29 octubre, 2006

Càdiz, una y mil veces

Dìas de trabajo en la ciudad de Càdiz, breve pero intensa escapada desde Roma para recalar en una ciudad que me tiene absolutamente cautivado. Càdiz una y mil veces porque cada vez que vuelvo, le descubro nuevos alicientes. Una vez superado el puente que une la "tacita" con el continente (lo peor de la ciudad, sin duda: en la foto BY Suano), un mar de maravillas se abre ante ti. Càdiz vive en el mar, con el mar y para el mar. Este y el viento lo invaden todo y los colores del océano y de su cielo son una de las razones por las que tanto me gusta. La otra es que tiene la dimensiòn perfecta para ser vivida: cuando entras en el recinto amurallado y te dejas seducir por sus callejuelas, por sus recoletas o monumentales plazas (de lo màs interesante de la ciudad), que de todo tiene, comprendes por qué la gente pasa la vida en la calle. Pasear, fijarse en los detalles de su arquitectura, de sus patios, de sus plazas, oir y vivir las chanzas de sus gentes, es una delicia. La otra gran razòn por la que me seduce la ciudad es, claro està, lo bien que uno come allì. Hay algunos grandes restaurantes emblemàticos, claro, pero hoy querìa detenerme brevemente en los màs sencillos, en los restaurantes y bares que, pese a tener unas cuantas mesas (bonito detalle para quien no puede pasar un buen rato en la barra), viven por y para el tapeo, normalmente de medias raciones (aunque de todo hay). Dos lugares, uno de toda la vida, el otro nuevo, quisiera recomendar encarecidamente hoy, para quien planee una futura visita a esta ciudad imprescindible.
El primero, el de decoraciòn, sabor y tradiciòn de toda la vida, es "Cumbres Mayores" (en C/ Zorrilla, 4, telf. 956213270), un lugar de enorme atractivo para los gaditanos y en el que tomamos unas deliciosas croquetas del puchero, mìnima pero muy sabrosa expresiòn de los restos de la carne del puchero; y, lo mejor de esa noche para mì, unos boquerones que ellos llaman "con tumaca", tal que asì. Me sorprendiò la palabra, claro, siendo catalàn. Eran los boquerones en vinagre de toda la vida, pero fueron servidos con el contrapunto entre acido y dulzòn de la pulpa del tomate, dispuesta encima del boqueròn, con un chorretòn de aceite. Una pura delicia.
El segundo, el innovador, el de decoraciòn (para Càdiz) casi rompedora, es "El 10 de Veedor" (en C/ Veedor, 10, telf. 956225222). Se trata de un sitio muy divertido, prolongaciòn natural, al otro lado de la acera, de una tienda de comestibles y ultramarinos que ya servìa (todavìa lo hace!) algunas raciones. Allì probamos, una noche, un buen "bacalhao dorado" y el dìa de marcha, un delicioso cazòn en adobo, que rebozan todavìa con el saborcillo del vinagre con que lo han adobado: el contraste entre la justa harina y el àcido me encanta de veras. Pero la estrella del lugar, de hecho una de las estrellas de la cocina gaditana, es, sin duda, la ortiguilla rebozada.
Las ortigas de mar, en Càdiz llamadas "ortiguillas", son, en realidad (en la foto BY -Merce-) unas anémonas marinas del grupo de los celenteros, que se consumen como si de un marisco se tratara (que les vayan los japoneses detràs, a los gaditanos!). Tienen una forma cilìndrica, unos 6 cm de alto y viven fijadas a las rocas, donde tienen un aspecto tan espectacular como el que vèis. La ortiga es enjuagada y bien rebozada en harina, se frìe y se presenta tal cual, sin màs alinyo que el de su propia"carne". El contaste entre el crujir de un gran rebozado como el que probamos y el corazòn que esconde, puro sabor de océano, tierno y muy sabroso, es una auténtica pasada. Yo no habìa comido jamàs ortiguillas y desde ya, me declaro entusiasta suyo. En "El 10 de Veedor" estaban pero que muy buenas.
En pocas palabras, dos sitios muy recomendables donde, entre trabajo y trabajo o al final de la jornada, puedo uno comer deliciosamente por no màs de 15/20 euros por persona.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Joan,

Coincido con lo que dices sobre las ortiguillas. También fueron un descubrrimiento para mí cuando estuve por Cádiz hace unos meses. Hay que hincarles el diente, que estas no pican ;-)

Un saludo,

SobreVino

J. Gómez Pallarès dijo...

En efecto, no pican y tienen un "corazòn" tierno y, casi, jugoso.
Esto de las ortigas y los cardos es todo un mundo, eh? ya veo yo que soy un fan de estas especies, desde el mar hasta el monte. Me encantan las borrajas, me pirro por las alcachofas (ayer comì una hamburguesa rellena de alcachofa que estaba deliciosa!!!) y no hay cardo u ortiga comestible que no me guste.
Un abrazo,
Joan

Anónimo dijo...

Joan,

¿En Cataluña tomáis una verdura que se llama así: cardo? Es muy típica en la Ribera del Ebro de La Rioja y Navarra. Muy recomendable, aunque poco conocida.

Un saludo,

SobreVino

J. Gómez Pallarès dijo...

No, amigo mìo, en Catalunya no se toma de forma habitual ni se encuentra en los mercados habituales. Si la quieres, tienes que ir a sitios donde tienen de todo, como el mercado de La Boquerìa.
Un saludo,
Joan

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