02 diciembre, 2006

Pietracupa Greco di Tufo 2005

Al sur de Nápoles, yendo hacia el interior, se encuentran las zonas del Benevento y de Avellino, con buenas montañas, profundas hondonadas y valles y generosos bosques y cursos de ríos. A lo largo de toda la historia de la vid en Italia, algunos de sus varietales emblemáticos se han desarrollado allí (el mítico falerno, ya horaciano, el fiano d'Avellino, el greco di tufo...). Es tierra de larga tradición que en los últimos veinte años ha experimentado un enorme desarrollo, potenciando denominaciones de origen controlado y bodegas de todo tipo, desde las más claramente industriales, hasta proyectos marcadamente familiares. A este último tipo pertenece la Azienda Agricola Pietracupa, de la familia Loffredo, que trabaja y vinifica en la localidad de Montefredane (Avellino). Su Cupa 2005 (monovarietal de fiano) ha recibido los más encendidos elogios de los entendidos en Italia y yo, curioso por saber cómo trabaja esta familia, intenté encontrar, sin éxito, una botella de este vino.
A cambio, encontré este monovarietal de greco di tufo (el fruto, en la foto de la izquierda), otra de las uvas históricas de la zona, producida normalmente a gran escala, pero que encuentra aquí, como en todos los vinos que comercializa esta familia, una expresión muy genuina, característica, artesanal y digna de ser tenida en cuenta. Como en tantas ocasiones en Italia, no he sabido encontrar una página web de la bodega, por lo que no sé con certeza los detalles de vinificación. Creo yo que estamos ante un caso claro de cuidado esmerado de la viña (por aquello de la expresión del terruño), tenemos una maceración prefermentativa con hollejos y una fermentación alcohólica en acero, todo ello a temperatura controlada. Tras un ampllio reposo y estabilización, el vino debe pasar a la botella unos dos meses antes de la comercialización. Sale al mercado con 13% de alcohol y yo lo compré a diez euros.

Tiene el color del campo de trigo en mayo, con un brillante amarillo pálido transido de reflejos verdosos. Dominan en él los olores de ese campo en primavera algo avanzada, olores vegetales de la hierba húmeda por la mañana, olores del geranio cuando abre su corazón vegetal al contacto con el agua y olores del árbol de la tila cuando sus flores quieren llamar la atención de los imprescindibles insectos. Tras unos momentos, el vino abre su "alma de piedra" y asoma el olor del pedernal, de la cueva excavada en el "tufo". Es un vino de paso alegre en boca, con un mínimo perlaje y un amplio retrogusto, que te devuelve los poderosos aromas vegetales y te lleva a esa sensación, de fresca acogida, del bosque opaco en verano. Arrastra, como los ríos que riegan sus viñas, un final algo amargoso que es, a pesar de todo, bien agradable.












(hojas de geranio BY ruurmo)

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