30 julio, 2006

¿Cuaderno de Mallorca?

Visto el descriptible éxito de participación y de visitas de los comentarios que he puesto estos últimos días; conocidas las ansias y voluntad de mi familia de echar el cierre y largarse durante una buena temporada de vacaciones; conocidas también las decisiones de muchos amigos y compañeros de no tocar un ordenador ni nada que se le parezca durante su período vacacional; sabida la poca cobertura que ciertos lugares de las islas Baleares (tanto las mayores como las menores) tienen, en cuanto a la telefonía móvil y las redes de internet,

quisiera hacer saber al respetable público que se ha acercado a estas páginas desde que han abierto, ahora hace casi dos meses, que


el próximo mes lo pasaremos, mi familia y yo detrás de esa mancha blanca que se ve en la parta alta de la fotografía, que es de sal, junto al pueblo de Ses Salines de Santanyí. Aunque parezca mentira (no es el Caribe, no), nuestra playa de referencia será la de la foto, Es Trenc.

Pero, claro, no sólo de mar, playa e insolaciones viven y mueren las personas. También existen otras cosas interesantes en Mallorca, además de Mossen Costa i Llobera y Llorenç Villalonga. Los más perspicaces ya saben que me refiero a Pla i Llevant, a Binissalem, a Ànima Negra (sin DO, en Felanitx), a Miquel Gelabert, a Toni Gelabert, a Macià Batle, a manto negro, a callet...

Sin que mi familia lo sepa todavía (sed mis cómplices, por favor), he confeccionado una pequeña ruta por DOs de Mallorca, por bodegas y por vinos, que espero ir cumpliendo a lo largo del mes. Si los dioses me acompañan (en cuanto a las facilidades de conexión) y mi santa me deja, espero poder ir ofreciéndoos un pequeño y modesto Cuaderno de Mallorca, con nuestras vivencias y correrías enocéntricas. Si alguna gracia tienen estas cosas, en mi opinión, es ir explicándolas poco después de que sucedan. Si no es así, nos enfrentamos ya a la elaboración de un tipo distinto de literatura. Veremos qué nos deparan los Hados.

Muy sinceramente, quiero deciros que estos dos meses han sido los de una extraordinaria experiencia, muy grata e intensa, que me ha hecho descubrir un nuevo mundo, una nueva manera de comunicarme, nuevos amigos y conocidos y nuevos vinos. Es mucho más de lo que pensaba conseguir cuando empecé y estoy, por ello, muy agradecido a cuantos habéis pasado por estas páginas y a cuantos, además, habéis escrito algún comentario en ellas.


Uno de mis poetas latinos preferidos, Catulo, dice en una de sus más bellas e incomprendidas poesías, que soles occidere et redire possunt, "los soles pueden morir y pueden volver". Espero que pronto vuelva la luz a estas páginas que, quizás por un pequeño tiempo, quedarán oscurecidas, tras la envolvente puesta de sol mallorquina.

29 julio, 2006

Cristiari blanco 2005 con Santa Marta

Santa Marta es la hermana de María y de Lázaro de Betania, una familia muy querida por Jesús. Los evangelios de Lucas y de Juan nos hablan de ella y, de hecho, creo que una de las primeras reivindicaciones laborales de la historia la presenta Marta a Jesús, cuando se le queja diciendo que ella se afana mucho en las labores de la casa, mientras su hermana María se pasa las horas escuchando cómo predica el hijo de Dios. Jesús zanjó el tema rápidamente, no por la vía de la "negociación", sino por el de la invención "avant la lettre" de la teoría de las afinidades electivas (perdonad, es que estoy leyendo la autobiografía de Darwin!): le dijo que Maria estaba llamada a otros quehaceres y que a ella, a Marta, ya le iban bien tales ajetreos domésticos. En cualquier caso, es una mujer activa y decidida.
Hoy se celebra a Santa Marta de Betania, la onomástica de mi "santa". Bien cierto es que su carácter nada tiene que ver con el de la hermana de Lázaro, el Resucitado: ¡Jesús no le hubiera colado el argumento con tanta facilidad!

Para celebrar el acontecimiento, hemos preparado una comida a base de ensaladas (una de crudités variadas, con tomate deshidratado en aceite; otra de guisantes con tomate, cortado menudito) y un buen rape rebozado. Para acompañar sobre todo el rape, hemos abierto una botella de Cristiari blanco 2005, de Vall de Baldomar (D.O. Costers del Segre), un vino de "autor": Joan Milà.
Servido a 10 grados de temperatura, se trata de un vino blanco de 13,5%, hecho con una mezcla de uvas no habituales en estos pagos, Müller Thurgau y Pinot blanc (en la etiqueta habla sólo de "uvas centroeuropeas"), que parecen haberse aclimatado bien a la tierra y al clima de la zona.
A diferencia de lo que he leído para otras añadas, este 2005 presenta un color muy próximo al oro viejo, atractivo, casi deslumbrante.
Su deambular por la copa denota el grado que tiene (se mueve con cierta languidez) y la primera impresión de aromas que presenta es de cítricos (un poco de limón) y de frutas tropicales (una fuerte presencia de pomelo y una, mucho más sutil, de piña).
Un primer trago denota una buena acidez, aunque para deciros la verdad, me ha decepcionado un poco, pues lo he notado falto de volumen, un poco plano. No me han llegado otros aromas en boca. Y sólo tras un buen rato con la botella abierta, han empezado a abrirse los aromas a flor blanca (acacia, muy suavemente) y, después, algo de tilo. La presencia en boca, con todo, no ha mejorado.

Creo que es un buen vino, pero esta pequeña decepción en el trago me ha hecho pensar que, probablemente, es un vino que, aunque no tiene madera (creo, vaya), necesita más tiempo en botella y, también, su media hora de descorchado antes de ser probado.

PS. La foto de la botella es por cortesía de Encantadísimo.

28 julio, 2006

Bàrbara Forés 2005, vino rosado y pesto, revisitados

Hoy he recogido albahaca fresca y me he dedicado a preparar varios tarros de pesto, antes de la comida.

1. Quizás os interese la receta: sofrío unos ajos; en el mismo aceite paso los piñones, ligeramente. Reservo. Limpio de tierra y de bichos la albahaca fresca. Pongo en un vaso de turmix, por capas, hojas de albahaca, parmesano, piñones, los ajos, un poco de sal y de pimienta y aceite del bueno. Brazo de turmix, emulsión y listo para usar.
2. Si sustituís la albahaca por hojas de salvia fresca, lloraréis de emoción.
3. La mezcla de albahaca y de salvia es innovadora, y también merece la pena.
4. Si en esta mixtura (en este caso, mejor con albahaca sola) ponéis algunos tomates deshidratados, os saldrá un pesto rojizo, que me gusta mucho, mucho.

Me he hecho, además, una receta de Apicio (cocinero y gurmet del siglo I d.C.): guisantes de verano.

5. Se hierven los guisantes y se corta su cocción de manera que conserven al máximo su color verde.
6. Se dejan enfriar.
7. Se prepara un huevo duro.
8. Bien fríos los guisantes (un poco de fresquera), se sirve uno un plato con ellos, corta menudito el huevo duro encima, y aliña con una vinagreta con sal, pimienta, aceite, vinagre y miel: del siglo I al XXI d.C., sin más intermediación que un puñado de manuscritos.
9. Yo he añadido unas cucharaditas de pesto a estos guisantes: tremendos.


¿Y con qué los he acompañado?










Pues con uno de los grandes rosados de este país: Bàrbara Forés rosat 2005, de la D.O. Terra Alta.

