaje, para pensar, para leer, para charlar, para dormir...làstima que la niebla y los tùneles se lo hayan, hoy, comido casi todo. Mi destino final es Bologna, pero me detengo unas horas en Floréncia (còmo no hacerlo) para visitar su Museo Arqueològico, con una exposiciòn de vértigo (el Vaso François; una colecciòn de sarcòfagos etruscos...) y algunas piezas que quiero ver con calma. Tras el trabajo, el paseo, en un dìa soleado y antes de tomar de nuevo el tren, se ofrece amable y atractivo. La catedral y su ùnico campanile, el baptisterio, la piazza della Signoria, la mayor obra de Cellini (el paso a la galeria de los Uffizi), el Lungarno y una de las dos paradas, para mì siempre "obligatorias", en esta maravillosa ciudad. La primera es la Santa Croce in Gierosaleme. Algunas iglesias en Italia pueden ofrecer mayor atractivo arquitectònico. Pero no hay, en este paìs, que yo conozca, mayor concentraciòn de talento y de genio enterrado que en la Santa Croce: Ugo Foscolo, Gioachino Rossini, Leonardo Bruni, Machiavelli, Alfieri, Dante, Galileo...la mujer de la foto sufre y llora por la muerte de Michelangelo Buonaroti! Es un paseo por la mejor historia de la ciencia, de las artes y de la literatura de esta Italia, que quiere volver a ser pero no encuentra todavìa còmo hacerlo.

Tras el paseo y antes de volver a la estaciòn, mi segundo alto obligado: la fiaschetteria (en realidad, venden de todo relacionado con la comida, aunque empezaran con los vinos, allà por un lejano 1927) y casa de comidas "La Mescita", en Via Alfani 70/r (347.7951604), a medio camino entre dos de los antiguos mercados florentinos. Sigue ofreciendo hoy un mìnimo local con pocas mesas y una barra abigarrada, en que la gente se sienta como puede y con quien el azar te ponga como companyero. Uno recoge su servicio de mesa, busca su lugar y se sienta. Yo tuve suerte: el plato del dìa eran los "penne della casa", unos estupendos penne con ragù, panna, peperoncino (qué dulce picor, qué bien hechos estaban), aglio y prezzemolo, que me dejaron bien satisfecho. Terminé con una selecciòn de verduras del dìa (peperonata, calabacines, patata, remolacha). También tuve suerte con la mesa: me topé con un colega que iba de Milàn a Pisa y que habìa parado, como yo (que iba de Roma a Bologna), para comer en "La Mescita". Resultò que trabajaba en la Universidad Catòlica, era especialista en historia de la religiòn y terminamos hablando, como no podìa ser de otra forma, de la pròxima llegada del Anticristo y del resurgimiento de los exorcistas en Italia.

Yo, para ser sincero, iba ya saturado en cuerpo y alma, pero faltaba la traca final. Resultò que una de las personas que trabajan en la casa es enòlogo, somelier en ejercicio y se preocupa por la selecciòn de vinos de un lugar bàsicamente popular. Y asì fue como, sin buscarlo, me estrené esta temporada en los "vini novelli" italianos. En los enlaces de Esalazioni Etiliche y de Aristide encontraréis informaciòn sobre el tema, que levanta no poca polémica en Italia, pues muchos hacen pasar "gato por liebre" (la legislaciòn y las prescripciones de vinificaciòn son estrictas, para que uno pueda vender un vino como "novello"). Por desgracia, este estupendo Vin di Brumma 2006 que probé en La Mescita no se distribuye en los comercios. Es sòlo para el local. Hecho como monovarietal de la uva sangiovese (en la foto), es un "vino novello" toscano hecho, todo él, con el método de la maceraciòn carbònica. Una buena extracciòn de color (de mora bien madura), intenso, brillante, unos aromas de frutas del bosque y una alegre presencia de carbònico en boca, ofrecen un panorama sencillo, pero bien hecho y muy de agradecer para una casa de comidas de estas caracterìsticas. Si os digo que todo lo comido y bebido me costò 10 euros, entenderéis por qué es un lugar de paso obligado, para universitarios y demàs gente de poco bolsillo y mucha gula!
De còmo llegué al tren y de Bologna, ya hablaremos en otro momento...

05 noviembre, 2006

Nàpoles y Pantelleria: Mueggen Moscato di Pantelleria 2000

Dia de trabajo en Nàpoles: ciudad en crisis permanente, con un entorno destrozado por completo por la mano del hombre, y todos los polìticos italianos haciéndose fotos y mandando millones de euros para algo que no tiene soluciòn, pues el problema es endémico y estructural. Tras mi tarea en el Museo Archeologico Nazionale (visita muy recomendable!), la ciudad me cae encima y decido marchar a paso apresurado. Vuelvo a la estaciòn y me topo con el letrero de "Circumvesuviana", el tren que recorre los pueblos de los alrededores de Nàpoles hacia el sur, hacia el Vesubio. Ni corto ni perezoso tomo el primer tren, voy siguiendo las estaciones sin saber dònde pararé. De pronto: PORTICI-BELLAVISTA. Y me digo: el destino me ha puesto en la pista de uno de mis pintores màs queridos, Mariano Fortuny, quien pasò un tiempo en esta ciudad y pintò uno de sus màs bellos cuadros en su playa (la foto BY Giuseppe Scognamiglio). Me cuesta Dios y ayuda encontrar el camino de la playa, comida por edificios que caen a ojos vista. Cuando la encuentro, sé que el viaje ha valido la pena: el golfo de Nàpoles en el "tramonto", con el agua a mi derecha y el Vesubio a mi izquierda, me hacen entender de golpe el por qué de la luz en esa pintura de Fortuny (imposible intentar reproducir esa luz aquì) .

