01 noviembre, 2006

Piazza di Spagna, 57

Ayer tuve la fortuna de que mi trabajo me llevara a Piazza Spagna, n.57, es decir a la Embajada de Espanya ante la Santa Sede. Se trata de un palazzo del Cinquecento en el que han intervenido no pocos arquitectos y que desde 1647 ejerce la funciòn de embajada. En estos momentos es la màs antigua sede ante el Vaticano (antes Estados Pontificios). Nuestro actual embajador, Don Francisco Vàzquez, tuvo la enorme gentileza de recibirme y de comentar conmigo los detalles de aquello que me llevaba a tan ilustre sede. Uno, que ya ha dado muchas vueltas por el mundo, agradece especialmente este tipo de detalles, tan poco habituales en nuestras representaciones diplomàticas. El Embajador Vàzquez es hombre muy amable, atento, culto y la gente que trabaja con él le aprecia mucho. Irradia simpatìa, bonhomìa y cultura. Està haciendo un buen trabajo y los frutos de aquello que se le ha encomendado tienen que llegar. Me estuvo ensenyando el Palazzo di Spagna y su colecciòn de piezas romanas y me mostrò su preocupaciòn por el estado de conservaciòn en que lo ha encontrado. Estoy seguro de que su habilidad por encontrar fondos pùblicos y privados harà maravillas y en poco tiempo empezaràn a notarse los frutos de aquello que uno no puede olvidar jamàs: el edificio es, también, un elemento clave de representaciòn y como a tal tiene que ser cuidado y mimado.


De todos los detalles que lo adornan, me quedo con las huellas de F. Borromini en él: tuvo una intervenciòn decisiva en la reestructuraciòn de los elementos claves del palazzo (patios y escalinata central), pero los cambios de comitente, hicieron que su plan incial se viera modificado y, en parte, mutilado: aquello que tenìa que haber configurado un eje de simetrìa perfecta a través de la relaciòn entre dos patios interiores y una escalinata central, quedò finalmente en un solo patio, el que véis en la foto que, tal y como senyalò el Embajador, necesita de una profunda remociòn.



La otra huella del genial arquitecto es, còmo no, la escalinata que ya no es central sino, tan "sòlo", principal. Una fastuosa forma de comunicar, a través de tres tramos, el plano de entrada con la zona noble del palazzo, una escalera mimada y cuidada y que se ha convertido, a pesar de los cambios en la estructura del palazzo, en el elemento màs noble e interesante del mismo.

A través de este mìnimo escrito, quiero mostrar mi agradecimiento al Embajador Vàzquez y a su gente por las facilidades que me dieron en mi trabajo. Sòlo les deseo la mejor suerte para que puedan llevar a cabo los objetivos que se han marcado.

4 comentarios:

Víctor Franco dijo...

Fantástica la actitud del embajador y de su equipo. Un detalle frívolo, ¿te topaste con Fray Piccolo?

J. Gómez Pallarès dijo...

Eres la leche, Vìctor!!! De verdad estàs al tanto de la leyenda del fantasma de la embajada? Has leìdo el libro de la visionaria Gòmez Borrero? Pues para serte sincero, al no ser mìstico ni haber sido invitado a comer o cenar a la embajada, no he tenido la oportunidad de perderme en ella ni de toparme con el fantasma del promiscuo fraile. La verdad es que me "perdì" un poco, pero no me atrevì a "perderme" màs y vete tù a saber si me quedé a medias de mi primera cita con este fantasma. Con otros espìritus sì he tenido el gusto, pero con este no.
Un abrazo,
Joan

Víctor Franco dijo...

No, Joan, le oí un par de entrevistas en RAC1 con Xavi Bosch y Toni Clapés en las que relataba las dos veces que se encontró con las figura del fraile y se me quedó el nombre. Tu frase final da para más de un post. Ya nos contarás...

J. Gómez Pallarès dijo...

Hombre, Vìctor, bien està (bien me està, vaya) que me aparte ligeramente de los objetivos bàsicos de mi blo gde vez encuando. Pero si tuviera que contar mis experiencias supraterrenales ya serìa, literalmente, harina de otro costal!
Un saludo,
Joan

Publicar un comentario