10. 14%: hay que servirlo entre 8-10 grados de temperatura.
11. Color de la grosella madura, capa media, intensa y densa, con un menisco poderoso.
12. Lágrima discreta, pero lágrima al fin y al cabo.
13. Huele a palote de fresa, a caramelo toffee y, al final, un poco a regaliz negra.
14. Llena la boca, tiene un tacto redondo, es sabroso y corpulento.
15. Al final, deja un poso de aroma casi balsámico, entre tomillo y eucalipto.
16. Es un vino rosado atípico, cercano al Pago del Vicario petit verdot.
17. No declaran, ni en etiqueta ni en página web, la mezcla de uvas. Creo que no puede ser monovarietal: por lo menos, hay garnacha y, probablemente, syrah.
18. Me recuerda, mucho, a ciertos aromas de mi infancia: a casino, a bar de pueblo, en la penumbra del mediodía. Auténtico de verdad.
19. Un vino en cuerpo de rosado, pero con alma de tinto.
20. Me sigue gustando mucho, aunque reconozco que no sigue la "moda" de los rosados más al uso.
21. No se puede recomendar a todo el mundo: sólo para mentes abiertas y sin ideas preconcebidas sobre los rosados.

27 julio, 2006

Vinos y latines

Más de uno me ha preguntado en los últimos días qué significaba el lema en latín que pone nombre a este blog. DE VINIS CIBISQVE es una expresión latina, pero que no procede de texto alguno, que quiere "imitar" la forma de titular los libros que se tenía en la Edad Media: podría traducirse por "Sobre vinos y manjares", por ejemplo y, de hecho, se quiere indicar con ella que aquí se escribirá sobre "Todo aquello que tenga que ver con los vinos y con la comida". Ahora que me dedico a fondo al mundo de los vinos, me ha parecido una bonita manera de "hacer un guiño" a mi otra pasión.

(foto de J. del Hoyo, de un mosaico del siglo III d.C., de la Túnez romana, que representa a dos esclavos coperos, Mirón y Víctor, sirviendo vino a su dueño, Fruto)

Supongo que será por mi formación de filólogo clásico, pero todo lo que tiene que ver con la Antigüedad me interesa. Y si se trata de la Antigüedad relacionada con el mundo del vino, pues más. Por ejemplo, desde hace cierto tiempo, vengo fijándome en las botellas y etiquetas de cuanto vino veo y / o consumo (¡casi siempre "y", a qué negarlo!) y, aunque os suene raro, hago "colección" de lemas, expresiones, frases en latín que nuestros contemporáneos viticultores y bodegueros escriben en sus botellas y etiquetas.

¿No me creéis? Os pondré algunos ejemplos, pero os pediré, a cambio y con todo mi agradecimiento de antemano, que si os pasa por delante algún lema en latín, escrito en una botella de vino (en este caso, la cerveza también vale; en los otros, también: ¡me encanta!), me lo mandéis:

1. Las Cavas Llopart, por ejemplo, títulan todas sus botellas con un fantástico EX VITE VITA, que podríamos traducir por "De la vid procede la vida". ¿Bonito, eh?

2. La cerveza Butler (la botella era sin alcohol, lo confieso) afirmaba que VICIT QVI SE VICIT, "Vence quien se vence a si mismo".

3. El lema de la D.O. Alella (¡con alguna pequeña falta!) es SI VINVM TOLLIS, RESTAT ALELLA NIHIL (más correcto sería Alellae, quizás, en dativo), "Si le quitas el vino, a Alella no le queda nada".

4. Y uno de los más bonitos y trabajados, de nuestro afamado "hacedor ambulante" de vinos (en inglés, "flying winemaker"), Joan Milà, en Mas Comtal: VOLVPTATES COMMENDAT RARIOR VSVS(un verso del poeta Juvenal, en este caso), "Un consumo escaso modera los placeres".

Lo dicho: si véis frases en latín escritas en alguna botella que bebáis, me haréis feliz si me la mandáis. DIXI, ABEI, "He dicho, me voy".

26 julio, 2006

Sara Pérez en "El Periódico"


Uno: no soy lector habitual de El Periódico.
Dos: hoy ha sido puesto, por pura casualidad, ante mis narices un ejemplar del cuaderno de verano de El Periódico.
Tres: soy devoto seguidor de los vinos y gestas de la chica de la foto, Sara Pérez.
Cuatro: hoy (día de Santa Ana de 2006) le publican una suculenta entrevista en ese cuaderno.
Cinco: "aprendí más de vinos estudiando filosofía que enología", dice.
Seis: www.elperiodico.com. Leed la entrevista. Merece la pena.
Siete: ES BIBE LVDE VENI, "come, bebe, disfruta, que ya vendrás", le dice el muerto al vivo que lee su epitafio.

PS. La foto es de El Periódico.
PS.II. ¿Alguien me puede presentar a esta chica, por favor?
PS.III. Mayor me hago, más me gustan los aforismos. Intentaré ser más breve a partir de ahora en mis comentarios. No sé si lo conseguiré.

Caldes d'Estrac: buen comer y mejor vivir

Creo que uno de los pocos pueblos del Maresme que mantiene más o menos intacta su tranquilidad y los aspectos básicos de su integridad urbanística es Caldes d'Estrac (una vez asumido el choc de la N-II, claro). Si salvamos los escollos del nuevo hotel Colón, que parece caído de Marte, y de la urbanización de casas que ha roto de cuajo la tranquilidad del más bello camino a cementerio alguno en el Maresme (el de Caldes: sí, lo siento, soy aficionado, y mucho, a los cementerios, y los marinos me gustan especialmente), el resto mantiene un tono más que digno: la riera sigue tal cual; las torres de vigilancia y los parques alegran el pequeño espacio disponible; las playas, con una configuración distinta a cuando yo era joven, siguen acogiendo generosas a sus visitantes (mucho espacio y poca gente) y los únicos baños termales del Maresme siguen dando alegrías a sus usuarios... Lo mejor: uno se puede dejar languidecer tranquilamente con la seguridad de que casi nada alterará su descanso. Día de playa familiar, tórrido, en que para mi suerte, la comida ha venido a alegrar el bochorno.
A la vista de que me esperaban unas estupendísimas sardinas en escabeche preparadas por mi hermana Imma (¡qué buena cosa inventaron los Griegos y perfeccionaron los Romanos con el escabeche!), me he ido a comprar un vino que acompañara tan delicioso manjar.
He ido a lo que uno, lisa y llanamente, llamaría un oasis en el desierto. En el desierto de los supermercados de serie, de las tiendas de subsistencia (todos muy bienvenidos, por necesarios, pero vaya, poco emocionantes y menos sorpresivos para alguien inquieto en temas de comer y beber), brilla en Caldes Ca l'Adela (Camí Ral, 19): una tienda que sobrepasa con creces el concepto de "ultramarina"y que desde hace años sirve algunos de los mejores vinos hispanos y franceses (no es broma, eh!: uno puede comprar desde un Château Margaux del 1988, pasando por un Roda I o un Matusalem y terminando por un José Pariente o un buen cava) y variada charcutería. Lo mejor: la savia nueva, en forma de hijo, ha entrado con fuerza y brillo en la tienda, se han convertido en artesanos y fabrican unas butifarras rellenas que están deliciosas: hoy he comprado una con "bolets" y otra con escalibada. Me cuentan que la coca (coc) con verduras que hacen está de muerte también.
Para alegrar y acompañar la deliciosa sardina me he decantado, al final, por un rosado del que no había todavía probado la añada 2005: Enate Cabernet Sauvignon, monovarietal (13,5 %, servido a 10 grados de temperatura).

Mi botella tenía el brillante color de la fresa madura (¿por qué no, de Maresme?), el fragante aroma de los frutillos rojos del bosque y de la frambuesa, la presencia en boca vibrante por la presencia del carbónico y agradable por su equilibrada acidez y el cuerpo poderoso, redondo de los grandes vinos, con una presencia que dura y dura tras el trago. Sin duda, sigue siendo uno de los grandes rosados del país y tiene el mérito de llevar ahí no menos de dos años.
Lo dicho, vaya: Caldes d'Estrac, ¡un lugar donde bien comer y mejor vivir!

