23 octubre, 2006

Vida y muerte de Borromini

"Mi" iglesia en Roma es la de San Giovanni Battista de' Fiorentini. Lo de San Juan està claro. En el primer Seicento un Falconieri mudò de Florencia a Roma y la fraternidad de los florentinos, que él pasò a dirigir en la ciudad, decidiò erigir la iglesia. En estos momentos, en que se encuentra en plena restauraciòn (foto i), exige grandes dosis de buena voluntad entrar en ella. Hay que hacerlo porque esconde alguna de las grandes maravillas de esta ciudad y es una de las iglesias màs "injustamente" poco visitadas de Roma. La primera y màs visible bondad es la de su altar mayor (foto ii), que pasa por ser el màs bonito de la ciudad, tanto por sus formas como por la calidad de sus màrmoles. Se trata de una de las ùltimas obras de uno de los arquitectos màs fascinantes que han trabajado en Roma, Francesco Borromini. La segunda maravilla, completamente invisible si no se sabe que existe, es la cripta que planificò (no fue el primero: como todas las grandes obras, varios arquitectos se sucedieron en ésta también, entre ellos el maestro de Borromini, Carlo Maderno) bajo el altar y que se planteò como un todo indisociable con el mismo. A la llamada "cripta Falconieri" (donde estàn enterrados algunos de los miembros de la familia que iniciò la construcciòn) se accede por un pasaje subterràneo detràs del altar, si uno tiene la paciencia de encontrar al pàrroco o a la sagristana (se turnan y cada dìa hay una distinta) y pide permiso. Entonces abren el acceso y se entra en un espacio literalmente ùnico (fotos iii y iv). El arquitecto planteò el lugar con una sencillez absolutamente sobrecogedora, tal y como era él mismo en su vida personal. Hacìa ya tiempo que habìa caìdo en desgracia (el papa Inocencio X le habìa suprimido todos sus encargos un tiempo antes) y tengo para mì que decidiò que aquello que le habìa dado la fama en Roma (su primera obra: San Carlino alle Quatro Fontane, foto vi) tenìa que reivindicàrsela en el momento de su muerte (foto v). Los òvalos que coronan la cripta Falconieri y San Carlino, tan distintos en su forma aparente como iguales en su fondo, son el lazo invisible que une el principio y el final de la vida profesional de Borromini. Con una lucidez sobrecogedora, y habiendo dejado a sus discìpulos el encargo de còmo se tenìa que finalizar la obra de la cripta, decidiò suicidarse. El 1 de agosto de 1667, al anochecer, plantò una espada en el suelo y se lanzò contra ella. Aunque parezca increìble, no muriò al instante y en las horas que pasaron hasta el alba del dìa 2, pudo hacer testamento. Pidiò que le enterraran junto a su maestro Maderno, en el suelo de la iglesia de San Giovanni Battista de' Fiorentini, delante de su altar mayor y sobre la cùpula de la cripta (foto vii). Le respetaron su ùltima voluntad, pero se trataba de un suicida y el ùnico "honor" que le reservaron fue el de no morir incògnito (foto viii), a diferencia de su maestro Maderno, que sì pudo disfrutar (se preparò el texto en vida, tal y como dice la inscripciòn) de una làpida en condiciones (foto ix). En 1956, en el cuarto centenario del nacimiento de Maderno, intentaron arreglar el desaguisado (foto x), pero el sòlo detalle de la medida de las letras dedicadas a Maderno y a Borromini, lo dice todo: la Iglesia no perdona a los suicidas. Por suerte para todos, sus obras siguen hablando por él (foto xi).
Foto i
Foto ii











Foto iii










Foto iv


Foto v
Foto vi








Foto vii








Foto viii



Foto ix

Foto x












Foto xi

PS. i. La basìlica de San Giovanni Battista de' Fiorentini es la parroquia de mi barrio, por decir algo.
PS. ii. Prometo no màs digresiones del buen comer y mejor beber por un cierto tiempo. Pero es que esta historia me supera.

4 comentarios:

THuRStoN dijo...

Disgresiones así invitan a seguir por este camino. Que historia más curiosa, y completamente desconocida para mi. Muy interesante de veras.
Saludos!

J. Gómez Pallarès dijo...

Muchas gracias por tus palabras. Y me alegra mucho que te guste esta historia: algo para anotar y ver cuando vengas a Roma! Digamos que entre las "broncas" de unos ("que lo tuyo no es escribir un diario!!!", me dicen) y los consejos de mi asesor de blog (vaya, un amigo mìo del alma, que sabe mucho de esto y me da siempre sabios consejos, entre otros que no me salga del perfil que me haya marcado, sea cual sea éste), estos escarceos me costaràn alguna mìnima reprimenda. Es broma, claro, pero es que a veces no me sustraigo a la tentaciòn que supone para mì contar algunas de las cosas que me pasan en la capital del mundo. Y mira que estoy en mìnimos: me tendrìa que pasar el dìa a la màquina!
Saludos cordiales,
Joan

THuRStoN dijo...

Jejeje, desde luego que voy apuntando cositas para cuando vaya por allá (que espero sea pronto). Este tipo de mensajes hacen que uno tenga cosas que ver interesantes de verdad, fuera de los lugares típicos. Me encanta de veras.

Por otro lado, buenos consejos te dan respecto al blog. El mantenerme dentro de un tema concreto es una norma que me salto a la torera en mi blog. Pero tiene un porque :-) y es que considero mi blog como un reflejo de lo que me gusta/apasiona y portanto sería un reduccionismo quedarme con un tema tan sólo, cuando hay tantas cosas que considero interesantes y de las que me gusta hablar. (Quien lo diría viendo el ratio de mensajes/mes).

Claro que eso se paga :-), ya que el número de visitas y enlaces de vuelta se reducen, así como el hecho de no sentirse dentro de una comunidad de blogs concreta sobre un tema específico. En cualquier caso, me encanta la individualidad de uno se muestre en lo que hago :-) jajaja.

Saludosssssss Cordiales

J. Gómez Pallarès dijo...

Bien, digamos que mis incursiones hacia lo que no sea comidas y vinos, que son el tema que me mueve, son reducidas siempre, pero claro, ahora se han visto aumentadas por tanta tentación como tengo delante, en Roma. Ya volverán las aguas a su cauce...
Gracias por tu interés!
Joan

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