13 enero, 2007

"Un pasto senza vino è come un giorno senza sole"


Alfredo y Ada vivían en la zona de los Castelli Romani, tenían sus viñedos y producían, de forma artesanal, su vino (siempre "bianco dei Castelli", como se le conoce en Roma). En el durísimo período de entreguerras y justo después de la Segunda Guerra Mundial, Alfredo, como tantos en su región, cogía el carro de madrugada y bajaba a la gran ciudad a vender sus vinos, de hostería en hostería. En 1946, uno de sus clientes puso a la venta el local (¡habia tantos en la zona!), en la Via dei Banchi Nuovi. Y Alfredo decidió comprarlo y trasladarse a Roma con su esposa. Allí tomaron las riendas de la hostería, allí nacieron sus hijos (¡Ada me enseñaba el lugar donde guardaba el cochecito de sus hijos!) y allí han pasado toda su vida. Anoche fue como si entrara en un mundo mágico, como si, al cruzar esta puerta, pasara de pronto, a través de un invisible túnel del tiempo, al mundo de las casi por completo desaparecidas viejas hosterías de la inmortal Roma. Por desgracia, Alfredo ya no está, pero Ada y su hijo Sergio, siguen al mando del negocio y te reciben en su casa con un cariño, un saber estar y una naturalidad, sin duda propios de otro tiempo.

Es una hostería como las de antes, donde no hay ni carta ni demasiadas elecciones a hacer. Alfredo lo explica con sencillez: "pocas cosas pero buenas". El vino es de su propia producción, tanto el "bianco dei Castelli" como el tinto (de Lanubio, del color de la cereza picota, intenso, con perfume de violetas y sabor de moras maduras, denso pero agradable), de la zona de donde, hace ahora 60 años, partieron a la gran aventura. De primero hay lo que hay y uno no elige. A mí me tocaron unos fusilli con sugo que estaban deliciosos. De segundo había varias posibilidades y ayer elegí un involtino con verduras, acompañado de unas costillitas de cerdo ("spuntature" se llaman aquí) y unas patatas guisadas con el sugo que queda de los fusilli. Los jueves tienen tripa y los viernes, pescado. De postres, te sirven unos delicioso roscos con azúcar, con la "condición" de que los mojes en el vino: ¡es la mejor forma de tomarlos!

Cenar en "Da Alfredo e Ada" (ahora ya sólo abren a partir de las 18 horas: la Signora Ada tuvo problemas de salud el año pasado y es cuestión de cuidarla) es como hacerlo en el comedor de su casa. Estás en la cocina, oyes la radio, ves la sala repleta de amigos y de conocidos. Con seguridad, a más de uno es la primera vez que lo ves, pero la atmósfera es tan especial y amigable, que te sientes como en casa y la charla entre mesas surge de manera espontánea y alegre. La Signora Ada te enseña sus fotos (me quedo con la del grupo de amigos, con Alfredo en primera fila a la izquierda, preparados, camaradas y sonrientes, para ir a comer pescado a Civitavecchia), Sergio se sienta a tu mesa y charlas un buen rato de los viejos viñedos, de cómo hacía su padre el vino y compartes con él esa mirada, entre el orgullo, la satisfacción y la añoranza, con que delata su amor y entusiasmo por los orígenes. A pesar de los problemas de salud de Ada, su mejor terapia es la de moverse entre las mesas, la de atender, explicar, charlar. Me quedo con la imagen de Sergio, mirando con ternura a su madre y apoyando la mano en la suya para atender a alguna explicación.

Ayer empezaba a hacer frío en Roma pero cuando salí a la calle me sentía mucho mejor que cuando entré, sentía ternura por fuera y por dentro, por lo bien que había comido y por la enorme calidez que había recibido de Ada y de Sergio. Ahora sé, también, por qué mis queridos Fabrizio y Cris insistían en hacerme conocer este lugar (él, tan romano como es: el lugar le calza como guante a la mano). No me daban detalles pero decían "tienes que conocerlo, ¡te gustará!". El día elegido era ayer, pero les surgió un compromiso. Yo me decidí a buscarlo, solo. Lo encontré y os puedo asegurar que ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida viajera. Ellos, Ada y Sergio, me ofrecieron, en dos horas de cena, con generosidad y sencillez, la historia de su vida. Yo, con toda la humildad del mundo, intento devolverles algo a cambio, mostrando el lugar. Si vais a conocerles, viviréis algo mucho más importante que comer bien.

"Da Alfredo e Ada" està en Via dei Banchi Nuovi, n.14. Telf. 06.6878842.
Abren, de lunes a viernes a partir de las 18 horas. Cierran sàbado y domingo.

PS.i. El lema que da título a este comentario, lo pintó Alfredo en la pared principal de la hostería, hace más de cincuenta años. Es el lema de la casa: cuánta razón!

PS. ii. Las fotos BY tastingmenu.

8 comentarios:

Iesus dijo...