Post scriptum: en la cena de hoy han caído la butifarra con escalibada y la de "bolets": sabrosas, equilibradas, en un punto óptimo.

23 julio, 2006

Guitián sobre lías 2004: pletórica Valdeorras

Hace unos días probé As Sortes 2005 y al comprobar que, en mi opinión, era un vino pensado para afinarse en botella, decidí que mi próximo Valdeorras tenía que ser, por lo menos, un año mayor. Así es que compré un Guitián sobre lías de 2004. Hay que decir, pues, que la comparación no será homogénea y que, de hecho, tampoco es mi intención intentar una competición entre ambos. Opiné sobre el As Sortes y ahora lo hago sobre este Guitián (no hay que confundirse porque la gama de la bodega es amplia). No hay más.

No tengo dudas: se trata, del vino que ha dejado mejor recuerdo de todos los guitianes que se hacen (no voy yo a descubrir la bodega de la familia Guitián, Bodegas La Tapada, ni la variedad de sus trabajos, guiados por expertísimos enólogos, Ana Martín y Pepe Hidalgo) y, hasta donde llevo yo probado esta primavera-verano, de uno de los grandes blancos de la temporada. Hecho en exclusiva con la variedad godello (una de las reinas de la DO. Valdeorras, junto con la dona blanca y la palomino fino), reposado tras su fermentación alcohólica, en acero inoxidable con sus lías finas durante ocho meses (12,5 grados de alcohol), ofrece en copa, una hermosa visión, muy homogénea, entre el oro y el verde: campo de cereal, terso y brillante, justo cuando empieza su maduración y cambia de color. Límpido llega, además, a la nariz, y poderoso en aromas: intenso en su perfume a flores blancas (acacia), fragante en su recuerdo a manzanas maduras, emotivo en su matiz de levaduras y de bollería recién horneada. Pero amigos, si gusta en nariz, en boca te hace llegar, casi, al éxtasis. Cosa que no me pasa con frecuencia, he notado intensas notas de orejón de albaricoque al airear el vino en boca (la uva vendimiada en un punto excelente de madurez) y, junto a eso, una textura de impresión: un vino con la justa acidez pero cierta untuosidad (para nada empalagosa), un vino que deja un recuerdo de exhuberancia, de redondez que no será sencillo olvidar. Sin dudas para mí, un extraordinario vino que tendrá, todavía, un par de brillantes años por delante si ha sido bien guardado.
Mi titular queda, creo, perfectamente justificado: con este Guitián y con As Sortes, Valdeorras se sigue abriendo, pletórica, al mundo. ¡Hagámosle caso: merece la pena!

Mi semana de San Félix: exaltación de la canícula

Los atentos al calendario cristiano pensarán que me he vuelto loco. Pero no: ¡ésta ha sido mi semana de San Félix (Sant Feliu, en catalán)!, que me ha deparado dos espléndidos momentos para celebrar la entrada de una dura canícula, el primero con una cata de muscadets (ya relatada); el segundo, ayer mismo, en Sant Feliu de Codines, con una celebración de aniversario (per molts anys, Martí!!!). Félix fue a sentarse junto al Señor en los primeros tiempos del Cristianismo: apresado en Roma, bajo Diocleciano, junto a su homónimo hermano, fue conducido (solo él, dice la leyenda que cuenta Santiago de la Vorágine, ¿pero cuál, me pregunto yo, si eran dos los hermanos y llevaban el mismo nombre?) a varios templos para que adorara a los dioses Isis, Mercurio y Diana. En todos esos templos, en vez de adorar a las estatuas, sopló sobre ellas y éstas cayeron fulminadas al suelo. Estupefactos, los soldados sacaron a Félix del templo de Diana y ante un árbol al que también adoraban (¿en qué pensarían estos creyentes de mil dioses?), Félix sopló de nuevo y el árbol cayó de cuajo. Allí mismo le ataron para decapitarlo y cuando ya se alzaban las espadas, surgió de entre la multitud un joven, anónimo, que se confesó también cristiano. Se abrazaron con Félix, se dieron el beso de la paz y sin más dilación, allí mismo fueron diligentemente decapitados. Al ser el segundo mártir anónimo, se le puso por nombre Adauctus, "Aquél que se ha agregado, añadido". Y desde entonces (finales del siglo III d.C.), se les venera juntos: Santos Félix y Adaucto. En el fresco que encabeza este comentario, de la catacumba de Santa Comodila, en la romana Via Ostiense, se les ve, felices aunque algo perplejos, junto a la Madre de Dios.

Bien, pues en tan fausta, por bien protegida, villa (Sant Feliu de Codines: ahora resultará que la advocación es a otro santo, pero el primer Félix en llegar junto a los ángeles y arcángeles fue éste y su historia es la que os explico), nos reunimos algunos queridos amigos, junto a numerosa prole, para festejar el cumpleaños de un niño y a la madre que le parió, también, que es lo que manda la tradición. Se sirvió un fastuoso aperitivo a base de chistorrillas, anchoas, aceitunas, etc., que fue acompañado (algunos) por un par de barriles de cerveza y por (otros, entre los que me conté) un par de botellas de Agustí Torelló Mata, rosat, monovarietal de trepat, 2004 (degüelle de mayo de 2006), que presentaba, servido a una estupenda temperatura de 8-10 grados, un bonito y brillante color rosa pálido (típico de la trepat y la pinot noir, trabajadas como cava), unas finas burbujas que dibujaban una algo inconsistente corona y unos aromas a cereza y levaduras, interesantes. En boca, su paso, dada la temperatura ambiente reinante (más de 30 grados), fue celebrado con algarabía y, digámoslo todo, poca ortodoxia.

Con los entrantes (varias refrescantes ensaladas, amenizadas con una excelsa mayonesa recién hecha a golpe de muñeca y una no menos buena vinagreta, con hierbas de monte bajo y miel), servimos varios vinos, pero yo destacaría, por no haberlo probado nunca antes, un monovarietal hecho con sumoll, de Pardas (Torrelavit, Penedès), sin DO, 2005. Posee el color de la fresa bien madurada en la planta; su aroma es bastante franco, tambien a fresa, aunque algo más "verde", como si fuera de bosque, en junio; y en boca tiene muy buena presencia, con un mínimo carbónico y un paso con cierto carácter y volumen. Un vino interesante, no para tirar cohetes en cuanto a rosado, pero muy buen acompañante para un día como el del sábado 22 de julio. Cayeron otros vinos con los segundos (distintos tipos de pollo dehuesado y relleno: estupendo el aromatizado sólo con finas hierbas), de los que no voy a comentar nada, bien porque ya lo haya hecho (Pasanau, Ceps Nous 2003), bien por ya muy conocidos y reconocidos (mi maceración carbónica preferido: R. de Remírez de Ganuza, 2005).


Con los postres (unos fantásticos clafoutis de cerezas y de melocotón hechos por mi santa) y unas refrescantes y divertidas brochetas de fruta fresca, servimos el colofón: Bertha Brut Nature Gran Reserva, un cava con las variedades tradicionales, pero con 24 meses de crianza, que le confieren sus principales características: un color oro radiante, con algunos reflejos verdosos; una nariz a levadura fresca y a pastelería fina, junto con notas de fruta (manzana) y una burbuja, media, fina que, en boca, se muestra pletórico, opulento.


¿Hace falta decir que tras tanto alarde de calidad y exhuberancia, no pocos esperamos con paciencia a que llegara la medianoche?

El cielo de julio, el cielo de la aurora boreal y de la Cruz del norte se abrió, generoso, ante nuestros ojos. Algunos decidieron atreverse a buscar la primera perseida (sin duda, un poco antes de tiempo). Otros preferimos intentar localizar a Félix y Adaucto en el firmamento estrellado de Sant Feliu.