El hambre azuza (un buen bocadillo de mozarella affumicata en el Museo es màs bien poco) y entro en la primera pastelerìa que encuentro ("antica pasticeria" promete el letrero, en la Via Diaz), donde sigue mi inspiraciòn. A la sombra del vigilante volcàn, me vienen a la cabeza las islas que se encuentran al otro lado del mar, Sicilia, Lipari, Pantelleria (en la foto BY lapona) y me digo "mucho serà que aquì tengan un buen passito de Pantelleria". Y sì!!! Con, màs que inspiraciòn, un buen trozo de suerte, me sacan una botella de uno de los vinos que embotella Salvatore Murana en la isla-volcàn: el muy reconocido Mueggen (por la planicie donde se encuentra el vinyedo), Moscato di Pantelleria del 2000. A un precio extraordinariamente razonable, me hago abrir una botella de 500 ml (asì lo comercializan) y lo acompanyo de una sfogiatella y de unos pinolati (la versiòn surenya de nuestros "panellets de pinyones").


Se trata de un vino dulce natural, sin encabezado alguno, hecho tan sòlo con moscatel de Alejandrìa (en la isla, llamado Zibibbo). Se hace la vendimia en agosto (el sol aprieta en Pantelleria y la planta sufre por la sed) y se exponen los racimos al sol, sobre piedras, durante no menos de 10-12 dìas, teniendo en cuenta que la exposiciòn tiene que ser uniforme y les dan varias vueltas a mano a lo largo del dìa. Tras la pasificaciòn fuera de la planta, se produce el mosto, la fermentaciòn y algùn tipo de reposo en madera, se supone, aunque la empresa no lo especifica. Se ofrece a 14 grados (con azucares residuales del 11%) y yo lo tomé, quizàs, algo "caliente" (ideal a 10 grados).






Deslumbrante, por brillante, color caoba de capa baja, con destellos y ribete verdosos: sol, mar y montanya de Sicilia. Làgrima elegante, mìnima pero persistente: las mejillas de la Piedad de Miguel Angel. Miel, melocotòn en almibar, orejòn de albaricoque, pan de higos, chocolate blanco, caramelo blando de toffee: pastelerìa napolitana y campo amalfitano. Densa consistencia, buena acidez natural, portentoso paso por boca, lento, seguro de su poder: procesiòn de Semana Santa en Sevilla. Enorme posgusto, frutos secos, de nuevo los higos y la miel: monte bajo donde trabajan las abejas en Sicilia.


La vuelta a Roma no fue sencilla: no querìa moverme del sur de Nàpoles y mi corazòn me llevaba a Salerno, a Amalfi, a las duras pendientes de limoneros y vinyedos, a Ravello, a Paestum...Mi cabeza me devolviò con contundencia a Roma! Sic transit...

04 noviembre, 2006

Produttori del Barbaresco, Barbaresco DOGC 2002

En Le Langhe, las colinas prealpinas del sur del Piemonte, la tradiciòn vinìcola se remonta a muchos siglos atràs (por lo menos al s.XIV). La denominaciòn de origen controlada y garantizada del Barbaresco acoge a tan sòlo tres municipios (Barbaresco, Treiso y Neive) y trabaja, fundamentalmente, con tres varietales: nebbiolo, dolcetto y barbera. El Barbaresco, que goza de los vinyedos màs privilegiados, se hace como monovarietal de la uva nebbiolo y ofrece algunas diferencias con los, quizàs, màs famosos barolos de que hablaba el otro dìa. Es un vino que se puede tomar antes que el barolo y ofrece unas notas màs frutales y vegetales que los barolos que caté el otro dìa.
La cooperativa de la que compré la botella, Cantina Sociale dei Produttori del Barbaresco, nace en 1958, pero goza de una enorme tradiciòn en la zona y en el mismo pueblo, Barbaresco, donde està afincada. Me ahorro de explicar su historia y los productos que comercializa porque tienen una estupenda pàgina web con toda la informaciòn:
www.produttoridelbarbaresco.com

La botella que he catado es la de màs reciente comercializaciòn de la cooperativa: la de 2002, y segùn las apreciaciones de sus creadores, se puede beber antes sin perjuicio de perderse uno sus sabores fundamentales. Vendimiada la nebbiolo a mano y en cajas de 20 kg, ha hecho la fermentaciòn alcohòlica en depòsitos de acero, a 30 grados controlados y con 3/4 remontados diarios. Tras su estabilizaciòn, ha pasado 15 meses en barricas de roble, ha reposado no menos de seis meses en botella para su afinamiento y se ha comercializado, hechas las cuentas, hacie bien poco. Se trata de la botella de la derecha de la foto, en su anyada de 2002. Fue comprada en la Enoteca Costantini a un muy conveniente precio de 14 euros.

Es un vino de capa media, con un corazòn del color de la grosella roja y un ribete que se acerca al anaranjado de las tejas de la Toscana. Ofrece un poderoso aroma de grosella y mora y de sotobosque mediterràneo (orégano, mucho tomillo y algo de hinojo silvestre, al final). En su retrogusto, prosiguen los aromas de tomillo, junto con algo de pimienta. Su punto màs fuerte viene en boca: es un vino delicado, de taninos muy suaves y redondos, pero de gran persistencia. Es un vino elegante que, tomado a 17/18 grados ofrece sus mejores notas. Fue un companero ideal de la pasta con funghi porcini con que lo tomé.

Este vino me ha dejado un grato recuerdo y un mejor sabor de boca y me ha demostrado que, también en las zonas de mayor prestigio de Italia, existen cooperativas que hacen buenos productos a un precio todavìa mejor. Se trata de una bodega que pienso seguir.