08 diciembre, 2006

Fino Macharnudo Alto 2006 de Valdespino

Entre los entendidos y amantes de los vinos de Jerez circula una serie de botellas que, fuera de los circuitos habituales de la comercialización (esto es, en teoría no se venden en tiendas de ningún tipo), está causando estragos, a causa de su bondad y altísimo interés enológico. Me refiero a la serie "La bota de...", que recoge una antiquísima y rica tradición del sur, según la cual los mejores vinos son los de los almacenistas, los vinos anónimos, los vinos que salen de ésta o aquella bota que ha sido cuidada con esmero a lo largo de los años. Gentes como Ángel Zamorano, Rafael García Gómez, Ángel del Río, Juan Antonio García, Doña Pilar Plá, etc., están en la base actual de esta tradición. No se trata, estrictamente, de éste el caso de "la bota de fino Macharnudo Alto 2006" (embotellada en rama en junio de 2006 por Valdespino, con una producción de unas 800 botellas), pero se acerca en cuanto al concepto de vino único con que nos topamos y, también, a la idea de una selección muy trabajada de botas (en la foto BY pistoynopisto), todas ellas con vino procediente de una única viña (se trata de un fino de terruño, por así decir: el pago Macharnudo Alto) y con escalas, en sus soleras, realizadas tan sólo con mostos procedientes de esta viña. Se trata de un vino único que ha hecho su fermentación alcohólica en viejas botas de roble, con muchos años de trabajo a "sus espaldas" y que ha madurado, como vino, en contacto con su velo en flor durante muchos años más, antes de ser embotellado. ¡Hasta tal punto llega la peculiaridad que el velo en flor se puede reproducir en botella! Mi amigo José Luis (de ETB) tuvo el rasgo de generosidad de desprenderse de una de sus botellas para que yo pudiera catarlo en casa. Y a fe que la experiencia ha valido la pena (la botella, en la foto, BY Encantadisimo).

Fruto de las peculiaridades de vinificación que antes he contado, el vino huye de los tonos amarillos palidos de la mayor parte de finos más "industriales", para adentrarse en las oscuridades de un amarillo profundo, más intenso, con tonos casi cobrizos que le acercan al amontillado o al palo cortado. Su primera nariz es la de la madera vieja de la que ha salido hace bien poco, con unas notas de humedad, de encierro y, casi, de queroseno. Rápidamente cautiva su rotundidad, la profundidad y pureza de unos aromas muy propios y que, aunque parecidos a los de algunos grandes finos, son, aquí, de expresión más poderosa: los aromas del hueso de la aceituna, los de la almendra salada, los del salitre, los del olivar con la fruta en sazón, penetran como un estilete. En boca, siendo como es un vino amable y redondo, aumenta la expresividad y su posgusto te recuerda la cubierta del barco, madera, salitre y sol, la llegada a la costa al atardecer, un buen jamón bien cortado.

Por desgracia (o no), esta maravilla está al alcance de unos pocos y tengo que confesar que la pureza, la sinceridad de sus aromas y de su paladar sorprendió y terminó (creo, aunque disimularon!) no agradando del todo a los amigos a los que lo serví como aperitivo. Se trata, sin duda, de un vino muy especial, casi único, que rompe con las barreras mentales que tenemos sobre los finos. ¡Bienvenidos sean estos vinos!
Varios han sido los comentarios que ha recibido este fino, pero yo os recomiendo la lectura del del Encantadisimo (http://www.encantadisimo.com/?p=421), pues la cola de intervenciones tras su post, es muy esclarecedora de algunas de las peculiaridades de este Macharnudo Alto.

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