21 julio, 2006

Aromas de "podredumbre": ¿alguien me ayuda?

Una de las cosas que más me impresiona del mundo del vino es que, a partir de esporas como las de la foto de la izquierda, que atacan e infectan a la uva (botrytis cinerea) se puedan hacer vinificaciones tan maravillosas como las de Sauternes, Tokay, Rhein, Loire, Alsace, etc. No hay barreras para las zonas, no las hay tampoco para el tipo de uva que se puede usar, aunque la sujeción a un modelo de clima y de temperaturas sí es necesaria en todas ellas y, por supuesto, haya zonas y uvas con más tradición y adaptación a ese proceso (pero, pensemos, por ejemplo, en los botrytis que se producen en Canadá). No os asustéis: no pretendo dar aquí ninguna clase sobre los procesos químicos que se operan en la uva "atacada" por esta infección noble, que son muchos y de muy diverso tipo (para mí los tengo estudiados), pero sí quisiera aprovechar este, cada vez más, poderoso foro (la blogosfera enófila) para proponeros un "juego". Confieso mi debilidad por este tipo de vinos, confieso también que leo y cato cuanto puedo de ellos y, finalmente, muestro mi estupefacción por cómo todos los escritores y comentaristas acaban diciendo algo así como "aroma a botrytis". Y punto.

Y cuando me pregunto "a qué huele el vino con botrytis", todas las respuestas que leo pasan, sin más, por intentar describir NO los aromas producidos por un proceso de botritización (si se me permite), sino los aromas de las uvas sometidas a él: que si compotas por aquí, que si pasas por allí, que si flores más allá, etc. Pero esos no son los olores, los aromas del proceso de infección que ha sufrido la uva, son los aromas, en mi opinión, del tipo de uva que se ha usado y del proceso de vinificación que se ha seguido con ella. Son aromas cuya descripción podemos usar para vinificaciones de otro tipo, con las mismas uvas, pero sin botritizar.

La pregunta, pues, para la que no tengo una respuesta clara, es: ¿a qué huele la botrytis? ¿Cómo puedo definir con palabras que no sean "aroma a botrytis", aquello que todos tenemos en la cabeza cuando olemos un Tokay o un Sauternes o un Alsace, que nos hace pensar, de inmediato, "uvas con botrytis"?

Y lo más importante para mí: ¿cómo puedo explicar a una persona que no tiene ese olor en su memoria olfativa, los aromas de ese tipo tan mágico de vino?

No tengo una respuesta precisa. Los que me conocen ya saben que, si la tuviera, no marearía aquí a la pobre perdiz. Aquello que pasa por mi nariz y por mi cabeza, cuando huelo un vino de este tipo y detecto la "podredumbre noble", se podría describir, quizás, como una mezcla de aromas procedentes de las levaduras (una cierta nota de bollería, quizás), junto con un prado de hierba fresca, al amanecer (¿se puede hablar de "hierba y rocío"?, sinónimo de su insultante y agradabe acidez) y, al mismo tiempo, ese aroma de las hojas en otoño, cuando no se han convertido todavía en humus, pero poco les falta. Un desastre, vaya: sin darme cuenta, llevo cinco líneas para algo que se percibe a copa parada y en un instante.
¿Alguien me ayuda para intentar definir con menos y más precisas palabras este aroma tan característico, pero tan esquivo? ¡Muchas gracias!

20 julio, 2006

Alarde de muscadets en ETB

Ayer por la noche, inmejorablemente acogidos por Kike (en un día de cierta complejidad familiar: ¡doblemente agradecidos!), divinamente atendidos en el servicio del vino por Calamar y dulcemente servidos (¡vaya guante armado llevaba!) en la zona ostreícola del asunto por Joan, EsTintoBasico celebró una cata de muscadets del país Nantés. Eduard había ya anunciado el evento en la página del grupo (www.estintobasico.com) y la gran novedad, mi gran novedad, es que tuvieron la amabilidad de invitarme y de aceptarme por primera vez entre ellos. Creo que la reseña completa de la cata la hará Eduard en la página de esta "Alegre Compaña de Vinos y Amigos" (sí, ya sé, alguna esposa les llama "borrachos", pero así queda mejor, ¿no?), pero yo no quería dejar pasar la ocasión sin celebrar y agradecer mi primera presencia en una reunión tan agradable. De Sète procedían las fresquísimas ostras que alegraron la velada (probablemente por su culpa, algún novato comedor pasaría la "nit del lloro": ya se sabe, el efecto afrodisíaco de este molusco), del norte las conservas de atún y bonito que ofrecieron un buen contrapunto y de la Selva del Camp, los frutos secos que a todos gustaron.

De lo catado, creo que hubo cierta coincidencia entre los cofrades en que lo mejor llegó hacia el final (Eduard había pautado muy bien la cata): en mi humilde opinión, el trabajo de M.G.Bossard brilló con luz propia en la noche santfeliuenca. A partir del amor absoluto por las tierras heredadas de sus ancestros, que él plasma en su devoción por el cultivo biodinámico, intenta reflejar las notas de los distintos pagos en sus vinos. De ahí que sean, para él "expresión de granito", "expresión de gneiss" o de "ortogneiss" (éstas dos últimas fueron las catadas). Las viñas de "melone de bourgogne" (todos los vinos son, aquí, monovarietales) hunden sus raíces, no demasiado lejos del mar y junto al Loire, en la roca metamórfica de cuarzo y feldespato,
para chupar de la roca y de las brisas marinas sus mejores rasgos. En efecto, estos dos vinos, y sobre todo el "Expression d'Orthogneiss" del 2002 (12%, servido a unos 11-12 grados), ofrecen un bello color oro pálido, atravesado por rayos de suave verdor. Su nariz es yodada, en un primer momento, para dejar paso con cierta rapidez, a olores de hinojo salvaje (en este caso, muy suaves) y del fruto del membrillo, no en sazón todavía. El olor de la tierra, del sílice, del pedernal es discreto, pero es. El trago es agradable, aunque no muy largo, y una muy lograda acidez, junto con los restos de un mínimo perlado, aportan el contrapunto adecuado a las ostras con su chorretón de limón. El aroma de la fruta, de la uva, deja notar su presencia tras el trago. No hay duda, visto lo visto, que M.Bossard ha sabido, también, trasladar la bondad de su rostro a los vinos que con tanto cariño hace.
Ya superada la fase de cata, la fiesta terminó con un insuperable hojaldre, crujiente a pesar de estar relleno de crema (¡quemada!), y con dos vinos dulces que, más que catados, fueron directamente saboreados: un Jura y un vino de la isla de La Palma, que rezumaba pino, semilla de girasol y maní a partes iguales. ¡Una delicia!

Cuando volvía para casa, no se me quitaba de la cabeza una imagen que resumía, para mí a la perfección, lo vivido: un grupo de amigos charlando, bebiendo, degustando, comentando, festejando vaya la llegada de la canícula, alrededor de una mesa. No se trataba de una boda (aunque, a lo que oí, ¡pronto celebrarán una!), cierto, pero la imagen que me vino es la de la compaña que Pieter Brueghel hizo sentar a la mesa, hacia 1558, para celebrar, pacífica y alegremente, una boda:


¡Gracias por haberme permitido formar parte de tan alegre cofradía!