Bellísima historia neo-neorrealista, Joan.
Y bienvenido a casa; según parece estás de vuelta ¿no?
Besos

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues sí, amigo mío, todo principio tiene su fin!!! Hoy, ya plenamente incorporado a la vida barcelonesa, aunque con la cabeza y el corazón todavía en Roma. Desde hoy firmo "ciuis Barcinonesis, adoptione Romanus"! Por lo demás, gracias por tus palabras, que son, de hecho, para Alfredo, Ada y Sergio: ellos me "regalaron" la historia que he contado.
Un abrazo,
Joan

Anónimo dijo...

Pues sí, la verdad es que se trata de un local encantador, querido primo, que junto con la casa de comidas anónima que regenta Antonio (muy cerca de allí en Governo Vecchio, casi esquina con via del Corallo), constituyen mis dos primeras paradas gastronómicas cuando viajo a Roma. Suelo acudir por la noche con 'El País', un libro o el 'Roma c'e' bajo el brazo, pero rara vez consigo avanzar en la lectura porque termino charlando con algún parroquiano de otra mesa o con la propia Ada si no hay mucha gente; y si está lleno, con los compañeros que, a la vieja usanza de las hospederías romanas, se van acomodando en los huecos que quedan libres en las mesas. Recuerdo de hecho que un día de San Valentín, con el pequeño comedor abarrotado, se sentó a mi mesa primero un locuaz romano que me estuvo hablando de los (pocos) locales tradicionales de comidas que aún quedaba en Roma y, después, una pareja de turistas alemanas que enseguida se unieron a la conversación: no sé por qué a Ada, que ese día lógicamente estaba muy nostálgica de su Alfredo, se le metió en la cabeza que las alemanas, el romano y yo formábamos sendas parejas y,enternecida, nos estuvo sirviendo por su cuenta unas cuantas frascas de bianco de los Castelli al tiempo que nos contaba recuerdos de su amore... Entrañable de verdad. Ya sabía yo, primo, que teníamos que coincidir en nuestros gustos romanos... Enhorabuena por tu blog, un fuerte abrazo y a ver cuándo compartimos mesa y charla.

J. Gómez Pallarès dijo...

Caramba, querido primo, vaya sorpresón, que hayas ido a parar a estos informáticos lares. Sorpresa y alegría, pero que quede entre nosotros, eh? Los de la profesión no creo que entiendan de estas heterodoxias!!!
Por lo demás, no es sorprendente que coincidamos en gustos romanos: creo que somos bastante parecidos en las cosas fundamentales de la vida! Esta historia de San Valentín con Ada es un fiel reflejo de su alma y del alma del local. Quedan poquísimos así en Roma y, por desgracia y ley de vida, no será para mucho. Con todo, larguísima vida a Ada y paciencia y amor a Sergio para que siga por muchos años el local.
Y a ti, un fuerte abrazo!!!
Joan

Anónimo dijo...

No hace más de 24 horas que me encontraba escuchando a Ada explicarle a mi mujer su receta de carne alla amatriciana, y saboreando las rosquillas de azucar y canela (muy galleta maria) mojadas en el estupendo vino tinto (bebi 2 cuartillos) y aún lamento haberme ido, es ha sido una expericencia inolvidable, Ada y Sergio tendrán en mí a su más enfervorizado cliente y embajador en estas tierras.
Muy emotivo tu escrito que tienen colgado en la pared de la hostería y que ayudará a más de un despistado a conocer un poco más la dura realidad de una ciudad, capital del mundo, azotada por mil batallas.
Un saludo

J. Gómez Pallarès dijo...

Amigo anónimo (no sé quién eres y contesto porque me has tocado uno de mis puntos flacos romanos): si escribes en 8 y no hace ni 24 horas que estuviste, esto fue el sábado 7 de julio o el viernes 6. Mi mujer y yo estuvimos cenando el viernes 6 de julio en Ada!!!
Tomamos unes farfalline al sugo estupendas y jo una trippa alla romana, de lo mejor del mundo, con su menta romana incluso. Hablaré pronto de ello. Ada está desanimada: dice que la cosa se mueve poco, pero el viernes hubo 2 turnos en no menos de cuatro mesas. Supongo que en fin de semana hay más jaleo.
Me alegra que coincidamos: hay que ir, porque por desgracia, esto acabará algún día y con ellos la historia de la aunténtica Hosteria romana.
Saludos,
Joan

Anónimo dijo...

Hola!! Acabo de volver después de 4 días en Roma y fuimos a 'Da Alfredo e Ada' siguiendo tus indicaciones. Nos encantó!! Por cierto, tu artículo firmado sigue allí y al decir q éramos de BCN, nos lo señalaron!!! ;-)
Katy

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias por comentarlo, Katy. Me gusta saber que lo que escribo gusta a la gente.
Por desgracia, Ada murió este verano y ya no la habéis conocido, pero su hijo, Sergio, sigue al pie del cañón, y seguro que disfrutasteis de la cocina y del ambiente único de esa calle.
Ese artículo se lo preparó a Sergio una amiga mía que vive en Roma e hizo todo el montaje, incluso el marco!
Saludos!
Joan

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