18 julio, 2006

Molino Real de Telmo Rodríguez, en la Axarquía

La Axarquía es un territorio físico, sí, pero también espiritual, que toma la parte oriental de Málaga y recorre su espinazo, desde las altas cumbres de la sierra (más de dos mil metros), hasta el suave y acogedor Mediterráneo. Pueblos de resonancia milenaria, como Tomares, Frigiliana, Nerja, Cómpeta (en la foto), Torrox, pueblan sus laderas e invitan a un tipo de vida y de ensoñaciones que pertenecen, ya, a otra época, casi perdida, siempre añorada.
A estas laderas de difícil laboreo fue a parar, hace ya más de 10 años, Telmo Rodríguez, a la búsqueda de la uva que le permitiera hacer el vino pensado, el vino deseado.
Y a fe que la encontró. Uva moscatel en viñedos abandonados de las laderas pizarrosas de Cómpeta, con desniveles dignos de Sísifo y con temperaturas extremas, en vides que crecieron en vaso y con vendimias ajustadas pero que dejaron, después, pasificar la fruta quince días al sol de la Axarquía: con todos estos ingredientes fundamentales nace Molino Real (su segunda marca, MR), quintaesencia de esta tierra.
Vino de monte, pues, que en su interior encierra los soles del mar y los verdes de la parra y del sotobosque, vino que, al ser descorchado, te ofrece en toda su plenitud, en toda su pujante insolencia, ese color de la mies cuando comienza su envero particular y deja el verde para pasar al oro pálido. Ese es el color de MR (la botella que he descorchado es del 2004, 13% y servida a 10 grados de temperatura), la que, dicen, es segunda marca de Telmo en la zona. La copa encierra otras sorpresas, además de la de un color sin fisuras: un aroma suave y delicado que, digan lo que digan, yo sólo encuentro en los Sauternes jóvenes, me llena del más puro aroma a uva moscatel que jamás haya percibido. La uva muy madura, moscatel en pasa, deja paso a un frescor casi imposible en un vino así, de huerto recién remojado tras la dura y soleada tarde (una justa acidez, sin duda).
Sin pausa, aunque sí con respiro, la fruta madura asalta mi nariz: el albaricoque en orejón; la manzana en pastel strudel y el membrillo, a punto de entrar en la cocina para metamorfosearse en dulce. Cuando lo bebo es, ya, la locura: las mismas sensaciones de sus aromas, pero con un cuerpo perfecto, con un paso untuoso pero no empalagoso, con un trago largo, con levísimas perlas, amable y redondo hasta su último momento. Tanto MR como Molino Real son, para mí, dos de los mejores vinos dulces de este país, sin duda alguna, y cerrar una comida o cena con ellos es, sencillamente, tener el mayor placer: poder dar un paseo, largo y meditado, de atardecer, por la Axarquía de mis sueños, sin moverme de la terraza de casa:


(Foto de Cutar, en la Axarquía, de A.J.Sánchez, en Flickr)

14 julio, 2006

Bodegas amigas: Celler Pasanau

En un entorno privilegiado, en el municipio de La Morera de Montsant (DOQ Priorat), a los pies de la montaña sagrada de los monjes viticultores, allí donde construyeron sus escaleras para hablar con Dios, tienen los hermanos Pasanau sus viñas. Todas están en el mismo municipio (tanto las que tienen en propiedad como las que controlan), pero tienen la gracia de que disfrutan (y eso tiene su impronta en los vinos que hacen) de suelos variados (desde la habitual pizarra llicorella, hasta la grava calcárea que véis en la foto, a los pies de la sierra, en la viña La Planeta), con altitudes que van de los 400 a los 700 metros y de entornos también distintos, desde la pequeña planície arrancada al monte y abierta a los cuatro vientos, hasta la hondonada, preservada de cualquier inclemencia.

En los años ochenta se renueva la savia familiar y, a partir de las viñas de la familia y de nuevas adquisiciones (que no han parado desde entonces), Ricard Pasanau, en representación de y con la colaboración de sus hermanos (y tras haber estudiado en la UB y aprendido en la cooperativa de Poboleda), decide iniciar la aventura de una nueva bodega, Celler Pasanau (www.cellerpasanau.com). A los varietales de la zona, garnacha y cariñena, añade cabernet sauvignon, cabernet franc, petit verdot, merlot, syrah, además de algún intento con varietales de uva blanca, todavía no reconocidos por el consejo regulador. Ricard conoce muy bien el terruño y el mejor varietal para él y allí donde conviene, hace crecer en vaso y donde es preciso, en espaldera (con poda guyot). Por supuesto, dejan los Pasanau que las viñas se enfrenten con la naturaleza y le saquen lo mejor de cada estación (es decir, no riegan) y cada vez más, aunque no lo declaren, se acercan al cultivo ecológico.

Su vino más reciente, Ceps Nous es, quizás, el que más satisfacciones les está dando últimamente. A mí, seguro, porque en época de calores es un gran vino para tomar a 14-16 grados (con cualquier receta de atún, por ejemplo). Como su nombre indica, es un vino de ensamblaje (garnacha y merlot, con una menor proporción de cariñena y un toque de syrah) procedente de vides recién plantadas (estarán en los cinco años ahora), pero con una carga de color ya importante (violeta cárdeno), con un menisco que delata su juventud y una boca que se llena de flores, tomillo y monte bajo y, al final, algo de tabaco y cuero (según el varietal, pasa de tres a seis meses en barricas mezcladas de roble americano y francés, de tercer año).

La segunda marca de la casa es La Morera de Montsant, un vino hecho sobre todo de garnacha, con aportes menores de cabernet sauvignon y de merlot. Se trata de un vino más "serio", con fruta procedente de viñedos de más de 10 años, todos en La Morera y con una crianza en barricas de segundo año de 12 meses, más americanas que francesas. Puesto que la garnacha criada a buena altura (más de 700 metros) es la que domina, el vino ofrece un rico panorama de frutas del bosque, rojas y negras, en sazón, y también algo de violeta, para pasar después a notas de torrefacción suaves y delicadas (la maloláctica, hecha antes de la llegada del severo invierno, ayuda aquí a suavizar el panorama olfativo).

La Planeta está concebido como el vino de representación de la casa. Procede de las vides plantadas en la finca que lleva el nombre del vino (en la foto superior, junto a un risueño operario de la casa: el lugar hace "milagros" y la gente trabaja a gusto), y su base principal es la cabernet sauvignon, con un pequeño aporte de garnacha. El mínimo de 12 meses en barricas nuevas de roble francés y americano (con un toque de madera centroeuropea), su alto grado alcohólico (14,5) y su baja acidez, hacen de él un vino ideal para el reposo en bodega y su descorche en las grandes ocasiones. Es un vino de capa alta, de menisco oscuro, rojo picota intenso, brillante a pesar de no haber sufrido tratamiento ni filtrado alguno, de lágrima densa y persistente y aromas de compota de moras y arándanos, de ciruelas pasas, de la pastelería Ca'l Garriga de mi pueblo cuando era pequeño, y de café y chocolate.

Para alguien que no cree en más dios que la madre naturaleza, tal es mi caso, vinos como los de los Pasanau son uno de los mejores medios para intentar encontrar esa "escalera" que, parece ser, los Cartujos pusieron en Scala Dei. El día que la encuentre, os lo explicaré. O no.

Nuevo Testamento y vino

Además del tamaño estándar de botella de vino, cava o champaña, de 75 cl. (ó 750 ml. para el mercado americano: he ahí una buena forma de diferenciar qué ha sido pensado para un mercado y qué no), hay otros muchos. Los que nos dedicamos al mundo del vino, de la forma que sea, disfrutamos bastante cuando podemos ver y tener cerca alguna botella no demasiado usual.

Y eso fue, precisamente, lo que nos pasó el otro día, cuando algunos propietarios de la bodega GENIVM, de Poboleda (DOQ Priorat), www.geniumceller.com, tuvieron la amabilidad de mostrarnos las instalaciones y, además, ofrecernos una cata de tina. De todo ello hablaré en otro momento, pero ahora quería mostraros esta bella fotografía (de Albert Pasanau). Al ver la colección de botellas que tenían y al comprobar que una de ellas era ni más ni menos que una MELCHOR (18 litos = 25 botellas estándar), expresamente encargada por un cliente norteamericano (incluso la caja de madera para el transporte han tenido que hacer ex-professo), les pedí que montaran "esta parada". Y accedieron gustosos. ¡Muchas gracias a Genium!

Todas tienen, como ya sabéis muchos de vosotros, un nombre especial (según cuentan, elegido en el siglo XIX por los productores de la Champaña, a partir de su pomposidad, exotismo y relación con el Nuevo Testamento): a partir de la magnum = 1,5 l; Jeroboam = 3 l, en la Borgoña; Rehoboam = 4,5 l en la Borgoña; Matusalem = 6 l en la Borgoña (en Burdeos hay pequeñas diferencias); Salmanazar = 9 l; Baltasar = 12 l; Nabucodonosor = 15 l; Melchor = 18 l. Existe algún ejemplar de tamaño mayor, claro, pero es ya muy raro de encontrar: Salomón = 20 l; Primat = 27 l. En la foto superior tenemos la referencia de 0,75 l; una magnum; una Jeroboam; una Matusalem y una Melchor.



Por lo demás, y como muestra la foto de la izquierda, ¡no estamos libres de excentricidades!: confieso que no sé qué nombre han puesto a este burdeos que, a lo que parece, es una de las botellas más grandes del mundo, pero el tipo y la botella se las traen (cabernet sauvignon, por cierto).



En fin, y como hipótesis de trabajo: a la vista de lo comentado y conocido, empiezo a preguntarme si los Reyes Magos, en el momento de la adoración a Jesús, además de oro, incienso y mirra, no dejarían alguna anforita de vino añejo al pobre José, ¡con el frío que haría en Belén por esas fechas!

12 julio, 2006

As Sortes de Rafael Palacios



Algunas familias parecen literalmente tocadas por la mano de Baco, tal es el peso de su tradición familiar en la elaboración de vinos y los continuos aciertos que muestran las nuevas generaciones. Para mí, dos destacan en España: la familia Eguren y la familia Palacios. Hoy escribiré sobre esta última, con destacados representantes y vinos en la Rioja, en el Priorat, en el Bierzo y, ahora, en Valdeorras. El menor de los Palacios, Rafael, ha sentado sus reales en Galicia (Val do Bibei, en la DO Valdeorras) donde, ya desde su primera añada en el mercado (As Sortes 2004), ha captado la atención del público entendido en general: Peñín le otorgó el premio al vino revelación de 2004 (¡a un blanco!, decía, "siendo como somos en España poco amantes y bebedores de blanco": y digo yo que no sé dónde pasará esto, porque mire donde mire a mi alrededor, no hago más que ver a gente muy entendida y amante de las vinificaciones con varietales blancos) y el último número de Planeta Vino, con un apartado dedicado a los blancos de guarda, le otorga una de las máximas puntuaciones (98 puntos).

Hace bien poco, tras un día especialmente caluroso, descorchamos una botella de este monovarietal de godello y por fin pudimos probarlo, con calma y dedicación exclusiva (sólo ese vino). Dos impresiones me asaltaron tras el primer impacto nasal: es un vino que, como los grandes vinos franceses de guarda (ha pasado por lo menos cinco meses en grandes tinos de roble, donde se ha conseguido una microoxigenación óptima y una polimerización de calidad: los taninos en boca son de una extrema suavidad), necesita más botella (creo que la abrimos, ansiosos por probarlo, demasiado pronto); y, en segundo lugar, qué malo es leer revistas y listados y premios y, después, catar "desesperadamente" (con muchas ganas, quiero decir) un vino. Espera uno tanto que no es difícil que llegue una cierta decepción.

Algo de todo esto me pasó con As Sortes 2005: es un vino que no hay que tomar muy frío (creo que 10-12 grados es una buena temperatura) y que, cuando lo descorchas, no te asalta con sus matices aromáticos. Quiero decir que es un vino de nariz muy sutil que, en mi opinión y con la ayuda de una buena guarda, irá situando en su lugar a sus aromas con un par de años, por lo menos, de botella. A la vista, presenta un brillante color amarillo, nada agresivo, ribeteado de destellos verdosos muy suaves, casi de Mediterráneo menorquino. Pasea el vino, melancólico como el río que le vio nacer, por la copa: se nota su alma glicérica y su alcohol (13,5), pues deja rastro, leve, en el vidrio. Su aroma es, como decía, muy sutil. Uno espera, tras la traicionera lectura previa, una explosión y un asalto goloso de frutas de lo más variado a la pituitaria. No fue ésa mi experiencia, en absoluto: suaves aromas de fruta con pepita (manzana verde), seguidos de un pequeño devaneo de frutas con hueso (un poco de melocotón, de viña diría yo, más que de agua), para terminar en una apotesosis, ésta sí, más intensa, de campo de cereal al atardecer, recién cosechado. La boca es de lo mejor, en este momento de la vida del vino: muy equilibrada, con una excelente acidez que compensa el alcohol, con cuerpo mínimamente untuoso y un recuerdo de delicada armonía, que te envuelve todo y prosigue ampliamente tras el trago.

Un buen vino, sin duda, que hace gran honor a la emergente comarca en la que ha nacido, aunque quizás potenciado en exceso por la crítica al uso. Un buen vino, sin duda, que necesita del cariño de una bodega en condiciones para poder establecer, con el paso de algunos años, el imprescindible diálogo con su botella de guarda (dicho sea de paso, borgoñona de gran belleza y mejor vidrio), a ser posible en buena armonía con el corcho que la protege (de 50 mm, excelente).

Corcho y TCA

Alguna mala experiencia reciente, junto con varias informaciones leídas y las notas de Carlos en su blog (columna de la derecha), me han llevado estos últimos días a documentarme y a estudiar un poco el tema de la contaminación en el corcho. Por supuesto, no pretendo dar aquí lección alguna, sino, al contrario, recabar opiniones e información para poder conocer mejor yo el tema.


(NOTA BENE: la foto es ilustrativa por bonita, no porque mi mala experiencia tenga nada que ver con la bodega que pagó este tapón, conste!).

La espoleta de mi comentario de hoy la activó la lectura atenta de las notas de Bibi (ved mi comentario anterior), donde se señalaba (en un exhaustivo y magnífico informe de las pruebas a que sometieron, en la URV, a los estudiantes de sumiller en su primer año) que no pocos de los estudiantes habían sido incapaces de detectar TCA en las muestras. Ello me llevó a pensar que, por una parte, el tema más delicado para los que nos dedicamos al mundo de los vinos, sea cual sea nuestra posición, es nuestro umbral de percepción. Delimitar este umbral, a nivel estrictamente personal, ahorraría no pocas frustraciones y disgustos, estoy seguro (hay que desarrollar una Norma ISO para eso: estoy convencido de ello y no lo digo en broma). Por la otra parte, me llevó a pensar, también, que las pruebas en los exámenes se tienen que hacer de verdad (es decir, con vinos realmente contaminados), no con soluciones variadas, en agua o en vino de 1 euro la botella (!no sabes qué es peor, si el vino antes de "contaminarlo" o una vez contaminado!)

Cuando yo empezaba en esto y abría (o me abrían) una botella que "olía a corcho" (es decir, que desprendía, bien en apertura, bien en copa, un olor a humedad, a sótano con hongos, a cartón mojado), me quedaba tan ancho diciendo "bouchoné", y hala, a devolver la botella. No es tan sencillo, ahora lo sé. La contaminación por TriCloroAnisol es, en primer lugar, un grave problema del campo donde crece el alcornoque, que poco o mucho, habrá sufrido la agresión de funguicidas tipo PCP (pentaclorofenol) que han acabado pasando al árbol y, claro, a su capa protectora. Esto tardará muchos, muchos años en poder revertirse.

En segundo lugar, es un grave problema de las manufactureras, que poco o nada han cuidado temas tan importantes como el adecuado almacenamiento, ya en el campo, de la cosecha, además de los procesos propios de la fabricación, que no siempre han tenido la higiene y salubridad necesarias. Lo primero es muy difícil de resolver. Para lo segundo, hace falta la voluntad de las empresas de mejorar sus procesos. Una empresa portuguesa, líder del sector, se ha puesto en serio a ello, y parece que los resultados están llegando, aunque la falta de patente les hace ser muy prudentes en la información que dan: atentos a ROSA Evolution!(http://www.skalliandrein.com/winevolution/news0061046b.php).

Según la información que manejo, no menos de un 5% de botellas sufren de esta contaminación por anisoles, y un análisis depurado del problema tampoco deja libres de culpa a las bodegas. Cuenta Luis Gutiérrez, en una ya vieja página de MundoVino, cómo en una cata directa de barrica tuvo, irremediablemente que soltar un "el vino está acorchado". Ante la carcajada general, pues el vino NO había tocado corcho alguno, quedó claro que la contaminación se había producido por la mala gestión sanitaria de la bodega, por su poca ventilación y por la manipulación de cloro cerca de la barrica.

Todo ello, además, está repercutiendo en la aparición de nuevos materiales que, ante esta "moderna enfermedad" del vino, quieren sustituir a algo que, para mí, es insustituible: el intermediario, la puerta necesaria, entre el vino y el consumidor tiene que ser el corcho.

Como he dicho alguna otra vez, mi tendencia aquí es a hablar de cosas agradables y que me apetecen, pero de vez en cuando se me antoja, también, que ciertas notas de atención y de información sobre cosas que me preocupan, se hacen necesarias. Por lo menos para mí, que estoy en fase de aprendizaje masivo en este "nuevo mundo", lo son.

09 julio, 2006

Días de julio, entre Gargantúa y Baco

Niños de campamento lejos, lejos (en el Pirineo) y padres actuando, casi, como posadolescentes, regalándose con unos pocos días de asueto y alegría, entre Baco y Gargantua, entre el mar y la montaña, los unos descubriendo recónditos parajes riojanos y castellanos, los otros extasiándose en las laderas del Montsant y viendo crecer la vid en un momento complicado (fruta que tarda en madurar, envero que casi no se muestra, sequía que sigue, pertinaz)...días de julio, en pocas palabras.

Nosotros nos hemos regalado con una modesta pero muy gratificante excursión: de la playa de Vilanova i La Geltrú (Ribes Roges), donde comimos ayer en un sitio muy recomendable (restaurante La Fitorra, en el Hotel Cèsar: un mil hojas con sardina, extraordinario; y una fideuà de las mejores), nos hemos acercado al Priorat. Hemos dormido en Poboleda, hemos paseado hoy por las viñas de La Morera de Montsant, hemos visitado un par de bodegas (que comentaré en otro momento) y hemos terminado el periplo en Les Borges del Camp.

¿Alguna duda? Por supuesto que no: hemos comido en Fonda Emilio, donde las incomparables HERMANAS Huguet, Bibi y Rosana, Rosana y Bibi, han hecho demostración, una vez más, de su extraordinario poder, al frente de los fogones y al frente de la sala y la bodega. Para no aburriros con prolijas descripciones, os remitiré a las increíbles fotos y bello comentario que Encantadísimo (www.encantadisimo.com/?p=376) hizo hace poco. Yo me he "limitado" (y quería que lo supierais) a unos extraordinarios raviolis de bacalao con patata y romesco (el bacalao, en su punto de todo, envolviendo amoroso, cual ravioli avant-la-lettre, una patata sabrosísima, todo ello perfumado por un jugosísimo romesco) y a un atún "saignant", con salsa de almendras (el dulzor de la almendra de La Selva del Camp y su picada, contrastando maravillosamente con la salinidad de una anchoa: extraordinario) y unos minichips crustillantes de cebolla. De postre, una panacotta con espuma de melocotón (fondo de panacotta, capa de granizado de melocotón, espuma de melocotón y más granizado: ¡¡¡me caían las lagrimas, al tiempo que mis compañeros de mesa se avalanzaban, amenazadores y cuchara en ristre, sobre mi postre!!)

Puesto que veníamos de 24 intensas horas de Priorato, nos hemos decantado por un vino radicalmente distinto a cuanto habíamos catado. Y ha caído un Roda II, reserva 2001, de Bodegas Roda (Haro, DOC La Rioja), que es vino de prestigio bien ganado y que nunca me decepciona (éste y el resto de productos de la bodega). Estupendamente servido por la "aprendiz" de sumiller, Bibi (¡¡¡las mejores notas de la URV este año académico en el Curso de Sumilleres de dos años!!! Matrícula de Honor, ahora, pero bien pronto, próxima Nariz de Oro: sus compañeros están que trinan, claro, porque les "pone en evidencia": bien hecho, Bibi, si uno se mete, se mete a fondo y los otros, que trabajen más!), a 14 grados que han subido a su buena temperatura de 16-17 (esta añada tiene una graduación de 14,5%). Es un vino casi todo él de tempranillo, con mínimos apuntes de garnacha y de graciano, de bello color rubí cárdeno, con una presencia en copa elegante y fina (suave y dócil lágrima, a pesar de la graduación), una nariz sutil del varietal (mermelada de moras, siempre), leves toques balsámicos y un final, que va del tabaco americano tipo Craven, con una pequeña nota de cuero, al palote de regaliz. La permanencia de sus aromas es larga y placentera, en nariz y en boca.

Benditos días de julio...

06 julio, 2006

Barceloneta

Ayer cumplimos con unos amigos, una de aquellas tradiciones a las que los barceloneses, de nación o de adopción, siempre acudimos: una cena de verano al aire libre en la Barceloneta. Para quien no conozca el barrio, la foto de la derecha es perfecta: se trata de un triángulo muy especial, uno de cuyos lados vive de cara al mar y los otros dos, de cara a las grandezas y miserias de sus habitantes. Es uno de los antiguos barrios de pescadores de Barcelona, de los más humildes (pisos de 25 m2), donde con el paso de los años, fue creciendo el concepto de chiringuito ilustrado, que en otras partes del país tanta solera tiene y tantas alegrías da (en mi recuerdo, imborrables chiringuitos en las costas malagueña y gaditana). Antes de la última ley de costas, la gente podía comer y cenar con los pies en la playa, con una alegría en las terrazas y con un saber hacer en las cocinas que, con el paso de los años, se ha ido perdiendo. La "sofisticación" y remoción de los viejos chiringuitos, el aumento desbocado de los precios, el burdo afeite cosmético de este trozo de costa, junto con un turismo de masas poco exigente y muy complaciente, ha echo estragos.

La última experiencia, ayer. Me sabe mal saber de cosas tan buenas e interesantes por mis blogs de referencia (columna de la derecha), pero a mí me toca, hoy, hablar mal de uno de ellos. Can Majó tenía fama, ganada a pulso, de buenas frituras y mejores arroces. El amado, leído y llorado MVM (www.vespito.net/mvm/gastr.html) cantaba años ha sus excelencias: ¡y eso es a lo máximo a que podía aspirar un restaurante de la ciudad!

Ayer fue, casi todo, un auténtico desastre: un servicio de terraza inexperto y sin entrenamiento adecuado, con unos ritmos absolutamente descoordinados entre mesa y cocina; unos entrantes discretísimos, en los que se salvaban unas "cañaíllas", pero en los que el concepto de "peixet fregit" (pescaíto frito), cuya base es, precisamente, el punto de la fritura y la mezcla de especies marinas, entraba en barrena (un rebozado burdo, de capa de medio cm y un solo tipo de pescado, anchoa). Los segundos fueron de auténtico desastre: un arroz de bogavante que llegó absolutamente destrozado a la mesa, pasado no menos de diez minutos de su punto de cocción, con el grano partido ya y con una base, cuyo aceite todavía estoy intentando digerir; una fideuà con gambas congeladas y mejillones de lata (nada en contra de las conservas de pescado, al contrario, pero donde tocan), con un fideo de un calibre exagerado y también muy pasado de cocción.

Lo único bueno (aunque también mal servido, a temperatura demasiado alta y en copas de caña de cerveza) no era responsabilidad de la casa: un Palacio de Bornos 2005, monovarietal de verdejo, DO Rueda. Un buen vino, prodigio de equilibrio entre calidad y precio, de color amarillo pajizo, de potente nariz al varietal (flores blancas, heno, campo segado, manzana), de boca sabrosa, aunque ácida, que habría sido un buen complemento para el arroz y la fideuà, si estos se hubieran dejado cortejar.

No fue posible, pues incluso en eso fallo el tempo: las botellas llegaban tarde y mal a la mesa, y nunca con la misma y adecuada temperatura.

Tuvimos, para rematar la cena, un probema de "interpretación" entre las botellas que bebimos (éramos diez) y los palitroques que el servicio iba anotando cuando pedíamos una nueva botella (la diferencia: ¡tres botellas de más a favor del restaurante!). Finalmente el responsable se avino a razones, aunque el mal sabor de boca como remate final estaba, también, "servido". Eso sí, lo que os acabo de narrar salió por la bonita cantidad de 75 euros por pareja (sic!).

No sé, la verdad, quién es el actual responsable del lugar, pero me gustaría que se pusiera un poco las pilas, que corrigiera y que dignificara el nombre de un restaurante que hacía que el mismísimo Pepe Carvalho (¿o era Manolo Vázquez Montalbán?) bajara, raudo, la Rambla hasta la Barceloneta de nuestros amores (de antaño), para comer en él sus arroces.

Blogs y novatos

Es inevitable, para un novato en este sistema de comunicación "de notas de bitácora", andar reflexionando sobre cómo estoy haciendo las cosas en mi blog, sobre cómo debo ir modificándolas en función de lo que quiero conseguir y sobre cómo voy llegando a las formas, a los contenidos y a las personas a las que quiero llegar. Disculpadme porque ahora, precisamente, estoy haciendo algo que me había propuesto NO hacer, esto es, escribir sobre temas que se escapan por completo de mis objetivos "programáticos", pero me parecen muy interesantes y pertinentes las observaciones contenidas en esta página, que un amigo mío, informático, químico y vinófilo, me hace llegar. Intentaré aplicarme algunas de ellas para mejorar en este nuevo intento de comunicar sobre una de mis pasiones, el mundo del vino y de la comida:

blog.marketingprofs.com/2006/06/w_why_blog_post_frequency_does.html

02 julio, 2006

Apolo y Baco

Me recuerda hoy una amiga sevillana la celebración del quinto cumpleaños de un sitio en la red, "Apolo y Baco", animado por gente amante del vino, de la comida y de la literatura. Hacía tiempo que no frecuentaba su página web, lo confieso, y me ha encantado reencontrarles, tan animados como siempre y con ganas de festejar el cumpleaños a través de un concurso literario. Precisamente uno de mis poetas preferidos, Horacio, festeja al dios del vino, Dióniso / Baco, dios de la hiedra y de los racimos, en su primer poema de la colección lírica, mientras que en el poema treinta del libro tercero (ahí tenía que haber terminado la colección de poemas, que Augusto se empeñó, años después, en que fuera prolongada en un cuarto libro), hace lo propio con Apolo, dios del laurel. ¿Será que la inspiración del poeta empieza con la uva y termina con el laurel? En cualquier caso, entre uno y otro dios, siempre la poesía.
¡Felicidades a "Apolo y Baco" y que sea por muchos años!

Helado y PX

Hoy hemos ido a la playa y no ha habido tiempo de comprar helado artesano (solemos hacerlo en la Cremeria Toscana, en la esquina de C/ Muntaner con Córcega, en Barcelona: quien no la conozca, ¡que vaya!) . Nos hemos "conformado" con helados industriales que, en mi opinión, dan la talla también:



No voy a citar nombres, claro (esto de la publicidad, sin cobrar, hay que elegirlo bien), pero a uno de estos con doble capa de chocolate, le he añadido una copa de:



Don PX del año 2003, de la Bodega Toro Albalá, de Montilla-Moriles. Impresionante: soy un apasionado de la Pedro Ximénez, en todas sus vinificaciones (desde el vino blanco que se hace en Poboleda, pasando por los PX de añada y terminando por la "Reliquia" de Barbadillo), pero es que ésta te da unas satisfacciones y a un precio... Tiene un brillante color ámbar, sin haber pasado por madera alguna (se vende, también, como vino del año), lagrimea con cariño sobre la copa: emociona. Tiene unos aromas de frutas como las pasas, como los higos secos, con toques de miel y de frutas secas (avellanas) con café, que enamoran y no abandonan tu memoria. Servido a una temperatura de 10-12 grados, llena la boca con su increíble potencial, untuoso, glicérico pero no exento de cierta frescura y acidez. Como para abandonarse y, casi, relajarse, en las terribles tardes dominicales veraniegas de Barcelona ciudad.

01 julio, 2006

Pesto y vino rosado

Es casi un lugar común, el de la buena sintonía que la pasta y el vino rosado mantienen. El otro día en Piazze d'Italia (C/ Casanova, entre Aragó y València), uno de mis italianos de referencia, me estrené con unos "tagliatelle tartuffate", con un Corvo siciliano rosado (me pareció discreto el vino, tirando a poca cosa, sobre todo si lo comparo con su hermano "mayor", tinto, y preferí no decir nada de él). Hoy, en cambio, creo haber mejorado la relación, aunque no de forma definitiva: hemos tomado unos espaguetis al pesto.

La peculiaridad de este pesto, hecho en casa, es que lo hago a base de una mezcla de hojas de albahaca y de salvia frescas. La salvia le aporta un toque radicalmente distinto a aquello a que estamos acostumbrados y nos gusta mucho. A veces, incluso lo hacemos sólo con salvia: es una receta y una tradición, hasta donde yo sé, toscanas. Nos transporta hasta esa tierra privilegiada y, por ello, nos gusta todavía más.

Con esta pasta, hemos tomado un rosado bien distinto del corvo: un Albet i Noya clàssic de 2005. Se trata de una mezcla de pinot noir y merlot, en que la merlot domina mucho sobre la uva borgoñona (80 % frente a 20%), aunque su nariz sea más bien discreta. La peculiaridad de este rosado, en la zona donde se hace claro (D.O. Penedès), es que se aprovecha sólo el mosto que se produce en lágrima. Ello hace que la coloración del vino sea discreta, ante lo que suele ser habitual en los rosados de moda hoy en día. Estamos ante un vino que, a pesar de los varietales, oscila entre una piel de cebolla de Figueres algo subida de tono y una fresa que está en pleno "envero" y camina, algo tímida, hacia su maduración, sin haber llegado a ella.


El aroma que desprende el vino sin remover es el de la misma fruta, la fresa, con ligerísimos toques balsámicos. Tras un par o tres de golpes de muñeca, no he sabido notar nada más.

Su punto más importante, en mi opinión, llega con su entrada en boca, donde muestra una alegría (producto del carbónico, tenue pero presente) que se transmite con rapidez. No es graso, sino más bien ligero, pero llena todos los sentidos e invita a seguir bebiendo. Tengo que decir que tras su "confrontación" con el pesto, en boca, pierde algo de gracia. Probablemente un rosado con más empaque y cuerpo, más tipo "Pago del Vicario" o Bàrbara Forés, para entendernos, aunque con acidez parecida, diera mejores resultados con un pesto, dominado por el campo toscano, por el parma, por el aceite de argudell y por los piñones y el ajo ligeramente sofritos en él.